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La destrucción de las misiones

En Enero de 1817 el comandante portugués Francisco das Chagas Santos invadió los pueblos de Misiones ubicados sobre el río Uruguay, incursión que volvería a repetir en dos ocasiones en los siguientes meses provocando la peor devastación conocida en las misiones desde las incursiones de los bandeirantes, doscientos años antes(1).

(1) Extraido de la obra de Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Todos esos pueblos fueron destruidos, quemados y saqueados mientras los paraguayos atacaban, al mismo tiempo, los de la ribera del Paraná. Muchos de sus habitantes fueron asesinados o terminaron como esclavos; igualmente no se deben exagerar las pérdidas, ya que gran parte de la población sobrevivió gracias a Andrés Artigas, que en esos días desarrollaba una frenética actividad buscando salvar de la destrucción a su provincia.

El panorama, en otros frentes, era igualmente desolador para el artiguismo: muchos lugartenientes traicionaron al Protector y los portugueses lograron tomar Montevideo en ese mismo año.

- La invasión portuguesa a la Banda Oriental: la ocupación de Montevideo

Tras sufrir sucesivas derrotas, a fines de 1816, Artigas había logrado concentrar nuevamente sus tropas e intentaba detener a una división portuguesa cuyo comando había sido asumido por el propio marqués de Alegrete, Capitán General de Río Grande do Sul.

Un ejército de más de 3.000 soldados, provenientes de todas las provincias de la Liga de los Pueblos Libres, muchos de ellos guaraníes misioneros y correntinos, y comandado por Andrés Latorre, intentó detener el paso de los portugueses en el Cuareim, pero llegaron cuando éstos ya habían cruzado ese río.

Alegrete, sin ser percibido, sorprendió y derrotó en su campamento del Arapehy al mismísimo José Artigas, que estuvo a punto de ser tomado prisionero. Al otro día, Latorre alcanzó a los portugueses y les presentó batalla en el Arroyo Catalán; a un paso estuvo de imponerse, pero finalmente fue derrotado -igual que Andresito tres meses antes- por la oportuna aparición de las tropas de Abreu.

La derrota de Catalán fue determinante en el curso de la guerra: arrojó un saldo de más de mil muertos y prisioneros al tiempo que les permitió a los portugueses avanzar, sin mayores contratiempos, hacia Montevideo.

Esta ciudad y, particularmente, su oligarquía urbana, nunca vieron con simpatía a Artigas e incluso muchos creían preferible la dominación portuguesa. Fue así que el 20 de Enero de 1817 las columnas portuguesas ingresaron a Montevideo; Lecor no sólo no encontró resistencia, sino que fue recibido con honores.

Pero su situación aún no era segura, ya que estaba prácticamente sitiado al permanecer la campaña oriental en manos de Artigas. En los meses sucesivos se realizaron expediciones complementarias mediante las cuales los portugueses ocuparon Concepción del Uruguay y Colonia dejando así sin puertos de abastecimiento a los corsarios federales que operaban en el río Uruguay.

Durante 1817, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón no prestó ayuda a los orientales cuando éstos la solicitaron, ya que exigía primero que juraran fidelidad a Buenos Aires y se sumaran al Congreso de Tucumán; incluso, recibió a delegados portugueses para que le aclararan cuáles eran las pretensiones de su Gobierno, sin siquiera requerirles que se retiraran. Se limitó a solicitarles que los conflictos no sobrepasaran las fronteras de la Banda Oriental.

Era claro que el Directorio, lejos de oponerse a la invasión portuguesa, la consideraba positiva, ya que podría eliminar la peligrosa amenaza que representaba José Artigas para el poder porteño.

En efecto, aprovechando que las tropas federales estaban ocupadas en la guerra, Pueyrredón intentó -una vez más- ocupar el Litoral, esta vez atrayéndose a algunos caudillos de Entre Ríos y Santa Fe (Eusebio Hereñú y Mariano Vera).

Los federales lograron imponerse una vez más, gracias a la participación de José Ignacio Vera (hermano de Mariano) y de Francisco Ramírez. Las provincias se mantuvieron firmes, dentro de la Liga de los Pueblos Libres.

El quiebre definitivo de Artigas con Pueyrredón se dio en Noviembre de 1817, momento en que el Protector le dirigió un Oficio en el que lo acusaba abiertamente de estar de acuerdo con los invasores dando una larga enumeración de pruebas de ello.

