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La victoria de Caá Guazú

Enterado Rosas, dispuso que Pascual Echagüe -gobernador de Entre Ríos- invadiese la provincia de Corrientes con sus efectivos, unos 5.000 hombres.

Debido a la superioridad de las fuerzas atacantes, el jefe del Ejército correntino, el general José María Paz, eludirá en principio la batalla, pero interceptando con guerrillas las comunicaciones del enemigo a la espera de que éste debilitara sus líneas.

Hasta fines de Septiembre de 1841 permanecerá tranquilo el general Paz en su campamento de Villanueva, donde había conseguido formar un pequeño pero bien organizado Ejército.

Varios jefes venidos de la República Oriental buscaron allí su incorporación(1). En tanto, sobre las fronteras de Entre Ríos, Paz mantenía escuadrones de caballería que dieron algunos golpes felices a los del enemigo.

(1) El general de la provincia, Angel M. Núñez; los coroneles Federico Báez y Faustino Velazco; los tenientes coroneles Felipe López, Cesario Montenegro y Diego Brest; los sargentos mayores José M. Beruti y Matías Olmedilla. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Echagüe penetra en Corrientes

La victoria de Manuel Oribe silenciaba toda oposición a Rosas en el Noroeste argentino. Pero Corrientes seguía en pie, mantenida por su entusiasmo y por la técnica militar del general Paz.

Rosas había enviado todos los hombres disponibles a Manuel Oribe de modo que -sin esa esperada ayuda- el 12 de Septiembre de 1841 el general Juan José Pascual Echagüe -al frente de cinco mil hombres, veteranos, de las tres armas y con jefes capaces como Servando Gómez y Juan Bautista Thorne, aunque no estaba allí el más competente de sus generales, Justo José de Urquiza- levantaba su campamento de Villaguay para penetrar en la provincia. Dos veces invadió Echagüe Corrientes, sin éxito. En su segunda tentativa se encontrarpa con Paz sobre el río Corriente, en el Paso de Caá Guazú.

Su fuerte vanguardia, a las órdenes del citado general Gómez, llegaba el 2 de Octubre de 1841 al Mocoretá chocando con las unidades de caballería correntina que el general Paz tenía adelantadas para la vigilancia de la frontera.

Seis días después (8 de Octubre de 1841) el invasor llegaba al campo de Pago Largo y continuaba hacia el río Corriente.

- El estratega Paz espera pacientemente a su enemigo

Con escasos medios y gracias a sus brillantes aptitudes militares, el general Paz organizó -en su campamento de Villanueva- un Ejército aguerrido y disciplinado de unos 3.000 hombres.

Por fin había llegado el momento tan esperado y, a la vez, tan temido: el general Echagüe comenzaba su avance hacia la provincia de Corrientes desde su Cuartel General instalado en Villaguay. Ante la invasión, el general Paz optó por perder un poco de terreno para tratar de reunir todos los medios necesarios para hacer frente al enemigo con posibilidades de éxito.

También -hasta tener su Ejército en condiciones- decidió llevar a cabo una guerra de partidas con el propósito de entorpecer el avance del adversario. Los Madariaga fueron los encargados de llevar a cabo esta misión, con fuerzas de los Departamentos del Paiubre y Curuzú Cuatiá, pero en varias oportunidades le pidieron que les mandara más refuerzos y terminaron solicitándole el envío de un jefe capacitado para que se pusiera al frente.

El enviado fue el general Angel Núñez, que formó la vanguardia del Ejército correntino con 800 hombres, aunque sus acciones fueron intrascendentes echándole la culpa a la ineptitud de los jefes correntinos.

Paz inició una retirada estratégica para llevar al enemigo a un terreno que más le conviniese para encarar la lucha final. No tomó el camino más corto al río Corriente, sino el del Paso Pucheta en el arroyo Paiubre, que las tropas tuvieron que pasar a nado.

El enemigo pasó el mismo arroyo por el Paso Naranjito, quedando ambos Ejércitos en el rincón que forma dicho arroyo con el río Corriente. Claro que Paz puso río de por medio pasando a la margen derecha por el Paso de Caá Guazú, también a nado.

Así, cuando Echagüe invadió la provincia el general de los correntinos se retiró al norte del río Corriente, para establecer su Cuartel General frente al Paso Caá Guazú(2), dejando las avanzadas en manos del general Núñez y de Joaquín Madariaga y posicionando sobre el río Corriente guerrillas de caballería fácilmente arrolladas por los cinco mil invasores de las tres armas, que llegaron sin tropiezos hasta la margen sur del río nombrado, muy crecido entonces.

(2) ka’a, monte; guasu, grande. El idioma guaraní carece de “z”; el sonido correspondiente a esta letra le es absolutamente extraño. El uso ha establecido -sin embargo- el empleo de la “z” en todas las palabras guaraníes que llevan la “ç” portuguesa y que han pasado al vocabulario rioplatense; de ahí: Curuzú, Guazú, Arazá, etc. Lo más aproximado a la pronunciación es el reemplazo de la “ç” por la “s”, conforme hace Amaro Cavalcanti en su “The Brasilian Langague and its Agglutination”, y lo aceptan Darapsky y otros filólogos. Sigo a los nombrados. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. (Actualmente, en guaraní, se escribe: ka’a guasu).

Al levantar el campamento de Villanueva, Paz había cruzado el río Corriente con todos sus elementos y se instaló con sus fuerzas en la llanura pastosa y con bosques -inmediata a su cauce- a unos diez kilómetros al oeste del paso Caá Guazú, en la zona cuyo centro actual pertenece al Municipio Chavarría. Allí se congregaron todos los elementos de defensa.

