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Estado político del Río de la Plata en 1838

- Acción y reacción

Juan Manuel de Rosas subió al poder entre el desborde de entusiasmo de los “apostólicos”, en una ciudad engalanada de rojo. Su inmediata Proclama constituyó un programa de acción. A la expresión paternalista que presidió su primera ascensión al poder se sustituyó el anuncio tonante de la represión del enemigo:

“Ninguno ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad, ha desvirtuado las leyes, generalizado los crímenes, garantizado la alevosía y la perfidia.
“El remedio de estos males no puede sujetar a formas y su aplicación debe ser pronta y expedita. La Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación para probar nuestra virtud y constancia. Persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida y, sobre todo, al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esta raza de monstruos no quede uno entre nosotros y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y de espanto”.

Si la situación local no justificaba tan terribles amenazas -el partido unitario carecía de opinión y la facción disidente del federalismo había sido destruida- la situación del Interior, derivada del asesinato de Facundo Quiroga, hacía temer a Rosas un resurgimiento del caos.

- La hegemonía de Heredia en el Norte

En el Norte(1) las cosas evolucionaban en favor de Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán, en quien Rosas no depositaba demasiada confianza.

(1) La Intendencia de Salta del Tucumán se disgregará en las provincias de Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, Salta y Jujuy. Ya en Octubre de 1814, el Director Gervasio Antonio de Posadas había dividido la primitiva Intendencia en dos: Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero, por un lado; y Salta y Jujuy por otro. Sin embargo esta división se multiplicó con progresivas declaraciones de autonomía. Jujuy permanecerá unida a Salta hasta Noviembre de 1834, en que declaró su autonomía, organizándose institucionalmente al dictarse un Estatuto en 1835. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007), edición del autor.

Las demás provincias de la órbita de Quiroga prometían cambios. Había que castigar al gobernador de Córdoba, sospechado de complicidad en el crimen de Barranca Yaco. Y como Reinafé era hombre de López, debía obrarse a la vez con firmeza y tacto.

A mediados de 1835, el ex gobernador de Salta, Francisco Javier López y su sobrino Angel invadieron Salta desde el Norte. Cruzaron los Valles Calchaquíes pero, al ingresar en la provincia de Tucumán fueron derrotados y fusilados por orden de Alejandro Heredia(2), “...porque no he encontrado un punto seguro en la tierra para que en lo sucesivo no continúen haciendo males”.

(2) Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), pp. 434-436. Ed. Plus Ultra.

Una vez librado de los López, el caudillo tucumano invadió Catamarca acusando a su Gobierno de connivencia con ellos. Derrotó al Comandante de Armas catamarqueño Felipe Figueroa y, en lugar de Manuel Navarro fue elegido gobernador el riojano Fernando Villafañe, títere de Heredia, que debió aceptar la pérdida de casi todo el oeste de la provincia en manos de la provincia de Tucumán y que declaró a Heredia “Protector” de la provincia que gobernaba(3).

(3) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), pp. 436-438. Ed. Plus Ultra.

Desde entonces, Heredia pasó a ser el “Protector de las Provincias del Norte”. A principios de 1836 debió hacerse cargo del comando del Ejército del Norte en la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana(4).

(4) Citado por Jorge Newton. “Alejandro Heredia, el Protector del Norte” (1972). Ed. Plus Ultra.

- Buenos Aires

Rosas no esperó complicaciones para afirmarse en el orden local. En Mayo de 1835 destituyó a centenares de empleados públicos sospechosos de oposición o frialdad hacia el gobernador; dio de baja a más de un centenar de militares -por idéntica causa- y mandó fusilar a varios complotados.

El periódico oficial decía -pintorescamente- que había acabado “el tiempo de gambetear”. Y Rosas mismo le anunciaba a Ibarra la nueva consigna: “Está contra nosotros el que no está del todo con nosotros”. No bastaba la adhesión. Era necesaria la adhesión total.

Esta exigencia dio origen a las más variadas manifestaciones de obsecuencia política. Banderas, colgajos, imágenes del Restaurador se lucían en casas, salones, adornos y la divisa punzó era infaltable.

Ya en 1836, se registran entronizaciones en lugares públicos de retratos del general Rosas, anticipo de las “procesiones cívicas” donde el retrato del gobernador fue paseado con un ritual parecido al del Santo Viático.

- Las provincias

Mientras Rosas montaba su aparato represivo, que desde 1839 adoptaría la forma del “terror”, desplegaba su diplomacia con los gobernadores de provincia.

A principios de 1838 cuatro provincias -San Luis, Mendoza, La Rioja y Santiago del Estero- eran gobernadas por hombres que habían perdido gradualmente su autonomía frente a Rosas. Otros dos gobernadores -los de San Juan y Córdoba- debían su Gobierno al mismo Rosas. En vista de la enfermedad terminal de Estanislao López, también Echagüe se acercó al gobernador de Buenos Aires.

En cambio en el Norte -de Catamarca hasta Jujuy- la hegemonía de Heredia era total(5).

(5) Citado por Jorge Newton. “Alejandro Heredia, el Protector del Norte” (1972). Ed. Plus Ultra.

El de Mendoza, Pedro Molina, tras un fugaz intento de independencia, se mostró dócil a sus solicitaciones y reprimió el complot del coronel Lorenzo Barcala; se descubrió, a la vez, otra conspiración en San Juan, que también se frustró y llevó al poder a Nazario Benavídez, que sería uno de los hombres fieles a Rosas en el Interior.

El coronel Tomás Brizuela asumió el Gobierno de La Rioja. En Salta -tras prolongada agitación- Heredia impuso a su hermano Felipe como gobernador.

Con excepción de Felipe Ibarra, Rosas desconfiaba de estos hombres, para quienes las relaciones de familia tenían más vigencia y fuerza que los colores políticos y -en su correspondencia- les predicaba el destierro de la tolerancia de que hacían gala.

A mediados de 1836, Rosas logró de Estanislao López el visto bueno para operar contra Reinafé. A fines de Julio clausuró la frontera con Córdoba, en lo que le siguieron otras provincias. Poco después, los responsables del crimen de Quiroga eran detenidos y procesados en Buenos Aires. Al año siguiente fueron ejecutados José Vicente Reinafé, sus dos hermanos, Santos Pérez y otros cómplices.

En la silla vacante de la gobernación cordobesa logró imponerse -a fines de 1836- a Manuel López, con lo que la provincia se aproximó a la órbita bonaerense, apartándose discretamente de Santa Fe.

