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El antisemitismo en el mundo y en el país

El antisemitismo es una doctrina o actitud hostil a los judíos. Desde los primeros tiempos del cristianismo existió animadversión contra ellos, al ser considerado un pueblo deicida. En la Edad Media esta actitud se agudizó, pues a los motivos religiosos se unieron razones económicas(1).

(1) El presente trabajo es autoría del doctor Ricardo Juan Guillermo Harvey (1928-2011), quien gran parte de su vida estuvo dedicado a la función pública, al ejercicio de la docencia y a la investigación.

Los judíos se dedicaron al comercio, a la industria y a la banca, además de las ciencias y las artes, siendo la medicina y la astronomía las más notorias, gozando del favor real que a menudo debía recurrir a ellos.

La explosión de los sectores resentidos, ante su creciente gravitación, los redujo a “ghettos” o juderías y los obligó a llevar distintivos o a ser sometidos a conversiones forzosas y, en momentos críticos, sufrieron terribles matanzas.

Sucesivas expulsiones y “pogroms” lo tuvieron siempre como destinatarios, y a fines del siglo XIX el antisemitismo hizo su aparición en la mayor parte de los países europeos, agregándose a ello la brutal represión zarista en Rusia y Polonia y, ya en el siglo XX, la aparición de teorías pseudocientíficas sobre la superioridad de la raza aria que culminará con el holocausto de la Alemania hitlerista.

Ya se ha señalado la actitud española durante la época de la colonia, contraria al ingreso de los judíos a sus posesiones de ultramar, actitud que se mantuvo aún durante el período anterior a la Organización Nacional, en 1853-1860.

Sobre ese particular, dio una muy interesante conferencia el historiador Boleslao Lewin, en el año 1946, en los salones del “Scholem Aleijem” de la Ciudad de Corrientes, referida a “Los judíos en el Descubrimiento de América y en la colonización del Río de la Plata”, en la que se refiere a las trabas que se ponían a la entrada de los “marranos” a las Indias y al portugués como sinónimo de judío, ya que refugiados en aquel país muchos de ellos pudieron entrar -vía Brasil- como portugueses, a las posesiones españolas.

A partir de los años 70 y 80 se produce una extraordinaria inmigración europea en dirección a la Argentina, reflejada en estos guarismos:

En 1869, la población extranjera registrada era de 35,4 de italianos; 16,9 de españoles; 16,0 de franceses; 5,3 de británicos. Para 1895 se registraba 50,1 de italianos; 20,2 de españoles; 9,6 de franceses; 2,2 de británicos; y 1,5 de rusos. Para el año 1914 existe un 40,6 de italianos; 36,3 de españoles; 3,5 de franceses; 1,2 de británicos y 4,1 de rusos.

Refiriéndose a los de nacionalidad rusa, dice que en su mayoría son inmigrantes judíos.

La Primera Guerra Mundial detuvo casi totalmente la llegada de inmigrantes y recién se recuperó a principios de la década del 20, año a partir del cual se advierte una transformación y movilidad social, con crecimiento de los sectores vinculados a los servicios y al comercio, con un notable aumento porcentual de los sectores medios (cuentapropistas, pequeños, medianos y grandes patrones industriales y comerciales, profesionales, rentistas, empleados administrativos y docentes).

Si bien el antisemitismo estaba larvadamente latente en la sociedad del país, no encontraba motivos para exteriorizarse.

Probablemente, el antecedente más importante de manifestación antisemita se remonta a la primera década del siglo XX cuando se produjo la muerte del jefe de Policía de Buenos Aires, coronel Ramón Lorenzo Falcón, a manos de un extremista de origen judío, de apellido Radowitzky, y esos sentimientos se pusieron de manifiesto en la huelga general del centenario, en Mayo de 1910, donde un naciente movimiento profundamente nacionalista secundó la represión contra la clase obrera, y se vieron las primeras escenas de “pogroms” en Buenos Aires, quemándose -además- las publicaciones de las organizaciones obreras judías.

Este odio manifestado en contra de lo extranjero, pero especialmente hacia lo judío, hallará una nueva y más violenta manifestación en los sucesos de la llamada “Semana Trágica de 1919”.

Se inició este hecho con una huelga del personal de los talleres metalúrgicos Vassena e Hijos, de la Capital Federal, y lo que parecía una simple cuestión gremial circunscripta a una empresa, se extendió como reguero de pólvora por todo Buenos Aires y aún por muchas ciudades del Interior.

