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La edad del mundo

Durante miles de años, el hombre ignoró la verdadera edad del mundo y su origen. Pero hace poco más de 200 años, todo esto cambió.

- Escocia, la costa de Edimburgo

Aquí fue donde un día de 1788, el descubrimiento de un pequeño afloramiento rocoso reescribirá por completo la historia de la Tierra. Se trata de Siccar Point, un lugar inhóspito, en el que el inconformista granjero escocés James Hutton realizó este descubrimiento.

Hutton se convertiría en el Padre de la Geología Moderna.

Hutton era un apasionado buscador de la verdad, una mente inquieta. Cuando se hizo cargo de la granja de su padre vio unas rocas bajo el suelo y se preguntó qué podrían ser. Hutton estaba obsesionado por descubrir cómo se habían formado las piedras de la Tierra.

Sus investigaciones de campo lo llevaron a viajar por toda Escocia e hicieron que se percatase que procesos extremadamente lentos podrían crear las rocas que vio en las capas de sedimento.

Recorrió muchos kilómetros a lomo de su caballo para visitar lugares en los que esperaba vivir experiencias geológicas emocionantes, aunque la silla de montar le producía unas llagas terribles.

Hutton sacó la conclusión de que las rocas podrían tardar cientos de miles de años en formarse, pero no eran más que especulaciones y sus radicales ideas contradecían la versión aceptada sobre la historia de la Tierra, que procedía de la Iglesia.

Durante generaciones, el catolicismo había sido la única voz autorizada para explicar la creación, basándose en el Libro del Génesis. Utilizando las genealogías de la Biblia, desde la Iglesia sus líderes afirmaban con rotundidad que conocían la edad exacta de la Tierra. Estos conceptos se trasladaron a las Iglesias reformadas.

Hacia el siglo XVII, un obispo irlandés de la Iglesia Anglicana, James Ussher, calculaba que la Tierra tenía 6.000 años de vida y afirmaba, además, que había sido creada un 14 de Octubre a la tarde...

Hutton estaba convencido que la edad de la Tierra tenía que ser mucho mayor. Cuando en uno de sus viajes llegó a Siccar Point, en 1788, encontró la prueba que buscaba en la peculiar formación que allí descubrió.

Estas rocas no son rocas antiguas normales, son muy especiales, y lo son por la historia que Hutton pudo contar gracias a ellas. Aquí, dos capas de formaciones rocosas forman ángulos rectos entre sí. Sabía que estas rocas habían estado en posición horizontal en el fondo marino. Tenían que haber estado sepultadas en gran profundidad, para cristalizar de nuevo. Después fueron levantadas por intensas fuerzas geológicas; se erosionaron y quebraron y estas fueron depositadas encima.

Se dio cuenta que todo eso no podía haber sucedido en varios cientos miles de años, sino en muchos millones de años.

El descubrimiento de Hutton marcó un punto de inflexión. Desde ese día serían las rocas, y no la Biblia, la guía en la que confiar para referirse al pasado remoto. En los dos siglos siguientes el estudio de las rocas en todo el planeta desembocaría en una asombrosa revelación: este planeta verde y azul había vivido las más asombrosas transformaciones.

- El origen

Todo comenzó en un mundo de fuego. En la actualidad se cree que la Tierra se formó por la colisión de innumerables meteoritos que originaron el Sistema Solar. Entonces, la superficie era un océano de roca fundida de varios kilómetros de profundidad. Su temperatura superaba los 4.000 °C, similar a la de la superficie del Sol, y enormes meteoritos la alcanzaban en un bombardeo incesante.

El primer hombre que propuso que este infierno era el origen del planeta fue Lord Kelvin, un científico británico de la época victoriana. Kelvin, experto en termodinámica, creía que la Tierra se enfriaba lentamente. El fuego del interior del planeta -visible durante las erupciones volcánicas- le hizo pensar que el planeta había estado, en algún momento, completamente fundido.

Kelvin utilizó la termodinámica para calcular de nuevo la edad de la Tierra. Según sus resultados, el planeta fundido habría necesitado casi 20 millones de años para alcanzar su temperatura actual.

Kelvin acertó en lo del planeta fundido, pero no su edad. Su estimación se quedó asombrosamente corta. Al igual que todos los científicos del siglo XIX, Kelvin desconocía la causa que, desde el interior de la Tierra primitiva, había impedido que el planeta se enfriase, según sus cálculos: la radioactividad.

En la Tierra primitiva abundaban las partículas radioactivas de uranio, torio y potasio. El todo producido por la descomposición de estas partículas mantuvo a la Tierra a una temperatura elevadísima durante mucho tiempo. Pero aunque estas partículas erraron los cálculos de Kelvin, con el tiempo servirían para descubrir la verdadera edad de la Tierra.

En el siglo XX, algunas de las escasas partículas que quedaban de uranio radioactivo se recogieron para crear las primeras armas atómicas, pero los científicos descubrieron, antes, otra aplicación: utilizar las partículas radioactivas para datar el planeta con precisión.

En 1911, Arthur Holmes, un estudiante de geología de 21 años de gran talento, utilizó la radiación para revolucionar nuestros conocimientos sobre la historia de la Tierra. A partir de entonces, los geólogos ya no contarían en millones de años, sino en miles de millones de años.

