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Las artesanías derivadas de la ganadería

El aprovechamiento masivo del cuero favorecido por la exportación así como el acopio de los derivados de la ganadería tales como grasas y sebos, crines, astas y lanas y la fabricación de velas y jabón constituyen un aspecto sobresaliente de la producción correntina finisecular y el motivo de la radicación de sus primeras curtiembres.

La elaboración del cuero -en su etapa inicial- no fue más allá de un tratamiento elemental.

Los cueros vacunos que se embarcaban en grandes cantidades, eran los llamados “cueros de garra”, insuficientemente tratados por falta de salado apropiado y con un proceso de descomposición leve que los llevaba a perder el pelo.

Otro procedimiento consistió en salarlos y secarlos lo que posibilitaba una mejor conservación aunque sin usar tanantes. A éstos se los llamaba “cueros al pelo”(1).

(1) La voz “cuero de garra” alude también al cuero endurecido y arrugado. Los “cueros redondos” parecen ser los recortes de cueros incompletos. Sobre el procedimiento, Martín Dobrizhoffer. “Historia de los Abipones” (1967-1970), tres volúmenes, tomo I, p. 321, traducción de E. Werniche y Clara V. de Guillén, bibliografía de Guillermo Furlong S. J., advertencia de Ernesto J. A. Maeder, Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste; y Daniel Granada. “Vocabulario Rioplatense Razonado”, tomo I, Montevideo. Dada la prohibición de vaquear, el Cabildo había escrito al gobernador el 19 de Febrero de 1716, aludiendo a la escasez de grasa y sebo. La respuesta fue del 28 de Marzo de 1716; ambas en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 15 (1715-1718). En Corrientes las vaquerías ya habían sido cerradas por orden del gobernador Manuel Prado Maldonado, el 14 de Julio de 1701, con Bando dado en Corrientes el 17 de Diciembre de 1701. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 13 (1698-1704). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo, una mejor utilización del cuero, los peligros de la polilla y el deterioro así como el propósito de obtener una mejor valorización del mismo llevaron a introducir los procedimientos del curtido -a fines del siglo XVIII- en una escala industrial.

Sin duda el origen de esta actividad hay que buscarlo en las tradiciones indígenas y criollas de tiempo atrás pero, sobre todo, en la presencia de maestros curtidores como el inglés John Goodelet quien, en 1771, figuraba en el Padrón de Extranjeros de Corrientes como “fabricante de suelas” o como aquel portugués, Antonio Luis, que Azara describió en 1784 en las afueras del pueblo de Santa Lucía, poseedor de una gran chacra, “con caña, maíz, sandías ... trapiche y fábrica de curtir cueros”(2).

(2) Respecto a la tradición curtidora criolla ya en 1708 y 1722 se alude a la existencia de cueros al pelo y garroteados, suelas, cueros de ciervo blancos, etc. En Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 14 (1705-1714) y 16 (1719-1722). El citado Goodelet aparece como residente en la campaña. Por otra parte, un Informe del Procurador del Cabildo del 25 de Febrero de 1811 hace remontar el origen de las curtiembres correntinas a “hace como 40 años”, fecha que lleva a 1771. El dato de Santa Lucía, en Félix de Azara. “Viajes inéditos de D ... desde Santa Fe a la Asunción, al Interior del Paraguay y a los Pueblos de Misiones” (1873), con una noticia preliminar por el general Bartolomé Mitre y algunas notas por el doctor Juan María Gutiérrez, pp. 33-34, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En las Actas Capitulares se anotó escuetamente, el 5 de Marzo de 1792, la conveniencia que reportaría a la ciudad “el establecimiento de la fabrica de curtir pieles que don Juan de Miravel representó a S. E.”.

La gestión así iniciada se completó más tarde cuando el 11 de Julio de 1796 el mismo Miravel solicitó poner su establecimiento “en los muros de esta ciudad, en el paraje del Takuru”, en tierras de José Fernández Blanco. Acompañaba ahora un permiso del virrey y el Cabildo despachó favorablemente la petición(3).

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Con anterioridad, el 15 de Mayo de 1793, el Cabildo ya había atendido otra solicitud proveniente de Francisco Robira para instalarse con igual objeto “en la traza de esta ciudad, barrio de La Rozada”. El Cabildo no aceptó el lugar elegido por “no ser paraje adecuado”, acordando su establecimiento extramuros, donde sí se le concedió la licencia(4).

