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El Hormiguero

El pueblo de Santo Tomé fue fundado en la Sierra del Tapé, en el año 1632, por el sacerdote jesuita Luis Ernot, por él trasladado en 1638 a su actual lugar, con el concurso de aproximadamente mil familias indias(1) y destruido en el año 1817 por las fuerzas portuguesas del general Chagas Santos.

(1) El Padre Luis Ernoi o Arnot o Harnot o Hermothe, así llamado en diversos documentos antiguos, era nativo de Holanda. Fue un eminente cartógrafo. En 1648 estuvo encargado de la reducción de San Carlos de Guaybirupá. Según el auto de visita del obispo fray Cristóbal de Mancha y Velasco a dicha reducción, de fecha 9 de Noviembre de 1648, el Padre Ernot “truxo a la reducción que oy se llama de Santo Tomé del Uruguay más de mil familias que oy conocen y adoran a nuestro verdadero Dios para maior gloria suia...”. “Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Actas y Documentos del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires” (1944), volumen II, Buenos Aires. El Padre Ernot falleció en la reducción de San Ignacio Miní, en 1667. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

A poco de tan bárbaro suceso, comenzó la repoblación lenta e inorgánica de esa región. Retornaron algunos vecinos indios -fueron muy pocos- en busca del hogar perdido y otros arraigaron en El Hormiguero, un tanto a trasmano del viejo pueblo, cuyo trazo se iba desdibujando por la vegetación que crecía incontroladamente, ahogando y recubriendo casas y calles.

Hoy día -escribía d’Orbigny, en 1828- esos hermosos campos que antaño estuvieron cubiertos de poblados bien construidos y limpios y de cultivos que prometían abundancia, han vuelto a su estado primitivo.
Espesos bosques cubren el campo, los árboles invaden hasta las ruinas de las poblaciones, donde unos lienzos de pared, a veces hasta unas plantas extranjeras, quedan como únicos indicios del lugar que cada misión ocupara.
La naturaleza parece tratar de revestirse con sus ornamentos primitivos y desaloja hasta a los durazneros y naranjos, vegetación de otro hemisferio, para desplegar su flora indígena(2).

(2) Alcides d’Orbigny. “Viaje a la América Meridional” (1945), tomo 1, Buenos Aires. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

La corriente migratoria hacia la campiña de Santo Tomé adquirió formas promisorias a partir del año 1832, fecha en que el comandante Juan Cavañas suscribió con el Gobierno correntino una convención relativa a la incorporación de esa zona a la jurisdicción correntina.

Adviértase que en ese entonces, desde el Mocoretá hasta el límite con la actual provincia de Misiones, no existía pueblo alguno formalmente organizado y que la repoblación de La Cruz marcó la hora inicial de la recuperación de esa parte, pues hasta el pacto con Cavañas, Santo Tomé dependía de la Comandancia Militar de San Miguel, bajo cuya jurisdicción estaban los cacicazgos de Loreto, Corphus, Apóstoles, Santa María y San Ignacio.

Pocos meses duró la paz con los indios. La acción del comandante Cavañas y su segundo, el alcalde Jacinto Arayeyú -ambos de pura raza guaraní- resultó perniciosa para el orden y la tranquilidad de la región. Partidas de indios alzados se dedicaron al pillaje, lo cual, si no era estimulado, era tolerado por Cavañas, cuyo retiro fue reclamado por las autoridades vecinas y por los pobladores rurales.

En lo espiritual se hizo sentir la obra evangelizadora de fray Pedro Nolasco Prado, franciscano, cura del pueblo de La Cruz, quien, ignorando el idioma guaraní por ser nativo de Córdoba, recorría su dilatado curato en compañía del indio Jacinto Manduaré, con funciones de sacristán e intérprete. A fines de 1842, fray Prado trasladó su residencia a Itaquí (Brasil), de donde venía diligentemente cuando lo requerían desde Santo Tomé o La Cruz, pueblo éste adonde retornó en 1845.

