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TRATADOS DEL PILAR Y DE ABALOS

- El Armisticio de San Lorenzo

El Armisticio de San Lorenzo -del 12 de Abril de 1819- entre Buenos Aires y Santa Fe fue aprobado a principios de Mayo por las autoridades de esta última ciudad, ansiosa de paz y de reconstrucción como de que convirtiéndose en un Acuerdo definitivo estableciera el reconocimiento de su autonomía como provincia del Estado.

- Pueyrredón y Artigas no quieren la paz. Se reanudan las hostilidades

Pero mientras estos anhelos traducen en los actos políticos de sus autoridades, el Director Juan Martín de Pueyrredón, por una parte, y el general José Gervasio Artigas por la suya, tuercen el orden de cosas para revivir el conflicto.

El primero acató el Convenio sólo en cuanto suspendía momentáneamente las hostilidades y caracterizar su voluntad de renovar la guerra con las Instrucciones impartidas a los Ejércitos de los Andes y del Norte, a las órdenes de los generales San Martín y Santa Cruz, respectivamente.

La actitud del primero lleva al Director Pueyrredón a separarse del cargo pero, su sucesor, el general José Rondeau, hereda la política directorial enfrentada al federalismo de los pueblos litorales.

Artigas, por su parte, no estaba conforme. El 21 de Mayo de 1819 escribe al Cabildo-gobernador de Corrientes un extenso Memorial, puntualizando su opinión sobre el Armisticio:

“El plan de Buenos Aires -decía- es eludir los males de la guerra que hasta hoy ha llevado a las demás provincias, que hoy por recompensa de su delirio los experimenta en su territorio; ésto y para no tener motivos de ser obligada a declarar la guerra a los portugueses, la llevó al Armisticio, como a proponer a Santa Fe la paz sin seguridad y un avenimiento sin pactos”.

Después de abundar en estos conceptos que probaban veía claro en el asunto, ordenaba el cierre de los puertos con Buenos Aires y la confiscación de sus barcos, excepto para los del comercio inglés.

Pero si desde el punto de vista de los bien entendidos intereses federales, ese Armisticio era ilógico, desde el de Santa Fe aparecía imprescindible. Una guerra continua, como el agotamiento de todos sus recursos, la obligaban a ello, así que conservase la esperanza o la posibilidad de que la paz se ratificase.

- Las fuerzas navales correntinas. Resultados prácticos de sus esfuerzos

Artigas insistía; en Septiembre de 1819 le apuntaba la necesidad de que le franquease sus puertos, para abrir la guerra con sus recursos propios(1) y se dirigía a Corrientes planteando la necesidad de remontar la Marina de Guerra y los transportes necesarios para el cruce del Paraná y que ante la indecisa actitud de Santa Fe se suspendiese el comercio con la misma y se detuviesen los barcos que, desde el Paraguay, bajaban a dicha provincia.

(1) Oficio en que lo comunica al Cabildo de Corrientes. Del 17 de Septiembre de 1819. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

En Octubre de 1819 la actitud de Santa Fe cambió. Se había divulgado la existencia de un documento del Director Rondeau al barón de la Laguna, atentatorio a la independencia del Litoral, documento que, aunque negado en Buenos Aires(2), se sostenía auténtico por Artigas y cuyo comentario concentró la preocupación pública caracterizando que el general Rondeau no quería la paz, ante las órdenes impartidas al Ejército del Norte, de que permaneciese en Córdoba.

(2) “La Gazeta”, Nro. 131, de Julio de 1819. Refiere a estos asuntos del documento y la protesta de falsedad -de Rondeau- en un manifiesto. Artigas envió copias a Corrientes. Oficios del 3 y 24 de Noviembre de 1819. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Y, como era lógico, se iniciaron los preparativos de guerra. Corrientes, a fines de mes(3) abrió de nuevo su comercio con Santa Fe mientras por Bando de su Cabildo(4) se disponía que el personal idóneo de la ribera del Paraná concurriera a remontar la tripulación de la escuadrilla, con cuya acción se iría a contribuir al éxito de las operaciones.

(3) Orden de Juan Bautista Méndez del 19 de Octubre de 1819, desde Curuzú Cuatiá.
(4) Bando del 27 de Octubre de 1819. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Y como los asuntos se precipitaban el gobernador Méndez -que había salido en Noviembre(5) a recorrer la provincia para palpar sus necesidades- resuelve instalar su Cuartel General en San Roque, Saladas o el Puerto de Goya, lugares céntricos que lo ponían en condición de atender a las urgencias de las fronteras, mientras en la Capital se instalaba una fábrica de cartuchos(6).

