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Reflexiones sobre el proceso histórico del desarrollo urbano de la Ciudad de Corrientes

El proceso histórico del desarrollo urbano de la ciudad de Corrientes podría dividirse -a grandes rasgos- en dos etapas abarcantes: la primera, que denominamos de “Economía Primaria”, comprendería el período entre los años 1588 a 1960, con dos instancias claramente definidas en la época colonial (1588-1880) y su continuidad postcolonial en el período de inserción en la economía agroexportadora (1880-1960).
La segunda etapa que designamos como “Desarrollista”, cubriría el período que va desde 1960 a nuestros días(1).

(1) Arqº Carlos A. Gallino Yanzi - Corrientes, Abril de 1984. Esta monografía se realizó en el marco del denominado “Proyecto de Investigación - Problemas socio-económicos y ambientales del Distrito Centralde la Ciudad de Corrientes”, dentro del tema de estudio, “Tres ciudades del Cono Sur: Montevideo, Corrientes y Catamarca”, encarado por el Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo (UNNE).

- Período de la economía primaria

En la primera instancia, “colonial”, la ciudad define los rasgos básicos de su morfología urbana, adscribiendo a los patrones de asentamiento de las Ordenanzas de Población de Felipe II. A su vez, la definición de las funciones de la ciudad como centro de servicios intermedios entre Asunción y Buenos Aires, se irá proyectando a la creación de su propia gravitación regional, que se afianzará a fines del siglo XVIII con la expansión territorial.

En la estructura interna de la ciudad, la caracterización de las funciones del área central es comprensiva de casi todos los acontecimientos gravitantes en la vida urbana.

El crecimiento es restringido y recién a fines del siglo XIX, la ciudad ocupará la reserva de tierra (ejido) definida en el momento de su fundación (1588).

La existencia de accidentes topográficos fuertes, como los riachos y zanjones, significaron un condicionamiento a la forma de crecimiento, que recién se superó en el siglo XX.

La población de Corrientes -en el período colonial- tuvo un sostenido crecimiento, que no menguó en el siglo XIX, a pesar de las mortalidades elevadas que debió originar su participación protagónica en las guerras civiles.

En la segunda instancia, el proceso republicano de sustitución de importaciones y la transformación de la producción primaria nacional para el mercado externo, proceso que se generaría en muchos de los países de América, no tuvo un impacto acorde con la gravitación que había tenido Corrientes en la formación del Estado Nacional, en la etapa anterior.

En la ciudad se verificó, limitadamente, la incorporación de núcleos de inmigrantes (predominantemente españoles e italianos) y a la adquisición de pautas culturales y modos de vida que sí alterarán su fisonomía.

La política de la generación del ‘80 privilegió el desarrollo de otras áreas del país (prioritariamente la Pampa húmeda) y a ello se sumó el proceso de anteriores iniciativas ensayadas en Corrientes (colonias agrícolas en el Gobierno de Pujol) o el tardío sistema de comunicación ferroviaria.

Corrientes absorberá, sin embargo, “coletazos” de la ideología de la generación del ‘80, lo que conducirá -entre otros efectos- a la transformación de su equipamiento público y privado y a la incorporación de nuevas actividades en el terciario (comerciales, financieras, recreativas, servicios, etc.).

En la conducción política de la vida de la ciudad, un reducido sector tradicional de las antiguas familias “patricias”, ligadas a la actividad pecuaria de base latifundista, mantendrá un prolongado liderazgo, imponiendo sus proyectos políticos y culturales.

El Municipio, que en el período colonial -a través del Cabildo- mantenía una gravitación institucional en la ciudad, se fue paulatinamente desdibujando y subordinando al creciente Poder provincial.

La industria de la construcción se desarrollará, fundamentalmente, en función del tema de la vivienda individual, y sus realizaciones se aprestarán -con menor o mayor alarde-, según los ingresos del comitente, al “gusto patricio”, que asumió como propio el estilo clasicista de los inmigrantes.

