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La última campaña de Andrés Artigas

Durante 1818 y los primeros meses de 1819 las tropas de José Artigas habían obtenido importantes victorias, sobre todo en el escenario de la guerra civil contra el Directorio, y se había consolidado la hegemonía federal en Corrientes y Santa Fe. Quizá por ello, José Artigas entrevió la posibilidad de iniciar una nueva ofensiva contra su enemigo más peligroso: el invasor portugués(1).

(1) Material extraido de la obra de Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

El Protector necesitaba obtener ventajas ya que sus oficiales -tras varios años de campaña- no mostraban ya el mismo entusiasmo mientras que otros, muchos de ellos de destacada actuación, fueron tomados prisioneros; tal fue el caso, por ejemplo, de Juan Antonio Lavalleja y Fernando Otorgués; finalmente, incluso hubo algunos que se pusieron a favor del enemigo portugués (Manuel e Ignacio Oribe, Rufino Bauza, etc).

La guerra de recursos no fue del todo desfavorable, ya que Fructuoso Rivera obtuvo ventajas gracias a ella, por lo que José Artigas decidió tomar la iniciativa y atacar al enemigo por el Sur y por el Oeste en un plan similar al de 1816 y en el que, una vez más, las fuerzas de Andrés Artigas deberían jugar un importante papel.

- Andrés Artigas vuelve a cruzar el Uruguay: la ocupación de San Nicolás

Andresito, según las Instrucciones de José Artigas, había convocado a parte de sus tropas en Asunción del Cambay y allí trazó las líneas generales de su plan de ataque. Retornó brevemente a Corrientes y el 23 de Marzo abandonó definitivamente esa ciudad para reunirse con sus tropas que, para ese entonces, se encontraban ya en la Tranquera de Loreto, más precisamente en la estancia de Santa María.

Con el contingente correntino de Sánchez Negrette -que se le había agregado- siguió avanzando con su ejército por los desolados territorios misioneros para cruzar el Uruguay por el Norte. Sabía que el triunfo sería muy difícil de obtener ya que el plan de José Artigas era muy ambicioso: pretendía que los guaraníes derrotaran a los portugueses en las Misiones Orientales, avanzando hasta el río Ibicuy, para luego atacar -junto a los orientales y entrerrianos- al poderoso ejército de Curado.

Pese a lo difícil de la campaña, Andresito y sus guaraníes no dudaron ni un momento y pusieron todo su empeño, valentía y audacia en la empresa.

Debemos aclarar que, a pesar de la relevancia de la nueva campaña, Andrés Artigas no utilizó todas sus tropas, ya que una parte de ellas se quedó en Corrientes con Abiaró y, otro contingente, al mando de Sití, aún estaba en Santa Fe.

De acuerdo al plan fijado habían partido de Corrientes las columnas de los comandantes Pantaleón Sotelo, Blas Uré, Ignacio Mbaybé y Vicente Tiraparé, pasando por el norte de la Laguna Iberá y, desde el Sur, desde Asunción del Cambay, llegaron los contingentes de Manuel Cayré, que debían unirse a las fuerzas de Andresito una vez consolidada su posición en las Misiones Orientales.

Las tropas guaraníes cruzaron el 26 de Abril de 1819 el Uruguay con un contingente de entre 1.600 y 2.000 soldados; tras algunas escaramuzas con las Guardias fronterizas, el Comandante General tomó con facilidad el pueblo de San Nicolás, el 29 de Abril, ante la sorpresa de los portugueses que no esperaban un ataque tan repentino y debieron retirarse desordenadamente dejando atrás, incluso, parte de su artillería.

Una vez asegurada la ocupación de San Nicolás, partidas rápidas de los guaraníes se dirigieron al Sur y ocuparon, sin oposición, también el pueblo de San Luis, buscando de esa manera cortar las comunicaciones entre los pueblos interiores (Santo Angel, San Juan, San Lorenzo y San Miguel) con el Cuartel de Chagas, en San Borja.

El gobernador de las Misiones Orientales portuguesas, Francisco das Chagas Santos, que no pudo impedir la ocupación de San Nicolás y San Luis, concentró sus fuerzas en San Borja.

Tras una dificultosa marcha, con el hostigamiento de las tropas guaraníes, el 9 de Mayo de 1819 sus fuerzas llegaron a San Nicolás. Para su sorpresa, encontraron el pueblo desierto, sin señal alguna de los guaraníes.

Tras varias horas de espera y de bombardear las casas, sin respuesta alguna, el contingente del teniente coronel Diogo Arouche de Moraes Lara decidió ingresar sin aguardar la orden de Chagas; cuando sus hombres se hallaban dentro recibieron una mortífera lluvia de balas de los guaraníes que, durante todo ese tiempo, habían permanecido escondidos en las casas en absoluto silencio. Uno de los primeros en morir fue el propio Arouche de Moraes Lara.

La treta de Andresito dio resultado y los enemigos se retiraron desordenadamente -sufriendo muchas bajas- hasta la Estancia de la Palmera donde esperaron los refuerzos del Capitán General de Rio Grande do Sul.

