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Campañas por la República del segundo Ejército correntino. La Coalición del Norte

El 1ro. de Enero de 1840, el gobernador de Corrientes Pedro Juan Ferré declaró la guerra a Juan Manuel de Rosas y el 27 de Febrero Juan Galo Lavalle inició su avance hacia Entre Ríos(1).

(1) Citado por Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), pp. 130-131. Ed. Aguilar.

Simultáneamente partió una expedición hacia Santa Fe -al mando del ex gobernador santafesino Mariano Vera y del cordobés Francisco Reinafé- que avanzó por tierra hacia la capital de esa provincia, pero el 26 de Marzo de 1840 fueron completamente derrotados en Cayastá; ambos comandantes murieron en la batalla(2).

(2) Citado por Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe” (1988), p. 276. Ed. Plus Ultra.

El 10 de Abril de 1840 los ejércitos de Echagüe y Lavalle chocaron en la batalla de Don Cristóbal -en que triunfó Lavalle- aunque no supo sacar provecho de su ventaja. Una semana más tarde, Fructuoso Rivera invadía Entre Ríos, ocupando Concepción del Uruguay(3).

(3) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 300-306. Ed. Plus Ultra.

Echagüe adoptó una posición defensiva cerca de La Bajada, rodeado de defensas naturales. Durante casi tres meses los ejércitos permanecieron uno frente al otro sin combatir, mientras Rosas le hacía llegar a Echagüe importantes refuerzos.

Finalmente, el 16 de Julio de 1840 Lavalle atacó la posición de Echagüe en la batalla de Sauce Grande. Fue rechazado con graves pérdidas pero, esta vez, fue Echagüe quien no supo aprovechar la ventaja.

Esta derrota fue grave, no por lo sucedido en el campo de batalla, sino por sus consecuencias estratégicas: cerró a Lavalle la posibilidad de dominar Entre Ríos antes de cruzar el Paraná.

Tampoco le era posible demorar este cruce, para el que necesitaba la escuadra francesa, ante los rumores serios de un próximo arreglo entre Francia y Rosas. Retirándose a Corrientes, no hacía sino complicar su situación.

- Cruce del Paraná

Entonces, Lavalle decidió trasladar su ejército -sin demora- al oeste del Paraná y atacar a Rosas directamente con la esperanza de provocar un alzamiento general. Tras llevar su ejército hasta Punta Gorda -actualmente Diamante- lo embarcó en la flota francesa(4).

(4) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 300-306. Ed. Plus Ultra.

Alzado el general Lavalle con el Ejército de su mando, sin sometimiento de ninguna clase al Gobierno de quien lo recibió, sus hechos toman un carácter singular y salen de la historia propia de Corrientes.

Guiado por una sola inspiración, se erige en potencia militar y política independiente, para recorrer la República en nombre de un ideal generoso, sirviéndole de instrumento propio en todo el ámbito de ella, los patriotas y valientes soldados correntinos.

Los rosistas creyeron que se retiraría hacia Corrientes pero, en un movimiento audaz, Lavalle abandonó la provincia de Entre Ríos utilizando las naves francesas con las que descendió por el Paraná hasta San Pedro, al norte de la provincia de Buenos Aires, donde desembarcó y desde donde avanzó hacia la Ciudad de Buenos Aires.

Pese a que dejó una fuerza encargada de hostigar a Pascual Echagüe -en Entre Ríos- y al hecho de que el general José María Paz -quien se había fugado el año anterior, después de ocho de cárcel- fuera a Corrientes a organizar otro ejército, Pedro Ferré consideró la decisión de Lavalle como una vil traición, que dejaba su provincia a merced de los rosistas.

Lavalle pudo -gracias a los buques franceses y a la inepcia de Echagüe- desembarcar en Baradero y San Pedro, el 3 de Agosto de 1840. Inicialmente tuvo algunas adhesiones que le dieron esperanzas, ratificadas por el resultado favorable de todas las escaramuzas que sostuvo con las fuerzas rosistas.

De San Pedro, Lavalle avanzó en dirección a Buenos Aires y cuando parecía que sus efectivos atacarían la capital se detuvo en Merlo, donde logró llegar el 5 de Septiembre de 1840, a apenas 15 kilómetros del ejército de Rosas.

Esperaba apoyo de la población para entrar en la capital, pero ésta se mantuvo leal a Rosas y observó que medida que avanzaba hacia la ciudad no encontraba más que enemigos. En Merlo se detuvo, mientras esperaba el pronunciamiento a su favor.

En tanto, Rosas organizó un campamento militar en Santos Lugares y, a sus espaldas, las fuerzas del general Pacheco se iban reforzando(5).

(5) Citado por Jorge Gelman. “Rosas bajo Fuego” (2009), pp. 121-144. Ed. Sudamericana.

Lavalle demoró varios días en Merlo, a la espera de que la campaña se levantara en su apoyo y contingentes franceses reforzaran sus líneas. La escasez de pastos, aguadas, caballos e infantería y la esperanza de un apreciable refuerzo, le hicieron demorar el avance.

Entonces se hizo evidente a Lavalle lo comprometido de su situación. No se produjo el levantamiento general que esperaba y se encontró pobre de vituallas y casi sin infantería -con 3.000 hombres- frente a un enemigo que había rehuido cuidadosamente el combate en campo abierto.

Rosas -atrincherado en Caseros- con más de 7.000 hombres y 26 cañones, no se movía de su posición, que era inatacable para Lavalle. El historiador Manuel Florencio Mantilla es crítico con Lavalle al decir que

“el segundo Ejército correntino operó en Buenos Aires con rapidez y éxito feliz hasta ponerse sobre la capital. El mismo Rosas se creyó perdido; sin embargo, Lavalle le cedió la victoria por obsesión hasta hoy incomprensible.
“En descargo de su responsabilidad es justo empero decir que la provincia de Buenos Aires no respondió al movimiento de Lavalle. Sin disparar un tiro, sin tentar una operación, sin causa racional, sin propósito militar o político aceptable, se retiró Lavalle con rumbo a Santa Fe. No parecía haber sido militar de escuela, ni desplegó dotes de caudillo”.

- Lavalle se retira de Buenos Aires

Cuando Rosas ya había organizado su contraataque, Lavalle decidió levantar el campamento, momento también en que por el norte de la provincia de Buenos Aires apareció el ejército santafesino del gobernador Juan Pablo “Mascarilla” López.

Lavalle decidió hacer lo que ya era inevitable y utilizó a López como excusa: levantó su reducto (el 7 de Septiembre de 1840) y lo persiguió hasta su provincia(6)(7).

