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Una reducción rica y la ciudad empobrecida

Establecida la reducción de Itatí dentro del plan defensivo de rodear la ciudad de españoles con poblados indígenas, en Corrientes, como en el resto del Río de la Plata, su ordenamiento y la designación de los curas que adoctrinaban a los indios fue un derecho de los encomenderos.

A ellos se había entregado -por el rey- la tutela de los indígenas y era entonces un atributo de tal encomendación el disciplinar los pueblos en que se los congregaba. Naturalmente, los intereses y exigencias contradictorias entre el hombre autóctono, la Iglesia que los dirigía y el encomendero que perturbaba la obra con las demandas materiales, produjeron protestas que, de todo el continente, llegaron al Consejo de Indias.

Dispuso entonces, por una R. C., fuesen los obispos quienes nombrasen a los curas, precepto que se aplicó, a pesar de las protestas de los titulares de encomiendas(1).

(1) Doctor Manuel M. Cervera. “Poblaciones y Curatos” (1939). Ed. Santa Fe. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

La justicia del Proveído Real la documenta, en carta del 25 de Mayo de 1616, Hernando Arias de Saavedra, dando cuenta al rey del estado de las ciudades y reducciones. Al referirse a Corrientes, anuncia haber citado a varios caciques para formar reducciones, señalándoles lugar a un grupo de trescientos, que puso a cargo del Convento de San Francisco, con cuyo nombre denominó a la doctrina, situada a tres leguas de la ciudad.

- Beligerancia entre la Doctrina de Itatí y la Ciudad de Corrientes. Lesión del derecho de los encomenderos

Esa doctrina fue Visitada por el gobernador Diego de Góngora, en 1621, encontrándola sin iglesia, ni cura y diezmada por las pestes. Al espectáculo de miseria, de ése y los demás poblados indígenas, sólo escapaba la reducción de Nuestra Señora de Itatí, entonces a cargo de fray Juan de Gamarra, con sembradíos, ganados, iglesia y Cabildo.

Lográbase esta maravilla por la aplicación cierta de las Leyes de Indias, en cuanto limitaban el trabajo de los naturales al período de la mita, o sea, el tiempo en que debían dedicar a los encomenderos.

Los cabildantes de Corrientes que obligaban a los feudatarios(2) a entregar indios para los trabajos públicos, documentaron la circunstancia y, precisamente, esa asignación es la primera cita que de la reducción de Itatí se hace en las Capitulares correntinas, en 1637 (26 . X); trátase de indios que vinieron -uno por cada encomendero- a construir las Casas de Cabildo y que abandonaron el trabajo apenas cumplieron el tiempo de la mita, paralizando la obra.

(2) Feudatario era todo vecino titular de encomienda de indios. Estaba obligado a concurrir a los trabajos públicos con un indio por lo menos de su encomienda y cobraba el jornal que abonaba el Cabildo de sus “propios” o de la Caja Real. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

- Evolución ganadera del Río de la Plata. El derecho a vaquear como causa de los conflictos

Pero la beligerancia entre Itatí y la ciudad sede de los encomenderos no tiene solamente este origen. Desde 1630, el común de los indígenas había adquirido del feudatario y accionero del ganado alzado, el derecho a “vaquear” en determinados campos vecinos, exclusivamente para su consumo.

Con algún sentido de justicia, los indios entendieron que ese derecho era exclusivo, que los vecinos de Corrientes podían vaquear en otros lugares y no destruir los ganados de su inmediación por lo cual, capitaneados por Juan Monderaju, habían querido cerrar los caminos a vecinos españoles, a pesar de sus permisos para vaquear, con razones “atrevidas y descompuestas”.

Todo esto se consigna en las Capitulares correntinas (VI . 1638), como el requerimiento de los cabildantes al Teniente de Gobernador Nicolás de Villanueva, de que pusiera remedio a tales desacatos.

Como Villanueva fue reelecto y aceptado por el Cabildo de Corrientes, es de presumir accionó el derecho de los feudatarios, convirtiéndose en el caudillo de los blancos.

