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El Gobierno declara la continuación de la guerra contra Rosas

El 1ro. de Enero de 1840 publicó Ferré el segundo Manifiesto de guerra de la provincia:

“Contra el usurpador tirano, Juan Manuel de Rosas y sus secuaces; protestando no dejar las armas hasta no derrocar al tirano, oprobio de la Nación Argentina”.
Pascual Echagüe -derrotado por Rivera en Cagancha (29 de Diciembre de 1839)- huía en aquellos momentos hacia Entre Ríos, con su ejército desquiciado. Se reproduce aquí los principales pasajes del Manifiesto:
“Es ya una verdad demostrada que Corrientes tuvo poderosos motivos -en el año 1839- para declarar la guerra al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, y a los sostenedores de este funesto poder.
“La publicidad con que Juan Manuel de Rosas interviene en los negocios puramente domésticos y exclusivos de cada provincia, deprimiendo la soberanía e independencia de ellas; los caudales que ha levantado para sus gobernadores; las crueldades y muertes que ha prodigado a sus hijos más respetados; la infracción que ha hecho de Tratados solemnes, que existían entre los pueblos de la Confederación y constituían la única garantía de su tranquilidad y soberanía, han clasificado a aquel gobernador como el más formidable usurpador de la Independencia provincial, como el primer tirano de la República.
“Esto y la conducta bárbara que observó el Ejército entrerriano, dependiente de Juan Manuel de Rosas, el 31 de Marzo de 1839, en que la suerte lo favoreció en una batalla, es el comprobante más auténtico de ferocidad con que ejerce la tiranía y la prueba incontestable del derecho que tuvo Corrientes -y lo tiene hoy- para armarse contra él y hacerle la guerra.
“Al espíritu de prodigar la sangre argentina y la muerte que dominó en el Ejército enemigo el 31 de Marzo de 1839, siguieron excesos de todo género. En medio de ellos, el jefe vencedor exigió la estipulación de un Tratado en que se establecía el ultimátum de su tiranía y ambición.
“El Congreso General de la provincia, estrechado por las bayonetas y las lanzas entrerrianas, se prestó a celebrarlo y, sin embargo, que conoció que ahí firmaba su ignominia, lo ratificó, porque no podía obrarse de otra manera. Por ese Tratado se arrebataba a Corrientes una parte preciosa de su territorio para que lo dominasen salvajes; por él se puso el Tesoro público en manos del enemigo más encarnizado y se le ofrecía satisfacer su codicia con un crecido número de hacienda.
“Horroriza recordar la conducta posterior del jefe entrerriano. Concede la licencia a todo su ejército para robar, matar y satisfacer las pasiones más brutales del hombre; y aquella desenfrenada tropa inmoral no dejó por cometer crímenes de los que refieren las historias, sin que el más espantoso conmoviese la impasibilidad de su general.
“Se conservó el general Echagüe en nuestro territorio patrocinando los crímenes de sus tropas. Antes de partir al Estado Oriental del Uruguay hizo poner a la cabeza del pueblo de Corrientes un hombre entregado a él. Seis meses de pesadas cadenas exaltaron el patriotismo correntino y él derrocó al intruso.
“Las potencias de todo el mundo civilizado juzgarán si Corrientes tiene derecho y motivos para armarse y declarar la continuación de la guerra. Su soberanía data desde nuestra emancipación política, es incuestionable, como las de las demás provincias; debe, pues, sostenerla y destruir todo poder que intente arrebatársela.
“En la historia de nuestra revolución ocuparán un lugar las resistencias de Corrientes a la absurda política del gobernador de Buenos Aires, en las que esta provincia no solamente se ha manifestado celosa de su independencia sino que también ha respetado y apreciado la de los otros pueblos, sosteniendo la suya con dignidad y presentándose a la defensa de la de éstos, siempre que ha sido atacada por la ambición o deprimida por la arbitrariedad y deseo de gobernarlo todo.
“No pudiendo Corrientes -por medio alguno- atraer a Juan Manuel de Rosas al sendero de la justicia y de la razón, ni siendo posible desistir de una empresa tan vital a la República, negoció Pactos especiales con el propósito de convocar un Congreso Nacional, que diese la Constitución General.
“El tirano de Buenos Aires se valió de mil artificios y engaños para evitar la reunión del Congreso, constituyéndose en el primer infractor de sus compromisos públicos y opositor a la organización del país.
“Para sellar la irritación de los pueblos, empeña sus relaciones, circula en todas las provincias máximas antisociales y principios falsos; derrama el oro nacional con profusión para halagar y seducir. No satisfecho, el usurpador Rosas declara la guerra al general Santa Cruz, por sí e inconsulta la República.
“Su objeto no era salvar el país, sino esclavizarlo más. Con el mismo fin intervino en la guerra civil del Estado Oriental del Uruguay. He aquí los títulos de que se ha valido Juan Manuel de Rosas y pone hoy su juego para aparecer entre nosotros como el único árbitro de nuestros destinos; los que hizo valer para provocar a la Francia al calamitoso bloqueo, contra la opinión general; los que también le sirven para hacer la guerra a muerte a todo individuo o Gobierno que se oponga a sus arbitrariedades o promueva -aun en el seno de la amistad y de la confianza- la organización del país.
“El Gobierno de Corrientes, después de haber agotado todos los medios de conservar ilesa la soberanía y la libertad de la provincia, cansada de sufrir la resistencia de Juan Manuel de Rosas a la Organización Nacional, convencido de la causa que defiende, declara la continuación de la guerra al tirano de Buenos Aires y a sus sostenedores.
“El Gobierno de Corrientes, sus amigos y aliados reconocen en todos los pueblos argentinos y ciudadanos a sus hermanos y desean estrechar con ellos verdadera y pura amistad, convocándolos a trabajar para destruir los obstáculos que se presentan a la organización de la patria bajo el sistema Republicano, Representativo, que la Nación reunida en Congreso elija libre y espontáneamente”.

