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ANDRES ARTIGAS, COMANDANTE GENERAL DE MISIONES

- El regreso de Andrés Artigas a Misiones

El año 1815, en que Andrés Guacurarí y Artigas asumió el cargo de Comandante General de Misiones, fue también el del auge del federalismo artiguista en el Litoral, que se había extendido ya por la Banda Oriental, Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba y que conformaron la Liga de los Pueblos Libres.

- El surgimiento de la Liga de los Pueblos Libres

A partir de la segunda mitad de 1814 los federales artiguistas habían recuperado las posiciones perdidas en el Litoral: los porteños fueron una vez más derrotados y expulsados de Entre Ríos; en Corrientes, por su parte, fue puesto nuevamente en el cargo de gobernador, Juan Bautista Méndez, mientras Perugorría era apresado y ejecutado.

Una vez afirmadas en el Litoral, las fuerzas artiguistas pudieron concentrar su atención en la Banda Oriental donde derrotaron estrepitosamente a las fuerzas directoriales en la batalla de Guayabos; éstos debieron abandonar Montevideo, tras pocos meses de ocupación.

Por esos días empezó a hablarse -por primera vez- de la creación de una Liga de los Pueblos Libres, llamada también Confederación del Paraná, liderada por Artigas, a quien se empezó a denominar Protector de los Pueblos Libres.

El poder porteño se tambaleaba; Gervasio Antonio de Posadas renunció y fue reemplazado por Carlos María de Alvear, cuya impopularidad crecía día a día al tiempo que el artiguismo avanzaba en forma incontenible; en un solo mes -Marzo de 1815- se incorporaron dos nuevas provincias: Santa Fe (donde fue elegido gobernador Condioti), y Córdoba (donde Díaz accedía a la primera magistratura); ambas, bajo la protección de Artigas.

Alvear no podía permitir que se cerrara el cerco sobre Buenos Aires, y llamó al Ejército del Norte (el mismo que había realizado ya dos fallidas campañas al Alto Perú), para que reprimiera a los caudillos del Litoral pero el Cuerpo, al mando de Ignacio Alvarez Thomas, se sublevó en Fontezuelas, provocando la renuncia de Alvear.

Artigas llegaba así al cenit de su poder y parecía que -por fin- se llegaría a un entendimiento razonable con Buenos Aires, ya que fue designado como Director Supremo provisorio el propio Alvarez Thomas que había triunfado con ayuda de tropas federales.

Para establecer las condiciones se convocó un Congreso de los Pueblos Libres en Arroyo de la China.

- José Artigas y los guaraníes misioneros

Además de su importancia política, el proyecto artiguista tenía un fuerte carácter social ya que, aunque contaba con el apoyo de ciertos sectores de clase alta -como los ganaderos orientales- privilegiaba, fundamentalmente, a los sectores marginados durante la etapa colonial: zambos, negros, gauchos y criollos pobres, aborígenes, etc.

Los guaraníes misioneros se constituyeron en fieles seguidores de José Artigas y colaboraron firmemente en la consolidación del federalismo artiguista en la región, pero no eran los únicos indígenas que apoyaban al Protector de los Pueblos Libres: también lo hicieron grupos seminómadas como los charrúas, minuanes, guaycurúes, abipones, mocovíes y guayanás.

Se sabe que a algunos de ellos Artigas les permitió, incluso, usar su propio apellido, igual que a Andresito.

Los guaraníes fueron fieles y disciplinados y permanecieron entre las filas de Artigas desde su gestión como Teniente de Gobernador hasta su última campaña -en 1820- formando parte inclusive de la tripulación de la flota artiguista, al mando del irlandés Pedro Campbell; entre ellos se encontraba el hermano de Andresito, Lorenzo.

Esta fuerte presencia aborigen entre las tropas de Artigas generaba desprecio y temor entre las incipientes oligarquías urbanas de Corrientes, Buenos Aires y Montevideo, que afirmaban que los ejércitos federales sólo eran “hordas salvajes de indios y salteadores”.

Pero el Protector consideraba que los aborígenes, particularmente los guaraníes, tenían “el principal derecho”, por su “carácter noble y generoso” y debían ser tratados en pie de igualdad respecto a los criollos, pudiendo acceder a cualquier cargo político y militar.

