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Corrientes se pronuncia contra Rosas. La acción de los Madariaga

Alejado José María Paz, Fructuoso Rivera quedó al frente de la campaña contra Juan Manuel de Rosas. Después de sus victorias en el Interior del país, Manuel Oribe -con un poderoso ejército rosista- penetró en Santa Fe y venció a Juan Pablo López. Luego marchó hacia la costa entrerriana sobre el río Uruguay y el 6 de Diciembre de 1842 derrotó a Rivera en la encarnizada batalla de Arroyo Grande.

El último -que operaba en territorio argentino con tropas de Pedro Ferré y López- huyó precipitadamente del campo de acción. Al frente de la caballería rosista entrerriana se destacó Justo José de Urquiza, quien luego ocupó la provincia de Corrientes al abandonarla Ferré.

Luego de la derrota de éste en Arroyo Grande, Corrientes se incorporó al resto de la Confederación Argentina. Sin embargo, la provincia era hostil a Rosas lo que motivó que unos cien emigrados en territorio brasileño -a las órdenes de los hermanos Joaquín y Juan Madariaga- cruzaran a nado el río Uruguay y penetraran en el territorio para deponer a las autoridades rosistas

- El “sitio grande” de Montevideo

Luego de su derrota, Fructuoso Rivera cruzó el río Uruguay y marchó a la Banda Oriental, mientras el ejército de Manuel Oribe tenía abierto el camino a Montevideo.

Después de Arroyo Grande, Oribe cruzó el río Uruguay y comenzó su marcha sobre Montevideo. A diferencia de Rivera, que sólo había salvado tropas de caballería, Oribe llevaba un importante convoy con armas, municiones, artillería y otros enseres. Eso hizo su marcha muy lenta, dándoles tiempo a los defensores de Montevideo a organizar la resistencia(1).

(1) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83.

Ante el curso de los sucesos, los emigrados de la Comisión Argentina influyeron para que la última ciudad fuera colocada en estado de defensa. Se organizó un Ejército de Reserva, puesto en principio bajo el mando supremo del general Paz, pero luego -debido a la oposición de Rivera- sólo fue designado Comandante de Armas.

Las autoridades de Montevideo encargaron al general Paz organizar la defensa, lo que éste hizo con su conocida eficiencia. Incorporó a las fuerzas a un gran número de exiliados argentinos e inmigrantes europeos.

De hecho, más de la mitad de los defensores de la ciudad fueron extranjeros. También liberó a todos los esclavos negros, a los que se “otorgó la libertad”, pero que quedaron obligados a servir en la milicia(2).

(2) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83.

El militar argentino demostró nuevamente sus relevantes condiciones y con escasos recursos artilló los lugares estratégicos y trazó una eficaz línea de fortificaciones.

Al llegar a Montevideo, Rivera protestó contra las medidas tomadas por Paz y exigió su reemplazo, pero no logró convencer a las autoridades de la ciudad. Extrajo una fracción de sus tropas de caballería y se alejó de Montevideo, con la intención de distraer a Oribe(3).

(3) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83.

Oribe avanzó en territorio oriental y el 16 de Febrero de 1843, al frente de unos 9.000 hombres, acampó en el Cerrito, donde enarboló la bandera argentina. Así se inició el sitio de Montevideo -llamado “sitio grande”- que se prolongó hasta el 8 de Octubre de 1851.

Voluntarios organizados en legiones sostuvieron la tenaz defensa de Montevideo, que ha sido calificada de “episodio troyano”(4).

(4) Por Bartolomé Mitre, que participó en el sitio como artillero de Rivera. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Así se destacaron la Legión Argentina (500 hombres) a las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez; la Legión Italiana (600 hombres) al mando de José Garibaldi(5) y la Legión Francesa (2.000 hombres) dirigida por el coronel Juan Thiebaut

(5) Garibaldi (1807-1882), patriota italiano que abrazó la causa del liberalismo y militó en las filas de la Joven Italia. Cuando fracasó la revolución de 1830 se dirigió al Río de la Plata y luego -vuelto a Europa- luchó en favor de la unificación de Italia. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Desde Febrero de 1843, Oribe lanzó una serie de débiles ataques sobre las defensas de la ciudad, que fueron rechazados. Quiso evitar un baño de sangre y decidió rendirla por otros medios: se instaló en el Cerrito y declaró a Montevideo sitiada.

