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LA EPOPEYA DE SAN MARTIN

Desde 1815, el coronel mayor José Francisco de San Martín se había dedicado a armar un fuerte ejército en Cuyo, con el objeto primario de defender esa región de un ataque español desde Chile y con el propósito de pasar luego a la ofensiva.

- El proyecto de San Martín

Su sorprendente actividad y notable capacidad le permitieron tener en Octubre de ese año 2.800 hombres y, al reunirse el Congreso en Tucumán, consideraba que sólo le hacían falta 1.600 más para estar en condiciones de invadir a Chile en el verano siguiente.

Sabía el peligro de dejar que los españoles se afirmaran del otro lado de los Andes y propuso a Antonio González Balcarce, al Congreso y a Juan Martín de Pueyrredón, sucesivamente y por gestiones de Tomás Guido y Tomás Godoy Cruz, un plan concreto para atacar a Chile: se trataba de amenazar con una invasión que obligara a los españoles a dispersar sus fuerzas, para caer sobre ellas y destruirlas en detalle.

Logrado ello se abría la puerta para una invasión marítima al Perú en vez de la azarosa ruta del Alto Perú. Por fin, sugería una federación o alianza entre Chile y las Provincias Unidas.

Todas las opiniones fueron favorables al plan. Pueyrredón decidió prestarle “la preferente dedicación de los esfuerzos del Gobierno” y, pocas semanas después, se entrevistó en Córdoba con San Martín donde se selló el entendimiento de los dos hombres en torno a la gran empresa.

Desde entonces la misión de Pueyrredón consistió en mantener el país unido para dar tiempo a San Martín a cumplir su tarea y proveerle de los medios necesarios para ello.

San Martín convertía a Mendoza en un gigantesco cuartel donde se formaban soldados, se fabricaban armas, se cosían uniformes, se acumulaban vituallas, se reunían caballadas, se instruían oficiales y se recopilaba información militar sobre el enemigo; mientras tanto, el general abrumaba al Director Supremo con pedidos de armas, dinero y abastecimientos para las tropas que, desde Agosto de 1816, habían recibido el nombre de Ejército de los Andes.

El 10 de Septiembre de 1816, Pueyrredón escribía a San Martín que ya no había en Buenos Aires de dónde sacar un peso, pero aquél insistía. El 2 de Noviembre de 1816 Pueyrredón le envía la famosa carta que testimonia los esfuerzos realizados:

“A más de las cuatrocientas frazadas remitidas de Córdoba, van ahora quinientos ponchos, únicos que he podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren las que faltan al completo, librando su costo contra estas Cajas.
“Está dada la orden más terminante al gobernador-intendente para que haga regresar todos los arreos de mulas de esa ciudad y de la de San Juan; cuidaré su cumplimiento.
“Está dada la orden para que se remitan a Vd. mil arrobas de charqui, que me pide para mediados de Diciembre: se hará.
“Van Oficios de reconocimiento a los cabildos de ésa y demás ciudades de Cuyo.
“Van los despachos de los oficiales.
“Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas. Si por casualidad faltasen de Córdoba en remitir las frazadas, toque Vd. el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas de ese vecindario y el de San Juan; no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio.
“Van cuatrocientos recados.
“Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.
“En Enero de este año se remitieron a Vd. 1.389 arrobas de charqui.
“Van los doscientos sables de repuesto que me pidió.
“Van doscientas tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.
“Va el mundo. Va el demonio. Va la carne.
“Y no sé yo cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que en quebrando, cancelo cuentas con todos y me voy yo también para que Vd. me dé algo del charqui que le mando y no me vuelva a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la fortaleza”(1).

(1) J. C. Raffo de la Reta. “Historia de Juan Martín de Pueyrredón” (1948), p. 352, Buenos Aires. Ed. Espasa Calpe Argentina. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

- Plan de campaña

En los primeros días de Enero de 1817 el ejército estaba a punto de iniciar la campaña. En ese momento el general realista José de la Serna y Martínez de Hinojosa ocupaba Jujuy luego de duros combates con las guerrillas, pero sólo para quedar sitiado en la ciudad.

San Martín sabía que su flanco Norte quedaba bien guardado. El 9 de Enero de 1817 comenzaron los movimientos del Ejército de los Andes. El plan era complejo.

Consistía en alarmar a los españoles con ataques secundarios que les obligarían a la dispersión de sus fuerzas mientras el grueso del ejército patrio cruzaba la cordillera por Mendoza.

