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Guerra Civil en la Mesopotamia

Las tierras que hoy integran la Argentina estuvieron sometidas a una serie de guerras civiles durante gran parte del siglo XIX, como resultado de las cuales se definió la forma de gobierno que rige actualmente al país.

El período de las guerras civiles se extendió desde 1814 hasta 1880. En la primera de esas fechas se registró la aparición de concepto de federalismo como opción al centralismo heredado de la Administración colonial.

En 1880, una vez logrado un acuerdo general en torno a la economía liberal y aperturista, la organización federal del gobierno, con una fuerte presencia centralizada de Buenos Aires y la Constitución Argentina de 1853, se decidió la federalización de la Ciudad de Buenos Aires como capital de la República Argentina(1).

(1) Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), pp. 24-29. Ed. Aguilar.

Corrientes será clave en ese proceso. Tierra intermedia entre Paraguay, la Banda Oriental y Buenos Aires, verá florecer en ella las ideas federales, sin olvidar su fuerte enraizamiento económico y social con el Puerto de Buenos Aires por su acceso a la vía comercial por excelencia de sus produtos: el río Paraná.

La búsqueda en la necesaria libre navegación de los ríos sostendrá la idea de federalismo que embanderará a Corrientes. Ya en tiempos de Galván, Corrientes intimará con paraguayos y orientales -partidarios a ultranza de una Confederación- y será nexo de ideas federales.

Artigas terminará por implantarlas, conceptos que serán heredados por hombres liderados por Pedro Ferré y Juan Gregorio Pujol, que irán a la lucha con el Puerto de Buenos Aires liderado por Juan Manuel de Rosas primero, y Bartolomé Mitre, después.

Finalmente, Corrientes firmará el llamado Pacto Federal (1831) del que que jamás perjurará, formando una Liga de Estados que integrarán lo que después sería la Nación Argentina, incorporándose a las provincias que se sumaron a Buenos Aires y su proyecto, generándose un Federación unitaria y centralista -dependiente de Buenos Aires- aunque su Carta Fundamental la catalogue de federal.

En diversos períodos de las guerras civiles participaron en los conflictos fuerzas extranjeras, de países vecinos y de potencias europeas, los cuales apoyaron en general al bando centralista en defensa de sus intereses comerciales y estratégicos(2).

(2) Dardo Ramírez Braschi. Varias obras.

- Guerras civiles y revoluciones

En la tradición histórica occidental se denomina guerra civil a cualquier enfrentamiento bélico armado que se desarrolla en un mismo país, enfrentándose entre sí personas de un mismo lugar, defendiendo dos ideologías o intereses distintos.

En estas conflagraciones intervienen también a veces fuerzas extranjeras, ayudando o colaborando con los distintos bandos de la misma(3).

(3) Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), pp. 16-17. Ed. Aguilar.

Muchas veces, en las guerras civiles participan fuerzas militares no regulares, formadas u organizadas por personas de la población civil. En el caso argentino, la diferencia entre fuerzas regulares e irregulares se diluyó mucho con el paso del tiempo(4).

(4) La diferencia entre fuerzas regulares e irregulares volvió a tomar importancia a partir de 1862, cuando Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento quisieron hacer valer esta diferencia para eliminar a sus enemigos como “bandidos”. Según Mitre, “los caudillos, al absorber la fuerza de las masas, se convirtieron en mandones irresponsables, se perpetuaron por la violencia en el poder y, árbitros de las voluntades de sus subordinados, los arrastraron tras sí y los condujeron al campo de la guerra civil”.

Las fuerzas irregulares de caballería llevaron generalmente el nombre de montoneras(5).

(5) Hugo Chumbita. “Jinetes rebeldes: historia del bandolerismo social en la Argentina” (2009). Ed. Colihue.

Los límites entre los conceptos de “revolución” y “guerra civil” suelen confundirse. En general, se llaman revoluciones a enfrentamientos de corta duración -horas o días- y que se desarrollan en un punto determinado, generalmente una misma ciudad(6).

(6) Se podría decir que hay abuso en el uso de la palabra “revolución”, tanto por los actores como por quienes luego escriben sobre el asunto. Salvo los hechos registrados en la Semana de Mayo de 1810 en Buenos Aires, para todos los otros eventos en que se produjeron enfrentamientos, se los puede tildar de revuelta, sedición, levantamiento, sublevación, motín, asonada, insurrección, rebelión, etc.