La antigua ciudad edilicia colonial de las casas de galería, será reemplazada por la homogénea imagen de la arquitectura italianizante. La ciudad continuará siendo un centro de servicios rurales, aislada del territorio nacional. Sus comunicaciones comerciales y “turísticas”, se realizarán por vía fluvial, de ahí la importancia de su puerto. El ingreso económico de sus habitantes provendrá, fundamentalmente, del sector público.

Corrientes se desarrollará concéntricamente, conformando “anillos”, perfectamente caracterizados, generados a partir del puerto, a saber:

* En un primer anillo, se ubicará el centro cívico-comercial. El comercio se extenderá por las calles centrales y se especializará, ante la expansión del mercado nacional. Las calles serán pavimentadas a fines del siglo XIX y poseerán servicios de agua corriente y cloacas, así como también aparecerán los servicios de transporte público. Las viviendas del sector “patricio” -como sucedía desde antes-, se construirán en esta área.

* El segundo anillo estará conformado, fundamentalmente, por viviendas y algunas actividades complementarias como: comercios de barrio, iglesias, escuelas, etc. No todo el sector contará con agua corriente, pavimento, desagües, etc.

En esta área residirán los empleados de la Administración Pública, los pequeños comerciantes, los artesanos y, en conjunto, las familias blancas y mestizas de ingresos medios y bajos.

* Los suburbios constituirán el tercer anillo, donde la edificación se dispersará, ubicándose en función de un trazado que extenderá el damero central histórico. Las quintas se ubicarán en este sector y se desarrollarán por varios kilómetros. Estas servirán de lugares de veraneo de la clase adinerada y, además, producirán las frutas y verduras para consumo de la ciudad.

Esta área se vinculará a toda la urbanización por medio del tranvía y del ferrocarril, (“El Económico”) fundamentalmente, en las últimas décadas del siglo XIX.

* Por último, se formará un cuarto anillo, con características decididamente rurales, sin otro trazado definitivo que de los caminos de acceso a las quintas. Corrales, el matadero, hornos de ladrillos, áreas cultivadas, terrenos baldíos y algunos rancheríos, conformarán el paisaje de esta zona de la ciudad.

Hacia fines del siglo XIX, la población de la ciudad de Corrientes se encontrará dividida en tres sectores netamente diferenciados socialmente:

- El sector “patricio”, que estará ligado a la actividad pecuaria latifundista, detentador del poder económico y político, capaz de imponer sus “proyectos culturales”, sus estilos de vida y normas de convivencia.

- Un sector “burgués”, que se compondrá, fundamentalmente, con los escasos y cotizados profesionales, prósperos comerciantes y los empleados jerarquizados de la Administración Pública y de los Bancos. Incapaces de disputarles el poder económico, político y cultural al sector patricio, se acomodarán dentro de la “clientela” política de aquéllos.

- Un sector “proletario”, que se constituirá en el más numeroso y en cuyas filas contará con los empleados de la Administración Pública, dependientes de las casas de comercio, artesanos y pequeños comerciantes. Dentro de este sector, también se inscribirán, pero en un nivel ligeramente inferior, los pobladores de las zonas de quintas y los obreros de fábricas, obrajes, aserraderos y astilleros.

Todo esta población pasará a formar parte de la “clientela política” del sector patricio, subordinándose a sus proyectos e intereses decididamente.

La relación entre la población urbana y rural irá sufriendo modificaciones, no sólo respecto a su participación global dentro de la Nación (no fue Corrientes un área privilegiada por la inmigración), sino también en función del incipiente proceso de “urbanización”, aunque ello no se manifieste hasta avanzado el siglo XX, en impactos estructurales notorios.

