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La Ciudad de Corrientes en la segunda mitad del siglo XVIII

Corrientes era la única población con título de Ciudad en aquella jurisdicción. Los datos demográficos son escasos para el siglo XVIII, no tanto por ausencia de estimaciones y censos cuanto por la imprecisión de los cálculos y la falta de indicación de lo que correspondía al casco urbano(1).

(1) La reseña de las milicias urbanas en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 3, Nro. 7; el Informe del Cabildo y del Tesorero, en un Expediente iniciado para averiguar el número de pulperías de Corrientes, en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 30, Armario 3, Nro. 8; Félix de Azara, “Viajes por la América Meridional” (1923), tomo II, p. 200, (2 Vols.) Madrid. Ed. EC; Diego de Alvear, “Diario de la Segunda Subdivisión de Límites española entre los Dominios de España y Portugal en la América Meridional por el Segundo Comisario y Geógrafo, don Josef María Cabrer”, en Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tomo III, p. 357, (3 Vols.), Montevideo-Buenos Aires. El editor atribuyó este texto de Alvear a Cabrer; y Censos Provinciales en Ernesto J. A. Maeder. “Demografía y Potencial Humano de Corrientes (el Censo Provincial de 1814)” (1963), pp. pp. 136-138, En “Nordeste” Nro. 5, Resistencia; y “La Estructura Demográfica y Ocupacional de Corrientes y Entre Ríos en 1820” (1964), pp. 15-17, en “TC”, Nro. 12, La Plata. Hay 2da. edición ampliada (1969), Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las cifras más confiables corresponden a 1769 y 1814. Ellas ponen en evidencia un crecimiento bruto de la población de 2.257 habitantes en 45 años, así como un crecimiento anual de 50 habitantes por año.

Fecha Documento Cifra estimada
1769 Reseña Milicias Urbanas 2.514 hab.
1787 Cabildo 800 vecinos
1787 Tesorero Real Hacienda 1.000 vecinos
1797 Félix de Azara 4.000 hab.
1801 Diego de Alvear 450 familias
1814 Censo Provincial 4.771 hab.
1820 Censo Provincial 5.308 hab.

Uno de los elementos que permitiría conocer las dimensiones urbanas de ese crecimiento sería el trazado de su planta pero, lamentablemente, no se conocen planos antiguos de Corrientes.

El que agregó López Luján -como complemento de su Informe- no ha podido ser hallado y es necesario llegar a la segunda mitad del siglo XIX para conocer la cartografía de la ciudad(2).

(2) Para esa época, tampoco el Cabildo tenía en buenas condiciones el Padrón. Cuando el 13 de Mayo de 1787, el intendente Paula Sanz pidió al Cuerpo que le informara “qué extensión en cuadro tiene la planta y egido señalado a esa ciudad, como también la que comprehenden los terrenos destinados para chacras y labranzas ... con un plano que se formará claro y circunstanciado”, el Cabildo respondió, el 2 de Julio de 1787 que el Padrón se hallaba “diminuto, roto y desaforado” y que dibujar un plano “no hay aquí sugeto que conceptúe este Cabildo de suficiencia que pueda desempeñarlo”. No es que el Cabildo careciera de preocupación, porque dos años antes -el 10 de Mayo de 1785- intentó solicitar a “dos peritos en la cosmografía destinados por S. M. para la demarcación” de un plano que, por lo visto, no se realizó o no quedó en poder del Cabildo - Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1790) y Documentos de Gobierno 28 (1787-1788). En 1827, el ingeniero Narciso Parchapé realizó, al parecer, un plano que acompañó a su proyecto de reedificación urbana, pero no se tienen otras noticias de aquél - Alcides d’Orbigny, “Viaje a la América Meridional” (1958), p. 203, Madrid. El dibujo de la planta urbana más antiguo que se conoce es de Junio de 1867, realizado por Manoel da Costa, “Planta da Cidade de Corrientes”, en su obra “Esboço Histórico e Topographia da Cidade de Corrientes” (1859), Río de Janeiro. Es, en cambio, de gran valor el plano realizado con motivo del sitio del 18 al 30 de Julio de 1878, litografiado en Buenos Aires. A ellos deben añadirse, porque indican con claridad las manzanas edificadas, los planos de Zacarías Sánchez, “Mapa Catastral Gráfico de la provincia de Corrientes”; y Emilio E. Coni, “La provincia de Corrientes” (1898), Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero aún faltando esos elementos, algo puede suplirse con otros datos. La descripción de la ciudad que Isidoro Martínez y Cires redactó para “El Telégrafo Mercantil” le adjudicaban al casco urbano 12 cuadras en dirección E-O, y 9 a 10 en rumbo N-S.