Las guerras civiles, por el contrario, se desarrollan a lo largo de un territorio más o menos extenso, con operaciones bélicas en distintos puntos, generalmente a campo abierto, y duran considerablemente más tiempo(7).

(7) Angel Vaca Lorenzo. “La Guerra en la Historia” (1999), p. 195. Universidad de Salamanca.

Al menos en la Argentina, las distancias entre las ciudades obligaron a los ejércitos al desplazamiento durante semanas de una a otra ciudad; fue por ello que las operaciones de guerra duraron, como mínimo, varias semanas.

Algunas de las guerras civiles que asolaron la Argentina llegaron a durar varios años, con alineaciones permanentes de los contendientes(8). Por ejemplo, la guerra entre Santa Fe y el Directorio duró cerca de cinco años, bien que con diversas interrupciones(9). La campaña de Juan Lavalle contra Juan Manuel de Rosas duró casi tres años, sin ninguna interrupción ni tregua(10).

(8) Hugo Chumbita. “Jinetes rebeldes: historia del bandolerismo social en la Argentina” (2009). Ed. Colihue.
(9) Darío Barriera y Juan Nóbile. “Nueva Historia de Santa Fe (de la Autonomía a la Integración. Santa Fe entre 1820 y 1853)” (2006). Ed. Prohistoria Ediciones.
(10) Juan Beverina. “Las campañas de los Ejércitos Libertadores. 1838-1852” (1923). Ed. Círculo Militar.

Se suelen clasificar como “guerras civiles” a todos los enfrentamientos que incluyeron desplazamientos de tropas fuera de las ciudades, o entre las mismas. No obstante, dado que están relacionadas con las guerras civiles, varias sediciones ocurridas en ese período están incluidas en las mismas(11).

(11) Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), pp. 16-17. Ed. Aguilar.

Las rebeliones ocurridas en la Argentina en los años posteriores -comenzando con la Revolución del Parque, del año 1890- no suelen ser incluidas en las llamadas “guerras civiles”, debido a que duraron mucho menos tiempo, involucraron casi exclusivamente operaciones dentro de ciudades y dirimieron conflictos políticos de origen completamente distinto.

- Causas de las guerras civiles en la Argentina

Habitualmente se menciona la ambición de los caudillos provinciales como principal causa de las guerras civiles. Si bien es posible que algunos hayan tenido la habilidad de conducir masas de soldados por el solo interés de su jefe, el apoyo a un líder debe ser interpretado -en general- como la identificación con las ideas de éste, a sus intereses de grupo o la pertenencia a un grupo al que se supone que ese líder favorecía(12).

(12) Rubén H. Zorrilla. “Estructura Social y Caudillismo. 1810-1870” (1995). Ed. Grupo Editor Latinoamericano.

Entre las cuestiones que se dirimieron por medio de guerras civiles, las más importantes estuvieron ligadas a la preeminencia de la capital, Buenos Aires, o de distintas alianzas de provincias en una forma federal o confederación; el establecimiento del liberalismo o del conservadorismo como forma de gobierno; la apertura comercial o el proteccionismo; y la organización constitucional que definiera todas estas cuestiones(13).

(13) Juan Alvarez. “Las Guerras Civiles Argentinas” ([1912] 1983). EUDEBA.

En su ya clásico ensayo “Estudio sobre las Guerras Civiles Argentinas”, Juan Alvarez revelaría que los cambios en la estructura económica de la Cuenca del Río de la Plata a partir de la disolución del Virreinato del Río de la Plata significaron desfasajes económicos entre las regiones, dando una preponderancia económica a la provincia de Buenos Aires, que las demás juzgaron excesiva e injusta.

Esta situación habría llevado a la reacción de los caudillos federales contra el centralismo porteño, es decir, contra la expresión política de esa preponderancia económica(14).

(14) Juan Alvarez. “Las Guerras Civiles Argentinas” ([1912] 1983). EUDEBA.

Se registraron también enfrentamientos entre dos o tres provincias, en las que las causas pudieron ser las anteriores, pero a las que se les agregó la pretensión de los Gobiernos de una provincia de inmiscuirse en los asuntos de otra o, más tempranamente, la secesión de algunos distritos para erigirse en provincias autónomas.

