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La primera campaña a las Misiones Orientales

El año 1816 marca un quiebre en la historia del federalismo artiguista: hasta ese momento y desde 1814 no había dejado de extenderse y llegaba a su máxima expansión; pero, a mediados de ese año, comenzó una acelerada decadencia, causada fundamentalmente por la invasión portuguesa a la Banda Oriental y Misiones.

En la guerra contra Portugal, Misiones jugaría un papel fundamental debido a su cercanía al territorio enemigo; por ello, como parte del extenso plan de acción ideado por Artigas, Andresito debería tratar de concretar un viejo anhelo: recuperar las Misiones Orientales.

- La Liga de los Pueblos Libres y el Congreso de Tucumán

Durante el Gobierno del Director Ignacio Alvarez Thomas se proyectó convocar a una nueva reunión de diputados de todas las provincias, que esta vez tomaría el nombre de Congreso Constituyente, el cual se reuniría en Tucumán, lugar equidistante y elegido para lograr mayor participación de las provincias que no estaban dispuestas a que el mismo sesionara en Buenos Aires, donde sería fácilmente controlado por los centralistas.

Este Congreso y por iniciativa de importantes personalidades como José de San Martín y Manuel Belgrano debería, por un lado, declarar la Independencia y, por otro, sancionar una Constitución que rigiera el nuevo Estado.

Artigas no estaba entusiasmado por enviar representantes luego de la mala experiencia que había tenido en 1813, en parte porque sabía que en el nuevo Congreso era mayoritario el sector que pretendía una forma monárquica de gobierno pero, fundamentalmente, el Litoral no envió representantes debido al perverso doble discurso operante: por un lado, se pedía a las provincias que enviaran a sus representantes a Tucumán; y, por otro, las fuerzas del Directorio no dejaban de invadir, una y otra vez, Santa Fe, produciendo grandes pérdidas humanas y materiales.

A pesar de ello esta provincia siguió firme al lado de Artigas y la única que abandonó la Liga de los Pueblos Libres fue Córdoba, que sí envió diputados a Tucumán.

José Artigas desarrollaba una intensa actividad ya que además de atender las cuestiones generales de la Liga seguía siendo el Jefe de los Orientales y gobernaba directamente la Provincia Oriental, delegando algunas funciones en el Cabildo de Montevideo.

Gobernaba desde su Cuartel General de Purificación, pueblo fundado por él en 1815, sobre el Uruguay, desde donde enviaba sus instrucciones permanentemente, tanto hacia la capital oriental como a los tenientes de las provincias.

Entre sus múltiples medidas de gobierno se destacaron, por un lado, el Reglamento Provisorio para el fomento de la campaña oriental que, por primera vez, permitía el acceso a la tierra de gauchos, indios y otros sectores desprotegidos; y, por otro, el Reglamento de Comercio que aplicaba una política fuertemente proteccionista al imponer altas tasas a la importación de productos que pudieran competir en forma desleal con las artesanías locales.

El Gobierno de Artigas tuvo una gestión más o menos pacífica de sólo unos meses ya que a mediados de 1816 se sumó, al permanente ataque de Buenos Aires, la invasión de los portugueses a la Banda Oriental y luego a Misiones.

Cuando Maldonado, Montevideo y Colonia cayeron en manos lusitanas, el proyecto económico de Artigas ya no tuvo viabilidad por no contar con sus principales puertos.

- Las Misiones Orientales bajo dominio portugués

Prácticamente desde que llegaron los primeros conquistadores, a principios del siglo XVI, los portugueses ambicionaban llegar con sus dominios hasta el Río de la Plata.

Poco a poco fueron expandiéndose hacia el Sur; ocuparon Río Grande do Sul, primero, y luego las Misiones Orientales; durante el siglo XVIII se asentaron en varias oportunidades en la Colonia del Sacramento, siendo expulsados otras tantas por los españoles tanto por vía diplomática como militar.

La ocupación portuguesa de los siete pueblos misioneros ubicados en la margen oriental del río Uruguay se había producido en 1801. Los intentos de recuperación, en la época de dominio español, no pasaron de meros proyectos; Artigas, por su parte, cuando fue Teniente de Gobernador de Misiones trazó un plan de ocupación del territorio que no se aplicó por falta de apoyo del Gobierno porteño.