Aparentemente, Rosas había logrado un bloque político homogéneo con todas las otras provincias -con excepción de Corrientes- que continuaba haciendo gala de independencia. Pero se avecinaban conflictos que demostrarían que la alianza de los gobernadores argentinos, que habían delegado en Rosas el ejercicio de las Relaciones Exteriores de la Nación, no tenía la cohesión esperada.

- La cuestión de las Malvinas

Hasta entrado el año 1836, las cuestiones internacionales no preocuparon mayormente a Rosas. En 1823, el Gobierno de Buenos Aires había comenzado la colonización de las islas Malvinas, cuyo dominio había heredado de España.

En 1829 nombró gobernador de las islas a Luis Vernet quien poco después detuvo tres barcos norteamericanos por pescar sin permiso en aguas argentinas. Se originó una cuestión diplomática que fue interrumpida por el asalto que hizo la fragata “Lexington” -de bandera norteamericana- contra Puerto Luis, principal establecimiento malvinero.

Una ola de indignación se alzó en Buenos Aires y se terminó expulsando al representante norteamericano, lo que originó una interrupción de relaciones de más de diez años.

La naciente colonia quedó prácticamente destruida, pero en el mismo momento en que Buenos Aires hacía valer sus derechos ante los Estados Unidos, los ingleses redescubrían su interés por las islas que les permitirían un mejor control del Atlántico Sur y del Estrecho de Magallanes.

En Agosto de 1832, Lord Palmerston decidió hacer valer su soberanía sobre el archipiélago, al mismo tiempo que la goleta argentina “Sarandí” se establecía en Puerto Luis. Allí la encontró la “Clio”, de la Royal Navy, cuyo capitán intimó al del barco argentino, el 2 de Enero de 1833, que arriase el pabellón nacional en la isla. Ante la negativa, al día siguiente ocupó el puerto, rindiendo a la escasa guarnición y obligando a la “Sarandí” a hacerse a la vela.

Manuel V. Maza, gobernador a la sazón, calificó el hecho de “ejercicio gratuito del derecho del más fuerte”. La capital se conmovió de indignación, el ministro argentino en Londres presentó una protesta y, a mediados de año, corrió el rumor de que sería retirada la representación argentina en Londres.

Inglaterra rechazó la protesta y continuó la ocupación de las islas. Buenos Aires reiteró periódicamente su reclamación y la cosa no pasó de allí. Carecía de los medios materiales para hacer valer su derecho y las relaciones con Gran Bretaña presentaban otros puntos de importancia que había que cuidar, sobre todo cuando años después se produce la intervención francesa.

Cuando Rosas se hizo cargo del Gobierno tomó la cuestión malvinera con circunspección, procurando que no fuera causa de un conflicto internacional y dejar a salvo los derechos argentinos.

Hacia 1841 trató de negociar la posesión de las islas, pero el silencio y la posesión de facto de los ingleses constituyeron una barrera infranqueable. Desde entonces, las islas Malvinas fueron un punto de honor en las relaciones argentino-británicas, que siempre fue dejado a salvo por nuestros Gobiernos.

- Guerra con Bolivia

En el extremo Norte de la Argentina se cernía otro conflicto: Bolivia, bajo la conducción dictatorial del mariscal Andrés de Santa Cruz, procuraba acrecentar su influencia sobre el Perú.

Los emigrados argentinos -con Lamadrid a la cabeza- intrigaban desde su territorio contra los Gobiernos de Salta y Tucumán. A fines de 1836, Chile declaró la guerra a la recién constituida Confederación Peruano-Boliviana

Rosas consideró que era el momento para eliminar la amenaza en el Norte y el 19 de Mayo de 1837 declaró la guerra a Santa Cruz. Ocupado en el conflicto con Francia, designó a Heredia comandante de las fuerzas argentinas. Este se desesperó por ponerlas en pie de guerra y clamó a Rosas por auxilios, pero lo que Rosas le enviaba era totalmente insuficiente.

En Abril de 1838, Santa Cruz, en una Proclama, dio por terminada la guerra por no tener enemigos a quiénes combatir. Heredia lo buscó y fue vencido en el combate de Cuyambuyo, el 24 de Junio de 1838, mientras los chilenos llevaron el peso real de la guerra y la coronaron exitosamente con la victoria de Yungay (el 20 de Enero de 1838) tras la cual se desmoronó la Confederación Peruano-Boliviana y el poder de su creador.

- La Generación de Mayo. El Salón Literario

Las preocupaciones políticas no habían sofocado en Buenos Aires las inquietudes intelectuales. Como en 1812, es la juventud la portadora de ellas. En 1830 regresó al país Esteban Echeverría, tras cinco años de permanencia en París y, desde entonces, se convirtió en el oráculo de los jóvenes con inquietudes intelectuales.

Cuando Juan Manuel de Rosas asumía la dictadura comenzaban a actuar los jóvenes de la primera generación surgida del pronunciamiento de Mayo. Partidarios de las ideas liberales, esa pléyade de intelectuales había recibido las enseñanzas del período cultural rivadaviano, donde forjaron su inclinación a la controversia política, a la filosofía y a la oratoria.

A partir del año 1830, esa minoría culta y fogosa de jóvenes porteños -inclinada a los autores liberales franceses- solía reunirse en la casa de Miguel Cané(6), donde establecieron la Asociación de Estudios Históricos y Sociales.

(6) Miguel Cané (1812-1863). Colaboró en la lucha contra Rosas, aunque también se dedicó a las actividades literarias al margen de la política. No debe confundírsele con su hijo -de igual nombre- autor de la conocida obra “Juvenilia”. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

En 1835, la juventud ávida de saber se congregó en el Gabinete de Lectura establecido por Marcos Sastre, en una habitación contigua a su comercio de librería.

En 1837 -y ante el aumento de la concurrencia- Marcos Sastre trasladó su librería a un local próximo pero más amplio -ubicado en la calle Victoria Nro. 59- e inauguró en el mes de Junio el Salón Literario donde se congregaron las figuras más destacadas del movimiento romántico de la época.

Su misión era evidentemente cultural y aunque sus miembros recibían las influencias ideológicas europeas el movimiento tenía marcado carácter nacional.

Las inquietudes del Salón Literario se dieron a conocer por medio del periódico “La Moda”, dirigido por Juan Bautista Alberdi. Figuraba como “Gacetín Semanal de Música, de Poesía, de Literatura, de Costumbres”. La difusión de las nuevas ideas se hizo con suma prudencia y por esto cada número estaba encabezado por un “Viva la Federación”.