Por último, se dieron varias guerras civiles internas en las provincias, en que la participación de fuerzas foráneas fue escasa o nula. Si algunas veces dirimieron cuestiones ideológicas, más frecuentemente se trató de luchas por el poder entre facciones. esta situación se dio con frecuencia en Corrientes.

- Antecedentes

Antes de que se iniciaran las guerras civiles propiamente dichas, se registraron varios enfrentamientos internos de cada provincia. Algunos de ellos, como una revuelta contra el gobernador de Jujuy(15) o el intento de deponer el Teniente de Gobernador de San Juan(16)(17), tuvieron lugar a fines del siglo XVIII, en plena época virreinal.

(15) Emilio A. Bidondo. “Historia de Jujuy” (1980). Ed. Plus Ultra.
(16) El caso sanjuanino es conocido por haber sido la causa de la instalación de la familia del general Facundo Quiroga, originaria de la provincia de San Juan, en la provincia de La Rioja.
(17) Jorge Newton. “Facundo Quiroga (Aventura y Leyenda)” (1972). Ed. Plus Ultra.

Pero, por lo general, estos conflictos siempre estuvieron moderados por la común dependencia del Gobierno real, al que siempre se podía acudir para zanjar diferencias.

El enfrentamiento civil más grave que ocurrió en los últimos años del régimen colonial fue la asonada de Martín de Alzaga, dirigida contra el virrey Santiago de Liniers, el 1ro. de Enero de 1809, con la intención de instalar una Junta de Gobierno local. Fue sofocada el mismo día, al precio de unos pocos muertos y varios heridos(18).

(18) Bernardo Lozier Almazán. “Martín de Alzaga” (1998), Buenos Aires. Ed. Ciudad Argentina.

Durante los primeros años posteriores a la revolución de Mayo los problemas internos quedaron enmascarados por la guerra contra el enemigo común, los realistas. Sólo se destacaron algunos motines y revueltas locales, que se saldaron en general sin lamentar muertes.

La excepción más notable la constituye el Motín de las Trenzas de fines de 1811, en Buenos Aires, que fue violentamente reprimido y se saldó con el fusilamiento de sus cabecillas(19).

(19) Gerardo Bra. “El Motín de las Trenzas”, en “Todo es Historia - Nro. 187.

Se registró también un movimiento en San Juan, dirigido por Francisco Laprida(20) y, finalmente, la insurrección de Octubre de 1812 que reemplazó al primer Triunvirato por el segundo(21).

(20) Horacio Videla. “Historia de San Juan” (1992), p. 108. Ed. Plus Ultra.
(21) Carlos S. A. Segreti. “La Aurora de la Independencia (Memorial de la Patria)” (1980). Ed. La Bastilla.

Pero fueron casos aislados, más calificables como motines que como guerras civiles.

- Guerra entre Artigas y el Directorio

La guerra entre José Gervasio Artigas y el Directorio (1814-1820) fue el primer conflicto interno -de los sucedidos entre 1814 y 1880- a los que la República Argentina estuvo sometida. Enfrentó al caudillo oriental Artigas con el Gobierno dirigido desde la Ciudad de Buenos Aires, de tendencia centralista.

El resultado de esta larga guerra civil fue

* la disolución del Gobierno porteño;
* que las tierras rioplatenses no tendrán un Gobierno central durante más de 30 años;
* la caída de parte del territorio argentino bajo la dominación portuguesa; y
* la desaparición política de José Gervasio Artigas.

- El enfrentamiento

José Gervasio Artigas era un prestigioso oficial del cuerpo de blandengues -milicias rurales de la Banda Oriental- cuya incorporación al partido independentista decidió a muchos orientales a unírsele.

Al frente de ellos venció en la batalla de Las Piedras (1811), iniciando el sitio de la Ciudad de Montevideo. Este hecho permitió iniciar la identificación de la Banda Oriental como un territorio unificado, ya que hasta entonces estaba dividido en tres Administraciones diferentes.

Cuando el primer Triunvirato acordó una paz con el virrey Francisco Javier de Elío, por la que se le entregaba toda la Banda Oriental a los realistas, los orientales rechazaron el Pacto, nombraron a Artigas Jefe de los Orientales y se retiraron hacia el río Uruguay, hecho conocido como el Exodo Oriental.

