El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Misiones después de Andresito

Para comprender la relevancia de la figura de Andrés Artigas hay que hablar de tres historias: la del propio comandante guaraní, que quedó cerrada con su captura por los portugueses y su posterior desaparición; la del artiguismo; y la de la Provincia Histórica de Misiones que tuvieron -ambos- un breve lapso de desarrollo.

El apresamiento de Andrés Artigas en el Paso de San Lucas dejó a Misiones sumida en la confusión, sin la guía firme que había tenido hasta ese momento.

Frente a la crisis planteada en Misiones por la desaparición de Andresito, José Artigas intervino personalmente para buscarle solución y designar a quién le sucediera en la Comandancia General; para ello se dirigió a fines de Agosto de 1819 a Asunción del Cambay donde se celebró una reunión con los principales jefes guaraníes y correntinos.

La presencia prolongada de Artigas en Asunción del Cambay es una prueba clara de lo importante que era para él y para su proyecto la Provincia de Misiones y lo mucho que le interesaba, por lo tanto, solucionar rápidamente y de manera pacífica los problemas que ésta tenía pendientes con Corrientes.

En dicha reunión se acordaron varias cuestiones: primeramente fue designado como Comandante General interino de Misiones quien había sido segundo de Andresito, el santotomeño Pantaleón Sotelo. Además, se decidió el retiro definitivo de las tropas misioneras de Corrientes y se aclararon ciertos problemas jurisdiccionales.

Con la reunión de Asunción del Cambay, José Artigas cumplió también otro objetivo: concentrar los contingentes guaraníes, a fin de iniciar una nueva campaña contra los portugueses.

Poco después, el nuevo Comandante General de Misiones, Sotelo, marchó hacia la Banda Oriental con más de 1.600 soldados guaraníes para integrarse a las fuerzas comandadas por Latorre.

Tras algunos triunfos parciales sobrevino la derrota de Quebrada de Belarmino(1) y, finalmente, el desastre definitivo, la trágica batalla de Tacuarembó (22 de Enero de 1820), en la que el comandante Sotelo perdió la vida mientras intentaba reordenar las tropas misioneras al lado de más de 800 hombres.

(1) En este combate perdió la vida Lorenzo Artigas (Lorenzo Guacurarí) quien -aparentemente- sería el hermano de Andresito. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

La victoria obtenida en Tacuarembó, sumada a la incorporación de Fructuoso Rivera, significó para los portugueses el triunfo definitivo frente a José Artigas que debió abandonar la Banda Oriental; pero la batalla fue también una gigantesca matanza de guaraníes, no sólo de los soldados, sino también de las familias que los acompañaban.

El 5 de Marzo de 1820 las tropas guaraníes congregadas a orillas del Miriñay, en las cercanías de la entonces capital misionera, Asunción del Cambay, eligieron como nuevo Comandante General a Francisco Javier Sití, quien había tenido una destacada actuación en la campaña a Santa Fe meses antes.

Sití era uno de los pocos comandantes guaraníes que seguía activo, ya que los demás (Andresito, Tiraparé, Sotelo, Cayré, etc.) estaban muertos o habían sido capturados por el enemigo.

La elección del nuevo Comandante General se realizó en una Asamblea de oficiales y soldados y constituyó una muestra de la democracia popular respetuosa de las antiguas tradiciones guaraníes y del principio de autodeterminación de los pueblos; Sití fue reconocido, poco después, por José Artigas en el cargo.

Al tiempo que la derrota frente a los portugueses parecía definitiva, el panorama del enfrentamiento con el Directorio era más favorable que nunca para las fuerzas federales, ya que los caudillos de Santa Fe y Entre Ríos, Estanislao López y Francisco Ramírez, lograron derrotar, de forma decisiva, a las fuerzas centralistas, en la batalla de Cepeda (1 de Febrero de 1820). Tanto el Directorio como el Congreso, se disolvieron inmediatamente.

