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Conceptos y juicios de historiadores correntinos sobre la dominación guaranítica

- Hernán Félix Gómez
La figura del caudillo guaraní afirmada por las hordas semidisciplinadas que le obedecen es, en la tradición popular de la provincia, como la encarnación de la perversidad y del latrocinio, consignada en documentos de Gobierno de trascendencia, caucionados por firmas insospechadas(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929).

Debemos dejar de ello constancia no sólo para caracterizar el juicio producido cuanto para enfrentar esta verdad histórica a enunciaciones formuladas en Congresos de las repúblicas vecinas, en que se buscó reivindicar su memoria vistiéndola de una aureola romántica sugestiva.

Y así pudo decir uno de esos panegiristas(2):

“Andresito es el héroe anónimo de las gloriosas montoneras artiguistas, propicio al público homenaje a que lo hiciera acreedor el ideal a que consagró su vida, sin más norte ni brújula que la redención de su raza y los laureles que en su vida prendiera aquella acción de los sacrificados a la libertad en la que el desinterés arrancó -al horror de la tragedia emancipadora- las más vibrantes estrofas del himno del coraje...”.

(2) En la Cámara de Representantes de la R. O. del Uruguay, en Junio de 1921, fundando una Ley que daba su nombre a un bosque de pinos que había de fomentarse en el linde de la Ciudad de Montevideo. Palabras del diputado Pablo Minelli. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929).

 

La historia no debe buscar la verdad en el perdón generoso de las generaciones posteriores en muchos años a la del guerrillero guaraní. Tampoco ha de buscarla en el recuerdo de quienes no sintieron en carne propia y vieron en el escenario local al hombre que se estudia.

Andrés Artigas no fue una figura del escenario oriental ni acaudilló la masa apenas disciplinada de sus indios en la campaña próxima a Montevideo. Actuó en el campamento, en las márgenes del Uruguay y tuvo como escenario habitual el territorio misionero y el de la provincia de Corrientes.

Ahí ha de irse a buscar la definición histórica del personaje, sutil, orgulloso, empeñado en afirmar la hegemonía de los inorgánicos elementos que acaudillaba, los mismos que trajeron sobre la provincia -en esta oportunidad- las horas más ingratas de su pasado.

Demos la palabra al ex gobernador de la provincia de Corrientes, Pedro Ferré, actor en los luctuosos sucesos no sólo por haber sido vecino en 1818 y 1819 de la ciudad capital sino porque, adicto al principismo federal, cooperaba con su arte a formar en sus astilleros la escuadra con que Corrientes contribuyó a avallar en el río Paraná el poder de los elementos dictatoriales de Buenos Aires.

Decía el ex gobernador Ferré, el 12 de Noviembre de 1827, sólo ocho años después de la invasión de Andresito, en el Manifiesto que se diera por el Gobierno correntino a los pueblos de la República explicando los poderosos motivos que lo llevaban a marchar sobre el Territorio de Misiones, a contener la anarquía fomentada por los últimos grupos guaraníes(3):

“Desde que los naturales de Misiones obtuvieron su libertad quisieron distinguir la época de su independencia adoptando el sistema de destruir en vez del de edificar. El peso de las cadenas que habían arrastrado por más de dos siglos los había reducido a tal extremo de degradación que, cuando se vieron libres de ellas, pasaron al exceso de una licencia sin límites.
“Entregados a la disolución anárquica, no perdonaron crimen que no cometiesen; violencia, robos, asesinatos y estupros, he aquí las acciones que han marcado su conducta pública.
“Después que el enemigo logró sembrar la desolación y la ruina en aquellas desgraciadas regiones(4), ellos continuaron errantes por todas ellas, oprimidos de hambre y desnudez, faltándoles ya hasta el recurso del robo y del pillaje, único ídolo de sus aspiraciones, atacaron aleves contra esta provincia lisonjeándoles la esperanza, el espíritu de partido, el genio de la discordia y cuántas agitaciones domésticas se experimentaban en el año 1818.
“En efecto; a su influjo, esas furias infernales lograron introducirse y posesionarse de la provincia con todas las ventajas que podían desear. En un momento se hacen dueños de vidas y haciendas, dejándose correr en esta brutal posesión por espacio de diez u once meses.
“Los habitantes abandonan sus hogares, la emigración se aumenta sencillamente, las familias que no tiene lugar en ella huyen con pavor a aislarse en los bosques más lejanos y espesos; no se oye más que el eco lastimero de niños y ancianos que no atinan dónde albergarse; libres los fascinerosos de las cárceles, se las repueblan con ciudadanos beneméritos, sin exclusión de los ministros del Santuario; el llanto y la amargura asaltan todas las clases de la sociedad; un terror pánico se apodera del pueblo; por todas partes resuenan quejas y clamores; todo es horror, todo es conflicto y consternación”.