Todos los Departamentos del sur de la provincia quedaron abandonados; las familias de los pueblos y de la campaña huyeron. La posición de Paz era estratégica. Desde ella podía defender -con grandes ventajas- la barrera que le cubría, porque Echagüe se metió y quedó en el rincón formado por el desbordado arroyo Paiubre y el río Corriente, al este, sin más vados en el último que los pasos Moreira, Capitá Miní y Caá Guazú, sobre los cuales tenía Paz facilidad completa de acción defensiva.

La competencia táctica del general cordobés aprovechó admirablemente las respectivas situaciones para equilibrar -con felices combinaciones y la superioridad moral que ellas infundían- la desproporción militar de los dos Ejércitos.

- Actividad de Ferré en la Capital

En tanto, el Poder Ejecutivo, autorizado por el Congreso (1 de Octubre de 1841) tomó las más enérgicas medidas que comprendieron hasta a los extranjeros, cuyo enrolamiento en los Cuerpos cívicos se hizo efectivo mientras durase la invasión.

* Se enrolan los sobrevivientes correntinos de las legiones de Lavalle

Por estos días llegaron tristes noticias a Corrientes. Lavalle había sido derrotado en Famaillá (Tucumán) y Lamadrid en Rodeo del Medio (Mendoza), llegando la Coalición del Norte a su fin y otra vez quedando sola en la lucha contra Rosas, “la brava provincia guaraní”.

Cuatrocientos correntinos -al mando del coronel Salas- que habían acompañado a Lavalle hasta Tucumán, luego de la derrota de Famaillá atravesaron el Chaco y llegaron a su provincia constituyendo un importante aporte para el Ejército de Reserva.

Llegaban a Corrientes los sobrevivientes correntinos de las campañas de Juan Galo Lavalle, trayendo la noticia de la derrota definitiva de éste en Famaillá.

Justamente, las últimas unidades incorporadas al Ejército de Reserva -en Noviembre de 1841- serán la guarnición de la Capital y los restos del segundo Ejército correntino, que había comandado Lavalle.

Cuarenta hombres de esas fuerzas -que el general porteño, ya desaparecido, llevara hasta Famaillá y que habían avanzado hasta Salta- iniciaron, el 28 de Septiembre (1841), el viaje a Corrientes a través del Chaco y con el permiso de su general. El 13 de Octubre de 1841 se reunieron con otra columna -de 400 hombres- que a las órdenes del coronel Salas seguían la misma ruta logrando, después de una penosa marcha, llegar junto al río Paraná, frente a la Ciudad de Corrientes, el 7 de Noviembre de 1841.

Al día siguiente, trasladados a la capital en medio del júbilo público, fueron revistados en el Campo de Marte (hoy Paseo Mitre) por el gobernador Ferré, continuando días después al campamento de Caá Guazú. Integraban este resto del heroico Ejército de Lavalle, 200 correntinos -entre jefes, oficiales y soldados- y como trescientos argentinos de las provincias que el valiente general había cruzado con sus legiones.

También en ese tiempo llegó a Corrientes un enviado de Juan Pablo López, gobernador de Santa Fe, que inició negociaciones para una alianza de su provincia con Corrientes(3).

(3) Antonio Emilio Castello. “Caaguazú, la gloria efímera” (1976), en “Todo es Historia”, Nro. 107.

La llegada a Corrientes, a principios de Noviembre de 1841 del coronel Ramón Ruiz Moreno -enviado del gobernador de Santa Fe, que se había distanciado poco a poco de Rosas- fue un hecho alentador, ya que éste celebró una Alianza ofensiva y defensiva entre ambas provincias litorales el 5 de Noviembre de 1841. Luego, Ruiz Moreno regresó a Santa Fe a poner en conocimiento de su mandante el éxito de su misión.

- Paz y Echagüe, frente a frente

La vanguardia de Echagüe había llegado a las inmediaciones del río Corriente el 12 de Octubre de 1841, después de cruzar el campamento de Villanueva y el arroyo Paiubre y, pocos días después, se le reunía el resto del ejército, acampando en el rincón que este arroyo forma con aquel río.

Las fuerzas invasoras extendieron sus vivaques sobre los tres pasos que el Corriente tiene en este rincón, o sea: los de Moreira, Capitá Miní y Caá Guazú.

Partidas de correntinos pasaron el río y se situaron a retaguardia del enemigo, hostilizándolo constantemente en el arreo de ganado que efectuaban hacia Entre Ríos y, cortándole las comunicaciones a Echagüe, que en dos meses no pudo recibir correspondencia pues toda fue a parar a manos de Paz porque sus conductores cayeron prisioneros de los correntinos y sus escoltas fueron derrotadas.

El plan de Paz era lógico: mantenerse a la ofensiva -río de por medio- para caer sobre el invasor en el momento en que intentase cruzarlo y hacer tiempo en espera de refuerzos, mientras adiestraba a los bisoños con golpes de mano en las flancos y retaguardia de Echagüe.

Este último -evidentemente desorientado- prolongó sin beneficios ese orden de cosas, tal vez esperando que las aguas del Corriente -salido de madre- bajasen, reduciendo la amplitud proverbial de sus bañados o que Paz -impaciente- tomase la ofensiva brindando la oportunidad de un ataque en el momento de cruzar el río.

