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Crítica situación de Corrientes. Tratados con la República Oriental y el Paraguay

El gobernador de Corrientes, Pedro Juan Ferré, reclutaba hombres para aumentar la infantería del segundo Ejército correntino, según había convenido con el general Juan Lavalle, cuando recibió la noticia (3 de Agosto de 1840) del pasaje del Paraná, contrario al concertado Plan de Operaciones.

Era un inesperado golpe mortal asestado a la provincia. Todo faltaba en ella: armas, soldados adiestrados, municiones, dinero, jefes, oficiales, porque nada reservó; tanta había sido la confianza plena dispensada a Lavalle.

Pascual Echagüe quedaba dueño de ocupar Corrientes, aunque el Ejército correntino triunfase, lo que era dudoso. Bajo la impresión del cruel suceso, Ferré incurrió en una intemperancia deplorable, aunque fundada: en Proclama dirigida al pueblo, el día 5 de Agosto de 1840, “declaró al general Lavalle, desertor de la provincia por la defección contra sus deberes y compromisos contraídos solemmemente”(1).

(1) Lo reproducido en el texto es tomado del Mensaje del 28 de Noviembre de 1840. Los términos de la Proclama fueron los siguientes:
“Compatriotas:
“Cuando el que os habla, apuraba sus conatos en afianzar la paz, tranquilidad y libertad de la provincia; cuando sacrificaba, en aras de la patria, los justos motivos de queja y desconfianza a que daba mérito la conducta irregular del general Lavalle, en cuyas manos se depositó la fuerza armada; entonces es cuando este mismo, faltando a sus juramentos y a todo lo más sagrado, que respetan los hombres, os ha abandonado, desertando con el Ejército de esta provincia a quien ha sorprendido y engañado. ¿Lo creeríais, correntinos?
“Ese hombre, a quien recibisteis con el abrazo del amigo y a quien prodigasteis vuestra confianza y elementos, retribuye hoy vuestra lealtad y generosidad con la más negra de las traiciones ...”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 156. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Ferré pensó que, de esa suerte “salvaba la dignidad del Gobierno, despreciada por un general de su dependencia, y le descargaba de la inmensa responsabilidad que un silencio mal entendido podría traerle, complicándole en la pasada del Ejército y en las consecuencias del desamparo en que Corrientes quedaba”(2).

(2) En carta de Pedro Ferré al general José María Paz -fechada el 2 de Octubre de 1840- le decía:
“Lo que yo he reprobado es el pasaje del Ejército al otro lado del Paraná, inconsulto el Gobierno de quien dependían el general Lavalle y el Ejército compuesto de correntinos y de argentinos sujetos al Gobierno de Corrientes. Por el hecho de pasar como pasó el general Lavalle, lo he declarado traidor y lo diré siempre; más nunca confundiré con él a su Ejército, ni reprobaré lo que haga del otro lado y tenga relación con la caída del tirano.
“Sólo el pasaje es lo que merece mi reprobación, por los resultados que debía traer a Corrientes, como se ha visto ya. El tiempo me ha justificado y las desgracias y trastornos que hoy afligen a Corrientes no me dan lugar para arrepentirme. La conducta de Lavalle no admite defensa”.
Esta carta de Ferré ha sido plenamente justificada por el siguiente pasaje de las “Memorias” del general Paz:
“Desde mucho antes, y aún desde Corrientes, el general Lavalle había manifestado deseos de engañar a Ferré y a los correntinos y, desatendiéndose de Echagüe, dirigirse a la base del poder de Rosas que estaba en la provincia que inmediatamente preside.
“Así lo había manifestado en diferentes ocasiones, pero me persuado que nunca pensó seriamente en realizarlo, tanto por las dificultades de la ejecución como por la lealtad de su carácter, a la que debía repugnar un acto de infidencia respecto del Gobierno de Corrientes, y de ingratitud a la provincia que tan decididamente se había pronunciado en su favor.
“En tal suposición, la petición de víveres secos que hizo el general Lavalle a la Comisión Argentina debió ser hecha en un momento de irreflexión o de suma previsión para un caso desgraciado. Sea de esto lo que fuere, el hecho es que en Montevideo no se le dio este sentido y que se creyó que la prevención se dirigía a facilitar a todo trance la deseada operación de que pasase el Ejército a la margen derecha del Paraná, aunque la provincia de Corrientes hubiese de ser sacrificada”.
La realización del pasaje del Paraná probó que Lavalle “pensó seriamente” en lo que el general Paz estimaba contrario a su carácter, a su gratitud y a su lealtad. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 156. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Fuera de este hecho sin consecuencias(3), el Gobierno y el pueblo afrontaron el peligro con serenidad altiva: “Ha llegado el caso de redoblar nuestros esfuerzos -decía Ferré- con tranquila energía” (5 de Agosto de 1840). “La causa de la libertad no depende de un contraste inesperado. Armémonos, y la victoria será nuestra. Desde mañana, todos en campaña”.

