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La Imagen de Nuestra Señora de Itatí. Hipótesis sobre su origen

- La tradición verbal e indivisa sobre el hallazgo de la Imagen

En la tradición correntina, la reducción de Nuestra Señora de Itatí es inseparable de su Imagen de la Pura y Limpia Concepción de María. Son dos elementos que el juicio corriente no admite en situación dispar, porque la Imagen está vinculada a los días iniciales del actual emplazamiento del Municipio.

Según esa tradición, estando el poblado indígena organizándose en Yaguarí (entre 1610 y 1614), habría sido hallada sobre uno de los islotes del río que, en las bajantes del Alto Paraná, quedan al descubierto, la Imagen de la Pura y Limpia Concepción.

El fundador, el franciscano fray Luis Games, proyectó erigirle el templo y se inició la empresa, construyéndose el amplio y fuerte cimiento, que aún es visible en nuestros días.

Habiendo desaparecido, en varias oportunidades, la Imagen, de aquel lugar, encontrándosela en el actual emplazamiento de Itatí, a dos leguas arriba, se interpretó la circunstancia como una expresión de voluntad de la que ya era Patrona, o motivación religiosa del vecindario, y todo éste cambió de lugar, erigiéndose el templo y el caserío, en el Itatí de nuestros días.

El antiguo emplazamiento es denominado actualmente Távakue (asiento o pueblo que fue) y queda en un lugar en que las aguas corren menos, en una ensenada en que la basura del río circula en caracol, hasta que el eje central de la corriente la capta y arrastra; sus orillas y zona de costa son bajas, llenas de maraña.

Como está sobre la desembocadura del arroyo San José, su pequeño cauce prestaba la utilidad de albergar a las livianas canoas de los guaraníes, disimulando la existencia de un poblado en formación.

La planta urbana del Itatí actual descansa sobre rocas areniscas; el terreno es de formación terciaria; contiene arcilla plástica y magra con caliza grosera y espesos bancos de arena mezclada con calcáreos y guijarros. Es zona de cal, yeso y elementos para alfarería, de tierras flojas y fértiles, en una eminencia que destaca su modestia, dándole una impresión de grandiosidad.

El cambio del emplazamiento obedeció -fuera de toda duda- a una voluntad experimentada, que no pudo ser otra que la del organizador de la reducción, el ilustre fray Luis de Bolaños.

Bajo su dirección inteligente, por cuanto a ese efecto había sido enviado por Hernandarias (para que organizase la doctrina y continuara, luego, a la Ciudad de Buenos Aires, para cuyo obispado había sido propuesto), se hizo el traslado del grupo larval, que dirigió fray Games y que ya no necesitaba disimularse en lugares bajos, porque la población aumentaba con grupos guaraníes agricultores de la zona del actual Paraguay y de Apipé.

Afirmando el nuevo emplazamiento con un factor religioso, el Padre Bolaños había entronizado, en el primer templo que hizo construir, la Imagen de la Pura y Limpia Concepción que él traía en su viaje.

Esta manera de ver los sucesos tiene, en su fundamento, la voz popular, varias veces documentada, de que la Imagen de Itatí es “hermana” (o sea del mismo origen) de la que existe en el vecindario de Capiatá, de la actual República del Paraguay, donde antes evangelizara Bolaños.

- La fama de su culto durante la colonia

El encuentro de la Imagen en los islotes del río; su desaparición y hallazgo en el Itatí actual y demás circunstancias referidas, podría ser leyenda amable e inofensiva para atraer a la masa indígena o, hechos ciertos, con alguna explicación histórica.

Dos teorías se han sustentado a ese respecto, las cuales parten del punto de vista de que en 1615, 7 de Diciembre, día en que Bolaños da por erigida la reducción, la Imagen que historiamos no se encontraba aún en Itatí.