En Noviembre de 1841 recibió Paz el refuerzo de las guarniciones de la capital y pueblos de la campaña, así como los restos del segundo Ejército correntino y un centenar de santafesinos, cordobeses y porteños que llegaron a Corrientes atravesando el Chaco.

El total de las tropas alcanzó a tres mil doscientas plazas, ordenadas en seis divisiones, a más del Cuartel General, Estado Mayor, Escolta y un piquete de Santa Fe.

Mandaba la primera división el general Angel M. Núñez y la formaban los escuadrones Paiubre(4), Seis de Octubre(5), Uruguay(6), Itusaingo(7), Curuzú Cuatiá(8).

(4) Jefe, teniente coronel Joaquín Madariaga.
(5) Jefe, teniente coronel Cesario Montenegro.
(6) Jefe, sargento mayor Benjamín Virasoro.
(7) Jefe, teniente coronel Manuel Hornos. Escribo Itusaingo porque el nombre es guaraní, y este idioma carece de “z” (actualmente se escribe como enseña Mantilla: Itusaingo, con “s” y sin tilde).
(8) Jefe, teniente coronel Juan Madariaga. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La segunda división tenía por jefe al general Vicente Ramírez(9) y estaba compuesta por los escuadrones Terrible(10), Santa Lucía(11), Unión(12), Vengador(13), Esquina(14).

(9) Ramírez ascendió al grado de General, en servicio de la provincia; no hizo campañas nacionales. Cuando joven fue prisionero de los ingleses en Montevideo, durante las invasiones británicas.
(10) Jefe, sargento mayor Francisco A. Ledesma.
(11) Jefe, comandante Simeón Paiva.
(12) Jefe, teniente coronel Antonio Borda.
(13) Jefe, teniente coronel Bernabé A. Esquivel (a) Chiquillo.
(14) Jefe, sargento mayor Andrés Ricarde. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El coronel Faustino Velazco era el jefe de la tercera división, formada por los escuadrones Libertad(15), Goya(16), General López Chico(17) y Piquete de Santa Fe(18).

(15) Jefe, teniente coronel Diego Brest.
(16) Jefe, capitán Mariano Rodríguez.
(17) Jefe, sargento mayor Manuel A. Merlo.
(18) Jefe, teniente coronel Santiago Oroño. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La cuarta división estaba a las órdenes del coronel Federico Báez y la componían los escuadrones Tuyuné(19) y Berón de Astrada(20).

(19) Jefe, teniente coronel Seferino Sánchez. La denominación del escuadrón era en recuerdo del combate librado en Tuyuné (barro hediondo; tujune, en guaraní) por el regimiento veterano “Granaderos a Caballo” contra fuerzas invasoras de Misiones, en 1827.
(20) Jefe, teniente coronel Juan de la Cruz Masdeu. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El coronel José Manuel Salas era el jefe de la quinta división, formada por los escuadrones Constante(21) y Vencedor(22).

(21) Jefe, teniente coronel Manuel Ocampos.
(22) Jefe, sargento mayor Juan Quebedo. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La sexta división se denominaba División de Infantería y comprendía un escuadrón de artillería(23) y los batallones de Cazadores de la Libertad(24), Guardia Republicana(25), Voltigeros Republicanos(26).

(23) Jefe, capitán Emilio Pizard.
(24) Jefe, teniente coronel Felipe López.
(25) Jefe, sargento mayor Miguel Virasoro.
(26) Jefe, sargento mayor Felipe Martínez. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Completaban la distribución dada al Ejército: el Cuartel General(27), el Estado Mayor(28), el escuadrón Escolta(29), el Cuerpo de Sanidad(30) y la Compañía de Guías(31). Los cañones eran cinco, de calibres 1, 2, 4 y uno de 12, con escasas municiones.

(27) El general en jefe y doce (entre edecán, ayudantes y oficiales de secretaría).
(28) Jefe del Estado Mayor, coronel Indalecio Chenaut.
(29) Jefe, teniente coronel José Benigno Canedo. Estaba agregado a la escolta un pequeño piquete de santafesinos, mandado por el teniente coronel Juan M. Aldao.
(30) Primer cirujano, doctor José G. Acuña; segundo, Dionisio Cabiedes. También prestó sus servicios el doctor Pantaleón Benítez.
(31) Jefe, capitán Juan G. Acuña (a) Mocito. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Mes y medio permaneció inmóvil el Ejército invasor en la banda sur del río Corriente, mientras el correntino lo observaba cuidadosamente desde la opuesta, para atacarlo cuando intentase vadear el río, que tenía una anchura de 60 a 80 varas, a nado.

- Ataque a Mercedes

Una partida -al mando del coronel Faustino Velazco- atacó Mercedes -ocupada por los entrerrianos- y venció en las afueras del pueblo a un escuadrón del coronel Tacuabé y luego sometió a los defensores que habían quedado dentro del poblado, causándoles numerosas bajas y tomado prisioneros al ayudante de campo de Echagüe, el mayor Maroto, y al comandante Desiderio Benítez, correntino y perteneciente a una de las principales familias.

El primero fue llevado a Corrientes y el segundo fue fusilado, después de ser sometido a un Consejo de Guerra por José María Paz. Este fusilamiento no fue bien recibido por los correntinos pues Benítez era un hombre de prestigio social y el espíritu localista se manifestó en esta oportunidad con toda intensidad.

Las hostilidades de partidas ligeras y aún de pequeños triunfos de los correntinos(32) no sacaron a Echagüe de su inacción. Paz resolvió entonces, atacarlo, vadeando el río con el Ejército.