(4) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Es muy probable que estos dos curtidores fueran aquéllos a quienes aludió García de Cossio en su carta del 3 de Noviembre de 1796 cuando indicó al Consulado que ya había en Corrientes “una fabrica de curtiembre donde es limitado el número de cueros que se venefician, y otra estableciéndose”(5).

(5) Archivo General de la Nación, Consulado, tomo II, p. 271. El establecimiento de Miravel remitió por primera vez a su propietario en Buenos Aires, Molino Torres, una partida de 382 suelas, el 4 de Agosto de 1797. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Contaduría 33 (1797), Libro de Guías, de 1797. Del otro establecimiento hay ya remesas de suelas desde Noviembre de 1794, aunque las Guías no registran el nombre del productor. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

De ambos establecimientos, el de Juan de Miravel fue el de mayor importancia. Este se originó como resultado de un contrato datado en Buenos Aires el 8 de Abril de 1796 con el vecino y comerciante de esa ciudad, Julián del Molino Torres, para “establecer, manejar y llevar en compañía la fabrica de curtidos que se halla existente a orillas de esta ciudad, en el paraje que llaman el Takuru, a la otra parte del arroyo”.

Pero el 8 de Agosto de 1799 la compañía fue liquidada. En su lugar y por nueva escritura, Molino Torres quedó como propietario de la fábrica, sitio, aperos y utensilios y con toda su producción y aprovechamiento.

A Miravel se le señaló, como compensación, un sueldo mensual de 50 pesos, a contar desde el 8 de Abril de 1796, lo que significaba una cifra de 1.980 pesos, de los cuales se le entregaron 1.380, quedando el resto como deuda hasta la conclusión del contrato en 1804. En virtud de ello, Miravel quedaría encargado de la maestranza “como lo ha hecho hasta aquí, manejando y dirigiendo las curtiembres en toda consiencia y mejor acierto que le sea posible, y como si trabajase para si propio, asistiendo personalmente todos los días a disponer y manejar la dependencia”.

El establecimiento, según la descripción que hizo el diputado al Consulado Isidoro Martínez y Cires y que fue publicada en “El Telégrafo Mercantil” del 3 de Agosto de 1801, estaba a esa fecha

“bastante formalizado y le sirven de operarios 8 Negros Esclavos. Contiene 31 Noques y tira al año sobre 2.500 suelas. Tiene la ventaja de proveerse diariamente de los cueros frescos que necesita de las reses del abasto que consume la ciudad que llevan a venderlos en su puerta. Su situación también es ventajosa, por gozar siempre del agua suficiente de un arroyo que pasa al pie de los mismos Noques”(6).

(6) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1799); y “El Telégrafo Mercantil”, tomo I, p. 368. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pese a esta alentadora descripción debieron surgir problemas porque 1 de Diciembre de 1801 el apoderado de Molino Torres en Corrientes, José Fernández Blanco, dio por cancelado el contrato de Miravel y saldó su deuda. A su vez, el propietario encargó la maestranza de la curtiembre a Juan Ramón Lucena, quien se desempeñó en ella desde el 10 de Mayo de 1801 hasta el 18 de Enero de 1808, en que se liquidaron las cuentas entre ambos(7).

(7) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1797-1800) y (1801-1804). El poder dado a José Fernández Blanco es del 23 de Enero de 1801. La liquidación de la sociedad con Lucena dejó a éste en situación de deudor por 4.162 pesos, para cuyo abono Molino Torres le concedió plazo. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1808-1810). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero, según el mismo Informe publicado en “El Telégrafo Mercantil”, había en 1801 otras curtidurías en Corrientes:

“Otra fabrica de igual naturaleza se conserva en la Ensenada, distante 6 leguas de esta ciudad, perteneciente a unos catalanes que la sisten y dirigen llamados D. Juan y D. José Jalencas, hermanos”.

Esta fábrica continuó en funcionamiento al menos hasta 1806 ya que sus dueños aparecen en Octubre de ese año reclamando a José Céspedes la entrega de cascara de kurupaí, contratada el 3 de Mayo de 1806(8).

(8) “El Telégrafo Mercantil”, tomo I, p. 368; y Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

También había otras dos en Itatí: “En el Pueblo de Itaty, se dispone otra curtiduría dirigida por D. Tomás Salas. Se trabajan también suelas en el mismo Pueblo por D. Pedro Blandía, natural de Cataluña”(9).