Las Misiones Orientales constituyeron -a partir de la invasión- un distrito militar dentro de las colonias portuguesas en Brasil; la sede de gobierno estaba en el pueblo de San Luis.

En 1809 asumió como gobernador de las Misiones Orientales, Francisco das Chagas Santos, quien ocuparía ese cargo hasta 1820, es decir, durante todo el período de desarrollo del artiguismo en el Litoral, por lo que fue el jefe portugués que más veces se enfrentó a Andresito.

Al producirse la revolución de Mayo en Buenos Aires y la subsiguiente campaña de Belgrano al Paraguay, Chagas trasladó la sede de su Gobierno a San Borja, en previsión de un posible conflicto con los revolucionarios; en efecto, este pueblo, ubicado justo frente a Santo Tomé, era la base de operaciones ideal para el plan de los portugueses de expandirse hacia el Oeste.

Desde allí Chagas coordinó los ataques de 1811 y 1812 a los pueblos y estancias misioneros, que si bien no implicaron una conquista territorial tuvieron graves consecuencias económicas debido al sistemático saqueo, la quema de campos y propiedades y el arreo de ganado al otro lado del Uruguay, práctica que Chagas repetiría en los años siguientes durante su lucha contra Andresito.

Ante el inminente enfrentamiento se crearon unidades militares nuevas, algunas de ellas compuestas por aborígenes. Entre ellas, se encontraba el regimiento de Guaraníes a Caballo, una de cuyas compañías más destacadas estaba dirigida por el capitán Vicente Tiraparé, compoblano de Andrés Artigas, que luego se le uniría.

- Preparativos para la invasión portuguesa a los “Pueblos Libres”

En 1811, aprovechando la guerra entre realistas y patriotas, un ejército portugués se instaló en la Banda Oriental y fueron atacados varios pueblos de Misiones.

Tras la firma del Tratado Rademaker-Herrera los portugueses se retiraron pero se mantuvieron al acecho y, en 1816, estaban madurando una nueva invasión que pretendía ocupar los territorios comprendidos entre el Océano Atlántico y los ríos Uruguay y De la Plata aunque se tenía previsto, en caso de que las circunstancias lo permitieran, llegar hasta el Paraná; es decir que los planes de expansión lusitanos no solamente incluían lo que hoy es la República Oriental del Uruguay sino también las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

Ello les proporcionaría el dominio de los grandes ríos junto con su convergencia en el Plata, lo cual les facilitaría enormemente el transporte de los productos de Río Grande y del Mato Grosso.

Pero también existía en la Corte un temor de que los ideales autonomistas de Artigas crearan un foco separatista en el Sur, en las praderas de Río Grande, habitadas por los gauchos, tan parecidos a quienes formaban la base del ejército federal.

En 1816 estaban dadas las condiciones ideales para una expansión de Portugal hacia lo que consideraba sus fronteras naturales, es decir, el Paraná y el Plata, dado el estado de lucha interna entre la Liga de los Pueblos Libres y las Provincias Unidas.

En ese momento, Brasil había sido elevado a la categoría de Reino y el hasta entonces príncipe regente pasó a coronarse como Juan VI ante el fallecimiento de su madre, la reina.

En España, Fernando VII había retornado al trono y se creía inminente un ataque a las colonias rebeldes que el 9 de Julio de 1816 declararon su Independencia, por lo que el nuevo Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón (designado por el Congreso), consideraba conveniente una alianza con una Corona poderosa, como la de Portugal; a cambio, le cedería la Banda Oriental, aprovechando a la vez a las huestes portuguesas para que lo libraran de su enemigo común: Artigas.

En Portugal se conformó una división de Voluntarios Reales, muchos de ellos veteranos de las recientes guerras contra Napoleón y, por tanto, tropas fogueadas en múltiples combates contra los mejores ejércitos del mundo. Este Cuerpo partió en Enero al mando de Carlos Federico Lecor, desembarcando en Santa Catalina, en Junio, desde donde se dirigió a la Banda Oriental.