Estos datos pueden aceptarse, si se tiene presente que las manzanas no estaban edificadas en su totalidad y que en ellas existían grandes baldíos y huertas. Por otra parte, los arroyos Salamanca (Ysyry) al SO -a 3 cuadras de la plaza- y el Poncho Verde y Manantiales al E, limitaban de hecho la expansión de la ciudad como puede apreciarse en el gráfico c.

En 1814 se dividió la ciudad en 4 cuarteles, dando lugar a la denominación de los cuatro barrios. Los más antiguos eran el I y III, llamados “Del Colegio y Tacuru”, y de “San Francisco y Rozada”(3).

(3) El 4 de Abril de 1811 se acordó una división en 7 barrios, aunque resultó muy difícil de determinar sus límites. El 10 de Enero de 1814, en cambio, se confirmó la división de la ciudad en 4 cuarteles, divididos de E a O por la calle de atrás del Convento de La Merced (hoy C. Pellegrini), y de N a S por la calle de Antonio León Martínez. El 26 de Noviembre de 1804 pidió el Procurador que la calle posterior a La Merced se abriera hasta el Paraná “por hallarse cercada” - Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806); 30 (1811-1812); y 31 (1813-1814), en Ernesto J. A. Maeder. “Demografía y Potencial Humano de Corrientes (el Censo Provincial de 1814)” (1963), pp. pp. 136-138, En “Nordeste” Nro. 5, Resistencia; y “La Estructura Demográfica y Ocupacional de Corrientes y Entre Ríos en 1820” (1964), pp. 15-17, en “TC”, Nro. 12, La Plata. Hay 2da. edición ampliada (1969), Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El Censo de ese año revela que esos barrios eran los más poblados, con 1.437 y 1.504 habitantes cada uno, y que en 1820 poseían 244 y 293 casas, respectivamente.

En cambio, los cuarteles II “Del Rincón de Isyry” y IV “De las Parejas”, poseían una población más escasa en 1814: 823 y 1.210 cada uno, con 166 y 173 casas, respectivamente, en 1820.

Otro elemento que permite advertir el crecimiento planimétrico y edilicio de Corrientes lo proporciona el considerable aumento que se observa en este período en la demanda de sitios urbanos para edificar.

Entre 1750 -en que comienza este movimiento- y 1810, el Cabildo otorgó 817 sitios. El ritmo de las peticiones fue el siguiente:

Quinquenios Sitios Otorgados
1750-1754 17
1755-1759 143
1760-1764 93
1765-1769 31
1770-1774 36
1785-1789 37
1775-1779 128
1780-1784 55
1790-1794 70
 1795-1799 36 
 1800-1804  52
1805-1810  119 
 Total 817 

El proceso de radicación en la ciudad por parte de los vecinos, generalmente residentes en sus chacras y estancias, se acrecentó y contribuyó a que en esta época la ciudad adquiriera verdadero relieve tanto en la planta urbana cuanto en su importancia económica y social.

Un Acta del 23 de Junio de 1752 nos muestra lo que era esta situación a principios del período.

“dentro de esta ciudad se hallan muchos güecos de sitios desocupados a causa de que algunos vecinos los piden en deposito y estos, los mas de ellos tienen su residencia lo mas del año en sus estancias y nunca los pueblan con grave daño y perjuicio de muchos vecinos principales que se hallan sin sitios correspondientes para fundamentar sus casas según las familias que tienen”(4).

(4) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 21/22 (1750-1759). A partir de 1760 se reglamentó que los sitios acordados no excedieran de 1/2 ó 1/4 solar, “por ser mucho el vecindario y que continuamente esta pidiendo”, Actas Capitulares 23 (1760-1769). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si se relaciona el número de sitios otorgados por el Cabildo -desde 1750 hasta 1810- con el crecimiento de la población urbana, se advierte sin dificultad no sólo la relación entre ambos hechos sino también la expansión de la planta y el aumento de la edificación en la ciudad. El gráfico e, ilustra este hecho.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta para apreciar debidamente esta curva del aumento de la propiedad urbana, que la especulación o la imposibilidad de concretar la edificación hizo que no en todos los sitios otorgados se construyera.

Así lo hizo presente el Cabildo el 27 de Febrero de 1784 y el 15 de Febrero de 1808, amenazando con quitar la tierra otorgada en depósito de no cumplirse, por parte del beneficiario, con los plazos establecidos para cercar y edificar(5).

(5) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782) y 29 (1807-1810). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Viajeros y cronistas coincidieron en hallar adecuado el emplazamiento de Corrientes y bello el marco natural que lo rodeaba. En la costa y sus puertos naturales se concentran algunas de las actividades más atractivas de la ciudad, que utilizaba con ventaja la vía fluvial, preferida a los ásperos e inseguros caminos terrestres.

