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Agentes internos o endógenos

Los agentes internos comprenden tres clases distintas de fenómenos:

- Fenómenos tectónicos.

- Fenómenos volcánicos.

- Fenómenos sísmicos.

 

FENOMENOS TECTONICOS

No es nada fácil aceptar que la superficie de la Tierra sobre la cual vivimos experimenta movimientos, unas veces de ascenso, otras de descenso. Sin embargo es así: millones de millones de toneladas de rocas, surgen en una región y desaparecen en otra; se hunden o se elevan, sin un solo ruido, sin un solo estremecimiento.

A veces, estos movimientos son tan lentos e imperceptibles que el hombre no logra percibirlos: ni siquiera el transcurso de una vida humana es suficiente para comprobarlos. En otras ocasiones, el ascenso o el descenso se opera bruscamente.

Los fenómenos tectónicos se clasifican en:

- Movimientos epirogénicos.

- Movimientos orogénicos.

 

Movimientos epirogénicos

Por movimientos epirogénicos (de epeiros: tierra firme; gene: generar), se entienden los movimientos lentísimos a que están sometidos los bloques continentales, elevándose sobre el nivel del mar, o bien sumergiéndose en su seno.

Reciben también el nombre de movimientos seculares (de saeculum: siglo), por su larga duración.

Se sucedieron a lo largo de las distintas eras geológicas y en la actualidad se manifiestan en masas continentales.

- La isla italiana de Palmarola (golfo de Gaeta, Italia), se ha elevado más de 60 metros desde su fijación en los mapas de 1822.

- La parte superior de la península escandinava ha ascendido a razón de un metro por siglo.

- En Suecia septentrional, zonas costeras con playas, cavernas cavadas por las olas y terrazas, han ascendido 300 metros sobre el nivel del mar.

- Costas en condiciones similares, perfectamente conservadas, abundan también en Escocia, Chile y California.

Incluyendo en el área argentina, se observa que en las islas Malvinas, en su forma actual, representan sólo la parte cuspidal de una región anteriormente mucho más extensa; es decir que las Malvinas, en tiempos relativamente modernos, han realizado un movimiento descendente. En cambio, se observa en forma bien neta, terrazas marinas en diferentes partes de la costa patagónica (bocas del río Negro, San Blas, golfo Nuevo, golfo de San Jorge, San Julián, etc.), lo que señala un movimiento de carácter ascendente en tiempos no muy remotos.

 

BRADISISMO

Establecimos que mientras las rocas graníticas forman los continentes, las basálticas constituyen el lecho de los océanos.

Expresamos también que mientras las primeras forman capas gruesas, pero relativamente livianas, las segundas, esto es, las rocas basálticas, en capas más delgadas, son en cambio más densas.

Y finalmente dijimos, que los continentes parecen flotar sobre la masa basáltica, como témpanos de hielo sobre el agua.

Pues bien, las masas continentales son destruidas de continuo, y de una u otra manera, esas enormes cantidades de materiales arrancados, terminan por depositarse en las zonas deprimidas, siendo los océanos los más a propósito para ello.

Ocurre entonces que, mientras los continentes tienden a ascender por la pérdida de peso, el fondo de los océanos, por el contrario, tiende a hundirse por las continuas aportaciones de materiales.

Estos movimientos verticales se llaman bradisismo (de bradys: lento; y seinos: movimiento).

Es un fenómeno magnífico en su grandiosidad: dos regiones del planeta, una, elevada; otra, deprimida. La primera, que por desgaste cede su altura, sus materiales; la segunda, que por acumulación, por sedimentación, recibe esos mismos materiales.

La primera pierde peso; la segunda lo gana en la medida que lo pierde la anterior. Una se eleva, la otra se hunde...

Por esta razón, algunas montañas crecen después de que al parecer han alcanzado su máximo desarrollo. Esto parece reforzar la idea de que toda cordillera es doble.

