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Organización del Ejército de Caá Guazú

La noticia de que el segundo Ejército correntino se había embarcado en la escuadra de Francia, para cruzar al occidente del Paraná, circuló por toda la provincia produciendo una impresión de terror y desconsuelo(1).

(1) Ferré no autorizó a Lavalle atraviese el Paraná con las tropas correntinas para marchar hacia Buenos Aires. Lavalle desobedeció y, pasando el río, llegó hasta las puertas de esa ciudad. Sin animarse a atacar a Rosas -por carencia de fuerzas suficientes como para vencer al gobernador de Buenos Aires, atrincherado en Santos Lugares- Lavalle emprende la retirada: las tropas correntinas son llevadas a las provincias de Santa Fe, Córdoba, Catamarca, La Rioja, Tucumán y Salta. En Octubre de 1841 muere Juan Lavalle. Después de su última derrota -en la batalla de Famaillá- los correntinos que con él habían luchado en todas esas provincias, resuelven atravesar el Chaco para volver a su tierra. Llegan a tiempo para cooperar con el tercer Ejército correntino. Este Ejército también ha sido levantado por Ferré, quien lo llamó Ejército de Reserva, por haberlo constituido cuando aún luchaba Lavalle con el segundo Ejército. Ferré pondrá al frente del mismo al general José María Paz, recién llegado a Corrientes tras haber sufrido diez años de prisión en las cárceles de Estanislao López y de Juan Manuel de Rosas. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

Pago Largo y los excesos y asesinatos de los rosistas estaban vivos en el recuerdo popular; las fuerzas de Juan José Pascual Echagüe, a las que Juan Lavalle daba como victoriosas en Sauce Grande, eran la seguridad de un nuevo martirologio que no se limitaría a los campos del sur del río Corriente donde las ruinas -todavía humeantes- de los poblados rurales daban la medida de la pasión(2).

(2) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

Las miradas se dirigieron al Gobierno. El era, con su conducta suave y contemporizadora, el responsable de esta situación de angustia y Pedro Ferré, para excusar una responsabilidad que leía en la mirada más modesta, dio su Proclama del 4 de Agosto de 1840, en que declaraba al general Lavalle “desertor de la provincia, por la defección a los deberes y compromisos contraídos solemnemente”.

Pero los instantes no eran de recriminaciones, ni correspondía a la voluntad correntina cruzarse de brazos ante la fatalidad y lo irreparable.

El 5 de Agosto de 1840, el P. E delegó las facultades ordinarias en Manuel Antonio Ferré(3) y se dirigió hacia la Villa de San Roque -lugar céntrico del territorio provincial- del que podía proveerse con éxito a un plan de resistencia.

(3) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987). Ed. Hyspamérica. Esta es la segunda vez que asume Manuel Antonio Ferré el P. E. como delegado, reemplazando a su hermano. Fue en Agosto de 1840, durante la visita del propietario a los Departamentos de campaña, como lo establece la Carta Constitucional. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

Con simultaneidad, advertido de que el general José María Paz venía a la provincia con un grupo de oficiales que abandonó el ejército, con pase o permiso del general Lavalle, citó al guerrero experto a aquel punto, abriendo comunicaciones con el presidente oriental y los agentes franceses.

Ante el primero, dirigió a J. Baltasar Acosta con instrucciones claras, incluso la de pasar “lisa y llanamente” por las condiciones que Rivera impusiera y de los representantes de Francia pidió la ayuda en efectos militares, tantas veces ofrecida y, sobre todo, que la escuadra no abandonase el puerto de Paraná para proteger al comercio correntino.

- Acuerdos con el presidente oriental Rivera. Intrigas

Baltazar Acosta -enviado correntino ante el Gobierno oriental- consiguió celebrar un Tratado con el presidente Rivera por el cual se le reconocía a éste como Director de la Guerra y se lo investía del mando militar de las fuerzas conjuntas.
“El ‘Pardejón’ se mostró muy conforme pero, como siempre, muy poco dispuesto a hacer por sus aliados algo que fuera realmente efectivo”, dice Castello(4).

(4) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Desde los primeros amagos del enemigo, Paz solicitó a Rivera que enviara alguna fuerza a Corrientes para auxiliarlo. El oriental accedió pero -como en otras oportunidades- faltó al compromiso y lo hizo también cuando al año siguiente Echagüe volvió a invadir Corrientes. Lo único que se consiguió de él, y no en forma muy abundante, fueron armas y municiones.

Cuando Ferré ratificó la Convención firmada con la República Oriental, el 27 de Agosto de 1840, hizo una salvedad muy importante que reafirma su patriotismo:

“El Gobierno de Corrientes se reserva el ejercicio pleno de todos los actos anexos e inseparables de la soberanía de la provincia y declara que la Convención no debe afectar en manera alguna los derechos que competan a la Nación Argentina, de que Corrientes es parte integrante”(5).

(5) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, p. 46. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Paz, que reconocía la necesidad de pedir ayuda a Rivera, trataba de contemporizar con él, a pesar de que no le inspiraba ninguna confianza. Le pedía órdenes como subordinado, cosa que el oriental rehuía dar para que no se notara luego su falta de cumplimiento.

Por fin Rivera le dijo que hacia el mes de Febrero de 1841 pasaría el río Uruguay, abriendo la campaña, pero a fines de Noviembre de 1841 -en que se produjo la batalla de Caá Guazú- ni se había movido de su campamento del Durazno.

Es más: Rivera trató de intrigar ante el Gobierno de Corrientes para desacreditar a Paz, quien le resultaba molesto como antes le había resultado Lavalle, pero Ferré, con muy buen criterio, no hizo caso a las intrigas y rechazó la renuncia que le quiso presentar el cordobés.

Pero las intrigas de todo calibre continuaron y no sólo por parte de Rivera sino también en el seno de los mismos correntinos enemigos de Rosas, movidos por rivalidades internas que lo único que hacían era esterilizar los preparativos para la lucha.