Primero, en casa de Miguel Cané; luego, en el Salón Literario de Marcos Sastre, los sábados por la noche, los estudiosos se reunían para discutir y desarrollar temas de letras, artes y política, con trabajos presentados por Esteban Echeverría, Miguel Cané, Vicente Fidel López, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Sastre, Carlos Tejedor y otros. 

Rosas, que siempre había recelado de los “botarates” de pluma, ve con malos ojos a estos jóvenes inquietos y reformadores. Cuando el periódico “La Moda” -órgano del grupo- no se une al coro general que censura el bloqueo francés, se hacen sospechosos de afrancesamiento a los ojos del Restaurador.

Sabía Rosas que aquéllos eran tributarios de Europa en materia literaria y filosófica. Pedro de Angelis -el mejor intelectual rosista- los calificó de “románticos”. El ojo policial se aplicó sobre ellos, que sintieron cercenada su libertad.

Fue un error de Rosas enajenarse -desde el vamos- una juventud valiosa y cuyas predisposiciones políticas no le eran adversas. Renegaban de la división violenta en partidos y del teoricismo de los viejos unitarios.

Mientras eran sospechados de extranjerismo, el tucumano Juan Bautista Alberdi escribía en 1837 sobre Rosas, a quien llamaba “persona grande y poderosa”:

“Desnudo de las preocupaciones de una ciencia estrecha que no cultivó es advertido, desde luego, por su razón espontánea, de no sé qué de impotente, de ineficaz, de inconducente, que existía en los medios de gobierno practicados y, precedentemente, en nuestro país; que estos medios importados y desnudos de toda originalidad nacional no podían tener aplicación en una sociedad cuyas condiciones normales de existencia diferían totalmente de aquéllas a que debía su origen exótico; que, por tanto, un sistema propio nos era indispensable...
“...lo que el gran magistrado ha ensayado de practicar en la política, es llamada la juventud a ensayar en el arte, en la filosofía, en la industria, en la sociabilidad: es decir, es llamada la juventud a investigar la ley y la forma nacional del desarrollo de estos elementos de nuestra vida americana, sin plagio, sin imitación y únicamente en el íntimo y profundo estudio de nuestros hombres y de nuestras cosas”.

Y agregaba:

“Hemos pedido pues, a la filosofía, una explicación del vigor gigantesco del poder actual: la hemos podido encontrar en su carácter altamente representativo...
“...el Sr. Rosas, considerado filosóficamente, no es un déspota que duerme sobre bayonetas mercenarias. Es un representante que descansa sobre la buena fe, sobre el corazón del pueblo. Y por pueblo no entendemos aquí la clase pensadora, la clase propietaria únicamente sino también, la universalidad, la mayoría, la multitud, la plebe”(7).

(7) Juan Bautista Alberdi. “Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho” (1958), pp. 20, 21 y 27, Buenos Aires. Ed. La Ley. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo XXII: “El Apogeo”.

Años después, Esteban Echeverría se hacía eco -con rencor- de aquella frustrada esperanza de los jóvenes del 37, que vieron en Rosas al posible constructor de la Argentina que soñaban:

“Hombre afortunado como ninguno (Rosas), todo se le brindaba para acometer con éxito esa empresa. Su popularidad era indisputable; la juventud, la clase pudiente y hasta sus enemigos más acérrimos, lo deseaban, lo esperaban cuando empuñó la suma del poder; y se habrían reconciliado con él y ayudádole, viendo en su mano una bandera de fraternidad, de igualdad y de libertad.
“Así, Rosas hubiera puesto a su país en la senda del verdadero progreso: habría sido venerado en él y fuera de él, como el primer estadista de la América del Sud; y habría igualmente paralizado -sin sangre ni desastres- toda tentativa de restauración unitaria. No lo hizo; fue un imbécil y un malvado. Ha preferido ser el minotauro de su país, la ignominia de América y el escándalo del mundo”(8).

(8) Esteban Echeverría. “Ojeada Retrospectiva sobre el Movimiento Intelectual en el Plata desde el año 37” (1956), incluido en “Dogma Socialista y otras Páginas Políticas”, p. 39, Buenos Aires. Ed. Estrada. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo XXII: “El Apogeo”.

Pero entre el autócrata conservador que era Rosas y estos jóvenes renovadores había profundos abismos, por más similitudes que se señalaran. Eran éstos cultores de la libertad -por la que Rosas sentía muy poco afecto-; eran partidarios de la organización constitucional del país; de la igualdad y el progreso -todos términos integrantes de las Palabras Simbólicas del Dogma Socialista de la Asociación de Mayo-.

Y si Alberdi consideraba como fin la “emancipación de la plebe” a través de “instruir a la libertad”, o sea, capacitar al pueblo por la cultura para el ejercicio político y social, poca relación tenía esto con el populismo paternalista de Rosas.

Cuando el grupo se desilusionó del Restaurador, a la vez que era discretamente perseguido, optó por la clandestinidad. Entonces nació -el 23 de Junio de 1838- la Asociación de la Joven Generación Argentina y se encomendó a Echeverría la redacción y explicación de las Palabras Simbólicas que constituirían el Dogma Socialista.

Rosas no les perdía pisada. Entonces Echeverría se marchó al campo, Alberdi a Montevideo, otros miembros provincianos volvieron a sus hogares donde levantaron -con renovado entusiasmo- los ideales de la Asociación: Quiroga Rosas, en San Juan, donde tendrá seguidores en Sarmiento, Aberastain y Villafañe, quien luego la hará surgir en Tucumán, donde le seguirá Marco Avellaneda; Vicente F. López -aunque porteño- la hará germinar en Córdoba donde, entre otros, convencerá a los hermanos Ferreyra.

Por fin, en Montevideo, se incorporó al grupo Bartolomé Mitre, que aún no tenía 20 años. Poco a poco la mayoría de los fundadores de la Asociación emigraron. El núcleo principal, con Echeverría, se radicó en Montevideo, donde en 1839 se publicó por primera vez el Dogma Socialista.

Los unitarios puros, como Andrés Lamas y Florencio Varela, encuentran insólitas las ideas de estos jóvenes: son demasiado revolucionarias, demasiado contrarias a sus cánones; se las critica; ellos también les tachan de románticos. Por entonces, adoptan el nombre de Asociación de Mayo.

Rosas, entretanto, los ha incluido en el calificativo genérico de “salvajes unitarios”. Nada más reñido con el ideario unitario que el Dogma de la Asociación. Pero Rosas -como señala Enrique Barba- al unir a toda la oposición bajo un solo nombre, le dio una apariencia de cohesión y un prestigio que ni respondía a la realidad ni habría logrado por sí el partido unitario propiamente dicho(9).