Una parte, la menor, es visible: los picos que apuntan hacia el espacio.

Debajo, existe otra más grande y redonda, que simula una mole volcada en el manto terrestre. La teoría de las montañas invertidas tiene un nombre: isostasia (del griego: permanecer inmóvil) o equilibrio. Explica por qué la corteza es más gruesa en los continentes que en el mar: si no fuera así, los continentes no podrían flotar.

Si alguna ambiciosa compañía de ferrocarriles, que construyera una nueva línea a través de una región montañosa, decidiera arrancar toda la montaña en lugar de perforar un túnel a través de ella, la ventaja obtenida por esta gigantesca construcción sería sólo temporal, puesto que después de unos pocos centenares de miles de años, una nueva montaña, de un tamaño solamente un poco inferior, volvería a levantarse en el mismo lugar.

 

Movimientos orogénicos

Mientras los movimientos epirogénicos son imperceptibles a simple vista, existen otros, de origen también interno, que se caracterizan por su violencia y su mayor importancia en la construcción y modificación del relieve. Son éstos los movimientos orogénicos o movimientos generadores de montañas.

 

Teorías sobre los movimientos orogénicos

En presencia de un relieve montañoso, no hemos podido menos que formularnos esta pregunta: ¿Cómo surgieron las montañas desde el interior del globo?

Los hombres de ciencia han buscado una respuesta a ese interrogante y para ello emitieron diversas teorías.

1.- Teoría de las traslaciones continentales o de continentes a la deriva.

Fue enunciada por el sabio alemán Alfred Wegener. Según esta teoría, las masas continentales constituidas por material siálico, navegan o derivan sobre el sima en el cual se apoyan. América del Sur, por ejemplo, deriva hacia el Occidente, en tanto que Australia lo hace hacia el Oriente (1).

Ahora bien: como el sima opone resistencia al avance del sial, éste va plegándose en su frente de avance o de contacto y, puesto que el continente americano presenta

sus principales montañas en el occidente, se prueba con esta teoría que el avance se produce hacia Occidente.

2.- Teoría de los geosinclinales.

Geosinclinales son cubetas o fosas marinas, alargadas y situadas en medio de dos continentes, donde se depositan, en forma extraordinaria, los sedimentos durante mucho tiempo.

Los ríos, los hielos, las lluvias y los vientos, arrancan a los continentes cantidades increíbles de materiales que transportan y depositan, tarde o temprano, en el mar. Y así, en forma lentísima, van formándose capas y más capas de materiales.

Unas veces, esa sedimentación o depósito es rápido; otras veces, lento: 30 ó 40 centímetros en un siglo, por ejemplo (2).

Pero de una manera u otra, los depósitos que se forman en franjas oceánicas próximas a los continentes, son considerables.

Todo se deposita: rodados, arenas, arcillas, limos, barros, que se transforman con el correr del tiempo. A esos materiales se unen los provenientes de procesos volcánicos submarinos.

Y esos depósitos, con un peso cada vez más considerable, ejercen presión sobre el fondo del océano. En una palabra, se hunden, formando así las largas cubetas a las

que hemos denominado geosinclinales.

La longitud de esas fosas es de miles de kilómetros.

En momento determinado se completa el proceso; poderosas fuerzas laterales comienzan a actuar: comprimen esas fosas colmadas de sedimentos (3), reducen su ancho y el material fluido y pastoso por efecto de esa compresión y de la mayor temperatura reinante en las capas inferiores, se pliega en “intrincadas contorsiones” y comienza a levantarse poco a poco (4).

En cuanto esa montaña inicia su ascenso, empieza al mismo tiempo su destrucción, o sea, el duelo a que nos hemos referido; aguas, vientos, lluvias, se dedican a atacar la roca y a transportar el material, repitiendo el proceso anterior: sedimentación, fosa marina, compresión, elevación...

El ciclo completo dura quizá 5, 10, 20, 50 millones de años (5).