(9) Este Pedro Blanch, o Blanco igual, natural de Mataró, Cataluña, y fugitivo de la Justicia de Montevideo se había desempeñado previamente como maestro curtidor en un establecimiento que funcionó en Esquina entre 1797-1798, bajo la administración de Matías Carreras y de propiedad de su tía, Gabriela Pesoa y Figueroa. El 4 de Febrero de 1800, Blanch y Carreras acuerdan liquidar “la compañía de curtiembre que tenían en la Esquina”. Ambos testimonios, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Tribunales (1797-1800) y Protocolos (1800-1804). Ya en Itatí, Blanch no parece haber subsistido mucho tiempo puesto que el 20 de Octubre de 1802 el Cabildo del pueblo trata la deuda “por los auxilios que se le dieron, al tiempo que estuvo aquí trabajando ... luego que vendiese las suelas que mandó a Buenos Aires”. Esa deuda fue cancelada el 6 de Agosto de 1803. Archivo General de la Provincia de Corrientes, “Acuerdos del Viejo Cabildo de Itatí” (1930), prólogo del presbítero Esteban Bajac, pp. 104 y 122, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Años más tarde, Angel Fernández Blanco se asoció con Domingo Bousa, el 4 de Enero de 1803 para poner entre ambos “una fábrica de curtiembre de suela”. El establecimiento así formado había sido comprado por el primero de los socios a Juan de Miravel y consistía inicialmente en una casa y terreno de 20 varas en cuadro, ubicado al lado de la curtiduría de Molino Torres.

El contrato establecía que la fábrica debía ser trabajada a medias durante 6 años, con una dotación de 3 esclavos y a cargo de Bousa. La sociedad duró hasta el 14 de Febrero de 1806, en que fue disuelta, quedando la curtiduría en propiedad de Angel Fernández Blanco(10).

(10) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1801-1804). La compra a Miravel se valuó en 600 pesos. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Otra curtiembre fue la que Antonio Bruguera y Raimundo Molina -ambos residentes en Corrientes- compraron a Juan de Miravel quien, por lo visto, continuaba en el oficio y había sido el iniciador de tres establecimientos que luego pasaron a otras manos.

En esta ocasión, el 25 de Mayo de 1805, les vendió el sitio, en la otra banda del arroyo Arasaty y costa del Paraná junto con la maquinaria, instrumentos, aperos y un negro esclavo en 900 pesos(11).

(11) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1805-1807). La compra a Miravel se valuó en 600 pesos. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pese a que las noticias sobre la evolución de la industria son fragmentarias, las cifras de producción indican que tendía a afirmarse. El 3 de Marzo de 1810, Angel Fernández Blanco informaba, a través de “El Correo de Comercio”, que “en esta ciudad se hayan establecidas 6 tenerías, en donde se curten de 14 a 16.000 cueros vacunos...”(12).

(12) “El Correo de Comercio”, p. 188. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero a pesar del aumento del número de curtiembres y de la producción las fluctuaciones de las compañías formadas, la poca dotación de personal y su limitación a las disponibilidades de las reses del abasto, configuran todavía una estructura incipiente.

En un Informe de Juan José Lagraña al Cabildo, fechado el 25 de Febrero de 1811 y referido a las contribuciones para dotar de propios a la ciudad, se hace notar esta situación, preguntándose allí el Procurador:

“¿Y qué resultados tuvieron estas fabricas? La de no haber quedado de ellas ni framentos porque su exercicio solo ocasionó quebrantos a sus dueños y ninguna utilidad al publico. A los actuales que distribuyen en la compra de cuerambres, cascara, Erramientas, salarios, alimentos, construcciones y otras cosas precisas al beneficio de los curtidos arriba de 24.000 pesos al año, son a quienes se deve en mucha parte la introducción del efectivo que corre en el pais”(13).

(13) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 30 (1811-1812). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si bien la argumentación del Procurador apunta a evitar que se graven los curtidos por parte del Cabildo, el texto es oscuro y deja entrever una situación poco favorable al desarrollo de la industria en ese momento. Sin embargo, las curtiembres subsistieron, ya que en el censo de 1820 se registraron en la provincia 7 fábricas de suelas y curtidos(14).

(14) Ernesto J. A. Maeder. “La Estructura Demográfica y Ocupacional de Corrientes y Entre Ríos en 1820” (1964), p. 35, en TC Nro. 12, La Plata. Hay segunda. edición ampliada (1969), Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las cifras de exportación demuestran por otra parte que la actividad tenía importancia y había arraigado en Corrientes.

