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Directorio de Alvear

- Sublevación del Ejército del Norte

En Mayo de 1814 Gervasio Antonio de Posadas designó -a Carlos María de Alvear- Jefe del Ejército sitiador de Montevideo, en reemplazo de José Rondeau.

El Ejército destacado en el Norte también sufrió cambios en el mando. A fines de Enero de 1814 José de San Martín reemplazó a Manuel Belgrano, quien había solicitado su relevo.

Sin embargo, en Marzo de ese año, el nuevo jefe solicitó licencia para trasladarse a Córdoba, argumentando motivos de salud. Las tropas quedaron interinamente al mando del coronel Francisco de la Cruz.

El Director Supremo autorizó la licencia de San Martín y lo reemplazó por José Rondeau, quien se hizo cargo del Ejército del Norte en Julio de 1814.

Mientras tanto, Alvear -de regreso en Buenos Aires después de su campaña en Montevideo- dispuso agregar nuevos éxitos a su carrera militar, esta vez al frente del ejército destacado en la frontera Norte.

Deseaba emprender una rápida y victoriosa campaña que lo llevara no sólo hasta el Alto Perú sino también al Ecuador y si era posible a Bogotá.

En un campamento erigido en Olivos, Alvear disciplinó las tropas que habían regresado de Montevideo -a las que incorporó españoles prisioneros- y también a efectivos de Buenos Aires.

- La sublevación de las tropas

Tal como se suponía, el Director Posadas nombró Jefe del Ejército del Norte a su sobrino Alvear en reemplazo de Rondeau; acompañado de su Estado Mayor, el nuevo jefe partió inmediatamente hacia ese destino.

Mientras tanto, un grupo de oficiales del ejército acampado en Jujuy al enterarse de los cambios se declaró abiertamente en favor de Rondeau y en la noche del 7 de Diciembre de 1814 los coroneles Martín Rodríguez, Manuel Pagola, Carlos Forest y otros, lograron apresar a varios militares partidarios de Alvear.

Los sublevados comunicaron a Rondeau que estaban dispuestos a sostenerlo por la fuerza de las armas si las circunstancias así lo requerían.

Por su parte, Alvear se encontraba en la provincia de Córdoba -Posta de Santa Cruz- camino a Jujuy cuando se enteró de lo sucedido. Después de enviar una enérgica desaprobación a esa actitud de indisciplina militar, dispuso regresar a Buenos Aires, antes que los sucesos agitaran aún más la ya crítica situación y encontraran apoyo en las tropas de la capital.

El 18 de Diciembre de 1814, Rondeau informó oficialmente al Gobierno de lo ocurrido y le anunciaba “que había tornado las medidas que le dictaba la prudencia para aquietar los ánimos”.

Cuando Alvear llegó a Buenos Aires la opinión pública censuraba la actuación de Posadas, debido a la reciente sublevación del Ejército del Norte, al fracaso de la misión diplomática de Belgrano y Rivadavia y a la situación en que se encontraban las provincias, en buena parte dominadas por la acción de Artigas.

Alvear exigía al Gobierno un plan enérgico de represión y de severos castigos, lo que motivó -junto con la sublevación del Ejército del Norte- la renuncia del Director Supremo Gervasio de Posadas con fecha 9 de Enero de 1815.

- Directorio de Alvear. Los núcleos de oposición al nuevo Director

La Asamblea discutió la renuncia presentada por Posadas y, luego de aceptarla, puso a votación la persona que debía sucederle por el tiempo que le faltaba para terminar su período.

Por mayoría de sufragios la elección recayó en el general Carlos María de Alvear quien prestó juramento el 10 de Enero de 1815.

- Alvear en el poder

El 10 de Enero Carlos de Alvear asumió el cargo de Director Supremo, mientras la bandera española flameaba en el Fuerte, reemplazando desde hacía varios meses a la celeste y blanca como signo de la política de apaciguamiento iniciada por Posadas.

El nuevo Director Supremo -que sólo gobernó tres meses- mantuvo los ministros del Gobierno anterior. Alvear confirmó a todos los ministros del gabinete de su predecesor -como expresión de continuidad política- pero si esto satisfizo a su partido concitó inmediatamente en su contra a todos los partidarios de la “independencia a cualquier precio”.

Alvear asumió el poder en circunstancias muy difíciles, ya que el contexto no era propicio al nuevo mandatario. El mismo día del juramento, su segundo, Manuel Dorrego, era derrotado en la Banda Oriental y como consecuencia de este contraste las tropas de Buenos Aires debieron abandonar ese territorio.

