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La política uruguaya antes de Caá Guazú

Para acentuar el carácter argentino de la victoria de Caá Guazú, hay que aludir a la política del general Fructuoso Rivera, presidente de la República Oriental del Uruguay(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

El Tratado suscripto el 31 de Diciembre de 1838, ratificado con reformas el 2 de Febrero de 1839 entre el presidente -general Rivera- y el gobernador Genaro Berón de Astrada, había quedado resuelto de hecho con la jornada de Pago Largo y la exaltación al Gobierno de Corrientes del coronel José Antonio Romero, impuesto por el vencedor.

Cuando, en Octubre de 1839 la provincia se levanta de nuevo en armas contra Juan Manuel de Rosas, organiza el Gobierno de Pedro Ferré, crea el segundo Ejército y lo entrega al general Juan Lavalle, las relaciones con la República Oriental del Uruguay, fueron de mera coincidencia.

Colaboraron en el esfuerzo que se cumplía los emigrados argentinos organizados en Montevideo, cuya Comisión asesoró a Lavalle y es la responsable de los actos políticos de aquel general.

Cuando el segundo Ejército correntino se embarca en Diamante y queda la provincia indefensa frente al poder militar de Echagüe, sus hombres responsables buscaron sumar todos los elementos de resistencia creando el Ejército de Reserva, encomendado al general José María Paz.

El presidente, general Rivera, permitió la adquisición -por Corrientes- y el transporte, por su territorio, del material necesario para las nuevas unidades, creándose un modus vivendi que se orientó hacia el restablecimiento del Tratado de Berón de Astrada.

Sobre esta base, el delegado de la provincia, Juan Baltazar Acosta, suscribió una Convención con el del presidente del Estado oriental, Luis Bustamante, el 27 de Agosto de 1840.

Esta Convención -firmada en Paysandú- fue ratificada por el gobernador Ferré, quien nombró a Gregorio Valdés, el 22 de Septiembre de 1840, para el canje correspondiente, expidiéndole la credencial e instrucciones del caso.

Estas últimas preceptuaban debía dirigirse al Cuartel General del presidente oriental y evacuar su comisión, salvando la legalidad de acto, que debía nivelar su conducta “con la estrecha alianza y grande amistad que existen entre los Gobiernos contratantes” e invertir “breve tiempo en ida y regreso, dando aviso de la ruta a seguir para prevenir peligros”.

El texto de esta Convención ha sido publicado en la página 155 del tercer tomo de la “Compilación Documental. Ley Nro. 732”, dirigida por el doctor Hernán Félix Gómez en el centenario de Pago Largo.

Para la opinión general del Río de la Plata, que conocía las diferencias entre el general Rivera, los emigrados argentinos y el general Lavalle, la Convención de Paysandú parecía enrolar a Corrientes en la política del presidente uruguayo.

Entendió entonces Ferré necesarias algunas declaraciones que definieran su política, las que hizo aprovechando de sus Mensajes al Congreso General de la provincia (Noviembre de 1840). Después de ponderar los frutos que se esperaban de la unión con la Banda Oriental, decía:

“Corrientes, que jamás ha pertenecido a facción alguna, que desconoce los colores y sólo ha detestado la tiranía proclamando, desde mucho tiempo, la libertad y la Constitución Nacional, ha sufrido también los estragos de la discordia y la desunión”.

Al situar la Alianza en un plano ajeno a las luchas de influencias que trabajaban a los hombres del Plata, el gobernador Ferré aludía a las resonancias que esas intrigas lograban en Corrientes, cuyas primeras figuras -creado el poder militar del Ejército de Reserva- continuaban divididas por sus personales inclinaciones entre amigos de Lavalle y partidarios del entendimiento completo con Rivera.

La Alianza no dio todos los frutos que debía. Puede decirse que su efecto práctico consistió en preocupar a Echagüe retardando -desde Octubre de 1840- la invasión a Corrientes, hasta el momento en que el gobernante entrerriano pudo contar con recursos para defender su frontera sobre el río Uruguay y tomar la ofensiva contra Paz, sin el peligro de verse flanqueado por Rivera.

La única protección que la provincia recibió de su aliado, el presidente oriental, fue una partida de armas facilitada durante los primeros momentos críticos; la única ventaja real nacida del Tratado de Alianza consistió en tener abierto el mercado uruguayo para la compra de elementos militares(2).

