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Las limitaciones del sector agrícola

A pesar de tener rasgos promisorios, en el siglo XVIII la agricultura correntina se hallaba muy limitada en su desarrollo y experimentaba sensibles dificultades. Una descripción de los cultivos y las condiciones en que se llevaban a cabo las labranzas puede servir para ilustrar sobre las crisis periódicas que castigan al sector.

Las chacras se hallaban ubicadas en su gran mayoría en los Partidos de Lomas, Riachuelo y Ensenadas, próximas a la ciudad. Las dimensiones de estos campos oscilaban entre las 200 y 400 varas de frente aunque en algunos casos constan magnitudes de 600 y 700 varas. La medida del fondo del terreno figura muy pocas veces en los testimonios.

Las viviendas o “poblaciones” eran, generalmente, muy elementales, con edificios de 1 ó 2 lances, de paredes embarradas y techos de teja de palma. En ocasiones se lee en los testamentos, inventarios y tasaciones la existencia de puertas y ventanas o la presencia de ranchos adicionales.

En algún caso de vecinos pudientes, como Juan García de Cossio, se describe una chacra con techos de teja cocida, pisos enladrillados y cocina con hornallas; en la del Tesorero José Fernández Blanco la casa que posee en su chacra de El Sombrero es de cinco lances, con un oratorio “modernamente acabado, todo de material, con sus puertas, ventanas, cerraduras y enmaderados”(1).

(1) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos 1791-1792. En esta Sección de Protocolos se ha recogido mucha información sobre propiedades rurales. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En la mayoría de los ejemplos documentados se consigna el utilaje y las mejoras introducidas en las chacras tales como cercados de palmas para preservar los sembrados; corrales para los animales de labor; trapiches para moler caña; en algún caso atahonas; uno que otro galpón para depósito; y ranchos para los peones y sirvientes, según las dimensiones y nivel económico del propietario.

Los cultivos que se mencionan son de maíz, caña de azúcar, batatas, mandiocas y algodón. En algunos documentos se suele indicar el número de liños sembrados de cada planta. Unos frutales o una simple arboleda completaban el lugar.

El equipamiento de las chacras correntinas, tal como Azara y Aguirre lo describieron para el Paraguay, era imperfecto y escaso, ya que “no usan el fierro para la labor, sino los homóplatos de vaca por azadas ... el arado se reduce a un palo puntiagudo que cada uno arregla a su manera”(2).

(2) Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), dos volúmenes, tomo I, p. 156, Madrid. EC; y “Memoria sobre el Estado Rural del Ría de la Plata y otros Informes” (1943), “Apuntes Bibliográficos de don Félix de Azara”, por Julio César González, p. 8, Buenos Aires. Ed. Bajel; Juan Francisco Aguirre corrobora esta descripción en su “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, primera parte, p. 381, Buenos Aires. La utilización de arados de madera también consta en un Acta del Cabildo del 19 de Abril de 1790, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo, los Inventarios de las chacras suelen consignar no arados, pero sí azadas, hoces, palas, machetes y una dotación de herramientas entre las que las cuñas y las hachas ocupan un lugar principal.

Un buen ejemplo de las dimensiones de la labor agrícola lo constituyen las chacras de Itatí que en 1785 tenían plantados, en San Jerónimo, 200 liños de caña; en San Antonio, horno para cocer miel, dos trapiches, tachos, machetes, hoces, azadas y un sembrado de 500 liños de caña, 160 de algodón, 500 de maíz, 130 de mandioca, 50 de batatas; en la Asunción, 100 liños de algodón; y en el puesto de San Francisco otros 150 de algodón(3).

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 26 (1785). En otras visitas al pueblo constan también las siembras. En los Acuerdos del Cabildo de Itatí se hallan, asimismo, datos sobre la vida agrícola del pueblo; por ejemplo, en el mes de Julio eran libres de sus ocupaciones comunes para ir a sus chacras a sembrar maíz, maní y algodón. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 32 (1793). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La tarea agrícola, en cuanto se refiere a la preparación de la tierra, era simple y consistía -según Aguirre- en agricultura de rozado y de campo. La primera era de tradición indígena y fue adaptada por los españoles en los terrenos de desmonte con buenos resultados. La agricultura de campo, con tierra más dura, requería del arado, del arañador de palo y de la azada:

“Hoy hay muchas chacras de campo, pero todos empezaron por rozado y tanto por las circunstancias como por la comodidad de la leña y de la altura, se acuestan las poblaciones a la orilla de las islas y de los montes, que generalmente siguen las cejas altas de la tierra”(4).

(4) Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, primera parte, p. 381, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

A estas faenas seguía el cuidado del campo, más detenido y laborioso en los algodonales, que requieren periódicas carpidas.

