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El destino final de Andrés Artigas

Como si se tratara de un héroe mítico, la desaparición de Andrés Guacurarí y Artigas -al igual que su origen- parece esquivar los sucesivos esfuerzos de los historiadores por echar luz sobre el tema(1).

(1) Material extraido de la obra de Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

A pesar de los avances que se han hecho en los últimos años, fundamentalmente a partir del acceso a documentos obrantes en el Archivo Histórico Nacional de Madrid y en el Archivo del Ejército de Río de Janeiro -que permitieron aclarar una parte del enigma- el momento y las circunstancias concretas de la muerte del caudillo siguen envueltos en el misterio.

- La prisión de Andrés Artigas en Río de Janeiro

En el transcurso de la guerra contra los portugueses muchos de los mejores lugartenientes de José Artigas fueron cayendo, uno a uno, prisioneros: Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Manuel Artigas (hermano del Protector) y, finalmente, el propio Andrés Artigas.

Otros optaron por alejarse de Artigas e incluso enfrentarse a él, como fue el caso de Francisco Ramírez y Estanislao López y hasta el propio Fructuoso Rivera, que tantas veces había enfrentado a las tropas invasoras, terminó ofreciéndole sus servicios a Carlos Federico Lecor.

Andrés Artigas fue apresado por una partida lusitana cuando intentaba trasponer el Uruguay en el Paso de San Lucas, tras lo cual fue remitido encadenado a San Borja y, luego, a la capital de la Capitanía de Río Grande do Sul, la Ciudad de Porto Alegre.

Desde allí fue conducido en la zumaca “Catharina” a Río de Janeiro; curiosamente, en ese barco volvió a encontrarse con su viejo amigo, fray José Acevedo quien, así como había compartido tantas glorias y penurias, también lo acompañaría en el viaje hacia las prisiones cariocas. Acevedo y Andresito se habían separado hacía poco tiempo, siendo apresado el sacerdote en el pueblo de Rocha.

Ya en Río de Janeiro se volvieron a separar, ya que Acevedo fue recluido en la Fortaleza de Santa Cruz mientras Andresito era destinado a un lugar mucho más sórdido y desolador, la prisión de la Lague, donde permaneció recluido durante un año y cuatro meses en un calabozo oscuro y húmedo sin ningún tipo de comunicación y sin que se le abriera una causa judicial.

En Octubre de 1820 estuvo a punto de ser liberado y, aparentemente, fue sacado en horas de la madrugada de su encierro para que fuera a tramitar -de parte de los portugueses- algún tipo de pacto con José Artigas para detener el conflicto pero, cuando llegaron las noticias de que el Protector ya había sido definitivamente derrotado, volvió a ser recluido.

Cabe aclarar que, además de personalidades militares importantes como Andresito, Otorgués, Acevedo y Lavalleja, las cárceles cariocas estaban pobladas por muchos soldados artiguistas: había guaraníes misioneros, orientales, correntinos, paraguayos e, incluso, un inglés, Antonio de los Santos Fragatas, quien había llegado al Plata durante las invasiones inglesas -como Campbell- y se había plegado luego al artiguismo, terminando prisionero.

Algunos oficiales fueron alojados en barcos pero muchos de ellos estaban recluidos en la Fortaleza de Santa Cruz; la mayoría de los soldados fueron destinados a una prisión mucho más precaria, la temida Isla das Cobras; Andresito no fue llevado allí, como se afirmó durante mucho tiempo, sino a la prisión de la Lague.

Las condiciones de prisión eran muy duras, las cárceles húmedas e insalubres, haciendo que algunos terminaran gravemente enfermos, como Otorgués y fray Acevedo.

Muchos de los soldados, sobre todo los guaraníes, habían debido realizar trabajos forzados en condiciones prácticamente de esclavitud y algunos inclusive terminaron conformando la tripulación de barcos que viajaban regularmente a Africa, sin permitírseles bajar en ningún momento a tierra.

- La revolución liberal española y la liberación de los prisioneros artiguistas

Mientras Andresito permanecía encerrado, los hechos se sucedían vertiginosamente en el exterior; en España había estallado una insurrección liberal (la “revolución de Riego”) la cual había obligado al rey Fernando VII a jurar la Constitución de 1812.