A principios de 1834, llegó a El Hormiguero, punto del nuevo asiento de Santo Tomé, el teniente Enrique Báez, al frente de un grupo que no pasaba de diez hombres, para establecer una Guardia. Inmediatamente envió aviso al Comandante de la Frontera brasileña con asiento en San Borja, teniente coronel Manuel da Silva Pereira de Lago, quien no ocultó su satisfacción por la presencia de esa fuerza que venía -así lo entendió- a poner orden en el lugar y fin a los robos de ganado que se sucedían en forma alarmante.

El que suscribe -le escribía a Báez- mucho se lisonjea en participar a V. S. en cuanto estima su llegada a esta frontera, que hasta el presente se conservaba desierta de gente buena, pues hasta ahora sólo habitaban salteadores y ladrones(3). Más, al llegar el invierno, el teniente Báez, obedeciendo órdenes, se replegó con sus hombres a Curuzú Cuatiá, dejando en total abandono ese paraje.

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes. Correspondencia Oficial. Año 1834. Legajo Nro. 46. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Y tan desamparado quedó aquéllo que, a partir de ese momento, Santo Tomé perdió hasta su histórico nombre. En toda la documentación oficial se lo denominó -desde 1834 hasta 1840- como Paso de San Borja, tratando siempre de aclarar quién lo citaba, que se trataba del de esta banda. Ya se verá más adelante en qué momento lo recuperó.

La zona de Santo Tomé, incluso las viejas reducciones jesuíticas, ruinosas y desoladas, pertenecía -en 1834- a la jurisdicción de la Comandancia de La Cruz cuyos jefes (sea el comandante Juan Bautista Vargas o su sucesor -desde fines de ese año-, capitán Juan Bautista Pucheta) entretuvieron sus días persiguiendo desertores y cuatreros.

Ningún afán progresista y civilizador alcanzó a Santo Tomé, librado un poco a la buena de Dios. Pucheta, en sus incursiones, raras veces avanzaba más allá de los Cuajes porque, hallándose sin hombres(4), temía a las fuerzas paraguayas, que acuarteladas en la Tranquera de Loreto y fortificadas en la Trinchera de San José (hoy Posadas), pretendían ejercer jurisdicción en esa zona, en la que asaltaban y arreaban ganado.

(4) El 26 de Agosto de 1836, Pucheta manifestaba a Atienza hallarse “con muy poca gente, pues agatas me queda para una sola guardia”. Correspondencia Oficial. Legajo Nro. 56. “Agatas” es viejo modismo correntino que significa apenas. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

En sus comunicaciones con San Borja, este jefe eludía hacer pie en Santo Tomé. Por otra parte, muy estrictas eran las Instrucciones recibidas del Gobierno para manejarse con los paraguayos(5).

(5) Archivo General de la Provincia de Corrientes. Libros Copiadores del Ministerio de Gobierno, Legajo Nro. 57. Oficio del gobernador Rafael de Atienza al comandante de La Cruz, de fecha 14 de Junio de 1836. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Hacia el año 1836, el Gobierno correntino comenzó a conceder fracciones de campo en la región. Le animaba al gobernador Rafael de Atienza el propósito de formar centros agrícolas con el concurso de familias llevadas de Curuzú Cuatiá y, a ese fin, ofició a Pucheta solicitándole señale los parajes, dentro del amplio departamento a su cargo, cuyas tierras debían reservarse para agricultura.

Estas primeras concesiones desazonaron al dictador paraguayo, doctor Rodríguez de Francia: “Me dice don Amado -escribía Pucheta refiriéndose a Bonpland- que el Dictador del Paraguay sabe que el Gobierno de Corrientes ha estado dando campos del otro lado del Aguapey y que nada le ha gustado(6).

(6) Archivo General de la Provincia. Correspondencia Oficial. Año 1836. Legajo Nro. 55. Carta del 3 de Junio de 1836. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

- Nuevos pobladores

La guerra civil que envolvió a la provincia brasileña de Río Grande del Sur provocó la expatriación de numerosos brasileños que, buscando paz y libertad, se establecieron con sus familias y haciendas, en la costa correntina. Algunos quedaron en La Cruz o Santa Ana y otros frente a San Borja, en el paraje conocido con el nombre de El Hormiguero.