- El periódico de la causa correntina

A más del Ejército -que sostendría la guerra- el Gobierno creó otra fuerza de combate, de mayor alcance que las armas: un periódico, titulado: “El Pueblo Libertador”, cuya redacción fue confiada al doctor Juan Thompson.

De esta suerte cupo a Corrientes el honor de agregar, al mérito de sus valerosos pronunciamientos, la fundación del primer periódico de lucha y propagandas cívicas publicado en tierra argentina después del entronizamiento de Rosas, hecho comprobatorio de un estado social adelantado(1).

(1) Decreto:
“¡Viva la Federación Argentina!
“Año 31 de la Libertad, y 25 de la Independencia"Considerando el Gobierno, que en las presentes circunstancias, es de grande utilidad la creación de un periódico, que al mismo tiempo, que manifieste la pureza de la administración y dé a los actos gubernativos la publicidad, que corresponde al sistema republicano liberal, que Corrientes ha jurado sostener, ilustre a los pueblos de la República, sobre sus más preciosos e imprescriptibles derechos, y les manifieste la Justicia con que esta Provincia ha declarado la guerra al primer tirano de la tierra de los argentinos, que con su aliento la ha infestado toda, luciéndola su vil esclava; en uso del alto poder que inviste ha acordado y decreta:
“Art. 1.- Se establece un periódico semanal, durante las presentes circunstancias.
“Art. 2.- Su objeto principal es manifestar los justos motivos que tiene Corrientes para sostener y llevar adelante la guerra contra la tiranía que oprime a la República Argentina.
“Art. 3.- El gobernador delegado queda encargado de hacer efectiva esta Resolución.
“Art. 4.- Publíquese, y dése al Registro Oficial.
“Villa de San Roque, Enero 8 de 1840”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 152. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El “prospecto” del periódico resumió sus propósitos en los términos siguientes:

“Menester es que sepan los pueblos hermanos cuál es la ambición de Corrientes. Las ideas deben marchar en armonía con la acción. Los elementos materiales para la lucha están reunidos. Dónde se dirigen y con qué fin, ved ahí lo que incumbe a la prensa manifestar.
“Las columnas del periódico estarán siempre abiertas al saber, a la cordura y a la decisión de todos los amigos de la libertad. Sus páginas jamás servirán de desahogo a la venganza ni a las pasiones individuales.
“Concentremos nuestros esfuerzos, desechando distante cuánto no diga con la sagrada empresa de derrocar al despotismo y echar los cimientos de nuestra organización nacional.
“El pueblo de Corrientes fue saludado por el vencedor de Yeruá, con el glorioso renombre de Pueblo Libertador. Nosotros hemos adoptado este título.
“La cuestión del día es de vida o muerte para la Patria argentina. Alcanzaremos vida ofreciéndole todo nuestro tributo de amor y decisión.
“Ponga cada uno la mano en su pecho, obre sin recelar del grado de su capacidad, a nombre del honor y de la virtud, y habrá Patria entonces, Organización y Prosperidad”.

El primer número del periódico apareció el 23 de Enero de 1840(2). Ilustró las grandes cuestiones políticas de la época, informó al país sobre los sucesos nacionales, dio rumbos claros a la opinión, combatió con ideas la dictadura.

(2) En el libro del doctor Manuel Florencio Mantilla: “Bibliografía Periodística de la provincia de Corrientes”, brinda información completa de este periódico. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 151. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Política del general Rivera. Conducta de Ferré

El general Lavalle abrió operaciones sobre Entre Ríos el 27 de Febrero de 1840(3). En el mismo mes marchó sobre Santa Fe -por el Chaco- una expedición alistada en Goya y confiada al ex gobernador de aquella provincia, Mariano Vera, y a Francisco Reinafé(4).

(3) Ese día marchó el General en Jefe con el Cuartel General, Estado Mayor, Escolta, la “División Vega” y la Legión “Rico”; los otros Cuerpos caminaron desde el día anterior.
(4) El general Juan Lavalle opinó en contra de esta expedición, cuyo éxito seguro garantían el ministro Manuel Leiva y los jefes encargados de ella. El 26 de Marzo de 1840 fue completamente batida en el arroyo Cagastá, pereciendo la mayor parte de los expedicionarios, incluso Vega. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 153. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Echagüe tenía ya entonces reorganizado su ejército, compuesto por las salvadas en Cagancha -nuevas- y las de Santa Fe, superior en número, en infantería y artillería a las del Ejército correntino.

El plan combinado entre Ferré y Lavalle consistía en destruir a Echagüe, dominar perfectamente a Entre Ríos, reforzar el Ejército y penetrar en la provincia de Buenos Aires, en combinación con la escuadra francesa.

Por otro lado, el ministro francés Martigny -de acuerdo con la Comisión Argentina- negoció con el general Rivera que pasase a Entre Ríos al frente de un ejército, entregándole una fuerte suma que dijo aquél necesitaba para dar principio a las operaciones.

Los sucesos hacían poco menos que imposible no recurrir al infidente como intrigante Rivera, a fin de que no entorpeciese los trabajos de los enemigos de la dictadura y también para aumentar con sus recursos y elementos los ya comprometidos en la guerra; la posición política de ese hombre era “una especie de fatalidad ineludible, siempre explotada por él en beneficio de sus miras egoístas y personales que daban nueva vida al viejo espíritu de Artigas”, según la mirada del historiador Manuel Florencio Mantilla.

El Gobierno de Corrientes no tuvo injerencia en la negociación con Rivera, sin embargo de que éste aseguró -falsamente- de que estaba entendido con Ferré; pero cuando conoció que el compromiso del presidente oriental era invadir Entre Ríos -donde ya operaba el Ejército correntino- propendió a que las dos fuerzas combinasen su acción a fin de regularizar la guerra y hacer más poderoso el empuje contra el Gobierno de Rosas.

A este objeto ajustó un Acuerdo con el doctor Santiago Derqui -enviado por Rivera a Corrientes(5)- “para acordar el modo en que debía hacerse la guerra”. Según dicha Convención, “se aumentaría el poder del Ejército Libertador con dos o tres mil orientales, y recursos que la provincia negociaría en el extranjero”.

(5) El doctor Derqui llegó a Corrientes el 13 de Marzo de 1840. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 153. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Estado oriental entraba como cooperador. De parte de Corrientes, el acto surgía de un hecho ajeno a su Gobierno -la entrada de Rivera en la escena- preparado y consumado bajo los auspicios de la Comisión Argentina o, cuando menos, amparado por la complacencia de ella.