(32) De los triunfos alcanzados fue, el de mayor resonancia, la toma del villorio Mercedes, a retaguardia del enemigo, no tanto por sus consecuencias cuanto por el fusilamiento injusto del infortunado ciudadano Desiderio Benítez, ejecutado a consecuencia de aquel suceso en el campamento de Caá Guazú, el día 14 de Noviembre de 1841, a las 08:00. El general Paz pretendió sincerarse en sus “Memorias Póstumas” de aquella crueldad, igual a las inicuas de Rosas, calumniando a la víctima y ultrajando su memoria de patriota probado y hombre de bien cabal, con el calificativo de “tránsfuga”. Era Benítez ciudadano “pudiente, de prestigio y de las primeras familias” de Corrientes (según le califica Paz, con verdad). Nieto del maese de campo Juan Benítez de Arriola, conquistador del Tebicuary. Hombre de negocios, hacía política por deber patriótico y también servía como soldado en los casos de peligro público; asistió a la batalla de Pago Largo, al mando de la división Saladas y, más tarde, se presentó al general Lavalle -en el Campamento del Ombú- para ofrecerle su fortuna y sus servicios personales, habiendo aceptado aquél solamente un donativo valioso en caballos. Tenía carácter independiente y altivo, recto, refractario al disimulo. Pertenecía a la fracción del partido contrario a Rosas, que venció en las elecciones de 1840, cuyos representantes fueron echados de la Legislatura por el golpe de Estado de ese año. No reservaba su condenación a los desmanes de Ferré ni a los del general Paz -autorizado por aquél- en carta, para tomar las propiedades particulares por la fuerza y “castigar como juzgase conveniente, aún con la pena de muerte, para ejemplarizar; de lo que resultó que ambos le mirasen con ojeriza. Se encontraba Benítez en la provincia brasileña de Río Grande, por negocios, cuando Echagüe invadió la provincia. Sin saber cuál era el terreno ocupado por el invasor y sí informado que las familias de Curuzú Cuatiá y Mercedes se habían guarecido en su estancia y campo “Asunción” -trasmano de Mercedes, 15 leguas- vino en auxilio de ellas, vadeando la laguna Iberá, en el Paso del Socorro. También ése era servicio a la patria y a la humanidad, especialmente en un hombre civil, como era él.
“Encontré -decía en una carta de entonces- una infinidad de familias, tanto en mi establecimiento como en la campaña, vagando por los montes, y me decidí a reunirlas y esperar el resultado de los sucesos, movido del deseo de propender, en cuanto me fuere posible, al alivio de ellas”.
Para la desventura de Benítez, tuvo Echagüe conocimiento del hecho y mandó, reservadamente, por caminos extraviados, un escuadrón de caballería que le prendiese y le llevase a Mercedes con todas las familias reunidas. Sorprendido una madrugada en su establecimiento, sin tiempo para huir, fue tomado y conducido a Mercedes; las familias fueron también llevadas a pie, en carretas y a caballo. Echagüe no trató con rigor al preso; fue, más bien, deferente con él, pues lo hizo árbitro de su propio destino presentándole -para que optase- la siguiente alternativa: realizar en el villorio abandonado la obra humanitaria principiada en su estancia, para lo cual lo nombraría Comandante interino del lugar; o incorporarse al Ejército de Operaciones como prisionero, condenado a prestar servicio forzado en él.
Benítez eligió lo primero, “siempre teniendo por norte -decía en carta- el asegurar el alivio de las familias en sus personas e intereses”. Se consagró a su empeño y repobló Mercedes.
¿Fue aquél un acto de traición? Como tal lo calificaron Ferré y Paz, impulsados por resentimientos personales y políticos. Se abusaba entonces de la palabra traición, para arruinar, desacreditar o suprimir a un ciudadano. Expresamente despachó Paz una fuerza por el flanco derecho de Echagüe para caer de sorpresa sobre Mercedes y capturar a Benítez. En el villorio no había guarnición; un escuadrón de caballería, al mando de cierto coronel Tacuabé, del Ejército invasor, destacado en comisión por Echagüe, acampaba algunas veces en las cercanías.
La expedición mandada desde el campamento en Caá Guazú sorprendió y ocupó Mercedes en la madrugada del 10 de Noviembre de 1841, acuchillando antes al escuadrón de Tacuabé, encontrado a su paso. Tomados y atados Benítez, el mayor Maroto -ayudante de campo de Echagüe- y cinco prisioneros, “tanto ellos como las familias que estaban bajo la protección del primero fueron completamente despojados de cuánto tenían, porque para ello había orden” y, enseguida, precipitadamente, presos y familias fueron conducidos al Cuartel General, a caballo y desnudos, llegando a él el día 13 de Noviembre.
Paz sometió los presos a un Consejo de Guerra, compuesto por los más ignorantes y sumisos de sus jefes, con prevención de condenar a muerte a Benítez. Ese mismo día cumplió el Consejo su consigna, sin haber consentido a Benítez que hiciese su defensa. Cuando él pidió la palabra para contestar la acusación fiscal por traición, el presidente, Vicente Ramírez, le dijo, airado:
- “Un traidor no tiene derecho a ser oído”. A lo que respondió aquél, con tranquilidad:
- “Si tratan de asesinarme; por qué han formado Consejo de Guerra? Asesinan a un patriota mejor que Vds.”.
Benítez fue ejecutado y su cadáver dejado insepulto en el campo, de donde lo recogieron para enterrarlo, previo permiso de Paz, un deudo de la víctima, José Luis Madariaga, y un amigo, Regalado Gómez. Los demás presos -incluso Maroto- fueron declarados prisioneros de guerra pero, a un hermano del sacrificado -menor de edad- le remacharon una gruesa barra de grillos y lo remitieron -como bandolero- a la cárcel de la capital. Después de Caá Guazú, el establecimiento de campo de Benítez fue muy perjudicado y su señora madre y sus hermanos sufrieron penurias.
- “¡Echagüe! ¡Has enlutado una familia eminentemente patriota!”, decía, sin embargo, “El Nacional Correntino”, atribuyendo la crueldad de Paz a responsabilidad del general invasor.
- “Un sentimiento de filantropía me lleva al patíbulo, pero la pureza de mi conciencia me tiene tranquilo y resignado a la voluntad de Dios, ya que no hay Justicia en la tierra”, decía Benítez a la madre, en carta de despedida, escrita el día 13 de Noviembre de 1841, a las 22:30.
Tenía razón; pereció por injusticia cruel. Pero aún en el supuesto de “haber ido a las filas de Echagüe”, conforme dice Paz en sus “Memorias”, por deliberación propia, no cometió delito ni crimen digno de muerte, según las leyes de la provincia y, menos, según el criterio sano de un pueblo civilizado o de un hombre de bien. Era un ciudadano sin compromisos, dueño de pensar libremente y de sostener sus ideas en el campo de su predilección. ¿Por qué no fusilaron a Maroto, que era extranjero y militar?
Aquella muerte, las de otros ciudadanos humildes, los destierros arbitrarios, el despojo innecesario de propiedades particulares, el abuso de los encarcelamientos que Ferré y Paz ordenaban o consentían -de acuerdo o separadamente- perjudicaron la causa, porque peleaba Corrientes. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La monotonía de esta situación, que mantienen los Ejércitos durante mes y medio, dio pie a una curiosa maniobra del general Paz: diariamente -a la caída de la tarde- las unidades de sus fuerzas iban al río Corriente, bañandose entre gritos de júbilo y juegos diversos.

