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INTERREGNO DE JUAN ANTONIO ACEVEDO. SEGUNDO MANDATO DE PEDRO DIONISIO CABRAL

La victoria de los rosistas en Arroyo Grande produjo cambios completos en la situación política de Corrientes.

Con la fuga de Pedro Juan Ferré al Paraguay -después de Arroyo Grande- el Gobierno quedó acéfalo. Para evitar desmanes y actos vandálicos, el presbítero Juan Antonio Acevedo, por sí, lo tomó a su cargo en los primeros días de Diciembre de 1842. Fue respetado por todos. Duró pocos días.

Hacia 1843, Pedro J. Ferré emigró de Corrientes radicándose en San Borja (Brasil) donde, para sustentarse, debió apelar a su oficio de armador(1).

(1) En esta etapa de paz redactó su conocida “Memorias...” que será editada recién en 1921 por sus descendientes, verdadero libro de consulta cuando se desea estudiar la historia de Corrientes en el período 1821-1842. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

- El fracaso de la política exterior de Ferré

Corrientes cumplió con lealtad las estipulaciones de lo acordado en Paysandú. Su Ejército marchó a ponerse a las órdenes del Director de la Guerra y la batalla de Arroyo Grande barrió como un gran ciclón los resultados de tanto sacrificio.

Ocho días después de la derrota de Arroyo Grande se produjo en Corrientes (14 de Diciembre de 1842) un movimiento militar, designándose gobernador a Pedro Dionisio Cabral.

En medio de grandes festejos populares, el Gobierno ordenó se extrajeran del Convento de San Francisco las banderas rosistas tomadas a los vencidos en Caá Guazú, las que fueron paseadas por los jefes, oficiales y soldados prisioneros de los Ejércitos de Rosas a quienes se dio libertad por los partidarios del dictador.

Y como el 30 de Diciembre de 1842, el general Urquiza, al frente de una división de 3.000 hombres, había partido de Arroyo Grande para sostener al gobernador Cabral, penetrando en Corrientes y acampando en Villanueva, el 8 de Enero de 1843 esas banderas -trofeos de Caá Guazú- le fueron remitidas como señal de homenaje y acatamiento a la causa rosista.

Urquiza correspondió al gobernador Cabral, enviándole el estandarte correntino tomado al general Ramírez Chico, en la batalla de Arroyo Grande, y cuyo lema decía: “Vencedor en Caá Guazú”.

Pero de las cenizas del enorme incendio nacerá de nuevo el grito de libertad, con Joaquín Madariaga, el 31 de Marzo de 1843.

- Cabral, gobernador

Acéfalo el Poder Ejecutivo -porque lo abandonó Ferré- el Legislativo puso el Gobierno en manos de los calificados como partidarios de los vencedores, nombrando gobernador de la provincia al honorable Pedro Dionisio Cabral, que había ocupado ya -en otra época- el mismo destino y que por sus cualidades personales, su distinguida posición social y su fortuna era estimado y respetado(2).

(2) La noticia del desastre llegó a la capital el día 10 de Diciembre de 1842, por la mañana. El Gobierno hizo aparato local de resistencia pero, el día 14 de Diciembre de 1842, se embarca el gobernador y marchóse al Paraguay. Fue entonces que el Congreso nombró gobernador a Cabral, con facultades extraordinarias, “para todos los casos concernientes a la paz y guerra”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 174. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Oribe quedó muy satisfecho y destinó una división, al mando del general Justo José de Urquiza, para operar de acuerdo con el Gobierno y darle toda protección.

