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GEOMORFOLOGIA DE CORRIENTES EN EL PALEOZOICO

La cuenca geológica del Paraná, o simplemente cuenca del Paraná, es una amplia cuenca sedimentaria situada en el área centro-este de América del Sur. Su área cubre principalmente el centro-sur de Brasil, desde el Estado de Mato Grosso hasta el Estado de Rio Grande do Sul, donde se encuentra el 75 % de su superficie. Además de Brasil, también se extiende por el Nordeste de Argentina y por la región Este de Paraguay y el Norte de Uruguay.

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La génesis de la cuenca del Paraná está unida a la relación de convergencia entre el margen sudoeste del antiguo supercontinente Gondwana.

Es una depresión ovalada, con el eje mayor orientado de norte a sur, y posee un área de cerca de 1,5 millones de km².

La Provincia de Corrientes forma parte de esta cuenca sedimentaria muy antigua, es decir, de un relieve de plataforma con cobertura sedimentaria, transformado en una extensa llanura que se prolonga hacia el Oeste y Sur del territorio (Eliseo Popolizio, 1972)(1).

(1) “Mapa Litoestratigráfico de la provincia de Corrientes”, en Revista D’Orbignyana Nro. 2, dirigida por Rafael Herbst y Jorge N. Santa Cruz.

Topográficamente, y en lo que es hoy la Provincia de Corrientes, tiene baja amplitud de relieve (unos 200 metros entre sus cotas extremas: 220 y 20 metros, en los extremos Nordeste y Sudoeste, respectivamente), y una energía de relieve también baja a muy baja, predominando el aspecto de extensas planicies en el Oeste y suaves colinas en el Este.

Una cuenca sedimentaria es una acumulación importante de sedimentos producto de la erosión de la superficie de la Tierra. Se suele hablar de cuenca sedimentaria cuando el espesor de los sedimentos es de unos cientos de metros al menos y tiene una extensión de algunas decenas de kilómetros cuadrados o más, aunque espesores de varios kilómetros y extensiones de decenas de miles de km² son habituales.

La formación de una cuenca sedimentaria requiere una fuente de sedimentos importante y un lugar que favorezca la deposición de los sedimentos.

Desde el punto de vista morfogenético, para estudiar Corrientes es necesario analizar esta unidad mucho más amplia, de la que forma parte la Provincia, y que corresponde a la “cuenca sedimentaria del Paraná”, originada en el Paleozoico, la cual se vio afectada por diferentes procesos geodinámicos y morfoclimáticos a lo largo de su evolución.

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En primer lugar, la tendencia a la subsidencia (hundimiento paulatino del suelo) se invirtió a fines del Mesozoico, y gran parte de la cuenca se incorporó al ascenso epirogénico del escudo brasileño(2), donde estaba instalada con carácter de intracratónica(3).

