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El segundo Ejército correntino

Después del triunfo en Yeruá (Entre Ríos), el 22 de Septiembre de 1839, Juan Lavalle se trasladó a Corrientes donde recibió la adhesión del nuevo gobernador, Pedro Ferré, quien había ocupado el cargo poco antes debido a una insurrección. Así, aquél aumentó sus fuerzas con efectivos correntinos y material bélico entregado por los franceses.

Entretanto, el jefe rosista Juan José Pascual Echagüe -que luchaba en la Banda Oriental a favor de Manuel Oribe- será derrotado por Fructuoso Rivera en los campos de Cagancha -el 29 de Diciembre de 1839- y deberá replegarse a Entre Ríos.

- El gobernador de Corrientes y el general

“Escritores mal informados aseveran que no armonizaban en propósitos e ideas el gobernador de la provincia y el General en Jefe, porque el primero estaba sugestionado por el presidente Fructuoso Rivera contra el segundo, personal y políticamente”, señala el historiador Manuel Florencio Mantilla

Y continúa: "Los documentos de la época autorizan afirmar lo contrario". El historiador de la campaña del Ejército correntino(1) -testigo presencial desde el primer día- dice con verdad:

“El señor Ferré y el general Lavalle desde el primer momento de su entrevista fueron ya amigos, sintiéndose atraídos por una fuerza invencible, pues sus simpatías eran comunes, abrigando un patriotismo elevado y un interés sincero por la suerte del país. Toda la ambición de Ferré estaba circunscripta a trabajar por el bienestar general, circunstancia feliz que estableció entre ellos una recíproca confianza”.

(1) El coronel Juan Estanislao de Elía -nacido en Charcas- principió su carrera militar a los 15 años, en el regimiento de Húsares, en el año 1817 y, desde entonces hasta su muerte -ocurrida en 1870- sirvió en los Ejércitos argentinos. Desempeñó en el Ejército correntino los puestos de edecán del General en Jefe; Jefe del Estado Mayor de la “División Vega”; y Jefe del Estado Mayor General. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 150, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La discrepancia de ideas sobre el sistema de organización política más conveniente al país pudo haber sido la única causa de diferencias entre Ferré y Lavalle, pero el general resolvió noblemente esa cuestión en su Proclama del 4 de Septiembre de 1839 -al pisar Entre Ríos- declarando que la Nación sería constituida “bajo el sistema representativo, republicano, federal”, de suerte que hasta sobre ese gran asunto hubo entre ellos armonía completa.

La supuesta injerencia o sugestión de Rivera en los negocios correntinos de aquella época es un error fundado en las falsedades que el mismo Rivera hacía circular entonces para los fines de sus intrigas.

Los compromisos recíprocos del Gobierno de Corrientes y del oriental fueron posteriores al pasaje del río Paraná por el general Lavalle y una consecuencia fatal de ese hecho de ingratitud -política y militarmente desatinado- los impuso la necesidad desesperada de la defensa en la situación inerme de la provincia ante el poderoso ejército de Echagüe, dejado atrás por Lavalle, a plena conciencia de que Corrientes sería nuevamente sacrificada.

El acuerdo internacional con Rivera no creó, sin embargo, compromisos desfavorables a la causa nacional, ni dio a aquél mayores ventajas de las que, en caso análogo, le atribuyó el Tratado de Berón de Astrada, tramitado bajo los auspicios de la Comisión Argentina y por ella aceptada en su tiempo. Pero esto corresponde a otro lugar; “lo recuerdo -dice Mantilla, a quien se sigue aquí- con el único propósito de desautorizar el error reproducido en la posteridad por cándidos escritores mal informados”.

Ninguna sombra alteró la armonía del gobernador y del general que, al finalizar el año 1839 aprestaban los elementos de guerra para la nueva lucha de Corrientes contra Rosas, “en nombre de la civilización argentina”; ninguna pequeñez, ningún egoísmo menguó el límpido patriotismo del pueblo y de sus poderes constituidos. Todo fue entregado con placer a la “causa redentora”.

- Ferré y Lavalle. Coincidencias y diferencias

El 16 de Enero de 1840 será designado Juan Galo Lavalle -por la Sala Permanente- Brigadier General de los Ejércitos de la provincia y colocado al frente de las fuerzas que Pedro Ferré organizaba en su Cuartel de San Roque.

Los dos hombres tenían intereses comunes y ellos plasmaron las bases del acuerdo.

En el caso de Lavalle, y en vista de la poca o ninguna cooperación encontrada en Entre Ríos -la mayoría de los entrerrianos no acudieron a su convocatoria “para luchar por la libertad” e hicieron oídos sordos a sus promesas de adoptar las ideas federales si el clamor de los pueblos era ése- el general decidió marchar a Corrientes y el 18 de Octubre de 1839 se entrevistó con Ferré en Curuzú Cuatiá, poniéndose a sus órdenes.

Dicho guerrero había derrotado al delegado entrerriano Vicente Zapata, en Yeruá, pero el triunfo -empero- no derrocó la situación de Entre Ríos, ni el general vencedor consiguió adhesiones. El pueblo era fiel a Rosas.

En tanto, y como no tenía un ejército, Ferré llamó a Lavalle a Corrientes y lo puso al mando de las milicias. Es que el alma de la raza vibraba buscando en nuevos campos de batalla el espíritu espartano de su mártir. Y él, Berón de Astrada, encarnándose en los nuevos escuadrones, iluminó ese año rojo de la soberbia dictadura con tonalidades de aurora.