Para dilucidar el asunto hemos explorado la primera documentación oficial de la existencia de la Imagen, encontrándonos que data de 1649, en que su Cura Doctrinero protesta ante el Cabildo de Corrientes de agravios que imputa al Teniente de Gobernador.
Antes, la documentación oficial a nuestro alcance, nada dice de esa Imagen.

No obstante, existe una actuación atribuida al R. P. fray Juan de Gamarra, sobre circunstancias milagrosas de la Imagen de Nuestra Señora de Itatí, cuya fecha no es cierta(1), pero que puede situarse en 1634. Una posterior, de 1635, ante notario público, de carácter ampliatorio, sería su fundamento.

(1) Según el libro “Nuestra Señora de Itatí” (1900), Ed. Corrientes, esa actuación (que transcribe) fue publicada en el periódico “El Pueblo”, en su edición del 21 de Marzo de 1891.
“Nosotros no hemos podido constatar la cita, por no encontrar el ejemplar de dicho periódico. Pero, según el aludido libro, la actuación sería del 23 de Septiembre de 1624, hecha ante el Guardián del Convento Franciscano de Corrientes, fray Antonio de Acosta, y el vicario, sobre sucesos inexplicables, milagros de Nuestra Señora de Itatí: aspecto risueño y apacible del rostro y músicas angélicas en el templo.
“La misma actuación ha sido reproducida en ‘El Niño Cristiano’, revista editada en el Colegio Argentino, en la Ciudad de Corrientes, en número de 1918 (tal vez Marzo). Lleva la primera página el número 151 y corresponde a la numeración del año.
“Pero, en esta transcripción, lo actuado por el Padre Gamarra llevaría fecha del 23 de Septiembre de 1664. Como se advierte, difiere el año. ¿Es 1624 ó 1664? ¿Dónde está el error, o son las dos fechas equivocadas?
“No fue posible ir a las fuentes pero creemos que ambas fechas están mal y que debe ser el año 1634. Así opinamos por cuanto en el mismo libro ‘Nuestra Señora de Itatí’ -a página 52- se publica un documento del 14 de Febrero de 1635, labrado ante el Notario Público Tomás de Zárate, en que se consignan otras declaraciones del Padre Gamarra y de las personas que él citaba y concurrían a confirmar los hechos milagrosos.
“Son más de un centenar de casos concretos e inexplicables, milagros de Nuestra Señora de Itatí. Si esta actuación es ante Notario Público -ampliatoria de la anterior- y su fecha es 1635, la primera debe datar de 1634”.
// Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

En las Annuas o documentación de carácter religioso (a falta de Archivo Parroquial y del franciscano del Convento de Corrientes), cabe advertir que el Padre Marcial de Lorenzana, en su carta-informe de 1621, nada dice de la Imagen, al aludir a la reducción de Itatí.

Partiendo de la base de que la primera documentación escrita sobre Nuestra Señora de la Concepción es de 1634, veamos las dos hipótesis planteadas:

1.- Pertenece al R. P. Salvaire, sacerdote ilustrado, autor de la "Historia de la Virgen de Luján", quien visitó Itatí y reunía elementos para escribir su crónica(2), cuando falleció.

(2) El Padre Salvaire algo escribió que no conocemos, sino a través de los comentarios. Alude a algún capítulo que tuvo en sus manos el Ilustrísimo Obispo de Paraná, doctor De la Lastra. También se refiere a manuscritos incompletos, por su fallecimiento, en el libro, ya citado, “Nuestra Señora de Itatí”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Suponía el Padre Salvaire que la Imagen de Nuestra Señora de Itatí es la “Conquistadora” del Padre Roque González de Santa Cruz, muerto en martirio en el Caaró, y cuya Imagen habría sido reconquistada y traída a Corrientes por el capitán Manuel Cabral de Alpoin, jefe de sus hombres de armas, a quien se encomendó por el gobernador del Río de la Plata se castigase aquel ultraje.

