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Fallida campaña de Madariaga sobre Entre Ríos. Relaciones con el Paraguay

Cuando ya funcionaban todos los Poderes regulares de la Administración Pública, el gobernador José Joaquín Madariaga delegó el mando en el presidente del Congreso, Juan Baltazar Acosta, para colocarse al frente del Ejército.

La guerra al dictador había sido declarada nuevamente y el Gobierno se hallaba investido por la Ley del 4 de Septiembre de 1843 de las facultades necesarias para sostenerlas, al tenor de la Constitución y sin caer en el extremo de los Poderes extraordinarios.

“El Republicano”, periódico fundado el 2 de Julio de 1843, sostenía con ardor la empresa de la provincia, siguiendo la tradición de los órganos del pensamiento liberal de Corrientes que le precedieron(1).

(1) Véase el libro del doctor Manuel Florencio Mantilla: “Bibliografía periodística de la Provincia de Corrientes”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 186. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Campañas en el Interior uruguayo

El Gobierno de Manuel Oribe era efectivo en casi todo el territorio uruguayo. Pero el general Fructuoso Rivera logró algunos éxitos: se mantuvo permanentemente en campaña y -si bien es cierto que no gobernaba más territorio del que pisaba- logró mantenerse fuera del alcance de los ejércitos de Oribe.

En ayuda de éste marchó a territorio uruguayo el gobernador entrerriano Justo José de Urquiza, que persiguió durante dos años a Rivera. Finalmente, comprendiendo que nada ganaba enfrentándolo en pequeños encuentros parciales, Urquiza se dirigió al nordeste del país y cortó sus comunicaciones con el Imperio del Brasil, forzándolo a presentar batalla en India Muerta, el 27 de Marzo de 1845.

Frente a las 160 bajas de Urquiza, Rivera perdió 1.700 hombres; debió abandonar el país y se internó en el Brasil(2).

(2) Beatriz Bosch. “Historia de Entre Ríos” (1991), pp. 159-162. Ed. Plus Ultra.

Los “colorados”, que habían perdido completamente el control del Interior del país, intentaron recuperarlo por medio de ataques de la flotilla de Giuseppe Garibaldi. En Agosto de 1845 éste capturó y saqueó Colonia y, en las semanas siguientes, hizo lo mismo con la isla Martín García y Gualeguaychú.

Desde allí atacaron Fray Bentos, Paysandú y Salto, ciudades que los “colorados” lograron mantener en su poder por un tiempo. Pero también Garibaldi fue sorprendido y derrotado, regresando a Italia poco después(3).

(3) Carlos M. Rama. “Garibaldi y el Uruguay” (1968). Ed. Nuestro Tiempo.

A fines de es mismo año regresó Fructuoso Rivera por mar y, por medio de un golpe de estado, logró recuperar el poder en Montevideo pero, tras fracasar las tratativas que propuso a Oribe, fue expulsado definitivamente al Brasil(4).

(4) José Pedro Barrán. “Apogeo y Crisis del Uruguay Pastoril y Caudillesco” (2007), p. 26. Ed. de la Banda Oriental.

- Madariaga en Entre Ríos

El enemigo de Entre Ríos era, por el momento, débil. Urquiza guerreaba en el Estado oriental; Oribe asediaba la plaza de Montevideo; únicamente el general Eugenio Garzón, oriental, estaba en la provincia vecina con 1.400 hombres de las tres armas.

Corrientes se encontraba completamente aislada de sus naturales aliados y no era fuerza suficiente la suya para abrir campaña contra Juan Manuel de Rosas. ¿Qué hacer? La inacción favorecía al enemigo.

Madariaga se propuso atacar a Garzón con el fin de promover el levantamiento de Entre Ríos. Si la empresa resultase feliz, quedarían cortadas las tropas de Urquiza, Corrientes ensancharía su teatro y sus elementos y con dos provincias en el Litoral argentino tomaría nuevamente cuerpo y respetabilidad la lucha contra la dictadura. Era una tentativa, por si el pueblo de Entre Ríos hubiese modificado su tendencia.