 

Teoría de tectónica de placas

De acuerdo con esta teoría, el conjunto de la corteza terrestre (áreas continentales y cuencas oceánicas) se compone de una serie de placas rígidas, de forma irregular, algunas de tamaño continental y otras más pequeñas, que se empujan mutuamente. Avanzan de 3 a 10 centímetros por año.

Las principales placas tectónicas son: americana, euroasiática, africana, indoaustraliana, pacífica y antártica.

La zona de separación de las placas recibe el nombre de zona de expansión.

Cuando dos placas se apartan, el material ígneo procedente del interior del planeta asciende por presión por esas grietas o fisuras y es precisamente esa energía liberada la que genera esos imperceptibles desplazamientos de la corteza terrestre.

Ya lo vimos al hablar de la cordillera Mesoceánica: el material se derrama en forma tan considerable que provoca nada menos que el ensanchamiento de los océanos con la consiguiente separación paulatina de los continentes.

Eso en lo referente a la zona de expansión de las placas. Cuando se produce el contacto de dos placas (zonas de compresión o de subducción), la más débil se desliza por debajo de la placa más rígida. Al descender, se funde por el aumento de la temperatura y ese material se incorpora al interior del globo, material que, dicho sea de paso, surgirá nuevamente a través de la zona de expansión.

La fuerza que determina el encuentro de dos placas es tan potente, que los materiales se pliegan, fracturan o elevan.

Las zonas de expansión y de compresión, respectivamente, son afectadas particularmente por volcanes y sismos.

Expresemos, finalmente, que este lento desplazamiento de las placas son las que han originado, a través de la historia de la Tierra, el permanente cambio de las formas de continentes y océanos.

 

Clases de montañas

Según su origen, las montañas pueden ser:

1.- Montañas por acción volcánica.

El material ígneo que asciende desde el interior hacia la superficie, lo hace acumulando ese material en forma cónica (6).

Las montañas de origen volcánico son las más fáciles de identificar. Su aspecto es conocido: enormes acumulaciones cónicas de lava y escorias solidificadas (Vesubio).

2.- Montañas de pliegues.

Formadas a expensas de los geosinclinales, ya explicados.

3.- Montañas de fallas.

La Tierra se halló siempre sometida a intensas presiones. Una consecuencia de ello fue que en zonas débiles se produjeran fracturas de las masas rocosas, con la consiguiente formación de hendiduras, que en no pocas ocasiones han adquirido longitudes de cientos de kilómetros.

De este modo, una masa entera se separa completamente de otra.

Todo ello a expensas de un fenómeno grandioso y de vastísimas proporciones: a un lado de la fractura, las rocas se elevan; a otro, se hunden. En un caso, se forman serranías (anticlinales); en otro, valles (sinclinales) (7).

Son tipos de montañas de fallas las propias de la Provincia de Córdoba, en nuestro país; ciertas montañas del Oriente brasileño; los Vosgos, en Francia, etc.

 

FENOMENOS VOLCANICOS

Vulcanismo es el fenómeno mediante el cual, en las erupciones, las materias gaseosas y sólidas en fusión, procedentes del interior de la Tierra, llegan a la superficie y se derraman sobre ella.

Este fenómeno se cumple a expensas del volcán, que hace las veces de canal natural para transportar los materiales en fusión desde el interior hacia la superficie de la Tierra.

 

Partes del volcán

El volcán consta de:

- Un foco: se halla en el interior, y es el origen del material ígneo o magmático.

- Una chimenea: especie de río, que transporta ese material.

- El cono volcánico: con su cráter, una abertura en forma de embudo.

La erupción volcánica no es fulminante, instantánea. Parece anunciarse y es así como las regiones próximas a los volcanes se estremecen en temblores y sacudimientos de cierta intensidad.

Un humo espeso, gris o negro, comienza a elevarse, adquiriendo una velocidad increíble: su fuerza es tal que ni los huracanes más violentos logran a veces quebrarlo. Recién en lo alto, el viento rompe esa columna vertical, abriéndola como la copa de un pino gigantesco.