No se limitó a afirmarlo sino que lo puso en práctica en 1815, al nombrar a un guaraní auténtico, al que había adoptado como hijo, para gobernar Misiones. Andresito fue la encarnación del ideal artiguista, de la autodeterminación de los pueblos: el Protector no pretendía imponer un sistema homogéneo a todas las provincias, sino que cada una se diera un Gobierno acorde a sus características particulares.

En Corrientes y Santa Fe podrían gobernar integrantes de la clase patricia urbana local, pero en Misiones, cuya población era casi totalmente aborigen, ¿qué más natural que el gobierno de un guaraní? Así, Andresito, pasó a ser el primer aborigen en gobernar la provincia de Misiones.

- La designación de Andrés Artigas como Comandante General de Misiones

Andrés Guacurarí y Artigas asumió como Comandante General de Misiones en una fecha no determinada, entre fines de Febrero y principios de Marzo de 1815. Había partido de su provincia muy joven, sumándose a las filas de Artigas en sus días de legendario aventurero fronterizo.

Con él se había integrado al cuerpo de blandengues, destinado a mantener la seguridad en las fronteras orientales. Junto a Artigas, y ya con el grado de Sargento, peleó en la guerra de independencia y participó en el sitio de Montevideo; su actuación debió ser meritoria ya que alcanzó, más tarde, el grado de Coronel.

Seguramente, junto a su padre adoptivo, abandonó el sitio de Montevideo -en 1814- y participó de las primeras batallas de la guerra civil. Como prueba de la confianza que le tenía y reconocimiento a los fieles guaraníes, Artigas lo destinó a gobernar Misiones, un territorio que resultaba clave en su proyecto político por su cercanía al Paraguay, provincia que buscaba acercar a la Confederación, y por sus extensas fronteras con el enemigo portugués, y siempre en peligro de ser invadidas.

Andrés Artigas, al momento de regresar a Misiones, contaría con una edad que rondaría entre los 32 y los 37 años. Fue designado, según diferentes fuentes, como “Comandante de los Quince Pueblos de las Misiones entre el Paraná y el Uruguay”, es decir, la jurisdicción a su cargo incluía los Departamentos de Yapeyú, Concepción y parte de Candelaria, éstos últimos -por entonces- ocupados por los paraguayos.

Artigas consideraba ya, como límite natural entre Misiones y Paraguay, el río Paraná, por lo que no reclamó los pueblos del Departamento Candelaria que estaban al otro lado de dicho río(1).

(1) Esos pueblos eran Itapúa, Trinidad y Jesús. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Andrés Artigas se instaló en Santo Tomé -frente al pueblo de San Borja- donde estaban las tropas de la Corona de Portugal comandadas por Francisco das Chagas Santos. Desde allí pasó a reforzar las tropas del pueblo de La Cruz, también lindante con los territorios portugueses. De esta manera, Santo Tomé pasaba -de hecho- a ser la nueva capital de Misiones.

El nuevo Comandante llegó con un núcleo de ochenta milicianos guaraníes y lo acompañaba -como capellán y secretario- el franciscano fray José Acevedo que mantenía una entrañable amistad con él, a tal punto que solía llamarlo compañero.

José Leonardo Acevedo, originario de Córdoba, contaba entonces con 28 años y era sacerdote franciscano desde 1812. Sumado al artiguismo no sólo fue el capellán del ejército de Andresito sino también su consejero y segundo al mando de las tropas guaraníes.

Andresito fue bien recibido por los misioneros, ya que Artigas le manifestó en una carta: “Yo celebro que estén los pueblos tan contentos con usted, y esa misma alegría contribuya a afirmar la paz y tranquilidad de esas provincias y de éstas”.

Una de sus primeras medidas de gobierno fue sacar todos los emblemas y símbolos de España y de los Borbones; esta decisión, contra lo que pueda parecer, a cinco años de la revolución de Mayo, era un gesto revolucionario, ya que el Gobierno de Buenos Aires, si bien había reconocido los símbolos patrios, acuñaba moneda y combatía a los ejércitos realistas, seguía gobernando a nombre de Fernando VII e incluso, en el Fuerte de Buenos Aires flameaba el pabellón español.

Con sus banderas venía la bandera tricolor, tomada como símbolo del federalismo artiguista tras la batalla de Guayabos. Según el propio Artigas, la bandera debía ser “blanca en medio, azul en los extremos y, en medio de éstos, unos listones colorados, signo de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la república y de la sangre derramada por sostener nuestra libertad e independencia”.