(2) Un escudo es una región continental constituida por rocas formadas en el Precámbrico, que no han sido recubiertas por el mar. Los escudos están formados por las rocas más antiguas de la corteza terrestre, granitizadas y metamorfizadas. Desde sus orígenes han permanecido estables y conservado su rigidez.
El hecho de que nunca hayan podido ser sumergidos en las transgresiones marinas, se debe a que han sufrido movimientos tectónicos verticales. No experimentaron plegamientos, ya que resistieron a todos los empujes horizontales.
Un escudo es generalmente un gran área de rocas ígneas y metamórficas expuestas, que son tectónicamente estables y tienen poca actividad orogénica. En todos los casos, la edad de estas rocas es de más de 570 millones de años; incluso algunas se han datado de hace 2 a 3,5 miles de millones de años.
A causa de su estabilidad, la erosión ha aplanado la topografía de la mayoría de los escudos continentales; sin embargo, comúnmente poseen una superficie bastante convexa y pueden estar rodeadas de una región recubierta de sedimentos denominada plataforma. Juntos, la zona expuesta, la plataforma recubierta y el basamento cristalino, son las partes estables de la corteza continental que componen el escudo o cratón.
Los escudos son normalmente los núcleos de los continentes y la mayoría está bordeado por cinturones de rocas cámbricas plegadas. Estos cinturones se han soldado a los bordes de los escudos preexistentes, incrementando así el tamaño de los protocontinentes que constituyen. Los márgenes de los escudos han sido sometidos a las fuerzas geotectónicas que, a su vez, los han destruido y reconstruido, junto a los cratones en que se integran.
En las regiones septentrionales del globo, se encuentran:
* Escudo Canadiense forma el núcleo de Norteamérica, extendiéndose desde el Lago Superior -por el Sur-, hasta las islas árticas por el Norte, y de Canadá a Groenlandia.
* Escudo Escandinavo o Báltico, que se halla en vías de alzamiento, entre el Este de Noruega y Finlandia.
* Escudo Siberiano, entre los ríos Lena y Yenisei, al Norte del lago Baikal.
En el Hemisferio Sur se destacan:
* Escudo Guayanés, en el Norte de Sudamérica.
* Escudo Brasileño o Amazónico, al Sur del Guayanés, atravesando Brasil hasta Pernambuco, por el Este.
* Escudo Africano o Etíope.
* Escudo del Decán, en el Sur de la India.
* Escudo Australiano ocupa la mayor parte de la mitad occidental de Australia.
(3) Un cratón o cratógeno (del griego kraton, con el significado de cuenco muy plano) es una masa continental llegada a tal estado de rigidez, en un lejano pasado geológico, que, desde entonces, no ha sufrido fragmentaciones o deformaciones, al no haber sido afectadas por los movimientos orogénicos. Por tal motivo los cratones tienden a ser llanos, o presentan relieves bajos, con formas redondeadas, y de rocas frecuentemente arcaicas. A los cratones submarinos se les llama nesocratones.
El término cratón es usado para distinguir la porción interna estable de la corteza continental respecto de aquellas regiones orogénicas (márgenes continentales, cuencas sedimentarias y orógenos), las cuales son cinturones lineales de acumulación y/o erosión de sedimentos sujetos a la subsidencia (cuencas) y/o al levantamiento (cadenas de montañas).
Los extensos cratones centrales de los continentes pueden consistir tanto de escudos y plataformas, como de la base cristalina. Un escudo es la parte de un cratón en el cual las rocas precámbricas surgieron extensivamente en la superficie. En contraste, la plataforma de la base está cubierta por sedimentos horizontales y subhorizontales.
Los cratones están divididos geográficamente en provincias o zonas geológicas. Estas son entidades espaciales con atributos geológicos comunes. Una provincia puede incluir un único elemento estructural dominante, como una cuenca, o un número de elementos relacionados contiguos. Las zonas adjuntas pueden ser similares en estructura, pero se pueden separar debido a diferentes historias geológicas.
La teoría (ya comprobada de un modo absoluto) de la tectónica de placas, considera a cada cratón como una especie de “balsa” de roca ligera (proveniente inicialmente de la cristalización, en épocas primordiales del planeta de magmas), flotante sobre el semifundido y plástico manto del planeta, en torno a la cual se acrecionarían, cual espuma en una olla de sopa en convección térmica, sedimentos (provenientes de la meteorización, erosión y transporte de rocas ígneas) y fragmentos litosféricos (terrenos y/o microcontinentes).
La intrusión de magma en estos (proto)continentes, debida a la subducción y fusión de corteza oceánica (basáltica), rica en agua, sería el origen de las andesitas y granitos, así como de las rocas metamórficas, constituyentes fundamentales de la litósfera continental, es decir, de los continentes.
Los cratones serían, en resumen, los protocontinentes a partir de los cuales se formaron los primeros continentes, por acreción en sus márgenes subductivos e intrusión magmática. Por ello los cratones se encuentran frecuentemente en los centros/núcleos de los continentes actuales, y están típicamente rodeados de los cinturones orogénicos, más modernos. Cratones y orógenos conforman los continentes, es decir, la corteza continental.

Como resultado de lo anterior, predominan, desde el Terciario, los procesos erosivos (desmantelamiento y entallamiento) y fracturas y dislocaciones del basamento asociadas a la geodinámica de los macizos.

El ascenso fue tanto más acentuado cuanto más al Este y Norte, razón por la cual el Oeste de la Provincia de Corrientes continuó siendo área de acumulación durante el Terciario, en tanto que el Este era sometido a procesos de pediplanación y entallamiento, si bien algunos sectores recibieron cubierta sedimentaria (Popolizio, 1977).

El estudio de la geomorfología de la Provincia de Corrientes debe desarrollarse en el ámbito de la Cuenca del Paraná y en el de su prolongación hacia el Oeste, la Cuenca Chaco-Paranense(4).

 

(4) La cuenca Chaco-Paranense-Bosquejo del relleno de la cuenca Paranense y Chaco-Paranense, en un corte Este-Oeste, a la latitud de los esteros del Iberá. Las inclinaciones de los bloques y fallas son hipotéticos, sólo a modo ilustrativo e indicativo, como ejemplo de relleno sedimentario dentro de una cuenca.
El empuje desde el Oeste, ocasionado por el levantamiento de la cordillera de los Andes, afectó a sectores de la cuenca Paranense y reactivó primitivas fallas. Estos empujes aún subsisten, por lo que sus movimientos se transmiten y reflejan en la superficie actual. Esto ha generado rasgos geográficos lineales, tales como: divisorias de aguas rectas, elevaciones longitudinales y cursos de ríos subparalelos.

 

Las cuencas sedimentarias son extensas depresiones que se desarrollan en la superficie terrestre y en las cuales, a lo largo del tiempo geológico, se acumulan grandes espesores de sedimentos transportados por los ríos, el viento y otros agentes -incluso el mar-, que muchas veces las invaden.

El piso de las cuencas sedimentarias se denomina basamento y, por lo general, está compuesto por rocas antiquísimas.