Así las cosas, el 12 de Diciembre de 1843 el gobernador correntino -aprovechando que Urquiza estaba en campaña en Uruguay- inició las operaciones sobre Entre Ríos que estaba resguardada solamente por el general Garzón, con algo así como mil cuatrocientos milicianos, pues Urquiza -con sus mejores fuerzas- estaba en la Banda Oriental persiguiendo a Fructuoso Rivera.

El Ejército correntino era fuerte. Cuatro mil hombres de caballería, cuatrocientos infantes y cuatro piezas de artillería representaban un poder incontrarrestable en estas condiciones.

El general Paz, en sus “Memorias Póstumas”, nos informa sobre las medidas tomadas por el jefe correntino para impedir la deserción, habiéndole sido relatado esto por Juan Madariaga:

“Cuando la expedición a Entre Ríos, tomaron los Madariaga un arbitrio muy singular para contener la deserción. El comandante don Nicanor Cáceres fue colocado a retaguardia del Ejército con su escuadrón, en un lugar aparente, para aprehender a los desertores que regresaban a la provincia, con la orden de lancearlos indistintamente; lo hizo así con unos cuarenta, según unos, y con más del duplo según otros; incluso un oficial, cuyas gorras y prendas de vestuario eran conducidas al Ejército como prueba de su trágico fin.
“Don Juan Madariaga, cuando me hablaba de esta grandiosa medida, se llenaba de orgullosa satisfacción, ponderando el buen efecto que había tenido, pues lograse contener la deserción, pero no advertía que el efecto fue momentáneo y que pasado el primer sentimiento de terror que inspiró tan bárbara medida, las deserciones iban a verificarse en grandes masas, de modo que hubiera sido preciso degollar a todo el Ejército”(5).

(5) José María Paz. “Memorias Póstumas” (2000), tomo II, p. 277, Buenos Aires. Ed. Emecé. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Cuando el Ejército correntino invadió Entre Ríos -previamente alistado- Garzón decía: “Estoy listo para combatir con suceso contra los feroces enemigos de la Confederación”. Sin embargo, el 25 de Diciembre de 1843 dominaba Madariaga el territorio comprendido entre el Gualeguay, Arroyo Grande y el Uruguay, sin haber disparado un tiro.

Una vanguardia correntina, al mando de Juan Madariaga, destinada a expedicionar sobre Salto (R. O. U.) -y entre cuyos jefes iban Ramírez Chico y Nicanor Cáceres- fue derrotada el 30 de Diciembre de 1843 en el Ceibal, aunque el resto del Ejército se apoderó de Mandisoví, Salto y Concordia.

El vecindario de esta última pasó a Salto cuando se recibieron las noticias del avance correntino, pero el mismo Salto es tomado el 31 de Diciembre de 1843 por el coronel Tejerina.

Según Juan Madariaga “más de ochocientas carretas, mil bueyes y tres mil caballos se reunieron allí, la mayor parte del Estado y otras propiedades de vecinos que huyeron. Todo lo que sirvió de botín al Ejército”(6).

(6) Juan Madariaga. “Sus Memorias” (1967), p. 63, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Una división se apoderó del pueblo oriental de Salto, ocupado por el enemigo y protegido por buques de la escuadra de Rosas (los correntinos ocuparon Concordia y Salto, que luego dejaron en poder de los oficiales de Fructuoso Rivera...).

Asegurado el punto con su entrega al coronel Bernardino Báez -jefe del cuarto Cuerpo del ejército de Rivera-, Madariaga se internó en busca de Garzón, con el que dio su vanguardia el 17 de Enero de 1844, al sur del paso principal del Arroyo Grande, en el paraje denominado Palmar.

El 30 de Enero de 1844(7), el grueso de las fuerzas correntinas chocaron con las del general Garzón en las proximidades de Arroyo Grande, obteniendo un pequeño triunfo, pues Garzón debió retirarse y sus fuerzas fueron perseguidas más de veinte leguas en el interior de Entre Ríos, hasta la costa del Gualeguay.