Al principio, el campamento de Echagüe armaba sus unidades, que ocupaban los pasos del río, creyendo inminente la batalla pero, al no producirse novedad y ver a los soldados nadadores defendidos por fusileros, desde la costa, que los hacían objeto de burlas, retornaban a sus vivaques.

Concluyó Echagüe por no dar importancia a estas escenas que, en el “decir” del campamento, llamaban el baño de los escueleros de Paz.

Pero en la tarde del 26 de Noviembre de 1841 se aproximó a la costa para efectuar la operación del pasaje durante la noche. Casi a la misma hora hizo el enemigo un amago serio, sobre el Paso Capitá Miní, distante dos leguas, a la izquierda, empeñándose allí un fuerte combate, de banda a banda, al fin del cual volvió a sus posiciones.

El Ejército correntino vadeó el río sin ser sentido y acampó en un bajo. Si no triunfase, perecía; estaba entre el enemigo y la barrera de agua.

La noche del 26 al 27 de Noviembre de 1841, el Ejército de Reserva cruzó el río por Caá Guazú, sin más ruido que el de las escenas diarias de bañistas y, en la mañana del 27 de Noviembre estaba íntegro al este del Corriente, ocupando la situación que un plan de batalla largamente estudiado asignaba a sus diversas unidades.

La tercera división salió a provocar al enemigo el 27 de Noviembre, pero éste no abandonó su terreno. Durante el día y la noche sólo hubo fuego activo de guerillas de vanguardia.

El 28 de Noviembre amaneció el Ejército de Echagüe a poco más de dos mil varas del correntino: buscaba la batalla.

Apostados ambos ejércitos a orillas del río Corriente, Paz -tras vadear sigilosamente las aguas con sus tropas- el 28 de Noviembre de 1841, en las proximidades del paso de Caa Guazú, derrotará completamente a Echagüe, después de dirigir el combate con habilidad de estratego. “Lástima grande -escribe el historiador Levene- que fuera una batalla de la guerra civil y no de la guerra emancipadora”.

* Detalles de la batalla de Caá Guazú

Ambos ejércitos estaban río Corriente de por medio. Echagüe con sus cinco mil experimentados veteranos y jefes fogueados en muchas luchas, como Servando Gómez y el estadounidense Juan B. Thorne, aunque esta vez no tenía a su lado al hombre que decidió la acción en Pago Largo, Justo José de Urquiza.

El total del Ejército de Reserva llegaba a tres mil hombres, teniendo como jefes al general Manuel M. Núñez, al general Vicente Ramírez, a los coroneles Faustino Velazco, Federico Báez, José Manuel Salas e Indalecio Chenaut -Jefe del Estado Mayor- y, como primer cirujano del Cuerpo de Sanidad al doctor José G. Acuña.

A ese ejército los entrerrianos lo llamaron “Los Escueleros de Paz”, pues consideraron que con el ejército de Lavalle había marchado la mejor gente de pelea de Corrientes y los muchachos de las escuelas habían tenido que formar este Ejército, por no haber otros.

Y era cierto que estudiantes de las escuelas de Corrientes habían tenido que ser instruidos por el mismo Paz para servir de oficiales.

Echagüe hizo varios amagos de pasar el río, pero no se decidió; entonces el “Manco” decidió cruzarlo con sus fuerzas y dar la batalla definitiva. El Paso elegido fue el de Caá Guazú, con otros adyacentes como Hinojo, la Garita, etc., para que el paso de las divisiones fuese simultáneo en lo posible.

La orilla opuesta estaba libre, pues el enemigo estaba acampando en Capitá Miní -dos leguas arriba- y las partidas que recorrían las riberas generalmente eran escarmentadas.

