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Conferencias de Paysandú. Desastre de Arroyo Grande

La política nacional tenía en este momento su epicentro en el Litoral, donde puede observarse que la situación se agravó para los enemigos de Rosas.

Urquiza era nuevamente gobernador de Entre Ríos; José Garibaldi -al mando de la escuadrilla de Montevideo- fue vencido por Guillermo Brown en Costa Brava y esto permitió que el general Oribe cruzara el Paraná con las fuerzas federales y comenzara el avance hacia la costa del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos.

Nuevamente Corrientes veía acercarse el peligro de una invasión, decidiendo esto a Ferré a buscar la ayuda del presidente uruguayo. Ambos mandatarios -junto con los generales José María Paz y Juan Pablo López- se entrevistaron durante los días 14 y 15 de Octubre de 1842 en Paysandú (R.O.U.). Paz intentó -como siempre- centralizar el mando de las fuerzas, pero nuevamente fracasó.

El cordobés tenía siempre en cuenta las intenciones de Rivera de hacer la paz con Rosas y, si esto ocurría, las fuerzas argentinas quedarían desorganizadas. De allí su interés en crear un fuerte poder militar y político argentinos. Ferré se opuso a esa centralización y Rivera quedó como jefe de las fuerzas contrarias a Rosas, lo que determinó el abandono del escenario político por parte de Paz.

El 14 de Octubre de 1842 se firmó un Protocolo entre los tres gobernadores y el presidente uruguayo(1), estableciendo lo siguiente:

1.- Que el presidente oriental y los gobernadores contribuirían a la guerra con todos los elementos de que pudiesen disponer, sin excluir sacrificio alguno;
2.- Que el general Rivera sería el Director de la Guerra;
3.- Que el mismo quedaba autorizado para celebrar pactos con los poderes extranjeros y repúblicas vecinas, previo acuerdo y aprobación de los Gobiernos de las provincias contratantes;
4.- Que los subsidios y auxilios necesarios a las tropas argentinas serían facilitados por la República Oriental, con calidad de reintegro;
5.- Que los gobernadores presentes eran considerados como un todo argentino o cuerpo moral, representantes legítimos de la revolución argentina, cuyo centro directivo sería organizado por ellos independientemente del cuerpo que autorizaba ya al presidente oriental a proceder.

(1) El presidente de la República de Río Grande, Bento Gonçalves da Silva, estuvo presente pero no firmó el Protocolo. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Como consecuencia del Acuerdo anterior, el Ejército de Reserva correntino -al mando del general Manuel Vicente Ramírez- dejó su campamento de Villanueva en Corrientes y se unió al de Rivera en Gualeguay.

La reacción de los partidarios de Juan Manuel de Rosas concentraba grandes elementos en manos de Justo José de Urquiza, éste los manejaba con actividad, inteligencia y provecho reconquistando la provincia de su mando y Manuel Oribe se disponía a vadear el Paraná para atacar a los orientales y a los correntinos -unidos o separadamente- conforme se presentasen.

A fines de Agosto de 1842, el gobernador Pedro Ferré, presionado por influencias que se accionaban desde Montevideo y por círculos de la opinión correntina, resolvió trasladarse a Paysandú, en la República Oriental del Uruguay, donde se le habían anticipado los generales José María Paz y Juan Pablo López, a conferenciar con ellos y el presidente Fructuoso Rivera.

Ferré se trasladó a Paysandú en procura de una combinación que uniese los hombres y las fuerzas contrarias a la dictadura. La provincia no tenía compromisos con Rivera, mientras que Paz y López estaban obligados por el Tratado de Galarza; disponía de un Ejército listo detrás del cual se hallaba un pueblo decidido y eso le daba derecho a ser escuchado y atendido.

A invitación de Rivera y Ferré, celebraron con ellos Paz y López conferencias oficiales, cuyo objeto era: “Organizar un plan general basado en la unión más estrecha de todos los Gobiernos que combatían contra el tirano”.

Paz y López mantenían sus títulos de gobernadores de Entre Ríos y Santa Fe, aun cuando, en ambas provincias habían sido sustituidos; era, como se advierte, la doctrina rosista que llevaba a considerar a Manuel Oribe como presidente oriental, esta vez actualizada con el apoyo de los refugiados de Montevideo, que estaban en el fondo del asunto y que se habían encargado -en el caso de Oribe- de demostrar la ilegalidad del título de referencia.