(3) El mismo Ferré reparó públicamente su deplorable intemperancia en una Proclama dada en San Roque, el 10 de Agosto de 1840. Dijo entonces:
“Un acontecimiento extraordinario vuelve a excitar nuestro patriotismo: la fuerza correntina con que contábamos para nuestra defensa se ha lanzado contra nuestros enemigos a la banda occidental del Paraná.
“Tal es el fuego de venganza que los anima contra la tiranía. ¿Y nosotros, con este ejemplo tan elocuente, seremos fríos espectadores de la invasión que nos amenaza ..?” // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 156. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Y salió para establecer, en Laguna Abalos, Departamento San Roque, el campamento general del tercer Ejército levantado contra Rosas, disponiendo -al mismo tiempo- la concentración inmediata de todos los piquetes y las compañías departamentales en las comandancias de Esquina y Curuzú Cuatiá, para disputar el terreno a la invasión probable del enemigo.

La Alianza de la República Oriental se imponía fatalmente en aquella situación inerme, aislada y amenazada; sin ella, no había medio eficaz de resistencia a Echagüe. La suprema necesidad de la salvación pública, el derecho a la vida -en peligro inminente de enemigos hambrientos de matanza, bien conocidas en Pago Largo- justificaban ante el juicio social y el criterio político buscar al entonces indispensable Rivera y someterse a sus exigencias si las produjese.

Los acontecimientos crean a veces torturas que el estadista debe suprimir optando por la mayor ventaja del momento para el bien público. El historiador Antonio E. Castello es crítico al hablar de esta Alianza, al considerar que este Tratado fue "el único que llevaría (a Rivera) a invadir efectivamente la Argentina"(4).

(4) Antonio Emilio Castello. “Caaguazú, la Gloria Efímera” (1976), en “Todo es Historia”, Nro. 107.

Ferré no vaciló en el conflicto tremendo, a pesar de repugnarle las pretensiones de Rivera; la Alianza con éste para combatir por la civilización del Río de la Plata era sacrificio menor que entregar a un pueblo a su implacable verdugo.

El día 4 de Agosto de 1840 fue despachado Juan Baltazar Acosta en misión diplomática urgente acerca del Gobierno oriental. Rivera tenía su Cuartel General en Paysandú.

Instruido de los fines del enviado, el presidente manifestó hallarse dispuesto a suministrar inmediatamente los elementos de guerra que la provincia necesitase, previa revalidación del Tratado de 31 de Diciembre de 1838, que sería ampliado con “artículos adicionales”.

El comisionado aceptó la imposición, autorizado por sus Instrucciones, firmando en consecuencia la Convención del 27 de Agosto de 1840.

Por ella se autorizó al presidente de la República Oriental del Uruguay (además de las facultades consignadas en el Tratado de 1838):

1.- “Para iniciar y concluir negociaciones de paz con los Gobiernos enemigos, salvando la dignidad de las partes contratantes, la integridad, la independencia y los principios de la libertad de las mismas”;
2.- “Para abrir relaciones amistosas con las provincias argentinas que combaten contra el tirano Juan M. Rosas”;
3.- “Para que pueda entablar y concluir las negociaciones que fuesen necesarias con los agentes franceses”.

El presidente oriental se comprometió:

“A prestar todos los auxilios, equipos, pertrechos y recursos que la provincia de Corrientes pueda necesitar en la presente lucha, independiente de lo estipulado en la Convención del treinta y uno de Diciembre de 1838”.

Rivera obtuvo al fin -de esa suerte- lo que tanto tiempo pretendió, estrellándose siempre contra la resistencia del Gobierno de Corrientes; era un resultado de la conducta del general Lavalle, el cual, con el abandono de la provincia la puso en el caso ineludible de ceder.

La Convención fue ratificada por Ferré con la siguiente salvedad:

“El Gobierno de Corrientes se reserva el ejercicio pleno de todos los actos anexos e inseparables de la soberanía de la provincia y declara que la Convención no debe afectar, en manera alguna, los derechos que competen a la Nación Argentina de que Corrientes es parte integrante”(5).