Esta bandera no llegó a usarse, ya que cada comandante interpretó de forma distinta estas instrucciones, cambiando -localmente- las tonalidades y la disposición de los colores. En Corrientes y en Montevideo, a principios de 1815, se levantaron banderas a franjas roja, azul y blanca; otro tanto habría hecho Andresito en Misiones(2).

(2) Esta fue reconocida -por decreto- como bandera oficial de la provincia de Misiones en 1992 e institucionalizada por Ley -en 1994- festejándose su día los 30 de Noviembre. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

La misión fundamental de Andresito era “pacificar y reorganizar los pueblos” luego de los estragos producidos en 1814, pero también

* fortalecer las milicias y organizar una fuerza considerable que le permitiera recuperar los territorios que permanecían en manos del Paraguay;
* defender las fronteras de cualquier ataque portugués; y
* estar disponibles para ser usadas en el enfrentamiento con el poder centralista de Buenos Aires.

La comunicación con José Artigas era permanente y éste no sólo le daba instrucciones sino que también lo mantenía informado acerca de los hechos sucedidos en otras zonas de la Liga de los Pueblos Libres, de los movimientos realizados por los portugueses, de los sucesos de Buenos Aires o de cualquier otro asunto que le resultara de interés.

Por ejemplo, el 23 de Abril de 1815 le informaba acerca de la caída del Gobierno de Alvear, hecho que, según el Protector, debía festejarse con “públicas aclamaciones de gloria, júbilo y contento”.

Además, sobre todo en el primer año de Gobierno de Andresito, permanentemente le daba consejos de cómo desarrollar su gestión dada su escasa experiencia en cargos administrativos.

Andrés Artigas fue rápidamente reconocido por los gobernadores de la Liga de los Pueblos Libres e inició la recuperación territorial de Misiones; en Junio de 1815, por ejemplo, Artigas le informaba que Mandisoví -cuya situación jurisdiccional era confusa, tras los levantamientos de 1813- se incorporaba nuevamente al Departamento Yapeyú, por lo que debía nombrar un Comandante para el mismo.

Aunque muchos autores se refieren a Andresito como gobernador de Misiones, e inclusive de Corrientes(3), en realidad nunca lo fue, sino que ocupó un cargo mucho más abarcativo, el de Comandante General de Misiones, que incluía atribuciones políticas y económicas pero, fundamentalmente, militares; de esta manera se unificó el mando de las fuerzas existentes en su persona.

(3) Las tropas de Andresito ocuparán esta provincia en 1818 // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

En realidad, Artigas sustituía así a las antiguas Tenencias de Gobernador por un cargo con mayor poder y autonomía, más acorde a un pueblo en armas.

También dejaron de designarse Subdelegados departamentales; cada pueblo pasó a regirse exclusivamente por los Cabildos constituidos por autoridades democráticamente electas, que adquirían, así, un nuevo protagonismo, especialmente los Corregidores quienes pasaron también a tener atribuciones militares a partir de las Instrucciones de Manuel Belgrano: eran Comandantes de las milicias locales, subordinados directamente al Comandante General, Andrés Artigas, quien -a su vez- dependía del General y Protector de los Pueblos Libres, José Artigas.

Estas nuevas instituciones son la señal más clara de la fuerte militarización que sufrió, gradualmente, la sociedad misionera, durante la década de 1810.

- La táctica utilizada por Andresito: las primeras montoneras

Andresito dirigió numerosos contingentes dentro del ejército de Artigas; por las dimensiones de las tropas a su cargo y la importancia de las campañas que desarrolló su figura está a la altura de comandantes como Otorgués, Rivera y Basualdo.

Las milicias misioneras -protagonistas de las diferentes luchas de la época- utilizaban las tácticas militares que les fueran transmitidas por Artigas quien, a su vez, las había aprendido y desarrollado durante los catorce años en que permaneció en el cuerpo de blandengues. Según muchos autores, él fue el creador de la táctica de las montoneras que caracterizó a las huestes federales artiguistas del siglo XIX, la cual consistía en una guerra de recursos o de guerrillas.

Esta estrategia consistía en ataques sorpresivos y emboscadas que buscaban matar o herir al mayor número posible de enemigos y huir después rápidamente a caballo; en caso de que el rival fuera poco numeroso se lo atacaba frontalmente; si un escuadrón artiguista era sorprendido por una tropa superior se dispersaba en diferentes direcciones para volver a agruparse en un lugar acordado previamente.