Las columnas de diversión cruzarían los Andes por el Paso de Guana, amenazando Coquimbo; por el Paso de Come Caballos, amenazando Copiapó; por el Paso de Piuquenes en dirección a Santiago; y por el Paso del Planchón amenazando a Talca.

Entre todas, sólo suman 820 hombres. El ataque principal se hará en dirección a San Felipe, desde la cual se amenazaba a la vez a Santiago y Valparaíso.

Este ataque principal consistía en la marcha coordinada de dos columnas diferentes: una al mando de Juan Gregorio de Las Heras, avanzaría por el Valle de Uspallata con la artillería y el parque del ejército (800 hombres de armas).

El grueso (3.000 hombres), al mando de San Martín, cruzaría los Andes más al Norte, por el Valle de Los Patos. Las dos columnas debían reunirse en San Felipe.

Este avance múltiple sobre un frente de más de dos mil kilómetros y a través de una altísima cordillera, complementado con una guerra de rumores, sumió a los españoles -dirigidos por Marcó del Pont- en la incertidumbre sobre cuál sería el ataque principal.

La operación patriota importaba grandes dificultades no sólo por la altura de los pasos y por lo que significaba transportar un ejército de casi 4.000 combatientes, 1.400 auxiliares, 18 cañones, más de 9.000 mulas y 1.500 caballos, sino por los necesarios problemas de coordinación.

Es precisamente en este sentido en que el cruce de los Andes alcanzó su expresión más admirable: el mismo día en que las dos columnas principales reunidas batían a los realistas en Chacabuco, Nicolás Dávila ocupaba Copiapó, Juan Manuel Cabot entraba en Coquimbo y Ramón Freire Serrano tomaba Talca.

Las previsiones de San Martín fueron completas. Previamente se habían constituido depósitos en el lado argentino de la cordillera y se había adelantado la caballada para su aclimatación.

Las columnas iniciaron su marcha en distintas fechas de modo de concurrir simultáneamente sobre sus objetivos. En disciplina e instrucción, las tropas habían alcanzado un nivel no visto antes en los ejércitos revolucionarios.

El servicio de informaciones y espionaje sobre el enemigo era también el más avanzado que se conociera en Sudamérica. San Martín había organizado el Cuartel General, el Estado Mayor y los servicios auxiliares comprendiendo en éstos un cuerpo de minadores, otro de baqueanos y un hospital volante.

Aunque la fuerza de los realistas en Chile llegaba a los 5.000 hombres, la incertidumbre sobre el ataque principal y la incapacidad de Marcó del Pont -que quiso asegurar simultáneamente varios puntos- dispersó sus fuerzas y las puso en inferioridad numérica frente a los patriotas.

La instrucción y disciplina de los realistas oscilaba entre regular y buena. Cuando conoció el avance de San Martín, el general realista intentó una tardía concentración de tropas en el Valle del Aconcagua.

Al avanzar el ejército a través de los Andes, los hombres de Las Heras batieron a los realistas en los pequeños encuentros de Los Potrerillos y Guardia Vieja, y el 8 de Febrero de 1817 ocupaban Santa Rosa.

El mismo día San Martín llegaba a San Felipe, luego de batir destacamentos enemigos en Achupallas y Las Coimas. Las dos columnas giraron hacia el Sur y el día 10 de Febrero se encontraron al norte de la Cuesta de Chacabuco donde el brigadier Rafael Maroto Yserns esperaba a los patriotas con 3.000 hombres.

La batalla consistió en un ataque frontal y otro de flanco destinado a cortar la retirada a los realistas. El 12 de Febrero San Martín obtuvo un éxito rotundo, perdiendo los realistas casi la mitad de sus fuerzas.

Marcó del Pont fue capturado mientras huía a Valparaíso. El 14 de Febrero de 1817, San Martín y O’Higgins entraban en Santiago. Unos días antes Pueyrredón le había escrito al primero:

“Bien puede Vd. decir que no se ha visto un Director que tenga igual confianza en un general; debiéndose agregar que tampoco ha habido un general que la merezca más que Vd.”(2).

(2) J. C. Raffo de la Reta. “Historia de Juan Martín de Pueyrredón” (1948), p. 357, Buenos Aires. Ed. Espasa Calpe Argentina. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

La confianza no había sido vana.