Pero pasaron años sin que la situación se definiera y a veces pasaban meses en que no había ningún tipo de combate entre sitiados y sitiadores. Una parte importante del ejército de Oribe eran divisiones argentinas; allí sirvieron oficiales notables como Hilario Lagos, Jerónimo Costa, Mariano Maza, Thorne y otros(6).

(6) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83.

Oribe estableció el Congreso Nacional en el Miguelete -con los diputados del Congreso que había disuelto Rivera en 1838- y éste lo nombró presidente. Ese Gobierno fue conocido como Gobierno del Cerrito, mientras en la ciudad sitiada se establecía el Gobierno de la Defensa, encabezado por Joaquín Suárez como presidente interino, aunque sin Congreso, que fue reemplazado por una Junta de notables(7).

(7) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83. Joaquín Suárez duraría como interino mucho más -ocho años- que cualquier presidente titular en la historia uruguaya.

En su mayor parte, el sitio se limitó a la campaña, por cuanto Montevideo recibió ayuda de víveres por parte de naves de Francia e Inglaterra, potencias que nuevamente participaban en la política rioplatense.

Con respecto a las acciones terrestres, Oribe no se decidió a tomar por asalto la plaza y, en consecuencia, la lucha se redujo a encuentros parciales con contingentes defensores que operaban en la campaña.

En ayuda de Oribe, Rosas envió a Justo José de Urquiza, quien venció a Rivera en India Muerta, el 27 de Marzo de 1845; el último volvió a sufrir otra gran derrota y debió buscar refugio en el Brasil. La victoria rosista no hizo variar la situación en Montevideo.

Además, en apoyo de Oribe, Rosas ordenó al almirante Brown un bloqueo parcial del puerto, pero las escuadras inglesa y francesa impidieron que el bloqueo fuera efectivo.

De hecho, la ciudad sitiada resistió gracias al apoyo naval y económico de Francia e Inglaterra, al punto que -económica y comercialmente- funcionaba como un enclave colonial. El resto del país estaba en manos de los “blancos”(8).

(8) Antonio Emilio Castello. “Oribe. Montevideo sitiada” (1974), en “Todo es Historia”, en Nro. 83.

- Destino de los emigrados correntinos después de Arroyo Grande

El 6 de Diciembre de 1842, la derrota de Arroyo Grande enlutó los pendones de la patria. Y como ésta llevaba en sus ejércitos las fuerzas todas de su pueblo, como si en cada combate quisiera jugar plenamente su destino, los vencidos escuadrones cruzaron desorganizados el oriente de la provincia buscando en el limítrofe territorio extranjero -tras el gentil Uruguay- la fraternidad del hospedaje.

La mayor parte de los correntinos exiliados después de Arroyo Grande fueron a Río Grande del Sur (Brasil), donde el presidente Bento Gonçalves da Silva les brindó protección y ayuda. Entre ellos se encontraban los hermanos Joaquín y Juan Madariaga.

Fue el Brasil el que cobijó mayor número de proscriptos, en su Estado de Río Grande, donde su presidente, el citado Gonçalves da Silva, les prestó el más decidido apoyo para la continuidad del esfuerzo.

En sus “Memorias”, Juan relata cómo llegaron allí. Arribados a Curuzú Cuatiá -luego de la derrota- comprobaron que ante las noticias del desastre la población abandonaba sus hogares llevándose lo que podía.

Los Madariaga licenciaron a sus hombres, confiando poder reunirlos rápidamente si era necesario. Craso error en momentos de tanta gravedad como ellos mismos pudieron comprobarlo.

Luego se dirigieron hacia la costa del Uruguay y, a la altura de San Borja, tuvieron noticias que los rosistas eran dueños del Gobierno de la provincia. Ante esta situación dispusieron que un contingente -al mando del comandante José Antonio Virasoro- marchase hacia la capital por el lado de la Tranquera de Loreto; ellos descenderían por la costa del Uruguay hacia la frontera de Curuzú Cuatiá y reunirían los cuerpos que harían falta frente a cualquier intento de invasión de la provincia.

A orillas del río Miriñay los alcanzaron dos oficiales de la fuerza de Virasoro con la noticia de que éste los había traicionado y se había unido al enemigo. También recibieron la noticia de que Urquiza se encontraba en Curuzú Cuatiá y enviaba una división -al mando de Tacuabé- sobre la frontera del Uruguay. Entonces decidieron cruzar el río hacia el Brasil por considerar que toda reacción en ese momento era inútil.