Las conferencias de Paysandú no han sido vinculadas a hechos e ideas que entonces operaban en los espíritus y sobre los que se ha silenciado hasta por los mismos actores, que nos legaron sus “Memorias...” (Ferré y Paz). A la inversa, éstos han dado importancia al debate de lo accesorio, aun cuando del punto de vista de la política interna argentina eso accesorio resulta como lo fundamental.

- La política brasileña y sus intereses en el medio platino

Los actos políticos cumplidos en Paysandú tienen relación lejana con una de las intrigas operantes en el medio platino desde los días mismos de la revolución de Mayo. Referimos al deseo del Brasil (entonces Portugal) de llevar su frontera hasta el cauce del río Uruguay -ocupando la Banda Oriental- y a la sugestión que algunos de los hombres representativos de Buenos Aires (Nicolás Herrera y el general Carlos de Alvear), impotentes para dominar a José Gervasio Artigas y a los pueblos mesopotámicos, le hicieran de conquistar los territorios de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, llevando su frontera hasta el río Paraná, sugestiones que el país vecino recibió con algún entusiasmo y en cuyo sentido realizó algún esfuerzo(2).

(2) Véase Alfredo Varela. “Dos Grandes Intrigas (Política Brasileña, Interna y Externa)”. Este autor escribe y argumenta sobre el archivo diplomático del Brasil. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Ed. por el Gobierno de Corrientes.

Por muchos años la diplomacia brasileña concibió posible reunir a su territorio las provincias que lindaban con el río Uruguay en sus dos bandas, propósito que la guerra de 1825 disipó en cuanto importaba aumento del territorio del Brasil, pero que subsistió en muchos espíritus como fórmula regional de consultar las necesidades comunes de pueblos sujetos a los mismos problemas e intereses.

El general Rivera, presidente del Uruguay, renovó este pensamiento con espontaneidad, desde 1843, en el sentido de reunir al Uruguay, a Río Grande, Entre Ríos y Corrientes para organizar un Estado independiente y soberano que, si perjudicaba a Brasil, en cuanto se le separaba Río Grande del Sur, lo beneficiaba -al fin de cuentas- pues el nuevo Estado podía entrar a la nacionalidad brasileña sobre bases de organización federal.

Los republicanos de Río Grande hacía años se habían lanzado a la lucha contra el Imperio, organizándose políticamente naciendo -entre los partidos actuantes en el Brasil y en el Litoral- enlaces y simpatías. En el fondo, la lucha por las libertades públicas era la misma y los problemas de la realidad material exactamente iguales.

El pensamiento de Rivera llegó a Corrientes, con la que estaba aliado por la Convención del 27 de Agosto de 1840 que había revalidado el Tratado de Berón de Astrada de 1838.

Apenas conocido (más o menos en Julio de 1841), resultó imposible considerarlo porque Rivera rompió esa Alianza por el nombramiento del entonces coronel Núñez en uno de los comandos del Ejército de Reserva.

Además, como atentaba a la integridad del antiguo Virreinato del Río de la Plata, se le enfrentó el plan inspirado por el general José María Paz, de crear un Directorio de la Guerra en base a la alianza de Corrientes y Santa Fe, que dirigiría la política contra Rosas, mayormente cuando se decía de una cesación de hostilidades de la Banda Oriental mediante la intervención europea, empeñada en establecer la concordia entre Buenos Aires y Montevideo.

Dentro de los planes de Paz estaba el de organizar un congreso-reunión en Corrientes, con el fin de constituir el país, en cuanto la desarmonía con Rivera se hiciese irreparable(3).

(3) Véase Alfredo Varela. “Dos Grandes Intrigas (Política Brasileña, Interna y Externa)”. Cita documentación. // Referenciado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Ed. por el Gobierno de Corrientes.

Ya conocemos el fin de este plan, con el fracaso de la conferencia de los gobernadores del Litoral en Paraná.

Pero Rivera no había abandonado el suyo, que podía adoptar la forma originaria o traducirse en un entendimiento o alianza militar y cuando organizó las conferencias de Paysandú buscó expectabilizarlas, gestionando la concurrencia de Bento Gonçalves da Silva, presidente de la República de Río Grande del Sur.