Cepeda constituyó el triunfo de los ideales federales pero no del artiguismo; como gobernador de Buenos Aires fue elegido Manuel de Sarratea, el mismo que había declarado “traidor a la patria” a Artigas años antes, cuando integraba el Triunvirato; con él suscribieron, Ramírez y López, el Tratado de Pilar sin la participación de la Banda Oriental, Corrientes ni Misiones, en el que se comprometían a llamar a un futuro Congreso federal en Santa Fe, pero nada se decía de atacar en forma conjunta a los portugueses, que era lo que más le interesaba a Artigas, a quien no se reconocía como Protector de la Liga Federal sino sólo como Jefe de la Provincia Oriental.

El nuevo hombre fuerte pasó a ser Francisco Ramírez quien, influenciado por los porteños, abrigaba la ambición de gobernar la futura Confederación; su enfrentamiento con el Protector se volvió inevitable.

José Artigas convocó a las provincias que aún le eran fieles, Corrientes y Misiones, al que sería el último Congreso artiguista, celebrado en la Costa de Abalos, a fines de Abril de 1820; asistieron, entre otros, el gobernador Juan Bautista Méndez y el nuevo Comandante General de Misiones, Francisco Javier Sití.

Las provincias firmantes conformaron allí una Alianza ofensiva y defensiva destinada a garantizar la independencia, la libertad y el federalismo; se confirmó a Artigas como Protector, dándole plenos poderes para decidir “de la guerra y la paz, contra los enemigos exteriores e interiores”.

El enfrentamiento entre Ramírez y Artigas fue breve pero sangriento, jalonado por una serie de batallas que llevaron al progresivo debilitamiento del Protector quien tenía cada vez menos aliados mientras el entrerriano contaba con una importante ayuda en dinero y armas de Buenos Aires, cuyo interés ante la guerra entre los caudillos federales era evidente.

Finalmente, el propio Comandante General de Misiones, Sití, terminó aliándose a Ramírez, con quien suscribió al Acuerdo de Mocoretá.

El Acta de este acuerdo no se ha podido encontrar hasta la fecha pero, por la correspondencia posterior de quienes lo firmaron, se sabe que se pactó lo siguiente:

* por un lado, Misiones se subordinaba a la autoridad de Ramírez, abandonando por tanto la causa de Artigas, a quien se comprometía a ayudar a combatir;
* a cambio, el caudillo entrerriano debía defender a Misiones, fomentar la reconstrucción de los pueblos abandonados y prometía no requerir servicios militares a los guaraníes misioneros por diez años.

Aunque Sití había abandonado a Artigas, no lo hicieron las masas populares guaraníes que permanecieron fieles a su lado hasta el final junto a numerosos comandantes como Pablo Aramimbí, Perú Cutí y, fundamentalmente, el apostoleño Matías Abucú.

Las deserciones y la desobediencia entre las hasta hacía poco disciplinadas tropas guaraníes de Sití se hicieron comunes.

Artigas pasó a la ofensiva, obteniendo inicialmente algunas victorias; pero en Las Tunas sufrió una derrota decisiva, tras la cual inició su retirada hacia el Norte. Intentó sitiar la capital misionera de Asunción del Cambay donde contaba con un firme apoyo de la población local, pero debió retirarse ante el avance conjunto de Sití y el comandante ramirista Gregorio Piris.

Derrotado, el Protector emprendió el camino del exilio, seguido por un puñado de sus soldados muchos de los cuales eran guaraníes. Artigas recorrió los abandonados pueblos misioneros y estableció su último campamento en las faldas del Cerro Santa Ana.

Desde allí obtuvo permiso del Dictador Gaspar Rodríguez de Francia para internarse en el Paraguay hacia donde cruzó por el Paso de Candelaria, el 5 de Septiembre de 1820, acompañado por 200 leales, entre ellos Matías Abucú.

Así, las antiguas misiones guaraníes, que presenciaron el surgimiento del artiguismo en el ya lejano 1811 y lo habían acompañado fielmente por tantos años, ahora contemplaban su ocaso definitivo. José Artigas nunca volvería del Paraguay, donde murió el 23 de Septiembre de 1850, a los 86 años.

Las relaciones entre Sití y Ramírez se fueron enfriando rápidamente. El triunfador de Cepeda había acumulado mucho poder; tras derrotar a Artigas pasó a dominar todo el Litoral -al que unificó- en lo que llamó la República Entrerriana.