El 1ro. de Enero de 1843 se dirigieron, en compañía de Benjamín Virasoro, a la residencia del Gobierno republicano de Río Grande, en Alegrete, con el objeto de solicitar permiso al presidente para permanecer en el territorio con los jefes, oficiales y soldados que los acompañaban, conservando las armas para, en el momento oportuno, poder reunir los hombres que quisieran acompañarlos para expedicionar sobre Corrientes o la Banda Oriental.

Gonçalves da Silva accedió al requerimiento, indicándoles que acamparan y organizaran sus fuerzas en el campo del coronel Claudio de Abreu, en la costa del arroyo Ñanduy. Este fue el lugar de reunión y mientras los hombres se agrupaban el ideal de libertad inundaba una vez más al pueblo correntino.

Pretendíase por los emigrados algo más que salvar sus vidas. Se gestaba la reconquista del pueblo y de la provincia y, desde el Río Grande, los correos se cruzaban aprestando a las poblaciones para la hora de la reacción. Fue elegido para dirigirla -como Jefe- el general Joaquín Madariaga, prestigiosa figura de la democracia de la época.

Poco tiempo después Benjamín Virasoro los abandonó y pasó a Corrientes donde se unió a Urquiza, en Villanueva, enviando desde allí cartas a los oficiales que acompañaban a los hermanos Madariaga para que hicieran lo mismo.

El 26 de Marzo de 1843 la fuerza que ya capitaneaba Joaquín Madariaga abandonó el campamento de Ñanduy debido a la proximidad del Ejército imperial y a las operaciones que iniciaba ese día el Ejército republicano.

Ante la alternativa de tener que incorporarse a este último y mezclarse en una guerra extraña o pasar a la República Oriental para unirse a Rivera -que apenas se sostenía al sur del Río Negro- decidieron los hermanos lanzarse a la empresa militar en Corrientes y unirse allí al teniente Nicanor Cáceres que resistía a los rosistas en los montes del sur de la provincia.

Finalmente 271 correntinos -desde el pueblo de Uruguayana- se encaminan al río Uruguay y en la barra del arroyo Tapiti Okay, en la noche del 30 de Marzo de 1843, intentarán vadear el río, pero una formidable tormenta no sólo retrasaría la acción sino que terminaría ahogando casi toda la caballada.

El cruce del río Uruguay

Madariaga fijó el 31 de Marzo de 1843 para el movimiento. En la noche del 30 de dicho mes principió el pasaje del río Uruguay, en la barra del arroyo Tapití Okay(9)una legua al sur de Uruguayana, por ser lugar oculto y de difícil acceso, carente de vigilancia y de fuerzas enemigas. Tenía 271 hombres con caballos de repuesto.

(9) "El Japitukay del mapa de Oyarvide", señala Mantilla. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 177. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. // tapiti. s. conejo, variedad de liebre; oka. s. patio, calle, exterior; y. s. agua, río.

Un cronista ha salvado el desarrollo circunstancial de esta hora histórica:

El 30 de Marzo de 1843 iban a realizar el pasaje cuando se encontraron que no tenían botes “por una fatal omisión o dificultad en el agente encargado” de proveerlos. Permanecieron todo el día escondidos, esperando que les trajeran embarcaciones de Uruguayana. Esta detención produjo desmoralización en los cuadros de jefes y oficiales.

Ya en la noche de ese día sólo habían conseguido dos canoas, insuficientes para cruzar el parque y a los que no podían cruzar a nado. Una buena cantidad de gente se negó a continuar y otros desertaron, amparados en la oscuridad de la noche.

En tanto, el general -secundado por Prudencio y Bernabé Acuña y por los jóvenes Antonio y Florencio Chamorro, que idearon unas balsas provisorias para la travesía(10)- también se preparaban a cruzar el Uruguay ese 30 de Marzo.

(10) Guía de la Provincia de Corrientes, año 1910, p. 181. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

La noche del 30 -esperada con ansiedad- aumentó la aflicción: lóbrega, tempestuosa y con el río siempre agitado, imponía mayor espera o el riesgo de perecer y ya no era posible esperar, era preciso vencer la tenacidad de los elementos.

Es que la escasez de canoas no fue el único contratiempo. Se presentó en la zona una tempestad que impidió realizar la operación: únicamente cuarenta hombres -con Joaquín Madariaga a la cabeza- lograron pisar tierra argentina esa noche; algunos soldados perecieron y se perdió casi toda la caballada de reserva. Los juramentados se escondieron en los montes cercanos en espera de un mejoramiento del tiempo y el cruce del resto de los legionarios.