Las densidades brutas de ocupación del suelo urbano será baja, debido fundamentalmente a la escala de la población y al vasto territorio disponible. Las causas que concurrentemente motivarían el virtual “aislamiento” de la ciudad -respecto a los procesos de urbanización más acelerados que se plantearán contemporáneamente en otras regiones argentinas-, son en principio tres:

* La primera de ellas devendría de que Corrientes se encontró marginada del proyecto de ocupación y explotación del territorio nacional delineado por la “generación del 80”. Es decir que su desarrollo será periférico al desarrollo global, situación que perdurará hasta el presente, a pesar de algunos esfuerzos aislados de integración.

A ello deberían sumarse condiciones estructurales, como el aislamiento geográfico, con la amplia extensión ocupada por la Laguna Iberá y el desarrollo de los subsistemas de población sobre el Paraná y sobre el Uruguay.

* Una segunda causa, que retarda fundamentalmente el desarrollo de la infraestructura vial, tiene que ver con ciertas doctrinas de la defensa nacional, desarrolladas en base a un escenario de conflicto geopolítico con Brasil, y que le asignan a la provincia de Corrientes la categoría de tierra abierta o perdida, desalentado toda inversión en la materia, hasta una primera línea de defensa militar que se localizaría en la ciudad santafesina de Reconquista.

* La tercera y más importante, está vinculada al sistema económico productivo del área de asentamiento de la ciudad, donde se enfatizaba la explotación de la ganadería en forma extensiva y un dominio de la propiedad de la tierra latifundista.

Ello derivó -en lo político- en la generación de un sector social (“el patriciado”), que detentó el poder casi sin mengua en la provincia. Por su propia composición social y en defensa de sus intereses, este sector nunca fue proclive a alentar innovaciones, capaces de generar un proceso de cambio que pudiera perturbar su prolongado liderazgo.

La Municipalidad estaba controlada por el sector “patricio” y sujeta lealmente a sus proyectos. La complejidad de la demanda de servicios será atendida con relativa eficiencia. Sus presupuestos se verán libres de déficit. Las inversiones urbanas en infraestructura se realizarán a costa de otras jurisdicciones, gracias a las gestiones de algún “caudillo” influyente a nivel provincial o nacional.

- El período desarrollista

Recién a partir de 1960 se desarrollará un proceso distinto en la ciudad de Corrientes, con la gobernación del doctor Fernando Piragine Niveiro (coincidente con la presidencia del doctor arturo Frondizi). Este, que definirá la etapa “desarrollista”, estará impregnado de la idea sustentada a nivel nacional, de la integración económica del país, creando la infraestructura necesaria, a fin de facilitar las relaciones económicas y fomentar la radicación de capitales foráneos, capaces de explotar los recursos naturales y producir -de esta manera- un cambio radical, tendiente a lograr ciertos estadíos anhelados de desarrollo.

A partir de este momento, se realizarán en la provincia un sinnúmero de obras públicas, especialmente de caminos pavimentados, de energía eléctrica, de viviendas y equipamiento social. La ciudad y la provincia no contarán con los recursos humanos necesarios para hacer frente a tamaña demanda.

Es así que ésta se satisfacerá, por una parte, con la inmigración de técnicos y profesionales provenientes de zonas “desarrolladas” del país (Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Santa Fe, etc.) y con los graduados de la nobel Universidad Nacional del Nordeste, fundada en 1956 y, por la otra, con las sostenidas migraciones de la población rural, que se conducirán a la ciudad en busca de salarios sensiblemente elevados con respecto a los magros jornales devengados en sus lugares de origen y, también, con la necesidad de satisfacer sus demandas de vivienda, infraestructura, servicios y educación, acrecentando sus expectativas de movilidad social.

Estos “nuevos” agentes económicos, demandarán servicios -en calidad y cantidad- que la ciudad no conocía y tratarán de imponer sus propias “pautas culturales” de origen (los que vienen de “afuera” y los de “adentro”); buscarán -junto a los primeros canales adecuados de identificación social- a través de la arquitectura y de otras pautas de ostentación consumista, lograr establecerse y surgir.