(3) Fue en 1827. Tratábase de la sublevación del titulado gobernador de Misiones, Félix de Aguirre. Véase el Manifiesto. “Datos y Documentos sobre Misiones”, tomo III, p. 477.
(4) Ruina de Misiones en 1817 por la invasión de las fuerzas portuguesas. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Y agrega luego con profunda sinceridad:

“La memoria se horroriza de recordar una época de sangre y devastación. Ojalá fuera posible olvidarse de sus ingratos autores que, no contentos con las ingentes cantidades pecuniarias y donativos voluntarios de toda especie que se les hacían, poseídos de un odio sin igual, desechaban nuestras más humildes súplicas y expedían rigurosas órdenes para que se multiplicasen los castigos y se apurasen los inventos de afligir y consternar.
“Ellos han adoptado el sistema de hacer morir de azotes una porción de infieles; han castigado públicamente en igual forma hombres y mujeres sin distinción, para llenarlos de oprobio y afrenta, sin más motivo que la obsecación de sus caprichos sanguinarios.
“Ellos, en el exceso de sus diarias embriagueses, han arrebatado de sus propios lechos toda clase de ciudadanos, sin respetar ancianos y enfermos y, llevándolos en grupos a la plaza, le han hecho sufrir los más penosos trabajos, insultando y maltratándolos a sablazos, pretendiendo abatirlos por este medio con la ignominia y el escarnio”.

Caracterizando, después, el rol que desempeñaran estas razas indígenas en la historia, dice:

“La posteridad se asombrará al ver la ferocidad con que se encarnizaron contra nosotros, unos hombres interesados en la conservación de la provincia y nunca podrá admirarse bastantemente del aturdimiento con que han pretendido castigar nuestra conducta en circunstancias en que, abandonado el Estado a una especie de orfandad, no había un poder que velase sobre su seguridad.
“Pasado el período de estos conflictos y el furor de un enemigo victorioso, los naturales de Misiones adoptaron nuevamente la forma de vivir errantes, asesinando y robando a cuántos infelices encontraban hasta que, perseguidos (1821) por una fuerza de Ramírez(5), el Supremo de Entre Ríos, pasaron el Uruguay buscando la protección del enemigo por quien fueron bien recibidos”.

(5) Si el general Francisco Ramírez concibió el plan y ordenó la expedición, ésta se formó de fuerzas correntinas y fue costeada con los recursos de esta provincia. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Ninguna mejor síntesis de estas horas de terror y de vergüenza -dice Hernán Gómez- que los párrafos transcriptos, en que un contemporáneo a estos acontecimientos los juzga desde la alta dignidad del Gobierno.

Y era esa palabra necesaria; de los archivos públicos, al solo anuncio de la entrada a la capital de Andrés Artigas, se retiraron todos los documentos que podían comprometer a los hombres de la época y el suceso(6), que restó elementos de juicio al presente, imponía versiones exactas de quienes, como Ferré, fueron expectadores en el régimen de usurpaciones que se abría.

(6) Han desaparecido las Actas Capitulares, etc. Consta del Acta Capitular del 13 de Noviembre de 1818. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

El invasor llegaba a la provincia para algo más que conquistarla a la influencia de Artigas. Traía un amplio cortejo de odios y de prevenciones. Educado en las tradiciones de su raza, que pretendía elevarla a la dignidad de la vida civilizada, vio en los hombres de Corrientes a unos usurpadores de los territorios de su pertenencia histórica y, erigiéndose en el instrumento de la vieja política jesuítica que enfrentó, en el período colonial, el poder de la Ciudad de Vera al abuso de los Padres de la Compañía de Jesús, usurpó y castigó invocando la herencia que representaba.

Había en los actos de Andrés Artigas como una sombra de justificación, no desde el punto de vista de Corrientes, que siempre fue la víctima de la República Jesuítica de Misiones, sino desde el más general de la política practicada por los Gobiernos revolucionarios, inspirada en el alegato que formularan los jesuitas, en 1678, en que para defender sus intereses privados dijeron que todas las tierras eran de los indios.

Los revolucionarios de Mayo defendieron la teoría de que la conquista española era un robo y en sus primeros manifiestos levantaban al indio; en 1811, impusieron el sufragio universal que lo comprendía; el 12 de Marzo de 1815 se los declaraba libres y en igualdad de derechos a los demás ciudadanos, derogando la mita, la encomienda y el servicio personal; y el 4 de Mayo del mismo año se les reconocía expresamente el voto para la elección de diputados en las cuatro Intendencias del Perú.

