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EL TRIUNFO DE ARTIGAS EN SU GUERRA CON EL DIRECTORIO

Blas Basualdo retrocedió hacia Corrientes, donde derrotó a Genaro Perugorría y lo envió al campamento de José Gervasio Artigas. Este lo hizo fusilar por traición; fue uno de los pocos enemigos fusilados por orden del caudillo. A continuación, Basualdo avanzó hasta Corrientes, ocupó la ciudad y repuso al artiguismo en el mando. Después de varias semanas se retirará nuevamente hacia el Sur.

Artigas reorganizó sus fuerzas en la Banda Oriental, al norte del río Negro. Hasta allí lo fue a buscar Manuel Dorrego, que unió a sus fuerzas las de Eusebio Valdenegro y Leal; pero aún así apenas contaba con 800 hombres frente a los casi 2.000 de los artiguistas. Pidió ayuda a Juan José Viamonte, pero éste estaba prácticamente cercado por los adversarios -entre los que figuraba Francisco Ramírez- y no pudo aportarle nada.

El 10 de Enero de 1815, en la batalla de Guayabos o de Arerunguá, los artiguistas -al mando de Rufino Bauzá y Fructuoso Rivera- destrozaron al ejército de Dorrego. Basualdo ocupó Concepción del Uruguay, de modo que Dorrego y Viamonte huyeron a Buenos Aires.

La noticia de la derrota llegó a Buenos Aires cuando ya era Director Supremo Carlos María de Alvear. Este decidió que, si Artigas y sus hombres no querían obedecer al Gobierno porteño, es porque quería gobernar una Banda Oriental independiente.

Entregó Montevideo a los artiguistas el 4 de Marzo de 1815, saqueándola previamente; se había llevado todas las armas, pólvora y municiones, y los regimientos formados por esclavos. Los comercios estaban vacíos y el Tesoro no tenía un peso.

- Gestiones de Eusebio Valdenegro y Leal

Mientras la provincia de Corrientes se reorganizaba con el gobernador José de Silva, los asuntos políticos entre el Litoral y Buenos Aires tendían hacia la paz. El gobernador de Entre Ríos, coronel Eusebio Valdenegro y Leal, a cargo de la campaña militar por parte del Directorio, recibe orden de volver a Buenos Aires con la fuerza veterana a sus órdenes, para cortar la guerra civil, debiendo antes gestionar de Artigas la firma de un armisticio que dejase los arreglos definitivos a la obra de diputados.

Y para explicar a Artigas los propósitos de Buenos Aires, se acreditó al coronel Elías Galván y luego, el 5 de Marzo, sin perjuicio de su representación, al coronel Guillermo Brown.

En Nota del 14 de Marzo de 1815, el Director Carlos María de Alvear -que había sustituido a Gervasio Antonio de Posadas- comunicaba el hecho, “gozoso de que desaparezcan las diferencias y (los pueblos) se unan para la defensa común”.

Valdenegro y Leal retardó el cumplimiento de las Instrucciones que le ordenaban volver. Con fecha 12 de Febrero de 1815 desde su Cuartel en el Uruguay, se dirigió al general José Gervasio Artigas solicitando la unión.

Si la falta -le decía- de esta subdivisión de provincias y la del régimen interior de cada una de por sí ha producido nuestras anteriores enemistades, verificada hoy, es la que debe fijar nuestro destino en una paz octaviana”, y luego de abundar en las consecuencias del Decreto del 10 de Septiembre de 1814 que creara las provincias de Corrientes y Entre Ríos, como en la creación de la Banda Oriental(1), proponía que ni el general Artigas ni él -como jefe militar dependiente de Buenos Aires- se metiesen con Entre Ríos y Corrientes debiendo el primero retirarse a Montevideo.

(1) Este documento consta en el Registro General de la Nación, Legajos de 1810 a 1852, bajo el título: “Corrientes...”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

En igual sentido se dirigió a Blas Basualdo. En su respuesta, Basualdo -como jefe del Litoral- excusaba no poder armonizar con Buenos Aires por su política tiránica, y al ofrecerle toda clase de apoyo si se inclinaba con sus fuerzas hacia las aspiraciones populares, dejaba constancia de que todas las provincias aclamaban al general Artigas.