El 31 se presentó otra contrariedad, porque se pensó que era de necesidad perderlo para no ser descubierta la penetración por las fuerzas enemigas hasta entonces burladas en su vigilancia. Además ese día amaneció terriblemente molesto.

El peligro de la empresa, la severa vigilancia de las patrullas rosistas veladoras de la costa y hasta el tiempo, que embravecía al río con un viento huracanado y apenaba los movimientos con lluvia torrencial, indujo al general Madariaga a suspender la empresa momentánamente.

Algo como el desconsuelo que produce el esfuerzo perdido casi estérilmente ató o retardó a una parte de los emigrados. Pero ante la desesperante situación los Madariaga, valientemente y jugándose ante la adversidad, dieron orden de pasar inmediatamente el río en la forma que se pudiese.

Con las primeras luces del 31, dirigidas las balsas a nado por el teniente Plácido López y el sargento Juan Chamorro, comenzó el pasaje de los ciento ocho valerosos soldados. Los que quedaban, entregaron al escuadrón de voluntarios sus armas y caballos.

El resto que quedaba aún en suelo brasileño, consecuente con el deseo del jefe, de pisar tierra correntina en el tercer aniversario de Pago Largo -31 de Marzo- secundó a Madariaga voluntariamente y los votos de felicidad de los que quedaban y la decisión de los expedicionarios dieron la nota primera del nuevo poema de la libertad apetecida.

Los juramentados de Ñanduy se echaron al río... En la oscuridad, luchando a brazo con las olas, por espacio de horas, la suerte de Corrientes pendió de la salvación de aquellos denodados patriotas. Ciento ocho jefes, oficiales y tropa formaron en la banda argentina la “División Libertadora”(11).

(11) Ciento ocho es el número que da el “Manifiesto del Comandante en Jefe de los Libertadores de Corrientes a sus Compatriotas”, publicado el 6 de Julio de 1843. Sin embargo son ciento cuatro los que figuran en la lista nominal, firmada por Joaquín Madariaga, que éste presentó al Congreso Provincial el 30 de Agosto de 1843 como Anexo a su Mensaje de esa fecha. Hela aquí:
* Comandante en Jefe de la División: teniente coronel Joaquín Madariaga.
* Tenientes Coroneles: Juan Madariaga, Bernardino López, Martín Tejerina.
* Sargento Mayor: Plácido López.
* Capitanes: Zenon Pérez, Juan José Méndez, Antonio Madariaga, Mercedes Careaga, Victoriano Alemí, Cecilio Carreras, José Ballejos. Capitán, comandante de guías: Juan Gregorio Acuña. Tenientes: Manuel Ballejos, Juan Pablo Báez, José León López, Justo Segovia, Agustín Maidana, Marcelino Bejarano, Isidoro Ríos.
* Alféreces: Juan Chamorro, Valentín Romero, Juan Montenegro. Sargentos: Benito Aguirre, Bernardino Palmerola, Benito Savedra, Anastacio Ramírez, Marcelino Gómez, Rosario Godoy, Ildefonso Araujo, Juan Peralta, Basilio Fernandez, Antonio López, Manuel Ríos, Angel López, Juan de R. Fernández. Trompas: Crisóstomo Bandi, Demetrio Esquivel. Cabos: Francisco Gómez, Nolasco Gauna, José Gómez (murió en acción de guerra), Gregorio Flores (murió en acción de guerra), Francisco Fernández, Ventura López, Tomás Garcete, Teodoro Gómez, Andrés Martínez. Soldados: Joaquín Lescano, Hermenegildo Acosta, Juan E. Cañete, Carlos Flores, Francisco Saravia, Bautista Monzón, Bernardino Vega, Leonardo Núñez, Alejandro Coronel, Saturnino Galarza, Antonio Cáceres, Serapio Acosta, Gabino Achingo, José M. Achingo, Juan Ramírez, Bartolomé Serando, Tiburcio Martínez, Marcelino Ramírez, Miguel Bordón, Juan Ballejos, Tomás Sandoval, Luis J. Bonifacio, Aniceto Lemos, Francisco Cabral, Desiderio Oviedo, Francisco Báez, Vicente Báez, Tuburcio Umedes, Roque Martínez, José Martínez, Roberto Casco, Toribio Romero, José Villalba, Bartolomé Cabrera, Juan A. Piraparé, Eusebio Lescano, José M. Frontera, Bailón Fernández, José Domínguez, Tomás Bentos, Juan Medina, Calixto Acosta, Leandro Alegre, Domingo Rodríguez, Nicolás Rodríguez, Narciso Paré, José Salgueiro, Paulino Báez, Santos Argüello, José Aguirre, Ramón Medina, Eusebio Arriola, Esteban Montiel, Juan Franco (murió en acción de guerra), Juan Ruidíaz (murió en acción de guerra), Juan Fernández, Gregorio Acuña.
El día 2 de Abril de 1843 vadearon el río Uruguay y se incorporaron a la “división” -ya en marcha- los siguientes: alférez Manuel Rojas; cabo Teodoro Portillo; soldados: Sinforiano López, Juan Farías, Juan Rojas, Jacinto Benítez. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 177. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La travesía -entonces- se extendió toda la noche del 30 de Marzo y el 31 de Marzo de 1843, finalizando a la caída del sol y continuando -los más rezagados- hasta las 23:00, sin descansar, comenzando así la marcha los ciento ocho hombres que querían luchar por la libertad de su tierra.