Ante los juicios adversos que se vertieron sobre el gobernador Cabral es conveniente que veamos lo que dijo de él y de los hombres que lo acompañaron en el Gobierno el doctor Manuel F. Mantilla:

"En rigor, no eran partidarios de Rosas los que subían al poder. Buenos servicios contaban en la labor del partido fundador de las Instituciones provinciales; pertenecían a la sociedad culta; poseían bienes de fortuna; anhelaban sobre todo la paz.
"El grupo principal de ellos -pequeño- se alejó de los negocios públicos cuando la provincia declaró la guerra a Juan Manuel de Rosas; la consideraba temeridad inútil, de sacrificio cruento y estéril, pero no abrazó la causa del dictador ni estrechó relaciones con él.
"La paz mantenida a toda costa era la bandera de ellos. A este fin subordinaban todo. Preferían tolerar las imposiciones de Rosas antes que exponer la provincia a las consecuencias de la guerra.
"No temían crueldades a la distancia; sobre todo, confiaban librarse de ellas por medio de la sumisión asegurando, a la vez, un Gobierno local regular, que no esperaban alcanzar por las armas.
"Los extravíos políticos de Ferré, generadores de la división del partido de la resistencia, apuraron la situación de los conservadores retirados, obligándolos a la acción defensiva que, si no los identificó con los genuinos partidarios de Rosas, los presentaba en ese carácter.
"La derrota de la provincia los llevó lógicamente al poder; eran los únicos a quienes podía reconocer en el Gobierno el vencedor de Arroyo Grande"(3).

(3) También se denominó aquel hecho de armas Batalla de Palmar. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 174. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

"Pero los sucesos habían modificado las condiciones políticas de la provincia al favor de las cuales pensaran ellos desarrollar su programa conservador sin los inconvenientes de la crudeza del sistema de Rosas.
"Antes de la guerra, la preferencia del sacrificio de la sumisión al de la lucha armada pudo, tal vez, dar algún resultado en el orden de los intereses materiales. Por lo menos era una política de posible aunque no de probable eficacia.
"Después de cuatro años de batallas, ante Rosas dominador omnipotente de todo el país, vencedor de Corrientes por las armas, era ilusión tener en cuenta las primeras ideas y esperanzas. Los hechos comprometían a seguir el rumbo de la causa que los amparaba, para ser totalmente de ella en lo sucesivo.
"Y así ocurrió; naciendo de esa suerte un verdadero partido local, pequeño, más no por eso menos bien caracterizado que su rival -proscripto y perseguido a todos los vientos- en aquel tiempo denominóse federal, reservando arbitrariamente para el contrario el título de unitario, no obstante ser éste federalista"(4).

(4) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, pp. 82-83. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Tomó por color distintivo el rojo, con el lema: “¡Viva la Federación Argentina!(5), en oposición a la divisa celeste del otro, con el lema: “Patria, Libertad, Constitución”. El partido de la resistencia al dictador adoptó -desde entonces- la denominación liberal.

(5) El lema “federal” fue establecido por sanción legislativa del 23 de Noviembre de 1835 y, el uso obligatorio de la “divisa punzó” por decreto del 22 de Febrero de 1837. El Cuerpo legislativo derogó la primera el 11 de Diciembre de 1840 y el gobernador Pedro Ferré el segundo, por decreto del 31 de Octubre de 1839. El gobernador Cabral restableció el lema y la divisa “federal” por decretos del 16 de Diciembre de 1842 y 4 de Enero de 1843. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 174. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El 14 de Diciembre de 1842 fue electo gobernador Pedro Dionisio Cabral(6) y revalidada su autoridad por la Legislatura el 15 de Marzo de 1843. Sus ministros serán: de Guerra y Relaciones Exteriores: Justo Díaz de Vivar; y, de Gobierno y Hacienda: Teodoro Gauna.

(6) Pedro Dionisio Cabral ocupará el Poder Ejecutivo en dos oportunidades:
1.- Del 27 de Diciembre de 1828 al 27 de Diciembre de 1830 (completando el segundo trienio de Pedro Ferré).
2.- Del 14 de Diciembre de 1842 hasta el 11 de Abril de 1843. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

Cabral estará al frente del Poder Ejecutivo hasta el 11 de Abril de 1843, que huyó abandonando su puesto por temor de un amago de reacción, como en efecto tuvo lugar dos días después, el 13 de Abril de 1843, encabezado por el coronel José Antonio Virasoro(7).

(7) Este será asesinado en 1859, estando de gobernador en la provincia de San Juan. // Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

"Nada útil realizó este Gobierno para la provincia. Por el contrario, suprimió la Universidad y el Colegio Secundario y, además, autorizó, toleró y ordenó actos de gran rigor, a veces innecesarios", señala Antonio E. Castello en su "Historia Ilustrada ... de Corrientes".