Valdenegro y Leal defendió los puntos de vista de su Gobierno, el crudo centralismo porteño, sosteniendo que “la libertad no es la licencia” y que el jefe del Litoral estaba mal informado.

A todo esto Buenos Aires urgía el retorno del gobernador de Entre Ríos y de las fuerzas veteranas a sus órdenes. Al primer llamado sigue otro, de que fue portador el oficial Manuel Dorrego, pero Valdenegro y Leal se siente coartado.

Para determinar su pensamiento hizo Junta guerrera de oficiales, con presencia del mismo Dorrego, resolviéndose el 6 de Febrero de 1815 avanzar hasta cerca del ejército de Basualdo para imponerle la paz con la demostración de su poderío.

En su Oficio del día 13 insistió en explicar su conducta que buscaba borrar, en los enemigos, la impresión de debilidad que recibieron cuando se supo la orden del retiro de las fuerzas.

El Gobierno de Buenos Aires no aprueba esta conducta y lo llama una y más veces ante el fantasma de la expedición marítima que España prepara al Río de la Plata. El 25 de Febrero de 1815 ya reitera la orden responsabilizándolo de las consecuencias ante un Consejo de Guerra.

Las gestiones de Valdenegro y Leal, al margen de lo dispuesto desde Buenos Aires, desde que sólo debía negociar un armisticio, debió dañar a la misión encomendada a Galván y a Brown. El perjuicio debió ser, no obstante relativo. En efecto; Brown llevaba Instrucciones inadmisibles para el interés económico del Litoral cuya síntesis es la siguiente:

1.- Impondría al general Artigas de la resolución de respetar la independencia de la provincia Oriental.
2.- Que ambas provincias -con todos los Estados- sostendrían la independencia general de toda fuerza que intentare subyugarlos, auxiliándose mutuamente con armas, tropas, escuadras, dinero y con cuánto estuviere a su alcance.
3.- Que entretanto se constituye el país y recibiera la forma de gobierno por un Congreso General de todos los pueblos, se siguiera el comercio libremente entre la provincia Oriental, la de Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires, sin pagar derecho alguno en su tráfico interno y, con respecto al comercio extranjero, no se cobrarían en dichas provincias los mismos derechos por no introducir una alteración que sería “funesta al Estado”.
4.- Que se respetarían las propiedades y personas de los nativos de dichas provincias y se echaría un velo sobre el pasado.
5.- Se devolverían los prisioneros, pudiendo los Gobiernos tener sus banderas de recluta en donde les acomodase.
6.- Habría la mejor armonía entre las tres provincias en lo civil, mercantil y político, y continuarían las relaciones sin novedad ni alteraciones “que perjudiquen mutuamente los intereses respectivos”.

Estas Instrucciones -fechadas el 16 de Marzo de 1815- terminaban encareciendo a Guillermo Brown interpusiera todo su influjo para que la negociación encargada al coronel Galván sobre las bases de estas Instrucciones tuviese todo su efecto y se realizara sin demora un convenio que garantizara “los verdaderos intereses de las Provincias Unidas en medio de los grandes peligros que amenazan al Estado”.

Leyendo con detención el pliego de instrucciones vemos encerraba un programa máximo, el triunfo absoluto de Buenos Aires. Era la alianza con la Banda Oriental pero no con Corrientes y Entre Ríos; la pérdida -para éstas- de la Renta Aduanera sobre la materia prima que exportaban por el Puerto de Buenos Aires y sobre los efectos del comercio exterior de importación.

Buenos Aires, Puerto general y casi único, quedaría con toda la Renta y las provincias litorales con puertos fáciles, sin derecho a gravar de hecho el tráfico, empobrecidas y dependiendo de una nueva metrópoli. Agréguese el derecho de levantar banderas de recluta, vale decir, de remontar los ejércitos, como la falta de convención sobre la forma del gobierno futuro de las Provincias Unidas, y se tendrá un resumen del imperialismo de Buenos Aires.