El lado del río era irregular aunque pintoresco y las calles, cuando estaban abiertas, servían de abrevadero para animales y puerto a los vecinos. Hacia el lado opuesto, la ciudad se dispersaba en los arrabales de caserío irregular. Una idea de los límites de este radio puede darla el hecho de que en 1760 se dice que:

“... extramuros de la ciudad, en distancia de dos cuadras de sus arrabales se halla una iglesia, y en ella un santuario de la Santísima Cruz llamado del Milagro”.

Dicha iglesia se hallaba a 10 cuadras -contadas desde la ribera del río- y ponía punto final a la ciudad hacia el lado del Sur. Hacia el E, las calles concluían en el Arroyo Poncho Verde y, al O, una que otra llegaba hasta el río(6).

(6) Bernardo López Luján. “Memoria ...”, p. 147. Cuando en 1800 se suscitó un pleito al negarse el cura Arze a trasladar el Curato de Naturales a la Capilla de La Cruz, éste puso de manifiesto que dicho templo se hallaba “extramuros de la ciudad, en paraje yermo y despoblado” y que era necesario vadear un arroyo -el Ysyry- para llegar a ella. El Cabildo midió la distancia -desde el ángulo SE de la Plaza- y halló 7 cuadras y minimizó la importancia del arroyo, aunque no negó que estuviera despoblado. Sin embargo, los sitios concedidos por el Cabildo en torno de La Cruz ya no eran pocos para esa época. Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 31, Armario 7, Nro. 7. El 19 de Noviembre de 1781, el Cabildo le añadió una cuadra para el templo y la obligación de sacar calles hasta la ciudad. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El trazado de la ciudad estaba planeado en manzanas de 133 varas de lado y calles de 12 varas pero, de acuerdo a numerosos testimonios, abundaban las irregularidades y, al apartarse del centro, se perdía el damero urbano en senderos desparejos y confusos.

Las calles eran pocas y muy rústicas, sin pavimento alguno. Los vientos levantaban en ellas polvaredas y las lluvias las tornaban intransitables; al estar mal niveladas, las aguas causaban profundas zanjas, que luego debían rellenarse.

El remedio habitual que se ponía en práctica cada vez que se aproximaban las Fiestas de Semana Santa y Corpus, era colocar vigas atravesadas, que luego producían cascadas y hondonadas que agravaban el problema, algo muy similar a lo que en Asunción observó Juan Francisco Aguirre, entre 1785 y 1795(7).

(7) La composición de calles constituía uno de los problemas anuales del Cabildo. Los vecinos solían contribuir con 2 ó 3 palos cada uno a este objeto y las referencias se hallan frecuentemente en las Actas del Cabildo. Un ejemplo, el 14 de Enero de 1783 y 17 de Febrero de 1783. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783). Una descripción del problema en J. P. y G. P. Robertson. “La Argentina en la Epoca de la Revolución (Cartas sobre el Paraguay)” (1920). Trad. y Prólogo de Carlos A. Aldao, tomo I, p. 91, Buenos Aires. Ed. LCA.; y Juan F. Aguirre, “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires” (1949-1951), tomo II, primera parte, pp. 270-271, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Otro detalle peculiar lo constituía la desigual alineación de las viviendas con respecto a la línea de edificación pues, si bien las cuadras se cortaban en ángulo recto, se hallaban sembradas de irregularidades debido a las pendientes y las edificaciones se hacían sin mayor respeto del eje de la calle.

El problema era viejo y ya el 12 de Agosto de 1754 el Cabildo estableció la prohibición de edificar o reedificar sin previo aviso de la Corporación. Pero la situación no se corrigió, porque el 28 de Febrero de 1782 el Procurador recordaba que

“es constante que la ciudad no esta formalizada en cuanto a sus calles en los términos que previenen las leyes a causa de que los mas dellos se hallan ocupados con fabricas de casas en perjuicio común”.

Recordaba, además, “que la ciudad tiene muchos huecos que la afean y que en lo espiritual son ruinas”, y que las casas construidas fuera de su línea no debían ser reparadas sino construidas en su verdadera ubicación(8).

(8) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero las dificultades subsistieron tal como se lee en el Bando del Subdelegado Alonso de Quesada del 11 de Septiembre de 1785, que impuso medidas severas para reformar aquella situación(9).

(9) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles del Teniente de Gobernador Alonso de Quesada. Puede leérselo en el trabajo del doctor Ernesto J. A. Maeder: “La Ciudad de Corrientes descripta por viajeros y cronistas entre 1750 y 1828” (1960), en “Nordeste”, Nro. 1, pp. 83-112, Resistencia, donde hay abundantes referencias sobre la ciudad de aquellos años. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La ciudad carecía, además, de paseos. La Plaza Mayor, ubicada en las cercanías del Puerto, y que hoy es la actual “25 de Mayo”, era la única que brindaba algún desahogo a la población. Consistía en una manzana baldía, sin detalles de ornamentación y poco cuidada.