Jamás se presentaba batalla frontal a un ejército más poderoso o mejor equipado en campo abierto y se prefería aprovechar al máximo el factor sorpresa. Esta táctica, como beneficio adicional, proporcionaba una gran movilidad.

Según el general José María Paz, que enfrentaría repetidamente a contingentes federales artiguistas, los montoneros solían atacar de a dos: uno permanecía montado y sosteniendo las riendas del caballo de su compañero, que hacía fuego contra el enemigo. Si éste tenía éxito ambos cargaban contra sus rivales; de lo contrario, el que había disparado saltaba sobre su caballo y ambos desaparecían raudamente.

En realidad un mismo Cuerpo cumplía funciones de infantería y de caballería -de acuerdo a las circunstancias- lo cual dejaba desconcertados a los comandantes de tropas regulares que afirmaban que los federales artiguistas luchaban sin orden ni estrategia alguna.

Esta táctica de ataque, dispersión en caso de no poder obtener ventaja, y reagrupamiento en un lugar convenido con anterioridad, sin sufrir bajas considerables, fue manejada a la perfección por Andresito. Eso llevó a que muchas veces los enemigos consideraron una simple dispersión, sin bajas considerables, como una victoria aplastante.

Otra característica de las tropas misioneras al mando de Andresito fue la disciplina y fidelidad de las mismas lograda luego de algunas oposiciones iniciales. Artigas le indicaba, permanentemente, que no mantuviera inactivas sus tropas, sino que debían ejercitarse diariamente a fin de estar siempre listas para entrar en acción.

- Misiones y el Congreso de Oriente

La caída de Alvear, tras la sublevación del Ejército del Norte en Fontezuelas, y la posibilidad cierta de consolidar una Confederación que incluyera a Buenos Aires, impulsó a Artigas a convocar -en forma urgente- una reunión de diputados de todas las provincias que conformaban la Liga de los Pueblos Libres, en Arroyo de la China(4), que pasaría a la historia con el nombre de Congreso de Oriente.

(4) Actual Concepción del Uruguay. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

El punto de reunión fijado resultaba lejano para los Representantes misioneros pero era más o menos equidistante para el resto de los pueblos.

Además de un posible acercamiento con Buenos Aires se buscaría trazar una estrategia defensiva conjunta ante una expedición española, cuyo arribo a Montevideo se consideraba inminente. Sin embargo, este contingente nunca llegó por las dificultades internas que tuvo el Estado español.

El 13 de Marzo de 1815, en la primera carta conocida de Artigas a Andresito, ya le daba noticias de la realización de dicho Congreso y lo instaba a convocar a la elección de diputados misioneros.

Esas elecciones se harían en total libertad, sin influir de forma alguna en la voluntad de los electores, a fin de que los elegidos resultaran Representantes genuinos de los intereses misioneros; únicamente le recomendaba cuidar que los diputados “sean hombres de bien y de alguna capacidad para resolver lo conveniente”.

Las elecciones se realizarían mediante Asambleas electorales en cada pueblo, donde se dieron las “iniciales y poderes” a los ciudadanos designados, quienes se pondrían inmediatamente en marcha. La conformación de estas Asambleas populares y la consideración de Misiones en pie de igualdad respecto a las otras provincias hermanas es una muestra más de la aplicación del principio de autodeterminación de los pueblos que predicaba Artigas.

Pero los hechos se sucedieron en forma acelerada en Arroyo de la China; antes que los diputados de Misiones llegaran, las relaciones con el Gobierno porteño volvieron a enfriarse; los Representantes de Buenos Aires ante Artigas se negaban a reconocer a la Liga de los Pueblos Libres y al caudillo oriental como su Protector, por lo que las negociaciones fracasaron antes de que se iniciaran las sesiones del Congreso de Oriente.

Cuando éste comenzó sus reuniones se decidió el envío de Representantes a Buenos Aires; éstos no sólo no fueron atendidos sino que no se les permitió bajar del barco y terminaron siendo echados ignominiosamente. El intento de conciliación había fracasado y pronto volverían a desatarse las luchas intestinas.

Los Representantes de Misiones si bien arribaron cuando las Sesiones del Congreso de Oriente ya habían terminado, fueron recibidos por Artigas con todos los honores, en correspondencia con su alta investidura, tras lo cual se les notificó claramente de todo lo discutido y acordado a fin de que llevaran la información a sus respectivos pueblos.