Para ello designó -a mediados de Septiembre de 1842- al coronel Melchor Pacheco y Obes, una de las más grandes figuras del partido colorado, para que fuese a Alegrete como ministro plenipotenciario para acompañar al presidente de la República riograndense.

Este acto causó estupor en la política del Plata y más cuando el jefe riograndense fue aclamado en Salto y Paysandú, tratándoselo con el protocolo de mandatario de Estado soberano.

La oposición del general Paz y el reclamo del Gobierno imperial del Brasil -alarmado por los comentarios- explicarían suficientemente el que los planes de Rivera no fuesen considerados en su forma originaria, planes que éste desmintió por vía diplomática (ver Alfredo Varela), pero la presencia del presidente Bento Gonçalves da Silva fue un factor operante en la forma que luego expondremos.

- Las conversaciones

Reunidos en Paysandú, Rivera y Ferré invitaron (8 de Octubre de 1842) a los pseudogobernadores de Entre Ríos y Santa Fe (la invitación no consignaba los nombres de Paz ni López), a concertar un plan de acción contra Rosas. Ambos aceptaron -en sendas Notas- tratar el asunto, realizándose las conferencias en las que se levantaron dos Actas, fechadas el 14 y 17 de Octubre de 1842, publicadas en el anexo de las “Memorias...” de Ferré(4).

(4) Pedro Ferré. “Memorias” (1921), pp. 883 en adelante, Buenos Aires. Ed. Coni Hnos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Victoria de Caá Guazú” (1941). Ed. por el Gobierno de Corrientes.

La primera es el Protocolo de lo que convinieron los gobernadores de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe con el presidente del Estado oriental. Fue el saldo único y cierto de la conferencia, que estableció una Alianza entre esos Estados la cual, en lo que respecta a Corrientes, fue aprobada por su Congreso (Ley Nro. 627), el 11 de Diciembre de 1842.

Se convino

* contribuir a la guerra con todos los elementos, sin excluir sacrificio alguno;
* nombrar al general Rivera, Director de la misma;
* establecer que los auxilios que recibiera el Ejército argentino y los Gastos de la Guerra contra Rosas, serían deuda nacional;
* y autorizar al Director para celebrar pactos con los poderes extranjeros y Repúblicas vecinas, relativos a dar mayor vigor y más posibilidades y mayor éxito (a la guerra), iniciándolos por sí y concluyéndolos con previo acuerdo y aprobación de los Gobiernos argentinos.

Concluido este Acuerdo, el general Paz planteó la cuestión de si las entidades argentinas que actuaban debían considerarse un todo o solo fracciones de la insurrección, y fue la forma de traducir este todo argentino el asunto del Acta, fechada el día 17 de Octubre.

Ante todo, el Acta no está firmada por Ferré, quien la observó; traduce, en consecuencia, con fidelidad, sólo el pensamiento y posiciones de Paz y López.

Resulta innecesario entrar al análisis de las reservas del gobernador de Corrientes. Basta consignar que, mientras Ferré entendía que cada provincia debía llevar a la guerra su aporte -a las órdenes del Director Rivera- Paz y López proyectaban crear un Poder Central de la insurrección argentina, a ejercerse por el gobernador de Corrientes, quien debía actuar con dos ministros nombrados por los pseudosgobernadores de Santa Fe y Entre Ríos.

En cuanto a las Fuerzas Armadas, debían formar un Ejército único, al mando de un general, cuyo nombre está en blanco en el proyecto. En síntesis: Ferré, el único gobernador efectivo, no podía actuar sin ministros a designarse por los dos Gobiernos sin mando y su Ejército, el único existente fuera de 600 hombres de la escolta de López, debía ser entregado.

En otras palabras, se pedía a Corrientes renunciara a las funciones políticas y militares implicadas en su soberanía, la que no aceptó el plan. La conferencia de los gobernadores quedó levantada.

Sólo quedó en pie la Alianza y la colaboración de detalle de las tres provincias con el Director de la Guerra, solución que fue del agrado de Rivera (Oficio del 27 de Octubre de 1842).