(7) Algunos indican la fecha del 18 de Enero de 1844. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El combate fue iniciado poco antes de ponerse el sol y duró hasta muy entrada la noche, quedando indecisos los combatientes en sus respectivos campos. Garzón se retiró merced a la oscuridad, tan rápidamente que no logró darle alcance el coronel Bernardino López destacado sobre él con mil hombres de caballería, doscientos infantes y una pieza de artillería.

Los correntinos continuaron su avance sin encontrar enemigos armados ni reacción popular favorable. El grueso del Ejército siguió hasta Gualeguaychú con el propósito de combinar con el coronel Báez -que pertenecía a las fuerzas de Rivera y operaba en la Banda Oriental- el ataque a Paysandú, pero Báez le comunicó a Madariaga que se retiraría hacia el interior uruguayo pues Rivera había sufrido un contraste en las Puntas del Jó y, a su vez, Urquiza y Servando Gómez venían de Paysandú con el propósito de pasar a Entre Ríos.

Después ... Madariaga retrocede. El suceso, inusitado, cuando Entre Ríos abierto y sin defensa ofrecía sus recursos a quien lo ocupase militarmente, resulta inexplicable.

No queda más solución que la que el general Paz da en sus “Memorias...”(8): el Ejército, sin disciplina, tal vez temeroso de que el triunfo lo apartase del suelo natal -estaba vivo el recuerdo de Lavalle y del entredicho de Ferré con el general Paz- se desorganiza y el general Madariaga retrocede.

(8) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo III, pp. 308 y sigts. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Precisamente, en Gualeguaychú les llegó a los Madariaga la noticia de que Urquiza estaba regresando a su provincia después de derrotar a Rivera, de modo que iniciaron la retirada hacia el norte, que rápidamente se convirtió en huida(9).

(9) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 344-346. Ed. Plus Ultra.

Desalentado por la indiferencia de los pueblos, ya en el mes de Febrero de 1844, Madariaga decide retirarse, luego de haber avanzado tanto en territorio entrerriano. El general retrocede y vuelve a Corrientes con todas sus fuerzas.

La aparente falta de medios para continuar y la imposibilidad de poder combinar las acciones con Rivera fueron las que lo determinaron a adoptar esa actitud. Estas razones son válidas, como también hay que considerar la opinión -ya relatada- que da el general Paz, quien dice que el Ejército ya era indisciplinado y que tal vez temeroso de que los triunfos conseguidos lo apartaran del suelo natal se desorganizó, decidiendo esto a Madariaga a retroceder. También hay otra cosa que debe haber desilusionado al jefe correntino y fue la total falta de apoyo que encontró en el pueblo entrerriano.

Garzón pica la retaguardia y el retorno se acelera, asumiendo caracteres de fuga(10)El jefe rosista comenzó a hostigar a los correntinos y la retirada asumió los caracteres de huida.

(10) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1843, p. 309. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El río Mocoretá -que divide ambas provincias- fue desordenadamente pasado a nado y según Hernán F. Gómez se perdieron 8.000 cabezas de ganado que se arreaban, aunque Paz dice que fueron 6.000 los animales ahogados o perdidos en los bosques. La expedición de Madariaga -al decir de Ruiz Moreno- dejó funestos recuerdos en Entre Ríos(11).

(11) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 41. Lo mismo dice el general Paz en sus “Memorias Póstumas”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Una vez en Corrientes fue licenciado gran parte del Ejército, concentrándose el resto en el campamento de Villanueva donde se renovó la tarea de su organización.

Corría el mes de Febrero de 1844 cuando Madariaga regresó de su campaña a Entre Ríos que no le produjo ningún rédito político, sí algún botín, y dejó tristes recuerdos en los entrerrianos.

Joaquín delegó el mando del Ejército en su hermano Juan, por razones de salud, y se dirigió a la capital de la provincia. La ejecución distó mucho de corresponder al pensamiento de la campaña.