Todo este estrépito, que va a hacer crisis en la época siguiente, tiene como causa efectiva la evolución económica que se estaba produciendo en el Río de la Plata, dentro de cuya zona -Corrientes y su jurisdicción- quedan comprendidos.

Para entender perfectamente el proceso, cabe advertir que España buscó que sus pueblos se bastasen a sí mismos, ordenando una actividad agrícola sistematizada, de policultura. Todo poblado debía producir cuánto exigía el consumo; trigo, maíz, vino, verduras, etcétera. La distancia de las ciudades y los fletes imposibles o carísimos, servían de defensa al agricultor en el mercado de los precios.

Por eso, las ciudades tuvieron zonas de solares, quintas, chacras, dehezas y estancias, aún cuando estas últimas únicamente para los fundadores, que traían a sus expensas al ganado de consumo.

También habrá de recordarse que en América no había animales domesticados, como reserva de carne, excluyendo las regiones andinas con sus llamas y guanacos; todo dependía de la caza aleatoria y del procreo de las vacas y caballos introducidos por los españoles y bien administrados.

Pero esos ganados se amontonaron, se hicieron salvajes y se multiplicaron en los campos abiertos. Nació una riqueza que no estaba en el plan de España y la legislación agrícola, de policultura, pasó a segundo lugar.

La abundancia de ganado en la jurisdicción correntina fue un elemento perturbador del plan de colonización. Las prácticas agrícolas cedieron por la fácil práctica del vaqueo, sin contralor alguno. Los españoles que irrumpían de otros vecindarios y los propios de la Ciudad de Corrientes, dieron el ejemplo de la explotación a destajo de tal riqueza.

Los Acuerdos del Cabildo, los reclamos de los accioneros del ganado(3), los pleitos llevados a las Audiencias Reales de Charcas y Buenos Aires, cientos de bandos, decretos y expedientes, prueban esta evolución y el reajuste sucesivo que la economía litoral sufrió.

(3) Descendientes de los dueños de la hacienda amontada y, copartícipes, entonces, en el procreo. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

- El emprotreramiento del ganado

Debió nacer, y nació, una legislación reglamentaria y, como ésta fracasara, por cuanto al hecho del exceso no puede ponérsele límite en campos inmensos, fue necesario buscar nuevas formas a la realidad.

Así nació el empotreramiento del ganado, el uso de la marca o el hierro para su individualización y, como no se había inventado el alambre y el cerco de ramas, de tierra o de piedra, sólo eran posibles en determinados lugares, en que abundase ese material, vinieron las grandes estancias, con límites naturales que, en Corrientes, no podían ser sino ríos y arroyos.

El cruce de los cauces que forman ángulo, limitando la vigilancia a uno de los lados, el abierto, fue la solución local y aparecieron las estancias, todas ellas llamadas “rincones”: Rincón de Luna, Rincón de María, Rincón del Empedrado, Rincón de Gama y cientos y cientos de nombres que aún ahora nos son habituales, nos advierten de aquella evolución ganadera hacia la formación de estancias.

La reducción de Itatí, o sea el común de sus naturales, organizó las suyas, al igual que los vecinos de Corrientes, una de las cuales, la de “La Limosna”, que pertenecía a la Virgen y redituaba para su culto(4), fue la más importante.

(4) En el Libro de Actas del Cabildo de Itatí se publicó el Inventario de bienes del período 1790 a 1797, en que administró Mantilla y los Ríos. Además de las estancias, se alude al brocato en existencia para el vestido de la Imagen, a sus alhajas, etcétera. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

- Una reducción rica y la ciudad empobrecida

Pero el empotreramiento del ganado no puso fin a los conflictos. Antes fue el choque de intereses entre los que vaqueban; ahora operó el de administrar las estancias del común, mediante el nombramiento de Corregidores españoles, que los Curas Doctrineros de Itatí no aceptaban, desacatando a los Tenientes de Gobernador que los designaban.