El gobernador desplegó gran actividad y su habitual energía; dispuestas las cosas de la capital, salió a reunir elementos y organizar fuerzas en la campaña. En ello estaba cuando Lavalle se dirigió a la provincia.

El levantamiento de Corrientes salvó a los expedicionarios de sucumbir tristemente a los principios de su empresa, o de repasar el río Uruguay. El general Lavalle se retiró a la provincia con las pocas fuerzas de su comando, “conmovido por el más vivo entusiasmo, al saber la heroica resolución del pueblo correntino de armarse de nuevo contra el opresor de los argentinos”.

En Oficio dirigido al Gobierno, decía:

“Mi primer deber, al pisar este territorio, es ponerme a las órdenes del Jefe que ha proclamado el voto espontáneo y unánime del pueblo y cuyas virtudes y patriotismo acendrados son harto conocidos de la República Argentina”.

Ferré corrió al encuentro de Lavalle, a quien halló en Curuzú Cuatiá. El 25 de Octubre de 1839 expidió -el primero- la siguiente resolución:

“Por cuanto las actuales críticas circunstancias exigen imperiosamente la creación de un Ejército que, poniendo a cubierto la provincia de las invasiones de que se halla amenazada, se extienda como un objeto primordial a libertar toda la República Argentina de la opresión en que la hace gemir el usurpador de sus derechos, Juan Manuel de Rosas; y necesitándose, para efectuarlo, de un Jefe de conocimientos militares, adornado de las bellas cualidades de valiente, moderado, circunspecto, popular, de crédito, combinación y empresa, que se hallan reunidas eminentemente en la persona del General de la Nación, don Juan Lavalle, ha tenido a bien el Gobierno nombrarlo -como lo nombra- General en Jefe de dicho ejército, invistiéndolo plenamente de la facultad necesaria para que, en fuerza de esta resolución, pueda organizarlo completamente.
“Por tanto: hágase saber en la Orden General del día, a todos los Cuerpos y jefes respectivos, así de esta provincia como a todas las demás que se hallan bajo la protección del Gobierno”.

Comunicado el nombramiento a Lavalle, contestó:

“Debo manifestar a V. E. que por la libertad de mi patria he combatido en mi larga carrera militar; a ella espero consagrar todo el resto de mi vida. Mi causa es la del pueblo, mis principios los de la revolución de Mayo.
“Yo no puedo, pues, negarme a aceptar el honroso cargo que me confía el Superior Gobierno; y al ponerme al frente del Ejército Libertador de la República, protesto a la faz de la América que acabaré con el opresor de los argentinos o moriré en la demanda.
“Me es tanto más satisfactorio ponerme a las órdenes del Exmo. Señor Gobernador, desde que reconozco en su persona las calidades de patriota eminente y digno de encabezar la heroica empresa de la provincia de Corrientes que, coronando de nuevas glorias a la patria, será el pueblo libertador de la República Argentina”(2).

(2) Oficio de Juan Lavalle datado en el Cuartel General de Curuzú Cuatiá, el 12 de Octubre de 1839; Decreto y Oficio de Ferré; y Oficio de Lavalle, datados en el mismo punto, en fecha Octubre 25 de 1839. La reproducción de los documentos facilita penetrar bien en los hechos a que ellos se refieren. Los citados, fijan con claridad las posiciones de Corrientes, Ferré y de Lavalle en los principios de la gran lucha contra Rosas. Huelgan los comentarios. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo IX: “Guerra contra la tiranía de Rosas. 1839-1841”, parágrafo 147. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Hubo plena coincidencia entre Pedro Ferré y Juan Lavalle con respecto a la lucha contra el enemigo común: Juan Manuel de Rosas, pero, lamentablemente para ellos y para su causa no coincidieron en la idea de cómo llevar a cabo esa lucha aunque -en principio- ninguno de los dos manifestó claramente su plan de acción que estaba guiado por intereses inmediatos distintos.

Lavalle creía en la necesidad de llevar la guerra directamente a Buenos Aires en cuanto se tuviera listo un ejército respetable, para aprovechar la ayuda que podían brindar los estancieros del sur de esa provincia que se preparaban desde hacía tiempo. Liquidado Rosas, los gobernadores adictos deberían acomodarse a la nueva situación o sucumbir.

Ferré, en cambio, que como gobernador de Corrientes tenía la responsabilidad de la seguridad de su provincia, creía necesario liquidar primero el peligro de Echagüe y sólo después encarar el pasaje del Paraná hacia su banda derecha para atacar Buenos Aires.

Pero las coincidencias iniciales se tradujeron en una Proclama que el gobernador expidió el 23 de Octubre de 1839 comunicando la reiniciación de la guerra contra el dictador de Buenos Aires y anunciando la incorporación del general Lavalle con sus hombres al Ejército de Corrientes.

El 25 de Octubre de 1839, haciendo uso de las amplias atribuciones que tenía, Ferré expidió un decreto nombrando a Lavalle General en Jefe de los Ejércitos de la provincia.

Desde ese momento el último dejó de ser el jefe de un pequeño ejército rebelde para convertirse en el principal representante de las armas de una provincia de la Confederación que denunció el Pacto de Unión del 4 de Enero de 1831, desconociendo la representación exterior que ejercía el gobernador de Buenos Aires.

Es importante tener esto en cuenta porque con esta designación y su aceptación, Lavalle perdía su independencia para poder actuar como mejor creyera conveniente y no podría disponer del Ejército libremente para poder llevar a cabo sus planes sin la autorización del Gobierno de Corrientes. Justamente, el desconocimiento de esta situación lo llevó finalmente al rompimiento con este Gobierno.