Entonces, en forma no menos violenta, comienzan a salir, despedidas, sustancias sólidas, líquidas y gaseosas.

Los productos pesados caen cerca (bombas volcánicas); los livianos, más lejos (lapilli: piedrecitas); y el polvo volcánico (mal llamado cenizas) es transportado a mayor distancia.

Ciertos proyectiles y gases alcanzaron los 13.000 kilómetros de altura y el polvo del volcán Krakatoa se elevó hasta los 80 kilómetros de altura.

Cuando los gases procedentes del volcán se inflaman, el espectáculo hasta entonces majestuoso, se torna dantesco: es una sola llama gigantesca, que avanza sobre la superficie del suelo. Son las llamadas nubes ardientes, que pueden destruir una ciudad en un instante o hacer hervir las aguas que encuentran a su paso.

Se percibe entonces, en medio de la oscuridad creciente, una corriente líquida, proveniente del cráter, que se desliza sobre las laderas del volcán: es la lava que tiene velocidades variables: algunas veces se desliza a razón de 30 kilómetros por día; otras, apenas si recorren 5 metros en el mismo tiempo.

En ciertas circunstancias forma como arroyos y, en otras, verdaderos ríos que alcanzan hasta 40 kilómetros de longitud. El espesor de ese “río” supera decenas de metros.

Su temperatura es de 1.000° C a 1.200° C, anulando implacablemente a su paso toda clase de vida.

Cuando la lava se enfría y se solidifica, se forman las rocas volcánicas. Sin embargo, la capa superior sólida, permite que durante mucho tiempo, años incluso,

se mantengan calientes las capas inferiores.

Los fenómenos postvolcánicos reciben el nombre de fumarolas (de fumus: humo); están formadas por el conjunto de emanaciones y fuentes de gases integradas especialmente por anhídrido sulfuroso, ácido sulfhídrico, clorhídríco y anhídrido carbónico, predominando generalmente el vapor de agua.

No menos importantes son las fuentes termales y los géiseres, surtidores intermitentes de agua y vapor que surgen a elevada temperatura.

 

Las regiones volcánicas

Las grandes regiones volcánicas de la Tierra son las siguientes:

- El Círculo de fuego del Pacífico (denominación dada por Alejandro de Humboldt): costa del océano Pacífico de América, incluyendo islas Aleutianas, Alaska, montañas de Canadá, Estados Unidos, México, América Central, cordillera de los Andes (en América del Sur) y los volcanes del continente antártico.

Este “círculo de fuego” se completa con los volcanes de las islas y archipiélagos pertenecientes a Oceanía y Asia: Nueva Zelandia, Nuevas Hébridas, Nueva Guinea, Filipinas, Japón y península de Kamchatka.

- La región del mar Mediterráneo.

- La regi6n del mar de las Antillas, unida a la anterior por los volcanes de las islas Azores, Canarias y Cabo Verde.

- La región que une la zona del Mediterráneo con la del Pacífico, donde se encuentran los volcanes de los montes Cáucaso, Armenia, Irán, India e Insulindia o Archipélago Malayo.

- La región del “Valle de la Gran Grieta”. Comprende los volcanes de Arabia, Etiopía, Africa Oriental y Madagascar.

De los 529 volcanes activos del mundo, 421 pertenecen a esta extensa región volcánica.

La ubicación y el comportamiento de los volcanes responde a una razón fundamental: no existen en regiones consolidadas y estables de la superficie terrestre o en regiones geológicamente viejas. Por el contrario, su ubicación coincide con regiones poco firmes, intensamente perturbadas y afectadas por geosinclinales mesozoicos, origen de las montañas terciarias, las más jóvenes de todas.