- La noche del 26 al 27 de Noviembre

En la noche del 26 al 27 de Noviembre los correntinos comenzaron el paso del río, haciéndolo a nado la caballería y la infantería y en las pocas canoas que se pudieron reunir los que no sabían nadar y los cañones.

La vanguardia llegó a la orilla opuesta a las 21:00 y comenzó los reconocimientos para ver si había enemigos en las inmediaciones.

Lo significativo fue que el bufido y las violentas respiraciones de casi tres mil caballos, cansados por el esfuerzo de cruzar nadando el río, no fueron escuchados por los hombres de Echagüe que dormían “a pata suelta” por el cansancio de la jornada anterior.

El cruce del río fue un éxito. No hubo contratiempos. Se esperó al alba sin separarse mucho del río y, cuando amaneció, la vanguardia se puso en marcha, tratando de atraer a la vanguardia enemiga que estaba a las órdenes de Servando Gómez, pero no lo consiguió y durante todo el día se empeñó en lucha de guerrillas que, hacia la noche, se puso peligrosa para los correntinos que debieron replegarse sobre sus líneas ante el empuje del enemigo.

El tiroteo fue intenso durante la noche cesando a eso de las 03:00 por el cansancio general.

- El 28 de Noviembre de 1841

El 28 de Noviembre de 1841, Echagüe atacó de frente la posición defensiva de Paz; la retirada fingida de la caballería de éste llevó a los jinetes entrerrianos a una trampa perfecta, en la que fueron completamente derrotados, perdiendo 1.356 bajas -entre muertos y heridos- y 800 prisioneros; Echagüe mismo salvó por poco su vida(33).

(33) Antonio Emilio Castello. “Caaguazú, la gloria efímera” (1976), en “Todo es Historia”, Nro. 107.

El gobernador entrerriano, acampado con el grueso de sus fuerzas cerca de Capitá Miní, resolvió marchar sobre el enemigo para batirlo sobre el río y, en efecto, el 28 de Noviembre de 1841, el Ejército rosista amanecía formado frente a las posiciones de Paz.

La línea de Paz -dispuesta desde el día anterior para el combate- se ocultaba al enemigo, merced a la irregularidad estratégica de ella y a la desigualdad del terreno. Su disposición era la siguiente: a la derecha, 2da. y 4ta. división; centro, división de infantería. A la izquierda, 1ra. y 5ta. división; reserva; 3ra. división y el escuadrón Escolta.

El enemigo desplegó sus tropas en el orden siguiente: a la derecha: divisiones de vanguardia, mandadas por el general oriental Servando Gómez; centro, infantería y nueve piezas de artillería. A la izquierda: caballería entrerriana.

Muy inmediato al paso del río se encontraba un estero vadeable(34), de figura irregular, oblonga, cuyo extremo norte distaba del río más de ochenta varas; dicho estero dividía la línea correntina dejando a un lado el centro, la derecha y la reserva y, al otro, la izquierda.

(34) Ha desaparecido, según informes del actual propietario del campo, Manuel Bejarano. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En este hecho estaba el secreto de la combinación estratégica de Paz. Suponiendo que el enemigo atacaría con vigor el ala izquierda -al parecer débil- Paz ordenó al general Núñez que hiciese demostraciones de recibir la carga, para atraerlo mejor, y se replegase en el momento preciso por la abertura entre el estero y el río, que estaba a su retaguardia, a fin de ocupar el ala derecha y completar la derrota de la izquierda enemiga, destinada a sufrir todo el peso de la caballería.

En la expresada abertura fue colocado el batallón Guardia Republicana para contener a Gómez y sostener a todo trance el punto, llave del triunfo; estaba emboscado.

Iniciado el fuego, Núñez ejecutó con habilidad su movimiento. Alucinado Gómez por la falsa retirada, se lanzó audazmente en seguimiento de aquél, perdiendo en el avance su formación y disminuyendo -cada vez más- su frente por la estrechez del terreno; y mientras Núñez se le escapaba, el batallón Cazadores -que había cruzado el estero- lo quemaba por su flanco izquierdo y el Guardia Republicana lo recibía como una muralla en el boquete.

Gómez se retiró desecho a la infantería rosista. El general Ramírez llenó airosamente su deber en el ala derecha, por él mandada. El combate fue encarnizado y largo, terminando con la victoria de los correntinos.

Circulado el enemigo por las caballerías en el punto donde concentró sus fuerzas y atacado de frente por los batallones -no obstante la superioridad de su artillería, que jugaba activamente- se produjo la derrota en sus filas. La infantería y la artillería quedaron prisioneras; la caballería fue dispersada o prisionera. Nada quedó en pie del Ejército invasor(35).

(35) El Ejército correntino tuvo 53 muertos, 71 heridos y 61 dispersos de tropa, 4 oficiales muertos y 10 heridos, entre éstos el teniente coronel Canedo. Del enemigo quedaron prisioneros 3 coroneles, 3 tenientes coroneles, 12 sargentos mayores, 8 capitanes, 4 ayudantes, 20 tenientes, 14 alféreces, 3 portas, el ministro secretario de Echagüe, José F. Benítez. "No tengo datos ciertos sobre el número de muertos y de prisioneros", dice Mantilla. “La mortandad del enemigo es grande -decía el general Paz en Oficio de fecha 3 de Diciembre de 1841- y tenemos hasta la fecha prisioneros en nuestro poder, los jefes y oficiales cuya lista acompaño, y 800 de tropa”. Así, 800 prisioneros, 9 cañones, 3 banderas y todo el parque y bagajes son el botín de la victoria, ascendiendo las bajas a 1.356 hombres, entre muertos y heridos. “Los trofeos fueron 9 cañones -todo el parque- los bagajes, tres banderas y gran cantidad de armamentos de toda clase”, agrega Mantilla // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- El Parte del general Paz

Con los primeros rayos del sol del día 28 de Noviembre, Echagüe se decidió a atacar, desplegando su línea de batalla con la división de vanguardia al mando de Gómez, a la derecha; la infantería y la artillería, mandadas por Thorne, en el centro; y él se puso al frente de la caballería a la izquierda. A retaguardia quedaron el parque, bagajes y reserva.