En la etapa inicial de la formación de una cuenca dominan fundamentalmente los movimientos corticales tensionales, los cuales “estiran” las rocas, hasta finalmente romperlas, generando así, las denominadas fallas. No obstante, durante la historia de una cuenca, esta situación puede revertirse, y los movimientos tienden a ser compresionales, es decir, la cuenca se aprieta.

Las cuencas no se comportan como receptáculos estáticos. Así, durante la etapa extensiva, la acumulación de sedimentos es simultánea con el hundimiento de la cuenca, pero ambos procesos son tan lentos que pasan inadvertidos para los seres humanos.

Los sedimentos que se depositan dentro de la cuenca, a su vez, van siendo cubiertos por otros sedimentos más jóvenes. De este modo, los primeros sufren un mayor hundimiento y, en profundidad, se ven afectados por altas presiones, elevadas temperaturas y circulación de fluidos, factores que, finalmente, transforman los sedimentos en rocas.

Durante las etapas compresivas, las capas de rocas sedimentarias pueden plegarse y fallarse en sentido inverso.

- Origen de la cuenca sedimentaria del Paraná

La cuenca sedimentaria del Paraná se originó durante parte de las eras Paleozoica y Mesozoica y su registro estratigráfico abarca un intervalo de tiempo de 460 a 65 millones de años atrás (desde el período Ordovícico al (período) Cretáceo).

El basamento de la Cuenca del Paraná está formado por rocas graníticas cuyas edades abarcan desde el Precámbrico hasta los comienzos de la era Paleozoica (Russo y otros autores, 1979).

Hacia finales de esta última, durante el período Pérmico, la cuenca del Paraná comenzó a llenarse con sedimentos de origen continental y marino.

Su espesor máximo, superior a los 7.000 metros en su región central, está constituido por rocas sedimentarias e ígneas y es rica en restos fósiles de animales y vegetales.

Es una típica cuenca flexural (esta palabra viene de flexura, que significa pliegue, curva, doblez) de interior cratónico, aunque durante el Paleozoico fuese un golfo abierto hacia el sudoeste, perteneciente al entonces océano Panthalassa.

La génesis de la cuenca está unida a la relación de convergencia entre el margen sudoeste del antiguo supercontinente Gondwana, formado por los actuales continentes de América del Sur, Africa, Antártida y Australia, además de India y la litósfera oceánica del Panthalassa, ubicando la cuenca en el Paleozoico.

El nombre “Cuenca del Paraná” deriva del río Paraná, que corre por su eje central de norte a sur. La cuenca hidrográfica del río Paraná está casi completamente contenida en la cuenca sedimentaria.

- La Cuenca del Paraná y la teoría de la deriva continental

Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, fueron encontrados e identificados innumerables fósiles en la Cuenca del Paraná, tanto de animales que vivieron en ambiente terrestre o marino como de vegetales continentales, que también fueron encontrados en los otros continentes del Hemisferio Sur, además de India como, por ejemplo, y principalmente, los reptiles mesosaúridos y la flora de Glossopteris.

Estos descubrimientos tuvieron un papel importante en el desarrollo de la teoría de la deriva continental, teoría precursora de la actual tectónica de placas.

La teoría de la deriva continental fue presentada por el geólogo y meteorólogo alemán Alfred Wegener, en 1915, con la publicación de su obra clásica: El origen de los continentes y océanos. Wegener afirmaba que los continentes, hoy separados por océanos, estuvieron juntos, en una única masa de tierra (denominada por él: Pangaea, del griego “toda la Tierra”), del Carbonífero Superior (hace cerca de 300 millones de años) al Jurásico Superior (hace cerca de 150 millones de años), cuando Laurasia (actuales América del Norte y Eurasia) se separaron de Gondwana, que después también se dividió en el Cretácico Inferior.

Dos geólogos, que trabajaron a ambos lados del Atlántico Sur, realizaron una importante contribución en la defensa de la teoría de la deriva continental en la primera mitad del siglo XX. Uno fue el geólogo sudafricano Alexander Du Toit, quien además de ser uno de los primeros defensores de las teorías de Wegener, publicó diversos trabajos referentes al asunto.

El otro fue el geólogo alemán, radicado en Curitiba, Paraná, Reinhard Maack, que además de su tesis de doctorado sobre el tema, defendida en la Universidad de Bonn, publicó innumerables trabajos sobre el asunto, e inclusive fue premiado por la UNESCO, órgano de la ONU, por su defensa de la teoría de la deriva continental.

La columna sedimentaria de la Cuenca del Paraná fue subdividida por Milani, en 1997 (ver foto Historia geológica 23), en seis unidades de segundo orden, o supersecuencias, esto es, separadas por espacios significativos, como se ve en la figura de la columna estratigráfica.

Estas unidades, descriptas a continuación, definen el marco estratigráfico de la cuenca y son separadas por importantes hiatos deposicionales, causados por eventos erosivos.

 

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