El 8 de Abril de 1841 llegaron a la capital el gobernador Ferré y el general Paz con el propósito de hablar francamente con todos los partidarios de la lucha contra Rosas y exhortarlos a deponer sus pequeñas rivalidades en aras del ideal común, pues refiere el mismo Paz que, además de los federales netos o rosistas, había en el bando liberal muchos que querían deponer a Ferré y le habían hecho insinuaciones a él para que los secundase en sus planes. Entre estos se encontraban los hermanos Madariaga.

Justamente Joaquín, como emisario de la oposición, ofreció a Paz toda la cooperación necesaria para el Ejército pero con la condición de que estos recursos no pasaran por las manos del gobernador pues temían que éste los empleara en ganar prosélitos en lugar de darles el destino que correspondía.

El general rechazó la propuesta, que equivalía a una sedición, pero aseguró que los fondos que se proveyesen tendrían el destino correcto, aunque sin privar al Gobierno de su administración.

El cordobés se congratuló de haber realizado este viaje a la capital pues logró el objetivo que se proponía: de uniformar los ánimos y los esfuerzos en la lucha contra Rosas.

Otra cosa que consiguió fue que se creara un periódico semanal, denominado “El Nacional Correntino” - apareció entre el 25 de Abril de 1841 y el 11 de Diciembre de 1842 - para que apoyara la causa, que fue puesto bajo la dirección del doctor Santiago Derqui y de Manuel Leiva.

Las intrigas no cesaron, hasta hubo negociaciones poco claras con Urquiza y Echagüe en las que estuvieron mezclados los hermanos Juan y Joaquín Madariaga y, por fin, Paz hizo publicar un Bando en el Ejército y en Curuzú Cuatiá -asiento de los Madariaga- imponiendo la pena de muerte al que mantuviera negociaciones con el enemigo o recibiese comunicaciones sin manifestarlas.

Rivera, que seguía desenvolviendo su plan de formar la Confederación del Uruguay con su patria, Río Grande del Sur, Corrientes y Entre Ríos, hizo conocer su disenso con el plan de Paz de invadir Entre Ríos, porque consideraba que esta provincia debía estar bajo su influencia y, alegando fútiles pretextos, denunció el Tratado de Alianza que había firmado con Corrientes, el 17 de Agosto de 1841.

Esto, en lugar de desesperar a Paz lo satisfizo, porque vio en ese Tratado solamente un estorbo para sus planes.

- Principio del Ejército de Reserva

En principio fue en Laguna Avalos -en el Departamento San Roque- donde se reunió el Ejército de Reserva. Los primeros soldados del futuro Ejército fueron veinte reclutas de Caá Catí y la escolta del gobernador.

Luego -antes de quince días- Ferré puso a las órdenes de Paz dos mil hombres y tres piezas de artillería, con las cuales se instalará en un campamento al sur del río Corriente, frente a Paso Nuevo.

Ante la inminencia de la invasión de Echagüe se acordó de defender -por el momento- dos puntos solamente: la Capital y Goya, en los que construyeron algunas fortificaciones. La situación estratégica del campamento facilitaba sostener dichas ciudades con los reclutas que a él llegaban, sin interrupción de todos los Departamentos.

Congregados -en primer término- los Comandantes Militares de los Departamentos con la milicia que pudo reclutarse en cada lugar, fueron reunidos luego todos los hombres útiles para el servicio militar y el general Paz -hábil organizador- dio a los elementos reunidos el carácter de unidad organizada.

Vinieron todos los varones útiles; los jóvenes de 14 a 18 años fueron incorporados a la infantería (Circular de Febrero de 1841) y de la población de las escuelas se remontó la oficialidad subalterna de las unidades, sujetas a discreta disciplina.

Muchas dificultades debió soportar el jefe cordobés, principalmente la falta de oficiales experimentados que lo secundaran en la tarea de organización. Dura lucha tuvo para organizar de la nada un Ejército al que denominaba “Ejército de Reserva”.

Dice el historiador Castello que esta denominación “despertó las sospechas de Ferré quien empezó a pensar que debía tener alguna relación con los planes de Lavalle y creyó en la conveniencia de hacerlo vigilar, no fuera también a llevarse a los correntinos y a dejar indefensa nuevamente a la provincia”(6). Sin embargo, otros historiadores señalan que este Ejército -también levantado por Ferré- fue denominado "Ejército de Reserva" por el mismo gobernador, por haberlo constituido cuando aún luchaba Juan Lavalle con el segundo Ejército correntino.

(6) Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

- Hostilidades en la frontera del Mocoretá y el Guayquiraró

La alarma de la invasión cundió pronto, a causa de las hostilidades iniciadas por el indio Tacuabé -en la frontera del Mocoretá- y por Bailón Cabral, sobre la del Guayquiraró.

El día 7 (Agosto de 1840) llegó al gobernador el informe temido: Bailón Cabral -caudillo rosista- nacido en Corrientes, invadía la provincia por el Guayquiraró, mientras otro guerrillero -el indio Tacuabé- lo hacía por el Mocoretá, marchando hacia La Cruz, en la zona del Uruguay. La noticia galvanizó al pueblo y lo lanzó a la acción enérgica.

El 9 de Agosto de 1840, Ferré y Paz se entrevistaban en San Roque, echándose las bases del plan de resistencia y, puestos de acuerdo, el P. E. decretaba -al día siguiente- la formación de un Ejército de Reserva nombrando al general Paz, Jefe de todas las fuerzas correntinas, cuyas órdenes debían ser cumplidas en toda la provincia.

Luego, y desde el campamento en la Villa de San Roque, el gobernador titular proclama a su pueblo:

“Un acontecimiento extraordinario -decía- vuelve a excitar nuestro patriotismo; la fuerza correntina con que contábamos para nuestra defensa se ha lanzado contra nuestros mismos enemigos a la banda occidental del río Paraná; tal es el fuego de venganza que los anima contra la tiranía.
“Y nosotros, con este ejemplo tan elocuente, ¿seremos fríos espectadores de la invasión que nos amenaza?”.