La radiación radiométrica se basaba en un principio sencillo: los restos de uranio -un elemento radioactivo- descubierto en rocas de todo el planeta, se desintegra formando otro elemento: el plomo. Como la arena que cae por un reloj, una muestra de uranio radioactivo se desintegra, formando plomo a un ritmo constante, durante cientos de millones de años.

Y siendo la proporción de uranio transformado en plomo los cristales incrustados en rocas antiguas, Holmes podía calcular sus edades con precisión.

Recoger datos de muestras de todo el planeta ocuparía la vida de un hombre. Pero conforme Holmes envejecía, también lo hacía la Tierra: la primera estimación sobre su edad fue de 1.000 millones de años; la segunda, de 3.000 millones de años; y, la última, de 4.500 millones de años. Hoy, la cifra de 4.500 millones de años sigue vigente.

Los expertos se refieren a esta increíble escala temporal como, tiempo profundo.

Es difícil hacerse una idea de la magnitud del tiempo profundo, pero hay que pensar en esto: un grano de arena representaría un año, y la punta del dedo de una mano, una vida. Desde la punta del dedo hasta el codo retrocederíamos hasta el siglo XVII; ir hasta una isla cercana sería viajar hasta la época de los dinosaurios e ir hasta el ecuador equivaldría retroceder hasta el origen de la Tierra, es decir, 4.500 millones de años.

La búsqueda de la edad de la Tierra había terminado y su resultado había abierto una ventana al pasado. Por primera vez los científicos podían situar las rocas en el orden correcto; observar el pasado de la Tierra y contar su historia. Así descubrirían una epopeya con numerosos cambios de dirección.

- Eones, Eras, Períodos y Epocas Geológicas

Desde su formación hasta la actualidad, la Tierra ha experimentado muchos cambios. Las primeras etapas, desde que empezó la solidificación de la masa incandescente hasta la aparición de una corteza permanente, no dejaron evidencias de su paso ya que las rocas que se iban generando se volvían a fundir o, simplemente, eran "tragadas" por una nueva erupción.

Estas etapas primitivas son todavía un misterio para la ciencia. Además, el paso del tiempo, la erosión, los distintos cambios ... han ido borrando las señales por lo que, cuanto más antiguo es el período que se pretenda analizar, mayores dificultades se van a encontrar.

La Tierra, no lo olvidemos, sigue evolucionando y cambiando.

El eón es la unidad más grande de tiempo geológico. Se divide en diversas eras geológicas. Cada era comprende algunos períodos, divididos en épocas. 

Cuanto más reciente es un período geológico, más datos podemos tener y, en consecuencia, se hace necesario dividirlo en grupos más pequeños.

Se obtienen registros de la geología de la Tierra de cuatro clases principales de roca, cada una producida en un tipo distinto de actividad cortical:

1.- Erosión y transporte, que posibilitan la posterior sedimentación que, por compactación y litificación, produce capas sucesivas de rocas sedimentarias.

2.- Expulsión, desde cámaras profundas de magma, de roca fundida que se enfría en la superficie de la corteza terrestre, dando lugar a las rocas volcánicas.

3.- Estructuras geológicas formadas en rocas preexistentes que sufrieron deformaciones.

4.- Actividad plutónica o magmática en el interior de la Tierra.

Tiempo Superón Eón      Era     Período       Epoca      
4.500.000.000    Precámbrico     Hadeico    
3.800.000.000 Arcaico
2.500.000.000 Proterozoico      Paleoproterozoica   Sidérico
2.300.000.000 Riásico
2.050.000.000 Orosírico
1.800.000.000   Estatérico
1.600.000.000 Mesoproterozoica Calímmico
1.400.000.000 Ectásico
1.200.000.000 Esténico
1.000.000.000 Neoproterozoica Tónico
850.000.000 Criogénico
630.000.000 Ediacárico (Vendiano)
542.000.000 Fanerozoico Paleozoica Cámbrico
510.000.000 Ordovícico
438.000.000 Silúrico
408.000.000 Devónico
360.000.000 Carbonífero
286.000.000 Pérmico
251.000.000 Mesozoica Triásico
213.000.000 Jurásico
144.000.000 Cretáceo
65.000.000 Cenozoica Terciario Paleoceno
56.500.000  Eoceno
35.400.000 Oligoceno
24.000.000 Mioceno
5.200.000 Plioceno
1.600.000  Cuaternario Pleistoceno
10.000 Holoceno

 

Las divisiones de la escala de tiempos geológicos resultante se basan, en primer lugar, en las variaciones de las formas fósiles encontradas en los estratos sucesivos.

Sin embargo, los primeros 4.000 a 600 millones de años de la corteza terrestre están registrados en rocas que no contienen casi ningún fósil, es decir, sólo existen fósiles adecuados de los últimos 600 millones de años.

Por esta razón, los científicos dividen la extensa existencia de la Tierra en dos grandes divisiones de tiempo: el superón Precámbrico (que incluye los eones Hadeico, Arcaico y Proterozoico) y el eón Fanerozoico, que comienza en el período Cámbrico y llega hasta la época actual.

El descubrimiento de la radiactividad permitió a los geólogos del siglo XX idear métodos de datación nuevos, pudiendo así asignar edades absolutas, en millones de años, a las divisiones de la escala de tiempos.

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