Tras llamar a Pueyrredón “criminal e indigno de la menor consideración”, lo instaba a ponerse “al frente de los enemigos, para combatir con energía”. Era una nueva declaración de guerra.

- La primera invasión de Chagas a las Misiones Occidentales de 1817

Una vez asegurada la imposibilidad de una contraofensiva de las fuerzas artiguistas, el gobernador de Río Grande do Sul, el marqués de Alegrete, dio Instrucciones a Francisco das Chagas Santos, Comandante de las Misiones Orientales, de “atacar a viva fuerza los pueblos de los insurgentes, destruirlos y quemarlos”, demoler cualquier lugar que pueda servir de refugio a los insurgentes (capillas, guardias, estancias), arrear todo el ganado y cualquier bien de valor y hacer cruzar el río a todas las familias y habitantes que se pudiera.

Esta invasión, producida en Enero de 1817, no debe considerarse como un contraataque frente a la incursión de Andrés Artigas a San Borja de 1816, sino que formaba parte de un plan previo que fue pospuesto debido a la heroica actuación de las tropas guaraníes y que aparece ya, por escrito, en el Acta de la Convención de Guerra firmada por Alegrete y Lecor, el 20 de Septiembre de 1816.

Cabe destacar que la actitud de las tropas portuguesas en las regiones invadidas no fue homogénea. En la Banda Oriental, la población civil no identificada de forma explícita con el artiguismo, no fue maltratada ni sufrió persecuciones; el mismo Lecor dio Instrucciones de tratar de forma paternal a los habitantes de las zonas ocupadas; Misiones, por el contrario, donde la población era casi totalmente aborigen, tenía una fidelidad ciega a Artigas y constituía una mina, en apariencia, inagotable de soldados para los ejércitos del Protector.

Los guaraníes eran particularmente aptos para la lucha en tropas irregulares -que podían producir una efectiva resistencia- y eran difíciles de derrotar en forma total debido a la facilidad con que se dispersaban.

Como harían en el siglo XX los estadounidenses en Vietnam, los portugueses, en la imposibilidad de derrotar a las guerrillas decidieron dejarlas sin sus bases de sustento, es decir, los pueblos misioneros.

En Misiones no hubo trato paternal sino saqueo, destrucción, asesinatos y esclavización de cientos de aborígenes; éstos eran los enemigos a eliminar, ya que Chagas tenía claras Instrucciones de no hostilizar ni a correntinos ni a paraguayos.

Recibidas las Instrucciones, Chagas partió de San Borja el 14 de Enero de 1817 con un contingente de 550 hombres llevando canoas, carretas para transportarlas y una nutrida artillería. Sus fuerzas estaban formadas por milicianos de frontera, compañías de indígenas y por tropas veteranas (los regimientos de dragones del Río Pardo y de infantería de Santa Catalina).

Al tener noticias de que Andrés Artigas estaba preparando tropas en La Cruz, Chagas decidió atacarlo allí, por lo que dispuso el cruce del Uruguay por dos sitios diferentes el 19 de Enero: la vanguardia, al mando del teniente Carvalho, intentaría trasponer el río por el Paso de Itaquí, mientras el grueso de las tropas lo haría por la Barra del Aguapey.

Carvalho fue detenido por una partida, al mando de Vicente Tiraparé, quien fue derrotado por la oportuna llegada de refuerzos enviados por Chagas que ya habían logrado cruzar; igualmente Tiraparé, que resultó herido en una pierna, consiguió ganar un tiempo precioso.

Andresito, notando que no podría detener a Chagas, tras “echar algunas partidas” de reconocimiento por las que supo que eran dos las columnas que avanzaban, abandonó La Cruz rumbo a Yapeyú llevando no sólo sus 400 soldados sino también a la mayoría de los habitantes del pueblo.

El 20 de Enero de 1817, sin más oposición, Chagas ocupó La Cruz, desde donde envió un contingente al mando de José María da Gama Lobo para perseguir a Andresito y destruir Yapeyú.

El Comandante General de Misiones ya había dejado ese pueblo, llevándose también a gran parte de los pobladores; yendo hacia el Sur, se instaló en el Paso del Rosario, sobre el arroyo Miriñay.