- El segundo Ejército correntino

El general Juan Galo Lavalle estableció su Cuartel General en el “Rincón del Ombú”, campo limítrofe entre los Departamentos Paiubre y Curuzú Cuatiá. La base para la formación del Ejército fue la Legión con que penetró aquél en la provincia de Entre Ríos(3).

(3) Según el Boletín de la victoria de Yeruá, la Legión tenía 433 plazas. No hay datos exactos para determinar el número total de sus plazas cuando ingresó en Corrientes; el sargento mayor Víctor Dumoncel -que fue de ella- la califica de “diminuta legión”. Lavalle decía a Ferré, en carta del 12 de Octubre: “Entre Ríos está dispuesta a reforzar la Legión Libertadora. Cuento allí con algunas simpatías, que no se han pronunciado por la incertidumbre del éxito de Echagüe o por el terror que inspira su regreso. Todos los entrerrianos que tengo a mis órdenes, apenas llegan a cien hombres. Esto me determinó a venir sobre la frontera de Corrientes, seguro de que, apoyado con la fuerza formidable de un pueblo entero, nuestro triunfo es cierto”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Antes de su arribo a Corrientes ocurrieron en ella desagrados, cuyos resultados fueron la separación voluntaria del coronel José Olavarría(4); el retiro del coronel Manuel Alejandro Pueyrredón del mando del “Escuadrón Maza”; y el arresto del coronel Martiniano Chilavert, jefe del Estado Mayor.

(4) “Olavarría dejó la Legión lleno de pesar y sólo estimulado por el honor. Su permanencia en ella no podía conciliarse con el carácter del General en Jefe y, para prevenir consecuencias futuras, hizo este sacrificio tan costoso a su corazón y su patriotismo distinguido”. Referenciado por el coronel Juan E. de Elía. “Memoria Histórica sobre la Campaña del Ejército Libertador. 1839-1841” (1888), publicada en la “Revista Nacional”, tomo V y siguientes, Buenos Aires. “El escritor Elía ignora seguramente los verdaderos motivos del por qué se separó el coronel Olavarría. Fue una fatalidad para el Ejército, pero en ella no tuvo influencia el carácter del General en Jefe”. Nota de Rafael Lavalle, en “Memoria Histórica sobre la Campaña del Ejército Libertador. 1839-1841” (1888), citada en la “Revista Nacional”, tomo V y siguientes, Buenos Aires. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El grupo de jefes y oficiales era de veteranos sobresalientes. Rápido fue el reclutamiento; la mayor parte de los hombres se presentaban voluntarios. Los escuadrones “Berón de Astrada”(5) y “Rolón”(6), así como ochenta infantes de la capital, se incorporaron bien organizados.

(5) Comandante José Domingo Abalos.
(6) Comandante Diego Brest. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El general formó una división de caballería al mando del coronel Niceto Vega(7), con los escuadrones “Victoria”(8), “Maza”(9), “Cullen”(10) y “Yeruá(11); los escuadrones “Berón de Astrada” y “Rolón” componían una legión comandada por el coronel José María Vilela(12); fue nombrado Jefe de la infantería el coronel Angel Salvadores(13) y, de la artillería, el teniente coronel Luis Manterola(14).

(7) Desde cadete (1814) hasta capitán (1820) sirvió en el Batallón Nro. 8; de él pasó al regimiento de “Granaderos a Caballo”. Hizo con brillo todas las campañas del Ejército de los Andes y después la del Brasil. Era uno de los más distinguidos jefes de la República. Murió en Salta, de enfermedad, antes del desastre definitivo de Lavalle.
(8) El nombre, por el pueblo de Entre Ríos que lo lleva, de donde era la mayor parte de los soldados y, creo también, el jefe, el comandante Manuel Hornos.
(9) El nombre, en recuerdo del coronel Ramón Maza, fusilado por Juan Manuel de Rosas. Lo mandaba el teniente coronel José Zacarías Alvarez -de caballería de línea- en la Guerra del Brasil.
(10) El nombre, en recuerdo del gobernador de Santa Fe, Domingo Cullen, entregado por Felipe Ibarra y fusilado por Rosas. Era mandado por el teniente coronel Joaquín Baltar, jefe formado en la República Oriental.
(11) El nombre, por la victoria de la “Legión Libertadora”, en aquel paraje, el 22 de Septiembre de 1839; antes de ella, se denominaba “Libertad”. Lo mandaba el teniente coronel Jaime Montoro -de caballería de línea- en el período de la Independencia.
(12) Jefe que fue del regimiento de milicias de Buenos Aires “Colorado de las Conchas”, en la campaña del Brasil, habiendo conquistado en ella reputación distinguida.
(13) Veterano de la Independencia. El año 1810 principió a servir como Subteniente, en el regimiento “América” o “Estrella” -organizado por Domingo French- en ése; en “Cazadores” del Ejército Auxiliar del Perú; en “Cazadores de los Andes”; en “Cazadores del Ejército”, organizado por José de San Martín en el Perú. Hizo todas las campañas de la Independencia.
(14) Inició su carrera en el regimiento de “Artillería de la Patria” y en la Guerra del Brasil. Fue de los fundadores del regimiento de “Artillería Ligera” que hizo la campaña de Ituzaingó. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El comandante Lucio Casas(15), con milicias de la provincia cubrió la línea del Guayquiraró y el teniente coronel Patricio Maciel(16) -con doscientos hombres- guardaba la frontera de Pago Largo.

