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Los caminos y el servicio de correos

Pero los viajeros también utilizaban los caminos terrestres. Ello fue así por necesidad y en parte por la lentitud y la fatiga que significaban los barcos, ya que al decir de Juan Francisco Aguirre “quedan tan escarmentados, que nunca lo vuelven a practicar”(1).

(1) Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), tomo I, p. 412, en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires” (tomos XVII-XX, Nros. 43-50), Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Estas huellas fueron abiertas -desde tiempo atrás- por los arreos de animales y por el tránsito de las carretas y con la expansión de las fronteras se tornaron indispensables. Al principio carecían de toda comodidad y era menester que los arrieros y viandantes corrieran el riesgo de los ríos crecidos, la falta de posadas y de auxilios y que se confiaran a sus propias fuerzas y a un arma para prevenirse de posibles sorpresas.

En el ámbito correntino, los caminos principales eran dos: el que iba a La Bajada, en Entre Ríos; y el que llevaba a Candelaria, en las misiones. A ellos es preciso agregar los pasos hacia los pueblos paraguayos y las sendas que conducían hacia las estancias del Interior.

Del camino del Sur hay referencias precisas de Parras y de Azara. El primero lo recorrió entre Santa Lucía y Corrientes, en 1752, cuando el riesgo de los indios charrúas recién comenzaba a disiparse. Azara lo hizo en 1784, desde La Bajada, tardando 16 días en llegar a Corrientes. Su relato refiere -en páginas que aún conservan toda su frescura- las penurias sufridas en el trayecto, la soledad, el peligro de las fieras, la molestia de los insectos y otras peripecias(2).

(2) Félix de Azara. “Viajes inéditos de D ... desde Santa Fe a la Asunción, al Interior del Paraguay y a los Pueblos de Misiones” (1873), pp. 22-43, con una noticia preliminar por el general Bartolomé Mitre y algunas notas por el doctor Juan María Gutiérrez, Buenos Aires; y fray Pedro José de Parras. “Diario y derrotero de los viajes hechos por el Padre fray ...” (1943), pp. 161-177, con prólogo de José Luis Busaniche, Buenos Aires. Ed. Solar. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

A su vez, el camino a las misiones está bien anotado en el relato de Diego de Alvear -que lo recorrió en 1801- tardando 13 días desde la Tranquera de Santa Ana hasta Corrientes. Sus accidentes eran parecidos a los anteriores, aunque halló mayor número de sitios donde alojarse en el camino(3).

(3) Diego de Alvear. “Diario de la Segunda Subdivisión de Límites española entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional por el segundo comisario y geógrafo, don Josef María Cabrer”. El relato en Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tomo III, pp. 324-354, Montevideo/Buenos Aires, tres volúmenes. El editor atribuyó este texto de Alvear a Cabrer. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La llamada Tranquera de Loreto constituía el límite oriental de la jurisdicción de Corrientes. Esta tranquera, al igual que otras ubicadas más al Este, servía para separar las estancias misioneras correspondientes a cada pueblo

Ubicadas en lugares estratégicos, las tranqueras eran “un punto preciso e indispensable para los carruajes y tránsito de esta carrera, cuyo boquete no llega a 10 varas de ancho, por hallarse por ambos lados con zanjas insuperables, inundadas de agua, camalotajes, arbustos y esterales inmensos”.

Después de la expulsión de los jesuitas se pusieron Guardias en ellas para control del comercio(4).

(4) Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tomo III, p. 323. Otro rasgo coincidente lo señala Azara, al decir que en el camino “de aquí (alude a la estancia de Itatí) va a la mencionada Tranquera de San Miguel, dejando entre su costa y la del río Paraná un pequeño albardón o espacio en que están las estancias de Itatí, Corpus, San Ignacio Miní, Loreto y Candelaria. A veces este espacio es tan angosto que el solo camino que de Candelaria va a Corrientes ... separa uno de otro”. Félix de Azara. “Geografía Física y Esférica de las Provincias del Paraguay y Misiones Guaraníes” (1904), p. 227. Bibliografía, prólogo y anotaciones por Rodolfo R. Schuller, Montevideo. De la Guardia de la Tranquera de Loreto, ver: Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tomo III, p. 325. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El camino del Paraguay, en cambio, dependía de los pasos del río Paraná. Ellos estaban ubicados en el pueblo de Itatí y en los de Itapúa y Candelaria, en las misiones. Años más tarde, en 1782, los correntinos establecieron el Paso del Rey, cerca de la desembocadura del río Paraguay.