En 1649 las cosas subieron de tono y el común de Itatí recurrió a la Real Audiencia de La Plata (Charcas).

El entonces Teniente de Gobernador Juan de Vargas Machuca fue a la reducción a imponerse y produjo escenas lamentables. Todo ello consta en el Acta Capitular del 8 de Marzo de 1649, en que fray Gerónimo de Aguilera, cura doctrinero de la Pura y Limpia Concepción de Itatí, reclama de la conducta de Vargas Machuca, habla de la causa criminal que se le sigue ante la Real Audiencia de La Plata, sus agravios para con la “Virgen Ilustrísima que en aquella reducción se venera, gritándola”, y que “el Sr., don Jacinto del Carril, constató cuando visitó Itatí”.

Reclamó del Gobierno de Vargas Machuca -que no está en la sesión, pero era Teniente de Gobernador- pidiendo se aplicase la real cédula que ordenaba el examen de las designaciones para los cargos públicos. Pidió luego se notificase dicha R. C. al Teniente de Gobernador para que la acatase.

La actuación es larga. Vargas Machuca explicó que, en 1647 y 1648, ya se le habían intimado esas cédulas y actuaciones, que arrancaban de 1645; que en el fondo, el cura de Itatí no aceptaba Corregidores españoles y estimulaba el alzamiento de los indios a la voluntad real y niega los excesos y agravios a la Imagen, Patrona de la reducción de Itatí, solicitando testimonio de los cargos (15 . III).

El debate sigue en los papeles y en la realidad. En 1656, viene y Visita a Itatí el Oidor de la Real Audiencia de La Plata, Vázquez de Valverde, quien documenta los excesos y, entonces, actúa fray Juan Baqueano, de la reducción de Itatí, reclamando del Cabildo (10 . IX . 1656), que no se le había recibido una petición en una real provisión de la Audiencia de La Plata.

Es un espectáculo que conmueve; el común de los naturales, la defensa del franciscano, la prepotencia del funcionario en nombre de los encomenderos.

En Abril de 1662, el Teniente de Gobernador está de nuevo en la reducción de Itatí para empadronar a sus indios. Era Sebastián Crespo Flores y, tales fueron los intereses, que debió lesionar en ésta e igual tarea en los demás pueblos de indios, que el Cabildo actualiza viejas Cédulas Reales que lo incapacitaban para el cargo, intimándole su cese.

En Octubre del mismo año (1663), gobierna Pedro Gómez de Aguiar pero, en Noviembre de 1665, vuelve Crespo Flores absuelto, en el juicio de residencia, pero en evidente posición dispar con el Cabildo. Pareciera que, esta vez, los hombres de la Ciudad de Corrientes defendieran su jurisdicción del avance del funcionario que viene de Buenos Aires, nombrado por el Gobernador General del Río de la Plata, para beneficiar una canonjía.

Y así tiene que ser, por cuanto la miseria regional sube como una ola. En el Inventario de encomiendas de indios, hecho en 1676 por el capitán Baltazar Maciel, apenas se encontraron subsistían 39, distribuidos los indígenas en los pueblos de Itatí, Guácaras, Ohoma, Santiago Sánchez y en las propiedades rurales de los encomenderos.

En Itatí estaban los de nación guaraní; en Guácaras (actual Santa Ana), a los que se habían traído de la zona del Bermejo (Chaco); en Santiago Sánchez, los imbaurés, apereás y chapocás; y en Ohoma, los homotes y ahomás.

La raza autóctona disminuía en número y la economía de la zona decrecía alarmantemente. Una medida justa de aquel pasado la dan las Capitulares correntinas: en 1669 y 1670, ninguno de sus vecinos quiso “comprar” los empleos de cabildantes que daban preeminencia y su vecindario fue congregado en cabildo abierto para elegir funcionarios(5).

(5) Todo esto puede verse en las Actas del Cabildo de Corrientes, que la Academia Nacional de la Historia edita con la dirección del doctor Hernán F. Gómez. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

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