Por otra parte es necesario recordar que la agricultura estaba mucho más expuesta que hoy a las plagas, a las inclemencias del tiempo y al agotamiento de los suelos.

Entre las primeras eran frecuentes las mangas de langostas que talaban los cultivos sin remedio. Constan los efectos desastrosos del acridio en Corrientes, en las Actas de 1759, 1760, 1765, 1773, 1785, 1786, 1795 y todavía con mayor asiduidad en 1804, 1806 y 1808. Las mangas solían acercarse a fines de la primavera y comienzos del verano(5).

(5) Archivo General de la Provincia de Corrientes. Actas Capitulares de esos años, generalmente en los meses del verano. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Hay también en las Actas alusiones a las orugas y las hormigas. Las primeras, en los sembrados de algodón, de maíz y hortalizas. Las segundas, junto con las avispas y los loros, también estropeaban cereales y frutales(6).

(6) Además de las Actas Capitulares, Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, primera parte, p. 381, Buenos Aires; Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), dos volúmenes, tomo I, capítulo VII, Madrid. EC; y Alcides d’Orbigny. “Viaje a la América Meridional” (1958), p. 78, Madrid. Ed Aguilar. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En cuanto al clima la variante más temida era la sequía que correspondía a la época de menores lluvias del verano y del invierno. Fueron particularmente sentidas las correspondientes a los años 1759, 1760, 1761, 1765, 1772, 1777, 1779, 1780, 1783, 1784, 1789, 1790, 1791, 1794, 1795, 1797, 1798, 1799 y 1810. Las tribulaciones sufridas por el fenómeno se canalizaban en rogativas a los Santos Patronos del lugar, encargadas por el Cabildo.

Las heladas, en cambio, eran más raras y sus consecuencias sólo aparecen registradas en 1801 y 1810 con graves perjuicios para la caña de azúcar(7).

(7) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares, passim; y “El Telégrafo Mercantil”, tomo I, p. 366. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La erosión del suelo ocasionó en algunos lugares perjuicios, aunque la abundancia de tierras hizo que sus efectos se mitigaran(8).

(8) La antigua chacra de los jesuitas en Santa Catalina desmejoró su rendimiento como consecuencia del salitre del suelo. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782). Acta del 23 de Noviembre de 1776. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La vida del agricultor era penosa en esas condiciones y difícilmente emergía de la pobreza en que se hallaba. A tal punto esto era cierto que aun los indios de Itatí miraban con pena el destino del cultivador criollo comparado con su propia situación. Así consta en un Acuerdo del Cabildo de Itatí del 6 de Febrero de 1805 cuando les tocó opinar sobre el régimen de libertad propuesto al pueblo por el virrey Gabriel de Avilés y del Fierro:

“A primera vista nos sorprendió la noticia pero después refleccionando seriamente sobre la suerte de los españoles lavradores hemos llegado a conocer que es mas infeliz que la nuestra; y de verdad el lavrador Español en estos contornos está atenido y su familia a la tacita de leche, al Quesito, al Maíz, Mandioca y cuando la hay, y a la carne seca cuando puede matar una res cada 15 dias, que a veces todos no lo pueden hacer y muchos se vienen a valer de nosotros para que se les supla con una res a pagarla cuando puedan ... Se hallan con obligación al servicio del Rey. Además de esto, si alguno llega a enfermarse en su casa se ven en la necesidad de acudir a nuestro pueblo ya por el azúcar, vinagre, vino, aceite para remedio y si la enfermedad es grave se mueren sin sacramentos, o los levantan en una carreta y los traen aquí a recibirlos y después los llevan a morir a sus casas”(9).

(9) Archivo de la Provincia de Corrientes, “Acuerdos del Viejo Cabildo de Itatí” (1930), Prólogo de Esteban Bajac, pp. 158-159, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Testimonios coincidentes sobre la vida del labrador provenientes de viajeros experimentados como Azara o Alvear, o de gobernantes y funcionarios como Pedro Fondevila o Miguel Lastarria, corroboran esta situación deprimida del labrador aunque explican su origen en la holgazanería, la falta de ambición o el desprecio por el trabajo de la población campesina(10).