A las 16:00 terminó la operación para la inmensa mayoría del grupo, reconociéndose como Capitán de Guías al que fue alma de la empresa: Juan C. Acuña, el mismo a quien el afecto popular llamaba “Mocito Acuña”.

Finalmente, en la noche del 31 de Marzo de 1843, se encontraron en el Paso del Yatay del entonces Rincón de San Jorge y hoy Ciudad de Paso de los Libres, los 108 que juraron la cruzada(12).

(12) En cuanto a los nombres de los 108 valientes que acompañaron al general Joaquín Madariaga, en 1843, Antonio Zinny, dice:
“El 10 de Marzo de 1843 -para convulsionar algunos Departamentos, como lo hicieron- pasaron el Uruguay el mayor Andrés Ricarde, capitán Manuel A. Acosta y los soldados Vicente Ricarde, Sinforoso Caballero y Pascual Bermúdez. El 31 de Marzo de 1843 pasaron el general Joaquín Madariaga, los entonces teniente coronel Juan Madariaga, Bernardino López y Martín Tejerina; mayor Plácido López; capitán comandante de guías, Juan Gregorio Acuña; capitanes Zenón Brey, Juan José Méndez, Antonio Madariaga, Mercedes Careaga, Victoriano Alemí, Cecilio Carreras y José Vallejos; tenientes Manuel Vallejos, Juan Pedro Báez, José León López, Justo Segovia, Agustín Maidana, Marcelino Bejarano e Isidro Ríos; alféreces Juan Chamorro, Valentín Romero y Juan Montenegro; y doce sargentos, un sargento trompa, dos trompas, nueve cabos y cincuenta y siete soldados. El 2 de Abril de 1843 -después del mal tiempo- cruzaron el Uruguay y se incorporaron el alférez Manuel Rojas, cabo Teodoro Portillo y soldados Sinforiano López, Juan Farías, Juan Rojas y Jacinto Benítez”. // Se tomaron los datos de Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, tomo I, p. 565. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- Avance de la expedición en suelo correntino

Madariaga se internó inmediatamente, excusando encuentros con el enemigo. Atacar a Tacuabé y Ramírez, inmensamente superiores, era malgastar tiempo y valor. El triunfo de la reacción dependía del estallido popular; éste de la rapidez de los invasores y Madariaga corrió a provocarlo con sus valientes.

El 1 de Abril de 1843 y desde el refugio de los montes del Miriñay, se dividía la diminuta expedición: cincuenta hombres -al mando del comandante Juan Madariaga y del mayor Bernardino López- buscaban, en la dirección de los montes de Abalos -en Curuzú Cuatiá- la incorporación del entonces teniente coronel Nicanor Cáceres, prestigioso caudillo que, con su adhesión, garantizaba el triunfo en el sur de la provincia del propósito insurreccional.

El resto -bajo las órdenes del general Joaquín Madariaga- se dirigió a los bosques del Paiubre donde otro valiente -Julián Azcona- esperaba el momento de la acción.

Curuzú Cuatiá y Paiubre se pronunciaron en masa, acaudillados por los capitanes Angel Moreyra y Nicanor Cáceres. Los amontados abandonaron sus guaridas para unirse a los expedicionarios.