Dorrego, totalmente batido por José Artigas en Guayabos, dejó en manos de éste toda la campaña uruguaya y al artiguismo encendiendo la guerra civil en el Interior.

A esto hay que agregar para Alvear el retorno de Fernando VII al trono español -un nuevo peligro a los ya provenientes de la acción española en Chile y el Alto Perú- y la amenaza de una invasión atlántica; la sublevación del Ejército del Norte; y la opinión pública de Buenos Aires, enconada y recelosa.

Apoyado por la Logia Lautaro(1), el nuevo gobernante pretendió consolidarse en el mando a través de una acción enérgica y vigorosa que sólo sirvirá para precipitar su caída.

(1) A partir de la revuelta del 8 de Octubre de 1812 dos tendencias se hicieron presentes en el seno de la Logia Lautaro. El ideal revolucionario -defendido por San Martín- fue reemplazado por un partido personalista acaudillado por Alvear, lo que motivó la derrota de los partidarios del primero en la Asamblea del Año XIII.
Esta primera Logia Lautaro fue un dócil instrumento de Alvear y cayó junto con su jefe. Bajo la inspiración de San Martín surgió -en 1816- una segunda Logia Lautaro, con la dirección de Tomás Guido. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

La debilidad de su situación política no se le ocultaba al Director Supremo quien -apoyado por la Asamblea- trató de reunir en su torno a la opinión pública, alarmándola con la exposición de los peligros de la anarquía, pero los acontecimientos que siguieron con inusitada rapidez anularon los propósitos de Alvear.

- Conflicto con Cuyo
Con el objeto de afirmar su posición emprendió una reorganización militar, ascendiendo a un grupo de oficiales adictos y uniendo los ejércitos de Cuyo y Buenos Aires bajo su mando personal, con lo que quitaba autonomía de acción a San Martín.

Aprovechando un pedido de licencia de éste -expresión de su disgusto ante la situación- le privó también del mando político, reemplazándole por Perdriel como gobernador de Cuyo.

San Martín ocupaba el cargo de gobernador-intendente de Cuyo pero, enterado del cambio de Gobierno ocurrido en Buenos Aires presentó su renuncia, la que fue aceptada por Alvear quien, a su vez, designó reemplazante, como se dijo, al coronel Gregorio Perdriel, pero un cabildo abierto reunido en Mendoza rechazó la medida y confirmó a San Martín en el cargo(2)Así, las fuerzas vivas de Mendoza se opusieron a la designación de Perdriel y reclamaron la reposición de San Martín, con el conocimiento y la aprobación de éste.

(2) Para juzgar la importancia del episodio debe tenerse en cuenta que a los gobernadores-intendentes sólo los nombraba el Director Supremo. San Martín fue confirmado en el cargo por el Cabildo de Mendoza, contrariando órdenes expresas del Gobierno de Buenos Aires. Constituye, en consecuencia, un acto de federalismo. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Alvear carecía de poder efectivo para imponer su voluntad y temeroso de una alianza de hecho entre Artigas, Rondeau y San Martín optó por rever su decisión y confirmar a éste como gobernador.

- Conflicto con el Ejército
Casi simultáneamente Alvear pretendió un acercamiento con el Ejército del Norte, pero José Rondeau le negó obediencia.

El 30 de Enero de 1815 el Ejército del Norte, considerando que la presencia de Alvear al frente del Gobierno no ofrecía garantía de que se continuara la lucha contra los realistas y se materializara la independencia, aprovechó el resentimiento de Rondeau contra el Director y se declaró en rebeldía, negándole obediencia a éste.

- Conflicto con Artigas
También inició negociaciones con Artigas para llegar a un arreglo en base al reconocimiento de la independencia de la Banda Oriental a cambio de que el caudillo retirara sus fuerzas del Litoral; las gestiones fracasaron por negativa del último(3).

(3) No sólo en el Norte y en Cuyo la situación era desfavorable para Alvear, por cuanto Artigas controlaba la Banda Oriental y varias provincias a través de gobernadores adictos: en Entre Ríos el caudillo Eusebio Hereñú; en Corrientes, Juan Bautista Méndez; Francisco Candioti, en Santa Fe; y José Javier Díaz, en Córdoba. La bandera nacional fue reemplazada por la artiguista, de color celeste y blanco pero cruzada en diagonal por una franja roja. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Entretanto, Miguel Estanislao Soler se encontraba aislado en Montevideo y prácticamente rodeado por los artiguistas quienes pasaban ya a dominar en la Mesopotamia: a fines de Enero, Corrientes se pronunció por Artigas y el 1 de Marzo el entrerriano Hereñú haría lo mismo en La Bajada del Paraná.