No obstante fue mal juzgado por Lavalle, atribuyéndole -a sugestión de Rivera y a docilidad de Ferré- error que lo precipitó a insubordinaciones deplorables que, si bien fueron discretamente apartadas por el Gobierno de Corrientes, dejaron dificultades en el Ejército y trastornaron la armonía entre el gobernador y el general.

Era tan profunda la mala voluntad que recíprocamente se tenían Lavalle y Rivera, que ninguno de ellos admitía que Ferré -obligado por los sucesos a tratar con los dos- se entendiese para nada con el otro. Esa circunstancia perturbó la serenidad política de Lavalle cuando juzgó el alcance del Acuerdo ad referendum celebrado con el doctor Derqui.

De otra suerte -no le tomara como prueba de la docilidad de Ferré- Rivera, en el caso, más sagaz que él -cuando el general y sus principales jefes criticaban sin miramientos al Gobierno y se disponían a resistir sus órdenes- se negaba rotundamente a ratificar el Acuerdo por “considerarlo indecoroso a la dignidad del Pueblo oriental”.

Rivera pretendía ser el árbitro de la situación y Ferré buscaba y aceptaba únicamente un cooperador. Sin embargo, exteriormente, hacía Rivera otro papel, porque su gran propósito era indisponer a Lavalle con Ferré para sacar de éste ventajas resistidas y anular a aquél.

“Toda su vida operó con la intriga, la doblez, la falsía, llevadas a extremos increíbles, y con mucho de conocerle bien sus contemporáneos casi siempre fueron víctimas de esos recursos”, señala Mantilla.

Lavalle cayó en la red y la reputación de Ferré fue herida, pero encalló el plan en lo relativo al predominio de Rivera. Producidos los primeros efectos de las arterias, Rivera exigió -para entrar en la campaña- que la provincia revalidase el Tratado de alianza celebrado por Berón de Astrada.

Consentir en semejante pretensión equivalía a desmoralizar o destruir el Ejército correntino; rechazarla inmediata y absolutamente, era cortar las relaciones con un poder comprometido a la guerra, cuyos elementos valían mucho en aquellas circunstancias.

“Para no caer en uno ni otro error, la política aconsejaba esperar que un suceso aclarase al Gobierno el camino, y resolvió conservar en lo posible las relaciones de amistad con el Estado oriental sin acceder a la exigencia”(6).

(6) Mensaje del gobernador Ferré al Congreso General, instalado e1 28 de Noviembre de 1840:
“El general Rivera tomó como ofensa la actitud del Gobierno de Corrientes. En Junio de 1840 -decía a Manuel Díaz, agente de Ferré para conducir armas del Estado oriental: ‘Los grandes intereses que se agitan en esta lucha me hicieron descender a pedir una entrevista con el señor Ferré, para tratar de conciliar la que ellos exigían con el decoro de mi patria. Fuéme negada la entrevista, bajo el vano pretexto de una enfermedad que no ha existido; y, desde entonces, una sola Nota oficial del Gobierno de Corrientes se me ha dirigido.
“Se ha tenido e1 atrevimiento de proponerme el que pasase el Uruguay a arreglar los Departamentos de Entre Ríos, a ser un apéndice de las operaciones del Ejército correntino.
“No se me ha respetado, y merezco respeto; no se me ha considerado y merezco consideraciones; se me ha querido asignar un papel ridículo, como si el Primer Magistrado de una Nación heroica pudiera ser la befa de gente pequeña.
“En mi persona ha sido ofendido el Pueblo oriental; quien así ha procedido, se ha colocado en el rango de sus enemigos”.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 153. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Remata el citado historiador Mantilla con estas palabras la citada situación:

“Fallido el golpe, Rivera no cumplió su compromiso ni restituyó el dinero recibido, so pretexto de que Ferré y Lavalle desobedecían sus órdenes. El, mejor que ningún otro, sabía que no tenían por qué cumplirlas; todo lo aseverado y propalado en sentido contrario había sido simple enredo de sus embustes e intrigas”.

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