(6) Citado por Ernesto Quesada. “Lavalle y la batalla de Quebracho Herrado” (1965), Ed. Plus Ultra.
(7) Citado por Jorge Gelman. “Rosas bajo Fuego” (2009), pp. 144-164. Ed. Sudamericana.

Lavalle se retiró hacia Santa Fe, con la esperanza de que Gregorio Aráoz de Lamadrid -que había sublevado contra Rosas el Noroeste- marchara sobre Córdoba y, para evitar que Manuel Oribe -que había ocupado Rosario- lo atacara por el norte.

Lamadrid y Lavalle -directa o tácitamente- acordaron una estrategia que podría haber sido efectiva: Lavalle debía cruzar Entre Ríos -derrotando al gobernador Echagüe- y Lamadrid debía cruzar Córdoba derrotando a Manuel “Quebracho” López. De allí, ambos ejércitos debían atacar Buenos Aires(8).

(8) Citado por Efraín Bischoff . “Por qué Córdoba fue invadida en 1829” (1979), p. 212. Ed. Plus Ultra.

Al retirarse Lavalle, estalló en Buenos Aires una sangrienta persecución de opositores, muchos de los cuales fueron asesinados, robados o arrestados por “La Mazorca”. Tras dos semanas de desmanes, la persecución cesó por completo por orden de Rosas. Esos días de “terror” se repetirían en Abril de 1842 y cesarían también por orden del gobernador(9).

(9) Citado por Gabriel Di Meglio. “Mueran los Salvajes Unitarios (La Mazorca y la Política en Tiempos de Rosas)” (2007). Ed. Sudamericana.

La marcha del Ejército de Lavalle fue muy lenta por el pesado parque de carretas -cargadas con centenares de exiliados- que Lavalle llevó en su retirada. De modo que López lo evitó y unió sus fuerzas a las de Pacheco y las traídas de Entre Ríos por el ex presidente uruguayo Oribe. Por orden de Rosas, éste asumió el mando del ejército porteño(10).

(10) Citado por Ernesto Quesada. “Lavalle y la batalla de Quebracho Herrado” (1965), Ed. Plus Ultra.

- La Liga del Norte

Después de la muerte de Alejandro Heredia(11) -el gobernador de Tucumán- los antirrosistas de esa provincia -vinculados a la Asociación de Mayo- se levantaron contra el gobernador de Buenos Aires por la prédica del doctor Marco Avellaneda, ministro de Gobierno.

(11) Cierto día, encontrándose el gobernador Heredia en Salta, abofeteó al comandante Gabino Robles en el transcurso de una reunión. El humillado juró vengarse y el 12 de Septiembre de 1838, cuando Heredia se dirigía a su estancia, Robles detuvo la galera en que viajaba el gobernador y lo ultimó de tres balazos. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

El 7 de Abril de 1840, Avellaneda -que presidía la Legislatura- dio a conocer un decreto por el cual desconocía a Rosas como gobernador de Buenos Aires -éste estaba por ser reelecto- y, por ende, le retiraba la venia para dirigir las relaciones exteriores. En menos de un mes, Avellaneda convenció de imitar su pronunciamiento a los demás Gobiernos del Norte: Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja, los cuales -juntamente con Tucumán- concretaron su Alianza.

El 24 de Agosto de 1840(12), un Tratado formalizaba la Coalición del Norte por medio de un convenio bastante explícito en sus objetivos pero que no formalizaba ninguna organización interprovincial(13).

(12) “Los Gobiernos de Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja, juntamente con Tucumán, concretaron su Alianza el 24 de Septiembre de 1840”. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.
(13) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), p. 479. Ed. Plus Ultra.

Para terminar de convencer al gobernador de La Rioja, Tomás Brizuela, se lo nombró Comandante del Ejército de la Coalición(14). El único gobernador del Norte que se negó a unirse a la coalición fue Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero(15).

(14) Citado por Armando R. Bazán. “Historia de La Rioja” (1992), pp. 336-348. Ed. Plus Ultra.
(15) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), p. 475. Ed. Plus Ultra.

Viendo la oposición que iba tomando fuerza en el Norte -a principios de 1840- Rosas encomendó a su compadre, el general Gregorio Aráoz de Lamadrid -ex oficial de José María Paz, que había adherido a la causa rosista- que marchara a Tucumán a reunir tropas y a ocupar, si era posible, el Gobierno de la provincia. Aráoz de Lamadrid debía retirar las armas facilitadas al difunto Heredia para su lucha contra Andrés de Santa Cruz, en Bolivia.

Insólita elección la de Rosas, que la tomó creyendo que el tucumano se había sinceramente pasado a su bando. Es posible que así fuera, sólo que Lamadrid era particularmente inconsecuente: cuando el comisionado llegó a destino no tardó en adherir al pronunciamiento -en un increíble cambio de frente- y se manifestó contra Rosas y adhirió a la “Liga de los Gobernadores”, que pusieron en sus manos el supremo mando militar. Así surgió la denominada “Coalición del Norte”, cuyo jefe militar fue Tomás Brizuela, gobernador de La Rioja. El 7 de Abril de 1840, la provincia de Tucumán nombró a Lamadrid Comandante del Ejército provincial(16).

(16) Citado por Ernesto Quesada. “Lamadrid y la Coalición del Norte” (1965). Ed. Plus Ultra.

Cuando Lamadrid llegó a destino encontró una marcada efervescencia contra el régimen rosista. Las provincias norteñas estaban resentidas por la dependencia política y la independencia económica del “restaurador”. La reacción ya estaba en marcha y el 7 de Abril de 1840 Marco Avellaneda fue nombrado gobernador.

Los recursos de las provincias coaligadas eran escasos; las desconfianzas mutuas arraigadas; nadie se fiaba demasiado de Lamadrid; a su vez, Brizuela recelaba de la participación de los franceses en el conflicto. Además, los pueblos se mostraban apáticos, pero también lo estaban los de Cuyo y Córdoba, donde José Félix Aldao organizaba la fuerza de represión.

- Campañas de Lavalle y Lamadrid

A fines de Junio de 1840, Lamadrid avanzó hacia el sur; al llegar el ejército tucumano a Albigasta -entre Catamarca y Santiago del Estero- el coronel Celedonio Gutiérrez lo abandonó con 200 milicianos y se pasó a las filas de Ibarra, de modo que Lamadrid retrocedió a Tucumán(17).