(9) Enrique M. Barba. “La Campaña Libertadora del general Lavalle” (1944), p. XV, en el Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, La Plata. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo XXII: “El Apogeo”.

La Asociación consideraba que el país no estaba maduro para una revolución que, por ser sólo material, no tendría más alcance que el de un cambio en la superficie. Proclamaba la revolución moral, es decir, un cambio en la mentalidad nacional que terminaría derribando sin sangre a la tiranía.

La cultura europea del grupo no anulaba sus afanes nacionales. Alberdi era tributario de Vico, Lerminier y Savigny, entre otros; Echeverría era admirador de Schiller y Byron; en cuestiones políticas y sociales se había formado en torno a Sismondi, Leroux y Saint-Simon; su filosofía de la historia se apoyaba en Vico y Guizot; y su formación cristiana viajaba de Pascal a Lamennais y Chateaubriand; Mitre devoraba autores europeos y basta leer el Diario de su juventud para tener la prueba de ello.

Pero si esta erudición los presentaba personalmente como “europeizados”, se constituían en defensores de la tradición que estimaban el “punto de partida” de la reforma. Todavía en 1846, Echeverría predicaba contra el encandilamiento con los sistemas e ideas europeos y la necesidad de adaptarse al país.

“Ser grande en política -decía- no es estar a la altura de la civilización del mundo, sino a la altura de las necesidades de su país”(10).

(10) Esteban Echeverría. “Ojeada Retrospectiva sobre el Movimiento Intelectual en el Plata desde el año 37” (1956), incluido en “Dogma Socialista y otras Páginas Políticas”, p. 33, Buenos Aires. Ed. Estrada. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo XXII: “El Apogeo”.

Acusaban a los unitarios de carecer de criterio social; a los federales de despotismo; eran eminentemente demócratas -como tradición, principio e institución, decían- pero no eran populistas; el progreso del pueblo sería a través de la cultura, que constituiría su verdadera carta de ciudadanía. Así, atribuían los males del unitarismo, a la ley de sufragio universal.

El Salón Literario sólo desarrolló cuatro meses de intensa actividad. Más tarde las reuniones debieron interrumpirse por orden del Gobierno. La prédica liberal que desarrollaban esos “muchachos reformistas y regeneradores” no fue del agrado de Rosas y Sastre debió cerrar el Salón -Mayo de 1838- y desprenderse de las existencias de su librería, en tres remates sucesivos. También dejó de aparecer “La Moda”.

- Descontento en la campaña Sur

Si la “rebelión intelectual” merecía de Rosas más desprecio que preocupación, no pasó lo mismo con el creciente descontento que, desde 1836, se desarrollaba en un sector de los hacendados porteños.

Parte de ellos se había beneficiado con el régimen de enfiteusis que les había permitido la explotación de grandes extensiones a costos bajos y la ley de 1836 -agravada por la de 1838- terminaba prácticamente con ese régimen.

Al descontento económico se añadió el disconformismo político por la forma violenta en que eran reprimidos todos aquéllos que manifestaban cierta independencia hacia el partido oficial.

Lo grave de este estado de cosas era que se producía en el centro mismo del poder de Rosas: la campaña bonaerense. Chascomús y Dolores eran el núcleo del malestar.

- El conflicto con Francia

En esas circunstancias un conflicto con Francia, originado en asuntos bastante nimios, actuó como detonante de un ambiente político caldeado que distaba de los resultados del famoso plebiscito de 1835 en el que sólo ocho ciudadanos -sobre más de nueve mil electores- negaron su aprobación al general Rosas(11).

(11) Se toman los datos del plebiscito de Adolfo Saldías. “Historia de la Confederación Argentina” (1951), tomo II, p. 11. Ed. El Ateneo. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo XXII: “El Apogeo”.

Las relaciones franco-argentinas pasaban por un período delicado a raíz de la negativa del Gobierno de Buenos Aires -en 1834- de concertar un Tratado que pusiera los miembros de la colonia francesa en igualdad de condiciones que los ingleses(12).

(12) El rey Luis Felipe de Francia decidió fundar un nuevo Imperio francés de ultramar, provocando y agrediendo a diversos Gobiernos real o supuestamente débiles. Entre ellos estaba la Argentina: con excusas pueriles, sus representantes exigieron al gobernador de Buenos Aires el mismo trato que el Gobierno porteño daba a Inglaterra, entre otras humillaciones. // Citado por Carlos Escudé y Andrés Cisneros. “Las Relaciones entre el Gobierno de Buenos Aires y Francia durante la década de 1830”, en “Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”.

El motivo inmediato fue la defensa de los derechos de los ciudadanos franceses residentes en el país. En 1830, el cónsul de esa potencia en Buenos Aires, marqués de Vins de Paysac, había elevado una protesta a Rosas por la aplicación de una ley -bastante antigua en la legislación rioplatense- que obligaba a los extranjeros a incorporarse en las milicias; el citado diplomático exigió que sus connacionales fueran exentos de esa obligación.

A la muerte de Vins de Paysac lo reemplazó el vicecónsul Aimé Roger quien, el 30 de Noviembre de 1837 protestó ante Rosas por la prisión del dibujante y grabador César Hipólito Bacle y de otros franceses residentes(13). Un dudoso incidente sobre unos mapas de interés militar, condujo a la prisión del citado litógrafo, de nacionalidad francesa. El cónsul francés, Roger, intercedió y en el ínterin falleció Bacle.

(13) A pesar de haber nacido en Ginebra, Bacle era ciudadano francés. Además de impresor, dominaba la cartografía y era un experto en geodesia y topografía. Con motivo de la guerra contra el general Santa Cruz, Rosas envió a Bacle a la frontera con Bolivia a fin de que levantara planos de utilidad para la lucha. Más tarde, el ginebrino fue acusado de vender información militar al extranjero y de estar en connivencia con los unitarios. Reducido a prisión, solicitó la ayuda del cónsul francés y también de Enrique Mandeville, el diplomático inglés. Debido a las gestiones del último, Bacle fue libertado, pero no tardó en fallecer en su casa, como consecuencia de una enfermedad contraída en la cárcel (4 de Enero de 1838). // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Roger, en un lenguaje inusitado, reclamó indemnizaciones, a lo que Rosas replicó intimándole que abandonara el país. A esta cuestión se sumó -casi enseguida- la del servicio militar de los ciudadanos franceses, a diferencia de los británicos, que estaban exentos de él por el Tratado de 1824.