En 1784, Quesada la hizo arreglar y rellenar. En ella se efectuaban juegos y festejos y las funciones de Corpus y San Juan(10).

(10) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles del Teniente de Gobernador Alonso de Quesada. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los edificios públicos eran pocos y modestos y pueden reducirse al Cabildo y las Oficinas de la Real Hacienda. El primero sufrió numerosas reparaciones y reedificaciones, según frecuentes constancias de las Actas Capitulares, y no pasó de ser una casa común hasta que, definitivamente arruinada, el Cabildo pasó a sesionar en una de las Salas del antiguo Colegio Jesuítico.

La falta de recursos impidió que la ciudad pudiera construir la Casa proyectada en 1770. Recién en 1813 hubo fondos suficientes y con ellos se edificó el Cabildo, que se concluyó en 1817(11).

(11) Un detallado estudio de este asunto en Ramón Gutiérrez. “Las Casas Capitulares de Corrientes. (1605-1905)” (1968), pp. 21-62, en la “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” Nro. 3, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El otro edificio era el Colegio Jesuítico. Esta casa era, hasta fines de la época colonial, la construcción más vasta y sólida de Corrientes, con 2 patios rodeados de corredores y techado con tejas cocidas.

Después de la expulsión, el edificio sirvió al Cabildo desde 1772, y de oficinas y depósito de la Real Hacienda, Real Estancia de Tabaco y Naipes, Correos y Escuela para Niños, simultáneamente. Desde 1826 fue sede de la Casa de Gobierno(12).

(12) La historia de éste y otros edificios, en Ramón Gutiérrez. “Iglesias y Conventos de la Ciudad de Corrientes. 1588-1900 (su Evolución Arquitectónica)”, en “Nordeste”, Nro. 9 (Diciembre de 1969), pp. 117-146. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los templos de Corrientes caracterizaban bien el desarrollo edilicio de ese momento. Fueron, sin duda, las mejores construcciones de la ciudad pero, aun así, no se destacaron ni por su magnitud ni por su belleza.

Construidos con materiales poco duraderos, sufrieron ruina y debieron ser reparados varias veces. Los jesuitas incorporaron la piedra y la teja cocida a sus edificios -después de 1755- mejorando las técnicas de edificación y asegurándoles más larga existencia(13).

(13) El Colegio pidió -en esa oportunidad- un terreno para instalar un horno de tejas. En 1802, la descripción de Isidoro Martínez y Cires indica que las técnicas ya se habían perfeccionado pues “sus edificios se componen de toda clase y construcciones, unos de ladrillos, otros de piedra revocada en cal, adove crudo, pared francesa, techado de azotea, tejuela, teja cocida y de palma, según las facultades de cada uno” - “El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata”, Ed. facsimilar de la Junta de Historia y Numismática, 1914-1915, tomo II, p. 242, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

De todos modos el aspecto exterior, pobre, no condecía con los interiores que -aunque oscuros- estaban alhajados con tallas venerables, confesionarios de buena factura, bancos, retablos, etc., artesanías en que se manifestaban con mejores logros la técnica y la imaginación de los buenos tallistas y carpinteros del país.

Exceptuando la iglesia jesuítica, que quedó sin concluir, los templos de la ciudad fueron cinco: la Iglesia Matriz, la de San Francisco, Nuestra Señora de La Merced, San Pío V y la Capilla de la Cruz. A ellos deben agregarse los Conventos de los frailes franciscanos, mercedarios y dominicos, anexos a sus respectivas iglesias.

Las viviendas particulares se concentraban especialmente en el reducido número de cuadras que constituyó el núcleo urbano de la ciudad e impresiona a los viajeros, como a fray Parras o Azara, como pobres y poco significativas.

Las características de su construcción son posibles de observar, aún hoy, en las escasas viviendas que se conservan como reliquias de aquel tiempo. La simplicidad de los materiales y de su planta acusaba una cierta monotonía de líneas, rota sólo por los huecos de la edificación dedicados a huertas o caballerizas, o simplemente baldíos.

Todas poseían galerías exteriores que las defendían del sol abrasador o de las lluvias y que permitían al caminante marchar a cubierto. En general, carecían de adornos notables, en comparación con otras ciudades más ricas, pero no estaban desprovistas de cierta elegancia. Varias tenían sus puertas de buena carpintería, con firmes batientes y tableros labrados. Ventanas enrejadas, en ocasiones apoyadas en pesados zócalos y con grandes pilares sobre las rejas, de hierro o de madera torneada.

El aspecto exterior, con sus columnas de madera terminadas en remates trabajados y la galería, les brindaba una semejanza muy grande con los pueblos del Paraguay y de Santa Cruz de la Sierra.

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