A diferencia de Artigas, el nuevo líder no se mostraba dispuesto a respetar la autonomía de los pueblos y pretendía, por un lado, que los guaraníes engrosaran sus contingentes y, por otro, participar de la explotación de los yerbales, medidas ambas que fueron resistidas por Sití, quien tenía graves dificultades para mantener su autoridad frente a la creciente anarquía reinante en los sobrevivientes pueblos misioneros.

El enfrentamiento rápidamente se convirtió en lucha armada y Francisco Sití terminó siendo derrotado por los entrerrianos en Santo Tomé, desde donde cruzó el Uruguay, siendo asilado por el antiguo enemigo de Andresito, Francisco das Chagas Santos, con quien mantenía correspondencia desde hacía varios meses.

Con la salida de Sití del escenario misionero, desapareció el cargo de Comandante General de Misiones; la provincia quedó totalmente subordinada a la República Entrerriana, siendo gobernada en lo sucesivo por Comandantes militares.

Entre ellos estaba Nicolás Aripí, quien ejercía el Gobierno de los antiguos pueblos del Paraná que contaban con algunas familias dispersas con las que pretendía impulsar la explotación de los yerbales silvestres, en especial los de Ñu Guazú (Campo Grande).

Tras la caída de Ramírez y la disolución de la República Entrerriana, Aripí llegó a considerarse Comandante de la Provincia de Misiones, pero sus planes se vieron frustrados cuando, el 8 de Diciembre de 1821, una partida de 500 paraguayos -enviados por Rodríguez de Francia- atacó los pueblos tras derrotar a Aripí en las cercanías de Santa Ana; el ganado y los escasos bienes de los indígenas fueron trasladados al otro lado del Paraná e incluso el sabio francés, Amado Bonpland, fue llevado al Paraguay por la fuerza, siendo retenido allí hasta 1831(2).

(2) Amado Bonpland llegó a Misiones en 1821, instalándose en las cercanías de Santa Ana, donde se dedicó a realizar investigaciones referidas al cultivo de la yerba mate. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

La destrucción llegó hasta el Uruguay y el territorio de Misiones se despobló una vez más; Aripí, al igual que Sití, buscó refugio entre los portugueses. A partir de entonces y hasta el final de la Guerra de la Triple Alianza, los territorios del antiguo Departamento Candelaria, que habían sido recuperados por Andresito en 1815, fueron ocupados nuevamente por Paraguay, que no repobló las antiguas reducciones al Este del Paraná.

La oportuna concurrencia del comandante de San Miguel, Félix de Aguirre, al Congreso del Cuadrilátero y la protección brindada por Santa Fe posibilitaron que Misiones siguiera existiendo como Provincia, aunque muy debilitada, con Aguirre convertido en gobernador.

Si bien gracias a las oportunas intervenciones del gobernador santafesino López los misioneros pudieron resistir ante el expansionismo correntino, no pudieron contener una nueva invasión de los paraguayos.

Ante la actitud de Corrientes, de no involucrarse, y sin poder contar con la ayuda santafesina, Aguirre buscó la protección de Entre Ríos y, de ahí en más, Misiones quedó comprometida con la política centralista de Buenos Aires.

Si bien hubo interés de que sus naturales participaran de la guerra contra el Brasil y de que se enviaran diputados a los Congresos de 1824 y 1826, poco y nada se hizo por ella. El Tratado del Cuadrilátero, el protectorado santafesino y los posteriores acuerdos únicamente sirvieron para prolongar la agonía del pueblo misionero.

En 1827, San Miguel y Loreto se incorporaron a Corrientes; otro tanto hizo el resto de la población guaraní en La Cruz, tras la firma del Tratado del 19 de Abril de 1830. Este Pacto marcó la disolución definitiva de la Provincia Histórica de Misiones.

Durante medio siglo, Misiones fue un sector casi despoblado de la provincia de Corrientes hasta que en 1881, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, se convirtió en un Territorio Nacional pero sufriendo una nueva pérdida territorial ya que parte de su antigua jurisdicción quedó en manos correntinas. La condición de Provincia recién será recuperada en 1953.

Información adicional