(5) Salió el 22 de Noviembre de 1819. Deja al Cabildo de subrogante y a Pedro Campbell al mando de las fuerzas, disponiendo que en el ínter se suspendiese el Sumario que a este último se instruía por las denuncias en su contra. Méndez salió a visitar los Departamentos o Partidos de Empedrado y Caá Catí.
(6) Oficio al Cabildo del 9 de Diciembre de 1819. Le ordena, asimismo, asumir el mando de las fuerzas. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Simultáneamente Campbell, comandando la Marina de Corrientes, partía con la escuadrilla bien pertrechada y fuerzas de desembarco para La Bajada.

La guerra se había abierto. Partidas santafesinas incursionaban sobre la frontera de Buenos Aires tomando convoyes, mientras el Director Rondeau salía en persona a campaña a reunir las milicias enviando una escuadrilla que se posesionó de la boca del Colastiné, cerrando toda comunicación en el río Paraná y bloqueando a la Ciudad de Santa Fe.

Contra esta escuadrilla compuesta del “Aranzazú”, del “Belén” y varios lanchones, al mando de Angel Hubac, marchó la correntina, a las órdenes de Campbell, compuesta de cinco faluchos armados en guerra y quien, aprovechando de la inadvertencia de los enemigos se lanzó al abordaje.

El grito de guerra de uno de los oficiales correntinos advirtió a la escuadrilla porteña el peligro iniciándose el combate con pérdida de los faluchos “Oriental” y “Artigas” que abandonaron sus tripulantes a nado en cuanto murieron todos sus oficiales.

Los tres barcos restantes de las fuerzas correntinas consiguieron tender garfios e iniciar una sangrienta lucha cuerpo a cuerpo que costó a ambas partes casi toda la oficialidad, incluso el comandante porteño Hubac, que hubo de seguir a Buenos Aires con las piernas destrozadas.

Las fuerzas correntinas tuvieron 76 bajas de tropa y entre los oficiales al Sargento Mayor Ramírez, el capitán Dolores Angel Méndez y cuatro ingleses(7); las de los porteños, también considerables, les hizo retroceder a Punta Gorda.

(7) Parte de Pedro Campbell a Juan Bautista Méndez, del 29 de Diciembre de 1819. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Para reponer los dos faluchos perdidos en este combate de La Bajada, librado el 26 de Diciembre de 1819, el Cabildo-gobernador dispuso que el Comandante interino de Marina, Pedro Ferré, procediese de inmediato a la construcción de dos nuevos(8). Después de un nuevo combate, los barcos porteños abandonaron el río Paraná retirándose a Buenos Aires.

(8) Orden dada el 6 de Enero de 1820. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Por tierra no fueron los sucesos más felices para Buenos Aires. El Ejército del Norte, que a las órdenes del general Santa Cruz se puso en marcha hacia Rosario para reunirse en San Nicolás con Rondeau y abrir la campaña, se sublevó el 9 de Enero de 1820 en la Posta de Arequito, contramarchando a Córdoba a las órdenes del coronel Juan Bautista Bustos y el comandante José María Paz.

- Batalla de Cepeda

El suceso, inspirado(9) en el anhelo de no complicar a este ejército de línea en las luchas civiles, dejó frente a las fuerzas federales -compuestas de 600 santafesinos, 800 entrerrianos de Francisco Ramírez y más de 400 correntinos y a las partidas guaraníes que comandaba Campbell- al ejército del general Rondeau que, desde el pueblo de Luján, partió a San Nicolás y de allí -subiendo el Arroyo del Medio- llegó a la Cañada de Cepeda, fácil de defender por su configuración física.

(9) “Memorias” de José María Paz. Declaración de Bustos a Carreras, en conferencia, a raíz del suceso. Véase, doctor Vicente Fidel López. “Historia de la República Argentina (su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1852)” (1883-1893), tomo VIII.

El mes de Enero de 1820 se pasó en encuentros de suerte diversa pero en perjuicio de la caballería de Buenos Aires, que perdió elementos de movilidad y que prepararon la batalla.

Ella se produce el 1 de Febrero de 1820; las fuerzas federales, después de cruzar el Arroyo del Medio y de flanquear el frente enemigo, se lanzan al ataque. Los correntinos de Campbell y los santafesinos al mando de López arrollaron con ímpetu incontrarrestable a la caballería porteña, que huye, envolviendo a Rondeau y su Estado Mayor.

Sólo resiste el general Juan Ramón Balcarce, con la infantería, que después de rechazar a Ramírez inicia una heroica retirada llegando, al ponerse el sol del día 2 de Febrero, a San Nicolás, con todos sus pertrechos.

No vamos a seguir al detalle los sucesos que se producen en Buenos Aires y cuya expectativa aumenta al conocerse la derrota de Cepeda, porque escapan al presente propósito y han sido ampliamente expuestos por los mejores historiadores argentinos.