Aterrados por la revolución rusa de 1917, dirigida por Vladímir Ilich Uliánov, alias “Lenin”, y León Trotsky, por la prédica anarquista y “maximalista” difundida en Buenos Aires, que contaba con muchos adeptos de origen judío -como también los había de los más diversos orígenes étnicos-, se desató en Buenos Aires una sangrienta represión, en la que tuvieron señalada participación grupos del Partido Radical que, armados y con apoyo policial, desataron un “pogrom” antisemita de características nunca vistas en el país.

El embajador de Francia comentó a su Gobierno que la policía, dirigida entonces por Elpidio González, masacró de una manera salvaje a todo lo que era o pasaba por “ruso”, y que un delegado radical ante el Comité Nacional se ufanaba de haber matado en un solo día cuarenta rusos judíos.

El embajador americano, por su lado, hablaba de la muerte de unas 1.350 personas y más de 5.000 heridos, y que en el Arsenal se hallaban apilados 180 cadáveres de rusos judíos.

Los diarios “La Prensa”, “La Nación”, “La Razón” y “Crítica” estuvieron en contra de esa barbarie, la que se dio en llamar “la caza del judío”, generada en la circunstancia de que “con la adhesión de elementos israelitas al maximalismo anárquico, ha dado en creerse que todo israelita es un peligroso y el pueblo busca al judío y lo maltrata”.

En esa oportunidad, 150.000 israelitas dirigieron un hermoso Manifiesto al pueblo de la Nación protestando de estas persecuciones, denunciando al presidente de la Nación un estado de cosas que resultaba insoportable.

En la presentación ante el doctor Hipólito Yrigoyen -que presidía los destinos del país- los delegados fueron acompañados por el diputado nacional radical Francisco Beiró y aquél les dijo que “él también había sido perseguido” y en medio del diálogo les señaló que “no debieron haber concurrido en nombre de la colectividad judía, sino en calidad de ciudadanos argentinos”, a lo que se le respondió que lo habían hecho así porque los ataques fueron hechos contra la población judía.

Se les prometió hacer todo lo posible para sancionar a los culpables, pero no hubo castigo alguno para ellos. “El presidente de la Nación prefirió ignorar a los culpables de la matanza”, dice el periodista del diario “Clarín”, Luis Alberto Murray, en una publicación conmemorativa de aquel desastre, en 1979.

Muchísimos afiliados radicales y de la juventud renunciaron a las filas por el antisemitismo de quienes actuaban bajo la bandera partidaria.

Cabe apuntar aquí que en el país hubo rebrotes de antisemitismo con posterioridad a la insurgencia militar de 1930, con un nuevo auge del nacionalismo, aunque predominaron en la lucha interna las fuerzas de orientación liberal.

En Europa, a partir de 1933, la Alemania nazi puso en marcha una política tendiente a separar a los judíos de la comunidad del pueblo alemán, y las leyes de Nuremberg de 1935 prohibía las uniones con personas no judías para “preservar la raza aria”, se los expulsaba de la Administración estatal y se los deportaba cuando pertenecían a otra nacionalidad.

Se produjo en esta época un lamentable hecho, como fue la muerte del secretario de la embajada alemana en París, a manos de un joven judío que, de esta manera, pretendía vengar los sufrimientos padecidos por sus padres y hermanos. En forma “espontánea” se produjeron “pogroms” contra los judíos, como represalia por el asesinato cometido, con el incendio de sinagogas, quema de viviendas y comercios y ataques a los judíos, en lo que dio en llamarse la “Kristal Nacht” (Noche de los Cristales).

Los autores son contestes en afirmar que durante los años 30 el antisemitismo argentino cambió el repertorio tradicional -que asociaba al judío con elementos folklórico/religiosos (ritos sacrificales y el asesinato de Cristo)- por imágenes que hacían de él un símbolo de todos los aspectos intolerables e incomprensibles de la sociedad moderna, a lo que no fue ajena la propaganda nazi.

Una segunda transformación importante, afirma un autor, fue que de igual manera que allende el Atlántico, el antisemitismo dejó de ser un rasgo exclusivo de la élite para arraigarse en sectores medios y populares, especialmente al producirse la depresión económica.