Así, los agentes inmobiliarios harán su aparición en forma organizada y atenderán “eficientemente” las solicitaciones, fruto de su aparición. Ellos, y el Municipio por omisión, serán los responsables de la monótona expansión de la ciudad, basada en la repetición del trazado colonial, en el que se incorporará un lote de frente estrecho y profundidad, inútil como resultado de una acción que gradualmente será fundamental en la conformación del paisaje urbano de la ciudad: el desarrollo descontrolado y la subdivisión de la tierra, llevada a límites inagotables.

El crecimiento físico será impulsado por los rematadores y los promotores oficiales y privados. Sólo la acción parcial del Estado, introducirá pautas diferentes como las de los “barrios jardín” (el “Berón de Astrada” y el “Yapeyú”).

La ciudad dejará de ser un centro de servicios rurales a nivel provincial, para cambiar de escala y transformarse en un centro de servicios a nivel regional, junto a la ciudad de Resistencia, en la medida que se integrará regionalmente a través de la cada vez más desarrollada infraestructura de comunicaciones e información.

Algunas actividades industriales se incorporarán a la ciudad, pero ello no será suficiente para cambiar su base económica tradicional. Su población seguirá dependiendo -directa o indirectamente (por ejemplo la industria de la construcción)- del sector público.

Los nuevos sectores inmigrantes extraprovinciales “calificados”, estarán predispuestos a la transformación de las artesanías tradicionales en industrias, a la vez que a la incorporación de capitales, innovaciones técnicas, profesionalismo y un sentido empresarial diferente, orientado hacia una concepción capitalista.

Significará también la formación de una nueva “clase” social urbana, con intereses diferentes, que le irá disputando palmo a palmo, al sector “patricio” tradicional, el poder político, económico y cultural de la ciudad. El patriciado, en una primera instancia, ofrecerá tenaz resistencia y luego se irá aliando paulatinamente con estos nuevos actores sociales, mimetizando con ellos sus intereses, abandonando consecutivamente sus manifestaciones de poder.

La actividad fluvial decrecerá hasta su prácticamente total desaparición, mientras que las conexiones terrestres de la ciudad con el resto del país se incrementarán ostensiblemente. La ciudad de Corrientes conservará su estructuración en anillos concéntricos, aunque estos crecerán en diámetro y se superpondrán fijando nuevos límites.

Debido a la importancia que adquirirán las conexiones terrestres con el resto de la región y el país, muchas actividades económicas, en las que el nivel de accesibilidad es un factor condicionante fundamental, se irán localizando en función de ellas, “arrastrando” a la actividad residencial. La estructura concéntrica se irá transformando paulatinamente en radioconcéntrica.

Corrientes se convertirá en una ciudad mediterránea y el río pasará a ser una anécdota en su conformación física.

* En el primer anillo (Distrito Central), la Plaza de Mayo seguirá siendo su centro cívico. En su vecindad se construirán los edificios de oficinas más importantes, los que serán destinados a los Ministerios, a los Bancos oficiales y privados y a otras instituciones de jurisdicción regional o nacional. Así también, se refuncionalizarán antiguas e importantes residencias, con el objeto de albergar estas nuevas actividades urbanas.

El centro comercial se ampliará y ramificará; las actividades bancarias, financieras y judiciales provocarán una intensa concentración de oficinas en el centro tradicional. Este dejará de ser el lugar prestigioso de residencia del sector “patricio”, sus viviendas serán demolidas para dar lugar a nuevas viviendas individuales, galerías comerciales, edificios de departamentos, etc. Esta área de la ciudad vivirá en un continuo y espontáneo remodelamiento.

La influencia de las actividades centrales que en él se seguirán localizando, se irradiarán por toda la ciudad. Los usos del suelo se harán más heterogéneos y el Distrito empezará a perder su unidad arquitectónica. Se construirá sin sentido de la importancia que el entorno tiene, para alcanzar un equilibrio formal.