Cábenos sólo anotar la disolución del Congreso, reunido conforme a la Constitución unitaria sancionada por el de Tucumán, que el Cabildo porteño asumió el mando el 11 de Febrero de 1820 designando luego gobernador de Buenos Aires a Manuel de Sarratea y, que éste, trasladándose el 22 de Febrero de 1820 al campamento federal celebró -el 23- el Tratado del Pilar.

- Tratado del Pilar. Actitud de Artigas

Admitíase por este Tratado la federación como sistema de gobierno, que debía sancionarse por un Congreso de diputados nombrados por libre elección de las provincias a reunirse en San Lorenzo a los 60 días de ratificado el Convenio y para lo cual se establecía un plazo de dos días.

* se estipulaba el cese de las hostilidades, el retiro de los ejércitos;
* se recordaba a la provincia de Buenos Aires el estado angustioso de la Banda Oriental y la necesidad de ayudarla;
* se establecía la navegación del Paraná y Uruguay únicamente por los buques de las provincias amigas, cuyas costas bañasen estas arterias fluviales;
* la amnistía política y la devolución de los bienes a los emigrados;
* que el deslinde de las provincias que se cuestionase pasaría al Congreso;
* la libertad del comercio de armas y municiones;
* la de los prisioneros de guerra; y
* que se enviaría una copia al general José Artigas para que -si le convenía- entablase las negociaciones tendientes a reincorporar la provincia de su mando a las demás federadas, “lo que se miraría como un dichoso acontecimiento”(10).

(10) El texto del Tratado en p. 543 del Registro Oficial de la Nación, tomo 1. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

- Significado político del Tratado: entrega Corrientes y Misiones al general Ramírez

Paralelamente a este Tratado público se convino en otro secreto, por el que se entregaron a Estanislao López y Francisco Ramírez armas, municiones y dinero.

Los Tratados del Pilar satisfacían en principio el anhelo general de paz y de reconstrucción, afirmando dos conceptos básicos: el nacionalismo y la legitimidad de las tendencias y aspiraciones provinciales, aunque incompletamente reconocidas.

Tan estaba en el ambiente, que el Jefe de las tropas correntinas, Pedro Campbell(11), caracterizó con absoluto verismo la situación que se resolvía, en un interesante Oficio que pasa el 21 de Febrero de 1820 al Cabildo-gobernador -desde Paraná- y que merece los honores de su transcripción. Decía:

“Tengo el honor de anunciar a V. S. el feliz resultado de nuestra campaña en la banda occidental; por los adjuntos documentos se instruirá V. S. del estado presente de las cosas y cuán cerca está el momento en que las provincias de Sud América, libres de la terrible opresión del antiguo directorio, entrarán por la vez primera al goce de sus derechos.
“Estaba reservado al principio de la segunda década de nuestra infeliz revolución, poner la piedra angular de nuestra regeneración política.
“Causa horror el cuadro que nos presenta la serie de los sucesos pasados; una guerra civil obstinada, por espacio de más de seis años, ha llenado de luto y desolación nuestras más bien pobladas provincias; el odio consiguiente al continuo abuso de las armas, había echado las más profundas raíces; los hermanos aborrecíamos a nuestros propios hermanos y mostrábamos una feroz alegría sobre la sangre de nuestros compatriotas; más crueles que las mismas fieras, nos encarnizábamos unos contra otros, hasta llegar al extremo de profanar el sacrosanto nombre del Altísimo, tributándole gracias por nuestra devastación, y ofreciendo sobre sus soberanas aras el negro humo que exalaba la sangre preciosa americana que le ofrecíamos en holocausto como prueba nada equívoca de nuestra bárbara inhumanidad.
“Todo fue obra de una ambición desmedida y del desenfreno de las pasiones de una porción de hombres, en cuyas manos se depositó por desgracia, sucesivamente, el gobernable de la gran nave del Estado americano.
“Hoy sí, que sin temor de faltar al respeto debido, podemos tributar cordiales gracias al Dios de las misericordias, por haber llenado las medidas de su justa indignación y cortado de raíz el origen de tantos males.
“Hoy empezamos a ser libres, y podemos contar con fuerzas respetables, para oponerlas a nuestros verdaderos enemigos. También esos malvados que se complacían al ver nuestra devastación, que hacía el brazo derecho de su poder sobre nosotros. Doce provincias en unión estrecha, sabrán oponerles ejércitos a cuya vista huirán amedrentados.
“Loor eterno al inmortal Artigas, único autor de tan grande obra: yo pongo ante el superior conocimiento de V. S. el singular valor con que se han mostrado las tropas de esa ilustre provincia, que tengo el honor de mandar: por ello tributo a V. S. los más sinceros parabienes. Salud y Libertad”.