(17) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), pp. 478-479. Ed. Plus Ultra.

Al mismo tiempo se había sublevado en Córdoba el comandante de los Departamentos del norte, Sixto Casanova, aunque fue completamente derrotado por Manuel López; la estrategia combinada pergeñada entre Lavalle y Lamadrid había fracasado(18).

(18) Citado por Roberto A. Ferrero. “Manuel López ‘Quebracho’” (2000), pp. 85-86. Ed. Corregidor Austral.

Poco después fracasó en Santiago del Estero una sangrienta sublevación contra el gobernador Ibarra, que fue cruelmente castigada(19).

(19) Citado por Luis C. Alén Lescano. “Historia de Santiago del Estero” (1992), pp. 323-327. Ed. Plus Ultra.

En la segunda mitad de 1840, Lamadrid partió hacia La Rioja. A su encuentro avanzó el general Aldao. El 21 de Septiembre de 1840, Lamadrid derrotó a Aldao en Pampa Redonda y, diez días después, un Congreso reunido en Tucumán proclamó la Alianza de las provincias norteñas “contra la tiranía de don Juan Manuel de Rosas y por la organización del Estado”. El carácter federativo de la Liga estaba a la vista.

Si bien Pampa Redonda fue una escaramuza menor, Aldao debió regresar a su provincia para reprimir una sublevación antirrosista(20).

(20) Citado por Armando R. Bazán. “Historia de La Rioja” (1992), pp. 349-352. Ed. Plus Ultra.

Lamadrid continuó hacia Córdoba. López no estaba en la capital ya que -temiendo una invasión de Lavalle- había salido hacia el sur de la provincia con sus milicias. Iniciada la lucha, Lamadrid avanzó sobre Córdoba y pudo ocupar la provincia ayudado por una insurrección antirrosista que depuso al gobernador Manuel López.

Es que al saberse de la aproximación de las fuerzas de Lamadrid, estalló la sublevación en Córdoba -el 10 de Octubre de 1840- y los antirrosistas depusieron al gobernador delegado ese mismo día y recibieron en triunfo a aquél, a quien el nuevo Gobierno entregó el mando de las tropas provinciales. El nuevo gobernador José Francisco Alvarez se unió a la Coalición del Norte(21).

(21) Citado por Roberto A. Ferrero. “Manuel López ‘Quebracho’” (2000), pp. 89-91. Ed. Corregidor Austral.

El gobernador de Salta, Manuel Solá, penetró en Santiago del Estero a fines de Octubre de 1840, con 500 hombres, llevando al coronel Mariano Acha como jefe de Estado Mayor. Ibarra aplicó la estrategia de la “tierra arrasada”, de modo que Solá debió continuar su camino hasta Córdoba(22).

(22) Citado por Luis C. Alén Lescano. “Historia de Santiago del Estero” (1992), pp. 328-331. Ed. Plus Ultra.

- Lavalle se apodera de Santa Fe

En tanto, y tras emprender la retirada de la provincia de Buenos Aires en dirección a la provincia de Santa Fe, Lavalle pudo tomar la capital de esta última provincia, sin que Juan Pablo López le oponga el grueso de sus fuerzas, y después de vencer la resistencia del general Eugenio Garzón (25 de Septiembre de 1840).

La retirada había quebrado la disciplina de las tropas de Lavalle, que se desbandan de los campamentos y cometen toda clase de tropelías por los alrededores. Su general se siente impotente para contenerlas y adopta una especie de “estilo gaucho” en su ejército, pensando que así está más acorde con la idiosincrasia nacional. Pero la eficacia militar de sus tropas se resintió.

La Ciudad de Santa Fe fue tomada a viva fuerza el 29 de Septiembre de 1840; toda la guarnición quedó prisionera(23).

(23) Los jefes principales fueron: general Eugenio Garzón; coroneles Ramón Méndez y Antonio Acuña; comandante Andrés Gómez; capitanes Pin, Varela, Juan Acuña, los Palao. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El ataque -así como la defensa- honraron a los combatientes. Ninguna ventaja se sacó de la victoria. Acampado Lavalle en Calchines perdió tiempo precioso, aprovechado por Rosas para lanzar sobre él un poderoso ejército al mando del general oriental, Manuel Oribe.

El general Lavalle estaba como desconcertado; sus medidas denunciaban la falta de un plan serio. Pensaba en regresar a Corrientes -por el Chaco- cuando recibió comunicaciones del General en Jefe de la Coalición del Norte, Gregorio Aráoz de Lamadrid, avisándole la ocupación de Córdoba, al frente de una respetable división de tucumanos y riojanos. Lavalle resolvió entonces buscar la incorporación de Lamadrid, en Quebracho.

Oribe molestaba a los correntinos desde Coronda; la legión Méndez fue sorprendida y desecha por su vanguardia; en el combate -llamado “de Calchines”, cerca de Aguará- el 12 de Noviembre de 1840, la misma desordenó algunos Cuerpos si bien a costa de grandes pérdidas.

En realidad, Lavalle capturó Santa Fe pero su caballería fue derrotada. Poco después se enteró de la entrada de Lamadrid en Córdoba y también de la firma del Tratado Mackau-Arana, que levantaba el bloqueo francés: la flota porteña controlaba el río Paraná.

De modo que convino con Lamadrid que pasaría a Córdoba y ambos unirían sus fuerzas para aniquilar a “Quebracho” López e invadir Buenos Aires. Acordaron reunirse en Quebracho Herrado, en el extremo oriental de la provincia de Córdoba, el día 20 de Noviembre de 1840.

Lavalle partió en esa dirección el 7 de Noviembre, pero la tenaz persecución de Oribe y la carga de carretas militarmente inútiles le impidieron llegar a tiempo(24).

(24) Citado por Ernesto Quesada. “Lavalle y la batalla de Quebracho Herrado” (1965), Ed. Plus Ultra.

- Quebracho Herrado

Sin noticia alguna de Lavalle, Lamadrid se había retirado hacia el sur en busca de López, sin dar aviso a su aliado. Lavalle se encontraba en Santa Fe y hostilizado por tropas rosistas resolvió unir sus fuerzas con el general Lamadrid; enterado de que éste estaba en Córdoba, Lavalle se dirigió hacia allí indicándole a aquél que bajara a su vez a reunírsele y le proveyera de caballadas.

Lavalle emprendió la marcha el 19 de Noviembre de 1840, previa reorganización de sus tropas(25). Oribe le siguió con su Ejército fresco y grandes elementos de movilidad. El alcance era fatal y próximo, porque los hombres de Lavalle carecían de medios para un movimiento rápido.