Las manifestaciones arquitectónicas del pasado serán sistemáticamente reemplazadas y, sólo las iglesias, ciertos edificios públicos y algunas casonas significativas, escaparán a la acción transformadora. Contará con todos los servicios e infraestructura, pero algunos -como la provisión de agua y pavimento- se irán deteriorando significativamente. Esta zona será el centro de irradiación del sistema de transporte público de pasajeros de la ciudad.

A diferencia de otros procesos urbanos generados en el país, en el que el desarrollo de las actividades no residenciales en el área central fueron expulsando a la población residente hacia otras áreas de la ciudad, en Corrientes se producirá un “reacomodamiento” en vertical de ésta, con la aparición de los edificios de departamento, debido a los déficit de infraestructura y servicios que presentará el resto del área urbanizada y a los problemas de accesibilidad, producto de la concentración de las actividades no residenciales, la introducción masiva del automóvil y las estrechas y desjerarquizadas vías de comunicación, producto del trazado colonial.

El tránsito caótico, la iluminación, los carteles de propaganda, los ruidos de una masa humana en continuo movimiento, caracterizarán a este primer anillo. No existirá sensibilidad manifiesta por parte de los nuevos sectores sociales de poder hacia la conservación de los edificios históricos; más bien, el tema causa una gran irritabilidad debido, por un lado, a la carga simbólica que los mismos conllevan como símbolo del poder “patricio”, y que los nuevos grupos dirigentes no estarán dispuestos a tolerar [“... los ambientes históricos son amados cuando su significados han sido olvidados”, (Jose Luis) Appleyard] y, por otro, a la necesidad de identificación social de estos a través de un lenguaje arquitectónico propio, que busca lo “inédito” y lo “original” como una quimera, o adscribe a los “neocoloniales” como forma de obtener -contradictoriamente- una “tradición” que le es ajena, en función de mimetizarse con el patriciado.

* La política habitacional oficial desarrollará conjuntos de viviendas de media y alta densidad y mínimas condiciones de habitabilidad, en lo que se constituirá como el tercer anillo. Esta situación generará dos efectos paralelos: el primero, acentuará las “tensiones” y agudizará los problemas de accesibilidad al Distrito Central (donde se concentra el empleo); y, el segundo, alentará las migraciones a la ciudad debido, entre otro factores, a que crecerán las expectativas de mejores condiciones de vida a través de la resolución del problema de la vivienda propia.

Este último aspecto se verá fundamentalmente con los planes de erradicación de las villas de emergencia, las que se formarán en la periferia de la ciudad, por cuanto las áreas “liberadas” por estos programas, serán nuevamente ocupadas por nuevos contingentes de migrantes.

No existirá política ni financiamiento para el mantenimiento y desarrollo de la vivienda individual de la mayoría de la población. Las actividades económicas preponderantes serán las terciarias y, fundamentalmente, aquéllas que se relacionan con las funciones del Estado en sus tres niveles.

Se podrá decir que la mayoría de la población económicamente activa depende directa o indirectamente del presupuesto nacional, provincial y municipal. Esta situación dará como resultado ingresos medios per cápita muy bajos, que imposibilitarán el acceso al crédito por un lado y a la vivienda individual por otro, quedándole al demandante -como último recurso- adherirse a los planes masivos de viviendas generados por el Gobierno, ya que para las operatorias del Banco Hipotecario Nacional o iniciativas privadas, se requieren ingresos mayores a los medios.

Los valores de la tierra urbana decrecerán -proporcionalmente- del centro a la periferia de la ciudad. En el Distrito Central serán comparativamente muy altos, debido a la gran concentración de servicios y actividades no residenciales por un lado y, por el otro, a los significativos “déficit” en infraestructura, que presentará el resto del área urbanizada.

