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La Coronación Pontificia de la Imagen de Itatí

- El propósito de la Coronación. S. S. León XIII la autoriza

Los homenajes generales que diariamente llegaban al Santuario de Itatí, afirmaron el propósito de la Coronación de su Imagen. Corrientes integraba la Diócesis de Paraná, a cargo de monseñor, doctor Rosendo de la Lastra y Gordillo, una de las más altas personalidades del Clero nacional.

Nacido en el Palacio Sobremonte, de Córdoba, el 5 de Mayo de 1856, ingresó en el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, en 1869, bajo el rectorado del doctor Uladislao Castellano, después arzobispo de Buenos Aires.

Fue familiar del Padre Esquiú, cuando se consagró obispo en Córdoba y, luego, su secretario. Se ordenó en 1881; fue profesor en el seminario; capellán del Hospital San Roque y canónigo de la Catedral. En 1892, viajó con el diocesano a Roma, siendo designado Obispo Titular de Miletópolis y Auxiliar de Córdoba.

En 1898 fue preconizado para el obispado de Paraná, diócesis que entonces integraba Corrientes y la cual dirigió con señorío y devoción admirables. Viajes continuos lo vincularon con toda su diócesis, de cuyas aspiraciones supo hacerse eco.

Una de ellas fue la de la Coronación de la Imagen de Itatí, anhelo que se le hizo presente por el entonces gobernador de Corrientes, doctor Juan Esteban Martínez, el clero de la diócesis y por muchos de sus diocesanos, y que le inspiró el propósito de solicitar de S. S. el Papa, la Coronación Pontificia de la Imagen de Itatí.

- Monseñor, el obispo De la Lastra, en Roma

Con motivo de celebrarse, el 28 de Mayo de 1909 -en Roma- el Concilio Plenario de la América Latina, congregado por el Papa León XIII, el obispo De la Lastra se resolvió a solicitar, en persona, el consentimiento, para el cual fuera de duda y en forma confidencial se lo había autorizado.

Así lo suponemos, porque el ilustre prelado era portador de generosos donativos en dinero, metales preciosos y valiosas piedras para la confección de la corona, material arbitrado por el Gobierno de la provincia y una comisión de damas, presidida por la piadosa señora Josefina Hardoy de Gallino e integrada por lo más selecto y cristiano de la sociedad correntina.

Toda la provincia contribuyó con alhajas y dinero para la corona(1).

(1) Dos años después de la Coronación, ocurrió un hecho que fue apreciado diversamente, respecto del cual dice el presbítero, doctor C. P. Zoni: “La valiosa corona fue robada por manos anónimas. Nadie pudo saber quiénes fueron autores del saqueo, si bien se sospechó un ardid político, efecto de arteras venganzas oficiales. La joya, completamente destruida, sin que faltara una sola piedra, fue hallada, de un modo misterioso, en un hueco de piedras de la ribera, frente al Santuario. Debidamente refaccionada, fue de nuevo colocada en las sienes de la Imagen, el año 1902”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Monseñor De la Lastra, ya en Italia, partió de Génova (15 de Mayo) para París, con el fin de encomendar al orfebre Froment Meurice, la construcción de una corona con el metal y piedras preciosas reunidos en Corrientes.

El 24 de Mayo, vuelto a Roma, obtuvo audiencia de S. S. León XIII, quien lo recibió, conjuntamente con el arzobispo y obispos argentinos. Le solicitó el privilegio de la Coronación, obteniendo su promesa.

- La corona se forja con el tributo del pueblo. Su bendición por el Pontífice

El 11 de Julio, al terminar las Sesiones del Concilio Plenario, el obispo De la Lastra recibió del artista la corona. La presentó a S. S., quien la bendijo el 16 de Julio de 1899, autorizándolo para que la impusiera a la Imagen, en su nombre y autoridad.

Monseñor De la Lastra encomendó a otro artista pintor, N. Caviglia, de algún renombre, de Roma, la factura de dos telas de la Imagen; una, destinada al gobernador de Corrientes, doctor Martínez; y, otra, para su oratorio particular.

La Virgen fue representada sobre una piedra, como aquélla en que fuera encontrada, sobre un fondo de perspectiva de la aldea de Itatí, en el que se destacaba el templo en que recibe, hasta hoy, el homenaje de sus devotos.

Esta concepción artística ha servido, después de la Coronación, para el arreglo de la Imagen en un pedestal, reparando la desproporcionada altura a que la redujo el acto falto de sentido común del presbítero Resónico.

Para dar mayor realce al acto y con el propósito de que pudiera concurrir mayor cantidad de peregrinos, se resolvió que la Coronación se efectuara en la Ciudad de Corrientes, el 16 de Julio de 1900, trasladando la Imagen desde Itatí hasta dicha capital.