Pero mientras Corrientes va a cumplir con amplitud su compromiso y López -de Santa Fe- lo hace en la relatividad de sus pequeños recursos, el general Paz se aleja de la escena. Su Oficio (del 20 de Octubre de 1842) al Gobierno delegado en Corrientes (no a Ferré, en Paysandú), no puede ser más “florentino”:

“Mi honor -dice- no me permite derramar una gota de sangre de mis compatriotas, si no es con el exclusivo objeto de restituirles una patria libre y un régimen legal que haga la garantía de su libertad”; y concluye: “Reservando explanar y analizar, oportunamente, las razones que explicaban sus palabras y su alejamiento”.

Pasando por sobre el gobernador titular que, por expresa consignación de la ley que autorizó su viaje, conservaba en Paysandú todas las facultades de su magistratura, Paz escribía al delegado administrativo y sembraba la intriga que surge clara de lo transcripto.

Con el prestigio que le conservaba el recuerdo de Caá Guazú, acusaba a Pedro Ferré de actos que contrariaban el propósito de una patria libre y un régimen de garantía de su libertad.

Como el Protocolo de los Acuerdos con Rivera (día 14 de Octubre de 1842) está suscripto y tiene la conformidad de Paz, lo convenido no puede ser el feo asunto a que se alude.

Tampoco puede ser la resistencia de Ferré a centralizar la sedición en lo político y crear un solo Ejército argentino, cuyo conductor debía ser forzosamente dicho general, desde que si estos actos le resultaban esenciales, debieron constituir una cuestión previa a la Alianza.

Paz alude a otro hecho y no lo concreta: fuera de duda refiere a la presencia, en Paysandú, de Bento Gonçalves da Silva, presidente de la República de Río Grande del Sur, y a la sospecha de que el Director de la Guerra (Rivera), ejercitando la facultad que él mismo había votado (la 4ta. del Protocolo), contratase con ese mandatario de “una República vecina”, actos “necesarios” para valorizar la guerra contra Rosas.

Según estudiosos brasileños (ver: Alfredo Varela), se convino en Paysandú que la República de Río Grande debía cooperar en la guerra como aliada, a cuyo efecto el general Rivera -además de la promesa (que ejecutorió) de darle material de guerra- prometía, concluída la campaña contra Rosas y Oribe, ayudarla a obtener su independencia efectiva del Brasil.

Según los cronistas, estas palabras del jefe oriental tuvieron la aprobación del gobernador Ferré quien, dirigiéndose a Bento Gonçalves da Silva, habríale ofrecido -en nombre de la República Argentina y, especialmente, de la provincia de Corrientes- todos los auxilios que le pudiese dar después de derribado Rosas del Gobierno y con el mismo objeto expresado por Rivera.

Gonçalvez, por su parte, aceptó, ofreciendo para la lucha contra Rosas un batallón de 700 plazas de infantería que, entretanto no le era imprescindible para su resistencia contra el Imperio y convino en perseguir las partidas de blancos que, del Estado oriental, se refugiaran en Río Grande del Sur.

Aún cuando Ferré nada documenta de esta Convención, ella debió ser exacta. En Octubre de 1842, pocos días después, un enviado extraordinario de la República de Río Grande visitaba la capital de Corrientes y, al retirarse a su patria agradecía -en conceptuoso Manifiesto (19 de Octubre de 1842), que se publica en el Registro Oficial de Corrientes de 1842- las atenciones recibidas y los conceptos formulados en las entrevistas.

Es conveniente dar el epílogo de estas relaciones abiertas con Río Grande. En 1844, Bento Gonçalves da Silva restableció el negociado en las términos que los planteara Rivera, de acuerdo a los cuales Río Grande del Sur, Uruguay, Corrientes y Entre Ríos -reunidos en un Organismo político- entrarían a tratar con el Brasil, integrándolo bajo el sistema federal, sin quedar sometidas al trono, o sea, al Emperador.

Este fue el pensamiento planteado al Luís Alves de Lima e Silva, duque de Caxias, como fórmula de paz entre el Imperio y la República de Río Grande, en la conferencia que celebrara con el funcionario riograndense.

Largo fue el debate. El representante del Emperador no lo aceptó; fundábase en que no solamente no juzgaba a Madariaga -en ese entonces gobernador de Corrientes- a Rivera, etc., estar autorizados por sus pueblos a ese arreglo, sino que él mismo se creía inhibido de entrar en combinaciones de tal magnitud.