- La economía de Misiones al inicio del Gobierno de Andresito

En 1813 se realizó un censo de Misiones que entonces estaba integrada únicamente por los Departamentos de Concepción y Yapeyú, según el cual su población ascendía a 13.714 habitantes.

El permanente éxodo y los conflictos desencadenados poco después probablemente hicieron que este número disminuyera, pero no en exceso. Se considera que para 1815 -cuando Andresito asumió el Gobierno- la población, con la incorporación de Candelaria, podría ser superior a los 15.000 habitantes y quizá llegara a los 17.000.

Para ese entonces la decadencia económica no era exclusiva de los pueblos del Norte sino que se había extendido al antes próspero Departamento de Yapeyú. El número de cabezas de ganado cayó bruscamente en el lustro comprendido entre 1810 y 1815; a los saqueos de los portugueses se sumaron el éxodo oriental en 1811 -que se abasteció del ganado de la zona- y los levantamientos y conflictos de 1813 y 1814.

Es por ello que Andrés Artigas tuvo como misión, por un lado, la defensa de las fronteras y la normalización institucional, pero también poner freno a la decadencia económica. Para ello solicitaba y recibía permanentes envíos de ganado proveniente de la provincia Oriental, destinado no solamente al consumo sino a la cría a fin de recuperar la abundancia perdida.

Frecuentemente Artigas le recomendaba a Andresito fomentar el trabajo entre los aborígenes a fin de que no se acostumbraran a recibirlo todo de él sino que trataran de obtener, en forma autónoma, lo que necesitaban, no solamente el ganado. Insistía en que se fomentara la producción de yerba, tabaco y algodón, productos que podrían trasladar hacia las otras provincias, para adquirir a cambio lo que no se obtenía en Misiones.

En efecto, Artigas buscó normalizar y fomentar el comercio entre Misiones y las demás provincias de la Liga de los Pueblos Libres pero haciendo que éste estuviera en manos de los guaraníes, que serían los beneficiarios de las riquezas obtenidas.

Por ello prohibió que los paraguayos, españoles, portugueses e ingleses se dedicaran a esta actividad en la provincia e incluso se los expulsó de los pueblos -junto a los opositores y traidores- cuyos bienes fueron confiscados pasando a manos de la comunidad.

La vía de comunicación más utilizada era la antigua ruta del río Uruguay que comunicaba tanto con el Cuartel de Artigas en Purificación como con la provincia Oriental y los puertos internacionales de Montevideo y Maldonado.

La otra ruta fluvial -la del Paraná- no era segura por el estado de hostilidad con Paraguay.

Ante el crecimiento de las tropas de Andresito eran frecuentes los envíos de armas por parte de Artigas, aunque también en este rubro se buscó que los guaraníes pudieran autoabastecerse, siquiera parcialmente.

Así, en 1816, Andresito instaló en Concepción una fábrica de pólvora para cuyo funcionamiento solicitó a todos los pueblos que le enviaran la mayor cantidad posible de azufre. Esta convocatoria se dirigió incluso a los guayanás del destruido pueblo de San Francisco de Paula.

También ese mismo año se instaló una herrería en San Carlos, dirigida por Nicolás Arayaní, dedicada a la reparación de armas.

Artigas, además de ganado y armas, enviaba múltiples productos a Andresito: ropa, carretas, uniformes, banderas, almanaques, libros, etc.. Por ejemplo, junto a una carta(5) llegó a mandar también un libro referido a la historia de la guerra de independencia en Estados Unidos, que podría servir de ejemplo para encarar los problemas locales.

(5) Esta carta de Artigas a Andresito -posterior a la recuperación del Departamento de Candelaria- se la cita como ejemplo entre las múltiples existentes del mismo tenor y con similar contenido. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Cabe destacar que el Protector envió también una partida de vacunas para la viruela, lo cual revestía gran importancia para los guaraníes misioneros ya que dicha enfermedad producía estragos entre la población y se sabe que el mismo Andrés Artigas la padeció.

A pesar de los esfuerzos realizados la economía misionera -durante el ciclo artiguista- lejos de mejorar sufrió una decadencia cada vez mayor a causa, fundamentalmente, de los ataques y saqueos de los portugueses y paraguayos en 1817.

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