(10) Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), dos volúmenes, tomo I, p. 99, Madrid. EC; Diego de Alvear. “Diario de la segunda Subdivisión de Límites española entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional por el segundo comisario y geógrafo, don Josef María Cabrer”, en Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tres volúmenes, tomo III, pp. 339-340, Montevideo-Buenos Aires. El editor atribuyó este texto de Alvear a Cabrer; Pedro Fondevila en su Informe al virrey Joaquín del Pino del 3 de Septiembre de 1802, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1801-1802), Copiador de Notas; Miguel Lastarria. “Colonias Orientales del Río Paraguay o de la Plata. (1774-1805)” (1913), p. 167, en “Documentos para la Historia Argentina”, tomo III, Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo no dejan de señalar algunos juicios positivos para los correntinos, ya que:

“lo dicho (las malas costumbres del campo) toca de lleno a los campos del Norte del Río de la Plata, no tanto a los del Sur; y es preciso confesar que los Paraguayos y Correntinos campestres son mas unidos entre sí; que no hacen tantas muertes y robos; que son más aseados en sus ranchos, teniendo mas muebles: y finalmente que no son tan ladrones, borrachos y jugadores, sino conocidamente más económicos, instruidos y aplicados. Yo atribuyo -dice Azara- estas diferencias a que hay en los campos del Sur algunas parroquias y muchas más en el Paraguay y Corrientes, donde se juntan a menudo, y en cada pago un maestro de escuela, de modo que los más de los Paraguayos, aun los simples jornaleros, saben leer y escribir”(11).

(11) Félix de Azara. “Memoria sobre el Estado Rural del Ría de la Plata y otros Informes” (1943), “Apuntes Bibliográficos de don Félix de Azara”, por Julio César González, pp. 5-6, Buenos Aires. Ed. Bajel. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Cabe preguntar si era mucha la gente dedicada a la agricultura. Según el Censo de 1814, que es algo tardío para el período virreinal pero que sin duda recoge los datos de una estructura social y profesional de antiguas raíces, los labradores eran mayoría.

Dentro de los grupos profesionales entonces registrados (sólo el 13,8 % de la población censada indica actividad) los labradores ocupaban el 40 %, es decir, constituyen el grupo mayoritario, seguido a mucha distancia por otras ocupaciones rurales, como peones (6,8 %), hacendados y pastores (1 %), conchabados (4,2 %)(12).

(12) Los datos, en Ernesto J. A. Maeder. “Demografía y Potencial Humano de Corrientes (el Censo Provincial de 1814)” (1963), en Nordeste Nro. 5, pp. 150-161, Resistencia. Cabe recordar que en este trabajo se advertía sobre las limitaciones de esta fuente en lo que hacía a su cobertura, irregularidad de las anotaciones y criterio para el registro de datos. A pesar de ello constituye un documento que conserva plena validez como indicador del estado social y económico de la población correntina a principios del siglo XIX. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Desde el punto de vista de la distribución de la riqueza los declarantes han puesto de manifiesto en esa oportunidad que de los labradores que poseen y consignan algunos bienes (650 sobre unos 1.219 censados) sólo 7 indican bienes que exceden el millar de pesos, mientras que los restantes sólo anotan cifras muy modestas.

De todas las ocupaciones y profesiones censadas, los labradores ocupan -según este Registro- el último lugar de la escala económica de Corrientes en 1814, con una cifra proporcional de 86 pesos per cápita(13).

(13) Ernesto J. A. Maeder. “Demografía y Potencial Humano de Corrientes (el Censo Provincial de 1814)” (1963), en Nordeste Nro. 5, p. 161, Resistencia. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El sector agrícola, en definitiva, tropezaba con muchas dificultades para prosperar. Si bien en los comienzos y aun durante siglo y medio las chacras habían constituido el fundamento de la actividad productiva, dadas las características de economía de subsistencia, pequeñez de la jurisdicción y escasa población, ahora parecían languidecer.

El cambio operado a mediados del siglo XVIII con el desarrollo ganadero, la expansión de las fronteras y el aumento de la población, no favoreció a la agricultura. La producción del agro correntino no tenía, fuera de sus fronteras, una demanda equivalente a los cueros.

Las distancias y el elevado costo de los fletes impedían su desarrollo y la falta de concentraciones urbanas limitaba las siembras a pequeñas cantidades destinadas al consumo doméstico.

Así lo vio Azara en 1801 “no puede subsistir hoy un pueblo unido de agricultores ni de estancieros; porque estos, no siendo muy ricos, necesitan vivir en sus Estancias y aquéllos no pueden vender sus frutos sino estando muy próximos a la capital o embarcadero”(14).

(14) Félix de Azara. “Memoria sobre el Estado Rural del Ría de la Plata y otros Informes” (1943), “Apuntes Bibliográficos de don Félix de Azara”, por Julio César González, p. 7, Buenos Aires. Ed. Bajel. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si a ello se añade la precariedad del instrumental agrícola, la asechanza constante de las plagas y sequías, la falta de capital y el aislamiento es posible comprender que estos factores, más que la ociosidad o el desprecio por el trabajo eran las verdaderas razones del estancamiento agrícola.

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