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DISTRIBUCION DE LOS ANIMALES

- BIOMAS

A lo largo de los distintos aspectos de la Geografía se puede comprobar la estrecha, la íntima vinculación o relación que existe entre las formas del relieve terrestre, el clima, la naturaleza del suelo y la vegetación de un lugar determinado de la corteza terrestre.

Bioma es una comunidad terrestre que incluye la vegetación y la fauna asociada a ella, cuya identificación y clasificación se basa en las formas dominantes de la vegetación.

Ha sido establecida una serie de biomas con predominio de formaciones vegetales herbáceas, arbustivas o arbóreas, con las cuales los animales adaptados se hallan en íntimo contacto y, a la vez, en armonía con el clima propio de la región donde tanto vegetales como animales se desarrollan.

Los principales biomas son: tundra, taiga, bosque (con sus variedades), pastizal, sabana, selva y desierto.

Las mutuas relaciones entre vegetales y animales determinan la existencia de un equilibrio en que, tanto vegetales como animales, pueden subsistir: naciendo, desarrollándose, extinguiéndose... en una constante que rige para todos los seres vivos (donde los más fuertes se alimentan de los más débiles).

Las especies vegetales y animales, así interrelacionados, constituyen sistemas llamados comunidades o biocenosis.

Ecosistema es la interdependencia entre plantas y animales relacionados, a su vez, con las condiciones físicas ambientales.

La Ecología (palabra derivada del griego, “οἶκος”: casa), comprende el estudio del medio ambiente y la manera en que los seres vivos se adaptan a vivir en él.

También se la define como el estudio de los ecosistemas.

La masa de la totalidad de la materia viva existente en un territorio dado recibe el nombre de biomasa.

Puede expresarse en kilogramos o en toneladas por hectáreas: la biomasa de los pequeños roedores presentes sobre el territorio de caza de una pareja de lechuzas, es muy superior a la biomasa de los rapaces de ese territorio, pero muy inferior a la biomasa de los vegetales.

En un medio en equilibrio biológico, la biomasa de los productores es siempre muy superior a la de los consumidores de primer orden, y ésta, muy superior a la de los consumidores de segundo orden.

Los seres que componen un ecosistema constituyen así la denominada pirámide ecológica o pirámide alimentaria.

EL BIOMA DE LA SELVA

En base a lo conocido sobre selva ecuatorial y sus características, y sometida por igual a condiciones de clima por demás extremas, tanto en lo referente a la temperatura, cálida, constante, eterno verano de todos los días, como de todos los días las lluvias. que hemos llamado de convección y, finalmente, la humedad, sofocante, molesta, pegajosa, y que todo ello, determinaba una vegetación más que exuberante, lujuriosa, vital, donde el árbol, su forma más característica, formaba un dosel en lo alto, un subosque no menos imponente y el suelo, húmedo, pantanoso, con los mil restos de esos mismos árboles.

Los animales que habitan la selva se hallan adaptados a todas esas condiciones. Por lo pronto, allí cuentan con alimentos a discreción, si de animales herbívoros se trata. En ese sentido, es un contacto, una relación indisoluble.

Y son... trepadores. Es una paradoja: pero en la selva los animales carecen de suelo libre para desplazarse con comodidad. Si no viven en los árboles, pasan buena parte de su existencia en sus ramajes, ayudados por su agilidad y facilidad para trepar.

Los animales corpulentos, tanto herbívoros como carniceros, no viven en la selva. Se lo impide el suelo fangoso y la escasa luminosidad del subosque, que dificulta sus movimientos. Viven chimpancés, orangutanes, tigres, leopardos, tapires, osos hormigueros, ratas, lagartijas y, también, miríadas de insectos. Viven, también, gusanos, mosquitos, arañas y hormigas termitas que, en su aterrador avance, ponen en huida a todos los animales de la selva, aun los más poderosos.

Es el reino por excelencia de las aves que rivalizan por la vivacidad de sus colores (cotorras, loros, tucanes, colibríes). Viven en lo alto y sus cantos se confunden con los chillidos de los monos, en contraste con el deslizarse silencioso de los ofidios.

En los ríos, los peces rivalizan también en colores, como el de los papagayos, loros y tucanes. Y en esas aguas nadan cocodrilos, hipopótamos...

Todos esos animales viven para comer y reproducirse. Los más débiles también, para comer, reproducirse. Y... ser comidos. Así es la vida en la selva, potente, renovándose de continuo, en un equilibrio perfecto.

Hasta tanto no llegue el hombre para desbrozar la selva y extinguir animales.

LOS BIOMAS DE LOS BOSQUES

A todos los bosques, tropicales, subtropicales, templados y subárticos o boreales, también se les establece una íntima dependencia de los vegetales a las condiciones del clima y sus adaptaciones a las condiciones de humedad, de luz, de temperatura, de los vientos...

