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EL DIRECTORIO. LA CONCENTRACION DEL PODER

Los acontecimientos europeos anunciaban el próximo retorno del monarca Fernando VII al trono peninsular después de las derrotas sufridas por Napoleón en sus campañas. Era evidente que el monarca restaurado no tardaría en enviar una expedición armada hacia el Río de la Plata para sofocar la revolución con ayuda de los realistas de Montevideo.

La delicada situación externa unida a los contrastes sufridos por el ejército porteño en Vilcapugio y Ayohuma y las disensiones internas determinaron que se llevara a la práctica la concentración del Gobierno en una sola persona, anhelo que desde tiempo atrás sostenían los “alvearistas”.

El 8 de Septiembre de 1813, la Asamblea decidió suspender por un tiempo sus sesiones y nombrar una Comisión permanente de cinco miembros que debía convocar a los diputados en caso de necesidad.

Por la misma resolución autorizó al Triunvirato “para que obre de por sí, con absoluta independencia durante la suspensión de las sesiones”. Esto significaba otorgar al Gobierno “facultades extraordinarias”(1).

(1) Dice el historiador Emilio Ravignani: “No hay que sorprenderse, pues, que más adelante se haga uso de estas facultades extraordinarias, las cuales no se originaron ni en 1820 ni en tiempos de Rosas, sino en 1813”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

La Asamblea reanudó sus sesiones el 1 de Octubre hasta el 18 de Noviembre de 1813 en que volvió a conceder al Ejecutivo “facultades extraordinarias”.

El 21 de Enero de 1814 la Asamblea reanudó sus sesiones, convocada por el segundo Triunvirato. El último -compuesto en esa época por Gervasio Antonio de Posadas(2), Nicolás Rodríguez Peña y Juan Larrea- elevó una Nota indicando que era indispensable “la concentración del poder en una sola mano”.

(2) El 19 de Agosto de 1813 Posadas reemplazó a Alvarez Jonte en el cargo de vocal del Triunvirato. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Sometida la Nota a discusión y expuestos los pareceres de los diputados, la Asamblea decretó la concentración del Poder Ejecutivo en una sola persona “bajo las cualidades que establecerá la ley”.

- Creación del Directorio

El 26 de Enero de 1814 la Asamblea creó el Directorio Supremo del Río de la Plata y “por universalidad de votos” eligió para dicho cargo a Gervasio Antonio de Posadas y dispuso que el nuevo funcionario cruzaría su pecho con una banda bicolor, blanca al centro y azul a los costados(3).

(3) “Art. 1.- La Asamblea ordena que en la persona en quien se concentrase la Suprema Potestad Ejecutiva recaigan todas las facultades y preeminencias acordadas al Supremo Gobierno por el Estatuto del 27 de Febrero de 1813.
“Art. 2.- Ella será distinguida con la denominación de Director Supremo de las Provincias Unidas; tendrá el tratamiento de Excelencia y la escolta competente.
“Art. 3.- Llevará una banda bicolor, blanca al centro y azul a los costados, terminada en una borla de oro, como distintivo de su alta representación”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

El Director Supremo duraba dos años en sus funciones y sería acompañado en su gestión gubernativa por tres Secretarios.

También la Asamblea creó un Consejo de Estado, organismo consultivo compuesto por un Presidente (que reemplazaría al Director Supremo en caso de ausencia o enfermedad), un Secretario y siete Vocales.

La Asamblea designó presidente del Consejo de Estado a Nicolás Rodríguez Peña(4).

(4) Entre los siete Vocales del Consejo de Estado figuraban los tres Secretarios o Ministros del Director Supremo. Desde la Semana de Mayo la evolución política de los Gobiernos porteños había seguido el siguiente proceso: Primera Junta, Junta Grande, los Triunviratos y el Directorio. Con este último, el Gobierno Nacional se concentraba en una sola persona. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

El Director Posadas asumió el mando el 31 de Enero de 1814 y fueron sus ministros Nicolás Herrera, de Gobierno y Relaciones Exteriores; el coronel Francisco Javier Viana, de Guerra; y Juan Larrea, de Hacienda.

Los hechos más destacados de su Gobierno fueron la creación de la Escuadra Naval -puesta a las órdenes de Brown-; la rendición de la plaza de Montevideo después de un largo sitio; y el envío de misiones diplomáticas al exterior(5).

(5) Aunque en sus Memorias escribió Posadas: “Yo goberné y no fui gobernado”, la mayoría de los historiadores opinan que durante su período de mandato la cabeza dirigente fue su sobrino Carlos María de Alvear. Joven aún, el último no deseaba ocupar todavía el alto cargo de Director Supremo hasta aumentar su prestigio con triunfos militares en la Banda Oriental y en el Norte, objetivos a los que dedicó sus energías. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- Posadas. Director Supremo

Una de las primeras consecuencias del creciente dominio de Carlos María de Alvear fue la elección de un nuevo jefe del gobierno. Las graves circunstancias militares, a las que se agregaba la noticia de una formidable expedición española contra el Río de la Plata, convenció de la necesidad de reforzar el Gobierno creando el Poder Ejecutivo unipersonal.

El 22 de Enero de 1814 así lo resolvió la Asamblea instituyendo Director Supremo del Estado a Gervasio Antonio de Posadas -tío de Alvear- designado por la influencia de éste.