(5) El artículo adicional de la ratificación disminuía la importancia de la peligrosa intrusión de Rivera en los negocios argentinos, condición indeclinable de él para entrar en Alianza. Al remitir Ferré copia del artículo al general José María Paz, le decía en carta del 17 de Septiembre de 1840:
“Ella le manifestará el objeto que he tenido en vista, desde que ha formado del Tratado el mismo concepto que yo y que en las circunstancias en que nos encontramos y nos ponen, en el caso de ratificarlo, el artículo adicional nos deja a cubierto de la crítica que podría hacerse y salva lo que no podemos entregar a otras manos”.
Las Instrucciones en virtud de las cuales procedió el comisionado Acosta fueron redactadas después que Ferré y el general Paz acordaron -en San Roque- la política que correspondía seguir en las relaciones con Rivera, en vista de los apuros de la situación. Para ello, Acosta demoró su viaje cuando Ferré supo el arribo del general a la provincia. Las “Memorias” del general Paz confirmaron el hecho en los términos siguientes:
“En cuanto a la misión del señor Acosta logré (acordamos debió haber escrito para ser verídico) que se redactaran sus Instrucciones llevando por base los intereses argentinos y la dignidad del Gobierno comitente, ofreciendo, sin embargo, al general Rivera, la dirección de la guerra y haciéndole todo el honor compatible con el nuestro propio”.
Antes, como después de la negociación, el general Paz tenía conocimiento completo de la correspondencia de Ferré con Rivera y los comisionados del primero; el gobernador le remitía abiertos los Oficios para que, previamente, se impusiese de ellos y los observase, si no eran de su agrado. En carta, de fecha 18 de Septiembre de 1840, decía Ferré a Paz:
“Le adjunto la correspondencia que dirijo a Dn. Baltazar; todo va abierto, porque quiero que Vd. marche siempre al corriente de mi política, para que sobre ella me haga las observaciones para que lo he autorizado.
“Cuando remita la correspondencia oficial y particular al señor presidente, guárdese la misma conducta y entonces, como ahora, Vd. podrá redactar la suya como crea más conveniente”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 156. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La opinión sensata de la época reconoció la oportunidad, la eficacia y la necesidad del Tratado. Más que los compromisos en él determinados, hubiera aceptado quizás la misma emigración argentina que no estaba, como los correntinos, en el teatro de los sacrificios, cuando el más brioso de sus publicistas decía en “El Nacional” de Montevideo:

“Perezca todo y sálvese Corrientes. Si Corrientes perece, la libertad argentina tendrá que arrastrar un eterno luto y sería una pérdida que ninguna felicidad podría reparar; un crimen, que ninguna hazaña, que ninguna virtud, podría hacer perdonar”.

- Acuerdos de Comercio y de Límites con el Paraguay

En el Paraguay había fallecido -el 20 de Septiembre de 1840- el dictador perpetuo, doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, y la muerte de este hombre suprimió el inconveniente de las constantes amenazas del Paraguay, entrando a actuar una Administración provisoria, hasta la reunión de un Congreso, efectuada en Marzo de 1841(6).

(6) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

Esta Asamblea creó el Supremo Gobierno Consular que reglamentó, designando en tal carácter, a Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso.

Corrientes entendió que este cambio de hombres podía evolucionar la política de aislamiento del fallecido doctor Francia, acreditando un comisionado, el 30 de Abril de 1841 (Juan Mateo Arriola), cuyas Instrucciones tenían el siguiente artículo central:

“Como que el objeto de su misión es establecer relaciones oficiales entre ambos Gobiernos, y preparar el ánimo del Exmo. del Paraguay a adelantarla donde convenga al bienestar y prosperidad de ambos Estados, el comisionado se empeñará en persuadir al Gobierno acerca de quién se lo envía, de la buena disposición de su comitente, asegurándole de la buena fe y lealtad que reglan su política, así como del interés que el Gobierno de Corrientes tiene en conservar la independencia y soberanía del Paraguay; recabará una declaratoria oficial, en que el Exmo. Gobierno del Paraguay haga una franca manifestación de su disposición respecto de Corrientes”.

El comisionado tuvo éxito. En consecuencia, por decreto del 18 de Junio de 1841 (Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, tomo IV, p. 381), fundándose en que se había acordado con la República del Paraguay el envío de una delegación para negociar sobre Amistad y Comercio, el gobernador Ferré designó enviados extraordinarios a Gregorio Valdés y Juan Mateo Arriola.