El 8 de Enero de 1843 declaró “incursos en el crimen de sedición y deserción” a todos los empleados civiles y militares que salieron de la provincia sin permiso del Gobierno; les embargó los bienes y designó una comisión de “tres ciudadanos federales” para que indicaran las personas incursas en el citado decreto.

En esa fecha el gobernador Cabral declaró reos de deserción y sedición a los civiles y militares que abandonaron la provincia para unirse a las fuerzas antirrosistas. A estos se les embargaron los bienes luego que una Comisión -creada al efecto- estableció que debían sufrir también esa pena.

Enardeció a sus oponentes declarando traidores a la patria a Pedro Ferré y sus colaboradores y, fuera de la ley, a los desertores de las tropas, para quienes estableció la pena de muerte. Además impuso que las familias de éstos fueran concentradas en la capital a disposición del Jefe de Policía. También estableció la pena de muerte para los que entrasen en relación con los “salvajes amotinados”.

Luego, Cabral delegó el mando -por salir a campaña, con dirección al Cuartel General de Justo José de Urquiza en Villanueva- del 14 de Enero de 1843 al 20 de Febrero de 1843, en su ministro Justo Díaz de Vivar(8).

(8) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987). Ed. Hyspamérica. // Referenciado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

Cabral integraba el sector correntino favorable a Rosas. Ese sector toma el nombre de partido federal, mientras que el sector sostenedor de hacer la guerra al gobernador de Buenos Aires toma el nombre de partido liberal, cuyo lema será “Patria, Libertad y Constitución”.

Acuerdos con Urquiza

El general Justo José de Urquiza -tras invadir la provincia de Corrientes- impuso su voluntad al gobernador Pedro Dionisio Cabral.

El Gobierno celebró con Urquiza -ahora gobernador de Entre Ríos- un Tratado, el 9 de Febrero de 1843, que impuso a Corrientes la obligación de entregar a la de Entre Ríos 300.000 cabezas de ganado bovino marcado y 20.000 yeguas.

Así, el Tratado estipulado el 20 de Abril de 1839 -como consecuencia de la batalla de Pago Largo- fue modificado el 9 de Febrero de 1843 cuando Urquiza impuso a Corrientes la entrega de 300.000 cabezas de ganado vacuno de marca y 20.000 yeguarizos, renunciando éste último a los 30.000 pesos plata, 80.000 reses vacunas y 50.000 yeguarizos que por dicho Tratado se había comprometido a entregar.

Además, se obligó a la incorporación a su Ejército de todos los jefes, oficiales y soldados que no hayan emigrado después de la batalla de Arroyo Grande.

Se convino, igualmente, que los límites de ambas provincias serían, hasta un nuevo arreglo, los ríos Guayquiraró y Mocoretá, tirando una línea desde las puntas del primero hasta las del segundo y que el territorio de Misiones había de tener en el Congreso de Corrientes dos diputados y seguir a cargo del Gobierno de la provincia hasta que, reunida la representación nacional de la Confederación, se discutieran los derechos que los misioneros tuviesen o, antes, si su población fuese suficiente para su existencia como provincia.

En el mes de Marzo de 1843, Urquiza, considerando asegurada la provincia, se retiró con sus fuerzas del campamento de Villanueva rumbo a su provincia, para iniciar la campaña de la Banda Oriental.

Dejó como reserva -para sostener al Gobierno de Cabral- mil hombres a las órdenes del coronel José Miguel Galán. A su vez, la costa del Uruguay fue guarnecida por soldados del ejército de ocupación al mando del coronel Tacuabé y del teniente coronel correntino Bartolomé Ramírez.

Fueron incorporados al Ejército rosista de ocupación todos los jefes, oficiales y soldados que no emigraron fijándose, al mismo tiempo, el plazo de quince días para que los ausentes se presentasen en el campamento de Villanueva, bajo severísimas penas para los contraventores. Los más prefirieron exponerse a sufrir las penas.