Se afirma, igualmente, de qué manera a mayor distancia del ecuador, dominio de la selva ecuatorial, las temperaturas, uniformemente elevadas, daban lugar a la presencia de estaciones cada vez más marcadas, y que lo mismo ocurría con las precipitaciones que, de constantes se tornaban periódicas, más tolerables, especialmente para el hombre.

Debido a ello, la vegetación cambiaba: los árboles disminuían en cantidad, en altura, en frondosidad y el Sol, que por fin podía penetrar hasta el suelo, ahora cubierto de hierbas. Son precisamente esas hierbas las que dan lugar a la presencia de animales herbívoros puesto que esa hierba le es necesaria para su alimentación. Sin ella sucumbirían.

Allí viven jirafas, cebras, ciervos, antílopes, gacelas, animales que, a su vez, atraen a otros comensales, carnívoros hambrientos: yaguares, leopardos, panteras, pumas, zorros... Ello en el bosque tropical.

Más distante aún del ecuador, se halla el bosque subecuatorial. Aquí también el clima, como en otros dominios, determina en forma concluyente el aspecto que adopta el vegetal. Y como el verano es seco y ardiente, el árbol acaba por ceder su lugar al arbusto.

En Europa, le pertenece la cuenca del Mediterráneo, con árboles perennifolios adaptados a la sequía estival (encina, alcornoque). Es el dominio del olivo, laurel, vid, mirto, pino, ciprés, haya, cedro, que es además el dominio de la cabra, carnero salvaje, hiena, chacal, lobo, etc.

La fauna del bosque subtropical se integra con pumas, jabalíes, zorros, vizcachas, roedores, pájaros e insectos.

Del clima templado se afirma que es el mejor de todos los climas, con sus temperaturas y lluvias moderadas. Y el bosque templado adaptado a ese clima. Pero resulta que ese bosque ha sido extirpado en forma despiadada por el hombre.

La fauna ha soportado iguales o parecidos estragos; es por ello que el número de animales haya disminuido sensiblemente por una caza sin control, de ahí que sólo se los encuentren en lugares apartados (ciervos, corzos, gamos, jabalíes y lobos, osos pardos, linces, depredadores de los animales herbívoros).

El ciervo, con sus astas ramosas, apenas si logra vivir quince años. El corzo es de tamaño pequeño. El jabalí vivió en rebaños numerosos desde el Atlántico al Pacífico.

Ayudado por sus colmillos y su fuerte hocico, se alimenta de bellotas, castañas, setas, raíces, bulbos y tubérculos. Es prolífico, por eso persiste, pese a la caza intensiva de la que es objeto. Los lobos son pocos y dispersos. El no haber sido completamente exterminados se debe a su inteligencia y astucia y a sus costumbres errantes.

El cuarto y último de los tipos de bosques es el subártico o boreal, con sus árboles perennifolios, adaptados a los inviernos rigurosos. Allí viven el reno y el caribú antes de trasladarse, en primavera, hacia la tundra, situada al norte del bosque boreal.

Son animales cazadores: osos pardos, lobos, tigres (el siberiano), zorros, que dan caza a ciervos y alces. Es también el dominio de animales de piel valiosa: martas, visones, armiños, castores, nutrias.

EL BIOMA DE LA SABANA

Las sabanas se desarrollan con clima cálido y seco. Son llanuras herbáceas, altas, jugosas, interrumpidas por formaciones de árboles y arbustos.

Este es el dominio de la fauna más numerosa y variada. Disponen de amplias superficies para sus desplazamientos, de extensos pastizales y numerosas aguadas. Claro está que, cuando cesan las lluvias, esa vegetación que apareció como por ensalmo, desaparece también, rápidamente.

Es entonces cuando los animales, en rebaño, emigran en busca de nuevos pastos y aguadas. Son herbívoros y carniceros pero, a la vez, corredores. También aquí una lucha a muerte por la supervivencia: comer o ser comido, duelo entre perseguidores y perseguidos, fuertes contra débiles.

Aquí viven jirafas, antílopes, ñus, cebras, impalas, todos víctimas de animales carniceros como los leones, rey de los animales. Poderoso como es, lucha denodado por su supervivencia.

Viven tigres, con su piel de oro viejo y rayas negras, de cuerpo soberbio, obra maestra de escultura viviente (en Asia monzónica, es el rey de la jungla, con oído, vista, fuerza y velocidad increíbles.

Comparten el dominio del tigre, hienas, panteras, leopardos, pumas, chacales, yaguaretés y lobos (asesino de ovejas y vacunos).

El rinoceronte vive en regiones húmedas. Es el más feo de los animales. Pesa casi dos toneladas y es dueño de un arma terrible: su largo cuerno. Furioso, ataca rebaños de elefantes, camiones, trenes... Comparten su vecindad elefantes, hipopótamos y búfalos.