La insurgencia militar de 1943 dio pie a un nuevo rebrote nacionalista, que tuvo destacados exponentes en el Gobierno, proyectándose el accionar hacia las provincias, como es el caso de la Intervención Federal de David Uriburu, dispuesta para la provincia de Corrientes.

Es interesante el conocimiento de estos antecedentes para valorar mejor el clima de gran tolerancia con que se desenvolvió en la Provincia la inmigración judía y sus descendientes, pudiendo conservar sus costumbres, practicar su religión y actuar libremente en la actividad ciudadana, como se verá más adelante.

- El antisemitismo en Corrientes

Corrientes, como muchas otras provincias celosas guardianes de las tradiciones de sus mayores, no recibió sin embargo con malos ojos la presencia de la inmigración extranjera.

Los movimientos nacionalistas, de carácter xenófobo, que hacia 1910 se iniciaron en el país, dieron origen a expresiones culturales y políticas de reivindicación de lo precolombino y español, pero estos movimientos no tuvieron igual magnitud en Corrientes, tal vez porque en la provincia no existían grandes contingentes de inmigrantes extranjeros, ni se había producido una invasión de capitales foráneos como los realizados en otras partes del país, según afirma la arquitecta Angela Sánchez Negrette.

Y será a partir de la Generación del ‘80 cuando se pueda observar que la ciudad se transforma, como consecuencia de los nuevos conceptos de modernidad y progreso.

Dice esta autora que las características de pertenencia a un grupo cohesionado históricamente, con un fuerte enraizamiento, junto con la permanencia de valores tradicionales en las costumbres y las pautas de conducta familiar y la poca transformación de su estructura semifeudal, hizo que Corrientes se conservara socialmente por encima de la “modernidad”.

Pero la sectorización de esos grupos sociales, que estaban dados hasta ese momento por los niveles adquisitivos, como por la procedencia de su origen, se modifica, surgiendo -desde principios del siglo XX- el de profesionales y el agrupamiento de inmigrantes por nacionalidades comunes ... que no alterarán las características esenciales de los correntinos y en muchos casos significará un sincretismo cuando no la total adopción de la cultura criolla por los recién llegados.

La misma autora que venimos siguiendo transcribe párrafos de un trabajo del doctor Fernando Díaz Ulloque, referido a la sociedad correntina, señalando que hubo en la Provincia familias linajudas entroncadas en viejas estirpes coloniales y otras con menor antigüedad, “pero el señorío correntino tuvo en todos los tiempos un carácter particular.

Nunca exhibió el rigorismo aristocrático de Córdoba o de Salta”, y concluye afirmando que esa diferencia obedece a que Corrientes fue gestada sobre la ruta de los Ayola y los Irala, circunstancias que le impusieron un sello propio a las relaciones sociales, basado en acuerdos de la población española con la nativa y que llevó esencialmente a una sociedad con menos prejuicios.

Sin embargo, desde el punto de vista político, encontraremos a quienes atribuyen el surgimiento de la Unión Cívica Radical como un fenómeno vinculado a la inmigración, y verbigracia el profesor Jorge Enrique Deniri recuerda expresiones del doctor Hernán Félix Gómez en tal sentido, contrarias al nuevo orden político surgido como consecuencia del aluvión inmigratorio, destacando el papel que le corresponde a Corrientes “como valla para el avance cosmopolita, porque es en Corrientes donde la raza se conserva pura en el horizonte patriarcal de las costumbres nuestras y no tiene por qué temer la guerra despiadada del extremista”.

Es importante señalar aquí que los sucesos antisemitas de 1910 no tuvieron repercusión en Corrientes. Tampoco lo tuvieron los de la Semana Trágica de 1919 y en la Ciudad de Corrientes sólo adhirieron a la huelga, aunque por causas distintas, los afiliados de la Federación Obrera Marítima, que terminaron arreglando sus problemas gremiales pacíficamente.

Por el contrario, los diarios locales se refieren a los sucesos sangrientos condenándolos, aunque sin dejar de preocuparse por la existencia de presuntos “soviets” maximalistas o anarquistas que estarían decididos a copar, por lo menos, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Una información aparecida en el diario “El Liberal” de la Ciudad de Corrientes, recogía la información que atribuía a un obrero carpintero, ruso, de nombre Pedro Wald, de ser el jefe del maximalismo, y ello motivó que un vecino judío de la ciudad, Aarón Pinsker, se dirigiera por carta al matutino, señalándole que lo afirmado no podía ser exacto, ya que esa persona de su conocimiento le constaba que era socialista y director del semanario “El Avangard”, escrito en israelita, y que, además, no era ruso sino polaco israelita.