En esos momentos se desempeñaba como embajador de España ante la Corte portuguesa de Río de Janeiro, el conde de Casa Florez, quien inició las tratativas para que los españoles juraran la nueva Constitución.

Inclusive el embajador abrigaba la esperanza de que, instaurado un régimen liberal en España, las colonias rebeldes aceptarían volver a ser parte del Reino, lo cual no consiguió.

A partir de entonces comenzó a maquinar otro plan: reconquistar militarmente las antiguas colonias. Ello sería posible gracias al envío de tropas desde España; el conde, mientras tanto, buscaría abonar el terreno localmente, provocando una sublevación popular, para lo cual pretendía utilizar a los comandantes artiguistas que deberían generar un foco de rebelión en la Banda Oriental, que se convertiría en cabeza de puente para reconquistar -desde allí- Buenos Aires.

Esta campaña resultaría sencilla -según él- por la coyuntura desfavorable que atravesaban las Provincias Unidas donde, hacía poco, el poder porteño había caído debido a la lucha con los caudillos del Litoral.

Para comenzar a desarrollar ese plan necesitaba liberar a los prisioneros por lo que, inmediatamente, inició las tratativas ante la Corte portuguesa usando como argumento que los reos eran súbditos españoles.

Pero, para que sus proyectos se concretaran, necesitaba el compromiso de los presos, de quienes requirió la jura a la Constitución española como condición previa a la tramitación de la liberación.

Empezó a establecer contacto con ellos por cartas, para lo cual ofició como mediador a otro influyente español: Mateo Magariños. Desde dentro de la prisión, Vicente Pazos Kanki difundió las ideas de Casa Florez entre los prisioneros, tanto españoles como artiguistas.

A principios de 1821, cuando Artigas estaba definitivamente derrotado y exiliado en el Paraguay, los prisioneros artiguistas dejaron de constituir una amenaza para los portugueses, que finalmente accedieron a los pedidos de Casa Florez pese a su impopularidad en la Corte, liberando a todos los reos -incluido Andrés Artigas- antes del 26 de Abril de 1821, fecha en la que firmaron -en conjunto- una Representación al rey Fernando VII en la que se consideraban españoles de ambos mundos y solicitaban el envío de una expedición militar a la Banda Oriental.

- La desaparición de Andrés Artigas

Andresito abandonó la prisión de la Lague en Abril de 1821, pero salió a una ciudad extraña, donde no conocía a nadie, a no ser los funcionarios españoles que lo habían liberado y a los propios prisioneros que habían salido junto a él, sin medios económicos y hasta con ropa prestada, por lo que dada la precariedad de su situación, el 4 de Mayo de 1821 le dirigió una Nota al conde de Casa Florez pidiéndole dinero ya que no podía recibirlo de su padre adoptivo Artigas, a fin de hacerse de indumentarias y poder regresar a su tierra a “recogerme al abrigo de los míos”.

Esta breve carta reviste una particular importancia porque es el último Oficio conocido hasta el momento, escrito de puño y letra por Andresito(2). En respuesta recibió cuarenta pesos.

(2) La última carta de Andresito se puede leer un poco más abajo de este material.

Andresito y otros artiguistas, que también fueron saliendo de la cárcel, adquirieron pasajes en el bergatín “Francis” con rumbo a la Banda Oriental; el caudillo guaraní los acompañaría hasta Montevideo, pero luego retornaría a Misiones, por Arroyo de la China.

Pero lo cierto es que Andrés Artigas no llegó a embarcarse, porque volvió a ser encarcelado pocos días antes de partir -aparentemente- por una riña que tuvo con unos soldados ingleses, siendo recluido, por ello, en la Isla das Cobras.

Casa Florez nuevamente trató de liberarlo, afirmando “que el motivo del desorden porque se halla arrestado no será más que algún exceso de bebida”.

Las autoridades portuguesas le informaron al embajador que Andresito sería sacado de prisión pero no podría abandonar la Isla das Cobras hasta que se le iniciaran acciones judiciales.

Posteriormente, tras efectuarse el respectivo Sumario, se dictaminó su total inocencia y se determinó su liberación. Estas son las últimas noticias documentadas que se tienen de él.

Parece casi seguro que Andresito nunca regresó a Misiones ya que, de haberlo hecho, su presencia no habría pasado desapercibida.