En las sabanas australianas: canguros, koalas...

Son numerosas las aves, los ofidios y más aún los insectos.

LOS BIOMAS DE PRADERAS Y ESTEPAS

Les corresponden climas templados a las praderas y desérticos a las estepas.

Son llanas, y la hierba es la forma de vegetación predominante. La diferencia entre ambas, la establece la mayor o menor cantidad de precipitaciones. Sus animales se hallan adaptados para la carrera. Pero, y especialmente las praderas y sus animales, han experimentado una explotación irracional llevada a cabo por el hombre. Tal el caso del bisonte y de la vicuña, en el continente americano.

Viven ardillas, conejos, vizcachas, mulitas, ratas, cuises, zorros, zorrinos. Reptiles, aves corredoras (ñandú, avestruz), pájaros e insectos, completan este bioma.

EL BIOMA DE LOS DESIERTOS

Las formaciones desérticas, extremadamente secas, temperaturas elevadas durante el día y muy bajas durante la noche, suelos sueltos y arenosos, no son condiciones que favorezcan el arraigo de la vegetación.

Tímidamente, en manchones aislados, crecen pobres plantas xerófilas que, por fuerza, debieron adaptarse a esas severas condiciones de vida. Los animales propios de la selva y del bosque no existen. Ni la fastuosa variedad de pájaros. Los animales tienen la ventaja de sus movimientos para escapar al calor del desierto. La mayoría está en actividad de noche y, además, tienen adaptaciones especiales para conseguir el agua, como ser, excretar orina sólida, en vez de fluida, y obtener el agua que necesitan para su comida.

En general son de colores claros, tienen válvulas para tapar los oídos y fosas nasales, para evitar la entrada de arena, y dispositivos para moverse sobre terrenos flojos, como bandeletas en los dedos o caminar a saltos. Si ambularan tranquilamente bajo el sol del mediodía, morirían en su mayor parte, al cabo de unos minutos.

Es un mundo animal que se sucede en dos planos: uno, el de la superficie, que es el de los animales diurnos; y, otro, subterráneo, menos cálido, donde los animales que cazan durante la noche, se refugian en cuevas y hondonadas. A todos, el medio los ha hecho cautelosos, ágiles, veloces, saltarines...

Consumen agua en poca cantidad. Los herbívoros la extraen de las plantas cactáceas (cuyo peso, en un 90 %, es agua) en tanto que los carnívoros la complementan con la sangre de sus víctimas.

La actividad inicial es de las aves. Buscan semillas e insectos que a un tiempo constituyen alimento y bebida. Las iguanas pertenecen a este dominio: se alimentan de flores y de capullos. Las lagartijas se satisfacen con hormigas. Liebres, tortugas del desierto, ardillas, serpientes, pecaríes, integran ese mundo que se oculta hacia el mediodía. Reaparecen hacia el atardecer, en busca de alimento, con el que pueden calmar su apetito insaciable.

Con las estrellas en lo alto aparecen coyotes; de tétricos aullidos pero cazadores magníficos, y zorros, que se deleitan con ratas canguros. Apenas si superan el tamaño de los gatos comunes; gatos monteses, taimados y feroces; tejones, magníficos excavadores, ratones... Todos son protagonistas de un mismo drama: el de la supervivencia.

El último eslabón de la cadena lo constituyen los roedores, acosados por toda clase de enemigos. Sirven de alimento a los mamíferos, a los reptiles y a las aves y como quiera que ellos, a su vez, necesitan comer, tienen que aventurarse en la noche y arrostrar los peligros que encierra.

Un párrafo para un animal propio de estepas y desiertos. En las zonas desérticas de Asia y África, se encuentran el camello bactriano, de dos jorobas y de pelo largo y lanudo (Asia), y el camello árabe o dromedario, de una joroba y de pelo corto (Africa y Arabia), pero ambos tienen pezuñas apropiadas para el suelo arenoso o pedregoso. Son resistentes a la sed y a las tempestades de arena.

EL BIOMA DE LA ALTA MONTAÑA

Con la altura disminuye la vegetación. Su adaptación a las condiciones de clima y de relieve son en verdad conmovedoras.

Los animales se adaptan, en forma no menos elocuente, a esas mismas condiciones. Poseen pisada firme y segura, con pezuñas que les permiten correr por terreno pétreo y escabroso y saltar precipicios. Pese a su movilidad, sólo se mueven ante un gran peligro. Proceden así para ahorrar energía. Poseen una habilidad extremada para desenterrar las plantas de las que aprovechan hasta la última sustancia.

Es el dominio de gamuzas, cabras montesas, carneros salvajes, vicuñas, llamas, alpacas, ibex, ciervos, alces, musarañas, ardillas, topos, ratones campestres, águilas, halcones...