(15) Comandante de milicias de Buenos Aires.
(16) Ascendió hasta Sargento Mayor en el Regimiento Nro. 4 de línea “Coraceros”, que mandó el coronel Juan Lavalle en la campaña del Brasil; después fue comandante de la escolta del gobernador de Buenos Aires, en 1829. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Aún llegaban los reclutas de ciertos Departamentos lejanos, cuando invadió la provincia el gobernador de Santa Fe, Juan Pablo López (a) “Mascarilla”, al frente de tres mil hombres.

Maciel y el Comandante de Curuzú Cuatiá, Manuel Antonio Ledesma, fueron batidos, siendo sacrificado el primero, después de prisionero. Lavalle se corrió hacia el Miriñay, para cubrir un convoy de armas, municiones, vestuario y otros artículos que el coronel Pedro José Díaz(17) había pasado en Puerto Santa Ana, y después se retiró hasta el río Batel, donde tomó posiciones.

(17) Veterano de la Independencia. Hizo toda la campaña continental del Ejército de los Andes y la del Brasil; en esta mandó el Batallón Nro. 4 de Cazadores y, en aquélla, sirvió en los batallones Nro. 8 y Nro. 11 y en el regimiento “Río de la Plata”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Allí fue reforzado por la legión “Esteche”(18), al mando accidental del teniente coronel José Antonio Méndez(19). “Mascarilla” detuvo su avance en el arroyo Paiubre; mandó arrear gran cantidad de ganado de Mercedes y Curuzú Cuatiá y después emprendió retirada.

(18) Era su Jefe efectivo el coronel José Antonio Esteche, antiguo y acreditado miliciano de la provincia, nativo del Paraguay.
(19) Teniente Coronel de Ejército durante la Guerra contra el Brasil. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Ejército marchó entonces en dirección al “Paso del Rosario” -del río Miriñay- con el propósito de proteger la incorporación de los insurrectos del sur de la provincia de Buenos Aires que -embarcados en el puerto del Tuyú- después del desastre del coronel Pedro Castelli(20), buscaban la incorporación del general Lavalle.

(20) Hijo del ilustre prócer, doctor Juan José Castelli y, a la vez, jefe formado en el período de la Independencia. Castelli, tomado prisionero, fue degollado y su cabeza puesta en lo alto de una palma, en la plaza de Dolores. De allí la sacó, jugando la propia, la correntina Francisca Gutiérrez (a) “Mama Pancha”; la conservó oculta -como objeto de veneración- y la enterró en 1850 para librarse de peligros. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El teniente coronel José Zacarías Alvarez caminó al encuentro de ellos con el escuadrón “Maza” y caballada. Enseguida ocupó nuevamente el Ejército el “Rincón del Ombú”. Continuó la tarea interrumpida de la organización de tropas; incorporaron nuevos reclutas: los correntinos emigrados en la República Oriental(21) -a consecuencia del desastre en Pago Largo- y los sediciosos del sur de la provincia de Buenos Aires(22).

(21) Los emigrados correntinos tomaron servicio en el Ejército oriental. López Chico, que pasó el Uruguay con gran parte de los “Rebajados”, los licenció con la consigna de reunírsele tan luego como supiesen su regreso a la provincia; y así lo hicieron.
(22) Iban regimentados militarmente -en división- de ésta suerte: Plana Mayor: comandante general, Manuel Rico; coronel, José Antonio Pieres; ayudantes, comisario, cirujano, corneta de órdenes y agregados; “Compañía Cívica”, capitán Inocencio Ortiz; Escolta: teniente Antonio Espíndola; “Compañía de Hacendados”, capitán Ciríaco Iacas; Caballería: comandante Rufino Ortega: ler. escuadrón, 1ra. compañía, capitán Martín Pérez; 2da. compañía, capitán Pedro Córdoba; 2do. escuadrón, lra. compañía, teniente Victoriano Centurión; 2da. compañía, capitán Manuel Mujica; 3er. escuadrón, lra. compañía, capitán Luis Ramos; 2da. compañía, capitán José María Vega; 3ra. compañía, alféreces Pedro Cufré y Marcelino Roldán; 4ta. compañía, capitán Juan Apóstol Fernández. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Lavalle rechazó los servicios del general Félix de Olazábal(23) y de un grupo de oficiales con que se le presentó(24). El general ordenó definitivamente las fuerzas en una división, cinco legiones, una escolta y una reserva: ésta separada del ejército activo, destinada a guarnecer la frontera y ocurrir donde las circunstancias lo demandasen.

(23) Veterano de la Independencia. Principió a servir en 1813; hizo su carrera en los batallones Nro. 7 y Nro. 8; militó en los ejércitos “Auxiliar del Perú”, “Sitiador de Montevideo”, “de los Andes”, “Republicano”. Se halló en toda la campaña continental de San Martín y en la del Brasil; en Ituzaingó mandaba el “5 de Cazadores”.
(24) Malquerencias políticas fueron las causas de esa deplorable conducta de Lavalle; los principales jefes de éste le pidieron que procediese de esa suerte, con prevención de retirarse ellos en caso contrario. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Sobre un total de 3.360 hombres (menos la reserva), 531 eran de infantería y 58 de artillería, con dos piezas de a cuatro. La división y las legiones llevaban los nombres de sus respectivos jefes.