Las órdenes circularon con rapidez y todos pusieron en el empeño su mejor buena voluntad. El invasor Cabral, que creía encontrarse ante un pueblo inerme, no pasó de la zona de Sauce -el más meridional de los Departamentos correntinos- y Tacuabé, que había llegado hasta La Cruz, fue vencido y disperso. Blas José Márquez, Comandante Militar de este pueblo interpretó, en una Proclama que circuló profusamente, el sentimiento de optimismo que arrastraba a los espíritus:

“Tenemos -decía- todos los elementos para triunfar de nuestros enemigos y sólo falta de aquél que tenga honor de ser correntino, una parte activa en la defensa de su país pues, el Superior Gobierno tiene ordenado que todo aquel ciudadano que así no lo haga, sea considerado y tratado como verdadero traidor”(7).

(7) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

Estas primeras hostilidades terminaron felizmente, ya que bastaron para derrotarlos los escuadrones colecticios(8) de La Cruz, Curuzú Cuatiá y Sauce.

(8) Es decir, cuerpo de tropa compuesto de gente nueva y sin disciplina.

En tanto, por cuenta del Estado se adquirieron -del general Fructuoso Rivera- elementos de guerra, produciéndose una serie de medidas enérgicas calculadas todas a prestigiar la resistencia:

* se nombra Comisario General de Guerra del Ejército a Tomás Luis Conde y, en el mismo cargo, en un carácter general, a Ramón de Galárraga;
* Abastecedor General a Pedro Gómez de la Fuente;
* se incluyó en las Ordenanzas militares a los ciudadanos que revistaban en el Ejército, sea cuál fuere su gestión;
* se declaró carga del Estado la protección a los emigrados que se refugiaran en la provincia y a sus familias;
* se envió a todo hombre útil a las fuerzas que se disciplinaban en San Roque; etc, y como todo no había de ser severidad,
* reglamentóse el horario de las casas de comercio para suprimir -en lo posible- la vigilancia policial -que absorbía atenciones- y se dispensó del pago del diezmo de cuatropea y frutos por 1841.

- Paz traslada su campamento a Paso Nuevo

Después de estos sucesos trasladó el general Paz su campamento al sur del río Corriente, frente al Paso Nuevo; tenía -ya entonces- 800 hombres y eran los fines de Agosto de 1840.

Además de armas de fuego, de municiones, de pólvora y de dinero, faltaban caballos en buen estado; Lavalle había llevado en gran cantidad los mejores y la sequía de aquel año impidió que los dejados, engordasen. Paz tomó cuánto encontró, bueno y malo(9).

(9) Párrafo de carta de Ferré a Paz: “En lo relativo a caballos, debo decirle que los de los Departamentos de este lado del río Corriente se hallan muy extenuados, a no poder servir. Vd. debe tomarlos de esos Departamentos sin reparar de quién sean y aún valiéndose de la fuerza. Sin embargo, ahora mismo he dirigido una Circular a los comandantes para que le provean de los caballos que se hallen en estado de servicio” (Septiembre 1 de 1840). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 158. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Para el 23 de Agosto (1840) ya se habían puesto a las órdenes del gran estratega, dos mil hombres y tres piezas de artillería, con los que marchó hacia el sur del río Corriente, constituyendo el plantel del Ejército de Reserva, acontonándose en Malvinas (Departamento Esquina).

- Invasión de fuerzas de Entre Ríos

Hacia el mes de Septiembre de 1840 llegó al campamento la temida noticia de que el enemigo había comenzado la invasión a la provincia con una vanguardia de más de mil soldados al mando del general Servando Gómez. El 12 de Septiembre (1840), el general Pascual Echagüe -al frente de sus fuerzas- invadía la provincia llegando hasta Mojones (Goya).

Es que mismo tiempo que el plantel del Ejército correntino se establecía en el sur, el general oriental Servando Gómez -al servicio de Rosas- penetró en la provincia por Sauce al mando de mil hombres aguerridos y marchó rápidamente por la costa del Paraná con el propósito visible de ocupar Goya.

Las guerrillas de milicianos reclutas, armados los más con lanzas, no le contenían; protegieron, sin embargo, la retirada de las familias que emigraban aterrorizadas. Las fuerzas correntinas no estaban todavía en condiciones de hacerles frente y su comandante decidió entonces pasar al norte del río Corriente para situarse en una posición que le permitiera, por lo menos, defender la Ciudad de Goya y la Capital.

Paz repasó precipitadamente llevando -a más de sus tropas inmediatas- los escuadrones López Chico y Paiubre, destacados hasta entonces sobre el Mocoretá y ocupó una posición desde la cual cubría la capital y podía sostener a Goya.

Gómez vadeó el río Corriente -en el Paso Platero- pero no avanzó, esperando la incorporación de Echagüe, cuya vanguardia formaban sus fuerzas, no teniendo entonces barrera que se le opusiera, aunque se limitó a correrías de poca importancia esperando que llegara el Ejército de Echagüe.

El general Paz, situado a dos leguas de Goya, ordenó el desalojo de esta ciudad(10) para aumentar sus tropas con la guarnición de ella, retirándose después a “Paso del Rubio”, al norte, con el propósito de disponer operaciones más serias que las guerrillas desplegadas hasta entonces; disponía de 1.200 hombres.

(10) Las familias que desearon abandonar la población fueron transportadas a la capital en buques mandados expresamente por el Gobierno, a costa de éste. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 158. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Echagüe retrocede a su provincia

El general Paz -con el Ejército de Reserva- pasó al norte del río Santa Lucía en busca de posiciones pero, luego volvió sobre sus pasos para picar la retaguardia del invasor que, imprevistamente, retornaba a Entre Ríos.

Echagüe se había reunido a Gómez a principios de Octubre, con mil hombres(11) de las tres armas. Insignificantes encuentros ocurrieron antes. En número y clases de tropas tenía el general de Rosas inmensa superioridad sobre Paz; ninguna barrera los separaba; sin embargo, en vez de atacar aquél al Ejército correntino -que le esperaba tranquilo- no obstante sus deficientes elementos, al cabo de unos días de inacción emprendió precipitada retirada hasta Entre Ríos dando por causa la aparición del general Lavalle en Santa Fe.