Ninguna proposición que no importase el abandono completo del propósito de independencia en Río Grande podía aceptar como base de solución.

Caxias, como contrapropuesta, planteó el abandono de la lucha como deber de patriotismo; dábale como fundamento el hecho de haberse abierto comunicaciones entre los insurrectos de Río Grande y el general Justo José de Urquiza, quien los empezó a favorecer, relaciones que probaban que Rosas iba a intervenir en las cuestiones internas del Brasil, tal vez en represalia de los buenos ojos con que el Emperador veía a Rivera.

Proponía Caxias que los riograndenses declararan dejar las armas, no por temor de ser vencidos sino porque una Nación extranjera “amenazaba a nuestros hermanos brasileños”.

Para aceptar esta base necesitábase conocer la actitud del Emperador, los derechos que reconocería a Río Grande; etc. y, para ella, Caxias demandó instrucciones.

Antes de llegar éstas, el Gobierno sedicioso impugnó la base consignada, pero la solución final escapa a la historia de Corrientes que, desde entonces, jamás fue implicada en el drama.

- Resumen. Acuerdos 

El 14 de Octubre de 1842 acordaron:

1.- “Que el presidente oriental y los gobernadores contribuirían a la guerra con todos los elementos de que pudiesen disponer, sin excluir sacrificio alguno;
2.- “Que el general Rivera sería el Director de la Guerra;
3.- “Que el mismo quedaba autorizado para celebrar Pactos con los poderes extranjeros y Repúblicas vecinas, previo acuerdo y aprobación de los Gobiernos de las provincias contratantes;
4.- “Que los subsidios y auxilios necesarios a las tropas argentinas serían facilitados por la República Oriental, con calidad de reintegro;
5.- “Que los gobernadores presentes eran considerados como un todo argentino o cuerpo moral, representantes legítimos de la Revolución argentina, cuyo centro directivo sería organizado por ellos, independientemente del arreglo que autorizaba ya al presidente oriental a proceder”.

Rivera ofreció al general Paz el puesto de Mayor General del Ejército Aliado, pero él contestó que no podía resolverse sin el establecimiento previo del centro directivo argentino, haciendo depender la ejecución de lo definitivamente resuelto para iniciar ya operaciones de lo que -por el momento- era secundario en presencia de la gravedad de los sucesos y la proximidad y la altanería del enemigo.

La actitud del general Paz obligó a tratar la cuestión. Varias conferencias celebraron Ferré, Paz y López sin arribar a resultado satisfactorio; tres proyectos fueron sucesivamente discutidos y no aceptados.

Las diferencias eran entre Paz y Ferré; López secundaba al primero. Ellas giraban alrededor de este pensamiento indeclinable del general:

“El Gobierno de Corrientes será provisoriamente el centro representativo de la revolución y se expidirá con dos Ministros, nombrado el uno por el Gobierno de Entre Ríos y otro por el de Santa Fe”.

El Gobierno de Corrientes había desaparecido de hecho, sometiéndose a la intrusión de Paz y López, a título de ser ellos únicamente los Gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos.

La consecuencia del desacuerdo fue que el general Paz declarase oficialmente (20 de Octubre de 1842) la separación completa de su persona de la lucha(5). Juan Pablo López marchó a ocupar un puesto en el Ejército Unido.

(5) “... Mi honor, la nacionalidad de mis principios y lo más caro de mis deberes como argentino no me permiten derramar una gota de sangre de mis compatriotas si no es con el exclusivo objeto de restituirles una patria libre y un régimen legal que haga la garantía de su bienestar.
“... Los intereses argentinos no están consultados, ni garantida la nacionalidad de la guerra contra el tirano. Tal es mi opinión; y este convencimiento que no puedo deponer me ha determinado a separar completamente mi persona de la actual lucha”.
..........................................................................................................................................................
Oficio del general Paz, al gobernador delegado de Corrientes, Manuel Antonio Ferré, datado en Paysandú, a 20 de Octubre de 1842. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 172. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Paz se entrevistará en Paysandú con Rivera, López y Ferré. Se firmará un nuevo Tratado de Alianza y, de acuerdo con el mismo, el mando supremo quedaba en manos de Rivera. Paz renunciará y se trasladará a Montevideo(6).