Una vez consolidada la posesión de San Nicolás, Andresito instaló allí su Cuartel General e inició los preparativos para soportar un sitio que creía inminente.

- La derrota de Itacurubí

Andrés Artigas había logrado una victoria parcial pero había perdido las comunicaciones con José Artigas e ignoraba el resultado de la campaña en el Sur. Buscando restablecer el contacto dividió peligrosamente sus tropas.

El, personalmente, se dirigió hacia el Sur para unirse con los otros cuerpos y para obtener cabalgaduras, dejando en San Nicolás 600 soldados al mando de Vicente Tiraparé.

Andresito realizó una extensa y penosa marcha al Sur llegando finalmente al Ibicuy sin encontrar oposición pero, al no hallar noticia alguna de Artigas, retornó hacia San Nicolás. Sorpresivamente sus tropas fueron atacadas por las del coronel José de Abreu, convocadas para auxiliar a Chagas, en el Paso de Itacurubí, sobre el río Camacuá, el 6 de Junio de 1819 y resultaron derrotadas.

La lucha fue cruenta y las bajas cuantiosas; en la acción cayó prisionero el comandante correntino Sánchez Negrette y el propio Andrés Artigas fue herido en un brazo.

Viendo que la victoria era imposible se ordenó la dispersión y el reagrupamiento de las tropas al otro lado del Uruguay, en una maniobra similar a la realizada en 1816.

La situación de los misioneros en San Nicolás tampoco era buena. A fines de Junio de 1819 llegaron los refuerzos pedidos por Francisco das Chagas Santos, los cuales estaban comandados por el propio Capitán General de Río Grande do Sul, el conde de Figueiras(2), quien tomó -a partir de entonces- el comando de las operaciones mientras por el Sur se acercaban las divisiones de Abreu tras derrotar a Andresito.

(2) El brigadier José Castelo Branco e Cunha Vasconcelos y Souza, conde de Figueiras, había reemplazado -en 1818- al marqués de Alegrete, en la Capitanía de Rio Grande do Sul. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

Aislado, acechado por dos poderosos ejércitos enemigos y sin esperanza alguna de recibir refuerzos, Tiraparé abandonó San Nicolás en los primeros días de Junio de 1819 y ordenó la dispersión de sus tropas y el reagrupamiento al otro lado del río.

Muchas de las partidas artiguistas fueron emboscadas y sorprendidas al intentar cruzar el río arrojando esas acciones un número alto de muertos y prisioneros. Perseguido, Vicente Tiraparé se enfrentó a los portugueses en Santo Cristo, siendo derrotado y perdiendo la vida en la acción.

- El apresamiento de Andrés Artigas

Totalmente derrotado pero aún conservando un número importante de soldados, el ejército guaraní intentaba retornar por diferentes pasos, sobre todo por el de Itacurubí. Los guaraníes permanecieron varios días escondidos en los montes sin tener contacto entre sí y buscando la oportunidad propicia para emprender el regreso.

Andresito se encontraba entre ellos y el 24 de Junio de 1819 intentó cruzar el río por el Paso de San Lucas, para lo cual se encontraba fabricando una jangadilla con algunos de sus hombres cuando fue sorprendido por una partida de patrullaje portuguesa proveniente del Paso de San Isidro, tras lo cual fue desarmado y tomado prisionero luego de una breve escaramuza.

Inmediatamente las tropas lusitanas dejaron de perseguir a los guaraníes fugitivos; ya no era necesario, pues habían cobrado la presa mayor: el propio Comandante General de Misiones. Según palabras del conde de Figueiras, “con la prisión del jefe del partido insurgente, que dos veces había invadido esta provincia (...) ahora considero esta frontera libre de ser inquietada”.

La campaña encomendada por José Artigas a Andresito, en 1819, es difícil de comprender, ya que a todas luces los objetivos planteados superaban ampliamente las debilitadas fuerzas del ejército guaraní.

Quizás el Protector sobreestimó la capacidad de las tropas de Andrés Artigas o quizá subestimó el poder del enemigo, pero lo cierto es que la planificación del ataque fue muy precaria y sus puntos más débiles fueron la falta de coordinación de los movimientos y las fallas en las comunicaciones.

En efecto, mientras Andresito penetraba profundamente en territorio portugués, reconquistando parte de las Misiones Orientales, José Artigas en ningún momento se alejó de su retaguardia y sus partidas se limitaron a arrear ganado de territorio enemigo para su abastecimiento.

Quizá Artigas haya dado una contraorden a Andresito, de suspender el ataque, la cual no le llegó a tiempo o, tal vez, el comandante se adelantó demasiado en su ataque. Igualmente el problema central es el mismo: la falla en las comunicaciones.

Lo cierto es que la derrota y el apresamiento de Andresito fue una pérdida lamentable para el federalismo que se quedaba así sin una de sus figuras más carismáticas y fieles. Su salida de la escena del Litoral marcó el comienzo del ocaso de la Liga de los Pueblos Libres.

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