A comienzos del año siguiente (1812) se reinició el sitio, al mando de José Rondeau que -junto a Manuel de Sarratea- se dedicaron a quitarle a Artigas sus mejores oficiales, iniciando una crisis que llegaría lejos. De todos modos, Artigas se unió al sitio poco después de la batalla de Cerrito.

El segundo Triunvirato convocó a la Asamblea del Año XIII; con cierto retraso, debido a la guerra, el pueblo oriental fue convocado por Artigas en el Congreso de Tres Cruces, donde fueron elegidos los representantes de la Banda Oriental.

Al enviarlos a Buenos Aires, el Congreso oriental les dio claras Instrucciones de

* reclamar la independencia absoluta de España;
* organizar el Estado en la forma federal, haciendo que los gobernadores fueran electos por cada provincia;
* separar los tres poderes del Estado;
* establecer formalmente la Provincia Oriental; y
* fijar la capital fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

Esto último se debía a los antiguos conflictos políticos y comerciales de Montevideo con la capital del virreinato.

La hipótesis que sostenía Artigas era que todos los pueblos tenían los mismos derechos y la capital era sólo la residencia de las autoridades elegidas por las provincias. Esto es, que la revolución no era sólo un cambio de amos, en que los pueblos hubieran pasado de ser súbditos de los españoles a súbditos de los porteños.

La Asamblea, que ya había comenzado a sesionar, estaba dominada por la Logia Lautaro, grupo dirigido por Alvear, que no aceptó las Instrucciones a los diputados orientales. Con excusas poco convincentes rechazaron a los diputados y ordenó realizar nuevas elecciones.

Rondeau organizó el Congreso de la Capilla de Maciel, que ignoró la autoridad de Artigas, se sometió a la voluntad del general Rondeau y eligió diputados adictos a la Logia.

En respuesta a estos hechos, Artigas consolidó sus relaciones en el interior de la Banda Oriental y en Entre Ríos y Corrientes. Y se preparó para el enfrentamiento abierto.

- La ruptura y el inicio de la guerra

El 31 de Diciembre de 1813, Artigas fue informado por el caudillo entrerriano José Pastor Hereñú y Redruello(22) que la situación en Entre Ríos le era favorable para un alzamiento.

(22) Muerto en Nogoyá el 22 de Septiembre de 1822.

Antes de abandonar el sitio de Montevideo, Artigas destacó a Fernando Otorgués al sur del río Negro para que reclutara milicianos en la zona de Mercedes, lo cual alarmó al capitán José Pereyra de Lucena -situado en Santo Domingo Soriano- y al teniente coronel Blas José Pico que, desde Colonia del Sacramento, informó a Buenos Aires, el 9 de Enero de 1814, sobre los movimientos sospechosos de los artiguistas.

El 20 de Enero de 1814 Artigas abandonó el sitio. Iba solo pero, a la mañana siguiente, sus hombres -más de mil en total- decidieron seguirlo y dejaron desguarnecida el ala derecha del sitio. Además del regimiento de blandengues de Montevideo -que comandaba Artigas- lo siguieron el de infantería Nro. 3, al mando de Fructuoso Rivera, y los de caballería, al mando de Otorgués y de Blas Basualdo, mientras que permanecieron en el sitio el regimiento Nro. 2 de infantería al mando de Manuel Francisco Artigas y las fuerzas al mando de Manuel Pagola.

A principios de Febrero de 1814 Artigas situó su Cuartel General en Belén. Como los realistas no quisieron arriesgarse a aprovechar la oportunidad, José Rondeau tuvo tiempo de reorganizar el sitio con el apoyo de la flota de Guillermo Brown.

Pocos meses más tarde, las victorias de éste permitían bloquear también Montevideo por el Río de la Plata y Alvear entraba a la rendida Montevideo.

Existen pocas constancias documentales del inicio de las acciones militares. Se sabe que hubo fricciones entre las montoneras de Artigas y los soldados que permanecieron en el sitio durante la retirada de aquéllos, destacando Artigas a Rivera en las cercanías de Montevideo para hostilizar a los sitiadores. Y se sabe también que hubo algunos choques menores entre caudillos locales y las fuerzas porteñas en Entre Ríos.

El 11 de Febrero de 1814 el nuevo Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas declaró a Artigas “infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la patria”, al tiempo que prometía 6.000 pesos a quien lo entregara vivo o muerto.