(11) Pedro Campbell, cuando José Artigas desaprobó los Tratados, se puso de su lado. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

El 1 de Marzo de 1820 confirmaba estos puntos de vista, ya conocidos los Tratados del Pilar; pero siempre extremoso, agregaba: “La tiranía de los déspotas ha desaparecido con la fuerza de Pueyrredón y sus satélites; es sensible no haya pagado sus delitos”.

La opinión pública en Corrientes no podía sino congratularse por esta solución, tanto porque una gran parte de su opinión pública era pro porteña como porque importaba resolver el grave problema de las pretensiones guaraníes que amargaban sus días.

Su Cabildo-gobernador -en medio de las preocupaciones del momento- apenas si había podido dedicarse a medidas de interés general(12).

(12) Actas Capitulares: del 17 de Enero de 1820 - se elige maestro de primeras letras de la capital a Melchor Vargas; del 20 de Marzo de 1820, ídem de Goya, a Francisco Ruiz Moreno; etc. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Antes que el lejano peligro de la guerra con Buenos Aires, a la que contribuyera con Campbell y la flotilla y sus fuerzas de desembarco, que hemos visto actuar, le preocupaba la conducta de los guaraníes de Misiones que, sin pueblos, sin ganados, destruidos en las invasiones portuguesas de Chagas, hacían cuestión de vida o muerte del programa de extenderse por la jurisdicción provincial.

El Acuerdo concluido con sus jefes en Octubre de 1819 -en Cambay- confirmado por la intervención directa de José Artigas, sólo había momentáneamente acallado estas pretensiones que se intensifican en Febrero y Marzo de 1820.

Aspiraban nada menos que ha extender su jurisdicción hasta el río Corriente y, en ese sentido, partidas numerosas recorrían la campaña para desalojarla de la población correntina.

El Cabildo-gobernador no podía mirar impasible estos desmanes que el titular Méndez no reprimía suficientemente, tal vez porque necesitaba de la influencia guaraní para estabilizarse en el mando.

Se hacía necesaria una conducta enérgica, que adopta el Cabildo el 16 de Febrero de 1820 ordenando al gobernador Méndez que no se ausentara de la provincia; que no fuese, como pensaba, a La Bajada ni a Goya sino que, en atención a esta incertidumbre, estableciese un acantonamiento en San Roque.

Allí tomaron al gobernante correntino las noticias sobre los Tratados del Pilar, como extrañas comunicaciones que procedían del general José Artigas: el Protector no estaba conforme con ellos ni los aprobaba.

El 22 de Marzo de 1820 se realizó en la capital de la provincia una interesante Sesión de su Cabildo, con asistencia del gobernador Juan Bautista Méndez, que se había trasladado desde San Roque.

Tratóse tanto la cuestión misionera como los Convenios de Pilar. El gobernador Méndez caracterizó que el general Artigas había dado la Orden de que Misiones respetase los viejos límites del Miriñay, suspendiendo sus incursiones pero que, no obstante, urgía una entrevista para ultimar un arreglo definitivo.

Enteró también del Acuerdo que Ramírez y López habían concluido en el Pilar con el gobernador de Buenos Aires, Sarratea, y de la oposición que el Tratado encontraba en Artigas.

Méndez se dio cuenta que la mayoría de los miembros del Cabildo no admitían una impugnación absoluta y total de los Tratados del Pilar y que la opinión pública -ansiosa de paz, de encontrar en la autonomía respetable de la provincia, que podía surgir de ese Convenio una valla a los desmanes guaraníes- no estaría en la emergencia incondicionalmente junto a la política artiguista.

Ducho y hábil en el conocimiento de los hombres comprendió también que el régimen de orden que emergería de un Gobierno federal regularizado en el Congreso que se estipulaba, significaba su cese en el poder porque para las clases cultas, que en definitiva imperaban siempre, encarnaba la imposición de los hombres de Andresito. Y con este bagaje de convicciones marchó en busca del general Artigas.

La situación en que se encontraba el caudillo oriental no era a su vez envidiable, desde que una especie de fatalismo lo había conducido, desde el punto de vista de los intereses de su patria, a extremos lamentables.

Paralelamente a la guerra del Litoral que concluye con la caída del Directorio y los Tratados del Pilar, Artigas, a fines de 1819, al frente de un ejército de 2.500 hombres, había invadido de nuevo el territorio brasileño, triunfando en la barra del Sarandí; obligado, por luchas parciales, a retroceder a la Banda Oriental, se establece en las Puntas del Tacuarembó, confiando el mando al coronel Latorre, donde las fuerzas artiguistas se dejaron sorprender el 22 de Enero de 1820, desastre que de hecho terminó la guerra.