Sólo algunas partidas de su retaguardia tuvieron encuentros con los portugueses; uno de ellos podría haberse dado en la Capilla de San José, dentro de la jurisdicción de Yapeyú, y este encuentro menor, protagonizado por tropas que no estaban comandadas personalmente por el Comandante General, sería lo que algunos llamaron acción de San José (Martín de Moussy) y, otros, el combate de Yapeyú.

La Cruz y Yapeyú fueron destruidos, incendiados y saqueados; luego, Chagas marchó al Norte, hacia Santo Tomé donde llegó el 31 de Enero de 1817, encontrando en el pueblo sólo a un anciano Corregidor y a cuatro indios, ya que los habitantes habían huido, y una partida de 200 hombres había marchado al Sur para reunirse con Andresito en el Miriñay.

Los Cuarteles de Santo Tomé -según el propio Chagas- constituían un excelente Fuerte, por lo que fueron totalmente demolidos. El resto de las edificaciones también fueron luego cuidadosamente destruidas; este esmero se debió, quizá, a un gesto simbólico, ya que Santo Tomé era, hasta entonces, el Cuartel de Andresito y cabe recordar que ya había sido designado como sede de gobierno bajo el mando de Artigas; pero también respondía a causas estratégicas, para evitar que pudiera servir como una base de ataque a San Borja, situada justo enfrente, al otro lado del río.

- La retirada de Andrés Artigas

Andresito no contaba con todos sus contingentes ya que muchos se hallaban al lado de Artigas, en el Campamento de Purificación; no pudiendo contener a los portugueses en una batalla campal, optó por retirarse hacia el Sur.

Actuando de esta manera no hacía otra cosa que seguir las Instrucciones del Protector de no presentar batalla, a menos de estar seguro de obtener una victoria; dada la imposibilidad de salvar los pueblos, procuró por lo menos rescatar a la mayor cantidad de habitantes posible. Su maniobra fue, en este sentido, exitosa, porque logró salvar a gran número de familias y al grueso de sus tropas que tuvieron sólo 18 bajas.

La retirada se produjo hacia el Sur y no hacia el Norte, donde se encontraba la mayoría de los pueblos, porque de esa manera podría mantener el contacto con Artigas pudiendo así obtener refuerzos.

De haber querido ir al Norte, tampoco hubiera podido porque los portugueses impedían el paso hacia los pueblos septentrionales y resultaría imposible llegar a ellos sin enfrentarlos abiertamente.

En una carta de Andrés a José Artigas le informaba que, de seguir el avance de los portugueses, retrocedería hasta Curuzú Cuatiá y, desde allí, trataría de reunirse con él; la ruta que seguiría era la del Interior de la provincia, bordeando los esteros, debido a la mayor disponibilidad de caballos, pero también para evitar encuentros con cuerpos portugueses que pudieran haber cruzado el Uruguay por el Sur, ya que la fuerte baja del río favorecía su paso.

Como los portugueses siguieron sus saqueos hacia el Norte, Andrés Artigas organizó la reunión general de los contingentes guaraníes emigrados en la Capilla del Rosario, sobre el río Miriñay.

Superado el primer momento de confusión, sucesivos grupos de guaraníes dispersos se fueron uniendo a Andresito, tanto partidas como grupos aislados que habían llegado por afuera, es decir, por el borde de los esteros, evitando las partidas portuguesas, a tal punto que en los primeros días de Febrero de 1817 ya contaba con una fuerza de 1.000 hombres, además de las numerosas familias.

Poco después, el Cuartel pasaría a las cercanías de la desembocadura del Miriñay, cerca de donde pronto se erigiría Asunción del Cambay, sitio más adecuado para regularizar las comunicaciones con Artigas.

El éxodo misionero pronto tuvo que enfrentar problemas de abastecimiento, por lo que el 1 de Febrero de 1817 Andrés Artigas solicitó 300 vacas para alimentar a los guaraníes, ya que no quería sacárselas a los pobres vecinos que ya tantos males habían sufrido.

Igualmente el ganado enviado fue escaso y el caudillo logró salir del paso sólo gracias a los auxilios brindados por algunos particulares, como Manuel Ledesma. Muchas de las familias emigradas nunca regresaron a sus hogares sino que fundaron los nuevos pueblos de Asunción del Cambay y San Roquito (San Roque del Iberá) en los límites de Misiones con Corrientes.