Por fin, el 4 de Abril de 1843 se reunieron las fuerzas, en número de 500 hombres, en la banda occidental a orillas del río Corriente y decidieron marchar sobre la capital.

Apoyaron el levantamiento de Madariaga, que iba produciendo una reacción en cadena en la provincia, además de Cáceres en Curuzú Cuatiá; Azcona en el Paiubre; el capitán Antonio Acosta (a) “Penacho” en Goya; el sargento mayor Andrés Ricardes, en Esquina; y el teniente coronel Bernabé Antonio Esquivel (a) “Chiquito” en Caá Catí.

- El Gobierno de Cabral

La Administración de Pedro Dionisio Cabral (aliado al gobernador de Buenos Aires), encumbrado en el Gobierno de la provincia después del triunfo rosista de Arroyo Grande, se había iniciado con una serie de actos que repugnaban al pueblo correntino y a su tradición republicana.

Lo acompañó en su gestión -en carácter de Ministro General- Justo Díaz de Vivar quien, del 14 de Enero de 1843 al 20 de Febrero de 1843, ejerció el Poder Ejecutivo por haber salido a campaña el gobernador propietario.

Era, en verdad, enconada la obra del gobernador Cabral y de su ministro Díaz de Vivar. El 8 de Enero de 1843 -casi enseguida de asumir el Gobierno- había declarado “incursos en el crimen de sedición y deserción” a todos los empleados civiles y militares que habían salido de la provincia sin permiso del Gobierno; les embargó los bienes y designó a una Comisión de ciudadanos rosistas para que indicaran las personas a quienes comprendía el decreto de referencia(13).

(13) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 4. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Algo más: habiéndose disuelto el Congreso de la provincia, convoca al pueblo a nuevas elecciones para el 24 de Febrero de 1843(14), recomendando no se sufrague por “aquéllos que tengan la tacha de salvajes unitarios porque, procediendo de esta manera, se logrará pronto la felicidad de esta parte de la Confederación Argentina, nuestra patria común”.

(14) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 7. Sólo aparece convocado el pueblo de la capital. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Este Congreso -ya reunido- declara el 15 de Marzo de 1843 que “quedaba revalidada y legalmente legalizada la autoridad suprema que, con el carácter de Gobernador y Capitán General de la provincia, invistió y ejerció hasta la fecha el ciudadano Pedro Dionisio Cabral”. Algo más: la misma Resolución legislativa(15) “simplifica la acción ordinaria del Poder Ejecutivo con la suma del poder público”.

(15) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 9. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El ambiente popular era notoriamente contrario al gobernador Cabral y éste, en vez de suavizar asperezas contando con el apoyo armado de las fuerzas rosistas, exaltó la oposición, declarando traidores a la patria a Pedro Ferré, sus cómplices y factores que habían abandonado la provincia(16) y, fuera de la ley a los desertores de sus tropas, para los que indica la pena de muerte y otra más terrible en subsidio: la de que las familias de los desertores fuesen concentradas en la capital, a disposición del Jefe de Policía...(17).

(16) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 12. El 20 de Marzo de 1843.
(17) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 13. El 22 de Marzo de 1843. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Agréguese a esto la trascendencia de los decretos en que mandaba tomar cuenta detallada de las caballadas existentes en la provincia, verdadera calamidad pública porque amenazaba la propiedad privada y el único elemento de movilidad; y aquél en que imponía la pena de muerte para todo individuo -de la clase que fuese- convicto de relaciones con los “salvajes amotinados”(18) y se podrá juzgar del anhelo público por la resolución de un régimen que era una especie de espada de Damocles.

(18) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, 1843, p. 14. Decretos del 29 de Marzo y 10 de Abril de 1843. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El ¡viva! de los ciento ocho expedicionarios de Madariaga -a orillas del Uruguay- se había extendido como una vibración por el territorio de la provincia. Nicanor Cáceres, en Curuzú Cuatiá; Azcona, en el Paiubre; el capitán Antonio Acosta, alias “Penacho”, en Goya; el sargento mayor Andrés Ricardes, en Esquina; y el teniente coronel Bernabé Antonio Esquivel, (a) “Chiquito”, en Caá Catí, secundaron la obra del paladín.

Cada uno fue bandera de reacción y los ciudadanos concurrían en masa a las filas de los expedicionarios pese a las medidas de fuerza de Cabral y de los agentes de Urquiza, acantonados en Villanueva.