(2) Las compras se efectuaban con el valor de mulas y cueros que el Gobierno hacía vender en el Estado oriental. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 162. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

No obstante los compromisos de Rivera y a pesar de las reclamaciones atentas del Gobierno de la provincia, nada hizo en lo político ni en lo militar(3).

(3) El general Félix de Olazábal ofreció a Pedro Ferré sus servicios y los de otros jefes amigos suyos; pero Rivera impidió que partiesen cuando aquél dio orden al agente de la provincia en Montevideo, Julián Paz, para que les facilitase recursos. También impidió Rivera que se trasladasen a Corrientes oficiales y soldados correntinos militantes en su Ejército que lo solicitaron. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 162. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Además de su natural falsía, influyeron para esa conducta el arreglo de Francia con Rosas y la independencia con que Ferré procedía dentro de su derecho. En vez del instrumento que Rivera creyó asegurar con el Tratado de Paysandú, halló en Ferré un aliado consciente y celoso de sus responsabilidades como argentino. No le convenía, pues.

El arreglo de la cuestión con Francia despertó además en él la veleidad de entenderse con Rosas y a ella se contrajo algún tiempo. Frustrado el cálculo del aliado desleal de Corrientes, tomó un pretexto nimio para romper el Tratado de Paysandú, que obstruía el camino de la paz con Rosas.

El 13 de Octubre de 1840, el Gobierno de Corrientes nombró a Amado Bonpland su comisionado ante el general Rivera y el agente de Francia en Montevideo, con Instrucciones dadas a publicidad en la obra documental a que ya aludimos.

El Tratado Mackau hizo estéril la misión, en lo que respecta a Francia, y en lo que hace al Uruguay, Bonpland sólo obtuvo cinco mil pesos que trajo (Marzo de 1841) sin documentación alguna de Rivera -para Gastos de Guerra- y de cuya inversión Ferré dio cuenta al gobernador delegado (9 de Junio de 1841).

Un nuevo comisionado, Julián Paz, a quien se nombra el 1 de Junio (1841), no obtuvo el reconocimiento oficial del presidente Rivera.

La posición curiosa del aliado de Corrientes tiene su explicación en tres causas, de las cuales sólo se hizo pública la menos trascendente: según publicaciones documentadas de historiadores brasileños

* existía un plan político (que luego vamos a enunciar en toda su importancia), para cuya realización la presencia del general Paz era un obstáculo;
* según la misma fuente, el ilustre conductor del tercer Ejército de Corrientes era mirado con recelo por el general Rivera, considerándolo un rival que podía oscurecer su estrella; y
* la tercera de las causas -la menos importante- fue la que llegó al documento y consistió en la incorporación, al Ejército de Reserva, como uno de sus jefes, del general Angel María Núñez, a quien el presidente oriental repudiaba con pasión.

- Anulación del Tratado con la República Oriental

El 17 de Agosto (1841), el general Rivera se dirigió al gobernador Ferré y, fundado en que el general Angel M. Núñez había sido colocado en el Ejército de Reserva, declaraba por cesado -y como no celebrado- el Tratado de Alianza del 31 de Diciembre de 1838 que la Convención de Paysandú había restablecido.

El general Núñez -a quien detestaba entonces Rivera- ofreció sus servicios al Gobierno de la provincia y obtuvo colocación en el Ejército. El presidente oriental se dio por ofendido y, sin más razón que ese hecho, en Oficio del 17 de Agosto dijo al Gobierno de Corrientes:

“Declaro cesado, destruido y como no celebrado el Tratado existente, quedando en libertad ambos Gobiernos para obrar según convenga a sus intereses”.

Si Rivera pensó intimidar de esa suerte y por ello arrastrar al Gobierno correntino, que esperaba de un momento a otro la invasión de Echagüe, se engañó nuevamente, porque fue aceptada la anulación rara del Tratado si bien no se dio publicidad al hecho por la gravedad de las circunstancias(4).