(11) Mantilla cita mil hombres. Sin embargo, Castello señala que “en los primeros días de Octubre (de 1840), el general Echagüe se había unido a Gómez y sus fuerzas superaban los dos mil hombres pero, entonces -inexplicablemente para Paz- se retiraron hacia Entre Ríos cuando podían haber llevado a cabo una ofensiva exitosa. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Es que Echagüe -tras algunos encuentros menores- tuvo que retroceder hacia su provincia, porque Lavalle estaba a punto de ocupar Santa Fe, lo que efectivamente éste hizo: la Ciudad de Santa Fe fue tomada a viva fuerza el 29 de Septiembre de 1840 y toda la guarnición quedó prisionera.

Tras la sorpresa del alejamiento de su enemigo, Paz sabrá luego que había sido la aparición de Lavalle en Santa Fe -después de su retirada de Buenos Aires- la que decidió al gobernador entrerriano a regresar a La Bajada ante el peligro de que pudiera ser nuevamente invadida por el segundo Ejército correntino.

A más de este último suceso, influyeron para la retirada de Echagüe ciertos movimientos aparatosos de Rivera sobre la costa del Uruguay, acompañados de Proclamas entusiastas. Pero Rivera, lo que esperaba era una victoria de Paz para decidirse a actuar sobre Entre Ríos.

Por el momento se había salvado Corrientes, la que podía seguir organizando las fuerzas que la defendieran. El general Paz retornó al sur del río Corriente y estableció su campamento en la costa del arroyo Villanueva, segunda Sección del Departamento Paiubre -hoy Mercedes- organizado en 1840. Allí licenció temporalmente una parte de las fuerzas para disminuir los gastos del sostenimiento de ellas y también darles algún descanso.

El peligro inmediato había desaparecido, era de verdadera miseria el estado del Erario, la prolongada guerra pesaba con dureza sobre la provincia y se imponía como consecuencia la medida adoptada(12). 

(12) Decía Ferré a Paz en cartas de fecha 7 y 21 de Noviembre y 5 de Diciembre de 1840: “Las Cajas no tienen ni para ocurrir a la subsistencia y el comercio está en tanta languidez que para la extracción de frutos ha sido preciso conceder moratoria para el pago de los derechos, porque no tiene fondos ni para ésto. No puedo ser más económico. No es posible manejar las Rentas con más pureza. Pero nada es bastante, porque el mal está en que no hay dinero, ni poco ni mucho. Necesitamos pasar de cualquier modo este mes con la esperanza de que en todo él vendrá algún auxilio. Ayúdeme a entretener al Ejército, sin que se desaliente o se resiente su moral por la escasez que sufra. La buena carne es lo único que se da al soldado; pero esto mismo presenta serias dificultades al abastecedor. De este lado del río Corriente no hay vacas ni novillos en buen estado porque, a más de haber llovido tarde, los campos no son buenos de pastos; hay que buscarlos de aquel lado del río Corriente y del Miriñay. Le aseguro que no hay en el Almacén ni dos arrobas de pólvora”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 158. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Temor por la inclinación a la deserción

Entretanto el Ejército de Paz aumentaba día a día con hombres que llegaban de los distintos Departamentos, aunque el 8 de Septiembre de 1840 experimentó una desafortunada acción: su vanguardia, compuesta por contingentes de Goya e indios cristianos de Santa Lucía -al mando del comandante Manuel Díaz- fue sorprendida por el enemigo y a los primeros tiros huyó a todo escape sin presentar resistencia.

Ni uno solo de los desbandados fue a dar la noticia de lo sucedido al grueso del Ejército, ni siquiera el comandante, enterándose Paz del suceso por un vecino. Con respecto a la tendencia a la dispersión de los correntinos es interesante lo que dice Paz:

“Tienen los correntinos una fuerte inclinación a dispersarse y aún no deja de haber algunos que desean una derrota para entregarse a excesos que, en un orden regular, no podían quedar impunes (...).
“Combatiendo yo esa propensión, había dicho que borraba de nuestro diccionario militar las palabras ‘derrota’ y ‘derrotado’, que no quería oírlas y que le aseguraba que si se sujetaban a mi dirección nunca se verificaría su fatal significado.
“Al día siguiente de este pequeño desastre se me presentó un comandante Zamudio, hombre de edad, honrado, bueno y grave, a darme el Parte de que se le había presentado un soldado ‘desatinado’.
“Creí que era algún demente, y le dije:
- ‘Pues haga usted que lo vea un médico’.
- ‘No, señor general, pues si es un hombre ... pues ... desatinado’.
- ‘Por lo mismo digo, que vaya al hospital’.
- ‘Si no está enfermo señor’.
- ‘Pues, ¿qué tiene entonces?’
“Después de varias explicaciones llegué a comprender que era uno de los dispersos del día antes y que por cumplir con mi orden no quería usar la palabra ‘derrotado’, a la que había sustituido con la de ‘desatinado’.
“Dio mucho que reír este ‘quid pro quo’, y se conservó la memoria por mucho tiempo”(13).

(13) José María Paz. “Memorias Póstumas”, segunda edición, tomo II, p. 354, Buenos Aires. Editorial Trazo. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

- Redoblando esfuerzos, Paz instala su Cuartel General en Villanueva

Paz tuvo unos meses más para reorganizar el Ejército a su mando. Desaparecido el peligro, instaló su Cuartel General en Villanueva (en las cercanías de Mercedes), llevando su vanguardia a Curuzú Cuatiá, puesta a las órdenes del general Madariaga. La frontera con Entre Ríos no quedó tranquila hasta Noviembre de 1840, consiguiendo -además- la incorporación de algunos oficiales de carrera venidos desde Montevideo.

El cordobés redobló sus esfuerzos en la preparación de su ejército en el campamento de Villanueva, a orillas del arroyo del mismo nombre que sirve de límites a los Departamentos de Mercedes y Curuzú Cuatiá.

Allí tuvo la alegría de recibir una primera partida de soldados correntinos, a las órdenes del capitán Timoteo Villanueva que, luego de la derrota sufrida por Lavalle ante Oribe en Quebracho Herrado, en Córdoba, había atravesado el Chaco y retornado a su provincia, yendo a incorporarse inmediatamente al nuevo Ejército.