Aun cuando se carece de datos para el período 1798-1804 por la falta de Registros de Guías, salvo la estimación de 1801, las cifras demuestran que hacia 1805-1809 la producción creció incesantemente y se diversificó. A ello hay que agregar una excepcional exportación de cueros de tigre, ciervo y carpincho, sin que conste el tratamiento de éstos.

Cueros curtidos exportados

Años

Suela

vacuno

Potro

curtido

Becerro

Cortes

cañas botas

Cortes

campana botas

Sombrero

suela

1789 20
1790
1791
1792
1793
1794 239
1795 350
1796 1.129
1797 1.373
1798
1799
1800
1801 2.500
1802
 
1803
1804
1805 2.579
1806 4.147 150
1807 8.825 220 500
1808 17.595 832 468 1.010 84 7
1809 16.563 2.421 1.251

Los establecimientos, a juzgar por los datos reunidos y el Censo de 1820, eran pequeños y poseían poco personal. El número de noques y depósitos se hallaba en igual proporción.

El tanante usado era la corteza del kurupay (Piptadenia macrocarpa) que brindaba un curtido de buena calidad(15).

(15) Según Dobrizhoffer, “el kurupay brinda una corteza igual al cebil que los indios usan para preparar los cueros vacunos. Para teñirlos de rojo mezclan con la corteza del kurupay otra del árbol ka’atigua...”. Martín Dobrizhoffer. “Historia de los Abipones” (1967-1970), tres volúmenes, tomo I, pp. 462 y 500-501, traducción de E. Werniche y Clara V. de Guillén, bibliografía de Guillermo Furlong S. J., advertencia de Ernesto J. A. Maeder, Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste El tono que da al cuero recién curtido es un rojo pálido. En igual sentido informan José Jolís. “Ensayo sobre la Historia Natural del Gran Chaco” (1972), p. 106, traducción María L. Acuña, estudio preliminar Ernesto J. A. Maeder. Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste; y Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), dos volúmenes, tomo I, p. 88, Madrid. EC. Juan Francisco Aguirre describe al kurupay como de “dos especies, una mayor y es árbol de 20 varas de largo y 1 de grueso; y la otra, palo chico; ambas son utilísimas porque dan la corteza o cáscara propia para curtir los cueros, que es lo mismo que decir que es el palo que ha dado el vestido a la mayor parte de la provincia”. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, primera parte, p. 403, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Este árbol abundaba en los montes cercanos, ya que, según Martínez y Cires “desde las inmediaciones de esta ciudad empiezan los montes de kurupay cuya cascara sirve al curtiembre y siguen sesenta y tantas leguas costa del Paraná arriba, camino de Misiones. Esta clase de árboles son crecidos y sus maderas de mucha consistencia y sirven para toda obra que haya de estar vaxo de techado”(16).

(16) “El Telégrafo Mercantil”,tomo I, p. 368. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La extracción de la cáscara se convirtió en esos años en una interesante explotación forestal. Por una parte, las Guías indican cargas de kurupay tanto para el consumo local como para Buenos Aires, Santa Fe y Paraná(17).

(17) Como ejemplo, un contrato en que Francisco Quevedo se obliga a entregar -en Febrero de 1793- de 4.000 a 8.000 arrobas de cáscara, puesta en puerto y seca, a un real de plata la arroba. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos (1791-1792). En 1802 se remite semilla de kurupay al Consulado, índice elocuente del interés suscitado. Archivo General de la Nación, Consulado, Correspondencia Corrientes. 1794-1810, Sala IX, Cuerpo 4, Armario 6, Nro. 4.// Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Salidas de cáscara de kurupay

Año Arrobas
1790 200
1791 900
1792
1793
1794 5.500
1795 629
1796 4.579
1797 19.402

Por otra parte, el pueblo de Itatí aparece como principal proveedor del establecimiento de Molino Torres. Entre 1799 y 1802 se extrajeron de los montes del pueblo más de 7.000 arrobas de cáscara, cotizada a 1 peso cada carretada de 100 arrobas; Itatí proveyó también de maderas y horcones a esa curtiduría y, desde 1805, le suministró cueros(18).

(18) Archivo General de la Provincia de Corrientes, “Acuerdos del Viejo Cabildo de Itatí” (1930), prólogo del presbítero Esteban Bajac, pp. 30, 57, 68, 71, 120 y 128, Corrientes. También se extrajo cáscara para otros acopiadores - pp. 80 y 116. La autorización de Rafael de Sobre Monte para vender a Molino Torres sin contrato formal es del 18 de Septiembre de 1804, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 38 (1804). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La búsqueda de tanantes se efectuó también en la costa del río Paraguay, entre Curupayty y Ñeembucú, donde José Céspedes Geria estaba establecido y donde -en 1804- un cortador y sus hijos habían perdido la vida a manos de los guaycurúes(19).