Alvear abrió negociaciones con Artigas, llamándole a la paz por intermedio de Nicolás Herrera, pero la respuesta de aquél fue la de quien está seguro de vencer: no negociaría mientras no se le entregase la plaza de Montevideo.

Aceptar esta pretensión significaba un gran peligro en momentos en que corrían noticias seguras de la partida de la expedición del general Pablo Morillo y Morillo hacia el Río de la Plata y cuando se sabía que Artigas y Fernando Otorgués habían abierto negociaciones con el embajador español en Río de Janeiro.

Además, años de esfuerzos y sacrificios se habían invertido en conquistar la plaza. Pero Alvear, que veía derrumbarse a su alrededor todos sus sueños de poder, accedió y ordenó la evacuación (25 de Febrero de 1815).

Todavía hizo más, pues considerando indefendible a Entre Ríos, también la evacuó, dejándola en manos de los artiguistas. Creyó Alvear que entonces el caudillo oriental accedería a la paz, pero se equivocaba totalmente.

Artigas ya no aspiraba sólo a la libertad de su provincia sino que perseguía pretensiones de hegemonía nacional, tanto personales como referidas a la imposición de un sistema que destruyera el centralismo porteño.

Se trataba de una franca lucha por la dominación y Artigas no iba a ceder en el momento en que avizoraba el triunfo. Por el contrario, al ver libres sus fuerzas de las anteriores ataduras, extendió su influencia sobre Santa Fe y Córdoba.

El Gobierno porteño había tratado últimamente a Santa Fe como un dique contra el artiguismo, sometiéndola a esfuerzos económicos y militares que, unidos a la interrupción de su comercio con la Banda Oriental y el Paraguay, la empobrecieron notoriamente.

Tampoco Alvear acertó en aplicar a Santa Fe una política de fomento económico y de autonomía política. Ni tuvo tiempo para ello. La opinión santafesina se inclinaba rápidamente por Artigas, quien se presentaba con todos los prestigios del vencedor.

A fines de Marzo de 1815, Hereñú se posesionó de Santa Fe y a mediados de Abril el propio José Artigas era recibido en triunfo.

Córdoba se sentía menos afín a los postulados artiguistas y al estilo personal del caudillo, pero veía en él una protección contra el centralismo porteño que ya se hacía molesto.

Un grupo de destacados vecinos invitó a Artigas a intervenir y éste audazmente intimó al gobernador Francisco Ortiz de Ocampo -hombre de provincia y conciliador- a abandonar el cargo en 24 horas si no quería verse atacado por sus fuerzas.

Ortiz de Ocampo indicó como promotores de la amenaza a José Javier Díaz, Juan Pablo Bulnes y Miguel del Corro, y presentó su renuncia. El 29 de Marzo de 1815 el Cabildo cordobés aceptó la protección de Artigas y nombró a Díaz gobernador.

Combatido por la opinión pública puede afirmarse que la jurisdicción de Alvear -en su carácter de gobernante- no pasaba de una fracción de la actual provincia de Buenos Aires.

El encono aumentó cuando dio a conocer un decreto por el cual condenaba a muerte a todo el que censurase su actuación.

Dentro mismo de Buenos Aires se desarrollaba una sorda resistencia al Director, con quien el Cabildo porteño había entrado en franco litigio y había observado una actitud prescindente en el conflicto con Artigas, privando así a Alvear del apoyo de las fuerzas vivas de la capital.

Ante este atolladero, Alvear -cuya capacidad política estaba lejos de tener las medidas de su ambición- dio a su Gobierno el carácter de una dictadura militar. Concentró las fuerzas militares en Olivos bajo su mando inmediato e inició una política de opresión que produjo efectos diametralmente opuestos a los que buscaba.

Una legislación represiva, arrestos, destierros y vejámenes dieron la tónica(4).

(4) La máxima expresión de esto fue la ejecución del capitán Marcos Ubeda, acusado de conspirar contra el Gobierno y que apareció colgado en la Plaza de la Victoria el Domingo de Pascua. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Paralelamente, la política de apaciguamiento se había transformado en franco derrotismo y despertaba fuertes sospechas en los más variados ambientes. La política alternativa de Posadas: resistencia armada y negociaciones simultáneas con España, no pareció suficiente a la facción gobernante.