(6) Antonio Emilio Castello. “Caaguazú, la gloria efímera”, en “Todo es Historia”, Nro. 107.

Ferré -sensible a la influencia de Rivera- entregó a éste la dirección de la guerra sacrificando al prestigioso general Paz que quedó fuera de la campaña. El cambio no pudo ser peor, pues Rivera eran tan mal general como dudoso aliado.

Ahora, vuelto éste a Entre Ríos, se iba a enfrentar con Oribe -su viejo rival- por la presidencia oriental que él detentaba -en reemplazo de Gabriel Antonio Pereyra- y que Oribe pretendía recuperar.

- El combate de Arroyo Grande

El Ejército aliado, compuesto de orientales riveristas, correntinos y “farrapos” de Río Grande, llegó a tener 8.000 hombres, mientras que las fuerzas rosistas ascendían a 8.500 soldados bien armados y montados.

Oribe se situó en Arroyo Grande y fortificó sus posiciones. Por su parte Rivera se movió confiado en la debilidad del enemigo, de acuerdo con la información confidencial que le había enviado el representante inglés en Buenos Aires, Mr. Mandeville.

El 6 de Diciembre de 1842 se produjo el choque, quedando el Ejército de Oribe vencedor y totalmente dueño de la situación.

Libre de Paz, Ferré envió la mayor parte de su Ejército al Nordeste de Entre Ríos y lo puso bajo el mando de Rivera. Mientras éste concentraba su ejército en cercanías de Concordia, Oribe avanzaba lentamente hacia allí, incorporando las fuerzas de Urquiza y algunos nuevos refuerzos enviados por Rosas(7)

(7) Beatriz Bosch. “Historia de Entre Ríos” (1991), pp. 157-158. Ed. Plus Ultra.

Las tropas correntinas se incorporaron a las orientales a principios de Noviembre de 1842; las mandaban los generales Vicente Ramírez y José Domingo Abalos(8) por el número, el entusiasmo y los elementos de ese Ejército. Fue el mejor de los levantados hasta entonces.

(8) El mismo de las campañas del Ejército Libertador en las que ascendió a Coronel. Emigró a Chile después de Rodeo del Medio; de ahí pasó a Montevideo y, enseguida, a Corrientes. Ferré le ascendió a Coronel Mayor. Era patriota, muy valiente, de orden, pero de escasas luces. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 173. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La única tropa reservada en la capital fue el batallón Guardia Republicana. El conjunto de las fuerzas aliadas era inferior a las enemigas; además, éstas tenían la ventaja de ser superior potencia militar por su disciplina y la competencia de su general y jefes.

Manuel Oribe había pasado el Paraná con los veteranos de las guerras del Interior y, unido a Urquiza, mandaba en Jefe.

Después de algunos hechos de armas insignificantes, los dos Ejércitos se encontraron el 6 de Diciembre de 1842 en Arroyo Grande. Se enfrentaban las mayores fuerzas reunidas hasta entonces en una guerra civil argentina (8.500 aliados y 9.000 rosistas).

Rivera empezó por no crear una reserva de combate y adoptar una actitud defensiva. Su conducción fue nula. El oriental presentó en línea 8.000 hombres de las tres armas; Oribe 9.000.

La batalla fue larga, encarnizada y sangrienta, la más reñida de la guerra civil argentina. Por largo tiempo se mantuvo indecisa la victoria; ambos lados la disputaban con gallardía valerosa.

La infantería rosista rompió al fin el centro de los aliados; perdieron éstos terreno y, aunque continuaron batiéndose denodadamente, rota la línea y cargadas aisladamente las fracciones de ella, la resistencia fue vencida y la derrota pronunciada.

“El general Rivera, temiendo más el riesgo de su vida que la tremenda responsabilidad de las de los soldados puestos a su cargo, se separó de su Ejército cuando estaba todavía indecisa la victoria, dejando en el campo de batalla masas enteras que, con menos cobardía, alguna serenidad y algunas ideas estratégicas hubieran podido salvar o impedir -cuando menos- que fuesen impunemente acuchilladas”(9).