Las fuerzas correntinas fueron a la zona del Uruguay, a las reducciones jesuíticas, vencieron a los indios y aplicaron la pena capital a los autores del martirio. Supone el Padre Salvaire, que Cabral de Alpoin trajo la “Conquistadora” y que, luego de reparada, se la llevó a Itatí para Patrona de la reducción de Itatí.

No es necesario mayor análisis para rechazar esta hipótesis, pues está probado que la “Conquistadora” del Padre González de Santa Cruz fue una Imagen pintada en tela (no una talla) y, según el Padre Niëremberg, cronista de aquel suceso, la “Conquistadora” fue destruída por los martirizadores del ilustre misionero.

- Las declaraciones del Padre Gamarra

2.- La segunda hipótesis, sin autor determinado, aparecida en 1900, en forma genérica(3), la expuso el historiador Hernán Gómez en folletos escritos para la divulgación del folclore correntino(4), "porque en realidad tiene un fundamento lógico".

(3) En el libro “Nuestra Señora de Itatí”. También alude a ella el presbítero, doctor César P. Zoni, en su estudio-prólogo a “El Peregrino de Nuestra Señora de Itatí” (1929), Ed. en Buenos Aires. El doctor Zoni -que en momentos en que Hernán Gómez escribía estas líneas era capellán de la Armada- fue cura de Itatí. La síntesis histórica con que abre el libro devoto es una de las más serias. Sus referencias a la Imagen las he tenido muy en cuenta. Afirma, es talla de cedro, y que el traje de la talla es de la Virgen del Carmen, "lo que constaté personalmente", señala el historiador correntino
(4) Ver: “El Municipio de Itatí” (1942) y “El Municipio de Santa Ana” (1942). Ed. en Buenos Aires. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Según ella, la Imagen de la Concepción de Itatí sería la Imagen Patrona de la Ciudad de Concepción del Río Bermejo, fundada en 1585 y despoblada en 1631, según la crónica que hemos presentado.

Ya en la ciudad referida, ya en la reducción de Matará de su inmediación, destruida poco antes que aquélla, debió existir una Imagen, traída por sus devotos en la penosa migración a Corrientes.

Se supone que su conductor fuese uno de los indígenas, el guardador o sacristán del oratorio, y el fundamento está en que los guacará o matará sobrevivientes fueron avecinados en Ensenaditas, paraje del actual Departamento San Cosme, en el hoy Municipio de Santa Ana.

El lugar es inmediato al de Itatí y no podría sorprender que el indígena devoto conservase la Imagen en su casa y narrase su hallazgo en el río para legitimar su tenencia. Esta suposición coincidiría con la tradición divulgada en 1900 por el obispo de la diócesis, monseñor De la Lastra, a quien se la envió el Cura Parroquial de Itatí, en aquel año.

Según esa tradición, la Imagen habría sido encontrada por un indio y sus hijos, en el río, cuidada en su hogar y llevada después a Itatí(5).

(5) Se publicó en 1900; de ella se hace eco el libro “Nuestra Señora de Itatí”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

No se indica fecha, pero tendría que ser antes de 1634, en que el Padre Gamarra habla de la Imagen. Como el drama de Concepción del Bermejo se abre en 1630, esta hipótesis podría ser posible.

También cabe -dentro de lo humano- que la Imagen hubiese sido traída de Concepción del Bermejo por los indios de Itatí que fueron como auxiliares de los guerreros españoles de Corrientes, en 1631, cuando se estableció el Real de Todos los Santos. El Real fue levantado en 1633, volviendo españoles y auxiliares indígenas a sus chacareríos, en la zona Oriental del río Paraná, fecha anterior a la documentada por el Padre Gamarra (IX . 1634).

Ambas hipótesis no ponen en el culto de la Pura y Limpia Concepción de Itatí mayor contenido espiritual que aquél que su pueblo y los vecindarios de la época colonial le rindieron con una encantadora devoción.

Las consignaciones del Padre Gamarra, sus relatos de inocencia consagratoria, que nadie puede suponer ajenos a una realidad, sea cuál fuese la explicación que quiera dársele, son elementos de juicio que la crítica histórica no tiene por qué negar como posición básica.