El negociado no prosperó. El mismo general Alvear y los hombres que lo rodeaban, caen ante el empuje de las pasiones locales, ascendiendo al poder porteño Ignacio Alvarez Thomas.

De sus primeros actos de gobierno fue la reapertura de la gestión de paz, con cuyo propósito nombra diputado ante el general Artigas, el 11 de Mayo de 1815, al coronel Blas Pico y a Bruno Rivarola. Y para afirmar al Jefe oriental en la índole reaccionaria del movimiento a que debía su elevación al mando, Alvarez Thomas le envía con los diputados a “siete reos” políticos.

En los documentos conservados en el Archivo General de la Nación consta que los diputados se reunieron al habla con el general Artigas en la primera quincena de Junio de 1815.

Abiertas las conferencias se procuró por Buenos Aires el cese de la guerra y la cooperación con cañones, fusiles, dinero, etc. a las luchas contra Portugal, sin comprometerse a convenios políticos definitivos y, por el Jefe representativo del Litoral, el triunfo del programa principista que garantizase las formas de los Estados provinciales y su organismo económico.

El 23 de Junio de 1815, la diputación avisó a Buenos Aires su fracaso; no obstante nuestros ofrecimientos, comunicaba, Artigas no los acepta, habiéndonos entregado un pliego de condiciones de las que no quiere apartarse, pliego de condiciones que deplorablemente no se encuentra en el Archivo General de la Nación.

El aviso de los diputados era consecuencia de la Nota del 18 de Junio, que les pasara el jefe del Litoral, y en la que dando por cesadas las negociaciones decía:

No habiendo ajustado nuestros convenios es consiguiente regrese Vd. los presos que aquel Gobierno tuvo a bien poner a mi disposición”. La Junta de Observación, que como se sabe controlaba la política del Ejecutivo de Buenos Aires, se da por enterada del fracaso del negociado en Oficio del 27 de Junio de 1815.

Los historiadores del Plata no coinciden en el juicio de esta incidencia. Mientras unos ven en Artigas una gestión egoísta y personal, aplauden la sinceridad del núcleo de Buenos Aires que no podía comprometerse a soluciones de principios sin escuchar la voz de las demás provincias argentinas reunidas en Congreso, pero que ratificaba su buena voluntad con la múltiple cooperación militar prometida.

Otros exaltan el principismo de los hombres del Litoral, su deseo de enrolar a Buenos Aires en sus puntos de vista, no sólo porque importaba una aliada poderosa, sino porque prácticamente era la única que podría oponerse con eficacia, por su interés económico, a las formas federales de organización.

Sin el conocimiento del pliego de condiciones elevado por el general Artigas, que se sostiene fueron las comentadas Instrucciones pasadas a sus diputados en 1813, no correspondería un juicio definitivo. Faltaría el documento que garantizara su principismo, aunque los sucesos que le siguen lo prueban con relativa amplitud.

- El artiguismo en Santa Fe y Córdoba

En Santa Fe, el gobernador Eustaquio Díaz Vélez era resistido por la población, tanto porque era porteño y no había sido electo por la población como por los impuestos y contribuciones forzosas que hacía pagar a sus habitantes.

El 14 de Marzo de 1815 estalló una sublevación en la ciudad, y esa misma noche cruzaron a Santa Fe las fuerzas de Artigas y Eusebio Hereñú. Rodeado en el edificio de la Aduana, Díaz Vélez debió capitular el 24 de Marzo. Artigas entró en la ciudad y confirmó que la provincia entraba en la Liga de los Pueblos Libres, de los cuales él era el Protector.

El 26 de Abril de 1815 asumía como gobernador Francisco Candioti, el “príncipe de los gauchos”, el amigo de Artigas.

- Los autonomistas del Interior

Incitados por la victoria de Artigas en el Litoral, los federales de Córdoba obligaron a su gobernador directorial a dimitir, y el Cabildo nombró gobernador a José Javier Díaz. Éste anunció a Artigas que era su aliado, y al Gobierno porteño y las demás provincias que no se separaba de la obediencia del Director Supremo.