(4) Ferré estaba harto de Rivera. En carta dirigida al general José María Paz, con fecha 23 de Agosto de 1841, le decía:
“Nada tengo que decir a Vd. sobre la paz de nuestro aliado con Rosas, pues Vd. como yo está al corriente de este negocio. Hace mucho que la esperábamos y que estamos convencidos de que es preciso librarnos a nuestros propios recursos. ¿Siempre no hemos estado en lo mismo? Qué se cargue Rivera de ignominia.
“Nosotros quedaremos libres. Estoy resuelto a no soportar por más tiempo las torpezas y maldades de Rivera; ya es demasiado grande el sacrificio que hemos hecho a la patria de soportarlo por el bien que pudiera resultar de ello.
“Basta. Vd. sabe muy bien cuánto se puede decir a este respecto contra la conducta de Rivera. El puede cerrar sus puertos. Me desespera saber que los argentinos de Montevideo temen nuestro decaimiento como consecuencia de la paz entre Rosas y Rivera; y es cruel cosa que ellos desmayen cuando se necesita más aliento. En este punto es que debe trabajarse, para que esos hombres no sean cobardes y para que dejen de calcular nuestra falta de decisión por la de ellos”.
En otra carta de fecha 1 de Septiembre de 1841, agregaba:
“No puedo persuadirme que los argentinos residentes en Montevideo tengan motivo de asustarse; creo, más bien, que sus temores son efecto de su vacilante decisión.
“¿Qué quieren del Gobierno de Corrientes? Supongo que no le inspiran un sólo acto de debilidad, porque sería lo mismo que pedir que abandonase la cuestión; pedirán energía y empleada a tiempo; ésta la encontrarán siempre; más ella no puede conservarse guardando consideraciones indebidas, que serán glosadas al antojo de los partidos.
“Mientras el presidente esté callado, nada le diremos por las circunstancias”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 162. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Cuando esta denuncia de alianza llegó al gobernante correntino cruzábase uno de los momentos más difíciles de la guerra. Publicar o hacerse eco del suceso habría sido un valor negativo de éxito, sin beneficio alguno, ni para el mantenimiento de la Alianza -desde que el general Paz, por su parte (carta a Ferré del 31 de Agosto) solicitaba su anulación fundándose en el no reconocimiento público del agente de la provincia y en la precariedad de la ayuda- abogando por una declaración sin acriminaciones que tuviera por base el hecho de haber, el Gobierno oriental, entrado en negociaciones con Rosas.

Ferré resolvió mantener el más riguroso silencio. No ignoraba que, desde Julio (1841), el general Echagüe reunía en Villaguay el ejército para invadir a la provincia y que la publicidad de la Alianza denunciada sumaría a la expedición fuerzas que el temor de un flanqueo retendrían en Entre Ríos. Tal ocurrió.

Por estas circunstancias, la acción de Caá Guazú se libró sin la colaboración militar de los uruguayos. Por eso también, cuando el general Paz, con sus fuerzas, avanza sobre Entre Ríos -y pidió a Ferré instrucciones sobre el asunto- éste las consigna por escrito (20 de Diciembre de 1841) en Curuzú Cuatiá, donde ambos conferenciaban.

“El Tratado de alianza ofensiva y defensiva -dice- celebrado entre los Gobiernos oriental y de esta provincia, en virtud del cual se encargó la dirección de la guerra al general Fructuoso Rivera, ha sido de hecho roto y anulado por éste, en la Nota de esta referencia que se remitió a V. E. y lo ha sido también por haber el mismo faltado al casus federis en las dos invasiones a esta provincia que ha hecho el enemigo con posterioridad al Tratado.
“En consecuencia, si el presidente (uruguayo) quiere unir sus esfuerzos a los del Ejército de su mando para defender su propia causa, sólo podrá considerarlo como un auxiliar y de ningún modo como Director de la Guerra, ni por derecho a intervenir en la política de ella en el territorio argentino”.

La Instrucción impartida era necesaria y oportuna. En Diciembre de (1841), apenas conocida la victoria de Caá Guazú, el Gobierno oriental contribuyó con diez mil pesos fuertes y armamentos para el Ejército de Reserva, mientras una suscripción pública -levantada en Montevideo- aumentaba el Tesoro en tres mil pesos.

En cuanto a su oportunidad, la documentó el Oficio del 14 de Enero de 1842 que el general Rivera dirige al gobernador de Corrientes llamándole la atención sobre el orden de cosas, que reputaba novedoso, creado por la victoria de Caá Guazú en la guerra contra Rosas.

Rivera comunicaba que el Ejército uruguayo, bajo sus inmediatas órdenes, cruzaba el río Uruguay para deponer al Gobierno que en esos momentos regía a Entre Ríos, en forma de garantir la quietud pública de los Estados vecinos y establecer una nueva Administración que fuese de garantía para los pueblos y la causa de la libertad.

Agregaba que siendo muy probable que los Ejércitos oriental y correntino se pusieran en contacto y hasta que necesitaran acordar algún acto de guerra y aún el de coincidir en la forma y modo de arreglar el nuevo Gobierno, pedía a Corrientes le comunicara sus puntos de vista para llegar -en brevedad- a las normas de conducta a que ambos Gobiernos debían ajustarse.