Todas estas cuestiones se suscitaban en el momento en que el Gobierno francés hacía gala de una política fuerte y “de honor” y había demostrado exitosamente sus afanes intervencionistas en varias partes del globo, especialmente en Argelia y México(14).

(14) En la época de Rosas, Buenos Aires y el Litoral argentino sobre el Plata fueron bloqueados dos veces por naves extranjeras: el primer asedio lo efectuaron embarcaciones francesas y se prolongó desde Marzo de 1838 a Octubre de 1840; el segundo estuvo a cargo de una poderosa flota anglo-francesa desde Septiembre de 1845 a Julio de 1847, en que Inglaterra retiró sus efectivos pero las naves francesas continuaron el asedio hasta Junio de 1848. La primera intervención francesa -es decir, el primer bloqueo- obedeció a causas sobre las cuales discrepan los historiadores. El historiador Carlos Ibarguren -por ejemplo- es terminante en sus juicios y afirma que desde tiempo atrás Francia perseguía como objetivo fundamental “implantar de una manera estable en el Río de la Plata su influencia política y económica bajo una forma -disimulada o no- de protectorado o de colonización”. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

El primer ministro, conde de Molé, que apoyaba además las aspiraciones de Bolivia, decidió adoptar con la Confederación Argentina la política de fuerza que venía practicando en otras partes y ordenó al almirante Leblanc que apoyase coercitivamente con fuerzas navales las gestiones del cónsul Roger.

En Febrero de 1838, Leblanc llega a Montevideo con instrucciones de apoyar a Roger con “medidas coercitivas” no especificadas. Una nueva gestión de Roger termina con la entrega de sus pasaportes para que se aleje del país. El vicecónsul francés se consideró desautorizado en su demanda y entonces pidió sus pasaportes, los que le fueron remitidos el 13 de Marzo de 1838. Luego pasó a Montevideo, donde solicitó la ayuda del almirante Luis Leblanc, el Jefe de la escuadra francesa en el Río de la Plata.

En esos momentos la situación del Gobierno de Buenos Aires era delicada, pues debía hacer frente a la guerra contra Bolivia y en el Uruguay triunfaba Rivera, a quien apoyaban los argentinos expatriados.

Leblanc consideró el momento oportuno para dirigirse con sus naves frente a Buenos Aires y presentar nueva reclamación ante Rosas. El 30 de Noviembre de 1837 dos barcos de guerra franceses se estacionaron en la rada de Buenos Aires, pero Rosas le respondió que “exigir sobre la boca del cañón privilegios que solamente pueden concederse por tratados, es a lo que este Gobierno -tan insignificante como se quiera- nunca se someterá”.

Ante el rechazo de las proposiciones francesas -que incluían el pago de una fuerte indemnización- Leblanc declaró bloqueado -el 28 de Marzo de 1838- “el puerto de Buenos Aires como el litoral del Río de la Plata perteneciente a la Confederación Argentina”, a partir del 10 de Mayo de 1838. A continuación, ofreció levantar el bloqueo a las provincias argentinas que rompieran con Rosas(15). El riguroso asedio provocaría una afligente situación económica y comercial.

(15) Carlos Escudé y Andrés Cisneros. “El Desarrollo del Bloqueo Francés”, en “Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”.

Los pasos de Roger importaban desconocer al máximo la psicología de Rosas y del pueblo de Buenos Aires. Ante la presión armada, el Gobierno demora la respuesta a las reclamaciones para terminar afirmando -en Nota cuyo propósito no admitía duda- que no había tenido tiempo de estudiar el caso con la necesaria detención.

El cónsul acusa el impacto y denuncia un silencio ofensivo hacia el Gobierno de Su Majestad. Rosas le replica, desconociéndole carácter diplomático e indicándole que se limite a asuntos consulares.

Buenos Aires se indigna. A su vez, Londres brama contra la medida y un lord sugiere que es un caso de guerra contra Francia. Pero no es ésa la línea política británica. Nunca un asunto sudamericano había ocasionado una guerra europea y no sería éste el caso. Además, era una tradición inglesa el reconocimiento de los bloqueos. Saint-James guardó un prudente silencio dejando a la prensa la expresión de su desagrado.

El atropello francés, al movilizar las fuerzas xenófobas de todo el país, dio a Rosas una magnífica carta política. El gobernador de Buenos Aires requirió, entonces, a las provincias, que aprobasen su actitud en defensa de la soberanía de la Confederación.

Curiosamente, las provincias demoran su respuesta. ¿Qué ha pasado?

- Acción de Cullen

Arriesgar una guerra con Francia no era lo mismo que arriesgarla con Bolivia, máxime cuando la cuestión era -en su origen- de poca monta.

El gobernador de Santa Fe, Estanislao López no fue ajeno a la reacción. Este -en fugaz como tardío rapto de independencia- resistió someterse a la política generadora del bloqueo y dio poderes a su secretario Cullen para negociar directamente con el Jefe de la escuadra francesa el levantamiento de aquél en todo el Litoral.

Era esa una necesidad nacional que resolvía dos grandes problemas, quebrando, a la vez, la omnipotencia de Rosas: la habilitación de puertos, que mataba la tiranía del puerto único de Buenos Aires; y la supresión de la ruina, de la miseria, originada por el bloqueo.

Domingo Cullen, ministro de Santa Fe en ejercicio del Gobierno por enfermedad de Estanislao López, escribió a los gobernadores de Corrientes, Entre Ríos y Santiago del Estero sugiriéndoles un estudio meditado del asunto e insinuando que el conflicto derivaba de la aplicación de una ley provincial de Buenos Aires y, por tanto, no revestía carácter nacional.

En Mayo de 1838 Cullen reiteró este planteo ante Rosas, que respondió invocando el artículo 2 del Pacto Federal. En Junio de 1838 el ministro santafesino llegó a Buenos Aires con la misión de obtener un acercamiento entre Rosas y el almirante francés.

Cullen insistió en una solución y se comunicó con el jefe naval francés invitándole a levantar el bloqueo para que Rosas pudiera -sin estar presionado- convenir con Francia un Tratado satisfactorio. Aquél se proponía también separar a las provincias litorales de la tutela de Rosas. Lo cierto es que el santafesino negociará con el francés el levantamiento del bloqueo y desconocerá de la autoridad porteña(16).

(16) Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe” (1988), pp. 195-199. Ed. Plus Ultra.

En ese momento crucial muere Estanislao López (15 de Junio de 1838). El fallecimiento del caudillo precipitó los sucesos por mal camino. Su muerte descolocó políticamente a Cullen, que huyó rápidamente a Santa Fe. Allí se hizo elegir gobernador, lo reconocieron por tal todos los gobernadores, pero Rosas y Echagüe lo desconocieron en ese carácter, con la excusa de que era español.