- La destrucción de los pueblos de la costa norte del Uruguay

Mientras tanto, el comandante portugués de San Nicolás, Elias Antonio de Oliveira, con 200 soldados cruzó por el Paso de San Isidro el 17 de Enero de 1817 y, tras superar una leve resistencia en San Fernando, atacó y destruyó el pueblo de Concepción.

Chagas, a su vez, envió desde Santo Tomé a Manuel José Melo, con la misión de destruir Santa María La Mayor, San Javier y Mártires. Es decir que, en poco más de un mes, todos los pueblos lindantes con el río Uruguay fueron atacados y destruidos; los asentamientos mediterráneos tuvieron una fortuna un poco mejor: Apóstoles, San José y San Carlos fueron saqueados pero no incendiados.

Chagas también envió una partida al mando del capitán Alejandro José de Campos a la Capilla del Tararí para llevarse los valiosos ornamentos del pueblo de San Borja que pudieron ser salvados de la invasión portuguesa a los pueblos orientales de 1801 y estaban depositados allí.

A los pocos días, Carvalho regresó a Santo Tomé con un valioso botín que incluía más de 600 caballos e inmediatamente volvió a partir con el fin de destruir “lo que encontrase”.

- Ignacio Mbaibé y el combate de Ibiritingay

Al dirigirse Andresito al Miriñay, el comandante de Candelaria, Ignacio Mbaibé, quedó aislado en el Norte ya que entre ellos estaba el enemigo portugués.

Temiendo un ataque y al notar la imposibilidad de reunirse con el Comandante General, éste se dirigió a las Guardias de la frontera con Corrientes, al Sudoeste, instalando un Cuartel provisorio en Ibiritingay donde esperaba obtener ayuda de las tropas correntinas.

El teniente Carvalho -enviado por Chagas- sorprendió a una partida que se dirigía al Cuartel de Mbaibé en la Tranquera de Loreto y, al seguirla, se encontró con 100 guaraníes liderados por el propio Mbaibé, que debió retroceder hacia su campamento donde contaba con aproximadamente 270 soldados que fueron derrotados y se dispersaron; este combate, el más importante de la primera invasión de Chagas, dejó un total de 72 bajas entre los tropas guaraníes.

Mbaibé se dirigió hacia Corrientes y, pese a que los Comandantes de esa provincia le indicaron que se detuviera en Itá Ibaté, continuó hasta Itatí. Muchos guaraníes se dirigieron hacia los Esteros del Iberá y el Santa Lucía y algunos llegaron incluso más allá, hasta Yaguareté Corá.

La ayuda correntina esperada nunca llegó; en realidad, el gobernador Méndez estaba retornando, en ese momento, con el grueso de sus tropas que habían participado de la batalla de Catalán.

Los comandantes correntinos que quedaron en la zona no brindaron ayuda y ni siquiera caballos o ganado a los guaraníes y, de hecho, algunos de ellos, particularmente los hermanos Esquivel y Francisco Fernández entraron directamente en entendimiento con los portugueses, cuyo apoyo pretendían para una conspiración antiartiguista que no llegó a producirse.

De haber éstos apoyado a los guaraníes, a los portugueses les hubieran costado más llevarse el triunfo en Ibiritingay.

- El ataque de Paraguay a las misiones del Paraná

Chagas no atacó los pueblos del Paraná, ya que los consideraba de jurisdicción paraguaya y tenía Instrucciones precisas de no entrar en conflicto con el Gobierno de Asunción pero, no por ello, éstos se salvaron de la destrucción.

Ante el retiro de Ignacio Mbaibé y su posterior derrota en Ibiritingay, el comandante paraguayo Castro se asentó en Candelaria desde donde procedió a ocupar Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus.

Muchas familias lograron huir hacia el Sur, donde se integraron a la población local como mano de obra; otros permanecieron unidos, dando nacimiento a dos nuevos pueblos: Loreto (Yatebú) y San Miguel, en las cercanías de los Esteros del Iberá.

La ocupación paraguaya duró poco tiempo: Chagas se retiró al otro lado del Uruguay y Andresito comenzó a avanzar hacia el Norte. Ante estos hechos y la creciente deserción de los habitantes, los paraguayos volvieron a trasponer el Paraná, pero primero procedieron a incendiar los pueblos, llevándose todos los elementos de valor.

La población restante también fue trasladada a los pueblos paraguayos e, incluso, los más díscolos fueron internados más allá del Tebicuary donde se emplearon como peones de estancia.

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