Las Instrucciones que se les impartieron contenían mandatos respecto al comercio y al territorio. Decían:

“Recabarán la libertad de comercio para hacer transacciones mercantiles, ofreciendo la misma por parte de Corrientes. Asegurarán al Gobierno del Paraguay que el tránsito de las mercaderías que de aquellos puertos se dirijan a los demás de la República Argentina u Oriental será enteramente libre, lo mismo que el de las que de dichos puertos pasen al Paraguay y que los depósitos que se hagan en nuestros almacenes sólo satisfarán el costo del derecho de eslindaje, exigiendo esto mismo por parte del Gobierno del Paraguay.
“En cuanto a los límites de ambos Estados, defenderán los que establece la ley del 19 de Septiembre de 1832 que demarca el territorio de la provincia y, en el caso de que el Gobierno del Paraguay encontrase dificultades para ésto, expresarán que los documentos en que se fundó la citada demarcación existen en el Archivo de Buenos Aires, con cuyo Gobierno no es posible tenerlos a la vista, recabando y apuntando -en consecuencia- que las cosas a este respecto queden en statu quo hasta que, allanado este inconveniente, sea realizable el Tratado de Límites”.

- Los Acuerdos con el Paraguay

En el orden internacional, después de la muerte del dictador paraguayo doctor Gaspar Rodríguez de Francia, el nuevo Gobierno del Paraguay celebró con el de Corrientes dos Tratados: uno, de Comercio y, otro, provisorio de Límites. El 31 de Julio de 1841 fueron firmados en Asunción por los cónsules paraguayos Carlos Antonio López y Mariano Roque Alfonso y los representantes correntinos Gregorio Valdés y Juan Mateo Arriola.

En el Preámbulo declararon los cónsules que no tenían “especial delegación del Soberano Congreso” para celebrarlo y los representantes correntinos también hicieron constar que “como representantes sólo de una parte integrante de la República Argentina, no podían establecer una demarcación fija”.

Y gracias a Dios que no fue definitivo este Tratado porque lo que se estipulaba era realmente una entrega vergonzosa de una parte importantísima del territorio nacional. Decía lo siguiente:

“Queda reconocido a la República del Paraguay el territorio que corresponde a la jurisdicción de la Villa del Pilar hasta Tebicuary. Sin perjuicio de los derechos de la República del Paraguay y de la Argentina, se reconocen como pertenecientes a la primera las tierras del campamento llamado San José de la Rinconada y de los pueblos extinguidos de Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus y San José, hasta la Tranquera de Loreto; y, por el de la segunda: San Carlos, Apóstoles, Mártires y los demás que están en la costa del Uruguay. Las Islas Apipé, Borda y las que se hallen más cercanas al territorio de Corrientes -en el río Paraná- quedan en su favor y, al de la República del Paraguay las que están en igual caso”(7).

(7) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, tomo IV, años 1838-1841, pp. 355-357. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

El 12 de Agosto de 1841 fue sancionada la ley Nro. 596 autorizando al P. E. Provincial a ratificar los Tratados de Amistad, Comercio y Navegación y el de Límites Territoriales celebrados con el Paraguay, pero los avatares de la política interna no permitieron que el Tratado se ratificara y, además, Corrientes -como parte de la Confederación Argentina- no lo podía hacer porque la firma de un Tratado de esa naturaleza es privativa de la Nación.

- Firma de los Tratados

El nuevo Gobierno paraguayo celebró con la provincia un Tratado de Comercio y otro provisorio de Límites(8).

(8) Los Tratados fueron firmados en Asunción el 31 de Julio de 1841 por los cónsules paraguayos Carlos Antonio López y Mariano Roque Alfonso y los representantes del Gobierno de Corrientes: Gregorio Valdés y Juan Mateo Arriola. Ambos Gobiernos los ratificaron. Estipulaciones del Tratado de Comercio:
“Amistad y recíproca libertad de comercio:
“El puerto de Villa del Pilar recibirá los buques comerciantes venidos legalmente de Corrientes. Las transacciones mercantiles serán libres entre los contratantes. El comerciante podrá depositar sus mercaderías en los almacenes del Estado, pagando el 2 %, y reembarcarlas, libre de otro derecho. Los hijos de ambos Estados serán considerados como naturales de uno y otro país para el uso libre de sus derechos.
“El Paso Garajo -en la costa paraguaya- y el Paso de la Patria -en la costa correntina (al frente de aquél)- se destinan para la correspondencia oficial. Continuarán los actuales derechos de introducción y extracción, a excepción de los relativos a la yerba, tabaco en rama, cigarros, miel, dulces y caña que ajustarán -por Notas oficiales- los Gobiernos contratantes. Los Pasos: La Patria, Javeviry, Ytapuá, se han señalado para el comercio terrestre.
“Queda salvo el derecho de los cónsules a las comunicaciones oficiales de otros Gobiernos en cuanto no se opongan al Tratado”.
Estipulaciones del Tratado de Límites:
“Queda reconocida a la República del Paraguay el territorio que corresponde a la jurisdicción de la Villa del Pilar, hasta Javeviry.
“Sin perjuicio de los derechos de la República del Paraguay y la Argentina, se reconoce como perteneciente a la primera las tierras del campamento llamado San José de la Rinconada y de los pueblos extinguidos Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Mini, Corpus y San José, hasta la Tranquera de Loreto; y, por el de la segunda: San Carlos, Apóstoles, Mártires y los demás que están en la costa del Uruguay.
“Las islas Apipé, Borda y las que se hallen más cercanas al territorio de Corrientes -en el río Paraná- quedan a su favor, y al de la República del Paraguay las que están en igual caso”.
En el Preámbulo del Tratado declararon los cónsules que no tenían “especial delegación del Soberano Congreso” para celebrarlo; los negociadores correntinos también hicieron constar que, “como representantes sólo de una parte integrante de la República Argentina, no podían establecer una demarcación fija”.
El Tratado reconoció al Paraguay territorio propio de Corrientes. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 159. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación

El 31 de Junio (1841) se suscribía el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre el Paraguay y Corrientes. Se estableció una amistad y recíproca libertad de comercio entre los súbditos de ambos Gobiernos, pudiendo los barcos correntinos llegar hasta la Villa del Pilar; el que las transacciones comerciales serían libres; el derecho al depósito de las mercaderías mediante un dos por ciento en almacenes fiscales y su retiro libre en caso de no venta; que los naturales de ambos Estados tendrían, en el territorio del otro, todos los derechos del nativo; la determinación de los pasos De la Patria, Yabebirí e Itapuá, para el tránsito de la correspondencia; la adopción de una tarifa impositiva aduanera fija, excepto en algunos artículos, sobre los que se convendría.

Este Tratado fue ratificado por Corrientes el 23 de Agosto del mismo año.

- El Tratado sobre Derechos Territoriales

Simultáneamente al anterior, entre los mismos enviados extraordinarios de Corrientes y los cónsules del Paraguay se suscribió otro Tratado sobre Derechos Territoriales de ambos países; se reconoció como del Paraguay -en dominio pleno- los territorios que quedaban a la otra banda del Paraná, que integraban la jurisdicción de la Villa del Pilar hasta el Yabebirí y, sin perjuicio de los derechos de aquella República y de la Argentina, se reconocieron como de la primera las tierras del llamado Campamento de San José de la Rinconada y de los pueblos extinguidos de Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus y San José, hasta la Tranquera de Loreto y, como de la segunda, las tierras de los viejos pueblos de San Carlos, Apóstoles, Mártires y demás de la costa del Uruguay.

En cuanto a las islas, asignaba a Corrientes las más cercanas a sus costas (Apipé, Borda o Cerrito, etc.) y, al Paraguay, las otras. Los emigrados de ambos países que habitasen estos territorios no debían ser molestados por los Gobiernos contratantes.

Corrientes ratificó este Tratado -como el anterior- el 23 de Agosto de 1841.

Al respecto de lo tratado sobre el territorio, sus Convenciones fueron provisorias, en pleno conocimiento -ambas partes- de que Corrientes carecía de un derecho perfecto a negociar sobre la materia.

A pesar de ello, este régimen territorial provisorio mejoraba el establecido por el Tratado negociado en 1811 entre las Juntas de Buenos Aires y Asunción por intermedio del general Manuel Belgrano.

Sí adoptaba la línea de las vertientes en Misiones (del Tratado de Belgrano); incorporaba a Corrientes los pueblos de San Carlos y Apóstoles y, en cuanto al río Paraná, le atribuía la isla Borda o Cerrito, que era la llave del río Paragua y, como era Corrientes la que ejercía la soberanía de los argentinos en el Nordeste (porque la Nación no estaba constituida y Rosas no se preocupaba del Chaco), fue Corrientes la que ocupó la Isla del Cerrito o Borda y su canal navegable oeste, llamado Atajo.

Pero lo fundamental de estos Tratados -como síntesis de la política que ejercía la provincia- no fue lo estipulado sobre jurisdicciones territoriales. Su importancia está en lo acordado sobre Amistad y Comercio; por la primera, Corrientes guardaba la paz de su frontera Norte; por el régimen del comercio, enrolaba al Paraguay en la política del río libre, como expresión cierta de existencia de las comunidades litorales.

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