El Ejército de Reserva también tomó posiciones -de acuerdo al plan de batalla del general Paz- que había resuelto aprovechar al máximo todos los vericuetos que le brindaba el terreno. El ala derecha estaba a las órdenes de Ramírez; el centro a las del teniente coronel Felipe López; y el ala izquierda al mando del general Núñez.

Desde ahora, para agilizar el relato, hacemos la salvedad de que los “Partes” entre comillas son transcripciones del Parte detallado hecho por el general Paz, al cual nos debemos atener exclusivamente por no haber encontrado ningún Parte redactado por Echagüe, el que sí existió.

Pudo haber sido hecho desaparecer por Juan Manuel de Rosas, porque ni en su documentación ni en la “Gaceta Mercantil” de Buenos Aires se encuentra nada referente a la batalla.

“Muy inmediato al Paso de Caá Guazú se encuentra un estero vadeable, de figura irregular, pero oblonga, cuyo extremo norte toca casi el río, dejando solamente una abertura de ochenta varas, inclinándose a la parte de arriba; dicho estero dividía nuestra línea, dejando a una parte el centro, derecha y reserva y, a la otra, el ala izquierda del ejército.
“Era de creer que el enemigo atacaría este ala, que parecía más débil, como sucedió efectivamente; en consecuencia, el señor general Núñez tuvo la orden de hacer demostraciones de recibir la carga para mejor atraer al enemigo y replegarse rápidamente -en los momentos precisos- por la abertura que quedaba a retaguardia, entre el estero y el río, para pasar a ocupar nuestra derecha y completar la derrota de la derecha enemiga, que estaba destinada a sufrir todo el peso de nuestra caballería.
“El movimiento de nuestra izquierda fue ejecutado con habilidad y precisión, al tiempo que la derecha enemiga se precipitaba sobre ella (...). En la expresada abertura o boquerón se había colocado el batallón ‘Guardia Republicana’ y fue destinado el coronel Chenaut (...) a tomar el mando de este importante punto.
“La derecha enemiga, terriblemente alucinada por la calculada retirada del general Núñez, se lanzó audazmente en su seguimiento, teniendo al mismo tiempo que romper su formación, porque el terreno -que disminuía excesivamente- lo obligaba también a disminuir su frente.
“En tal estado recibió primero por su flanco izquierdo los fuegos del batallón de ‘Cazadores’, que había vadeado el estero; pero, sin desistir del ataque, continuó su marcha hasta dar con el batallón ‘Guardia Republicana’ que guarnecía el estrecho, el cual lo recibió con los suyos.
“Fue entonces todo confusión en el enemigo y retrocedió espantado, sufriendo por segunda vez los fuegos de los ‘Cazadores’, para ir medio a rehacerse a gran distancia y replegarse sobre su infantería".

Al tiempo que esto ocurría, el ala derecha a las órdenes de Ramírez y apoyada por la reserva del coronel Velazco, cargó con todo ímpetu sobre la izquierda entrerriana que luego recibió el escaso aporte de los dispersos del general Gómez.

Tremenda fue la lucha y la caballería entrerriana comenzó a sumirse en la confusión pues los correntinos hacían estragos en ella. Solamente la superior artillería entrerriana se mantuvo incólume defendiendo las posiciones con bizarría.

Gruesos grupos de caballería de Echagüe comenzaron a desbandarse buscando refugio en los bosques cercanos, pero fueron perseguidos implacablemente y lanceados o acuchillados por los correntinos que buscaban, además de la victoria, vengar Pago Largo.

Por fin quedaron solas la infantería y la artillería que, ante la desaparición casi completa de su caballería, comenzaron una penosa retirada que se convirtió en un verdadero desastre:

“Después de algún tiempo hicieron un pequeño alto para disparar algunos tiros de cañón que, siendo contestados por nuestra artillería, los obligaron a precipitar su movimiento, para no detenerlo hasta después de rendidos.
“Sus carretas fueron quedándose sucesivamente por el cansancio de los bueyes y muy luego sucedió lo mismo con los cañones, no obstante de estar sus cajas perfectamente provistas; nuestra infantería no podía darles alcance y de la caballería se destacó una nube de tiradores que acosaron a aquellos mutilados restos sin cesar; el calor era excesivo y, al fin, exhaustos de fatiga, de sed y cansancio, se rindieron como doscientos infantes -que era lo único que les quedaba- pues los demás habían perecido en la persecución después de haber combatido con bravura y hasta con desesperación.
“Por varias leguas y por varios días continuó la persecución y caza de los dispersos enemigos. Los que no se rendían eran acuchillados sin misericordia. Don Juan Madariaga lo hizo con un grupo de sesenta entrerrianos que encontró en Abalos y que no acató la orden de entregarse. La retirada no duró más de una legua y al fin tuvieron que levantar bandera blanca y rendirse, pues el agotamiento y la sed hicieron estragos en ellos.
“Muchos morían de sed sin que pudiera hacerse nada por ellos, tal era el estado en que estaban".