Los jefes, oficiales y soldados correntinos que no emigraron fueron obligados a incorporarse al Ejército rosista. Con los presentados(9), formó Urquiza la “División Correntina” que, más tarde, fue base de su influencia en la provincia porque, desde un principio el caudillo entrerriano se propuso conquistar tratando con deferencia a oficiales y tropa para ganar adhesión.

(9) Los principales jefes y oficiales fueron: Benjamín Virasoro, Ildefonso Aranda, José de la Cruz Gallardo, Salvador Bejarano, Antonio Silva, Pablo Roura, Carlos Aguilar, Celestino Ojeda, Simón Serrano, Victoriano Olguín, José Garrido, Manuel Alegre, Juan de Dios Ramírez, Simeón Santuchos, Celedonio López, Elías Varela, Hilario Amarilla, Serapio Pucheta, Juan Ventura Alvarez, Teodoro Maciel, Manuel Paré, Manuel Romero, Antonio E. Berón, Isidoro Reguera, Olegario Maidana, Buenaventura Ojeda, Juan Manuel Quevedo, Pedro Córdova, Brígido Cabral. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

A falta de soldados propios, el Gobierno guarneció la costa del Uruguay con fuerzas del ejército de ocupación, mandadas por el coronel Tacuabé y Bartolomé Ramírez, éste, trasladado a la capital.

Las Comandancias departamentales únicamente tenían oficiales correntinos. Cuando Urquiza se retiró de la provincia (Marzo de 1843), porque la consideraba asegurada y él debía operar en el territorio de la República Oriental, dejó como reserva de la guarnición del Uruguay mil hombres, al mando del coronel José Miguel Galán, ex prisionero en Caá Guazú(10).

(10) Los jefes y oficiales tomados prisioneros en Caa Guazú vivían en la capital, sueltos, bajo la vigilancia de la autoridad. Establecido el nuevo Gobierno fueron puestos en completa libertad y formaron la legión Constante, al mando del coronel Diego Lamas. Los vecinos de Bartolomé Nogueras: José María Ruda, Angel I. Montiel y Antonio Cueto, levantaron una suscripción “federal” de 2.113 pesos para socorrer a la legión “por los servicios prestados, cooperando al Pronunciamiento de la Santa Causa de la Federación”. El 15 de Enero de 1843 salió la legión de la capital en marcha hacia el campamento de Urquiza. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Corrientes es incorporada al régimen de Rosas

El nuevo Gobierno declaró terminada la guerra e incorporó la provincia a la Confederación de la época(11).

(11) Circular a los Gobiernos de la Confederación Argentina:
“Corrientes, Diciembre 17 de 1842. Año 33 de la Libertad y 27 de la Independencia.
“Después de un período fatal para la República Argentina y mucho más para esta provincia que ha sufrido la sangrienta dominación de los traidores y salvajes unitarios, se abre una nueva era bajo los auspicios de la victoria Del Palmar.
“Cesa la guerra civil, se restablece la concordia y se vuelve a anudar los lazos de la Alianza ofensiva y defensiva que ligaban a esta provincia con todas las de la Confederación.
“Al anunciarlo a V. E. como primer magistrado de ella, creo deber asegurar su decisión en mantener los principios federales y observar y cumplir los Pactos establecidos. Dios guarde a V. E. muchos años”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Para sostener la política correspondiente a esa situación, absolutamente contraria al sentimiento público, el general Urquiza estableció su Cuartel General en Villanueva y el teniente coronel Bartolomé Ramírez(12) ocupó la capital con un Cuerpo del Ejército de Oribe, denominado “Defensores del Honor Nacional”.

(12) Bartolomé Ramírez fue el único jefe correntino que abandonó en el Interior de la República las filas del Ejército Libertador para servir en las de Rosas; se presentó a Ibarra -en Santiago del Estero- y de allí pasó a Buenos Aires. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La voluntad de Urquiza era la ley; el sistema de Rosas el modo de cumplirla; la “federalización” -es decir, la conversión al rosismo de la provincia, el fin. El Gobierno era mero ejecutor de órdenes superiores; sus miembros cargaron con responsabilidades graves, obligados por su posición sin salida.