Cullen buscó entonces la alianza de Corrientes, igualmente amenazada por los mismos, a fin de resistir en caso de ser atacada cualquiera de las dos provincias; la correspondencia satisfactoria de su enviado, Manuel Leiva, cayó en manos de Echagüe, merced a la violación del correo.

El intento de demora de Cullen, fracasó. Las provincias aprueban la conducta de Rosas. La misma Santa Fe lo hace. La última es Corrientes, siempre remisa ante el predominio porteño.

Conocedores del plan, Rosas y Echagüe promovieron y apoyaron una insurrección en Santa Fe, encabezada por Juan Pablo López (a) Mascarilla(17), reclamante de la herencia política de su hermano natural Estanislao.

(17) Este apodo popular ha pasado a la historia. López era muy feo, picado de viruelas, “como máscara”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo VIII: “Aislamiento Provincial (1829-1839)”, parágrafo 141. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Desde Buenos Aires partió el coronel Juan Pablo López que el 2 de Octubre de 1838 derrotó al coronel Pedro Rodríguez del Fresno, leal a Cullen. Este huyó a Santiago del Estero y López fue nombrado gobernador(18)Poco después, Rosas exigió a Felipe Ibarra la captura de Cullen, a lo que aquél accedió, enviando al santafesino a Buenos Aires. Allí será fusilado por orden de Rosas apenas entró en el territorio de la provincia, en las proximidades del “Arroyo del Medio”(19), el 22 de Junio de 1839.

(18) Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe” (1988), pp. 269-270. Ed. Plus Ultra.
(19) Véase el artículo del doctor Mantilla: “Ultimos días de don Domingo Callen”, publicado en “El Nacional”, número correspondiente al 16 de Septiembre de 1890, Buenos Aires. Reproducido por “La Prensa”, número correspondiente al 5 de Agosto de 1923, Buenos Aires (Nota del Editor). // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo VIII: “Aislamiento Provincial (1829-1839)”, parágrafo 141. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- El conflicto oriental. Oribe vs. Rivera

Paralelamente a este conflicto diplomático se desarrollaba -en la Banda Oriental- otro más serio. La Banda Oriental se había transformado en la República Oriental del Uruguay, un Estado independiente, pero esa independencia no aisló completamente sus problemas de los conflictos internos de la Argentina.

El general Juan Antonio Lavalleja -héroe de los Treinta y Tres Orientales- había sido desplazado por el general Fructuoso Rivera. Después de jurada la Constitución uruguaya -18 de Julio de 1830- Rivera fue elegido presidente de la nueva nación, asumiendo la presidencia en Noviembre de 1830.

El desorden y la corrupción minaron su Gobierno por lo que Lavalleja intentó derrocarlo, pero cuatro sucesivos intentos fracasaron por completo(20).

(20) Alfredo Castellanos. “Historia Uruguaya” (2007) - “La Cisplatina (la Independencia y la República Caudillesca. 1820-1838)”, pp. 102-103.

En Marzo de 1835 le sucedió en el cargo de presidente constitucional de la República el general Manuel Oribe, enemistado con el anterior y apoyado desde Buenos Aires por Juan Manuel de Rosas. Partidario de Lavalleja, se mostró legalista a favor de Rivera.

Oribe intentó llevar adelante un Gobierno ordenado pero chocó con las corruptelas instaladas por los ministros de su antecesor. En vista de la protección de Rivera a éstos, Oribe suprimió el cargo de Comandante de Campaña que se había atribuido Rivera al final de su Gobierno(21).

(21) Alfredo Castellanos. “Historia Uruguaya” (2007) - “La Cisplatina (la Independencia y la República Caudillesca. 1820-1838)”, pp. 103-104.

En Julio de 1836, cuando Oribe restauró la Comandancia de Campaña y colocó en ese puesto a su hermano Ignacio Oribe, Rivera se lanzó a la insurrección. Aliado con los argentinos expatriados, por un tiempo logró controlar una parte del país pero el 19 de Septiembre de 1836 fue derrotado por Ignacio Oribe y Lavalleja en la batalla de Carpintería y obligado a exiliarse en Brasil.

Es en esa batalla que se emplearon por vez primera las divisas tradicionales: blanca para los partidarios de Oribe y coloradas para los de Rivera(22). Para distinguirse en la lucha, el primero dispuso que sus partidarios llevasen una cinta blanca con la inscripción “Defensor de las Leyes”. Así surgió en el Uruguay el partido “Blanco” -de tendencia rosista- en contraposición al organizado por Rivera y los emigrados argentinos denominado “Colorado”.

(22) Alfredo Castellanos. “Historia Uruguaya” (2007) - “La Cisplatina (la Independencia y la República Caudillesca. 1820-1838)”, p. 104.

Rivera fue derrotado por las fuerzas gubernamentales y debió marchar rumbo a la frontera con el Brasil, donde pudo reorganizarse.

El presidente, general Manuel Oribe, mentalidad autócrata, apoyado en las clases más distinguidas de la sociedad y con amplio predominio de opinión en el sector urbano, estaba enfrentado con el general Fructuoso Rivera, caudillo popular entre los hombres de campo, de escasa cultura y de menos principios.

Las características personales y políticas de ambos personajes habían dado a Rivera el dominio de la campaña oriental, mientras el presidente se afirmaba en la capital. Rosas había venido apoyando al mandatario legítimo.

Aprovechando esta situación, el cónsul Aimé Roger comenzó a intrigar para lograr el apoyo de Rivera y Cullen, en un plan de lucha contra Rosas, a cambio del apoyo a Rivera para que obtuviese su vieja aspiración: el Gobierno uruguayo. Rivera entró en la combinación.

En 1837, el jefe oriental regresó con el apoyo de los caudillos riograndenses e incorporando a varios oficiales argentinos exiliados en ese país entró nuevamente en lucha. Entre los oficiales argentinos se contaba el general Juan Lavalle, que dirigió el ejército en la decisiva batalla de Palmar, del 15 de Junio de 1838(23).

(23) José Luciano Martínez (1935). “Batalla del Palmar. Campaña 1836-1838 (Origen de las Divisas)”, p. 78. Imprenta Militar.

A fines de Septiembre de 1838, el vicecónsul francés dirigió un ultimátum al Gobierno de Buenos Aires amenazándolo con emplear todos los medios a su alcance para poner fin al conflicto. La perentoria declaración fue rechazada pero, ante la posibilidad de una lucha abierta con Francia, Rosas solicitó la mediación del ministro inglés Mandeville, quien aceptó gustoso porque el bloqueo perjudicaba el comercio británico.