 

Efectos de los volcanes

En cuanto a los efectos de las erupciones volcánicas son, por desgracia, sobradamente conocidos: construyen alturas en el término de poco tiempo; conforman mesetas; destruyen ciudades y rellenan valles con el aporte de grandes masas de lava; obstruyen o modifican el curso de ríos; crean islas (Santorín), destruyen otras (Krakatoa), e incluso permiten la formación de lagos (Averno).

* La erupción del Mont Pelé, en 1902, destruyó totalmente la ciudad de San Pedro, de la isla de Martinica, del arco de las Antillas.

En Abril de 1902 se sintieron los preliminares de un nuevo período de inminente actividad. El 8 de Mayo, poco después de las 08:00, se levantó de repente del cráter una nube negrísima, cargada de relámpagos, que creció en forma enorme y con gran rapidez se precipitó en dirección al mar. En pocos minutos, la nube ardiente alcanzó la ciudad de San Pedro, que dentro del término de un solo minuto más quedó reducida a escombros. En el mismo instante, pereció toda la vida existente en esta ciudad. Casi 60 kilómetros cuadrados, con todos sus cultivos y plantaciones, fueron destruidos completamente.

* La erupción del Krakatoa (1883), liberó una energía equivalente a diez bombas H y expulsó aproximadamente 20 km3 de material fragmentado. Más de las dos terceras partes de la isla desaparecieron bajo el mar en una explosión que se escuchó a cientos de kilómetros de distancia. El polvo volcánico estuvo flotando en la atmósfera durante un año. Olas enormes de 40 metros de altura azotaron las playas cercanas de Java y Sumatra.

 

Importancia de los volcanes

* Pero si bien es cierto que los volcanes modifican la superficie de la Tierra, que en 2.000 años provocaron no menos de un millón de muertos, no es menos cierto que sin los volcanes... no sería quizá posible la vida sobre la Tierra.

* Le debemos buena parte del aire que respiramos y del agua que bebemos. Ya vimos, al comienzo, la procedencia del agua de nuestro planeta.

* El agua es arrojada por los volcanes bajo forma de vapor. Para ello, el hidrógeno y el oxígeno se combinan en el interior de la Tierra (géiseres y manantiales termales son prueba de ello). Con los gases que despiden las erupciones, salen al exterior diversos componentes de la atmósfera: nitrógeno, anhídrido carbónico, etc.

* Este último es imprescindible para los vegetales, los que a su vez ceden oxígeno mediante el proceso conocido con el nombre de fotosíntesis.

* Las montañas de fuego rinden otros beneficios menores: manantiales de agua caliente terapéuticos en muchos países; calefacción gratuita, producida con vapor,

para escuelas de Islandia y del Japón; abundante agua caliente para lavanderías, en Nueva Zelandia; fuerza eléctrica, en Italia. Pero el beneficio más general es el de la fertilidad que los volcanes dan a las tierras vecinas.

 

FENOMENOS SISMICOS

El volcán está allí. Desde la ciudad que duerme a sus pies o lo trepa por las laderas, lo vemos día a día, gigantesco y silencioso, coronado por esbelto penacho de humo blanco.

Cuando despierta en paroxismo violento nos avisa horas, días o meses antes, con sus nubes más densas, sus ruidos y sus débiles estremecimientos y temblores que anuncian la erupción que se avecina. Y cuando el cerro estalla en toda su majestuosa furia, la grandiosidad del paroxismo nos sobrecoge y nos espanta, pero el ánimo hecho a lo inevitable del fenómeno que se anuncia imponente, la explosión de las terribles fuerzas naturales, nos encuentra predispuestos a presenciar algo tremendo.

El terremoto, en cambio, nos sorprende de pronto.

La ciudad se desenvuelve en los pacíficos quehaceres diarios, ajena a toda preocupación, tranquila en su habitual vaivén, dormida en su rutina. Diez segundos después, es un montón informe de escombros y de ruinas, donde se multiplican por centenares indescriptibles escenas de horror y de tragedia.