(9) César Díaz (oriental). “Memorias” (1878), Buenos Aires. Imprenta y Librería de Mayo. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 173. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Gracias a su superioridad numérica y organizativa, los rosistas y blancos obtuvieron una completa victoria sobre el Ejército antirrosistas-colorado(10).

(10) Academia Nacional de la Historia. “Partes de batalla de las guerras civiles” (1977), Buenos Aires.

Perecieron la infantería y la artillería correntinas en la acción y a cuchillo la prisionera; la caballería tuvo grandes pérdidas. El vencedor hizo gala de crueldad(11).

(11) Carta del general Gerónimo Costa a Mariano Loza:
“En hora y media fue destruido totalmente el Ejército salvaje, quedando hasta 1.500 prisioneros, artillería y todo el material. Se calcula como dos mil los muertos, entre ellos sesenta jefes y oficiales. Fueron perseguidos en distancia de 14 leguas. Nuestra pérdida no pasa de 300 hombres”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo X: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1840-1842)”, parágrafo 173. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La victoria de Oribe fue total: los aliados tuvieron 2.000 muertos y 1.400 prisioneros, de los que fueron degollados todos aquéllos que tenían grado de Sargento para arriba.

Los derrotados cruzaron precipitadamente el río Uruguay; las fuentes unitarias afirman que Oribe y Urquiza ejecutaron en masa a todos los oficiales y suboficiales que no lo lograron(12).

(12) Antonio Emilio Castello. “Oribe: Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, Nro. 83.

La provincia quedó abierta al enemigo. Ninguna defensa intentó el Gobierno. El gobernador y sus cooperadores huyeron al Paraguay. Los jefes principales del Ejército buscaron su salvación en el Brasil sin pensar ninguno en organizar resistencia. Los soldados derrotados se ocultaron en los bosques.

Los vecindarios fronterizos y los habitantes de los pueblos del sur abandonaron sus hogares para guarecerse en las espesuras de la selva. El pavor se apoderó de la provincia. Crecida emigración de familias pasó al Chaco, al Paraguay y al Brasil. Era espantosamente lúgubre el recuerdo de Pago Largo.

Poco después, Urquiza invadió Corrientes donde no encontró resistencia alguna. Ferré huyó a Paraguay mientras la mayor parte de sus oficiales escaparon hacia Brasil.

Urquiza se aseguró la gobernación para el rosista Pedro Dionisio Cabral y, antes de volver a su provincia, dejó dos guarniciones de entrerrianos para asegurarse contra futuras invasiones(13).

(13) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 332-338. Ed. Plus Ultra.

- Después de la batalla

El oriental César Díaz, que militaba en las fuerzas riveristas, dijo en sus “Memorias”: “Todo se perdió, hasta el honor”. Rivera terminó huyendo con unos pocos hombres y cruzando a nado el río Uruguay.

Sobre las consecuencias de esta derrota dijo Ferré en su “Memoria”:

“... sucedió la desgraciada batalla de Arroyo Grande, la que no fue tan funesta por lo que ella en sí importaba sino por sus consecuencias.
“Estas fueron más fatales que las de Pago Largo, porque entonces no fue tan escandalosa la desmoralización del Ejército; salieron divisiones y escuadrones en masa con su respectivos jefes, que si después se retiraron a sus casas fue efecto de las circunstancias sin que por esto abandonaran el país ni los deseos de defenderlo.
“En la derrota de Arroyo Grande sucedió lo contrario. Las atrocidades que entonces cometieron los enemigos en los prisioneros y rendidos y en las familias los aterró ahora de tal modo que no pensaron en otra cosa que en salvar sus familias abandonando sus intereses”(14).

(14) Pedro Ferré. “Memorias” (1921), p. 170, Buenos Aires. Ed. Coni Hnos. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Los hermanos Madariaga acusaron después a Ferré de haber abandonado cobardemente la provincia en manos del enemigo, sin haber hecho nada para defenderla.

Esta acusación fue gratuita y malintencionada pues Ferré, luego de recibido el Parte de la derrota de Arroyo Grande, pensó que todavía podía hacerse algo para salvar a Corrientes, pues las tropas escapadas del desastre estarían siendo reagrupadas por sus jefes en la frontera con Entre Ríos.