La división de Lecor debería avanzar cerca de la costa atlántica para atacar, desde allí, Maldonado y Montevideo, mientras desde el centro de Río Grande do Sul comandaría las operaciones la división de Curado y, en las misiones, Chagas contendría a los artiguistas y, eventualmente, atacaría las Misiones Occidentales.

Una vez conquistada la Banda Oriental se crearía allí una nueva Capitanía, separada de Río Grande, de la cual -ya previamente- Lecor había sido nombrado Gobernador y Capitán General.

Las líneas generales del plan de invasión portuguesa fueron concluidas en Septiembre de 1816, en una reunión entre Lecor y el gobernador de Río Grande do Sul, el marqués de Alegrete, quien debía contener a las tropas federales para cubrir el avance de la columna principal; en ese momento el avance de las vanguardias de Lecor ya había comenzado y tanto José como Andrés Artigas habían desatado las hostilidades.

- Aprestos en Misiones

La invasión no era un secreto para nadie; ya en Enero de 1816 Artigas sabía que los portugueses hacían movimientos de tropas en la frontera por lo que había dado Instrucciones a Andrés Artigas de que retornase desde Candelaria a Santo Tomé y vigilase que nadie cruzase a la otra orilla del Uruguay, interrumpiendo totalmente cualquier tipo de intercambio.

Permanentemente la costa era recorrida por patrullas de guaraníes mientras comenzaban a formarse contingentes en tres puntos fronterizos claves: Concepción, al norte; Yapeyú, al sur; y Santo Tomé, en el centro, donde se mantenía Andresito, a fin de poder socorrer a cualquiera de los otros puntos en caso de ataque.

“No hay que vivir descuidados cuando los portugueses no duermen”, le escribía José Artigas a Andresito. Además de darle Instrucciones acerca de la formación de tropas, Artigas le enviaba a Andresito ganado para la manutención y armas. En estos días se instalaron una fábrica de pólvora y un taller de reparación de armas en Misiones.

Para fortificar los puntos antes referidos, a mediados de año arribaron dos importantes colaboradores: Miño, quien había comandado -junto a fray Acevedo- el combate de Candelaria y que se encontraba desde entonces protegiendo con sus tropas ese Departamento.

Ante la tranquilidad de la frontera paraguaya dejó un pequeño destacamento de 25 hombres en ese punto y se asentó en Concepción. Simultáneamente en Yapeyú hizo lo propio Pantaleón Sotelo, que fue enviado con refuerzos por el propio Artigas.

- El plan de José Gervasio Artigas

Así, la frontera de Misiones quedaba protegida por tres piquetes en los pueblos fronterizos. La línea defensiva de Artigas se completaría con las divisiones de Antonio Verdún, Andrés Latorre y Fernando Otorgués, ubicados en diferentes puntos de la frontera entre la Banda Oriental y Río Grande do Sul; más al Este se ubicaba Fructuoso Rivera, con la delicada misión de tratar de contener las tropas de Lecor.

Además, algunos contingentes de correntinos, comandados por Félix de Aguirre(1) y el gobernador Juan Bautista Méndez quedarían apostados en Curuzú Cuatiá y Yaguareté Corá como fuerzas de reserva.

(1) Félix de Aguirre sería luego, en la década del 20, gobernador de Misiones. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

El plan de Artigas consistía en llevar el teatro principal de la guerra a territorio enemigo, hacia Río Grande do Sul, tras ocupar las Misiones Orientales y aislar por el Norte a las tropas de Lecor, si éstas ya hubieran avanzado hasta la Banda Oriental, cortándole las comunicaciones y dejándolas sin posibilidades de recibir refuerzos.

Artigas buscaba adelantarse a la invasión, “robarles la vuelta”, como le escribió a Andresito, ya el 26 de Febrero de 1816. En ese momento le indicaba al jefe guaraní: “Mientras ustedes avanzan por ahí, nosotros los hemos de apurar por acá”.

En síntesis, Artigas utilizaría una estrategia de ejércitos convergentes en la que sus tropas se internarían en territorio enemigo por diferentes lugares en forma simultánea, de Oeste a Este, cruzando el Uruguay al norte del Ibicuy, y de Sur a Norte por la Banda Oriental, trasponiendo el Cuareim.