A las ya mencionadas falta agregar las siguientes: legión “Salvadores”(25), compuesta por el batallón “Cazadores”(26) -al mando del coronel Pedro José Díaz- y un escuadrón de artillería; legión “Rico”(27), compuesta por los escuadrones “Libertad”(28) y “Castelli”(29); legión “Méndez”(30) -anteriormente “Esteche”- compuesta por los escuadrones “Río Bamba”(31) e “Ituzaingó”(32); legión “Torres”(33), compuesta por los escuadrones “Esquina”(34), “Rebajados”(35) y “Granaderos”(36), escolta o escuadrón “Mayo”(37); las legiones “Méndez” y “Torres” estaban a las órdenes del general José López (a) López Chico.

(25) Jefe, coronel Angel Salvadores.
(26) De 500 plazas elegidas. Ascendido Salvadores a jefe de Legión, le sustituyó Díaz en el mando de la infantería.
(27) Jefe, coronel Manuel Rico. Fue del Ejército “Auxiliar del Perú” y sirvió en el Regimiento de Infantería Nro. 2 y en el de “Húsares de Tucumán”.
(28) Mandado por el teniente coronel Francisco Olmos, que hizo las campañas de la Independencia y del Brasil en los regimientos de “Granaderos a Caballo” y Nro. 16 de línea.
(29) El nombre del escuadrón, en memoria del coronel Pedro Castelli. Lo mandaba el comandante Rufino Ortega, de milicias.
(30) Jefe, teniente coronel José Antonio Méndez.
(31) Este nombre y los siguientes han sido olvidados por Juan E. de Elía en su “Memoria Histórica sobre la Campaña del Ejército Libertador”; los reemplaza con número de orden, que Lavalle no empleó. Restablezco los nombres según las informaciones de viejos soldados. Mandaba el escuadrón Río Bamba el teniente coronel Agustín Murillo, que fue de los “Granaderos a Caballo” de José de San Martín.
(32) Mandado por el teniente coronel Carlos Anzoátegui, que perteneció al Regimiento Nro. 4 de línea de “Coraceros” en la Guerra del Brasil.
(33) Jefe, teniente coronel Prudencio Torres. Este se formó en el regimiento de “Granaderos a Caballo” e hizo las campañas del “Ejército de los Andes” y del Brasil. La legión se llamó después “Noguera”, cuando pasó a mandarla el teniente coronel Manuel Jesús Noguera.
(34) Compuesta por esquinenses y goyanos; era mandado por el comandante Lucio Casas.
(35) De los que con esa denominación pelearon en Pago Largo. Mandó el escuadrón, el teniente coronel Manuel Jesús Noguera.
(36) De los veteranos provinciales de ese nombre; era mandado por el teniente coronel Manuel Pacheco.
(37) Jefe, coronel Indalecio Chenaut, guerrero de la Independencia y del Brasil; sirvió en los regimientos “Granaderos a Caballo”, Nro. 13, Nro. 16, Nro. 2 y “Coraceros de San Juan”. Se componía de hacendados del sur de Buenos Aires y de ciudadanos agregados. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Cuerpo de Reserva -de pura caballería- constaba de 600 hombres, al mando del general Vicente Ramírez. Cada escuadrón tenía dos compañías de tiradores y una de lanceros. El Ejército estaba regularmente uniformado(38) pero, todo él, llevaba divisa celeste y blanca, con un sol bordado, la del jefe u oficial.

(38) La infantería y la artillería usaban gorra blanca, chata, con borla celeste, blusa celeste y pantalón blanco; la caballería tenía sombrero, blusa al capricho y “chiripá” de bayeta azul. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En el mismo y en la provincia fue adoptado como canción guerrera el himno “A la Lid”(39). El doctor Pedro Serrano era el jefe del Cuerpo Médico.

(39) La letra de este canto es atribuida al poeta oriental Francisco Acuña de Figueroa; la música es casi la misma del “Himno de Bilbao”. Fue él dedicado a la “Legión Libertadora” de Lavalle y, cuando ella zarpó de la isla Martín García -el 1 de Septiembre de 1839, para penetrar en Entre Ríos, los legionarios lo cantaron por primera vez. El poder fascinador de “A la Lid” en aquellos tiempos -y aún hoy- en Corrientes, sólo es comparable al de “La Marsellesa” durante la gran Revolución francesa. La letra primitiva fue parcialmente cambiada en algunas estrofas, quedando en la forma siguiente:

CORO
¡A la lid, correntinos, corramos!
¡A la lid, argentinos, volad!
¡Guerra y muerte al cobarde tirano;
guerra, guerra, y después habrá paz!

Bravos hijos de Mayo glorioso
levantaos, y a los ojos del mundo
destrozad ese déspota inmundo,
que las glorias del Plata manchó;
desplegad la bandera que un día
el valiente argentino llevaba
cuando el Andes gigante pisaba
y en Junín y en Pichincha triunfó.
CORO
De Maipú, de Ituzaingó la espada
del Cerrito en la piedra afilemos
y con ella cargando gritemos:
¡Libertad, libertad o morir!
Cien batallas de un nombre famoso
un deber sacrosanto nos dieron;
que se diga: valientes supieron
su misión generosa cumplir.
CORO
Nadie tema cobarde la muerte;
todo pecho respire venganza;
todo bravo maneje una lanza;
¡a la calle, a la plaza a pelear!
Que más vale en el campo, tendido
destrozado cadáver sangriento,
que oprobiosa cadena, un momento,
a los pies del tirano arrastrar.
CORO
En columna cerrada marchemos,
¡Adelante! Al mirarlos, gritando:
¡Ellos son! bayoneta calando;
¡Adelante! En el polvo caerán
del fusil, del cañón la metralla
entre el ruido armonioso peleando,
mil cartuchos a bala, quemando,
bello incienso a la Patria serán.
CORO
Hoy el blanco y azul estandarte
recupera su antiguo esplendor,
y al abrirlo Lavalle y sus bravos
palidece el tirano opresor.
Dignos hijos de Mayo y de Julio;
vuestra Patria es esclava, ¡Volad!
¡Correntinos: la gloria os aguarda!
¡A caballo! La lanza enristrad.
CORO
De Ferré generosa la espada
os anuncia segura victoria,
que en sus filos refleja la gloria
del campeón de una causa sagrada.
Correntinos: la hora ha sonado
de venganza contra los tiranos.
¡A las filas venid!
Los porteños más que amigos,
son vuestros hermanos.
CORO

// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 149, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Entonces -y después- el segundo Ejército correntino distó mucho de la admirable máquina de guerra en que su General en Jefe tuvo grande escuela de disciplina, de organización, de táctica y de resortes infalibles de victoria.

Lavalle, educado en “Granaderos a Caballo” y nunca separado del “Ejército de los Andes”, no desplegó en Corrientes talento de organizador, ni en campañas posteriores se acreditó discípulo aprovechado de San Martín. Valiente, patriota, noble, generoso, atrayente para las masas, era más caudillo que general de escuela.

Ese cambio en él operado fue uno de sus deplorables errores conscientes. “Yo mando ciudadanos armados, hombres libres, no soldados”, timbraba decir para explicar el modo de ser de sus tropas. La causa pagó su extravío.

Al ver Lavalle el desprendimiento sin tasa de los ciudadanos para los inmensos Gastos del Ejército, decía en memorable documento:

“La provincia de Corrientes, contribuyendo con todos sus recursos y soldados a la salvación de la patria, después de haber derramado la sangre de sus hijos en Pago Largo y sufrido las calamidades de una devastación inaudita y espantosa, se hace acreedora al respeto y a la admiración de los pueblos hermanos”.

Además, Ferré firmó un Tratado con Rivera para que éste se uniese a la campaña contra Rosas que se estaba planeando. Se le cedió a Rivera el mando supremo de los ejércitos antirrosistas a cambio de ayuda militar, que llegaría en el momento oportuno; el “momento oportuno” debería esperar casi tres años(40).

(40) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 294-298. Ed. Plus Ultra.

El Cuartel General del nuevo ejército se instaló en el Rincón del Ombú, campo limítrofe entre los Departamentos de Paiubre(41) y Curuzú Cuatiá.

(41) Nombre original del actual Departamento Mercedes. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Allí la actividad y el entusiasmo fueron grandes y lograron por el momento disimular el resquebrajamiento de la armonía que comenzaba a manifestarse entre los legionarios que salieron de Martín García con el general.

Antes de llegar a Corrientes se habían producido las separaciones del coronel José Olavarría y del coronel Manuel Alejandro Pueyrredón y el arresto del coronel Martiniano Chilavert, Jefe del Estado Mayor.

También los desacuerdos políticos y personales hicieron que Lavalle rechazara la incorporación del general Félix de Olazábal y de un grupo de oficiales con quienes se presentó. Varios de los jefes de Lavalle influyeron en su ánimo para que tomara esta decisión, amenazando con que si no lo hacía serían ellos los que se retirarían del ejército, porque Olazábal era rosista.

De esta forma mucha gente que podía haber sido muy útil en la empresa fue desechada por sus ideas o por la arrogancia de Lavalle, un tanto despótica que, poco a poco, le fue formando un vacío a su alrededor.

- Invasión del gobernador santafesino

Corrientes corrió un serio peligro en el mes de Noviembre de 1839, pues fue invadida por el gobernador de Santa Fe, el general Juan Pablo López que, al no encontrar a Lavalle en Entre Ríos, se dirigió a ella.

López penetró el sudoeste de Corrientes, pero Lavalle evitó enfrentarlo. Lo desgastó con sucesivas maniobras, hasta que López perdió la paciencia y regresó a su provincia(42).

(42) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), p. 299. Ed. Plus Ultra.

Como consecuencia de esto, el general del Ejército correntino expidió una terrible Proclama:

“¡La hora de la venganza ha sonado! ¡Vamos a humillar el orgullo de esos cobardes asesinos! Se engañarán los bárbaros si en su desesperación imploran nuestra clemencia. Es preciso degollarlos a todos. Purguemos a la sociedad de esos monstruos. ¡Muerte, muerte sin piedad!”

Por lo menos en las palabras no se diferenciaba de algunos de sus enemigos. Por su parte Ferré también descargó su furia en otra Proclama del 20 de Noviembre de 1839:

“Derramad a torrentes la inhumana sangre para que esta raza maldita de Dios y de los hombres no tenga sucesión”.

Las terribles palabras del general y del gobernador no sólo causaron terror a sus enemigos sino también a algunos partidarios y haciéndose eco de ello la misma esposa de Lavalle en una carta le recriminó la ferocidad del documento.

Juan Pablo “Mascarilla” López y Jacinto Andrada, luego de obtener un triunfo en Bacacuá (Curuzú Cuatiá) el 29 de Noviembre de 1839 sobre el comandante Patricio Maciel -que guardaba la frontera de Pago Largo, al que hizo fusilar- llegó solamente hasta el arroyo Paiubre y después de arrear ganado de la zona se retiró hacia Entre Ríos nuevamente.

A su vez Lavalle se había retirado sobre el río Corriente, dejando dos escuadrones al mando de los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, para que llevaran a cabo una acción de guerrillas que obstaculizara el avance enemigo, misión que cumplieron bastante bien pues pudieron arrebatarle buena parte de las caballadas.