El Paso de Itatí fue servido desde el siglo XVIII por los indios del pueblo. El propio Parras lo menciona, ya que pudo observar los botes y canoas disponibles para ello. Años más tarde, las incursiones de los indios del Chaco -en el Sur del Paraguay- hicieron riesgoso el tráfico de animales y el camino quedó abandonado(5).

(5) “Diario y derrotero de los viajes hechos por el Padre fray ...” (1943), pp. 167-168, con prólogo de José Luis Busaniche, Buenos Aires. Ed. Solar; y, en 1760, Bernardo López Luján. “Descripción Histórica y Geográfica de la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes”, Nro. 129, p. 151, en la “Colección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional”. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero en 1769 Manuel de Orduña tomó a su cargo reabrirlo y con una tropa de ganado vacuno y escoltado por 10 indios abipones del cacique Ñaré logró cumplir con su intento. El Cabildo dispuso entonces que “el sitado Pueblo de Itati bolbiese como antiguamente a tomar a su cargo el pasaje de las tropas llevando su dies por ciento por el trabajo de los indios pasadores y costo de los demás aperos”.

Se acordó además que “los indios de la redusion de San Fernando de Abipones ... pagándoles un moderado salario los dueños, fuesen a escoltar las tropas hasta el Rio Teviquarí, lindero y raía de la Jurisdicción del Paraguay”(6).

(6) Nota de Sebastián de Casajús fechada en Buenos Aires el 23 de Febrero de 1769, al gobernador de Buenos Aires. En el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 3, Nro. 7. Otra, de igual tenor, de Lázaro de Almirón, fechada en Corrientes el 22 de Febrero de 1769, en el Archivo General de Indias (Sevilla), Jesuitas, 96, tomo 2. El cobro del peaje subsistió en la misma proporción, como se desprende de textos de Félix de Azara de 1788, en su “Geografía Física y Esférica de las Provincias del Paraguay y Misiones Guaraníes” (1904), p. 238; y Acta del Cabildo del 16 de Mayo de 1791, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El Paso del Rey, en razón de su proximidad con la Ciudad de Corrientes y de servir para acortar la comunicación con Curupayty, tuvo también una vida activa. Dada la intervención que le cupo en el cobro del peaje a las autoridades correntinas se conserva documentación que permite conocer mejor su funcionamiento.

El Paso fue establecido, en 1782, por el Teniente de Gobernador Juan García de Cossio “con el fin de que los milicianos que custodiaban el Fuerte de Kurupaity recién fundado, tuviesen más comodidad en vadear el rio en su derecera, en alivio de las milicias y pobladores sin dar la vuelta por el Paso de Itatí”(7).

(7) Acta del 16 de Mayo de 1791, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). Más detalles en Federico Palma. “Orígenes del Pueblo de Paso de la Patria” (1964), Corrientes. Con respecto al origen del topónimo, García de Cossio decía que “le puse el nombre de Paso del Rey por haber sido abierto en su real servicio”. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si bien el uso del paso se mostraba como conveniente, fue necesario que el Cabildo interviniera en 1783 y que el Teniente de Gobernador Alonso de Quesada estableciera allí un cabo y una Guardia, regularizando el cobro de peaje(8).

(8) La gestión del Cabildo en Acta del 2 de Junio de 1783, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1789). Las disposiciones de Quesada del 14 de Enero de 1784, en Papeles del gobernador Alonso de Quesada. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Cuando Azara pasó por ese lugar en dirección al Paraguay -en Febrero de 1784- advierte que había allí un buen galpón custodiado por 4 soldados. El cruce del Paraná lo realizó en balsa y tardó en ello casi dos horas. En el texto citado agrega:

“Por el Paso dicho del Rey van de Corrientes los caballos y reses a la Provincia del Paraguay. Pasan el primer brazo del Paraná y descansan en la isla de arena limpia, y luego pasan el Paraná Miní a nado”(9).

(9) Félix de Azara, “Viajes inéditos de D ... desde Santa Fe a la Asunción, al Interior del Paraguay y a los Pueblos de Misiones” (1873), pp. 47 y 49, con una noticia preliminar por el general Bartolomé Mitre y algunas notas por el doctor Juan María Gutiérrez, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El Paso favorecía especialmente a los vecinos de Curupayty -que estaban exentos del peaje- mientras que los restantes pagaban el 10 % -si lo hacían en balsas- o el 7,5 % si el cruce se realizaba “a lance”. También se lo utilizó para llevar haciendas a las reducciones de San Bernardo y La Cangayé, en el Chaco, mientras éstas subsistieron(10).