(25) He aquí la organización del Ejército:

División Vega 4 escuadrones 500 plazas
División Vilela 4 escuadrones 990 plazas
Legión Abalos 2 escuadrones 440 plazas
Legión Rico 2 escuadrones 300 plazas
Legión Ocampos 2 escuadrones 350 plazas
Legión Noguera 2 escuadrones 400 plazas
Legión Aldao 2 escuadrones 310 plazas
(santafesinos y porteños)
Escolta 1  escuadrón 200 plazas
(restos de la Legión Méndez)
Escuadrón Mayo 1 escuadrón 200 plazas (porteños)
Escuadrón Oroño 1 escuadrón 40 plazas (santafesinos)
Legión Salvadores   60 plazas (artilleros)
Legión Salvadores 400 plazas
(Batallón Cazadores)
Legión Salvadores 37 plazas
“Cívicos de San Pedro” (custodia de los bagajes)
4.227 plazas

En el total de las fuerzas no están contados los jefes y oficiales. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

A los dos días principiaron los fuegos a retaguardia. Lavalle maniobraba con habilidad a fin de evitar una batalla desigual, esperanzado en la pronta incorporación de Lamadrid y de esa suerte prolongó hasta el 28 de Noviembre de 1840 la difícil evasiva del choque campal.

Perseguido por Oribe, éste lo alcanzará con el ejército en Quebracho Herrado, el 28 de Noviembre de 1840.

La situación no podía ser peor: el general Oribe -a quien Rosas había encomendado el mando supremo de sus fuerzas- lo perseguía tenazmente; el mismo Lavalle se retrasa; y Lamadrid falta a la cita. Es que las agotadas tropas de Lavalle -un tercio de su caballería de a pie- debieron hacer frente -en Quebracho Herrado- al ejército de Oribe, superior en número, en equipo y en caballos. Lavalle conducirá a sus hombres con pericia pero el encuentro estaba decidido de antemano por el estado físico y moral de los dos ejércitos.

Lamadrid no estaba allí cuando Lavalle llegó a destino, de modo que éste fue atacado y completamente derrotado por Oribe y Pacheco en la batalla de Quebracho Herrado, el 28 de Noviembre de 1841(26).

(26) Citado por Ernesto Quesada. “Lavalle y la batalla de Quebracho Herrado” (1965), Ed. Plus Ultra.

El mencionado día llegó Lavalle cerca del paraje donde confiaba incorporar a Lamadrid; pero ni noticias halló de éste. Allí apuró Oribe sus hostilidades, obligándole a batirse. La batalla de Quebracho Herrado(27) dio a los rosistas una completa victoria, que rivalizó en crueldad a la matanza de Pago Largo. El Ejército vencido perdió más de 1.500 hombres, toda su artillería e infantería, el repuesto de municiones, armamento, caballada, vestuario, parque, dos banderas, imprenta, carretas, correspondencia.

(27) De los 6.500 hombres de Oribe (Adolfo Saldías da 5.000), 1.600 eran de infantería:
“El Ejército federal reforzó su derecha, haciéndola al mismo tiempo adelantar y rehusando su izquierda, de modo que su orden de batalla era oblicuo, ocupando sus mejores tropas el ala derecha.
“El centro estaba formado por tres Cuerpos de infantería y dos baterías de tres piezas cada una, la mayor parte de calibre de a ocho. La izquierda era toda compuesta de caballería. A retaguardia de sus alas se mostraban algunos escuadrones preparados en reserva.
“El Ejército Libertador, para oponer a fuerza tan imponente, tenía la izquierda compuesta de las legiones Abalos, Ocampos, Rico, Noguera, Aldao y la división Vega, a las órdenes del coronel de este nombre, que hizo prodigios de habilidad y de valor. El centro, formado por el batallón Cazadores, colocando sobre sus flancos dos baterías de dos piezas de a cuatro y un obús de campaña cada una, mandado por el jefe de la legión, coronel Salvadores.
“La derecha, dirigida por el coronel Vilela, la componían los escuadrones Mayo, San Pedro, Julio, Alvarez y Buenos Aires (nuevas denominaciones). El escuadrón Escolta ocupaba el intervalo dejado entre el centro y la derecha. La fuerza de todas las armas que el Ejército presentaba en línea no excedía de 3.000 hombres; el resto se hallaba a pie, con el recado en la cabeza.
“Eran las dos de la tarde. La carga sonó en la izquierda. El enemigo se echaba sobre el Ejército con sus masas. El heroico Vega inició la batalla, atacando la derecha; nada pudo resistir el empuje de las legiones que mandaba: el enemigo volvió grupas, dejando el campo sembrado de cadáveres.
“El estado miserable de los caballos obligó al intrépido Vega a hacer alto, después de haber rechazado la derecha enemiga que -rehecha bien pronto- volvió al combate. La artillería permaneció en silencio porque no tenía un sólo tiro en los armones: había dejado alejar los carros de municiones, mientras que la del enemigo -servida con actividad y acierto- llevaba a las filas de los libres el terror y la muerte.
“La derecha permanecía inactiva, porque ni el enemigo pretendía combatir con ella ni su jefe tomaba parte en la batalla. El empuje de las fuerzas enemigas gravitó sobre nuestra izquierda donde se peleaba con ciega obstinación. Largo tiempo se mantuvo indecisa la batalla. La prolongación del combate reducía, por instantes, el número de los bravos de la izquierda.
“El impávido Vega, a la cabeza de poco más de 1.000 hombres decididos, mantenía -desde casi dos horas- una lucha tan desigual como sangrienta contra cerca de 4.000 enemigos pero, al fin, ese puñado de héroes tiene el dolor de no poder prolongar la resistencia. La victoria, traicionando al valor y a la justicia, se decidió por las banderas de la tiranía” (Juan E. Elía).
“A las dos horas, la batalla quedó circunscripta al cuadro que formó el bravo coronel Pedro José Díaz en el extremo izquierdo (del centro), donde estaba Lavalle mandando las cargas supremas de los últimos restos que le quedaban.
“El coronel Vega, viendo inminente el momento en que Lavalle caía muerto o prisionero con el último de sus oficiales, se avalanzó con 200 hombres como movido por el prodigio; contuvo una carga decisiva que le traía la caballería federal y algunos de sus compañeros se aprovecharon de ésto para sacar al general Lavalle.
“Todavía permanecía el cuadro del coronel Díaz, cuando hubo a su alrededor otro cuadro de cadáveres; cuando aquellos valientes no pudieron hacer uso de sus armas, porque las municiones estaban en poder del enemigo y sólo podían servirse de las bayonetas o de las culatas de sus fusiles, recién se sometieron a la ley de los vencidos, y el mismo Oribe no pudo menos de felicitar públicamente al coronel Díaz y a sus denodados compañeros”. Adolfo Saldías. “Historia de Rosas y de su Epoca”. (La “Historia de Rosas” de Saldías luego fue retitulada como “Historia de la Confederación Argentina” (1881/1883). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Lavalle sufrió una completa derrota de funestas consecuencias pues le significó -prácticamente- el fin de su ejército. Los vencedores hicieron -en la persecución- una verdadera carnicería. Más de mil quinientos muertos, sin contar los prisioneros, señalaron el exterminio del denominado “Ejército Libertador”.