Paz mandó que los prisioneros fueran llevados al campo de batalla y entregados al Jefe del Estado Mayor, pero resultó casi imposible trasladarlos por su estado de agotamiento y la sed abrazadora, debiéndoseles suministrar urgentemente agua.

Mientras tanto, el general derrotado emprendió una veloz fuga hacia Entre Ríos adonde llegó con apenas cuatro o cinco hombres, habiendo estado a punto de caer prisionero de un cuerpo de correntinos mandados por Juan Madariaga que -según Paz- por la ineptitud de éste no lo apresó(36).

(36) José María Paz. “Memorias Póstumas”, segunda edición, tomo II, p. 201, Buenos Aires. Editorial Trazo. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Balance de la batalla

El 28 de Noviembre de 1841, Paz obtuvo una victoria total. Había incitado al enemigo a un ataque que terminó en una emboscada mientras la derecha correntina tomaba al adversario por el flanco y la retaguardia.

Más de 2.000 rosistas -entre muertos, heridos y prisioneros- atestiguan la magnitud del triunfo.

Si bien más arriba ya dimos a conocer el balance estimado del doctor Mantilla, es bueno revisar el balance definitivo de esta tremenda batalla, que fue el siguiente: el Ejército correntino tuvo 53 muertos, 71 heridos y 61 dispersos de tropa; entre los oficiales hubo 4 muertos y 10 heridos.

Los trofeos conquistados al enemigo fueron nueve cañones, todo el parque, bagajes, tres banderas y una cantidad de armamentos de toda clase.

El ejército entrerriano dejó en el campo de batalla 1.356 hombres -muertos o heridos- y 800 prisioneros, entre ellos tres coroneles, tres teniente coronel, doce sargento mayor, ocho capitanes, cuatro ayudantes, veinte tenientes, catorce alféreces, tres portas y el ministro secretario de Echagüe, José F. Benítez.

Un verdadero descalabro para el bando rosista que dejó a Entre Ríos sin ejército y a merced del enemigo.

La batalla de Caá Guazú ha sido cien veces estudiada. Es, para los técnicos, una de las de plan insuperable, en que un ejército de sólo tres mil doscientas plazas, casi sin artillería, con un gran río a retaguardia, o sea, la seguridad del desastre total en caso de derrota, vencerá a otro de cinco mil plazas, poderosamente armado, y dá muerte al quinto de sus efectivos sin perder un centener de hombres.

Su éxito no está en la sorpresa, que sólo existió en el cruce del río; está en el plan habilísimo que permite usar dos veces de una de las alas, convirtiendo la inferioridad del efectivo en superioridad circunstancial e incontrarrestable en un instante dado de la batalla.

El abra inmensa que lleva al Paso Caá Guazú, rodeado de bosques, tenía en su tercio norte un bañado, tupido de vegetación, pero vadeable, cuya línea interna y la del bosque inmediato hacían ángulo, algo así como un amplio embudo propicio a la emboscada.

Fuerzas de caballería, comandadas por el general Núñez, atrajeron a la división rosista del general Servando Gómez, simulan una derrota y salen por el extremo del embudo a reforzar el ala derecha del general Paz para -junto con la división Ramírez- derrotar a las divisiones entrerrianas de Echagüe que se le enfrentaban.

Naturalmente la división Gómez, que cae en la emboscada del embudo, es acribillada por las infanterías desde el flanco y dispersa -resistiendo todo su bravo empuje- la Guardia Republicana dirigida por Miguel Virasoro.

La derrota del centro rosista, pese a sus doce piezas y a los batallones del coronel Thorne, es el resultado de la dispersión de las dos alas. Iniciada la retirada con orden relativo, la infantería rosista, acosada por las masas de jinetes, se contagia del pánico y es acuchillada y rendida.

“El resultado de la batalla ha sido pulverizar completamente al enemigo”, dirá en su Parte, el general vencedor(38).

(38) La Legislatura de la provincia acordó al general José María Paz una espada de honor (con vaina y puño de oro) y una banda, aquélla con la siguiente inscripción: “La gratitud del pueblo de Corrientes a su libertador, el brigadier Dn. José María Paz”. Otra igual, acordó a Ferré. El platero y grabador correntino Núñez de Ibarra trabajó las dos piezas. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 161. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

"El sol de Caá Guazú llenó de luz el territorio de la patria. De las márgenes del Plata a los valles norteños, donde se conservaba el horror de la decapitación de Avellaneda, nació la esperanza y se encomió a sus héroes. La victoria ya no era un ensueño: estaba en la realidad del vivir argentino y atraía y oscurecía la visión con el oro de su brillo", dira el historiador Hernán F. Gómez(39).

(39) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Editado por la Imprenta del Estado.

"Congregó todas las miradas y todos los intereses de sus gestores, de sus colaboradores y de los indiferentes y, por eso, por la interferencia de las fuerzas que movían a la Nación y a los países vecinos interesados en la política platina, su luz espléndida no dejó ver con claridad los caminos de la tierra", señalará luego.

La victoria consolidó la posición de los antirrosistas en Corrientes y obligó a Echagüe a retirarse a su provincia, donde fue reemplazado en el Gobierno por Justo José de Urquiza (15 de Diciembre de 1841).

La derrota rosista influyó para que Juan Pablo López, gobernador de Santa Fe, se pronunciara contra Rosas.

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