Mientras José de San Martín consolidaba la frontera Norte con la colaboración de su ahora subordinado Manuel Belgrano, Manuel de Sarratea se entrevistaba en Río de Janeiro con Lord Strangford haciéndole proposiciones que implicaban la claudicación de los propósitos por los que se seguía luchando en las Provincias Unidas: la reconciliación con España, salvo que ésta exigiera una sumisión incondicional.

Esta gestión diplomática había nacido del pánico en que había caído cierto sector del Gobierno porteño al ver a Montevideo reforzado, anunciarse una expedición marítima con destino a ese puerto y ver derrotado al Ejército del Norte.

Las perspectivas de una catástrofe parecieron bastante claras y segura la represión sangrienta de los españoles sobre los rebeldes. La mediación solicitada a Gran Bretaña tenía por objeto lograr una salida honorable -autonomía dentro de la dependencia de España- que salvara algo de la revolución y el pellejo de los revolucionarios.

Pero como los resultados de la mediación eran inseguros y en el mejor de los casos los términos de la transacción serían mejores cuanto más fuerte fuese la posición militar de los revolucionarios, se decidió hacer un esfuerzo supremo para poner fin al dominio español de Montevideo, plaza que constituía una llaga abierta en la anatomía estratégica de la revolución. A ese propósito se adhirieron también quienes seguían creyendo en la suerte final de la causa abrazada.

La situación de la Banda Oriental había pasado por momentos difíciles por las complicaciones políticas derivadas de la oposición de José Artigas al Gobierno de Buenos Aires y de las tratativas de armisticio con Gaspar de Vigodet, que en un anterior momento de pesimismo había intentado este Gobierno.

En Enero de 1814 Artigas abandonó el sitio de Montevideo, pero las consecuencias militares de esta defección fueron subsanadas con la creación de una escuadrilla naval, al mando de Guillermo Brown, que tras el combate de Martín García bloqueó el puerto de Montevideo.

Hacia el mes de Abril era evidente que con un poco más de esfuerzo y salvo la llegada de una expedición auxiliadora desde España, la suerte de la plaza estaba echada.

Alvear comprendió que tal circunstancia le brindaba la oportunidad de obtener el lucimiento militar que su ambición ansiaba(6).

(6) Posadas no podía negarle ese favor, que se apoyaba en un prestigio militar público aunque no probado, pero no se animaba a desplazar a Rondeau que había hecho la parte más dura de la campaña. La solución vino con el pedido de relevo de San Martín a su mando en el Norte, a causa de su salud, afectada por una úlcera que le atormentaría largos años. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Posadas ascendió a Rondeau al grado máximo de la jerarquía militar, lo envió al Norte y nombró a Alvear jefe del ejército sitiador de Montevideo.

El juvenil comandante -tenía 26 años- asumió el mando el 17 de Mayo, al mismo tiempo que Brown deshacía a la escuadrilla española. Al cabo de un mes, las privaciones de Montevideo eran tales que Vigodet abrió negociaciones y se firmó poco después una Capitulación en la que se estipulaba que la plaza se entregaba a Buenos Aires a condición de que su Gobierno reconociera su dependencia de Fernando VII que acababa de regresar al trono.

La cláusula excedía las atribuciones de Alvear pero éste no titubeó en aceptarla dispuesto ya a lo que después ejecutó; el 22 de Junio, entregada ya la plaza, adujo que Vigodet no había ratificado la capitulación y consideró la plaza rendida “a discreción”.

La alegría por el triunfo de Montevideo se vio nublada por la noticia del fin del cautiverio de Fernando VII. Poco después el Imperio napoleónico se derrumbaba y los monarcas legitimistas quedaban con las manos libres. España podía actuar sobre sus colonias rebeldes y esperar aún una ayuda de sus aliados. La llegada de una expedición española de gran poder parecía inminente.

A su vez Lord Strangford, desde Río de Janeiro, convencido de que España tenía poder suficiente para poner fin a la rebelión, recomendaba al Gobierno de Buenos Aires retirarse de la lucha honorablemente.

En Buenos Aires la opinión política se dividió en dos sectores: los que preferían arriesgarlo todo y en su caso perderlo todo, siguiendo adelante con sus afanes de independencia; y los que antes que perder todo preferían negociar y salvar algunos derechos para el Río de la Plata.

Perplejo ante la disyuntiva, Posadas exclamaba: “El maldito Napoleón la embarró al mejor tiempo” y agregaba: “Nos ha dejado en los cuernos del toro”.

Hombre de leyes y argumentos, Posadas se inclinó por la negociación. Sarratea -desde Londres- felicitaba al rey por su liberación. La Asamblea consideró que el cambio de la situación internacional era tan drástico que obligaba a cambiar las orientaciones del Gobierno. Todo el grupo alvearista se inclinó en favor de la negociación, incluso revolucionarios de la primera hora como José Moldes.

La Asamblea autorizó a Posadas a realizar las negociaciones necesarias con la Corte de España -sujetas a la ratificación de la Asamblea- y el 13 de Septiembre de 1814 se decidió enviar dos representantes ante la Corte española, misión que hacia fin del año se encomendaría a Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia.

La capacidad y pundonor de los enviados salvaría la dignidad de la empresa.

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