Es tradición documentada el milagro de músicas angélicas junto a la Imagen de Nuestra Señora de Itatí. El pueblo entero las oía en el siglo XVII, especialmente durante el canto del Salve, siendo de notar que los indígenas músicos del Santuario podían imitarlas en el templo, pero no fuera de él

Ocurrían esas circunstancias, de milagro por lo inexplicable, antes de 1634, cuando la reducción estuvo encomendada a los Padres Ortega y Gamarra, en la época dura de las revueltas de los indios bravíos de la margen derecha del río Paraná, en el Gran Chaco, cuyos mensajeros y señales de guerra circulaban los poblados de naturales, invitándolos a la revuelta.

Fue el choque entre la “concepción mágica de los hechiceros” de las tribus y su técnica de terror, que venía del seno de frentones y guaycurúes, y el “espíritu renovado y cristiano de la raza guaraní”, laboriosa, pacífica y civilizada, que había encontrado, en la “Concepción del drama cristiano del Evangelio”, Nuestra Señora de Itatí, las formas objetivas de los principios del Bien y del Mal, del “Tupa” y del “Aña” de su ideología originaria.

Las músicas angélicas junto a la Imagen de la Virgen, que los músicos autóctonos no podían reproducir fuera del templo, accionaron sobre la masa indígena adoctrinada en Itatí. Piénsese en cualquier explicación física del fenómeno; supóngase que el recinto del modesto templo tenía condiciones únicas de resonancia(6), resultado de particularidades de su forma o del material de que estuviesen construidos sus muros; y sea cuál fuese la clave imaginada, está lo “providencial” en lo que ocurría y en las condiciones externas o ambientales en que la reducción veía desarrollarse su existir.

(6) "Es conocida la acústica extraordinaria de algunos salones y teatros y la resonancia imperfecta de otros, que nadie ha podido explicar con certeza". // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

La música fue poderoso enlace para el espíritu del indio y, una determinada música, con la motivación expresa de un culto, fuerza suficiente a contener la inquietud de una comunidad reclamada por la anarquía de aquella época.

- La consignación del historiador Lozano

Tampoco en este empeño por aclarar los orígenes de la Imagen de Itatí podemos olvidar aquello documentado por escritores ajenos al medio y que deducen de su propia realidad.

Lo que expresa el Padre Lozano, de su fama milagrosa, es escrito en el siglo XVIII y, por un cronista que no da preferencia alguna a los asuntos en que intervienen los Padres de la Orden seráfica.

Cuando Lozano dice algo de las doctrinas franciscanas es porque su silencio rompería un orden de evidencia, que perjudicaría el crédito de su propio relato.

Además, ahí está la Imagen de Nuestra Señora de Itatí. Su factura no es europea; es americana y la madera en que se hizo la talla es cedro de la zona, abundante en el Paraguay y en Misiones(7).

(7) Véase al Padre César P. Zoni. “El Peregrino de Nuestra Señora de Itatí” (1929), Ed. en Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Lleva bajo sus vestidos de tela, un vestido tallado, advirtiéndose en su frente el hábito-escapulario de la Virgen del Carmen y, en los otros lados, el manto, que debió ser marrón, si fuese aquella Imagen, pero que en la de Itatí es azul celeste.

Naturalmente, el color del manto no tiene valor, porque la Imagen fue varias veces retocada, y pudo, en alguna ocasión, dársele el color azul.

Pero la circunstancia del hábito-escapulario es interesante y nos dice que es talla americana, de artífice que aplicó -al diseñar el cuerpo- la técnica generalizada de la Virgen del Carmen, entonces objeto de amplio homenaje.

No debemos olvidar que el Misterio de la Pura y Limpia Concepción recién se oficializa o admite por el pontífice Alejandro VII, en su decreto del 8 de Diciembre de 1661, antes de cuya fecha las Imágenes debieron tener el hábito oficial de la Virgen del Carmen, difiriendo solamente en la posición de los brazos.