Así se incorporaba al Ejército la primera partida de soldados proveniente de las fuerzas del general Lavalle, derrotadas en Quebracho Herrado que, cruzando el Chaco volvían para la defensa de sus hogares a las órdenes del citado capitán Timoteo Villanueva. Penetraron a la provincia cruzando el Paraná por Punta El Rubio, actual Departamento Lavalle.

El Ejército de Reserva continuaba su organización. En el campamento y fuera de él todos trabajaban: las mujeres humildes confeccionaban ponchos para los soldados y las de las clases acomodadas cosían los estandartes y banderas, las divisas de los soldados y también los hilos y vendas para el Cuerpo de Sanidad.

Por Circular del P. E. (14 de Abril de 1841), las mujeres de las clases modestas iniciaron la factura de ponchos para la tropa y las de la clase culta confeccionaban los estandartes y las banderas de las nuevas unidades, las divisas para los guerreros e hilas(14) y vendas para el Cuerpo de Sanidad.

(14) Transformaban una fibra textil en un hilo continuo cohesionado y manejable.

En Agosto (1841), una epidemia en el campamento de Villanueva puso a prueba los sentimientos humanitarios y se enviaron remedios y regularizó la asistencia de los enfermos bajo la dirección del doctor Acuña.

El 25 de Noviembre de 1840, tropas correntinas, a las órdenes de los generales Madariaga, que recibieran la misión de avanzar sobre aquel territorio para el jaqueo de las unidades de Echagüe, acuchillaban en Mandisoví a una fuerza de caballería, comandada por el coronel Pablos, superior en número, retornando luego al cuartel de vanguardia, en San Gregorio (Curuzú Cuatiá).

Recién entonces una “Orden General” (día 27 de Noviembre de 1840) hizo público el afianzamiento del orden político que presidía Pedro Ferré, con la pacificación de la frontera y el alejamiento de sus “salteadores”.

- La nómina

El total del Ejército de Reserva -en vísperas de Caá Guazú- alcanzaba a 3.200 plazas. Según los estados del Archivo de la provincia, que el doctor Mantilla sintetiza hábilmente, esos 3.200 hombres estaban ordenados en seis divisiones, a más del Cuartel General, Estado Mayor, Escolta y un piquete de Santa Fe.

Mandaba la primera división el general Angel M. Núñez, y la formaban los escuadrones Paiubre, Seis de Octubre, Uruguay, Ituzaingó y Curuzú Cuatiá.

La segunda división tenía por jefe al general Vicente Ramírez y estaba compuesta por los escuadrones Terrible, Santa Lucía, Unión, Vengador y Esquina. El coronel Faustino Velazco era el jefe de la tercera división, formada por los escuadrones Libertador, Goya, General López Chico y Piquete de Santa Fe.

La cuarta división estaba a las órdenes del coronel Federico Báez y la componían los escuadrones Tuyuné y Berón de Astrada. El coronel José Manuel Salas era el jefe de la quinta división, formada por los escuadrones Constante y Vencedor. La sexta división se denominaba “División de Infantería”, y comprendía de un escuadrón de artillería y los batallones de los Cazadores de la Libertad, Guardia Republicana y Voltigeros Republicanos.

Completaban la distribución dada al ejército: el Cuartel General, el Estado Mayor, el Escuadrón Escolta, el Cuerpo de Sanidad y la Compañía de Guías. Los cañones eran cinco, de calibres 1, 2, 4 y uno de 12, con escasas municiones.

Eran jefes de las unidades aludidas -y en el orden enunciado-: el teniente coronel Joaquín Madariaga, teniente coronel Cesáreo Montenegro, sargento mayor Benjamín Virasoro, teniente coronel Manuel Hornos, teniente coronel Juan Madariaga, sargento mayor Francisco A. Ledesma, comandante Simeón Paiva, teniente coronel Antonio Borda, teniente coronel Bernabé A. Esquivel (a) “Chiquillo”, sargento mayor Andrés Ricarde, teniente coronel Diego Brest, capitán Mariano Rodríguez, sargento mayor Manuel A. Merlo, teniente coronel Santiago Oroño, teniente coronel Seferino Sánchez, teniente coronel Juan de la Cruz Masdeu, teniente coronel Manuel Ocampos, sargento mayor Juan Quevedo, capitán Emilio Pizard, teniente coronel Felipe López, sargento mayor Miguel Virasoro, sargento mayor Felipe Martínez, jefe del Estado Mayor, coronel Indalecio Chenaut, teniente coronel José Benigno Cañedo.

Estaba agregado a la Escolta un pequeño piquete de santafesinos, mandado por el teniente coronel Juan M. Aldao. Primer cirujano, doctor José G. Acuña; segundo, Dionisio Cabiedes. También prestó sus servicios, el doctor Pantaleón Benítez.

Comandaba a los “guías”, el capitán Juan G. Acuña (a) “Mocito”.

- Ferré en la Capital. Gestiones políticas

El gobernador Ferré ya se encontraba en la capital. El 14 de Septiembre de 1840 había llegado a ella asumiendo todas las facultades del P. E., para aplicar las energías que antes puso al servicio de la defensa militar en la gestión política.

A fines de Abril (1841), se recibieron por el gobernador Ferré comunicaciones del general Lamadrid (29 de Marzo de 1841), venidas a través del Chaco, en que daba a conocer los sucesos acaecidos en las provincias del Norte, la organización de la Liga, la marcha de Lavalle sobre La Rioja, etc.

Poco después avisa que marcha sobre Catamarca al frente de cinco mil hombres, llevando entre sus fuerzas al comandante Abalos (30 de Abril de 1841), oficiales y tropa, que antes revistaran en el Ejército correntino, comunicados que reitera a principios de Mayo de 1841.

Entonces, los Oficios los trae el comandante Manuel Vallejos, asistido por el teniente Manuel Saldana -de Entre Ríos- y un grupo de clases (10 de Mayo de 1841), viniendo de vaqueano Narciso Vallero.