(10) Acta del 16 de Mayo de 1791; y Nota del Subdelegado Joaquín Legal y Córdova al virrey, del 26 de Octubre de 1790, en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 1. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo, el Paso no estaba libre de dificultades y peligros, tanto de las crecientes del río -que obligaban a invernar a los animales- como de las pérdidas ocurridas en el cruce. Quesada decía, en 1787, que el Paso del Rey “no es para ganados sino para caballos ... De los caballos mueren más del 30 por ciento en el pasaje y veces la mitad, y los que quedan en el paso se disparan”(11).

(11) Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 1. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En lo que hace a los fondos recaudados, éstos fueron administrados siempre por los Tenientes de Gobernador y los Subdelegados. El 13 de Mayo de 1787, el intendente Francisco de Paula Sanz pidió una Información prolija de este asunto que se había escapado a su celoso control.

Como consecuencia de ello, Alonso de Quesada remitió las cuentas de lo percibido entre el l de Febrero de 1784 y el 31 de Agosto de 1787. Los restantes funcionarios que lo sucedieron y, en particular, Manuel de Basabe, no parecen haber sido muy escrupulosos en la administración de las cuentas del Paso(12).

(12) La cuestión de 1787, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles del gobernador Alonso de Quesada. El trámite de las cuentas de 1794 a 1804 fue largamente demorado por el Subdelegado de Hacienda y Guerra de Corrientes Manuel de Basabe, quien los remitió, finalmente, el 8 de Agosto de 1805. En el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 4. Fondevila, por su parte, en carta al virrey del 3 de Mayo de 1803, se quejaba de la arbitrariedad con que se había manejado el Paso del Rey en ese tiempo y que “habiendo sido tanta la entrada de este ramo en dinero y caballos y poca la salida por razón de ... canoas y salarios de peones, no haya quedado un fondo de un solo real y ni siquiera un caballo macarrón para el servicio de estos milicianos que carecen de todo auxilio ...”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802), Copiador. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El camino hacia Asunción por el Paso del Rey seguía la costa del río Paraguay, tocando las poblaciones de Curupayty, Humaitá, Pilar de Ñeembucú, el Fuerte de La Herradura, Villeta y la capital de la Intendencia.

Si el cruce era por Itatí se llegaba a las Lomas de Pedro González y se empalmaba con el camino anterior. A su vez, el cruce por Candelaria permitía un derrotero hacia el NO, que llevaba a los pueblos jesuíticos del sur del Tebicuary, o hacia el NNO, que conducía a Yutí, Caazapá, Villa Rica y, desde allí, hacia Asunción(13).

(13) Los itinerarios, en el Atlas de Alcide Charles Victor Marie Dessalines d’Orbigny en sus “Vogages dans l’Amerique Meridionale” (“Viaje a la América Meridional”), escritos en 1834 cuando d’Orbigny volvió a Francia y escribió esta monumental obra en nueve volúmenes, una obra que sólo es comparable con los voluminosos escritos de Humboldt acerca de la América equinoccial. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Una actividad estrechamente vinculada a las comunicaciones y que incluso contribuyó a desarrollarlas, fue el correo. Este servicio había comenzado a prestarse en la provincia rioplatense desde 1748, bajo la Administración de Tenientes subordinados al Correo Mayor, que tenía su asiento en Lima, capital del virreinato.

Años más tarde la Corona dispuso por reales cédulas del 13 y del 16 de Octubre de 1768, incorporar este servicio a su Administración, concluyendo de este modo el antiguo monopolio postal que había ostentado la familia Carvajal(14).

(14) Los antecedentes de este tema, en Ramón de Castro Estévez. “Historia de las Comunicaciones Argentinas” (1958), Buenos Aires, con abundante bibliografía. Esta medida había sido precedida por la creación de los correos marítimos a las Indias establecidos por la Corona en 1764. Estos fueron extendidos a Buenos Aires en 1767. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En esa oportunidad, el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucareli y Ursúa recibió Instrucciones desde Madrid para actuar en su jurisdicción. En consonancia con ello dictó el Bando del 30 de Junio de 1769 por el que se estableció que, desde el día siguiente, quedaban incorporados a la Corona los correos y se obligaba al uso exclusivo de éstos, estableciendo para ello los portes, procedimientos y frecuencias del servicio postal y las correspondientes sanciones a la violación de sus normas(15).