Artigas, desobedecido por algunos de sus compatriotas, se retira acompañado de Latorre y Aguiar a la provincia de Corrientes estableciendo -con algo así como 400 hombres que le siguieron- su campamento en Abalos, lugar del Departamento Curuzú Cuatiá.

Desde el vecino poblado de Mandisoví escribía el mismo día en que se firmaban los Tratados del Pilar(13) al Cabildo-gobernador, agradeciendo sus votos de prosperidad y diciéndole que no obstante encontrarse a la expectativa de los “últimos resultados” que obtuviera el general Francisco Ramírez, había adelantado un paso en las resoluciones a tomarse, de acuerdo a negociados abiertos con las provincias del occidente del río Paraná.

(13) El 23 de Febrero de 1820. Oficio al Cabildo. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Asimismo, se preocupaba de la reorganización de sus fuerzas incorporando los guaraníes de Misiones y alguna milicia correntina de la zona limítrofe al campamento.

Desde estos puntos de vista, de una acción solidaria de todas las provincias pronunciadas por la federación en el Interior de la República, fácil es comprender que no habían de llenarse las aspiraciones con los Tratados del Pilar.

En efecto: no bien llegaron a su conocimiento, desde mediados de Marzo de 1820, hizo pública su oposición. Fundábala en varias circunstancias expuestas en diversos documentos de la época:

“Yo esperaba -decía al Cabildo de Santa Fe(14)- se pusiese término a la guerra civil, cesasen las complicaciones con el Brasil y que, librado el interés de la Nación a las resoluciones de los pueblos se creyese ésta garantida en sus propios esfuerzos”.

(14) 16 de Marzo de 1820. “Historia de Santa Fe”, por M. M. Cervera, tomo 2, p. 509. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Dirigiéndose al general Francisco Ramírez(15), hízole una crítica detallada de cada artículo de los Tratados, sosteniendo su pensamiento. Entendía Artigas que los sacrificios hechos en diez años de guerra, que la compenetración de intereses entre los pueblos que componían la Confederación del Paraná, habían establecido lazos indestructibles que atrapa la acción parcial de los confederados.

(15) Aludida en otro Oficio, del 8 de Mayo de 1820, que sirve de base para definir el pensamiento de José Artigas. Copia autenticada por éste en el Archivo de Corrientes. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Los Tratados del Pilar, concluidos por Ramírez y López en nombre de Entre Ríos y Santa Fe respectivamente, no comprendían a la Banda Oriental, a Corrientes y a Misiones y eso que éstas dos últimas provincias intervinieron en la guerra formando la división Campbell.

En cuanto a la Banda Oriental, se estipulaba la invitación a Artigas, pero en cuanto a Corrientes y Misiones el silencio resultaba sintomático desde que, especialmente la primera, ofrecía instituciones regulares y la unidad necesaria a todo organismo histórico y político.

Es que había algo oculto entre los conceptos fijados en el Convenio. Buenos Aires, hábil en el manejo de la diplomacia, hacía algo más que estipular la paz y el régimen federativo de Gobierno; se atraía la buena voluntad de Ramírez y abandonaba a su dominación estas dos provincias -sujetas a la influencia de Artigas- que debían constituir el precio de su victoria sobre el “Protector de los Pueblos Libres”.

Sólo así puede interpretar la razón filosófica el texto de los Acuerdos del Pilar y el desarrollo de los sucesos que les son posteriores, los mismos que llevan al general Ramírez, concluida su conquista, a organizar la “República Entrerriana”.

Pero en la doblez del propósito estaba el castigo; concluida la dominación de los territorios entre los ríos Paraná y Uruguay, Ramírez había de encender de nuevo la guerra en el Plata.

Otra consideración movía a Artigas(16) para objetar los Acuerdos; sostenía, seguramente fundado en los otros Convenios de paz con Santa Fe, que la guerra no podía concluir en forma definitiva sin convenirse entre las provincias contratantes una Alianza ofensiva y defensiva que habría representado, faltando el Gobierno General que recién surgiría del Congreso y la Constitución, el lazo inmanente de la nacionalidad(17).

(16) Carta citada: es expreso en su plan.
(17) El largo período del dominio de Juan Manuel de Rosas y la Constitución definitiva (1853) -después de Caseros- prueban la exactitud del punto de vista. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Los sucesos vinieron a confirmar las sospechas de Artigas. Las fuerzas de Correa y Hereñú, jefes entrerrianos afectos a Buenos Aires, ocuparon a Concepción del Uruguay y cuando Artigas envía la división del comandante Pablo Castro a auxiliar a Ricardo López Jordán(18), que representaba a Ramírez, deben estas fuerzas retirarse porque se les comunica que la ayuda era innecesaria.