Nadie ha expresado más clara y dramáticamente ese clima de claudicación que Nicolás Herrera, uno de los pilares del régimen. Refiriéndose a su adhesión a la revolución emancipadora en 1810 dice:

En aquella época fui yo uno de los que creí que el continente del Sur vendría a ser muy luego una nación grande y poderosa. Buenos Aires puso en ejecución todos sus recursos y nadie pensó que el torrente de la opinión no allanase los pequeños obstáculos que se oponían al proyecto de su independencia; pero desde el principio nuestras pasiones, o nuestros errores, empezaron a paralizar su ejecución.
Los partidos se multiplicaron con las frecuentes revoluciones populares; la división que pone trabas y se hacía sentir en nuestras filas aseguró el triunfo por más de una vez a los enemigos y la necesidad de reparar los ejércitos destruidos agotaba los recursos del Estado.
Los gobernadores, oprimiendo los pueblos, hacían odioso el sistema; las contribuciones aniquilaban las riquezas territoriales; el comercio pasó a manos extranjeras; se abandonaron las minas; la población empezó a sentir los estragos de la guerra; y en esta continuación calamitosa las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma hacían la última demostración de que la América en su infancia no tiene Estado para constituirse en nación independiente.
No hubo a la sazón un solo hombre de juicio que no perdiese todas sus esperanzas, y hasta los más ambiciosos rehusaban tomar parte en la Administración del Gobierno porque todos veían la imposibilidad de mantener el sistema.
En tan aparente situación no queda otro recurso que reparar los quebrantos del modo más posible, y tomar una actitud imponente, no para llevar adelante una independencia quimérica sino para sacar un partido ventajoso que ofreciesen las diligencias ulteriores(5).

(5) Nicolás Herrera a José Rondeau, del 22 de Agosto de 1815. Archivo G.eneral de la Nación X-9-5-2. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Alvear había caído en similar pesimismo y no es raro entonces que haya avizorado dos variantes a la política diplomática de Posadas: la posibilidad de un acuerdo con Portugal que pusiera a salvo al país de una venganza española, y aún la conveniencia de someterse al dominio de Inglaterra, a cuyo efecto envió a Manuel José García a Río de Janeiro a fines de Enero de 1815.

- Pronunciamiento de Fontezuelas

A comienzos de Abril de 1815 y debido a la situación imperante, Alvear salió de Buenos Aires y se refugió -con fuerzas que le eran adictas- en el campamento de Olivos, y mientras Manuel José García se preparaba a dar los primeros pasos de su infausta misión, la situación de Alvear en Buenos Aires se volvía insostenible.

Optó entonces por el único camino que le quedaba: sólo una victoria militar podía alterar la situación a su favor y devolverle el poder perdido. Decidió apoderarse de Santa Fe, a cuyo fin envió una división al mando del coronel Ignacio Alvarez Thomas, a la que debían seguir otras fuerzas.

Para desgracia suya, la solución era tardía.

Para derribar al Director Supremo los opositores llegaron a un acuerdo con Artigas quien de inmediato dispuso avanzar sobre Santa Fe para luego dirigirse a Buenos Aires. Es que la resistencia había ganado cuerpo dentro del propio ejército en que aquél pretendía apoyarse.

Enterado Alvear, ordenó la salida de 1.600 hombres a las órdenes del brigadier Ignacio Alvarez Thomas pero cuando estas tropas llegaron a Fontezuelas -cerca de Arrecifes, en la ruta a Santa Fe- su jefe -de acuerdo con sus oficiales- se sublevó contra el Director Supremo (3 de Abril de 1815) al mismo tiempo que negoció con Artigas, proclamando el fin de la guerra civil.

Desde ese lugar dirigió una violenta proclama al Gobierno e hizo presente el descontento popular debido a los errores cometidos; en consecuencia exigió la renuncia de Alvear y su reemplazo por un mandatario que contara con el apoyo general.

El Manifiesto de los sublevados -a la vez que expresa las tendencias del movimiento- muestra hasta qué punto la conducta de la facción alvearista había irritado a sus adversarios.

La presión acumulada en los cortos meses de su Gobierno estalla en los términos del Manifiesto: la tratan de “facción aborrecida” que se había apropiado del patrimonio del Estado y que tiranizaba al resto de sus compatriotas; de “Administración corrompida” que ahora pretendía reanudar una desgraciada guerra civil; y se comprometían a no obedecer al Gobierno mientras estuviese presidido por Alvear o alguno de los suyos.