- Contrarreacción gubernamental

En defensa del Gobierno, Bartolo Ramírez, Tacuabé y Galán concentraron las milicias de Empedrado, Saladas, Mburucuyá, Caá Catí y Yaguareté Corá, en San Roque. Hacia allí marchó José Antonio Virasoro -al frente de las milicias de Goya- pero, apresado por los sediciosos, se unió finalmente a ellos.

Justamente este Jefe será el que, el 13 de Abril de 1843, ocupó la capital que había sido abandonada por el gobernador Cabral y sus colaboradores ante los triunfos de los insurgentes.

Como se indicó, el Gobierno ordenó la concentración en San Roque de las milicias del Norte, dio amplios poderes a Galán, pidió auxilios a Urquiza, preparó su resistencia en la capital y despachó un refuerzo a Goya, al mando del teniente coronel José A. Virasoro.

Bartolo Ramírez, Tacuabé y Galán -lugartenientes del rosismo- concentran las milicias de Empedrado, Saladas, Mburucuyá, Caá Catí y Yaguareté Corá en San Roque por ese procedimiento bárbaro que reunía a los hombres sin consultar sus opiniones políticas.

José Antonio Virasoro -a su vez- al frente de las de Goya, marcha hacia el centro de San Roque. La dominación de Cabral pesaba a la provincia. El rosismo no había podido afirmarse en el breve tiempo transcurrido desde Arroyo Grande a la penetración de Madariaga, tanto más cuanto que la intriga anarquizaba la tranquilidad pública y molestaba la pacífica vida de los milicianos.

Todo fue barrido por la ola sediciosa. Todo parecía cooperar al triunfo de la insurrección. En efecto: mientras el comandante de la “División Libertadora” permaneció en el sur, José Antonio Virasoro se une a los sediciosos, adhiere a la insurrección y se apodera de Goya; el teniente coronel Nepomuceno Serrano ocupa Bella Vista y San Roque; el de igual grado, Bernabé Esquivel (a) “Chiquillo”, levantó Caá Catí y marchó a dominar Mburucuyá y Las Saladas; el sargento mayor Andrés Ricarde sublevó la campaña de Esquina, incorporándose a las milicias pronunciadas de Goya; partidas de montoneros aparecieron en San Cosme, Itatí, San Luis y Empedrado.

- Cabral huye. Interinato de Juan Antonio Acevedo

El gobernador Pedro Dionisio Cabral, al percatarse de la primera señal de la insurrección -que se registra efectivamente el 13 de Abril de 1843- fugó el 11 de Abril dejando la ciudad en acefalía de gobierno. Mantilla enseña -en su "Crónica Histórica..."- que como gobernador provisorio quedó el presbítero Juan Antonio Acevedo.

El 11 de Abril de 1843, el Gobierno no disponía de más terreno libre que el comprendido entre la Capital y el Riachuelo, ni de más soldados que 300 hombres, la mayor parte de ellos afecta a la insurrección.

El gobernador Cabral huirá, abandonando su puesto por temor de un amago de reacción, como en efecto tendrá lugar dos días después, encabezado por el coronel José Antonio Virasoro(19).

(19) Este será asesinado en 1859, estando de gobernador en la provincia de San Juan.

Antes de partir, Cabral impuso a los vecinos un empréstito forzoso que se realizó sólo en parte, aunque alcanzó a llevarse todas las existencias de papel moneda de las Arcas fiscales y también todos los buques surtos en el puerto. Su refugio fue La Bajada, en Entre Ríos.

El 13 de Abril de 1843, la capital será ocupada. Es que el teniente coronel José Virasoro retrocederá rápidamente sobre la capital, donde entrará ese 13 de Abril sin resistencia. Los miembros del Gobierno fugaron(20). El movimiento estaba vencedor en toda la provincia.