EL BIOMA DE LA TUNDRA

La tundra ocupa una franja de ancho variable que toma las costas del océano Glacial Artico, tanto de América como de Europa y Asia. El frío es prolongado y riguroso, en oposición a un verano corto y fresco. En ese sentido no alienta la instalación de los seres vivos, inclusive la del hombre.

Una consecuencia de esas rigurosas temperaturas es no sólo el suelo, sino también el subsuelo, prácticamente helado, durante casi todo el año, que lo convierte en un terreno difícilmente perforable, especialmente para las raíces de las plantas.

Las proximidades del Polo dicta en forma incuestionable el clima de la tundra y ese clima determina, a su vez, la existencia de la vegetación. Es recorrer grandes extensiones sin divisar una mata, un pobre arbusto echado sobre el suelo.

Y sin embargo, la tundra tiene, más que habitantes, visitantes “veraniegos”. Si por una parte, el fugaz verano hace prosperar como por milagro un verdadero jardín multicolor, por la otra, la tundra debe asistir a la llegada de las aves, que desde el Sur concurren en bandadas innumerables contribuyendo a ese fugaz desborde de la Naturaleza. Vienen atraídas por las prolongadas horas de luz que les deparan dos veces más de tiempo para buscar sustento. Y entonces, aves zancudas y acuáticas, que han recorrido hasta miles de kilómetros, depositan sus huevos en el suelo.

Para ello han llegado hasta allí, patos, gansos, gaviotas, agachadizas y cisnes. En algunos lugares es imposible caminar sin pisar nidos o huevos. Y a ese verdadero júbilo de la Naturaleza, a ese graznido y batir incesante de alas, se agrega el de las órdenes menores de la Creación: millones y más millones de insectos (mosquitos y moscas) y siempre durante el breve verano, martirizan por igual al hombre hiperbóreo y a los animales.

El animal por excelencia de la tundra es el reno y, junto con él, el perro, que se alimenta de... peces. Es de una ayuda inestimable para el hombre. El reno proporciona carne, leche, abrigo, transporte y materia prima para muebles y colchones, fieltro, gelatina, gamuza y cola, y busca para alimentarse los musgos y los líquenes que la nieve guarda celosamente.

El reno procede del Sur, como las aves, pero de lugares más cercanos. Pasa el invierno en el bosque boreal y con la primavera, avanza hacia el Norte. Constituyen un espectáculo esos rebaños que forman una masa parda, compacta, de la que sobresale un verdadero bosque de cuernos.

Los animales vagan permanentemente en busca de alimentos, y el hombre de esas altas latitudes da muerte al oso blanco, al zorro azul o blanco, a los lobos y a las liebres polares.

El oso es el más poderoso de los animales de esta región. Aparte de ardillas y otros animales obtiene peces de los ríos, como el hombre. Especial atención merecen los animales de pieles finas. También restan reducidos ejemplares del buey almizclero. Son numerosas las ratas campestres denominadas lemming. Pasan prácticamente el invierno debajo de la nieve y, bajo esa protección, abrigadas, comen musgos y hierbas. Mueren frecuentemente entre los dientes de armiños y zorros o bajo las garras de las aves de rapiña.

En el mar, no muy distante, el nativo persigue a las morsas, a las focas y a las pocas ballenas que aún existen.

REGION ANTARTICA

Esta región comprende el extremo Norte de América, Europa y Asia y coincide con el dominio de climas fríos. Por toda vegetación, en grandes extensiones, presenta musgos y líquenes.

Aquí vive el oso polar. Se lo halla especialmente en primavera, atraído por la presencia de las focas. Pesa hasta 700 kilos, pero es ágil para correr y nadar.

Allí están también la morsa, único animal de inspirar temor a los osos; la zorra ártica, que se alimenta de los restos de focas dejados por los osos, y del reno, vigoroso, resistente, verdadero auxiliar del hombre hiperbóreo.

REGION ARTICA

Las aves se hallan magníficamente representadas: 7 especies de pingüinos, 5 de albatros, 15 de petreles, 3 de cormoranes, 1 de pato, 1 de paloma antártica, 2 de skúas, 1 de gaviotas y 2 de gaviotines.

El pingüino no necesita presentación, ni el emperador, el mayor de todos, ni el pingüino rey, ni las restantes especies. Se diferencian por la forma del pico y de las patas, cubiertas o no de plumas, por si poseen o no copete, etc.

Pero todos tienen un enemigo mortal: el leopardo marino. También son sus enemigos las gaviotas, que desde el aire se apoderan de las crías y de los huevos.

Los albatros vuelan y planean en forma perfecta. Su resistencia se pone a prueba durante las tormentas (el albatros errante posee hasta 3,50 metros de envergadura).

Los petreles suelen seguir a las embarcaciones durante largas horas.

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