El general Artigas, que necesitó de sus brazos para la guerra contra el Portugal, exaltó las mismas ideas y presionó a Corrientes para que fuesen adoptadas, sin éxito alguno; es que la tradición estaba viva, que los centros indígenas de Itatí, Santa Lucía y Garzas daban la medida de su incivilidad y que la frontera del Gran Chaco, con sus invasiones periódicas y sangrientas, anticipaba la visión de los más inauditos excesos.

Bajo esta autoridad plena de prejuicios y odios, con su clase culta dispersa y reducida a la miseria por la usurpación y las contribuciones(7), gimió la capital conquistada algo más de un mes. Su crónica es la relación de un continuo sacrificio, de persecuciones sistemáticas, que ahogaron las virtudes cívicas, proceso doloroso sobre el que lució la bandera tricolor que el nacionalismo ingénito de la raza había omitido, no obstante la firmeza de su principismo federal(8).

(7) Hemos visto actuaciones curiosas como ésta. Debían tenerse abiertas las ventanas de las casas hasta las 20:00, bajo pena de multa que aplicaban y percibían de inmediato los oficiales de Andresito. Entregaban los saldos, descontando los gastos y gratificaciones de las rondas...
(8) Oficio del Comandante de Marina Campbell, al Cabildo, del 18 de Agosto de 1818. Le dice que sabía que no tenía bandera tricolor -la de Artigas- y caracterizaba la gravedad del asunto ante el próximo arribo de Andresito. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

- Manuel Florencio Mantilla
Nacido en Santo Tomé, aprendió a leer, escribir y servir de criado al lado del Cura del pueblo; fugó por mala índole, para engrosar una partida de bandoleros, que Artigas atrajo a su servicio en la época de sus fechorías de montaraz; acreditóse con él, le siguió en todas sus empresas y adquirió el derecho de usar su apellido, pues el propio era “Tacuarí”.

La predilección de Artigas llegó al extremo de nombrarle Comandante General de Misiones, cuando se apoderó de ese territorio, puesto en él que Andresito demostró condiciones insuperables de bandido.

Le adoraban sus tropas bárbaras. Era mestizo de blanco e indio, bajito, bien proporcionado de cuerpo, cara redonda con rastros de viruela, ojos verdes y penetrantes, poca barba; era ignorante(9) pero tenía buena letra y mucha perspicacia.

(9) Proclamas de Andresito:
“El ciudadano Andrés Artigas. Comandante General de las Fuerzas Libres Occidentales guaraní reconquistadoras etc...
“Por la Patria y por mis desvelos.
“Considerando que los hombres cometen crímenes y por ellos se ausentan, olvidando su patria, sus familias, sus bienes de fortuna y, en fin, un todo lo olvidan, y se arrastran a la bajeza del abandono; ésta, tan atroz miseria los inclina a otros tantos males; basta ya de tan miserable vida.
“Por la Patria, por la Patria y por mí, gozarán en el término de 15 días, si se me ponen a mi presencia, perdonados e indultados de todo delito.
“Dado en mí Cuartel General de mis Fuerzas Libres Occidentales guaraní, 5 de Septiembre de 1818 - Andrés Artigas”.

Otra: Igual encabezamiento ...
“Tropas dispersas: conozco que te habeis distinguido tanto tiempo y que te habéis caracterizado con honor; ahora os veo como hijos pródigos, padeciendo por amor a su Madre Patria, por veros libre de los tiranos ¡y que andáis ahora sin Padre, sin Dueño, y sin Señor?
“Esto ha llegado al sumo de mi consideración, el desconsuelo en que os halláis; y tal vez estéis con algunos temores por esos lugares excabrosos de los montes y desiertos.
“Dejad pues, esas habitaciones peligrosas, seguid como anteriormente, en desempeñar a la Patria, acompañadme a su defensa; que por mí y por la Patria, seréis premiados. También si les acompañen algunos delitos, serán indulgentes con toda seguridad.
“Por tanto, corred que ya se preparan vuestros compañeros a la pelea con sus enemigos. Este Gobierno todo os asegura, y facilitan empeño y esmero que seréis salvos y libres, antes que no doblar la cerviz al tirano.
“La muerte será una gloria, el morir libres y no vivir esclavos que, como héroes los posteriores cantarán.
“Es dado en este Cuartel General de mis fuerzas libres a 2 de Noviembre de 1818 - Andrés Artigas”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. "Crónica Histórica de la provincia de Corrientes".

Sus tenientes imitaban sus vicios y su fiereza, cuando lejos de su vista mandaban, pues en presencia suya sólo por orden expresa procedían. Le deleitaba la crueldad ejecutada por su propia mano y eran de sus diversiones favoritas dar banquetes de carne de yegua en los que comían a sablazos los vecinos llevados por la fuerza, y organizar bailes para disolver la concurrencia a palos.

Francisco Javier Sití, comandante de Goya, rivalizaba a su jefe en los banquetes y los bailes.

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