En los primeros días de Febrero de 1814 Artigas envió a Entre Ríos una fuerza armada al mando de Fernando Otorgués, quien se hallaba situado en observación cerca de Paysandú, y cruzó el río Uruguay apoderándose de Concepción del Uruguay mientras se ponía en contacto con el caudillo de Nogoyá, Eusebio Hereñú.

Otorgués derrotó a las fuerzas del Comandante General de Entre Ríos, Hilarión de la Quintana, en el combate del Paso de Gualeguaychú, el 13 de Febrero de 1814.

El 20 de Febrero de 1814 Hereñú, que había ocupado la Villa de Paraná, reconoció a Artigas como Protector de los Pueblos Libres, desconociendo la dependencia de la Tenencia de Gobierno de Santa Fe a la cual estaba sujeta Entre Ríos desde 1810 y estableció de hecho la autonomía de la provincia.

Posadas ordenó al barón Eduardo Kaunitz de Holmberg que alistara 400 soldados con artillería en Santa Fe y pasara a Entre Ríos a reunir sus fuerzas con las del Comandante General de Entre Ríos, Hilarión de la Quintana. Holmberg llevaba instrucciones de apoderarse como fuera de Artigas y fusilarlo de inmediato.

Holmberg imprudentemente se lanzó a un rápido avance hacia el interior de la provincia, con el resultado de que sus fuerzas -predominantemente milicianos santafesinos- desertaron en el camino. Llegó a Gualeguay, donde recibió la noticia de que el caudillo Hereñú había ocupado La Bajada del Paraná.

Regresó rápidamente y fue derrotado por Hereñú el 22 de Febrero de 1814 en el combate de El Espinillo en colaboración con el jefe artiguista Andrés Latorre. Fue tomado prisionero pero, para su sorpresa, Artigas no sólo no lo hizo fusilar sino que lo puso en libertad unos días más tarde. Entre los prisioneros liberados ese día estaba el capitán Estanislao López.

Los realistas de Montevideo creyeron contar con Artigas para su causa enviando una delegación ante el Protector, proponiéndole pasarse a su causa (misión Larroba-Costa), a la que dio una respuesta cortés pero negativa, rechazando todas las ofertas realistas que le prometían cargos militares y hasta dinero con tal de que abandonara la causa de la independencia.

La provincia de Misiones estaba gobernada por el general unitario Bernardo Pérez Planes, que tenía constantes problemas con las autoridades paraguayas. A este territorio Artigas envió a Blas Basualdo, uno de los principales jefes de ese tiempo, quien ocupó el pueblo de Curuzú Cuatiá derrotando luego a las fuerzas de Pérez Planes en el pueblo misionero de Concepción y en la batalla de La Cruz, el 19 de Marzo de 1814, con lo que los federales pasaron a controlar las áreas occidentales de la provincia de Misiones que vinculaba el litoral del Paraná al Paraguay. Pérez Planes fue fusilado por orden de Artigas(23).

(23) Julio Barreyro. “Breve Historia de Misiones” (1979), p. 74, Buenos Aires. Ed. Plus Ultra.

La derrota unitaria en Misiones tuvo repercusión inmediata en la provincia de Corrientes, donde un pronunciamiento federal dirigido por el teniente de milicias Juan Bautista Méndez, derrocó al Teniente de Gobernador unitario José León Domínguez.

Con apenas unas escaramuzas y una sola batalla, Artigas y sus partidarios dominaron Entre Ríos. El caudillo nombró a Hereñú, Comandante de Paraná y, a Blas Basualdo, como Comandante del río Uruguay.

Por esa misma época, Otorgués y José Antonio Berdún recorrieron el interior de la provincia Oriental, logrando que todos los pueblos alejados de Montevideo se pronunciaran por el federalismo. En las mismas Villas cercanas a esa ciudad, San José, Canelones, Trinidad y Durazno, el pueblo apoyaba a Artigas.

En tres meses Artigas había logrado controlar cuatro provincias.

- Contraataque directorial

Mientras se producían estos sucesos, el prestigio y la influencia de Artigas seguían creciendo desmesuradamente en gran parte del territorio mesopotámico y oriental, y Montevideo seguía a la espera de nuevas tropas que llegarían de España.