(15) Ramón de Castro Estévez. “Historia de las Comunicaciones Argentinas” (1958), pp. 71-75, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Uno de los problemas observados por Domingo de Basavilbaso, Administrador de la Real Renta de Buenos Aires, fue la necesidad de incorporar una carrera de postas regular hacia Corrientes y Asunción. En ese sentido realizó diversas diligencias hasta obtener su aprobación y el nombramiento de Administradores de Correos en ambas ciudades.

Su propósito de iniciar el funcionamiento regular de los correos a principios de 1774 tuvo, pese a su buena voluntad, algunas demoras e inconvenientes. Por una parte, hacía falta reunir la gente necesaria, establecer las postas, proveer los caballos de recambio y regularizar las frecuencias de los viajes. En la jurisdicción de Corrientes halló que

“no hay quién se quiera obligar asi a mantener los caballos necesarios para los correos, como para el que los acompañe, no teniendo sueldo alguno, ni renta para soportar los costos precisos para su diario, mayormente en la larga distancia de cuarenta leguas que hay desde el Pueblo de Santa Lucia a ésta, en que median cuatro ríos que en las más estaciones del año se encuentran a nado ... porque la de libertarse de Guardias, corridas, etc., muchos de los que existen en aquellos parajes gozan de la franqueza de no ser molestados en los actos y cosas militares...”(16).

(16) Carta de Juan Esteban Martínez al Administrador Basavilbaso, fechada en Corrientes el 7 de Febrero de 1774. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 19 (1774-1776). Una completa monografía sobre el tema se debe a Federico Palma. “El correo en Corrientes durante la época colonial” (1966), en “Nordeste” Nro. 8, pp. 103-172, Resistencia. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las dificultades fueron difíciles de vencer ya que mediaron varias cartas al Teniente de Gobernador de Corrientes para urgir la organización del servicio. En una de ellas, el gobernador Juan José de Vértiz y Salcedo se quejaba de esta lentitud, ya que “cuando pensaba que en esa ciudad no hubiese dificultad que no se allanase para llevar a efecto el expresado proyecto, he oido con sentimiento al referido administrador, que sólo en ella no se ha dado paso alguno...”.

Y a renglón seguido lo compelía a ejecutarlo “previniéndole expresamente que para el día 30 del corriente según se determinó en el plan de estos correos, disponga salgan los que debe conducir de ésa a Itapúa las correspondencias que lleve los de Santa Fe a ésa”(17).

(17) Carta del 12 de Mayo de 1774. Otras del Administrador Basavilbaso a García de Cossio del mes de Octubre de 1773 y 12 de Mayo de 1774; otra de Diego de Salas del 12 de Marzo de 1774, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 18 (1773) y 19 (1774-1776). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Estas disposiciones perentorias obligaron a vencer los últimos obstáculos para poner en marcha los correos correntinos. El 28 de Julio de 1774 se designó Administrador en esa ciudad y, a principios de 1775, quedaron establecidas las postas y deslindadas sus respectivas jurisdicciones.

De acuerdo al plan elaborado, el 12 de Marzo de 1775, algo más tarde partieron los correos mensuales desde Buenos Aires y Asunción quedando así definitivamente inaugurado el servicio de correos(18).

(18) Federico Palma. “El correo en Corrientes durante la época colonial” (1966), en “Nordeste” Nro. 8, pp. 118, 120 y 123, Resistencia. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las postas cubrían cuatro etapas sucesivas: la primera -desde Buenos Aires hasta Santa Fe- tocaba Las Conchas, Pilar, Areco, San Pedro, Arroyo del Medio, Arroyo Seco, Capilla del Rosario, Carcarañá, Barrancas, Coronda, Monte de los Padres y río Santo Tomé, con un total de 93 leguas.

La segunda etapa -desde Santa Fe hasta Corrientes- era más larga y alcanzaba a 146 leguas y media con postas en La Bajada, Feliciano, Estacas, Arroyo Hondo, Yacaré, Guayquiraró, Sarandí, río Corriente, Batel, Maruchas, Mojones, Santa Lucía, Algarrobos, Isla Pelada, Las Garzas, Ambrosio, San Lorenzo, Tabaco, Empedrado, Pehuajó, Sombrero Grande, Riachuelo y la ciudad.

El tercer tramo de la carrera iba desde Corrientes hasta Itapúa y alcanzaba a 100 leguas y media. Sus postas eran Ensenadita, Ensenada Grande, San Isidro, La Cruz, La Limosna, Iribucuá, Concepción, Yahapé, San Antonio, Santo Domingo e Ita Ibaté. El tramo desde San Isidro a esta última población estaba a cargo del pueblo de Itatí, ya que tocaba todas sus estancias.