Cercano ya dicho día, el 9 de Julio de 1900, monseñor De la Lastra publicó una carta, dirigida al V. Dean, Cabildo Eclesiástico, clero secular y regular y demás fieles de su diócesis.

La pieza, llena de una fe profunda, contiene un párrafo que conviene destacar:

Bajamos de la Ciudad de Posadas, donde habíamos permanecido algunos días cumpliendo con los deberes del Santo Ministerio que desempeñamos, y nos detuvimos en Itatí para presidir la peregrinación de la Sociedad del Perpetuo Socorro de María, que debía partir de Corrientes en la noche del 8 de Septiembre del año 98, para presentar a la Santísima Virgen los votos de su filial amor.
A la sazón, la República se encontraba en solemne expectativa. El litigio de límites con Chile había llegado al momento de tener solución definitiva. Los aprestos bélicos de ambos países absorbían ingentes sumas al Erario público, y la prensa de una y otra República llevaba hasta sus confines el grito horrible de una inminente guerra”.

Luego, agrega:

Habían empezado ya los solemnes cultos que los devotos peregrinos dedicaban a la Excelsa Reina de los Cielos, y debíamos subir al púlpito para hacerles nuestra exhortación, cuando recibimos el mensaje de persona altamente caracterizada, avisándonos que la situación del país era de extrema gravedad, y que se creía conveniente hacer a la Santísima Virgen un voto, implorando la paz. Tales eran también nuestros deseos, y accedimos con entusiasmo a la invitación”.

Monseñor De la Lastra hizo y presidió esos votos. La paz fue lograda y en esa pastoral invitaba a cumplirlos, concurriendo en nueva peregrinación, e1 20 de Julio, después de la Coronación de la Imagen, como en realidad se hizo.

- Solidaridad del Clero argentino. Las grandes fiestas de la Coronación

Las fiestas de la Coronación se iniciaron el día 14, oficiando el obispo auxiliar de Montevideo, doctor Ricardo Isassa. Al día siguiente, Misa Pontifical, por el obispo del Paraguay, monseñor Sinforiano Bogarín; y el 16, el acto máximo, la Coronación, en el domo erigido en la plaza de la Cruz del Milagro.

La gran procesión salió de la Iglesia Matriz. Al llegar a destino se situaron las Imágenes de San Pedro Nolasco y Santo Domingo al costado izquierdo del domo y, las de San Juan y San Francisco a la derecha. En el centro, quedó la Santísima Virgen.

Ofició el obispo de La Plata, doctor Mariano A. Espinosa e hizo el panegírico el obispo titular de Jasso, doctor Gregorio I. Romero. Terminado el pontifical, el obispo diocesano y delegado apostólico, doctor De la Lastra, después de recibir la corona de manos de sus padrinos, la señora Josefina Hardoy de Gallino y el gobernador de la provincia, doctor Juan Esteban Martínez, la presentó a sus guardadores y les tomó el juramento de custodiarla.

Luego, como Delegado Apostólico, revestido de amito y alba, ciñendo por vía de cíngulo, la faja de seda blanca con bordados de oro y flecos de oro que durante mucho tiempo llevara León XIII y que se usó cuando se coronó la Imagen de Luján, y con capa pluvial, acompañado de los prelados asistentes, se acercó hacia el Altar, se inclinó profundamente ante la Santa Imagen, entonando el himno Regina Celi Laetare.

Terminando el canto, delante de la Imagen, monseñor De la Lastra, reverentemente, la incensó; tomando la corona, la colocó sobre la cabeza de la Imagen, diciendo:

Así como es coronada en la Tierra por nuestras manos, del mismo modo merezcamos ser coronados en el Cielo de gloria y honor por Cristo, Nuestro Señor”.

Aclamaciones que atronaron el espacio, que cubrieron la voz de las campanas y las salvas, antecedieron al solemne Tedeum en acción de gracias por el memorable acontecimiento.

Todo el pueblo, autoridades, clero, congregaciones, organizaron una solemne procesión que, después de penetrar el templo de la Cruz del Milagro, acompañó las imágenes hasta la Iglesia Matriz, en la que predicó monseñor Bogarín y dio la bendición el Ilmo. fray Marcelino del Carmelo Benavente.

En pontificales y oraciones de los días siguientes (17 a 20), actuaron los obispos de Tucumán, doctor Padilla y Bárcena; de San Juan de Cuyo; el titular de Jasso; el de Santa Fe, doctor Boneo; de La Plata; el auxiliar de Montevideo; el Provincial de los franciscanos, R. P. Botaro; etcétera.

Fue figura local, el presbítero, doctor Luis M. Niella, como Vicario Foráneo. La cátedra sagrada de Corrientes, en los días de la Coronación, fue inigualada. Al prestigio de los obispos, la virtud de los sacerdotes asistentes y a la elocuencia multiplicada en la fe, se sumó la palabra insuperada del obispo de Jasso, monseñor Romero, alta y preclara expresión de la argentinidad y la virtud.