Posadas comprendió que su situación no era fácil. Fracasado el intento de firmar un nuevo armisticio con los españoles, en términos similares al de Octubre de 1811 -que Gaspar de Vigodet rechazó por no tener la seguridad de que Artigas lo atacaría- el Director trató de arreglar sus diferencias con el Jefe de los Orientales.

En Abril de 1814 envió al caudillo la misión Amaro-Candioti, con el objetivo de restaurar la unidad política de la causa revolucionaria. El fraile Mario Amaro tenía simpatías antiguas con Artigas y Francisco Antonio Candioti -que era un importante estanciero santafesino- tenía claras inclinaciones a favor del artiguismo.

Los comisionados y Artigas llegaron de inmediato a un acuerdo el 23 de Abril de 1814 sobre la base de la reivindicación de Artigas, a quien se le devolvía su cargo militar, se retiraban los cargos de “traidor” y las condenas a muerte y se reconocía la autonomía de las provincias Oriental y de Entre Ríos.

Se pactaba también la constitución de una alianza ofensivo-defensiva entre la Provincia Oriental y Buenos Aires.

Mientras tanto, Alvear ocupó Montevideo. Como Artigas le reclamara que entregara la plaza a los orientales, lo invitó a conferenciar con él. El caudillo envió por delante a Otorgués, cosa que alegró a Alvear porque, como él mismo declaró, a Artigas “no lo hubiera podido alucinar”.

Confiado, Otorgués acampó en Las Piedras; a la madrugada siguiente de tomar Montevideo, Alvear cayó sobre el campamento de Otorgués, haciendo una matanza entre sus hombres.

Pocos días después, Posadas rechazaba el Tratado de Paz del 23 de Abril pues -según el punto de vista del Director- colocaba en un plano de igualdad, como si se tratase de dos Gobiernos “nacionales” distintos, al de Buenos Aires y a un caudillo subordinado.

Pero Artigas fue rehabilitado y declarado buen servidor de la Patria, pese a lo cual el caudillo no regresó a Montevideo. De todos modos, por mediación de Miguel Barreiro, se firmó un segundo Tratado, el 9 de Julio de 1814, que limitaba el acuerdo a la Provincia Oriental.

Mientras tanto, Alvear y sus sucesores gobernaban Montevideo, poniéndose la población en contra por su falta de tacto.

Por indicación de Artigas, el capitán Genaro Perugorría fue enviado a Corrientes a organizar un Congreso Provincial. Al llegar éste a su destino encontró que los dirigentes más poderosos estaban disconformes con el Congreso, que establecía una especie de federalismo dentro de la provincia, al dar representación a los pueblos del Interior, de modo que Perugorría se alió a éstos en contra de Juan Bautista Méndez y sus aliados guaraníes.

En Septiembre de 1814, ante un pedido de ayuda militar de parte de Artigas, se pasó al enemigo y se pronunció por la vuelta a la obediencia del Directorio.

Por otro lado, una asonada depuso a Hereñú en Paraná y lo reemplazó por el coronel José Francisco Rodríguez, con lo que el vencedor de El Espinillo comenzó a buscar aliados que lo volvieran al poder que había dejado.

En respuesta a estos dos hechos, Posadas declaró creadas las provincias de Entre Ríos y Corrientes -que ya existían en la práctica- pero ahora eran fundadas bajo un sistema unitario.

En Agosto de 1814, una división enviada desde Buenos Aires -al mando de Blas Pico- logró expulsar a Blas Basualdo de Gualeguaychú. Envió a perseguirlo al coronel León, que lo volvió a derrotar en Mandisoví el 6 de Septiembre de 1814.

Por el Este y Centro de la Provincia Oriental, el coronel Manuel Dorrego hizo una campaña muy efectiva, apoyado por José Matías Zapiola, y obtuvo la importante victoria de Marmarajá, el 4 de Octubre de 1814, con lo cual pudo controlar toda la costa -desde Colonia hasta Chuy- en el límite con Brasil pero, tras una larga y complicada campaña, se vio obligado a encerrarse en Colonia.

En Entre Ríos, Pico fue reemplazado por Juan José Viamonte, que volvió a expulsar a Basualdo de Gualeguaychú y envió a Eusebio Valdenegro y Leal a perseguirlo por segunda vez. Lo venció en Yeruá y lo expulsó de la provincia. Después pasó el río Uruguay y, unido a Rafael Hortiguera, venció a Otorgués en Rincón.

Los directoriales recuperaban el terreno perdido.

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