La misión fue aprovechada por el Teniente de Gobernador de Orán, José L. Echazú, para abrir comunicaciones (15 de Junio de 1841) con el gobernador Ferré, en el sentido de iniciar la navegación del río Bermejo, para cuya obra de progreso recomienda al vaqueano, teniente Vallero. El funcionario salteño había ayudado a los comisionados con elementos de toda naturaleza, incluso las canoas de que debieron proveerse.

- El gobernador Juan Pablo López defecciona de la causa rosista

Por entonces, el general Juan Pablo López había defeccionado de la causa rosista y, suscripto un Tratado con Corrientes. El gobernador santafesino había iniciado contactos con los opositores a Juan Manuel de Rosas desde principios de 1840. Pero, desarmado por Lavalle primero y por el coronel Jacinto Andrada después (que se había marchado al Interior con Oribe), no se atrevió a sublevarse contra el gobernador bonaerense.

Creyó llegada su oportunidad a fines de Octubre de 1841, cuando López acreditó un enviado ante el Gobierno correntino para acordar sobre asuntos de Estado que se relacionaran con el orden político(15).

(15) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

Fue designado el coronel José Ramón Ruiz Moreno quien, trasladándose a la provincia inició las conversaciones.

Como ellas implicaban colaboración militar, se llevaron las conferencias al pueblo de Saladas, inmediato al campamento del general José María Paz, trasladado ya al oeste del río Corriente, en paraje inmediato a Caá Guazú, representando al gobernador Ferré, el doctor Santiago Derqui.

Más de 20 días antes de Caá Guazú y fruto de aquel negociado fue la Convención del 5 de Noviembre de 1841, establecida “para derrocar al sangriento tirano de Buenos Aires y sus sostenedores, restituyendo por este medio la paz y libertad de la República”, acuerdo que formalizó una Alianza con Corrientes(16).

(16) Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe” (1988), pp. 282-283. Ed. Plus Ultra.

Así, quedó contratada una Alianza ofensiva sobre la base de la unión contra Juan Manuel de Rosas y con el objeto de lograr la paz, libertad y organización de la República. El Gobierno de Santa Fe retiraba a Rosas las facultades delegadas sobre relaciones exteriores, declarando que éste había traicionado la confianza de los pueblos argentinos.

En cuanto a la manera de obrar de ambos Gobiernos -tanto defensiva como ofensivamente- se estipulaba debía ser objeto de Acuerdos parciales, conforme a las circunstancias. Debía ratificarse, por Corrientes, dentro de los tres días y, por Santa Fe, dentro de los treinta, canjeándose los ejemplares en el pueblo de Bella Vista.

El gobernador Ferré la ratificó el 6 de Noviembre, desde Saladas, y el gobernador Juan Pablo López el 25 del mismo, por decreto fechado en Santa Fe.

Como Corrientes encomendara de todo lo referente a combinaciones y medidas de guerra al general Paz, el coronel Ruiz Moreno -antes de retornar a Santa Fe- pasó a su Cuartel General para establecer la cooperación de los aliados en el caso de la derrota de Echagüe o de su retirada a Entre Ríos.

Para este Acuerdo, la única exigencia de Santa Fe fue la cesión de embarcaciones de guerra que se pusieron a su disposición en el puerto de Bella Vista y si Corrientes se hizo cargo de otra contribución -en efectos- lo hizo con carácter oficioso. Lo fundamental para el gobernador Juan Pablo López era la marcha inmediata del Ejército de Reserva a Entre Ríos para que, al ocupar Paraná, Echagüe no se lanzara sobre él.

El canje de las ratificaciones del Tratado se hizo el 6 de Diciembre de 1841, en Bella Vista, representando a Santa Fe el coronel Ruiz Moreno y, a Corrientes, el Sargento Mayor José Garrido.

Este Tratado Corrientes-Santa Fe, que documenta el sentido netamente argentino de Caá Guazú, no ha sido bien situado en el drama histórico por quienes lo comentaron. Se realiza el 5 de Noviembre de 1841, cuando Echagüe está sobre el río Corriente en espera de la batalla (que se da el 28); documenta el propósito de Juan Pablo López de pronunciarse contra el dictador, con data a los últimos días de Octubre (1841) en que designa al comisionado negociador y advierte del plan de atacar a Entre Ríos, aprovechando que Echagüe y su ejército se encontraban sobre el río Corriente.

Nos dice de la convicción de López de que su poder militar era suficiente para ocupar, en esas condiciones, a Entre Ríos, a pesar de las fuerzas que a las órdenes del general Justo José de Urquiza estaban sobre el río Uruguay, para evitar una invasión del presidente, general Rivera.

La batalla no se había dado; como reclamaba el avance del Ejército de Reserva en el caso de “derrota de Echagüe o de su retirada sobre Entre Ríos”, es lógico concluir no se creía en la victoria de las fuerzas que sostenían a Rosas.

Pareciera que tales circunstancias dibujasen un plan de operaciones que haría de López el eje de la acción contra la dictadura: tomar Paraná, dominar el río con un poder naval suficiente y luego contar con el Ejército de Reserva para batir a Echagüe, que se pondría en retirada en cuanto él invadiese Entre Ríos, resultan las consecuencias posibles de esta Alianza.

Lo afirma el hecho de que el 1 de Diciembre de 1841 el gobernador de Santa Fe se pronuncia contra Rosas, tomando medidas para cortar las relaciones de Buenos Aires con el ejército de Oribe, que operaba en el Interior de la República.

Pero el pronunciamiento no impidió que Rosas enviase elementos de guerra, embarcados, a Urquiza, que había quedado en Entre Ríos, al que luego se agregaron los restos de los derrotados de Caá Guazú.

Si tenemos presente que Caá Guazú se da el 28 de Noviembre de 1841 y que López se pronuncia dos días después -presumiblemente sin conocer la victoria- el plan que sospechamos resulta de mayor claridad.

Esta misma simultaneidad de fechas nos dice que Corrientes, al aliarse con Santa Fe, no modifica su política ni el propósito de batir a Echagüe. No espera el pronunciamiento de López ni la ocupación de Paraná, que pondría en retirada al invasor. Envía los barcos armados en guerra, pero dá la batalla. En otras palabras: logra documentar su programa de “Libertad y Constitucionalidad” como fundamento de su acción militar.