(18) Oficio de Artigas al Cabildo del 6 de Abril de 1820; etc. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Y algo más: hasta las mismas fuerzas del comandante López -artiguista- que recorren la costa del Uruguay hasta el Yeruá para impedir el avance del portugués que se había concentrado en la banda opuesta, son observadas por Ramírez como innecesarias y atentatorias a su soberanía.

El general Artigas, apreciando la grave situación, abandona Mandisoví, donde residía, y se corre al campamento en Abalos, al que cita al gobernador Méndez y a un miembro del Cabildo; también congrega a los representantes de Misiones(19).

(19) Oficios al Cabildo de Corrientes del 4 y 14 de Abril de 1820, fecha ésta en que avisa su llegada a Abalos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

La invitación llegó a la capital correntina el 11 de Abril de 1820 en que su Cabildo entra a deliberar sobre el asunto en medio de la más definida anarquía de opiniones, en que unos se declaran por los Tratados del Pilar, otros por la resistencia con Artigas y un tercer partido por una actitud expectante, hija de la desconfianza con que se miraba al porvenir, descontándose la futura dominación de Ramírez.

Triunfó la segunda de las opiniones tanto porque el artiguismo estaba intacto en la provincia -con su escuadrilla hábil para discutir el dominio del Paraná- cuanto porque se tenía la convicción de que era la única probabilidad de resistir a las ambiciones de Ramírez, salvando a la provincia.

En consecuencia se acreditó como representante al Alcalde de segundo voto Domingo Rodríguez Méndez, con amplias facultades para todo aquéllo que consultase “al sagrado sistema, el beneficio de la patria y el bien de la provincia”.

- Pacto de Abalos entre la Banda Oriental, Corrientes y Misiones

Trasladado al campamento de Abalos, juntamente con el gobernador Méndez, se abrió con Artigas y los representantes de Misiones el negociado que había de definir el plan político, levantado en oposición al de la paz parcial que inspiró los Tratados del Pilar.

El Acuerdo, labrado en tres ejemplares, fue suscripta el 24 de Abril de ese año, el mismo que por primera vez se da a publicidad. Dice textualmente:

“Acta celebrada entre los Jefes militares y Representantes políticos de las Tres Provincias, Banda Oriental, Corrientes y Misiones, reunidas en Congreso para resolver lo más conveniente por sostener la Libertad e Independencia de estas Provincias contra los enemigos exteriores; en orden a los intereses de la federación y de común acuerdo, resolvieron lo siguiente:
“Art. 1.- Los Jefes y Representantes de las tres Provincias se comprometen con todos los esfuerzos y recursos de sus Provincias a sostener una guerra ofensiva y defensiva por la Libertad e Independencia de estas Provincias.
“Art. 2.- El Jefe de los Orientales, ciudadano José Artigas, será reconocido por los Jefes y autoridades de las Provincias de la Liga, por el Protector de su Libertad, y queda autorizado para decidir de la guerra y de la paz contra los enemigos exteriores e interiores.
“Art. 3.- Las tres Provincias de la Liga se comprometen al cumplimiento de las providencias del Excmo. Sr. General como Director de la guerra y la paz.
“Art. 4.- El Excmo. Sr. Protector y Director de los pueblos, se compromete por su parte a no celebrar convenio ni tratado alguno con los enemigos exteriores o interiores, sino aquél que asegure y deje a salvo la Libertad e Independencia de estas provincias.
“Art. 5.- Las provincias de la Liga no pueden ser perjudicadas ni en la libre elección de sus Gobiernos, ni en su administración económica, según los principios de la federación.
“Art. 6.- Las tres Provincias admiten bajo estos principios a otra cualquiera que entre por los intereses de una Liga ofensiva y defensiva hasta la resolución en un Congreso General de las Provincias.
“Cuyos artículos firmados y ratificados, ante mi, por los jefes y Representantes de las tres Provincias, se mandan publicar y archivar en cada una de ellas por los Jefes y Autoridades de cada respectiva Provincia como un constante documento de la expresión de su voluntad.
“Para ello se firman tres de un tenor de la presente acta, celebrada en esta costa de Abalos, a 24 de Abril de 1820.
“José Artigas - Juan Bautista Méndez - Diego Rodríguez Méndez (representante) - Miguel Javier Arigú (representante) - Gorgorio Aguiar - Francisco Javier Sití”.

Consolidada la alianza de Corrientes, Misiones y la Banda Oriental se tomaron disposiciones para buscar el reconocimiento de las dos primeras provincias como Organismos federales, que Buenos Aires y Ramírez -por Entre Ríos- habían omitido.