Lavalle quedó destruido; el desbandamiento fue general, en todas direcciones. Muchos de los dispersos llegaron a Corrientes, a través del Chaco. Unicamente la legión Abalos salió hecha, pero con grandes pérdidas. Los principales jefes y grupos de los derrotados buscaron el amparo de las tropas de Lamadrid, en las fronteras de Córdoba; Lavalle hizo lo mismo.

La etapa ofensiva de la expedición de Lavalle estaba terminada. Rosas había obtenido un triunfo político-militar.

- Solución del conflicto con Francia

Como si no fuera bastante, por esa época llegó al general Lavalle -poco después- la noticia de la Convención Mackau-Arana que pone fin al conflicto entre Francia y Buenos Aires, convenio celebrado entre Rosas y el barón Mackau, lo cual significaba un duro golpe para la campaña, por cuanto el jefe porteño perdía el apoyo de Francia, necesario en esas circunstancias en que la población santafesina se mostraba hostil y ejércitos rosistas avanzaban para combatirlo.

Había sucedido lo siguiente: Mehemed Alí, protegido de Francia en Medio Oriente, amenazaba al sultán de Turquía, cuya estabilidad procuraba Inglaterra. Palmerston había reunido hábilmente toda la información sobre las gestiones e intrigas de los agentes franceses en el Río de la Plata; reunió todo en un documento y lo presentó al Gobierno francés.

La publicidad del documento podía destruir la influencia francesa en Sudamérica. Simultáneamente, otras potencias ofrecieron apoyo al sultán. El Gobierno francés debió batirse en retirada para evitar un fiasco internacional y solicitó a Gran Bretaña que mediara en el Plata(28).

(28) H. S. Ferns. “Britain and Argentina in the Nineteenth Century” (1960), p. 249. Editado por Clarendon Press, Oxford. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo 22.

Pese a que el barón de Mackau llegó al Plata al frente de una poderosa escuadra y una muy apreciable fuerza de desembarco, en cuanto comenzaron las negociaciones se mostró dispuesto a aceptar cualquier arreglo que salvara el honor de su país.

La intervención de Mendeville eliminó los últimos obstáculos y el 29 de Octubre de 1840 se firmó la Convención de Paz:

* los franceses recibirían en Buenos Aires el trato dado a la nación más favorecida;
* se reconocía el derecho a las indemnizaciones reclamadas;
* y Buenos Aires se comprometía a respetar la independencia del Uruguay, sin perjuicio de su propia seguridad.
* Francia -por su parte- levantaba el bloqueo y se obligaba a desagraviar el pabellón argentino.

- Los franceses informan a Lavalle firma del Convenio con Rosas

Cuando ambos caudillos (Lamadrid y Lavalle) combinaban nuevos planes, llegó el marino francés Eduardo Halley -comisionado por el barón de Makau- para presentar a Lavalle la Convención firmada en Octubre con Rosas, poniendo término a la cuestión internacional y sacrificando los agentes franceses la empresa del general que se había comprometido sostener(29).

(29) “Los agentes franceses trataron con Rosas sin tener en cuenta formal sus compromisos solemnes con los directores de la revolución argentina para sostenerla en defensa de la civilización del Río de la Plata y también sin pesar las consecuencias desastrosas que sus complacencias producirían en provecho exclusivo de la tiranía”, dice Mantilla al referirse a la Convención Makau-Arana, y agrega: “Lavalle se quejó de deslealtad consciente. La Convención del 29 de Octubre de 1840 fue un doble triunfo del tirano: Rosas disipó la tormenta internacional, desconcertó y aisló a sus enemigos interiores y quedó habilitado para echar sobre ellos todo su poder. El único artículo de la Convención, relativo a los que combatían contra la tiranía (el 3ro.), se limitaba a conceder la repatriación de los emigrados y el respeto por las opiniones políticas bajo la garantía de Rosas, excluyendo a los generales y jefes de Cuerpos que, por sus hechos, no ‘se hagan dignos de la consideración del Gobierno’ de Buenos Aires. Implicaba el artículo el sometimiento incondicional al tirano”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El engañado general rechazó indignado la Convención y las proposiciones de Makau y aunque sin ninguna probabilidad de triunfar, continuó sus empresas militares en el Interior de la República(30). Ellas fueron desgraciadas, como también las de Lamadrid.

(30) El señor Halley llevaba el encargo de ofrecer al general Lavalle -en el caso que se resolviera a abandonar la lucha- un asilo en Francia y el grado de Mariscal de Campo de aquella nación, con los honores y el sueldo de este rango y, si éso no aceptaba, una fortuna que disfrutaría en Francia o en el punto que eligiera para su residencia. El general Lavalle contestó a su amigo con la noble altivez propia de la dignidad de su carácter:
- “He luchado -le dijo- por la libertad de mi patria, no con la mira egoista de reemplazar a Rosas. Hay todavía algunos pueblos en pie contra el despotismo que esperan de mi su dirección y no cometeré la infamia de abandonarlos”.
En vano se esforzó el oficial francés en demostrar al general que su causa estaba arruinada, que el poder de Rosas era irresistible y que habiéndole combatido mientras duraba la esperanza de vencerlo, era tiempo de pensar en su propia suerte y en la de su familia.
El general Lavalle invocaba su honor y contestaba que su resolución era irrevocable. A pesar de esto, el señor Halley le pidió que no diera todavía su respuesta a la nota de que había sido conductor; que meditara sus proposiciones y la contestara dentro de ocho días.
- “Así lo haré -repuso el general Lavalle- pero lleve Vd. la seguridad de que no cambiaré de resolución”.
Vencido este plazo tuve la satisfacción de la lacónica contestación del general Lavalle al almirante Makau:
- “Mi honor -decía en ella- me prohibe aceptar las propuestas que Vd. me ha dirigido por conducto del señor Halley”.
(Félix Frías, secretario que fue del general Lavalle). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Lavalle en La Rioja y Lamadrid en Tucumán

La separación de Francia de la lucha dejaba en la estacada a Fructuoso Rivera y los correntinos, pero no alteraba mayormente la suerte de Lavalle. Este se retiró hacia el Norte -con Lamadrid- abandonando Córdoba. Los ejércitos marchaban juntos, pero no unidos. Cada jefe tenía un mando independiente y se enrostraban recíprocamente el desastre de Quebracho Herrado.