Este comunicado y el pasaje del Ejército oriental a la margen argentina del Uruguay, planteó en la campaña contra Rosas un problema político, cuyas últimas consecuencias debían beneficiar a la dictadura.

Y así ocurrió. Hasta la victoria de Caá Guazú eran dos generales y dos ejércitos: Paz y Echagüe, los que accionaban, y dos Gobiernos, el de Ferré y el de Rosas, argentinos también, los que definían el orden político.

La Nota de Rivera, con sus propósitos bien claros y su presencia con un ejercito en el territorio argentino de Entre Ríos, creaba un valor nuevo que, si en lo fundamental no era de extrañarse porque existía estado de guerra entre él y Rosas, redundaba en confusión del campo argentino contrario a la dictadura.

A sus problemas internos, personalísimos, venía a sumarse este general, jefe de un Estado con soberanía internacional, por eso mismo preeminente y resistido, con el agravante de que su resentimiento o su encono podía crear el cierre de la frontera oriental, como quien dijese el mercado de consumo y de abastecimiento de la Mesopotamia. Ferré fue claro al contestar la Nota del presidente oriental:

“No he podido prever -le decía, después de recordar el cese de la Alianza y su pasividad en ocasión de las invasiones a Corrientes- que V. E. pasase el Uruguay después del glorioso suceso de Caá Guazú en que desapareció el ejército del tirano Echagüe, que sostenía su dominación y es por esta causa que, al abrir sus operaciones sobre Entre Ríos, el Ejército de Reserva autorizó al Sr. General en Jefe, brigadier José M. Paz, para entender y dirigir los negocios de la guerra en la campaña de dicha provincia facultándole omnímodamente al efecto”.

Lamentó -asimismo- que no se le participara el carácter con que intentaba unir sus esfuerzos a los de las armas correntina pero, considerando al Estado oriental un amigo y un aliado natural, no rehusaba sus auxilios, expresando que no podía por sí solo acordar la conducta a servir de base a las operaciones militares.

La Nota del gobernador Ferré es característicamente sincera, hasta en lo de solicitar el envío de una persona comisionada para arreglar lo conveniente a las circunstancias, porque se ajustaba a la verdad de lo ocurrido, porque en los asuntos militares nada podía proveerse sin la intervención del Jefe del Ejército y porque en lo político Corrientes ya no actuaba sola. Tenía un aliado, la provincia de Santa Fe, y se inclinaba a su política el Gobierno provisorio de Entre Ríos.

Rivera no sólo creaba un problema con su intervención, sino que tendía a agravarlo con la injerencia de otra bandera, la de los republicanos de Río Grande.

En efecto: simultáneamente a su comunicado de que cruzaba el Uruguay con su ejército, avisaba a Ferré que el presidente de la República riograndense, deseando cooperar a la destrucción de Rosas, había puesto a su disposición una columna de 700 hombres, que debían cruzar el Uruguay por Paso Santa Ana (Departamento Paso de los Libres) y para los cuales pedía que Corrientes arbitrase caballos, en forma que se pudieran incorporar a su Ejército.

¡Pedir a Corrientes caballos cuando, precisamente, por falta de ellos, retrasaba su invasión a Entre Ríos el ejército victorioso de Caá Guazú! Pero no fue la falta de ese medio de movilidad el único fundamento invocado por el gobernante correntino para excusar su colaboración. Fue el que meses antes había hecho ante los propios republicanos de Río Grande.

En efecto: fechadas sus credenciales el 2 de Noviembre (1841), habíase apersonado al Gobierno de Corrientes el Secretario en campaña del presidente de Río Grande -en carácter de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario- ofreciendo una columna de 800 hombres que ponía a disposición de la provincia para que combatieran incorporados al Ejército de Reserva durante la invasión de Echagüe y siempre que Corrientes se viera amenazada o considerase necesario ese auxilio para liberar a Entre Ríos del dictador.

Por haber llegado el representante riograndés, producida ya la victoria de Caá Guazú, y más que todo, porque la admisión o incorporación a la columna correntina de esas fuerzas importaba una Alianza que el gobernador Ferré no estaba dispuesto a negociar, la provincia había agradecido, no aceptando el auxilio que se le prometía.

Mal entonces podía cooperar al robustecimiento del Ejército uruguayo de Rivera, con soldados de Río Grande, cuando los factores en acción contra Rosas, en ese momento, veían en la lucha un caso exclusivamente argentino.

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