Si bien Díaz era un autonomista, nunca llegó a romper con el Directorio; envió sus diputados al Congreso de Tucumán y no impidió de ninguna manera las comunicaciones a través de su provincia. Por otro lado, nunca se sometió a la autoridad política de Artigas.

Por esta misma época se registraron algunos movimientos autonomistas en San Juan, en San Luis y en Santiago del Estero, cuyo espíritu era relativamente afín al artiguismo, pero fueron fácilmente derrotados.

La provincia de Mendoza se negó a aceptar la autoridad del Director Alvear, refrendando la de su gobernador local, el general José de San Martín. Pero esta rebelión se circunscribió a la persona de Alvear, y Mendoza, o mejor dicho la Provincia de Cuyo, se mantuvo firmemente sometida al Gobierno de Buenos Aires.

En cambio, el federalismo de hecho en la provincia de Salta -movilizada por el caudillo Martín Miguel de Güemes- logró un éxito absoluto. Sin embargo, Güemes nunca rompió formalmente con el Directorio. De hecho, después del fracaso de la tercera campaña al Alto Perú, las fuerzas del gobernador salteño se encargaron de la defensa de todo el país por la frontera Norte, la más amenazada por los ataques realistas(2).

(2) Tomás Guido. “Memoria” (1864), p. 390. “La principal amenaza es el ejército de Pezuela quien controla las provincias más ricas y pobladas del antiguo virreinato rioplatense y se apoya en el virrey Abascal, quien manda en el Perú”; y, en la misma obra, p. 395: “Una segunda amenaza es el Ejército Real de Chile, estimado en 3.500 hombres y muy superior a las defensas existentes en Mendoza”.

- La victoria artiguista se consolida

A principios de Abril de 1815, Carlos María de Alvear lanzó una poderosa expedición hacia Santa Fe, de más de 5.000 hombres(3) al mando de su ministro de Guerra, Francisco Javier de Viana.

(3) Alvear lanzó 5.000 hombres contra Santa Fe; cabe comparar esa expedición con el Ejército de los Andes, que contaba con 5.400 hombres, para medir la importancia que daba el Gobierno porteño a la conservación de la obediencia de esa provincia.

Este debía después pasar a la Banda Oriental o a Córdoba. Viana envió al coronel Ignacio Alvarez Thomas como vanguardia a ocupar San Nicolás de los Arroyos y Rosario. Estando en la Posta de Fontezuelas -posiblemente la actual Ciudad de Pergamino- se pronunció contra Alvear, anunciando que se negaba a usar sus fuerzas en una guerra civil y que contaba con el apoyo de todos sus oficiales y soldados.

Sugestivamente, unos días antes había recibido la visita de un enviado de Artigas, con el que tuvo una entrevista a solas.

Días más tarde arrestó a Viana, aseguró a Artigas que firmaría un Tratado de Paz con él y que lograría la reunión de un Congreso verdaderamente representativo, y retrocedió a Buenos Aires. Encontró la ciudad convulsionada, con movimientos militares que pedían la deposición de Alvear, y se unió a ellas, reduciendo a las fuerzas leales acampadas en Olivos. Días después renunciaba Alvear y en su lugar el Cabildo porteño elegía al general José Rondeau y, como éste estaba en campaña hacia el Alto Perú, nombró como su delegado a Ignacio Alvarez Thomas.

La Asamblea se disolvió, los personajes más notables de la Logia fueron deportados y los oficiales que habían luchado contra Artigas le fueron enviados para que dispusiera de ellos. Pero él los puso en libertad, explicándoles que él no era “el verdugo de Buenos Aires”.

En 15 meses, Artigas había logrado pasar de la humillación a la victoria casi absoluta: dominaba por completo las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Misiones y la Oriental; era firmemente aliado de las de Córdoba y Santa Fe; y podía considerar al nuevo Gobierno de Buenos Aires como un aliado más o menos leal. Incluso se había convocado a un nuevo Congreso Nacional, con garantías de que los diputados serían elegidos libremente por cada provincia y que se reuniría en una ciudad del Interior: sería el Congreso de Tucumán.

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