Los restos del Ejército correntino seguirán las aventuras de su general y las peripecias de la guerra en las provincias del Interior, pereciendo sucesivamente en Sancala (8 de Enero de 1841), Famaillá (19 de Septiembre de 1841) y Rodeo del Medio (24 de Septiembre de 1841).

En principio, los restos del ejército de Lavalle se retiraron hacia la Ciudad de Córdoba. Después de las recriminaciones que mutuamente se hicieron Lavalle y Lamadrid, se pusieron de acuerdo para retirarse hacia el norte, dividiendo sus tropas en varias columnas que se dirigirían a distintas provincias(31).

(31) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), p. 480. Ed. Plus Ultra.

Lavalle propuso un plan audaz a Lamadrid e impuso la idea de operar con pequeñas divisiones separadas frente a un enemigo superior en número.

Mientras tanto, Oribe pudo penetrar en Córdoba y repuso al gobernador rosista. Mientras Lamadrid retrocedía a Tucumán -para reorganizar su ejército- “Quebracho” López recuperaba el Gobierno cordobés(32).

(32) Citado por Roberto A. Ferrero. “Manuel López ‘Quebracho’” (2000), p. 92. Ed. Corregidor Austral.

Así, Lamadrid se dirigió hacia Tucumán y Lavalle a La Rioja, provincias que -junto con Catamarca y Salta- eran las únicas que podían apoyar la campaña antirrosista, pues las demás obedecían a las directivas del gobernador de Buenos Aires(33).

(33) Citado por Oribe controlaba la provincia de Córdoba; el general Félix Aldao, la de Mendoza; lo mismo sucedía con Nazario Benavídez, en San Juan; e Ibarra, en Santiago del Estero; también San Luis obedecía al rosista Lucio Lucero.

Lamadrid envió a Santiago del Estero al coronel Acha con la intención de atacar a Ibarra, pero aquél fracasó y huyó hacia Catamarca(34). En Salta, el gobernador Miguel Otero se había pasado a los rosistas, apoyado por varios caudillos rurales, sobre todo por José Manuel Saravia, cuñado de Ibarra.

(34) Citado por Luis C. Alén Lescano. “Historia de Santiago del Estero” (1992), pp. 331-332. Ed. Plus Ultra.

Lamadrid -y poco después Avellaneda- se trasladaron a esa provincia para ayudar a Solá a vencer a Saravia. Pero Salta casi no contribuyó a las siguientes campañas(35).

(35) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), p. 480. Ed. Plus Ultra.

En tanto, Lavalle -que ejecutará su plan brillantemente- se internó en La Rioja atrayendo sobre sí al Ejército rosista, entreteniéndolo, hasta que Lamadrid hubiera podido levantar un nuevo ejército en Tucumán.

En la nueva campaña secundaron a Lavalle el caudillo riojano Brizuela y el comandante Angel Vicente Peñaloza, conocido años más tarde como “el Chacho”. Pero Lavalle una vez en La Rioja no logró ponerse de acuerdo con Brizuela y, separándose de él, se instaló en Famatina(36).

(36) Citado por Carlos Páez de la Torre (h). “Historia de Tucumán” (1987), p. 480. Ed. Plus Ultra.

Durante tres meses Lavalle entretuvo a Aldao y a Oribe en los llanos riojanos. Cuando al fin el jefe oriental logró estrechar el cerco, Lavalle se escabulló y apareció en Tucumán, el 10 de Junio de 1841.

Brizuela -Jefe de la Coalición del Norte- que se negó a abandonar su provincia (La Rioja), fue vencido por Aldao(37) y muerto(38) por un oficial de sus propias fuerzas en la Quebrada de Sañogasta(39). Unos días más tarde, los coroneles Mariano Maza e Hilario Lagos ocuparán Catamarca con fuerzas venidas desde Buenos Aires(40).

(37) José Félix Aldao (1785-1845), natural de Mendoza, fue religioso dominico, por eso también se le conoce como “el fraile Aldao”. Desempeñó honroso comportamiento en la expedición de José de San Martín aunque más tarde se mezcló en las guerras civiles y desde ese momento su personalidad es discutida. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.
(38) Brizuela fue herido por su propio asistente, llamado Villafañe, y poco después murió. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.
(39) Citado por Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), p. 153. Ed. Aguilar.
(40) Citado por Fernando Baldrich,. “Mariano Maza, el Implacable Represor” (1973), en “Todo es Historia”, Nro. 79.

Mientras tanto, y deseoso de dominar la región cuyana, Lavalle envió a las provincias de esta región del país a su mejor división -comandada por el coronel José María Vilela- con el fin de apoyar al Gobierno rebelde de San Luis y al movimiento antirrosista de Mendoza, que ya había sido derrotada(41).

(41) Citado por Efraín Bischoff. “La Sorpresa de Sancala”, en “Todo es Historia”, Nro. 257.

Pero Aldao y el coronel Pablo Lucero derrotaron -en los primeros días de Enero de 1841- a los antirrosistas en la Sierra de las Quijadas(42) y Vilela fue derrotado completamente por Angel Pacheco (enviado por Oribe) en la batalla de San Cala (provincia de Córdoba), el 9 de Enero de 1841(43).

(42) Citado por Urbano J. Núñez. “Historia de San Luis” (1980), pp. 365-369. Ed. Plus Ultra.
(43) Citado por Efraín Bischoff. “La sorpresa de Sancala”, en “Todo es Historia”, Nro. 257.

Otra columna antirrosista, a las órdenes del coronel Mariano Acha, fue vencida por el caudillo Félix Aldao en Machigasta, La Rioja. Aldao había ocupado La Rioja y avanzó hacia el norte, dejando a Lavalle a su costado izquierdo. El jefe de sus avanzadas, José María Flores, derrotó completamente a Acha, obligándolo a refugiarse en Catamarca, hacia donde también Lavalle retrocedió(44).