Con esta esperanza y la de recibir noticias de los principales jefes del Ejército salió de la capital con el batallón Guardia Republicana y comenzó a armar a todos los hombres disponibles. Ofició a todos los Comandantes departamentales, pero las comunicaciones que recibió fueron realmente desalentadoras; es más, desesperantes.

Andrés Ricarde, en Oficio datado en Paso del Platero, en el río Corriente, el 10 de Diciembre de 1842, le decía:

“Doy cuenta a S. E. que el 9, a la noche, del presente, se me dispersó toda la fuerza de mi mando con el único motivo de la derrota de nuestro ejército en Entre Ríos...”.

José Eugenio Gómez, el 11 de Diciembre, le decía desde Saladas:

“Excelentísimo Señor:
“Es ya imposible, en el estado de dislocación en que estamos, contener a los hombres (...) En el día nadie obedece y es en balde los esfuerzos que se hacen, porque el jefe no tiene cómo sostenerse”.

Del mismo estilo eran los Oficios de Francisco Cáceres, desde la Villa de San Roque; de Juan B. Pucheta, Comandante General de Frontera; del general José Domingo Abalos, jefe que participó en Arroyo Grande y se dirigía hacia la Ciudad de Corrientes; de Joaquín Chapo, Comandante de Mburucuyá; de Juan Francisco López, Comandante de Capilla del Señor; y de varios otros comandantes(15).

(15) Pedro Ferré. “Memorias” (1921), pp. 898-904, Buenos Aires. Ed. Coni Hnos. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Pero la comunicación más interesante fue la que le dirigió, el 8 de Diciembre de 1842, desde Taperas de Curuzú Cuatiá, Juan Madariaga:

“El dador don José Virasoro va a instruir a V. E. de nuestro contraste del 6 del corriente. El señor presidente, a quien escoltamos Joaquín y yo hasta pasar el Salto, no pudo escribirle, y me autorizó para decirle que iba a todo trance a seguir la demanda poniendo una fuerte caballería; que entretanto a nosotros toca otro tanto.
“El escribirá a V. E. pronto. Nosotros, por el momento, vamos a salvar a nuestra familia y algo de intereses de campo, para enseguida presentarnos a hacer lo que podamos en defensa de esta desgraciada patria y perecer antes de ser degollados, a menos que nuestros paisanos se nieguen enteramente”(16).

(16) Pedro Ferré. “Memorias” (1921), p. 904, Buenos Aires. Ed. Coni Hnos. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Sobre esta carta dice Ferré lo siguiente:

“Estos fueron los que se mostraban con más ánimo y ya se ve que en aquellas circunstancias era oportuno el auxilio y, si me hubiera resuelto a esperarlo, sería solamente para que recogieran mis huesos del campo y les hicieran los honores fúnebres, que aún no tengo ganas de que se me hagan”(17).

(17) Pedro Ferré. “Memorias” (1921), p. 174, Buenos Aires. Ed. Coni Hnos. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

El caos era incontrolable; ya no había hombres de jerarquía que tuvieran ánimo de luchar. A la capital comenzaron a llegar los dispersos y éstos eran generales, coroneles y oficiales que tenían allí sus familias y con las intenciones de emigrar a un país extranjero para ponerse a salvo.

Cuenta Ferré que se presentaron ante él el general Abalos, el coronel Ocampos, el mayor Virasoro y algunos oficiales, comunicándole que, debido a la derrota, el Ejército correntino se había dispersado completamente.

Ferré les manifestó su esperanza de poder reunir aunque más no fueran quinientos hombres para llevar a cabo una guerra de recursos con qué demorar el avance del enemigo y dar tiempo a las familias para que emigrasen con mayor tranquilidad y pudieran salvar algunos intereses; pero Abalos le manifestó que era imposible, ya que los soldados huían de sus jefes y éstos de sus soldados.

Todos le pidieron dinero en metálico porque pensaban irse de la provincia y el papel moneda no les serviría de nada fuera de ella.

Frente a esta situación incontrolable, Ferré presentó su renuncia ante el Congreso Provincial, que lo volvió a reelegir, pero nuevamente renunció y aconsejó que eligieran gobernador al jefe de los rosistas correntinos, Pedro Dionisio Cabral, optando él por irse al Paraguay con su familia.

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