En esta oportunidad se consagró -el 16 de Julio- como fecha de la visita anual al Santuario, con el apoyo del obispo de la Diócesis, monseñor doctor De la Lastra, creándose la Asociación Pro Peregrinación adscripta al Templo de Nuestra Señora de La Merced, dirigida por el P. Ignacio M. Martí(2).

(2) Con motivo de la Coronación, fueron centenares los escritores que escribieron exaltando el culto de María, en prosa y verso.
En 1900, con el título “Homenaje a Nuestra Señora de Itatí, en el Día de su Coronación”, se publicó un elegante folleto, editado por la imprenta de J. Peuser, de la Capital Federal, en que la comisión encargada reunió trabajos en prosa y verso sobre la prestigiosa Imagen. Aparecen actuando, en esta comisión, los señores S. Echegaray, Esteban Robledo y Amadeo Fernández.
Allí se dice que el presbítero, doctor Jorge María Salvaire, el historiador de la Virgen de Luján, fue uno de los más tenaces compiladores de los antecedentes históricos de Nuestra Señora de Itatí. El obispo, doctor Rosendo de la Lastra, consigna, en uno de los artículos que firma, haber leído uno de los capítulos de aquella obra, que quedó inconclusa o no fue publicada. En ella atribuye a fray Luis de Bolaños, franciscano, que se ocupó de catequizar a los indios de la zona, el haber encontrado, guiado por éstos y sobre unas piedras, la Imagen reverenciada.
Entendemos que esa literatura de homenaje debe reunirse. Además de la contenida en el libro de referencia, aparecieron producciones en toda la prensa del país y de la provincia, cuyas colecciones habitualmente no son conservadas. Escribieron los hombres de afiliación más dispar, certificando la unanimidad del homenaje. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

La Imagen fue llevada a Itatí el día 20 de Julio, en el vapor “Tridente”, despidiéndosela en el puerto por todo el pueblo de la capital. El buque de la Armada de Guerra “Espora”, le rindió homenaje de una salva de 21 cañonazos.

Una enorme peregrinación, la novena que se realizaba, escoltaba a la Imagen, presidida por el obispo diocesano, doctor De la Lastra; el arzobispo electo, doctor Mariano Antonio Espinosa; y el obispo auxiliar de Montevideo, doctor Isassa.

A mitad del trayecto a Itatí, el doctor Rómulo Amadey, en nombre de las damas de Corrientes, entregó a fray Ignacio M. Martí -con asistencia de los prelados y de todo el pasaje- un álbum, en el que se reconocía la inteligencia, actividad y perseverancia con que había servido los propósitos de la Coronación.

El Padre Martí, embargado de emoción, no pudo contestar las palabras pronunciadas, debiendo hacerlo, en su nombre, monseñor De la Lastra. El homenaje estaba detallado en las consignaciones del álbum, que la prensa correntina dio en sus ediciones de fines de Julio de 1900.

Reconocíasele haber preparado la Coronación desde la primera peregrinación que fomentó y dirigió en Agosto de 1896.

La peregrinación llegó a Itatí, con la Imagen, al caer la tarde del mismo día, siendo esperada por todo el pueblo, que colmaba el puerto y las calles que llevan al Santuario. Inmediatamente, fue recibida por sus devotos y trasladada a la vieja Iglesia de su culto.

A las 09:00, del día 21, después de una solemne Misa Pontifical, con coro entonado por niñas peregrinas, se escuchó la palabra elocuentísima de fray José M. Botaro, iníciándose el regreso(3).

(3) La adhesión del Clero argentino fue unánime y su llegada a la capital correntina dio motivo a grandes festejos. Cuatro obispos llegaron el día 12, en el vapor “Olimpo”, y el del Paraguay, por el vapor de la madrugada del día siguiente.
El sábado 14 de Julio, en la torpedera “Espora”, toda empavesada, arribó monseñor Espinosa, obispo de Buenos Aires y, en tren expreso, monseñor Romero. Cabe consignar que, cuando el obispo, monseñor Espinosa, en el carruaje del Gobierno de Corrientes, llegaba del puerto al Convento de La Merced, donde se alojaba, le fue entregado el telegrama oficial de Roma en que el cardenal Rampolla le comunicaba había sido nombrado Arzobispo de Buenos Aires.
En otro telegrama, el presidente de la Nación también le anunciaba el suceso. En otras palabras, con la Coronación de Nuestra Señora de Itatí fue instituido Príncipe de la Iglesia Argentina, el doctor Espinosa. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Nuestra Señora de Itatí (Historia Abreviada de la Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí y de su Imagen Milagrosa)” (1996). Ed. por Gabriel Enrique del Valle, Corrientes.

Una gran jornada quedaba cumplida, en la que el país entero se hizo presente con eminentes representantes, como en el comentario unánime y devoto de la prensa nacional.

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