De esa forma creía que podría impedir la ocupación de Montevideo, al atraer al enemigo hacia el Norte. En este plan tenía una importancia fundamental la ocupación de las Misiones Orientales y este ataque estaría dirigido por Andrés Artigas, apoyado por sus tropas guaraníes, a las que se sumarían algunas divisiones correntinas.

Para Andresito la campaña tenía una particular importancia: le tocaría jugar un papel importantísimo en los planes de su padre adoptivo pero también podría concretar, así, el viejo anhelo misionero de recuperar los siete pueblos orientales, entre ellos su terruño natal, San Borja, que entonces -por una paradoja del destino- era el Cuartel General de las tropas portuguesas de la región, comandadas por Francisco das Chagas Santos y compuestas, en gran parte, por sus propios hermanos guaraníes de la otra orilla.

- El inicio de la campaña

El 25 de Agosto de 1816 José Artigas le enviaba las últimas Instrucciones a Andresito, diciéndole que “a los 17 días, contados desde esta fecha, deben abrirse las hostilidades” en forma simultánea en todos los frentes.

Andresito cruzaría el Uruguay y tomaría San Borja y los otros seis pueblos orientales tratando de hacerse de la mayor cantidad posible de ganado y caballos para poder seguir la campaña, internándose en territorio enemigo para encontrarse con los otros contingentes artiguistas. Si no lograba cruzar el río, debía ir al Sur, para unirse a Berdún.

Las fuerzas de Concepción, al mando de Miño, se unieron a las de Andrés Artigas, y el 12 de Septiembre de 1816, justo un año después de la victoria de Candelaria, cruzaron el Uruguay por el Paso de Itaquí(2) tras imponerse -en un enfrentamiento breve- a la Guardia portuguesa que intentó impedirle el paso con fuego de mosquetería, la cual fue dispersada por algunos jinetes que habían logrado cruzar antes.

(2) En las cercanías de la actual Ciudad de Alvear, Corrientes. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Otro contingente de guaraníes cruzó por el Paso de La Cruz; los portugueses que defendían este punto no presentaron combate sino que huyeron hacia la estancia de San Juan Viejo (São João Velho) donde se dispusieron a resistir.

El 13 de Septiembre de 1816 fueron atacados y masacrados por las fuerzas de Andresito, a tal punto que muy pocos lograron huir.

Alarmado por el avance de los guaraníes artiguistas, para detenerlos Francisco das Chagas Santos envió una fuerza de 300 portugueses, comandados por el mayor Joaquim Ferreyra Braga, quien fue derrotado por un contingente de 500 guaraníes dirigidos por Andresito, el 16 de Enero e 1817, en Rincón de la Cruz.

Cabe destacar que de este combate participó sólo una parte de las tropas guaraníes; el resto se había quedado en Itaquí, al mando de fray Acevedo, como retaguardia, en caso de ser derrotados.

Con la aplastante victoria de Rincón de la Cruz, Andrés Artigas tuvo el camino liberado hacia San Borja. Constantemente se le incorporaban contingentes de guaraníes, ansiosos por verse liberados de la dominación portuguesa que habían soportado por quince largos años.

Divisiones enteras de aborígenes abandonaban a los lusitanos para ponerse al servicio de los artiguistas, siendo la más importante la compañía de Vicente Tiraparé que tendría, en adelante, una gloriosa actuación hasta la última campaña de Andrés Artigas.

La numerosa adhesión de los guaraníes orientales respondió, en parte, al famoso Exhorto a todos los naturales de los Pueblos Orientales de las Misiones(3), redactado por el propio Andresito, con una clara influencia de fray Acevedo y que fue distribuido por los diferentes pueblos por Miguel Antonio Curaeté.

(3) Este Exhorto se reproduce en forma completa en el Anexo Documental del capítulo 7 de la obra de Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Este Exhorto, de carácter casi mesiánico, buscaba conmover desde el punto de vista religioso a los creyentes guaraníes; en él, Andresito manifestaba que tenía “el favor del cielo” para liberar a los pueblos oprimidos por los portugueses, por lo cual su misión se asemejaba a la de Moisés y Aarón, que habían liberado a Israel de la tiranía de Egipto.