Junto al ademán localista -las tropas que mandaban eran “privativamente de la provincia de Buenos Aires”- se advierte el gesto de alcance nacional: poner fin a la guerra fratricida y concurrir todos al esfuerzo contra el enemigo común.

A la vocación compartida por las autonomías locales se agregaba la voluntad de vencer a los realistas y alcanzar la independencia. Por encima de las circunstancias anecdóticas éstas son las dos características básicas del movimiento: federalismo e independencia.

El centralismo de Buenos Aires se había justificado hasta entonces en la necesidad de conducir en forma homogénea y ortodoxa la revolución emancipadora, pero una crisis de fe en ese gran objetivo había generado entre sus propios hombres a los heterodoxos de la claudicación.

La bandera revolucionaria había caído de las manos de Buenos Aires y con ella la necesidad y el pretexto de la dominación capitalina. Desde ese momento la marcha hacia la independencia debía ser una marcha de todos.

- Disolución de la Asamblea. Caida de Alvear

La actitud de Alvarez Thomas y su ejército en Fontezuelas encontró apoyo en Buenos Aires, donde el movimiento fue dirigido por Estanislao Soler.

El movimiento de sublevación se expandió rápidamente a otros Cuerpos militares. Alvear -fuera de sí- quiso resistir, pero sus propios seguidores le instaron a renunciar. Así lo hizo, pero pretendió conservar el mando militar, lo que revelaba su intención de recuperar el poder. Es que al llegar a la capital la noticia de la sublevación, Alvear optó por elevar su renuncia a la Asamblea, pero retuvo el mando de las tropas.

El Cabildo de Buenos Aires designó en su reemplazo un Triunvirato formado por Rodríguez Peña, San Martín y Matías Irigoyen. Ante la desaprobación popular, el 15 de Abril de 1815 el Cabildo aceptó la renuncia de Alvear, proclamó la disolución de la Asamblea y declaró nulo el efímero tercer Triunvirato. Desde ese momento el Ayuntamiento de Buenos Aires se atribuyó funciones gubernativas.

Desde ese 15 de Abril de 1815 el Cabildo porteño -haciéndose intérprete de la opinión general- le reclamó al Director la entrega del mando de armas y asumió el Gobierno de la provincia. Alvear perdió completamente el control y pretendió entrar en la ciudad a sangre y fuego. El Cabildo pidió auxilio a Alvarez Thomas, quien bajó hacia la capital a marchas forzadas, declarando a Alvear “reo de lesa patria”.

En medio de una tensión imposible, Alvear, a quien ya nadie seguía, aceptó el consejo de sus amigos y bajo la garantía de los vencedores finalmente entregó el mando de su ejército al general Juan José Viamonte y se alejó de inmediato embarcándose en una fragata inglesa hacia el exterior (a Río de Janeiro).

Había ofrecido poner todo el país bajo la bandera británica y ahora ésta, benigna, protegía sólo su cabeza.

La insurrección de Abril de 1815 ha sido llamada “movimiento federal” por cuanto el Gobierno establecido en Buenos Aires fue derribado por la presión de las fuerzas del Interior. Contribuyeron -en mayor o en menor grado- la rebelión del Ejército del Norte, el Litoral sublevado a las órdenes de Artigas y las provincias de Cuyo que desconocieron la voluntad del Director Supremo.

En la misma Ciudad de Buenos Aires la opinión pública se volcó contra el Gobierno y precipitó los acontecimientos que determinaron la disolución de la Asamblea, la caída de Alvear y la entrega del poder al Cabildo.

- Conclusiones

El saldo del Gobierno de Alvear era nefasto: bajo la aparente concentración dictatorial del poder se había producido una verdadera descomposición, y al final del proceso era evidente que el Estado pergeñado por Buenos Aires estaba desintegrado.

La Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe se habían declarado provincias independientes. Córdoba había aceptado la protección de Artigas. Buenos Aires misma reclamaba su libertad de acción provincial exaltada por su Cabildo y “sus tropas”; el Ejército del Norte se autogobernaba -apoyado en las provincias del Noroeste y Cuyo- y constituía la base de poder de otro jefe y otro ejército.

El movimiento triunfante tenía dos opciones: ir hacia una Confederación incoherente con José Artigas, o con José de San Martín hacia la organización de la Nación unida en la lucha por la independencia.

Reconocía concomitancias con ambas tendencias y debía elegir su camino.

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