La situación política en el Uruguay impidió el arreglo. Rivera y los integrantes de la Comisión Argentina -formada con emigrados- convencieron al vicecónsul Roger para que no pactara con Rosas y, por su parte, establecieron una alianza con el diplomático francés.

Rivera y Roger apresuraron sus trabajos. Se esperaba mucho de la acción de Cullen en Santa Fe. En Octubre de 1838, las fuerzas navales francesas completaron el cerco de Montevideo -que Rivera hacía por tierra-. Aprovechando la debilidad del presidente Oribe, los franceses exigieron auxilios para el bloqueo a los puertos argentinos, pero Oribe se mantuvo neutral. En respuesta, el capitán francés bloqueó también Montevideo.

Además, la escuadra francesa y tropas de Rivera capturaron -el 11 de Octubre de 1838- violentamente en batalla la isla argentina de Martín García(24). La “cuestión francesa” había dejado de ser exclusivamente francesa y había salido del plano diplomático. Rosas siguió negándose a negociar lo exigido por Francia(25).

(24) La isla estaba defendida por 125 hombres a las órdenes del teniente coronel Jerónimo Costa y de su segundo, el sargento Juan Thorne. En la mañana del 11 de Octubre, el capitán Hipólito Daguenet desembarcó en Martín García al frente de efectivos franceses y uruguayos. Después de un combate de hora y media, en que los argentinos se defendieron con bravura, los atacantes ocuparon la posición. El propio capitán francés elogió el comportamiento de la guarnición defensora. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.
(25) Carlos Escudé y Andrés Cisneros. “El Desarrollo del Bloqueo Francés”, en “Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”.

Con su capital sitiada por tierra y por agua y bajo amenaza de la flota francesa de bombardearla, Oribe presentó su renuncia a la presidencia el 21 de Octubre de 1838, aclarando que lo hacía obligado por la violencia(26)(27).

(26) “El Presidente Constitucional de la República, al descender del puesto a que lo elevó el voto de sus conciudadanos, declara ante este acto que sólo cede a la violencia de una facción armada, cuyos esfuerzos hubieran sido impotentes si no hubieran encontrado su principal apoyo y la más decidida cooperación de la marina militar francesa, que no ha desdeñado aliarse a la anarquía para destruir el orden legal de esta República, que ninguna ofensa le ha inferido a Francia”, dijo Oribe al dejar la presidencia.
(27) José María Rosa. “Historia Argentina: Unitarios y Federales (1826-1841)” (1972), pp. 341-342. Ed. Oriente.

El 20 de Octubre de 1838 Oribe capituló, renunció bajo protesta a su cargo y partió para Buenos Aires, donde Rosas lo reconoció como único presidente legal del Uruguay(28). Oribe continuaba considerándose presidente, pero no podía ejercer el cargo por circunstancias que le eran ajenas, lo que tendría mucha importancia años más tarde.

(28) José María Rosa. “Historia Argentina: Unitarios y Federales (1826-1841)” (1972), pp. 341-342. Ed. Oriente.

Rivera asumió la dictadura, hasta el 1 de Marzo de 1839, en que fue elegido presidente. La primera medida de su Gobierno fue declarar la guerra a Rosas(29). En Diciembre de 1838 Berón de Astrada -gobernador de Corrientes- convino su alianza con Rivera, quien rompió su acuerdo con los caudillos riograndenses, asociándose con el Imperio del Brasil(30).

(29) No declaró la guerra a la Argentina, ni a la provincia de Buenos Aires, ni a su Gobierno, sino personalmente al general Rosas. Esta forma de declaración de guerra, un tanto atrevida, había sido utilizada por Rosas contra la Confederación Peruano-Boliviana y sería utilizada por Bartolomé Mitre para iniciar la Guerra del Paraguay.
(30) José Pedro Barrán. “Apogeo y Crisis del Uruguay Pastoril y Caudillesco” (2007), p. 26. Ed. de la Banda Oriental.

- Las primeras rebeliones en el Norte

El primer acto de rebelión de los liberales en el Norte fue el asesinato del gobernador tucumano Alejandro Heredia, en Noviembre de 1838. El asesino quiso vengar una ofensa personal, pero también recibió ayuda de varios dirigentes unitarios(31)

(31) José M. Méndez. “¿Quién mató a Alejandro Heredia?”, en “Todo es Historia”, Nro. 126.

Desaparecido Heredia, los nuevos gobernantes se dedicaron a organizar una oposición -muy prudente al principio- contra Rosas. Entre ellos se destacaron José Cubas, de Catamarca y Marco Avellaneda, de Tucumán. Al principio pareció unirse a ellos Felipe Ibarra -por incitación de Cullen- que estaba refugiado en Santiago del Estero(32).

(32) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), pp. 472-473. Ed. Plus Ultra.

Con ayuda de Ibarra y Cubas, en Febrero de 1839 estalló un movimiento contra Manuel López en Córdoba. Desde Catamarca partió en su ayuda una columna al mando de Pedro Nolasco Rodríguez, que llegó tarde para ayudar a los sediciosos. Los derrotados fueron incorporados a su pequeño ejército y fueron vencidos en un segundo combate; Rodríguez fue fusilado(33).

(33) Roberto A. Ferrero. “Manuel López ‘Quebracho’” (2000), pp. 78-84. Ed. Corregidor Austral.

- La Comisión Argentina

En Montevideo se creó la Comisión Argentina, especie de Gobierno en el exilio, cuya principal ocupación fue establecer alianzas con Francia, Inglaterra y Brasil para derrocar a Rosas.

Al favor de la nueva situación oriental, la emigración argentina se organizó para combatir -en todos los terrenos- al gobernador de Buenos Aires; sus trabajos fueron secundados en el Litoral y en el Interior. Las dificultades de Rosas con Francia, la actitud de López y la tolerancia de las autoridades orientales favorecían el desarrollo de la reacción contra la dictadura.

El 20 de Diciembre de 1838 los emigrados argentinos en Montevideo constituyeron la Comisión Argentina, presidida por el general Martín Rodríguez y bajo la influencia de Florencio Varela y promovieron la formación de una legión que, armada por los franceses, cooperaría en el plan.

La Comisión se estableció en Montevideo y se atribuyó la “representación de los pueblos oprimidos con el propósito de dirigir el movimiento libertador”; la componían ciudadanos ilustres y la reconocían los hombres civiles y militares -unitarios y federales- que en el extranjero y en la República querían el derrocamiento de Rosas.