(44) Citado por Armando R. Bazán. “Historia de La Rioja” (1992), pp. 349-352. Ed. Plus Ultra.

- Campaña de Cuyo

De todos modos, Lavalle había logrado ganar el tiempo que necesitaba Lamadrid para reorganizar su ejército en Tucumán. Cuando estuvo listo, éste marchó hacia el sur y se encontró con Lavalle en Catamarca. Allí decidieron dividirse: mientras Lavalle permanecería en Tucumán -a la espera de Oribe- Lamadrid avanzaría sobre Cuyo(45)(46).

(45) Era una decisión insólita, ya que ni Lavalle había estado jamás en Tucumán, ni Lamadrid en Mendoza, donde el porteño tenía su familia política.
(46) Citado por Ernesto Quesada. “Acha y la Batalla de Angaco” (1965). Ed. Plus Ultra.

La experiencia no había bastado para provocar la unificación de los mandos. Mientras Lavalle reponía sus hombres, Lamadrid -con su flamante división- se lanzó a una nueva operación sobre San Juan.

Primero avanzó con sus tropas hacia el sur y partió hacia La Rioja, donde incorporó a las fuerzas del “Chacho” Peñaloza y a las de su vanguardia -que estaban a las órdenes de su segundo, el coronel Acha- la que fue enviada a San Juan. Este último penetró en esta provincia al frente de unos 800 hombres y sorprendió al gobernador Nazario Benavídez a las puertas de la Ciudad de San Juan y dispersó sus fuerzas.

Al día siguiente -16 de Agosto de 1841- Acha destrozó completamente a las fuerzas muy superiores de Félix Aldao en la batalla de Angaco -aunque perdió la mitad de sus hombres- y a continuación ocupó San Juan(47).

(47) Citado por Ernesto Quesada. “Acha y la Batalla de Angaco” (1965). Ed. Plus Ultra.

Lamadrid había ocupado la provincia pero, dos días después de Angaco, el gobernador rosista Benavídez reunió fuerzas superiores, las reorganizó y sorprendió -en la batalla de La Chacarilla de San Juan- al desprevenido coronel Acha, que estaba en la ciudad Pese a la heroica defensa de Acha y tras cuatro días de lucha -sin municiones- este fue derrotado completamente y tomado prisionero el 22 de Agosto de 1841. Tras rendirse, fue inmediatamente fusilado(48).

(48) Sobre este hecho hay fuentes disímiles. Mientras un autor señala que “Benavídez remitió al coronel Acha al campamento de Pacheco, donde el prisionero fue decapitado ‘y su cabeza puesta a la expectación pública’”. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel; otro historiador señala que (Acha) sería ejecutado unas semanas más tarde por el vengativo Aldao // Citado por Ernesto Quesada. “Acha y la Batalla de Angaco” (1965). Ed. Plus Ultra.

Lamadrid continuó la campaña y con el grueso de las fuerzas pasó entre las divisiones rosistas y entró en Mendoza. Primero llegó a San Juan unos días más tarde y la encontró abandonada por los rosistas. Desde allí continuó hacia Mendoza, donde se hizo nombrar gobernador y esperó a Aldao. Pero éste se había unido a las divisiones de Benavídez y Angel Pacheco.

Este último tomó el mando del Ejército y sobre Lamadrid convergieron el general Pacheco, José Félix Aldao y Nazario Benavídez y deshicieron a aquél en el sangriento combate de Rodeo del Medio, el 24 de Septiembre de 1841.

Los sobrevivientes huyeron y ante la imposibilidad de reagrupar sus efectivos, Lamadrid -seguido por algunos oficiales- buscó refugio en el exterior por el Paso de Uspallata. Los restos del ejército antirrosista debieron cruzar la Cordillera de los Andes -completamente cubierta de nieve- hacia Chile(49).

(49) Citado por Ernesto Quesada. “Lamadrid y la Campaña de Cuyo” (1965). Ed. Plus Ultra.

- Fin de la coalición. Muerte de Lavalle

Después de la derrota sufrida por los coaligados en Rodeo del Medio, los rosistas dominaban nuevamente en las provincias cuyanas y en La Rioja. Los salteños rosistas se habían reorganizado nuevamente y, para controlar la situación, el gobernador de Tucumán, doctor Marco Avellaneda(50) y el general Lavalle se dirigieron a Salta.

(50) Marco Avellaneda había sido nombrado gobernador de Tucumán el 29 de Mayo de 1841. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

En esas circunstancias, el general Oribe -transformado en implacable adversario- invadió Tucumán, lo que obligó al general Lavalle y al doctor Avellaneda a bajar a la última provincia para oponerse a los rosistas.

Oribe avanzó sobre Tucumán donde forzó a Lavalle a dar batalla. Con fuerzas desorganizadas y aunque la prudencia aconsejaba rehusar la lucha, Lavalle enfrentó a Oribe en Famaillá -19 de Septiembre de 1841- y fue derrotado completamente, al punto que a Lavalle no le quedó otra solución que la huida o la guerra de recursos.

El general logró salvarse dificultosamente y emprendió el camino de Salta; no tuvo igual suerte Avellaneda, quien fue capturado en Metán y su cabeza -cortada a cercén- expuesta clavada en una lanza en la capital tucumana.

- Lavalle licencia a los últimos correntinos que lo acompañaban

Después de la derrota de Famaillá -en retirada ya Lavalle por el territorio de Salta- licenció a los últimos correntinos que lo acompañaban con la misma fidelidad de los tiempos de esperanzas risueñas y ellos regresaron a la provincia atravesando el Chaco con mayores fatigas que las de la continua guerra, desde un confín al otro de la República(51).