La presencia de estos nuevos pobladores suscitó problemas de difícil solución, porque allí no había autoridad alguna. Bien comprendió el problema el nuevo Comandante de La Cruz, capitán Lino Antonio Martínez(7), llegado en Marzo de 1838 para reemplazar a Pucheta:

Con motivo de haberse experimentado varios desórdenes -escribía en Julio a Berón de Astrada- en la nueva población del Paso de San Borja, hallé por conveniente poner en aquel punto, en calidad de Encargado Provisorio, a Dn. José Justo Barboza, para que en lo posible se empeñe en cortar los disturbios a que son expuestos los nuevos pobladores, no obstante que constantemente mandó partidas a recorrer aquellas costas(8).

(7) Nació en la campiña de Esquina hacia fines del siglo XVIII y se inició en la carrera militar en la fuerza que levantó en Corrientes el Supremo Entrerriano, general Francisco Ramírez. Estuvo en el acantonamiento del Rincón de Santa María entre los años 1832 y 1834. Fue Comandante Militar de La Cruz en 1838, batiéndose en Pago Largo. Con el grado de Sargento Mayor peleó en Caá Guazú, en el “Batallón Berón de Astrada”. Establecido nuevamente en La Cruz, el gobernador doctor Juan G. Pujol aprovechó de sus aptitudes enviándole -en 1854- a Santo Tomé. Después fue designado Jefe Militar de las Misiones, en cuyo cargo falleció.
(8) Archivo General de la Provincia. Correspondencia Oficial. Año 1838. Legajo Nro. 64. Oficio del 19 de julio de 1838.
// Todo citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

El gobernador Genaro Berón de Astrada aprobó la determinación del comandante Martínez, no así los paraguayos. “Tan luego como supo el comandante de las fuerzas paraguayas de la comisión conferida a Barboza, le mandó decir que no admitiese dicho encargo y que no fuera simple en injerirse en tales cosas, pues se lo avisaba para su gobierno(9).

(9) Archivo General de la Provincia. Correspondencia Oficial. Año 1838. Legajo Nro. 64. Oficio del 19 de julio de 1838. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Comenzó entonces, un poco a fuego lento, el arraigo de pobladores sujetos a la constante zozobra que importaba 1a permanencia de las fuerzas paraguayas invasoras. La llegada a Tareirí del poblador Luis Luque, francés emigrado del Brasil, molestó a los paraguayos.

Según observó -escribía Martínez a Berón de Astrada- éstos están a la expectativa de que en caso se llegue a mensurar un campo por esos destinos de San Borja, tener motivo ellos para interrumpir la quietud de esta provincia, más, estoy informado que los paraguayos no están muy contentos con los emigrados del Brasil, respecto a los que están en el Paso de San Borja, en razón de que primeramente no se les han presentado y porque primeramente se presentaron al Gobierno de Corrientes(10).

(10) Ibidem. Oficio del 19 de Julio de 1838. Se trata de un oficio independiente del citado en Llamada 8 . // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Después de Luque, vino con numeroso ganado don Juan Cardozo, fallecido a poco de llegar; don Felipe Jara, quien poco después cambió la mancera por la espada para pelear en Pago Largo y, como siguiéndoles de cerca, don Pedro Careaga, carpintero del pueblo durante largos años; don Juan Fernández, cuya vocación por la mentira hará que le conozcan por Juan Yapú; don Juan María Gómez; don Clemente Meza; don José Fontela; don Jacinto de Mora; don Juan Francisco Gutiérrez; don Antonio Bonorino, estos dos últimos transportando numeroso ganado vacuno desde San Borja; don Marcelino dos Santos Paulete y don Tomás Bayala, vecino éste de actuación durante varias décadas.

Otros pobladores llegaron, como el coronel brasileño Bonifacio de Isasa, vinculado a la zona desde 1832, para dejar la simiente fecunda de sus hijos en tierra santotomeña y otros, cuya permanencia estuvo condicionada a la normalización política de Río Grande del Sur o al éxito del negocio que llevaban entre manos. De estos, apenas queda una referencia innominable y vaga. Dijérase que las ondas del río Uruguay borraron sus nombres o las sombras del monte milenario velaron las huellas del camino andado.

- Después de Pago Largo

La derrota de Pago Largo sumió a la provincia en una profunda anarquía. Conocida la noticia en La Cruz, el comandante Martínez pasó con algunos jefes y vecinos al pueblo brasileño de Itaquí en procura de asilo.