San Martín tenía Instrucciones del Gobierno de Buenos Aires de evitar toda impresión de conquista. Por el contrario, debía invitar a Chile a enviar sus diputados al Congreso de Tucumán para constituir un gran Estado y, en su defecto, concertar una alianza entre las dos naciones.

Se autorizaba a San Martín para nombrar al brigadier Bernardo O’Higgins, Director Provisional de Chile, cosa que hizo, y rehusó la primera magistratura que le habían ofrecido los vecinos de Santiago. También se le encomendó mantener un adecuado equilibrio entre la aristocracia chilena y las clases populares.

El general vencedor procedió inmediatamente a organizar la Logia Lautariana, filial chilena de la Lautaro, instrumento de poder político para respaldo de O’Higgins que, actuando en coordinación con la logia argentina, tendía a producir una política coincidente de ambos Gobiernos, orientada a materializar la segunda etapa del plan: la expedición al Perú.

San Martín regresó enseguida a Buenos Aires para entrevistarse con Pueyrredón, con quien convino la creación de una fuerza naval que hiciese posible aquella expedición y la continuidad del apoyo político y militar argentino.

- Campaña del Sur de Chile

Pero la campaña de Chile no había terminado. Los españoles se habían hecho fuertes en Concepción y Talcahuano, con escasas tropas pero protegidos por esta última fortaleza y en comunicación naval con Lima.

Las Heras fue despachado con una división hacia aquellas plazas. Con sus victorias de Curapaligüe y Gavilán se apoderó y aseguró Concepción. Luego Freire conquistó los fuertes del Arauco, quedando los realistas reducidos a Talcahuano.

O’Higgins asumió el mando y acrecentó y preparó al ejército para el ataque a la plaza fuerte mientras multitud de combates menores -casi siempre favorables a los patriotas- jalonaban los preparativos.

Finalmente, el 5 de Diciembre de 1817 se dispuso el ataque. Los patriotas superaban 2 a 1 a los realistas pero éstos contaban con 70 cañones y las obras de la Fortaleza, contra 5 piezas de artillería de aquéllos. El asalto fue rechazado pese al derroche de heroismo de argentinos y chilenos.

San Martín se enteró entonces de que una expedición realista iba a ser enviada a José Ordóñez, el activo defensor de Talcahuano. Ordenó a O’Higgins el repliegue hacia el Norte para unirse con él.

En Enero de 1818 llegó el general español Mariano Osorio a Talcahuano y, despreciando la movilidad naval avanzó por tierra hacia el Norte facilitando la reunión de las fuerzas patriotas. Cuando ésta se produjo, Osorio se convirtió de perseguidor en perseguido y debió retroceder hasta los suburbios de Talca.

- Cancha Rayada y Maipú

Allí, con el río Maule a sus espaldas, los 4.600 realistas parecían perdidos frente a los 7.600 hombres de San Martín pero, la audaz inspiración de Ordóñez que planeó un ataque nocturno, invirtió los papeles.

La noche del 19 de Marzo de 1818 los españoles cargaron sobre el campo de Cancha Rayada mientras las fuerzas patriotas cambiaban de posición para evitar precisamente ese ataque.

En gran confusión el ejército se dispersó y perdió sus bagajes y artillería. La noticia del desastre produjo pánico en Santiago, pero San Martín, agrandándose en la adversidad, encargó el mando a Las Heras -que había salvado en Cancha Rayada a casi la mitad de las tropas- y marchó a la capital donde desplegó tal actividad que diez días después el Ejército Unido estaba otra vez en disposición de defender a Santiago.

San Martín situó sus tropas en los llanos de Maipú, cerrando el camino de Santiago y amenazando a la vez la ruta a Valparaíso. El 5 de Abril de 1818 se libró la batalla. San Martín, por medio de un avance oblicuo, concentró el ataque sobre la derecha realista -intentando rebasarla- mientras hacía un ataque secundario sobre la izquierda de aquéllos.

Osorio concurrió con el grueso de sus tropas a sostener su derecha, rechazando el primer ataque patriota, pero su izquierda, indefensa, cedió completamente, permitiendo el flanqueo de la posición por esta parte.

San Martín utilizó la reserva para contener la derecha realista cuya caballería -ubicada en el extremo de la línea- fue dispersada. Así, una doble pinza se cerró sobre el grueso del ejército español, batido también por su frente.

Los realistas se dispersaron en gran parte, aunque la división de Ordóñez se hizo fuerte en una finca situada a retaguardia. Allí lo atacaron Las Heras y Balcarce y lo derrotaron completamente. La técnica de San Martín le permitió desequilibrar el frente adversario y obtener una victoria notable.