Tal vez el general Paz, en su carácter de conductor militar de las operaciones, hubiese dudado del éxito del gobernador de Santa Fe y jugó la carta de Caá Guazú. En ese caso, habría estado en lo cierto. López no cruzó el Paraná; dio tiempo a que el 29 de Enero (1842) el general Ramírez, al frente de fuerzas correntinas, levantara la bandera de la libertad en la capital de Entre Ríos. El gobernador de Santa Fe contó, entonces, con el apoyo que había gestionado.

Era el momento de convenir la acción coordinada contra la dictadura y el gobernador Ferré solicitó permiso para ausentarse de la provincia, obteniéndolo por ley del 10 de Febrero. Disponía ésta, que el gobernante conservara, fuera del territorio de Corrientes, el mismo carácter oficial de que estaba investido, con las facultades todas del cargo, autorizándoselo a nombrar un delegado durante su ausencia, con las facultades que considerara conveniente fijarle.

- El sentido netamente argentino de la acción

Hasta Octubre de 1840, Corrientes, como la emigración argentina que resistía desde Montevideo, el poder de Juan Manuel de Rosas habían contado con el apoyo de Francia.

No era una colaboración contratada ni regularmente cumplida, sino una coincidencia entre poderes militares empeñados en fines paralelos. No comprometían la libertad argentina ni ponían sombra alguna en los esfuerzos cumplidos.

Basta leer las Instrucciones que Ferré dá a su agente Amado Bonpland (15 de Octubre de 1840), enviado a Montevideo (Colección Documental, Ley Nro. 732, tomo II, p. 278) para advertir la insignificancia del aporte.

Pero esta colaboración -que ha dado pie a reservas mentales en algunos historiadores, no totalmente informados- no está en la jornada que estudiamos.

El 29 de Octubre de 1840, el barón de Mackau firma -por el rey francés- con Rosas, la Convención que levanta el bloqueo de los ríos y lo reconoce de hecho como Encargado de las relaciones exteriores de la Confederación e incluye en el Tratado un procedimiento de amnistía y de pacificación para los que resisten la dictadura.

Corrientes se alza indignada. El Decreto (25 de Noviembre de 1840) del gobernador Ferré parece escrito en bronce, para desmentir a los que imputan traición al pueblo e hicieron, hace dos años, silencio, en el centenario de Pago Largo:

“El vicealmirante -dice- ha llamado sobre sí la indignación y el desprecio de los argentinos... La infame pretensión de desarmar a los defensores de la libertad con la oferta de un perdón que no debía creerse adoptable, ha venido a agitar nuevamente en ellos el ardoroso entusiasmo con que combaten la tiranía.
“Los pueblos de la República, puestos ya en pie para defender los principios que proclamaron el año 1810 y sostuvieron con tanta gloria, no pueden dejar de arrojar una mirada de desprecio sobre el hombre que ha tenido la fatuidad de pedir para ellos un perdón que sólo necesita el sangriento tirano de quien lo ha solicitado y con quien celebró el Tratado del 28 de Octubre.
“Los Ejércitos de la provincia, Libertador y de Reserva, tocan ya con sus lanzas ese poder despótico ante quien ha querido humillarlos, el vicealmirante Machau; ellos y los de nuestros aliados podrán ser deshechos pero no perecerán sin honor ni serán desarmados por tan ridícula y cobarde maniobra”.

Con estos fundamentos se declaraba que Corrientes “nunca capitulará con la tiranía ni sus sostenedores” y que no existía otro medio para terminar la lucha que el de las armas.

Pero si el Tratado de Mackau documenta que Corrientes no servía los intereses de Francia, sino que coincidían en la lucha por sus intereses, no era menos exacto que el reconocimiento de Rosas por este país -como Encargado de la Confederación- ponía (en la valorización política que las naciones extranjeras hacían de las cosas del Plata) elementos nuevos.

Coincidió esto con un Oficio del general Rivera (3 de Agosto de 1841) en que informaba de la mediación del Gobierno inglés, pero dando seguridades de que no faltaría a sus compromisos públicos.

Entonces Ferré designó (7 de Agosto de 1841) Agente Extraordinario de Negocios de la provincia a Julián Paz ante los tres agentes de negocios de otras tantas naciones europeas, residentes en Montevideo.

La Instrucción, de dos artículos, indicaba que si estos representantes intervenían en los negocios de la República Argentina, debían representar y defender los derechos de Corrientes, sosteniendo la política de su Gobierno y de las libertades, hasta protestar de los actos que la ofendiesen o menoscabasen.

La posición de Corrientes frente al Tratado de Mackau fue la del general Lavalle, en el momento de serle notificado de la amnistía para los que aceptaban la paz, y de las ventajas personales que el agente de Francia le ofrecía. En este concepto, el valiente jefe del segundo Ejército de Corrientes, sin enlace alguno en aquel momento con los poderes políticos del solar nativo de sus soldados, interpretaba el sentido de sacrificio del pueblo a cuyos varones en armas conducía.

- El programa de liberación y constitucionalidad en la jornada de Caá Guazú

Cuando se medita en las consecuencias que el embarque del segundo Ejército correntino pudo producir en la provincia, al dejarla inerme frente al poder militar de Echagüe, es indudable que la llegada del general José María Paz a Corrientes y la creación del Ejército de Reserva deben ser valorizados como actos de conservación del patrimonio común y de la vida.

La dictadura estaba en la plenitud de su poder. Francia había reconocido a Juan Manuel de Rosas como poder de facto de la Confederación y las consecuencias del bloqueo de los ríos que desaparecen para él con el Tratado Mackau subsisten para las provincias, porque Rosas los cierra con la reglamentación de la bandera y del comercio.

Naturalmente, fueron actos al margen de la legalidad, pero hechos operantes que pocos años después van a originar el segundo bloqueo. Al “poder” de encadenar, clasurando las rutas fluviales, la economía de las provincias, unía el material abundante y el repuesto fácil del parque de sus ejércitos...