A principios de Mayo de 1820 circulóse a los puertos del Paraná la Orden de detener a todos los buques que subiesen el río, como la de embargar todos los que proviniesen de Buenos Aires y el Alcalde de segundo voto volvió a la capital a informar de su cometido y a auscultar el ambiente.

Lo encontró completamente cambiado; las operaciones comerciales multiplicadas a favor de la paz habían atraído a los puertos barcos de toda propiedad y las operaciones de compra-venta derramaban abundante savia en el Organismo provincial.

Las clases cultas, grandes propietarios y comerciantes, eran las primeras en gozar y apreciar estas ventajas cuya atracción repudiaba las nuevas hostilidades. Y tenían razón; un escritor(20) nos ha dejado una pintura elocuente de estos días de tragedia y de pobreza:

“Todo el país -decía- fuera de las cinco leguas de distancia del ejido de la ciudad, era asolado por individuos que vivían de la depredación, y valiente debía ser el estanciero que, aun bien armado y acompañado de esclavos y servidores, se animara a visitar su hogar desierto y abandonado.
“Las enormes carretas destinadas al transporte de los cueros, entre las estancias y los varios puertos de embarque, se encontraban desmanteladas y abandonadas en los campos y servían de alojamiento y refugio a ladrones errantes que, medio desnudos y totalmente desaseados, subsistían del ganado que apresaban con sus lazos y se solazaban en el lujo del aguardiente, el juego y los cigarros, siempre que podían asesinar a sus semejantes, despojarlos de su tesoro o saquear un pueblo y alzarse con los despojos”.

(20) Carta III de William Parish Robertson al general Miller, publicado en “La Prensa” del 25 de Septiembre de 1921. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

El comercio en buenas condiciones era vital a la provincia, tanto más cuanto los productos de Corrientes no eran pocos(21).

(21) De la “Memoria” del doctor Martín de Moussy, que produjo para la concurrencia de la Argentina a la Exposición Universal de París de 1867. Publicada en la “Revista de Buenos Aires”, tomo 7, pp. 619 y 632. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Ofrecía al comercio: maderas diversas, cañas (bambúes) de varias clases, cáscaras para curtir, fariña y almidón de mandioca, miel de caña, azúcar, aguardiente de caña, vino de naranja, maíz, maní, algodón, tabaco, cigarros de mburucuyá, pieles de tigre, nutria y carpincho, jabón de grasa de yacaré, tejidos de lana y de algodón, productos de la industria pastoril, como cueros secos y salados de novillos, becerros, potros, etc.; cueros curtidos y suelas, charoles del país, vellones, crin, astas, carne salada, charque, dulce, grasa, jabón, velas, aceite de potro, etc., etc.

- Renovación de autoridades en Corrientes

El gobernador Méndez, que se posesionó de este estado general de ánimo, no encontró más solución que renovar las autoridades, medida simpática a Artigas que dudaba de los hombres del Cabildo(22) y necesaria en cierto modo, porque el gobernador tenía el pecado de haber sido elegido cuando Andresito, recordado en el comentario habitual del pueblo, como la personificación de la injusticia y de la pena.

(22) El 7 de Marzo de 1820 el Cabildo se defiende de reproches de José Artigas porque no contestaba sus comunicaciones. Libro Copiador de Gobierno. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Había, además, otra causa: el delegado del Cabildo en la reunión del Campamento de Abalos había expuesto -como condición para accionar solidariamente- la expulsión de Pedro Campbell del cargo de Comandante de Marina. Artigas no había aceptado la exigencia, excusándose en la promesa del gobernador Méndez de que aquél respetaría al Cabildo(23), actitud explicable porque Campell era como su brazo derecho(24).