Los sectores de la población de mayores ingresos resolverán sus expectativas de vivienda dividiendo el valor desmesurado de la tierra entre otros demandantes, lo que justificará la parición de los edificios de departamentos. El resto buscará satisfacer sus necesidades de habitación atendiendo a la oferta de tierras de mucho menor valor, deficitarias de infraestructura y servicios que el mercado inmobiliario ofrecerá.

Como resultante, las densidades medias de ocupación del suelo urbano serán muy bajas, el mantenimiento de la infraestructura y los servicios muy caros y las posibilidades de resolver los déficit, remotas. Las tierras agrícolas potencialmente aptas para generar actividades económicas de abastecimiento a la ciudad se verán invadidas por la trama urbana.

El Gobierno Municipal se encontrará administrativa, financiera y políticamente mal preparado para afrontar los problemas derivados de la caótica urbanización. La creciente dependencia política y financiera del Municipio con respecto al Gobierno provincial impedirá que se transforme en el indiscutido promotor del desarrollo urbano. Las diferencias entre necesidades y medios será muy grande y las limitaciones del mismo significativas.

Las limitaciones económicas del Estado municipal devendrán de los reducidos recursos que obtiene del porcentaje de la coparticipación provincial del impuesto inmobiliario, por la tasa de servicios que presta (barrido, limpieza y otros), por las tasas al comercio y a la industria, por un porcentaje de los ingresos por patentamiento de automotores y por rentas generales y por la alta tasa de evasión tributaria.

Esta limitación neutralizará su intervención en el proceso de desarrollo urbano, por cuanto se verá incapacitada de generar la infraestructura e intervenir en el mercado de la tierra urbana como forma de orientar el crecimiento y estructuración de la ciudad.

La falta de capacitación específica del personal municipal será una limitación también significativa para afrontar la problemática urbana. A este hecho, se le sumará la inestabilidad de los cargos técnicos y las remuneraciones, que serán inferiores a las de cargos similares a nivel provincial y nacional.

La gran mayoría de las decisiones que afectarán directamente el crecimiento y la estructura de la ciudad, se tomará en forma intuitiva y sin la información básica indispensable. Pero, sin duda alguna, la mayor de las limitaciones que tendrá el Municipio será la política.

Por un lado, debido a que la acción de los Organismos nacionales y provinciales que actuarán en la ciudad, vulnerarán -de continuo- la autoridad y jurisdicción municipal, impidiéndole tomar decisiones integradas a sus problemas de renovación y crecimiento y, por el otro, la estructura política de la provincia, que se basará -salvo contadas excepciones-, en el concepto de “partido de clientela”, situación generadora de los “compromisos” políticos, que limitarán y neutralizarán los mecanismos de control municipal, transformándolo en un actor pasivo en la definición de las causas y características del proceso de urbanización.

En síntesis, la Municipalidad no poseerá los recursos financieros, el poder político, el personal técnico y el conocimiento cabal de los problemas de la ciudad para conducir ordenadamente su crecimiento. El sector privado sacará provecho de esta situación y sus actividades serán decisivas en la desordenada y deficitaria situación urbana.

En su expansión, la urbanización transformará el paisaje natural más allá de todo conocimiento. La población de la ciudad parecerá no darle importancia a lo que está ocurriendo. La transformación del medio urbano donde residen, no les preocupará o considerará que nada puede hacerse para evitarlo, y tendrán ideas muy limitadas sobre los valores que debería tener el medio particular que formará los alrededores inmediatos a sus lugares de vida y de trabajo.

La gente aceptará con indiferencia y sin protestar la congestión y el caos que se constituirá en el marco de su movimiento diario. A la gente no le importará que la expansión de la ciudad se realice sin tener en cuenta las especiales características de la localización geográfica, del emplazamiento y del clima. Las urgencias de la población serán inmediatas y rara vez estará dispuesta a pensar que sus decisiones afectarán a generaciones futuras.

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