El juicio histórico debe -sin embargo- tomar en cuenta, en lo personal, que no obraban libremente; iban contra el torrente de la opinión, contra el credo y los derechos políticos particulares de los ciudadanos, contra la tradición y las Instituciones amadas, empujados por la fuerza brutal, irresistible e ineludible de las armas triunfantes.

Cuatro meses duró el Gobierno nacido al calor del desastre en Arroyo Grande. Nada útil inició en la Administración Pública; por el contrario, suprimió la Universidad y el Colegio de Instrucción secundaria; decretó la confiscación de los bienes de Ferré y otros emigrados; autorizó, toleró y ordenó actos de rigor innecesarios.

Dos periódicos de vida efímera lo sostuvieron: “El Avisador Federal” y “Corrientes Federal”(13), ambos redactados por el presbítero Francisco Carnicer(14), una especie de Rivera Indarte a la inversa.

(13) Véase el libro del historiador Manuel Florencio Mantilla: “Bibliografía Periodística de la Provincia de Corrientes”.
(14) Anteriormente había colaborado en “El Pueblo Libertador” y “El Nacional Correntino”. Carnicer tenía cierta afición a las letras, era venal y no gozaba de buena reputación como sacerdote. De panegirista de Fructuoso Rivera y cantor de “A la Batalla de Caá Guazú”, pasó fácilmente a rosista de nota, sirviéndole como carta de introducción su “Oración Sagrada en Acción de Gracias por el triunfo de la Confederación en los Campos de Arroyo Grande”. Rosas lo premió -más tarde- con un buen Curato en la provincia de Buenos Aires. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Nuevo Congreso

Disuelto el Congreso Provincial se convocó al pueblo a elecciones para el 24 de Febrero de 1843, recomendándose que no se vote a “aquéllos que tengan la tacha de salvajes unitarios, porque procediendo de esta manera se logrará pronto la felicidad de esta parte de la Confederación Argentina, nuestra patria común”.

En cumplimiento de órdenes impartidas por el gobernador desde el Cuartel General en Villanueva, los comandantes de campaña hicieron “reunión general” el 24 de Febrero de 1843 para nombrar diputados al Congreso General de la provincia.

Los Comandantes de campaña fueron los encargados de elegir los diputados, quedando constituido el nuevo Congreso el 9 de Marzo de 1843, con la presidencia de Gregorio Araujo. Cabral fue ratificado como gobernador y se lo invistió de la suma del poder público.

Este se instaló el 9 de Marzo de 1843, presidido por Gregorio Araujo. Figuraron en él nombres de la Administración de Atienza, diputados excluidos por el golpe de Estado de 1840 y también algunos antes favorecidos por la influencia de Ferré.

El Congreso “revalidó” la autoridad del gobernador, “legalizó” sus actos y “robusteció y amplió la acción ordinaria del Poder Ejecutivo con la suma del poder público para la incesante persecución y absoluto anonadamiento de los gérmenes e influencias de la facción réproba antirrosista, y para que “continuase estrechando los vínculos de fraternidad y perfecta armonía de principios y procederes federales con todos los pueblos de la Confederación”(15). El Gobierno procedió de acuerdo con la resolución del Congreso.

(15) Ley del 15 de Marzo de 1843. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 175. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- El espíritu público. Actitud de los emigrados

Los gobernantes creían tener base inconmovible en la tropa extraña puesta al servicio de ellos, en la protección de Rosas y en el sistema implantado. Se engañaban.

La provincia no se había rendido. Todo era para ella tétrico y sombrío pero, martirizada y humillada, conservó puro el fuego de los principios vencidos por las armas. Detestaba la dominación de Rosas y diariamente crecía su odio a ella.

Si buscaba a la distancia un rayo de esperanza, no lo hallaba; el país era un inmenso cementerio, con todo, prefería sucumbir antes que entregar su alma al dictador.

El que podía, mantenía su protesta armada: los capitanes Nicanor Cáceres y Angel Moreira hicieron constante guerra de montonera en Paiubre y Curuzú Cuatiá. De las filas de Urquiza desertaban oficiales y soldados, pasando unos el Uruguay e incorporándose otros a los guarecidos en los bosques, que eran centros de conspiración.