El destino final de Andresito permanece en el misterio. Sólo pueden hacerse conjeturas al respecto. Se cree, en coincidencia con los primeros cronistas que se refirieron al tema en el siglo XIX, que murió poco después, posiblemente sin salir de Río de Janeiro.

El confuso momento histórico, dados los prolegómenos del regreso de la Corte portuguesa a Europa, y la posterior independencia de Brasil influye en la escasez de documentación referida a la suerte que corrió Andresito; el misterio que envuelve su muerte contribuye a agigantar la figura legendaria del comandante guaraní.

- Ultimas noticias oficiales de la suerte de Andrés Artigas

De los tres escasos documentos que se refieren a Andrés Artigas, luego de su apresamiento en 1819, uno es la última carta del caudillo; el segundo, es la breve respuesta de las autoridades portuguesas a Casa Florez a su pedido de que se volviera a liberarlo; finalmente, se reproduce la orden de liberación, obrante en el Arquivo do Exército de Río de Janeiro, al que tuvo acceso el historiador Jorge Francisco Machón.

Esta es la última noticia que se tiene de Andresito hasta el momento.

- Ultima carta de Andrés Artigas, dirigida al conde de Casa Florez (4 de Mayo de 1821)

“De Andrés Artigas, Coronel y Comandante General, que fue nombrado por el Jefe Principal de la Banda Oriental don José Artigas, de los quince Pueblos de Misiones, ante V. E. Con el debido respeto:
“Que después de un año y cuatro meses de una rígida prisión, incomunicado y sin luz en un calabozo de la fortaleza de esta plaza, la Laje, he sido puesto en mi natural libertad, sin más proceso ni sentencia, que cuanto ha sido la voluntad de su Majestad Fidelísima, pero desnudo y lleno de miserias que V. E. puede considerar son resultivas de un padecimiento tan inhumano, y como lo que tengo vestido es ajeno, y es preciso volverme a mi país natal, y recogerme al abrigo de los míos, ocurro lleno de necesidad al paternal corazón de V. E. para que se digne proporcionarme algún auxilio que pueda cubrir mi desnudez, y emprender dicho viaje, pues de lo contrario me será imposible, sin recibir auxilio del que siempre llamé Padre, don José Artigas, a quien debo mi educación, pues como tal me ha criado; en unos términos y haciendo el más respetuoso pedimento a V. E. suplico asilo determine en Justicia que pido, y para ello imploro la benignidad del Gobierno, a cuyo amparo me he recogido.
“Corte de Río de Janeiro y Mayo 4 de 1821”.

(Fdo.) Andrés Artigas

- Carta de Carlos Federico de Caula al conde de Casa Florez (Río de Janeiro, 25 de Junio de 1821)

“O Ministro e Secretario de Estado da Repartição dos Negocios da Guerra faz os seus devidos cumprimentos ão Sr. Conde de Casa Florez, e em resposta ão seu Bilhete de Recado de 23 do corrente, tem de significarlhe, que já se expedirão as ordems necesarias ão Governo das Armas desta Corte, para mandar soltar aos dois Hespanhoes, Artigas e Palaços, que devem entretanto ficar inhibidos de sahir da Ilha das Cobras, em quanto jursídicamente se averigua o fato, que deo motivo ã serem retidos em prizão, podendo com tudo permitirse Ihes embarcar logo que sejão reclamados por Sua Exa.
“O Ministro e Secretario de Estado da Repartição dos Negocios da Guerra tem por esta occasião a honra de assegurar a S. Exa. Da sua mais distinguida consideraçao.
“Em 25 de Junho de 1821”.

- Carta de Carlos Federico de Caula a Jorge de Avelherz Juçarte de Sousa (Río de Janeiro, 6 de Julio de 1821)

“Illmo e Ex.mo S.or: (...) O mesmo Augusto Senhor ordena que sejão postos em plena liberdade os Hespanhões Artigas e Palaços mandados reter na Ilha das Cobras, por iso que pelo sumario de testemunhas a que procedeo o Auditor Geral das Tropas se conhece não estarem criminosos. O que participão a V. Ex.a, para que o faça presente naa Comisão Militar, e asim se execute.
“Deus guarde a V. Ex.a. Paço em 6 de Julho de 1821”.

(Fdo.) Carlos Federico de Caula

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