Desde Ita Ibaté se entraba en la jurisdicción de Misiones, posteando en San Gerónimo, San Gabriel, Santa María, Santa Tecla, San Borja e Itapúa. Estos itinerarios admitieron -con el ensanche de las fronteras- una prolongación del servicio postal hasta San Roque, en 1802; a Esquina, en 1803; y a Curuzú Cuatiá, en 1806. Después de 1810 se ampliaron los correos a Caá Catí, Mburucuyá y Yaguareté Corá(19).

(19) En el “Mapa Topográfico que Manifiesta las Provincias sugetas a la Administración Principal de la Real Renta de Correos de Buenos Aires...”, etc. Facsímil de 1870. Además, Federico Palma. “El correo en Corrientes durante la época colonial” (1966), en “Nordeste” Nro. 8, pp. 118, 120 y 123, Resistencia; e itinerarios de 1803, en pp. 153, 157 y 165. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Paralelamente, aunque un poco más tarde, se creó también la carrera de postas a lo largo del río Uruguay. Dichos servicios, inaugurados el 2 de Mayo de 1801 por el Administrador Principal de Montevideo, Félix de la Roza, corrían desde esa ciudad hasta Yapeyú, pueblo de entrada a las misiones meridionales.

De acuerdo al “Mapa que demuestra las situaciones de las estafetas y postas, etc.”, se cuentan 21 etapas entre Montevideo y Paysandú. Desde allí se cruzaba el río Uruguay y, en dirección al Norte, se anotaban la Villa de Gualeguaychú, Cupalén, Sauce, Concepción Salvatella, Barrancas del Uruguay, Paso de Carballo, Palmar, Yeruá, Yuquerí, San Antonio, Gualeguay, Mandisoví, Mocoretá, San Gregorio, Durazno, Merced, San Pedro, Santa Ana, San Joaquín, San Jorge, San Felipe y Yapeyú. Posteriormente se empalmó con una carrera hasta Curuzú Cuatiá(20).

(20) José Torre Revello. “Mapa de las Estafetas y Postas de la Parte Septentrional del Río de la Plata establecidas por don Félix de la Roza (1804)” (1952), Buenos Aires. Ed. por la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. “Documentos para la Historia del Virreinato del Río de la Plata”. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El correo fue supervisado en Corrientes por un Subdelegado de la Real Renta, responsabilidad que fue conferida al Teniente de Gobernador Alonso de Quesada el 7 de Mayo de 1785. Con posterioridad, este cargo recayó habitualmente en los Subdelegados hasta que el 20 de Mayo de 1809 fue añadido a las atribuciones que ostentaba el restablecido Teniente de Gobernador de Corrientes(21).

(21) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles del gobernador Alonso de Quesada; y Documentos de Gobierno 42 (1809). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El funcionamiento del servicio a su vez se hallaba en manos de un Administrador y un reducido número de empleados, los Maestros de Postas y los postillones.

Durante este período fueron administradores José Justo García de Zúñiga (1774-1777, con algunas interrupciones); Vicente de Goitia (1777-1779 y 1783-1807); José Fernández Blanco (1779-1783); y Esteban Perichón (1808-1810). En Santa Lucía se creó -en 1791- otra Administración de Correos, que completó a la anterior(22).

(22) Federico Palma, “El correo en Corrientes durante la época colonial” (1966), en “Nordeste” Nro. 8, pp. 139-141, Resistencia. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El correo costaba poco al Erario ya que maestros y postillones prestaban el servicio a cambio de ser exceptuados de las milicias. Los particulares que viajaban por el itinerario de las postas y que se servían de sus cabalgaduras pagaban derechos que alcanzaban a medio real por legua y por caballo.

La correspondencia pagaba según el peso de los pliegos y era remitida de una administración a otra, acompañada de una guía o factura, en donde se anotaba el valor a cobrar en destino y las cartas que iban francas.

Los correos ordinarios eran aquéllos que corrían en las frecuencias establecidas y los extraordinarios los que lo hacían fuera de esos períodos, por alguna causa de grave necesidad.

Pese a lo limitado de sus recursos el servicio fue atendido con puntualidad y eficacia y contribuyó, de manera sustancial, a la gradual integración de la jurisdicción correntina con el resto de las provincias rioplatenses.

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