Los hechos de éste habían borrado las diferencias políticas o doctrinarias que separaron a unitarios y federales, confundiéndolos en la aspiración común de un Gobierno civilizado.

Se hicieron contactos con los descontentos de la campaña del Sur bonaerense. Todas las esperanzas eran insufladas por la mala información de los franceses y las esperanzas de los demás complotados. Berón de Astrada ha dejado constancia de que hacía la guerra a Rosas y no a la Confederación.

También se abrieron comunicaciones con Heredia, el líder del Noroeste. Florencio Varela se encargó de vencer la resistencia del general Juan Lavalle a entrar en una acción militar como aliado de una potencia extranjera.

- La Asociación de Mayo

Esteban Echeverría se destacó en el Salón Literario por su prédica cultural, sociológica y política; había regresado de un viaje a París y esta circunstancia le otorgaba gran prestigio ante su auditorio.

Después de cerrado el Salón, convocó a la juventud intelectual para “promover una asociación de jóvenes que quisieran consagrarse a trabajar por la Patria”. Echeverría, secundado principalmente por Alberdi y Gutiérrez, organizaron una sociedad secreta, semejante a las que se habían creado en esa época por Europa. Así surgió la Asociación de la Joven Argentina, llamada más tarde -cuando se reconstruyó en Montevideo, en 1846- Asociación de Mayo.

En la noche del 23 de Junio de 1838 se reunieron más de treinta y cinco jóvenes para escuchar a Echeverría, quien leyó el dogma o credo de la nueva asociación, contenido en quince “palabras simbólicas”(34).

(34) Las “palabras simbólicas” eran las siguientes: 1.- Asociación. 2.- Progreso. 3.- Fraternidad. 4.- Igualdad. 5.- Libertad. 6.- Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa: el cristianismo, su ley. 7.- El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social. 8.- Adopción de todas las glorias legítimas, tanto individuales como colectivas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima. 9.- Continuación de las tradiciones progresivas de la revolución de Mayo. 10.- Independencia de las tradiciones retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen. 11.- Emancipación del espíritu americano. 12.- Organización de la patria sobre la base democrática. 13.- Confraternidad de principios. 14.- Fusión de todas las doctrinas progresivas en un centro unitario. 15.- Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes facciones que se han disputado el poderío durante la revolución. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

El 8 de Julio de 1838, los asociados prestaron juramento. La nueva entidad -de carácter político- no tardó en contar con filiales en el Interior del país. En San Juan ingresaron Domingo Faustino Sarmiento, Dionisio Rodríguez, Antonio Aberastain y otros; en Córdoba lo hicieron Vicente Fidel López, Francisco Alvarez, etc.; en Tucumán, Marco Avellaneda, Brígido Silva; en Catamarca, José Cubas, Eufrasio Quiroga; etc.

Rosas consideró a los miembros de la Asociación como integrantes de una logia unitaria y en consecuencia persiguió a los jóvenes adherentes. El grupo se disolvió y Echeverría marchó a la campaña de Buenos Aires.

Poco después, aquél redactó los comentarios a cada una de las palabras simbólicas, escritos que fueron llevados por Alberdi a la vecina orilla(35) y publicados en el periódico “El Iniciador”, de Montevideo -1ro. de Enero de 1839- con el título de: “Código o Declaración de Principios que Constituyen la Creencia Social de la República Argentina”(36).

(35) Cuando se iniciaron las persecuciones contra los integrantes de la Joven Argentina, Alberdi -su vicepresidente- debió emigrar a Montevideo con varios partidarios y allí organizó la Asociación de Mayo. Otros quedaron en Buenos Aires, en el llamado Club de los Cinco. Ambas agrupaciones lucharon tenazmente contra Rosas.
(36) El Código también fue publicado en el periódico “El Nacional”, de Montevideo, entre los meses de Febrero y Marzo de 1839. // Todo citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

En 1846, encontrándose Echeverría proscripto, hizo publicar nuevamente su trabajo en Montevideo, esta vez en forma de libro y con el título que ha prevalecido: “Dogma Socialista de la Asociación de Mayo”, precedido de una “Ojeada Retrospectiva”, que historia, amplía y comenta la obra.

Por fin, en Buenos Aires, algunos miembros de la Asociación de Mayo -que formaban el Club de los Cinco- comprometieron a numerosos porteños en un complot del que tomó parte el coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la Legislatura.

- Los proscriptos

Los hombres cultos de la época, de tendencia liberal, fueron los más tenaces opositores de Rosas. Aquellos que no compartían las directivas políticas del Restaurador -unitarios o federales disidentes- debieron trasladarse a países limítrofes para eludir las persecuciones de que eran objeto.

Los proscriptos se destacaron por su actividad literaria, en su mayor parte de combate político. En el Uruguay podemos mencionar al ya citado Echeverría; a Juan Bautista Alberdi, eminente jurista y erudito en ciencias sociales; a Juan M. Gutiérrez, verdadero exponente de la generación romántica; Florencio Varela dirigió el periódico “El Comercio del Plata”; Miguel Cané y Andrés Lamas fundaron “El Iniciador”.

José Rivera Indarte, en principio partidario fanático de Rosas, más tarde lo combatió con pasión y violencia. En Montevideo dirigió el periódico “El Nacional” -órgano oficial de la revolución- y publicó varios escritos, entre ellos las “Tablas de Sangre” y el panfleto “Es Acción Santa Matar a Rosas”(37).

(37) Según el historiador Adolfo Saldías, Rivera Indarte fue el que planeó un frustrado atentado contra Rosas. Éste era miembro de una sociedad de anticuarios europea, organismo que le envió una caja de medallas por intermedio del ministro de Portugal. El obsequio fue interceptado en Montevideo por Rivera Indarte, quien reemplazó el contenido por dieciséis pequeños cañones con balas, que debían hacer fuego simultáneamente al abrir la tapa. 28 28 de Marzo de 1841: Rosas recibió la caja y al día siguiente -28 de Marzo de 1841- la abrió su hija Manuelita, pero los resortes de percusión fallaron. Conviene aclarar que el Restaurador se encontraba en otra habitación. El atentado sólo sirvió para ahondar las pasiones políticas y acrecentar los actos de homenaje al Restaurador. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

En Chile se radicaron otros proscriptos, entre ellos Domingo Faustino Sarmiento, quien colaboró en los periódicos “El Mercurio”, “El Nacional” y “El Progreso”; en este último publicó -en forma de folletín- su obra más destacada: “Facundo”.

Otros perseguidos políticos marcharon a Bolivia, donde publicaron el periódico “La Epoca”.

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