Cuando Gaspar Tacuabé, del ejército rosista, entró el 13 de Abril de 1839 a La Cruz, halló todo abandonado y sin autoridades y vanos fueron sus esfuerzos para atraer, durante los diez días que permaneció en el pueblo, a los vecinos emigrados. Al retirarse, este jefe dejó al teniente Manuel de Reyes Chamorro como comandante de la zona, con el ancho título de Jefe Político y Militar de las Misiones.

Una gran incertidumbre se apoderó de los vecinos de Santo Tomé. El 20 de Abril, desde el “Paso accidental de San Borja”, en nombre de los pobladores, escribía don José Justo Barboza a don Pedro Ferré, preguntando “si nuestra provincia se halla aún sin Gobierno de los suyos(11).

(11) Ibidem. Correspondencia Oficial. Año 1839. Legajo Nro. 67. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Recién después de la caída del gobernador José Antonio Romero, títere de una camarilla rosista que lo empujó a cometer no pocos errores, la zona del Uruguay recuperó su aliento.

Sin embargo, de haber servido al Gobierno rosista, Chamorro fue confirmado y ascendido por Ferré a fines de 1839, más, al comenzar el año siguiente, fue nombrado para sucederlo don Blas José Márquez, poblador del Rincón de San Jorge -donde, en 1843, se fundó Paso de los Libres- funcionario éste que, con muy buen sentido, restableció el nombre tradicional de Santo Tomé en sus comunicaciones al Gobierno.

El 9 de Noviembre de 1840 escribió a Ferré reclamando el establecimiento de autoridades permanentes en ese punto:

Concentrar a los pocos indios -decía- es, a mi juicio, un problema muy pasajero y creo que dentro de poco tiempo desertarán todos los indios e infestarán este departamento, el cual sólo se podrá conservar con una fuerza efectiva y un comisionado... capaz de conservar el orden, por cuyo trabajo y costo creo será tiempo de entablar un orden en éste Paso(12).

(12) Ibidem. Correspondencia Oficial. Año 1840. Legajo Nro. 71. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Nada resolvió Ferré, no obstante que don Martín Ortiz -sucesor de Márquez en la Comandancia- en oficio del 17 de Marzo de 1841, señaló la falta de otro juez de paz en el departamento, con jurisdicción hasta Santo Tomé, “porque mucha es la distancia y de mucho vecindario y no hay más autoridad que los oficiales de guardia(13). La única autoridad que subsistió en Santo Tomé durante esos años, fue la de Barboza, bastante débil por cierto.

(13) Ibidem. Correspondencia Oficial. Año 1841. Legajo Nro. 72. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Ferré designó Jefe del Piquete de Resguardo, por él creado, al capitán Domingo Aldao, con sede en Santa Ana y jurisdicción desde el Mocoretá hasta Santo Tomé, sin referirse para nada a este paraje en las instrucciones normativas del cargo:

En el Paso de San Borja, a esta parte del río -decía Aldao a Ferré- mantienen tiendas varios comerciantes sin pagar derechos al Tesoro Público... y como en las instrucciones que me pasó S. E., nada habla de dicho punto...(14).

(14) Ibidem. Correspondencia Oficial. Año 1841. Legajo Nro. 72. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. Oficio del 25 de Marzo de 1841.

El 18 de Junio, el comandante Ortiz renovaba el pedido: “Sólo me resta saber la conducta que debo observar con los comerciantes del Paso de Santo Tomé, pues estoy enterado que hay unos cuantos con efectos de toda clase(15).

(15) Ibidem. Correspondencia Oficial. Año 1841. Legajo Nro. 73. // Citado por Federico Palma. “Santo Tomé (Crónica de su Restablecimiento)” (1969), en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 4. Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Según el censo levantado en 1841, los habitantes del pueblo y zona rural alcanzaban a 320, de los cuales 37 eran brasileños, 3 paraguayos, 2 italianos, 1 español y 1 uruguayo. Tenían casas de comercio los vecinos Juan Bernardo da Silva, José López, José Fernando, Marcelino dos Santos Paulette, Miguel de los Angeles, brasileños; Manuel Molina, español; Sebastián Lorenzo Raggio y Antonio Bianchi, italianos.

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