El terremoto es traicionero y falaz, y no va unido, como el paroxismo de un volcán, a una manifestación grandiosa, a un espectáculo que eriza los sentidos con su belleza sublime y tremenda. Y por eso le teme el hombre y lo aborrece y se rebela impotente contra la tierra amiga y pacífica que él creyó inmutable e inmóvil por los siglos.

 

Terremoto o fenómeno sísmico es la sacudida y vibración más o menos violenta que experimenta la superficie terrestre.

 

Elementos de un terremoto

Al igual que los volcanes, los terremotos presentan un foco o hipocentro (de ypo: debajo), que es la zona de origen de la sacudida, y que se halla a una cierta profundidad.

La superficie situada encima del hipocentro se llama epicentro (de epi: encima). Es a partir de allí que el movimiento se propaga mediante las ondas sísmicas.

Cuando se trata de un terremoto submarino (su epicentro se encuentra en el fondo de los océanos), recibe el nombre de maremoto, en tanto que las olas gigantescas originadas, reciben el nombre japonés de tsunami.

Entonces las olas, solitarias e independientes de las comunes, se propagan a lo largo de cientos de kilómetros con gran velocidad (hasta 720 kilómetros por hora) arrasando, ya en tierra firme, edificios y plantaciones, sembrando la muerte y la desolación.

 

Origen de los terremotos

Debemos buscar el origen de los terremotos en las regiones terciarias de la Tierra, donde las capas de terrenos se hallan en desequilibrio, es decir, masas pesadas y compactas que se encuentran próximas a otras, sueltas.

Allí se produce un continuo proceso de acomodación de la corteza terrestre aún no asentada. Y ese proceso es tal, que diariamente se suceden no menos de 130 “acomodaciones”, o sea, 50.000 movimientos anuales. Muchos, sin mayores consecuencias (8).

Ese desplazarse de masas rocosas, se manifiesta en ruidos y sacudidas semejantes al lejano tronar de cañones y a explosiones distantes, que aumentan y desaparecen en contados segundos.

Por eso, los volcanes y los sismos coinciden en su distribución geográfica.

 

Efectos de los terremotos

Sus efectos son más temibles que las erupciones volcánicas. Devastan en contados segundos ciudades enteras; fracturan y modifican el terreno; provocan deslizamientos, originando aludes de vastas proporciones; modifican el curso de los ríos y, por las fisuras y grietas que se forman, surge el agua subterránea, cuyo nivel experimenta fluctuaciones de consideración.

* El terremoto de 1899 provocó el ascenso de la costa de Alaska en 15 metros; el de 1882, en Chile, elevó las ciudades en un metro sobre sus antiguos niveles; el de 1762, hundió una región de cerca de 40 kilómetros en la India.

* El terremoto de 1906, en California, originó una fisura entre las cadenas Costeras de uno a siete metros.

* En Calabria, durante el gran terremoto del año 1783, las montañas se hundieron a lo largo de las crestas y en sentido paralelo a los valles. Los pueblos de Castelmare y Cosolatto, desaparecieron por completo. La mitad de la ciudad de Santa Cristina, se hundió en las profundidades de la Tierra.

* En los terremotos de 1811-12, en los alrededores de Nuevo Madrid, Misouri, el suelo se levantaba y hundía en ondulaciones, que abrían grietas e inclinaban a los árboles hasta que sus ramas se entremezclaban; bancos altos, desviaron los ríos; desaparecieron islas y aguas cenagosas salían a borbotones por agujeros del suelo.

* El terremoto de 1886 determinó una grieta en el mar de 400 metros cerca de la isla de Creta, en el Mediterráneo.

 

Notas

(1) Los continentes se trasladan. Es un hecho incontrovertible, con lo que la Tierra se convierte antes que en una esfera rígida en otra plástica en actividad.

Europa y América se apartan progresivamente, mientras que se abren fisuras en el Noroeste de Africa y en California. Las traslaciones son lentas: la anchura del Atlántico se hace unos centímetros mayor cada año.