Luego de tanto sufrimiento, Andresito anunciaba que “se os acerca y alumbra ya la hermosa luz de la Libertad” traída por su ejército. Prometía que serían expulsados tanto portugueses como españoles y el Gobierno pasaría directamente a manos de los naturales, como ya sucedía en los pueblos a su mando; “yo vengo a ampararos -decía- vengo a buscaros, porque sois mis semejantes y hermanos; vengo a romper las cadenas de la tiranía”.

El efecto del Exhorto fue fulminante y en el transcurso de la campaña el ejército de Andresito aumentaba permanentemente sus filas, engrosadas con los numerosos voluntarios incorporados. No hay acuerdo entre los historiadores sobre cuántos eran los soldados que acompañaron a Andresito, pero se estima que oscilaría entre 1.000 y 2.500 soldados.

En realidad, este número fue variando: al comenzar la campaña el ejército podría haber tenido un millar de soldados, que se fue engrosando con los refuerzos de Sotelo y los numerosos voluntarios hasta el punto de llegar a contar con 2.000 ó 2.500 soldados al realizar el sitio de San Borja.

Este ejército, si bien numeroso, no contaba con armas suficientes y muchos de los recién incorporados tenían un entrenamiento muy precario. Igualmente su avance ya no encontró más resistencia ya que Chagas concentró sus tropas en San Borja donde también se refugiaron los numerosos pobladores rurales que no se sumaron a Andresito.

El 21 de Septiembre de 1817 comenzó el sitio de dicha plaza por las tropas guaraníes, que llegaron al son de su ancestral música.

- Los refuerzos de Pantaleón Sotelo

Poco después que Andresito cruzara el Uruguay por Itaquí, Pantaleón Sotelo debía hacer lo propio por el Paso de Santa María, cerca de la actual Ciudad de Alvear, para unírsele en el ataque a San Borja, pero no pudo hacerlo porque fue repelido por una numerosa columna portuguesa al mando del teniente coronel José de Abreu, el mismo día que se iniciaba el sitio; este militar portugués, se dirigía hacia el Norte para socorrer a Chagas cuando, inesperadamente, se encontró con el contingente guaraní que intentaba cruzar el río.

Finalmente, Sotelo marchó más al Norte y logró cruzar, apoyado por el corsario artiguista Justo Yegro, superando la oposición de Abreu en la Barra del Ibicuy, en medio de un nutrido fuego, que obligó a Yegro a retirarse.

Luego, el comandante portugués inició la persecución de Sotelo, derrotando a varias partidas guaraníes, pero no pudo demorarse por la urgencia que tenía en llegar a San Borja. Sotelo, finalmente, logró reunirse -junto a sus disminuidas tropas- con el comandante Andrés Artigas en el sitio.

La presencia de corsarios entre las fuerzas federales no era extraña: no pudiendo contar con una flota fluvial por falta de recursos, Artigas concedió patentes de corso a particulares que atacaban embarcaciones enemigas usando la bandera tricolor, buscando réditos económicos.

Justo Yegro contaba con dos goletas y varios lanchones los cuales, tras ser reparados en La Cruz se ubicaron en el Puerto de San Borja para dar cobertura a Andrés Artigas.

- El sitio de San Borja

San Borja tenía una importancia estratégica por ser el Cuartel General del brigadier Francisco das Chagas Santos, quien quedó en una situación comprometida: contaba con menos de doscientos soldados para defenderla, muchos de ellos guaraníes, que eran considerados poco confiables dado el alto grado de deserción; inmediatamente envió un pedido de auxilio a Abreu, pero éste se encontraba a más de ochenta leguas.

Igualmente, la toma del pueblo no sería fácil, ya que algunos defensores poseían un muy buen entrenamiento, sobre todo el regimiento Santa Catharina que llegó poco tiempo antes; además, las bocacalles habían sido cerradas con barricadas reforzadas con pilas de cuero crudo y se contaba con una fuerte artillería compuesta de catorce piezas, que lograron repeler los primeros ataques guaraníes, quienes contaban con tan solo dos bocas de fuego.

Si bien Andrés Artigas tenía un número elevado de soldados, la mayor parte de ellos estaban armados sólo con lanzas; cuando se combatía, los desarmados esperaban que cayera un soldado para correr a ocupar su lugar tomando sus armas.