En carta del 14 de Diciembre de 1839, Lavalle le comunicó a Ferré que por un desertor del ejército enemigo se había enterado de que la intención de éste era marchar sobre Corrientes para saquearla, creyendo que Lavalle se encontraba sobre el Uruguay pero que, estando en Mercedes, recibieron órdenes de retroceder y que éstas serían de Rosas, suponiendo Lavalle que pudieran ser consecuencias de los sucesos de la provincia de Buenos Aires y que los enemigos estarían dispuestos a pasar a Santa Fe.

En carta del 15 de Diciembre de 1839, Lavalle le expresó a Ferré la imposibilidad de movilizarse hacia Entre Ríos por la falta de caballadas y que lo único que se podía hacer era defender la frontera de Corrientes, cosa que consideraba una lástima, pues Entre Ríos estaba indefensa sin el ejército de Echagüe que se encontraba en la Banda Oriental.

El problema de la falta de caballadas tuvo sujeto a Lavalle en Corrientes más tiempo del que él hubiera querido. Para colmo llegaron noticias de la provincia de Buenos Aires de que todo se había perdido: el levantamiento de los estancieros del sur, conocido como de “los Libres del Sur”, había sido vencido totalmente.

Pero por lo menos le quedó el consuelo a Lavalle de ver llegar a su campamento, para incorporarse a su ejército, a los bonaerenses que habían podido escapar en naves francesas y que estaban encabezados por Manuel Rico.

También en los primeros días de Enero de 1840 le llegaron muy buenas noticias de la Banda Oriental: el ejército de Echagüe había sido derrotado completamente por el de Rivera en Cagancha, el 29 de Diciembre de 1839.

El segundo Ejército correntino se organizaba y, once meses después de Pago Largo, el 27 de Febrero de 1840, abriría la campaña...

- Acuerdos con Rivera, franceses y brasileños

Al mismo tiempo abrió el Gobierno correntino comunicaciones con los presidentes de las repúblicas de Río Grande y del Uruguay y representantes de Francia en el Río de la Plata, proponiéndose celebrar con ellos acuerdos que favoreciesen al comercio y las cordiales relaciones internacionales.

Huelga decir que las industrias, el comercio, la propiedad particular y las finanzas públicas estaban en condiciones deplorables; pero la decisión del Gobierno y del pueblo superó los obstáculos de la escasez de recursos, con sacrificios verdaderamente extraordinarios.

Desde su Cuartel General en Curuzú Cuatiá, Ferré escribió dos Notas a Fructuoso Rivera -el 22 de Octubre de 1839- informándolo del pronunciamiento de Corrientes y de su elección como gobernador, pidiéndole además los jefes y oficiales correntinos que revistaban en el Ejército oriental y que ahora eran necesarios en la provincia; también le expresó la necesidad de activar el comercio entre Corrientes y el Uruguay por el estado de postración en que se encontraban y lo instó a reiniciar las relaciones que cortó Pago Largo.

“Nuevamente la necesidad llevaba a Corrientes a tener que confiar y pedir ayuda a don Frutos, un hombre del que nada se podía esperar, salvo que las circunstancias lo obligasen a dar algo. Claro que don Frutos, siempre tan cortés, le contestó prometiéndole ayuda (total, prometer no costaba nada)”, opina el historiador Antonio Castello al referirse al jefe oriental

También recibió Ferré una Nota del agente francés Buchet Martigny, quien lo felicitaba por su ascensión al Gobierno de Corrientes y le manifestaba que continuaba vigente la declaración del 30 de Marzo de 1839 por la que se había levantado el bloqueo a la provincia de Corrientes, pero que las naves mercantes no podían internarse en el Paraná porque éste era surcado por embarcaciones al servicio del Gobierno de Buenos Aires y por el obstáculo que representaban las baterías del Rosario.

Debido a esos inconvenientes, lo único que podía hacerse por el momento era declarar libres al puerto de Corrientes y otros puertos que estuvieran bajo la autoridad de Lavalle o del mismo Ferré.

Los trabajos del Gobierno fuera de la provincia dieron satisfactorios resultados:

* los republicanos brasileños de Río Grande facilitaron la compra de armas por el valor de tropas de mulas, caballos y ganado bovino;
* los agentes franceses, levantaron el bloqueo de los puertos;
* la Comisión Argentina declaró por suya la causa de Corrientes;
* el presidente Fructuoso Rivera prometió “armonizar su política y sus operaciones con el Director de la segunda regeneración política de la República Argentina”.

A través del Chaco, se comunicó Ferré con los Gobiernos y los pueblos del Interior de la República, incitándolos a secundar la actitud de la provincia y, si bien es cierto que nada hicieron los primeros, no lo es menos que el ejemplo de los correntinos -así como el empeño de su mandatario- concurrieron a la preparación de la Liga del Norte.

- La batalla de Cagancha

La batalla de Cagancha tuvo lugar el 29 de Diciembre de 1839, en el Departamento San José, Uruguay, a 30 kilómetros al oeste de la Ciudad de Montevideo.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, había ordenado al general Pascual Echagüe invadir la Banda Oriental con el propósito de apoyar al ex presidente uruguayo Manuel Oribe, acompañado por Juan Antonio Lavalleja.

El general Fructuoso Rivera (que inicialmente tenía apenas dos mil hombres)(43) lo esperó en el Norte del país y, por medio de una retirada lenta, lo fue alejando de sus bases, mientras Rivera iba recibiendo nuevos refuerzos.