El abuso de la fuerza, lo mismo que el terror, en vez de anonadar, enardecía las pasiones populares, reprimidas únicamente por la impotencia para romper las cadenas pero desesperadas por el anhelo de destrozarlas.

Igual espíritu dominaba entre los emigrados asilados en territorio brasileño, favorecidos por la decidida protección de las autoridades republicanas de Río Grande; la desgracia común parecía haber suprimido las diferencias surgidas antes en el partido al cual todos ellos pertenecían; la dominación del enemigo en la provincia lo imponía así, por otra parte.

En presencia de aquella uniformidad de anhelos, el teniente coronel Joaquín Madariaga(16) inició el pensamiento de convocar a todos los emigrados en el Brasil para resolver qué actitud les correspondía asumir.

(16) El nombre completo de Madariaga era José Joaquín, pero él firmaba Joaquín Madariaga. En el libro del doctor Mantilla: “Estudios Biográficos sobre Patriotas Correntinos”, hallará el lector la biografía de Joaquín Madariaga. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 176. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Las antiguas desavenencias aparecieron entonces, porque Madariaga era la actividad encarnada del propósito y no pertenecía al bando directivo de la Administración de Ferré. Las intrigas y las miras personales de algunos entorpecieron(17) la iniciativa; predominó, sin embargo, el buen sentido patriótico: más de 200 emigrados concurrieron al lugar de la cita, que fue un punto de la costa del Ñanduy(18).

(17) El general José Domingo Abalos, el teniente coronel Benjamín Virasoro, el de igual grado Antonio Borda y otros jefes fueron alejados por la intriga, que les sugirió hacer el vacío en derredor de Madariaga; con excepción de Abalos, todos ellos pasaron a servir con Urquiza.
(18) La palabra guaraní “ñandu” significa avestruz y también araña; “y”, significa agua, río, con pronunciación gutural; pequeño, con la pronunciación natural española (actualmente, avestruz se dice ñandu guasu; araña: ñandu). // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 176. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Bajo juramento se comprometieron todos a libertar la provincia y, por unanimidad, nombraron Jefe de ellos al teniente coronel Joaquín Madariaga.

El caudillo designado era digno de la empresa, realmente temeraria: entusiasmo, valor, patriotismo, actividad, competencia, nombre sin mancha, eran sus títulos. Se contrajo con ahinco a la organización, equipo y armamento de una pequeña división de correntinos, estableciendo su campamento en Ñanduy.

Con los ahorros de los emigrados y algunas cantidades obtenidas en préstamo sobre el crédito particular de algunos de ellos, Madariaga compró armas y proveyó de lo más necesario a su tropa. El plantel militar estuvo listo a principios de Marzo de 1843. Entonces puso Madariaga la mano sobre la provincia.

Superando dificultades y peligros de todo género estableció relaciones con varios jefes y vecinos principales a fin de que ellos preparasen la acción concurrente del pueblo(19). En la misma capital y dentro de las tropas inmediatas al Gobierno el trabajo hizo camino provechoso(20).

(19) El 16 de Marzo de 1843 pasaron el río Uruguay -con la orden de convulsionar algunos Departamentos- el sargento mayor Andrés Ricarde (operó en Esquina), el capitán Manuel Antonio Acosta (a) “Penacho” (operó en Goya), Silvestre Ricarde, Sinforoso Caballero y Pascual Bermúdez.
(20) El antiguo batallón Guardia Republicana, afrentado con la denominación Guardia Cívica Federal, contra la que protestaba en nombre de su lauro de Caá Guazú, era foco de conspiración. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 176. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Merced a que el sentimiento público clamaba por la reacción salvadora, todo fue combinado rápida y satisfactoriamente sin despertar los cuidados de la autoridad.

El problema del movimiento era -sin embargo- grave del punto de vista militar: la decisión de un pueblo desarmado, oprimido por un Gobierno durísimo y la invasión de un grupo de emigrados no presagiaban el triunfo cuando los últimos nada significaban en comparación a los dos mil hombres con que Ramírez, Tacuabé y Galán les formaban barrera de armas sobre la costa del Uruguay y el éxito de los pronunciamientos populares dependía del feliz de la irrupción.

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