El 24 de Septiembre de 1817 el Comandante General envió una intimación a Chagas para que se rindiera, como había hecho con Isasi, en Candelaria, a fin de evitar inútiles derramamientos de sangre; le advirtió que de no deponer las armas en un plazo de tres horas “se pasará a degüello a todo enemigo y aún caerán tantos inocentes”.

No hubo respuesta; tras un ataque que fue rechazado, al otro día le envió una segunda intimación, de contenido muy similar, en la que Andresito le pedía a Chagas la entrega, en menos de dos horas, “del único pueblo que me falta”.

Nuevamente, Chagas no respondió, por lo que se inició un fuerte ataque, que también fue rechazado. Se sucedieron varios enfrentamientos de pequeña escala que no lograron definir el enfrentamiento. Andresito optó por no realizar un ataque fulminante y sangriento, quizá porque sabía que éste dejaría muchas víctimas inocentes entre sus hermanos de raza pero, fundamentalmente, porque al no contar con el poder de fuego necesario creyó preferible esperar a recibir los refuerzos prometidos desde Yapeyú.

Finalmente, una vez que arribó una parte de las tropas de Pantaleón Sotelo y la pequeña flota de Yegro, se fijó como fecha del ataque definitivo el día 3 de Octubre de 1817; por entonces, debido a la escasez de alimentos pero -sobre todo- de agua, San Borja estaba al borde de la rendición tras trece días de duro sitio.

Sin embargo, cuando el enfrentamiento finalmente se desencadenó, llegó sorpresivamente el veterano contingente lusitano comandado por Abreu, compuesto por 650 soldados(4); éstos arribaron en forma inesperada por el pantanoso palmar del flanco, aprovechando una densa neblina que había hecho que no se lo divisara hasta estar a menos de media legua.

(4) Que ya se había enfrentado con Sotelo. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

En medio de la sorpresa y el desconcierto general los guaraníes se vieron entre dos fuegos. Andresito dividió sus tropas y presentó batalla en el Palmar, la cual fue particularmente sangrienta; pese a su heroica lucha, las tropas guaraníes se vieron superadas tras dos horas de combate y debieron levantar el sitio dejando centenares de muertos y unos pocos prisioneros en el campo de batalla.

Perseguidas de cerca, las tropas de Andresito se dispersaron y volvieron a reunirse -tras atravesar el río en diversas columnas- en Santo Tomé. Los oficiales cruzaron en las embarcaciones de Yegro, bajo nutrido fuego; otros lo hicieron nadando en diversas columnas, por lo que muchos murieron ahogados o bajo los disparos enemigos.

Aunque las bajas fueron numerosas, no lo fueron tanto como afirman muchos historiadores, sobre todo brasileños, que hablan de más de mil muertos. Abreu, en su Parte, menciona 400 muertos y 70 heridos.

Pero quizá fueran menos, ya que Andresito dispersó su tropa usando la táctica montonera y ordenó el reagrupamiento -al otro lado del Uruguay- en Santo Tomé; las mayores bajas se dieron al cruzar el río cuando eran perseguidos.

La facilidad con que las tropas guaraníes lograron rehacerse hace pensar que las pérdidas humanas no fueron tantas ya que sólo meses después ya estaban reorganizadas y combatiendo contra las tropas de Chagas, una vez más.

Los misioneros sí tuvieron importantes pérdidas materiales: la artillería, las armas, las municiones, la nutrida correspondencia entre Andresito y Artigas y más de 2.000 caballos fueron tomados por el enemigo. Esta última pérdida era importante, ya que la posesión de buenos caballos era lo que brindaba movilidad a los ejércitos de la época.

Las fuerzas de Artigas en el Sur fueron derrotadas en las batallas de Ibiracoy y Corumbé; Fuctuoso Rivera tampoco pudo detener a Lecor, al ser vencido por la vanguardia portuguesa en India Muerta, dejando abierto el camino a los lusitanos hacia Maldonado y Montevideo.

Las tropas de Chagas y de Abreu se dirigieron hacia el Sur para participar de estas luchas, por lo que no persiguieron a Andresito, como se temió, tras la derrota de San Borja, momento en el que el propio Artigas le indicó que abandonara Santo Tomé y retrocediera hacia la Tranquera de Loreto con sus tropas.

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