(51) En los primeros días de Noviembre de 1841 llegaron a la Ciudad de Corrientes, hambrientos y desnudos. El “Nacional Correntino” hace subir el número de ellos a 500, entre correntinos, entrerrianos, santafesinos, cordobeses y porteños, llevados por el coronel José Manuel Salas y los comandantes Juan y Mariano Camelino. Los verdaderos correntinos fueron unos 300 -más o menos- al mando de los tenientes coroneles Manuel Ocampos y Manuel Hornos. Ocampos presentó un escuadrón hecho. Dichos jefes fueron portadores de correspondencia política y militar enviada por el general Lavalle. La división acampó en la Batería de San Pedro; el 10 de Noviembre de 1841 fue revistada y arengada por el gobernador Ferré. Agasajados por la población y socorridos con dos meses de sueldo, vestuario y nuevos equipos militares, marcharon el 17 de Noviembre de 1841 a incorporarse al Ejército de Reserva en el que (los correntinos) formaron los escuadrones Constante e Ituzaingó (los restantes fueron distribuidos entre los diversos Cuerpos), asistiendo el 28 de Noviembre de 1841 a la batalla de Caá Guazú, donde se cubrieron de gloria.
Véase en el Apéndice de la "Crónica Histórica..." del doctor Manuel Mantilla, el Parte del coronel José Manuel Salas al gobernador Ferré, datado en el Paso de Yuntel (Chaco), a 4 de Noviembre de 1841; y el Itinerario de la Legión del Chaco, del teniente coronel Mariano Camelino: de Tapia (Tucumán), Septiembre 19, a Corrientes, Noviembre 8, 1841. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, parágrafo 155. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En tanto, José Cubas, de Catamarca, era el único gobernador coaligado que quedaba al frente de su Gobierno. Para vencerlo, Oribe envió hacia esa provincia un batallón a las órdenes del coronel Mariano Maza, quien logró imponerse y demostró extrema crueldad para con los vencidos.

Después de Famaillá, Oribe reprimió sangrientamente a los coaligados: Avellaneda, Cubas y otros, fueron ejecutados. La victoria de Oribe silenciaba toda oposición a Rosas en el Noroeste argentino. La Coalición del Norte había llegado a su fin.

Entretanto Lavalle se retiró hacia el Norte con sólo 200 hombres, con ánimo de ofrecer resistencia pese a sus escasos recursos y, al llegar a Jujuy, ocupó la casa que hasta poco antes habitaba el doctor Elías Bedoya.

El 9 de Octubre de 1841 una partida del ejército rosista descargó sus armas contra el portón de entrada y una bala causó la muerte del general Lavalle, quien se había acercado hasta el zaguán. Los atacantes se alejaron sin enterarse de lo ocurrido(52).

(52) Se han insinuado otras versiones acerca de su muerte. Sin embargo, Manuel Oribe identificó al soldado José Bracho como matador de Lavalle y el 1 de Noviembre de 1842 Juan Manuel de Rosas lo ascendió a Teniente, le dio tres leguas de campo, 600 vacunos, 1.000 lanares y 2.000 pesos. Ver: Enrique M. Barba. “La Campaña Libertadora del general Lavalle” (1944), p. 682, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, La Plata. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo II, capítulo 22.

Ante la proximidad de los enemigos y para evitar los acostumbrados ultrajes, los despojos del general Lavalle -envueltos en su poncho y a lomo de caballo- fueron conducidos a Bolivia por dos pequeñas columnas de sus hombres(53).

(53) La difícil empresa de eludir a los enemigos con el cadáver de Lavalle fue dirigida por el oficial Juan Esteban Pedernera. Cuando la comitiva llegó al pueblo de Huancalera los restos en descomposición fueron descarnados en las aguas de un arroyo. Hasta abandonar el territorio salteño los soldados debieron luchar en varias ocasiones para defender los huesos del bravo guerrero de la Independencia. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

El 24 de Octubre de 1841, los restos fueron sepultados en la Catedral de Potosí, en el transcurso de una solemne ceremonia.

- Campañas de Peñaloza contra Rosas

Los emigrados argentinos en Chile organizaron nuevos planes para recuperar el poder en el Norte argentino., tras la muerte de Lavalle. La campaña más audaz fue dirigida por el “Chacho” Peñaloza.

Angel Vicente Peñaloza partió de Copiapó con el ex gobernador sanjuanino Martín Yanzón, Tristán Dávila, Florentín Santos de León y poco más de 100 soldados, para llegar en Marzo de 1842 a San José de Jáchal, en San Juan, donde se les unió el después famoso Felipe Varela.

El gobernador Benavídez salió a perseguirlos, de modo que retrocedieron hacia el norte, penetrando el oeste de Catamarca(54).

(54) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.

Peñaloza ocupó por unos días La Rioja y de allí paso a los Llanos, donde reunió una importante cantidad de voluntarios. Regresó a La Rioja en Junio de 1842, esquivando a Benavídez, que nombró gobernador a Lucas Llanos, y pasó a Catamarca, donde fue derrotado por el gobernador Santos Nieva y Castilla y, de allí, a Santiago del Estero; Benavídez fue tras él(55).

(55) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.

Peñaloza penetró en Tucumán, donde derrotó al gobernador Gutiérrez y ocupó la capital provincial. Escaso de caballos, envió a sus tropas a buscarlos; en ese momento fue atacado y derrotado por Benavídez en el Manantial, cerca de la ciudad(56).

(56) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.

De modo que retrocedió hacia el sur por Tafí del Valle, Santa María -donde fue alcanzado y muerto el coronel Yanzón- Fiambalá, Vinchina y, finalmente, Jáchal.
Pocos días más tarde Florentín Santos era derrotado en los Valles Calchaquíes, siendo fusilado poco después.

En lugar de huir, el “Chacho” volvió por Famatina a los Llanos, donde su enorme prestigio entre los gauchos le permitió reponer sus fuerzas y montarlas con generosidad(57). Peñaloza -enterado de Caa Guazú- había pretendido reabrir la campaña en el Noroeste.

 

(57) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.

 

Desde Chile entró en La Rioja, se apoderó de ella y, de Catamarca, batió al gobernador de Tucumán, pero fue finalmente vencido en Manantial e Illisca, obligándosele a un nuevo exilio.

Es que Benavídez, si bien retrasó medio año su regreso- en Enero de 1843 derrotará a Peñaloza en Ilisca, en el oeste de los Llanos.

El caudillo huyó hacia Vinchina, donde logró una pequeña victoria y fusiló al jefe vencido, en un gesto de crueldad raro en él. Pero fue derrotado una vez más en Leoncito, ya cerca de la Cordillera. Terminó refugiado en Chile, quejándose cuando le preguntaban cómo le iba: “¿Cómo me hai d’ir? ¡En Chile y a pie!”(58).

(58) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.

En Enero de 1845 hizo un nuevo intento ocupando la zona de los Llanos, pero fue derrotado por el gobernador riojano Hipólito Tello en el combate de Telarillo. Huyó a San Juan, donde Benavídez le dio asilo(59)(60).

(59) Gerardo Pérez Fuentes. “La campaña antirrosista del Chacho”, en “Todo es Historia”, Nro. 171.
(60) Fermín Chávez. “Vida del Chacho” (1974). Ed. Theoría.

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