(19) Denuncia de María Francisca Díaz del 3 de Junio de 1804, en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 3. El corte de cáscara de kurupay motivó reclamaciones y embargos del Cabildo de Ñeembucú contra José Céspedes Geria, en 1806. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La situación de las industrias del cuero, en definitiva, poseía buenas condiciones para su desarrollo. Apoyada en la abundancia de cueros locales, favorecida por la existencia de agua suficiente y tanantes de buena calidad en las proximidades y colocadas las fábricas en la ciudad y puerto de salida hacia Buenos Aires, nada parecía faltar para su consolidación.

Las cifras de producción de suelas y curtidos especiales aumentan entre 1805-1809 e indican un desarrollo apreciable de la industria y la existencia de un mercado ávido en Buenos Aires.

Angel Fernández Blanco no deja de observar, en Julio de 1810 que, si bien “el único ramo de industrias que da algún fomento al comercio es el de las fabricas de curtidurías ... como en él no se ocupan otros que los propietarios y los esclavos de su servicio, quedan en inacción los brazos mas necesitados del pueblo”.

Señalaba también que las curtidurías eran las que sostenían mejor el comercio de cueros “ya por el ínfimo valor que hoy tienen y ya por el costo de su largo transporte a la Capital, en que las mas veces es inevitable la polilla y de este modo apenas costean el beneficio del cuero”(20).

(20) “El Correo de Comercio”, pp. 187-188. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La fábrica de suelas y curtidos aseguraba un producto ya elaborado, de mejor precio y conservación que en los últimos años comenzó a suplantar a las remesas de cueros al pelo, aunque todavía en proporción oscilante.

Entre 1805 y 1809 la proporción de cueros vacunos curtidos, sobre el total de lo remitido, fue de un 4,8 % en 1805; 7,5 % en 1806; 20 % en 1807; 74 % en 1808 y 21 % en 1809. Esta industria aparecía ya como un apoyo firme de la economía correntina y como la principal derivación de su desarrollo ganadero.

Aunque sin llegar a un grado semejante de elaboración, otros productos derivados de la ganadería superaron la producción doméstica y reunieron excedentes que posibilitaron su salida hacia otros mercados, tales, el sebo y la grasa, las crines, astas, lanas y pequeños lotes de velas y jabones.

De la lectura del cuadro y a pesar de que faltan las Guías de 1792 y de 1798-1804, todo parece indicar que recién desde el quinquenio 1780-1784 se afirma la salida regular de grasas y sebos y de lana. Las remesas anteriores sólo prueban envíos excepcionales.

Salida de otros derivados de la ganadería

Años

Grasa sebo en arrobas

Velas

en cajas

Crines en 
arrobas
Astas

Lana

en arrobas

Jabón
 en cajas
1770-1774  1
1775-1779 68 1
1780-1784 736 1.617
1785-1789 2.583 6.206
1790-1794 893 4.357 1
1795-1799 334 3.643
1800-1804
1805-1809 3.346 4.940 1.058 21.500 9.153

Esa exportación se mantiene con bastante regularidad en la lana y con oscilaciones en la grasa y el sebo. En el último quinquenio, la producción exportada se diversifica y admite también un aumento en los restantes rubros(21).

(21) En 1801 decía Martínez y Cires que aunque el ganado lanar abundaba, “no se hace de sus lanas el aprecio que se merece; pues contentándose con tranquilarles el poco que necesitan para el consumo interior y tal cual partidita en rama que se sale para Misiones, es el único aprovechamiento que se hace”. “El Telégrafo Mercantil”, tomo I, p. 368. El 31 de Agosto de 1807 el intendente Domingo de Reynoso recomendó al francés Pedro Santiago Yensney al Subdelegado Juan Manuel Salcedo, ya que éste “piensa establecer un ramo de industria útil laboreo de lanas, enseñar a trasquilar según la usanza europea” y le pide su auxilio para evitarle dificultades. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 40 (1806-1807). En 1809 se impuso la obligación de marcar los fardos y marquetas de sebo con señales individualizadoras. Archivo General de la Nación, Consulado, Corrientes. 1794-1810, Sala IX, Cuerpo 4, Armario 6, Nro. 4.

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