(43) A. Dufort y Alvarez. “Invasión de Echagüe (Batalla de Cagancha, 29 de Diciembre de 1839)” (1884), p. 42, Montevideo. Tip. Lit. Oriental. Este autor estima en 7.000 hombres al Ejército rosista.

Tras un par de combates menores, el 29 de Diciembre de 1839 Rivera cruzó el río Santa Lucía y, en las cercanías del arroyo Cagancha, enfrentó con 3.000 hombres(44)(45) -incluidos muchos oficiales y soldados argentinos- a los 6.000 rosistas y blancos que comandaba Echagüe. Sin embargo, Rivera disponía de superior artillería(46)(47).

(44) “Comisión Militar de Historia y Archivo” (1932), “Jefes del Estado Mayor del Ejército en la Primera Centuria de la Independencia. 1829-1930”, p. 57, Montevideo. Ed. La Comisión.
(45) A. Dufort y Alvarez. “Invasión de Echagüe (Batalla de Cagancha, 29 de Diciembre de 1839)” (1884), p. 42, Montevideo. Tip. Lit. Oriental. “El Ejército del general Echagüe se componía de unos 6.000 hombres, incluyendo 1.680 de caballería oriental y 485 de infantería, con los artilleros que servían 3 piezas de a 4, única artillería que aquél poseía”.
(46) Antonino Luna. “Historia de la República Argentina y de las del Paraguay y Banda Oriental” (1878), p. 89, Buenos Aires. P. E. Coni. “La tropa de Rivera la estima en 2.000 jinetes, 1.200 infantes y 10 cañones y Echagüe 4.000”.
(47) Antonio Zinny (1883). “Historia de la prensa periódica de la República Oriental del Uruguay. 1807-1852”, p. 277, Montevideo. C. Casavalle.

Rivera organizó a su Ejército disponiendo cerca de 800 hombres en la vanguardia, al mando del general Anacleto Medina; 600 en el ala izquierda del coronel Angel Núñez; en el centro estaba la infantería y la artillería, unos 700 al mando del general Enrique Martínez; en el ala derecha 500, dirigidos por el coronel Fortunato Silva; y 400 de reserva al mando del general Félix Aguiar(48).

(48) A. Dufort y Alvarez. “Invasión de Echagüe (Batalla de Cagancha, 29 de Diciembre de 1839)” (1884), p. 42, Montevideo. Tip. Lit. Oriental. “El Ejército del general Echagüe se componía de unos 6.000 hombres, incluyendo 1.680 de caballería oriental y 485 de infantería, con los artilleros que servían 3 piezas de a 4, única artillería que aquél poseía”.

El de Echagüe -estimado en 7.500 hombres- se ordenaban en la vanguardia y el ala derecha a 4.000 soldados, al mando de los generales Justo José de Urquiza y Juan Antonio Lavalleja respectivamente; en el centro, los infantes y artilleros -apenas 500- comandados por el general Eugenio Garzón; y 3.000 en el flanco izquierdo al mando del general Servando Gómez(49).

(49) A. Dufort y Alvarez. “Invasión de Echagüe (Batalla de Cagancha, 29 de Diciembre de 1839)” (1884), p. 77, Montevideo. Tip. Lit. Oriental.

Las tropas coloradas incluían 400 legionarios franceses y 800 guardias nacionales orientales y españoles.

Inicialmente la lucha empezó bastante bien para Echagüe: sus alas de caballería derrotaron y persiguieron a las de Rivera; sin embargo cierta indisciplina provocó dispersión, lo que le impidió aprovechar su éxito. En el centro, la infantería rosista fue repelida por la colorada que estaba atrincherada.

Finalmente, Rivera ordenó a su reserva atacar al centro enemigo. Echagüe -que no había dispuesto reserva para apoyar a sus alas en su intento de flanqueo- tuvo que ordenar la retirada y volver a Entre Ríos con los hombres que consiguió reunir.

Lo cierto es que tras un par de combates menores, los 3.000 hombres de Rivera derrotaron a los 6.000 de Echagüe en la batalla de Cagancha el 29 de Diciembre de 1839(50).

(50) Mariano Balbino Berro. “Anales de la República Oriental del Uruguay (Notas para escribir la Historia Civil y Colonial)” (1895), tomo I, pp. 64 y ss. Imprenta de la Nación.

* Fuerzas en combate (estimación antigua)

Ejército colorado Ejército rosista
Total 3.000 - 5.900 hombres 6.000 - 7.500 hombres
2.300(*) - 4.200(**) jinetes 5.515(**) -7.000(*) jinetes
700(*) - 1.700(**) infantes 485(**) - 500(*) infantes
10 cañones(**) 3 cañones(**)
- Bajas (fuentes antiguas) 323 muertos y 190 heridos 480 muertos y más de 1.000 heridos

* Fuerzas en combate (estimación moderna)

Ejército colorado Ejército rosista
Total 4.000 jinetes, 800 infantes y 10 cañones(***) 5.000 hombres y 4 cañones(***)
- Bajas (fuentes modernas) 1.500 muertos, heridos y dispersos(***) 600 muertos y heridos; gran número de dispersos(***)

(*) A. Dufort y Alvarez. “Invasión de Echagüe (Batalla de Cagancha, 29 de Diciembre de 1839)” (1884), p. 77, Montevideo. Tip. Lit. Oriental.
(**) Mariano Balbino Berro. “Anales de la República Oriental del Uruguay (Notas para escribir la Historia Civil y Colonial)” (1895), tomo I, p. 64, Montevideo. Imprenta de la Nación.(***) granaderos.batalladecagancha (página web)

 

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