La del Carmen tiene el Niño Jesús en brazos; la de la Concepción, los brazos unidos, en posición de orar, actitud que -dentro de la técnica católica, aun cuando su culto no fuese oficializado- no implicaba un exceso. Y esa es la posición de Nuestra Señora de Itatí.

El sabio, doctor Martín de Moussy, haciendo, en 1856, su descripción, dice:

La Estatua Milagrosa -según el uso- lleva un vestido de raso blanco y una manta de terciopelo azul; la corona que adorna su cabeza es de plata dorada; tiene zarcillos de brillantes, brazalete de oro y perlas.
Se ha practicado en el fondo del nicho una ventanita oculta, para dar tránsito a la luz, que desciende e ilumina la parte superior de la estatua y el grupo de angelitos que la rodea; este efecto de luz produce una especie de aureola luminosa alrededor de la cabeza, que hacen mucha ilusión”.

En 1900, los autores del libro, tantas veces citado, dicen:

La Virgen es de madera tallada. Como debió estar a la intemperie durante bastante tiempo, hasta su hallazgo, hecho en que concuerdan todas las viejas tradiciones, nada extraño es que la Virgen se deteriora algo; y, efectivamente, está retocada y refaccionada, con yeso, toda la cabeza, pues ésta, según los últimos que la retocaron, estaba apolillada notablemente; pero no destrozada, como necesariamente tuvo que admitir el Padre Salvaire, suponiendo que no era otra esta Imagen, sino la efigie o pintura de la Conquistadora, según el Padre Niëremberg.
Ligeramente sonrosado y bastante bien modelado el rostro, que ni es del todo redondo ni puede llamarse ovalado, está la Imagen en modesta actitud de orar, con las manos juntas sobre el pecho; y tiene las siguientes dimensiones: altura 1,26 metros; ruedo del corpiño: 1,9 metros; ancho del hombro: 0,30 metros; largo de la manga (por debajo del brazo hasta cerca de la muñeca): 0,51 metros; ruedo de la cabeza: 0,471/2 metros; alto, desde media frente a la coronilla: 0,91/2 metros”.

Esta descripción no es del todo exacta en cuanto a la altura que, si se refiere a la talla de entonces, no es la talla original. A este respecto, ya hemos aclarado el asunto(8):

Hacia 1896, un presbítero Resónico, a cargo -en ese entonces- del Santuario de Itatí, mandó hacer un nicho para la Imagen. Concluida la obra, resultó chica para el tamaño de la misma. El famoso Resónico cometió el delito de serrar la talla histórica, seccionando la parte inferior, a la altura de los tobillos.
Debido a esta causa, se la presenta vestida a la veneración pública, para restablecer
el tamaño proporcional de la figura y ocultar el agregado que tuvo que hacerse a la base, sacrificando el vestido tallado que completa la obra artística.
Resónico abandonó poco después los hábitos, cruzó al Paraguay y fue muerto en el episodio de un baile popular, en el paraje Lomas de Pedro González”.

(8) Hernán Félix Górnez. “Monumentos y Lugares Históricos de la provincia de Corrientes” y “El Municipio de Itatí”, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Desde muy antiguo -posiblemente desde 1663- en que llega a Corrientes la Bula del Pontífice que permitió el culto de la Pura y Limpia Concepción, la Imagen de Itatí es presentada a sus devotos ocultándose el tallado de su hábito del Carmen, con traje de género de seda.

Así resulta del más viejo de los Inventarios conocidos -de 1790- en que se consigna el brocato destinado a su vestido(9).

(9) Véase en un voluminoso tomo, con el título “Acuerdos del Viejo Cabildo de Itatí. Corrientes” (1909). Era Director del Archivo el doctor Valerio Bonastre. Prologó la obra, con un estudio sintético, el presbítero Esteban Bajac. El tomo carece de Indice; no presenta la documentación situada en el drama histórico. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

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