Alfred Wegener, en efecto en 1912, comparando la composición geológica de los distintos continentes, emitió la hipótesis de que resultaba poco probable que los continentes hubiesen ocupado siempre la misma posición. En efecto: las tierras primitivas se agruparon en un solo continente (Pangea), rodeado también por un solo océano (Panthalasa), continente que durante el Paleozoico se dividió en Laurasia, al Norte, y Gondwana, al Sur. Ambas masas continentales separadas por el mar de Thetis. A fines del Terciario se inició la fragmentación de Gondwana y en el Jurásico ocurrió lo propio con Laurasia. Wegener no halló reconocimiento entre sus contemporáneos.

Hoy es a la inversa. Sus concepciones básicas son aceptadas casi unánimemente aunque no las causas que él suponía como origen de los desplazamientos, ya que se atribuye al fondo oceánico un papel activo en el desplazamiento de los continentes.

(2) Los estratos sedimentarios de los montes Apalaches, por ejemplo, llegan en algunos lugares a los ... once kilómetros.

(3) Durante el proceso de formación de los montes Apalaches mencionado, un cañón de 800 kilómetros de ancho fue comprimido a 430 kilómetros, tal el tremendo encogimiento del terreno.

(4) Se produjo lo mismo que si se apretara desde un lado contra la pared resistente una pila de mantas colocadas una sobre otra, horizontalmente. Se originarían, entonces, pliegues verticales como es natural, pero la fuerza que actuara estaría dirigida en sentido horizontal.

(5) Y los materiales arrancados a la nueva montaña son arrastrados, metamorfizados, elevados nuevamente en otra montaña, más nueva aún, adosada a la antigua, ya destruida. Y la nueva montaña vuelve a ser erosionada. Y así ad infinitum.

(6) Un acontecimiento espectacular de esta clase acaeció el 20 de Febrero de 1943 cuando, en forma repentina, comenzó a brotar una densa nube de humo en un maizal de México. Al día siguiente, ya existía un cono de polvo de 30 metros de altura. Una lluvia de rocas y lava, impregnada con gases, brotó de la garganta del nuevo volcán, con rugiente explosión. En dos semanas, el cono se elevó a 137 metros; en ocho meses, tuvo 283 metros y 310 metros en dos años. Cuando en 1952 cesó su actividad, ya tenía 411 metros de altura, y los cercanos pueblos de Paricutín y Parangaricutiro, habían desaparecido bajo el detrito arrojado por la nueva montaña.

(7) La ciudad de San Francisco fue casi destruida en 1906 por un desplazamiento de esta clase, relativamente pequeño, a lo largo de una falla que pasa abajo de la ciudad, hacia el Sur, hasta México y el océano Pacífico. La rápida serie de terremotos desequilibró el estrato casi siete metros.

Una sucesión de movimientos en una falla puede dejar tan liso el talud de una montaña, que ni una gamuza ni una cabra montés pueden sostenerse en él.

(8) Se han calculado para el primer tercio del siglo XX -prescindiendo de los ligeros temblores “microsísmicos”-, unos 130.000 terremotos aislados “macrosísmicos”, lo que equivale a 3.800 por año, o uno cada dos horas y media. Estos temblores no se reparten proporcionalmente en toda la Tierra: en ciertas regiones apenas tienen lugar, mientras que en otras son más frecuentes.

En el año 1848, Nueva Zelandia fue sacudida ininterrumpidamente durante cinco semanas. En un solo día tuvieron hasta 1.000 sacudidas.

A partir del año 1870, la región griega de Phokis tembló durante tres años y medio. Se contaron unas 3.000 sacudidas fuertes, unas 50.000 ligeras y casi el décuplo de temblores leves y movimientos subterráneos. Y en los tres años siguientes al terremoto de Yokohama del l de Septiembre de 1923, se contaron en Japón 18.530 sacudidas, es decir, 17 diarias.

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