Los fusiles, la pólvora, las piedras de chispa, los cañones más perfeccionados, los sables de las caballerías y el acero de las bayonetas, eran difíciles, por su número y precio, para los enemigos de Rosas. Venían por los caminos más largos, cruzando el Brasil o la cordillera, en el Oeste, recargados por comisiones enormes y a los precios de un trueque de contrabando.

Para los “parques” del dictador estaba el Puerto de Buenos Aires, el comercio por Patagones y las divisas del trueque internacional restablecido.

Las lanzas de los opositores al rosismo eran de tacuara, con hojas de tijera, aros de hierro afilados o chuzas trabajadas en los yunques de las herrerías. El armamento de Rosas, uniforme en las unidades de sus regimientos, les daba una eficacia técnica que debían compensar los otros a puro corazón y sacrificio.

Junto al “poder” material de la dictadura, estaba el exceso con que ese poder era ejercido. Si las crueldades de Pago Largo abrieron el libro del horror, los actos posteriores pusieron en el cuadro las sombras del infierno.

No vamos a presentar -una vez más- el cuadro del país aterrorizado. El detalle de tal o cual escena de crueldad se oscurecía con lo ocurrido en las expediciones de castigo. La invasión era, entonces, más dolorosa o tan dolorosa como el malón de los “pampas”.

La historia consigna el nombre que traduce con exactitud el carácter de una expedición de está naturaleza: se invitaba para una “california”, que era la posesión sin límites del terreno y del pueblo vencido.

Las crónicas de los excesos por la conquista del oro, en California, habían circulado en América del Sur con todo el horror de la literatura romántica de los cronistas mexicanos. En nuestros días, el cine reproduce la sombra de aquellos días, en los grandes filmes documentales del Oeste norteamericano, y lo hace con un sentido discreto y dignificador del orden.

Pero la realidad de la “California” de 1840 era otra; era el exceso en todo, el poder en su máximo y el abuso en toda su miseria. Los mestizos de las selvas de Montiel -descendientes de las indiadas de Mandisoví- tenían la visión cierta de estas empresas, que habían ejecutado en los vecindarios de Cambay y San Roquito.

No eran una novedad, por cuanto Sauce y Esquina las habían sufrido a fines de 1839 y principios de 1840. Nada había quedado en pie de estos vecindarios y, en el último, violentada la iglesia modesta donde se refugiara la población inerme, se epilogó la escena con el espectáculo de su Imagen (Santa Rita) enlazada por el gauchaje enfurecido que, en violentas carreras, pujaba por arrebatarla con otros lazos en fantástica competencia.

Sobre estas circunstancias que accionaban en la sociedad de entonces, que se comentaban en los hogares sin distinción de clases, que estaban en el fondo de las preocupaciones de las padres, en las reflexiones de los ancianos, que hacían del niño un hombre, porque fluían fuerzas del espíritu y ponían en todos los corazones la nota de la emoción para el sacrificio, el pueblo de Corrientes dio todo lo que tenía y creó un nuevo Ejército.

Va siendo conocida la documentación de ese máximo de esfuerzo con respecto a determinados vecindarios de la provincia. Ella confirma una crónica generalizada, dando a los conceptos absolutos -usados por sus autores- el instrumento escrito que prueba cuánto se puso en esa tarea de crear el ejército de Caá Guazú, con la congregación completa de los varones útiles mientras, con niños de las escuelas, se renovaba la oficialidad, dándoseles instrucción en el paraje Malvinas (Departamento Esquina), por el propio Paz (el P. E., en 1929, dispuso se organizase un parque histórico conmemorativo en el paraje).

Si alguien valorizase la tarea de organización militar de 1841 como de personalísima defensa de la provincia, asegurando que el Ejército de Reserva no tuvo más propósitos que amurallar el solar correntino, diría algo cierto que no admite censura.

Eso está escrito en el detalle de cuánto se hizo para formarlo y ningún argentino de aquella década -que accionaba en la realidad cierta de su angustia- podía pedir otra cosa que la conservación del territorio libre de Corrientes como seno fecundo de otras empresas en condiciones mejores de éxito.

Sin embargo, Corrientes no se encerró en sí misma, desentendiéndose del destino de la Nación. A las relaciones abiertas con las provincias que formaron la Liga del Norte, correspondió la misión encomendada (el 12 de Agosto de 1841) al doctor Francisco Solano Cabrera, con Instrucciones detalladas y generosas, en que Corrientes reclamaba su lugar como representante “de la Revolución de la Libertad y los principios contra la tiranía”, “sin color político alguno, que no sea el de la Nación”.

El desmoronamiento de la Liga del Norte restó la posibilidad de una empresa común, en la que Corrientes -por la vía del Gran Chaco- habría servido de enlace con el exterior, pero no la aisló en el Nordeste litoral.

Una política generosa y fraterna con el Paraguay arrancó a este país del aislamiento en que se había encerrado desde 1811, con los dos Tratados suscriptos en Julio de 1841 sobre amistad, comercio, navegación, límites e igualdad de derechos para sus naturales; y la alianza con Santa Fe echó las bases de la obra política que se anhelaba.

Referimos al Tratado que los representantes de Corrientes y Santa Fe firman en Saladas, el 5 de Noviembre de 1841, en que se estipula una Alianza ofensiva y defensiva en base a la unión contra el Gobierno de Rosas, y la paz, la libertad y la organización de la República, conforme al libre voto de sus pueblos.

Este Acuerdo, claro y sincero, en que Corrientes acciona antes que para recibir ayuda, para darla, porque cuenta con el Ejército de Reserva y su conductor experto, es la documentación de una política a ejecutarse por sus soldados y sus generales. Se firma, el 5 de Noviembre de 1841 -veintitrés días antes de la victoria de Caá Guazú- cuando los ejércitos estaban enfrentados y el comandado por Echagüe era víctima de los manejos tácticos de Paz.

Mientras las armas buscaban el momento del encuentro ventajoso, los civiles del Gobierno, representantes de la soberanía, establecían la base política de la acción y tomaban su fórmula de los principios que Berón de Astrada levantó como bandera frente al país encadenado: “Libertad y Constitucionalidad”.

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