Estas circunstancias fueron posteriormente confirmadas por la prensa nacional y Wald, defendido por los doctores Alfredo L. Palacios y Federico Pinedo (h) fue puesto en libertad.

Interesa señalar este hecho porque importa el reconocimiento de la tranquilidad espiritual de que gozaban los ciudadanos, siendo judíos, para hacerse oír por medio de la prensa, y la misma actitud de los medios para receptar este tipo de aclaraciones, en momentos tan difíciles como los que atravesaba la comunidad israelita en la Capital Federal y en otros puntos del país.

“Lamentamos las demasías. Al israelismo incorporado al pueblo debe el país mucho de su progreso económico. Elemento sano, económico, obediente al orden público y a la ley, merece el mayor de los respetos que le tributamos sin cortapisas como a hombres de buena voluntad que laboran el porvenir de la Nación”, decía el diario “El Liberal” en su edición del 21 de Enero de 1919.

El auge nacionalista, impulsado a raíz de la persecución judía de 1919, tuvo en Corrientes alguna repercusión en la creación de una sociedad con el nombre de “Asociación Pro Argentinidad” que “hará obra nacionalista en todo el campo donde le toque actuar y promoverá una agitación intensa en toda la provincia en el sentido indicado”. Pero esas intenciones no pasaron a mayores.

El nacionalismo va a resurgir con la insurrección militar de 1930, aprovechando la inclinación del presidente provisional, general José Félix Uriburu en ese sentido, aunque mayormente influenciado por las tendencias europeas que se manifestaban a través del fascismo y del posterior nazismo, y su expresión más elocuente fue la creación de la “Legión Cívica Argentina”, que tuvo sus entusiastas adherentes en la Provincia, aunque sin que existiera una definida actitud antisemita.

Otro movimiento militar, el de 1943, fue nuevamente propicio para el renacer nacionalista, y la ciudad debió soportar intervenciones como la de David Uriburu, decidido a imponer la cultura “rosista” en una provincia que aún curaba las heridas de tantas campañas militares realizadas precisamente contra aquel régimen.

Durante su gestión se hizo una persecución de empleados públicos, dándose de baja a muchos por razones políticas y especialmente religiosas, centradas específicamente contra los judíos, como lo fue también en 1945 la quema de la Tienda “La Buenos Aires” de la Ciudad de Mercedes, propiedad de Funes y Esquenazi Hermanos, en una clara demostración peronista de xenofobia antisemita.

Debe recordarse que luego de la insurgencia militar de 1943 apareció una nueva fuerza, la “Alianza Libertadora Nacionalista”, a cuyos integrantes se los denominaba “tacuaras” y eran de reconocida postura antisemita.

La persecución judía en Europa, conocida como la “Noche de los Cristales”, mereció en Corrientes el repudio de los diarios y la comunidad en pleno cerró las puertas de sus comercios, consultorios y domicilios, en señal de repudio, a lo que adhirieron otros comerciantes, cerrando también sus puertas con un cartel que decía:

“Somos católicos, pero nos adherimos al pesar de nuestros hermanos judíos” y en un acto organizado por el Círculo Católico de Obreros, Vicente S. Iturriaga, “Gabancho”, redactor del diario “La Mañana” de Corrientes, se exteriorizó en un voto de afirmación de los principios cristianos de repudio a la violencia y a las persecuciones raciales en el régimen nazi, diciendo que “el católico condena, en nombre de su eterna condición de defensor de la libertad humana, tanto a los que vejan y asesinan al hijo de sus filas, como al más distante de ellos, al judío bárbaramente perseguido”.

En 1946 estaba ya establecido el Gobierno constitucional del general Juan Domingo Perón en el orden nacional, mientras que en la Provincia regía sus destinos el doctor Blas Benjamín de la Vega.

Los elementos del partido peronista propiciaban el envío de la Intervención federal a la Provincia, organizando manifestaciones que trataban de perturbar el orden público.

Una de estas manifestaciones, a su regreso de la Plaza Cabral en dirección al local de Trabajo y Previsión, después de haber escuchado encendidos discursos, apedreó negocios de firmas judías, siendo la más perjudicada la de Jacobo Schwarts, conocida como “Mueblería La Capital”.

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