Sólo 600 dispersos pudo reunir Osorio en fuga hacia el Sur; el resto fueron muertos, heridos o prisioneros. La batalla decidió la suerte de Chile.

San Martín partió nuevamente para Buenos Aires en busca de fondos. José Matías Zapiola sitió Talcahuano, pero Osorio partió hacia el Perú con sus tropas. En tanto se había formado la escuadra patriota que obtuvo diversos triunfos y, desde entonces, dominó el Pacífico asegurando las condiciones estratégicas de la campaña al Perú.

Pueyrredón prometió al Libertador quinientos mil pesos a obtenerse con un empréstito, mientras Chile prometía otros trescientos mil pesos, pero el empréstito fracasó rotundamente tanto porque la población porteña -contribuyente principal- estaba cansada de exigencias financieras, como por la disminución del crédito político del Director y, por fin, porque tras el triunfo de Maipú muchos consideraron que se había obtenido seguridad suficiente contra el poder español y no era necesario hacer más esfuerzos.

El Gobierno chileno también se manifestó renuente a cumplir su compromiso con San Martín. Este optó por presionar a ambos Gobiernos con su renuncia al mando del Ejército Unido, recomendando que ante la imposibilidad de expedicionar al Perú, el ejército argentino repasara los Andes para prestar servicios en su patria.

Pueyrredón y O’Higgins deseaban llevar adelante la empresa pero enfrentaban serias dificultades financieras y políticas. La guerra del Litoral insumía a Pueyrredón recursos que podían haber favorecido el proyecto sanmartiniano. Además, se anunciaba una nueva expedición española al Río de la Plata.

Por ello, la sugerencia de San Martín, en vez de causar alarma, provocó en Buenos Aires cierto beneplácito. No obstante, Pueyrredón era el más fiel partidario de la expedición al Perú entre todo el elenco gobernante de las Provincias Unidas como lo demostró apoyando decididamente la alianza argentino-chilena firmada en Enero de 1819 donde ambos países se comprometían a liberar al Perú del dominio español.

Pero la guerra civil desatada imprudentemente contra Santa Fe iba a hacer escollar la buena voluntad del Director. A las pocos días de firmada la Alianza debió comprometer al ejército de Manuel Belgrano en aquella lucha.

Convencido de que los argumentos de San Martín eran ciertos, o aprovechándolos en función de las circunstancias, el 27 de Febrero de 1819 ordenó que el Ejército de los Andes viniese a proteger a Buenos Aires de la anunciada expedición española.

La reacción chilena no se hizo esperar. O’Higgins declaró que asumía los Gastos de la expedición dándose por satisfecho con el aporte de doscientos mil pesos, única suma que pudo reunir el Gobierno porteño.

San Martín suspendió la orden de regreso de las tropas y Pueyrredón aprobó el nuevo plan y revocó su orden anterior. Pocos días después, el avance realista en el Norte argentino impulsó a Pueyrredón a insistir en el regreso del ejército entonces, San Martín, renunció al mando logrando así que Pueyrredón revocara la orden por segunda vez y prevaleciera sobre sus temores su vocación americanista.

- Acta de Rancagua

Pero el Director Supremo renunció a su cargo en Junio de 1819. Su sucesor, José Rondeau, ordenó -en Octubre de 1819- a San Martín el regreso del ejército argentino con la intención de que participase en la lucha contra Santa Fe.

El general resistió la orden hasta que en 1820 se enteró de la caída de Rondeau y la disolución del Congreso. Decidido a salvar la expedición al Perú, pináculo de su plan estratégico, renunció al mando ante sus jefes y oficiales, fundado en que ya no existían las autoridades de quienes emanaba su nombramiento. Esto no era más que un gesto.

El 2 de Abril de 1820 aquellos militares labraron el Acta de Rancagua dejando constancia de que rechazaban la renuncia porque “la autoridad que recibió el Sr. General para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado ni puede caducar porque su origen -que es la salud del pueblo- es inmutable”(3).

(3) Museo Mitre. “Documentos del Archivo de San Martín”, tomo VI, p. 192. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Con el apoyo de sus propios oficiales y del Gobierno chileno, José de San Martín siguió adelante con su proyecto mientras las autoridades de Buenos Aires se alejaban de éste, sumidas en la nebulosa de la guerra fratricida y la disolución nacional.

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