(20) Proclama del teniente coronel José Antonio Virasoro a los habitantes de la provincia:
“Compatriotas: ya habéis visto el modo cómo ha desaparecido una fatal Administración que os robó vuestros más sagrados derechos y libertades.
“La fuerza irresistible de la opinión -generalmente pronunciada contra su despotismo- es la que la ha derrotado sin haber sido necesario levantar un solo brazo contra su impotencia.
“Vosotros habéis dado una prueba inequívoca de que un Pueblo es libre desde que lo quiere ser.
“Compatriotas: no basta ésto; es preciso unirnos fuertemente al nuevo Gobierno que debe presidir los destinos de la provincia. El deberá ser más circunspecto, desde que tiene una fuerte lección de que jamás los correntinos arrastrarán cadenas de esclavitud. Corrientes. Abril 13 de 1843”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 177. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Cuando el teniente coronel José Antonio Virasoro ocupó la capital, el 13 de Abril de 1843, figuraba nominalmente como gobernador provisorio el presbítero Juan Antonio Acevedo -presidente del Poder Legislativo- porque el propietario había fugado; la mayor parte de los diputados habían fugado también, quedando únicamente el presidente y José Ignacio Domingo Cabral, Felipe Cardoso, Pablo Fernández, Juan Gregorio Fernández y el presbítero José Vicente Fernandez.

Provisoriato de Juan Baltazar Acosta

Virasoro pidió en el día el nombramiento de gobernador propietario, pero solamente cuatro diputados concurrieron al salón del Cuerpo legislativo y ellos nombraron gobernador provisorio a Juan Baltazar Acosta resolviendo, en el mismo acto, se convocase de inmediato a nuevas elecciones de diputados que constituirían el Congreso General para el nombramiento del gobernador propietario.

Así, la minoría legislativa en Corrientes, el mismo día del golpe -integrada por cuatro diputados- estableció un Gobierno provisorio (o interino) y nombró al frente del P. E. a Juan Baltazar Acosta, tío de los Madariaga, siéndole comunicada esta situación a Joaquín en Oficio del 24 de Mayo de 1843. El jefe de las fuerzas “liberales”, Joaquín Madariaga, expedirá un decreto el 26 de Mayo de 1843, declarándolo cesante(21).

(21) Madariaga consignó en el documento que la elección de Acosta era nula por haber sido hecha por cuatro diputados, al solo efecto -según ellos mismos- de salvar de la anarquía a la capital, desde que las autoridades vencidas habían huido. Por el mismo documento, Madariaga reasumió todos los poderes públicos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- Importancia de la reacción

Joaquín Madariaga fue el alma de aquella célebre reacción, gloria del pueblo con quien contó y única de su clase en los fastos argentinos. A los treinta y seis días del pasaje del Uruguay, sucumbió totalmente la dominación de Rosas.

La invasión de los ciento ocho emigrados fue acto de heroico patriotismo, así como el pronunciamiento del pueblo la más acabada prueba de fortaleza cívica y de altivez guerrera. La reacción dio libertad a Corrientes e hizo revivir también la Revolución argentina, abriendo el escenario de la patria a los que, proscriptos de ella, combatían por sus principios en suelo extranjero.

Fue un acontecimiento nacional, porque encarnaba el sentimiento verdadero de la República, oprimida por la dictadura pero no consciente y voluntaria sostenedora de ella. La provincia de Corrientes, puesta nuevamente de pie con el mismo entusiasmo, la misma energía, la misma fe anteriores a sus desastres, era el único representante -entonces- de la aspiración civilizada del pueblo argentino y llamando otra vez a la lid contra el dictador, ella a la vanguardia del peligro, hacía resplandecer la esperanza para los oprimidos y daba ejemplo de temple indomable, sin preocuparse de sacrificios, sin recordar los martirios, más que para suprimirlos por el anhelo de la victoria definitiva de la libertad constitucional(22).

(22) “Después de Arroyo Grande hasta la esperanza de la libertad se apagó en los más fuertes corazones; únicamente los guaraníes no desmayaron.
“Los últimos dispersos de las legiones de Corrientes, diezmadas, se habían refugiado en el territorio del Brasil o encerrádose en la estrecha península de Montevideo, último baluarte de la libertad perseguida.
“De estos asilos salieron 108 hombres emigrados -todos ellos correntinos- con un correntino a la cabeza, Joaquín Madariaga. Atravesaron el Uruguay por un punto que lleva hasta hoy -en su honor- el glorioso nombre Paso de los Libres, y esos 108 hombres levantaron en masa y por cuarta vez a la provincia de Corrientes, librando varias batallas y organizando un nuevo y numeroso Ejército en 1844.
“La causa de la libertad argentina volvió a cobrar fuerzas, al poner de nuevo el pie sobre el suelo sagrado de la patria y su bandera, enarbolada de nuevo en la tierra argentina, fue saludada por cuarta vez por aquellos varoniles acentos guaraníticos que siempre prometían pagar largo por la causa de la libre elección”. (Bartolomé Mitre. “Una Provincia Guaraní”). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 178. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

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