(23) Oficio de José Artigas al Cabildo del 26 de Abril de 1820.
(24) Parish Robertson, en la carta citada, caracteriza en esta forma a Pedro Campbell: “Era don Pedro, uno de los muchos desertores del ejército del general Beresford, nativo de Irlanda y perteneciente al culto Católico Romano y fue aprendiz en su juvenud de una curtiduría. Cuando sus conciudadanos abandonaron el Río de la Plata él quedó retrasado y se dirigió a Corrientes donde estuvo empleado como curtidor en una fábrica perteneciente a un ciudadano principal del lugar, don Angel Blanco, y mientras el país se mantuvo tranquilo, don Pedro se condujo como un sujeto sobrio, quieto y bien portado. Pero no bien estalló la revolución, su carácter turbulento y emprendedor lo indujo a ofrecer sus servicios a Artigas; llevó a efecto muchos hechos audaces y de ese modo se difundió el terror de su nombre, con especialidad en la provincia de Corrientes, llegando en breve a ser hombre formidable y, por consecuencia, influyente. Sus proezas personales fueron prodigiosas; no había gaucho alguno que lo aventajara como jinete ni en la ciencia generalizada en el país -a la cual apelaba con frecuencia- de la esgrima, con un largo cuchillo en lugar de espada y con un poncho envuelto en el brazo izquierdo a guisa de escudo. Nunca tuve noticias de que en sus combates cuerpo a cuerpo hubiera muerto a su contrario, pero había mutilado, herido e inutilizado a muchos, de suerte que nadie se atrevía a pelear con él. Con frecuencia he oído que llegaba a una pulpería, o sea almacén de bebidas sudamericano, cuando los filosos cuchillos brillaban a su alrededor ponían término a la bacanal con la muerte de uno o dos de los concurrentes. La entrada de don Pedro y su dominio de toda oposición con su poncho envuelto en el brazo izquierdo y con el sable en la diestra dando cortes y mandobles en todo sentido, aunque sin herir sino a aquéllos que se le oponían, bastaba para que los gauchos asesinos se amilanaran y cesara el “entrevero” ante la presencia del vigoroso gaucho irlandés de pelo colorado. Se carecía entonces de Justicia bastante poderosa o vigilante para tomar conocimiento de tales hechos. Los cuerpos de que se mataban en las pulperías eran conducidos a la puerta de la iglesia y allí quedaban hasta que se pagaban los derechos de sepultura, sin cuya función preliminar no era posible tener en Corrientes un entierro decente más de lo que sería posible obtenerlo en Londres. Así, pues, don Pedro Campbell era tal como lo he descripto y en la época en que se me presentó era temido por los gauchos, admirado por los estancieros y respetado por los habitantes en general. Como gozaba de la confianza de Artigas, unía a sus títulos personales la deferencia, el conocido favor y el patronato de aquél cabecilla omnipotente y sin ley por lo cual era, sin duda alguna, persona temible como enemigo y digna de ser cultivada como amigo en tiempos de subversión”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

- El Congreso Provincial de Saladas

Abocados a la necesidad de renovar autoridades como a la de escapar a la influencia poderosa de la capital, se dispuso la reunión(25) de un Congreso Provincial en la Villa de San José de Saladas, congreso que debía elegir gobernador y renovar al Cabildo.

(25) Oficio de Méndez al Cabildo -desde Abalos- Mayo de 1820. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

La elección del lugar del Congreso no fue caprichosa; el pueblo indicado llámase “San José de las Lagunas Saladas” y el Congreso se reunía “bajo la protección del patriarca ‘San José’, cuyo nombre llevaba el Protector Artigas...”.

La reunión de los representantes, cuya mayoría era netamente artiguista, se efectuó el 19 de Mayo de 1820, como se indicara, representando a la capital y por las cuatro manzanas, barrios o cuarteles en que se dividía, Sebastian de Almirón, J. B. López, Felipe Santiago Soloaga y Juan Vicente Amarilla(26).

(26) Fueron elegidos por el Cabildo en la reunión capitular del 15 de Mayo. Libro de Actas. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Las Sesiones, iniciadas con la lectura del Pacto de Alianza con Misiones y la Banda Oriental, que había sido hecho público el 1 de Mayo de 1820 en las Comandancias de Partido, concluyeron con la reelección de Juan Bautista Méndez para gobernador y con la del siguiente Cabildo para la capital: Alcalde de primer voto, capitán José Francisco Rolón; de segundo voto, José Ignacio Domingo Cabral; Alférez de la Patria, Luis Bernabé López; Alcalde Provincial, José Mariano Córdova; Alguacil Mayor, José Ignacio Benítez; Regidor Decano, Angel Esteban Alsina; Regidor Defensor de Pobres y Menores, José Baltasar López; y Síndico Procurador, Juan José Rolón.

El 29 de Mayo de 1820, el gobernador Méndez prestaba juramento y asumía el cargo y, transladándose a la capital, el 7 de Junio de 1820 instalaba el nuevo Cabildo.

- Guerra entre la federación del Litoral y el general Ramírez

Intertanto, el general Artigas había abierto con Ramírez una enojosa polémica sobre sus facultades para concluir los Tratados del Pilar, defendiendo ambas partes en extensos Oficios la razón de ser de su actitud(27).

(27) Son conocidos buen número de estos documentos, aludidos por Mitre, López, Cervera, etc. Obras citadas. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

De las palabras se pasó a los hechos; el 8 de Mayo de 1820 el primero comunicaba al segundo que si no hacía retirar sus fuerzas próximas lo haría responsable de la sangre que se derramara y, un mes después, se abría la campaña militar que debía concluir con la pérdida de la autonomía correntina.

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