- Consecuencias políticas de la campaña

"Nos hemos propuesto hablar con franqueza y lo haremos. Proceder de otra manera sería confirmar la leyenda en desmedro de actitudes personales que honran. Tal la del doctor Pujol, que no puede ser apreciada sino a favor de la verdad, nítida, terminante", dice al hablar de este tema el historiador Hernán F. Gómez.

En efecto: el doctor Pujol encarnó la reacción institucional que los Madariaga realizaron. Se debieron a su pluma todos los documentos políticos y las proclamas cívicas de la época; él encuadró, en los sucesos, los principios del Derecho Público; él organizó las Instituciones; él tuvo a su cargo la obra política.

Cuando la desarmonía entre el caudillo militar y el organizador civil apuntó, Pujol supo mantener una actitud expectante, que volvió a Madariaga a la obra sincera. Por desgracia, se trató de una maniobra que el general José María Paz en sus “Memorias Póstumas” comenta -aunque extremadamente- y que concluye en Vences, para abrirse luego en el período decisivo de la organización.

Veamos cómo el general Madariaga desvirtúa su obra nacionalista: no bien se afirmó en Corrientes la reacción de 1843, con las resoluciones ya comentadas de su Congreso General, Fructuoso Rivera, como jefe de los Ejércitos de la República del Uruguay felicita -desde su campamento de Batoví- el 31 de Octubre de 1843, al general Madariaga y, al día siguiente, diciéndose munido de suficientes poderes de su Gobierno, comunica acreditar como representante al coronel José Ramón Ruiz Moreno, “para que acuerde todo aquéllo que convenga a operaciones de guerra y recabe la cooperación que impongan las circunstancias”(12).

(12) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1843, pp. 109 y 110. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El general Madariaga, después de escuchar los informes del emisario, contesta a Rivera, el 6 de Diciembre de 1843 -enseguida de recalcar que Corrientes “jamás descendería de la alta posición en que la colocan los deberes contraidos con sus comitentes”- que en esa persuasión podía contar “con la positiva cooperación del Ejército correntino del modo que las circunstancias y vicisitudes de la guerra lo aconsejen”(13).

(13) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1843, p. 112. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Tal vez el enviado de Rivera insinuó la conveniencia de que se reconociera la dirección del jefe oriental en las operaciones, exigencia que el nacionalismo y los antecedentes no podían permitir. Pero de ahí a no arribar a un plan de acción común, simultáneo y sólo prometer la cooperación circunstancial sujeta a las vicisitudes de la guerra, había un gran paso.

Fue el primer error de Madariaga -de apreciación personalísima- que no pudo juzgar el ministro de Guerra, doctor Pujol, porque la acción militar era dirigida exclusivamente por el general. Tampoco lo habría permitido el doctor Pujol, si la acción conjunta hubiese importado la preeminencia extranjera.

El descontento que el fracaso de esta expedición inspiró a los hombres que, como el doctor Pujol, secundaban a Madariaga con la sinceridad en el proceder y en el ideal, se acentuó en la provincia.

A la renuncia del ministro Pujol se agrega el desafecto de elementos de valía que respondían a emigrados de prestigio, enemigos de Rosas, pero enemigos también de los Madariaga.

El general Abalos y el coronel Ocampo -desde Uruguayana- y Pedro Ferré, desde San Borja, eran otros tantos núcleos de resistencia. Hubiéranse, sin duda, cambiado los hombres que ejercían el poder(14) si una circunstancia no afirmara -con la aparcería- la situación política.

(14) El general Paz dice que Nicanor Cáceres -íntimo amigo de Ocampo- se aprestaba a derrocar al Gobierno (tomo III, p. 317). // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- Un acto abusivo salva al Gobierno de Madariaga

Un importante convoy de cuarenta buques que iba de Buenos Aires al Paraguay, cargado de efectos de ultramar, fue detenido y secuestrado por el Gobierno de Corrientes. Las mercaderías, vendidas a beneficio del Ejército, a bajo precio y hasta a crédito, hicieron renacer la abundancia y constituyeron un poderoso incentivo de atracción.

El abuso fue notorio. El convoy había sido despachado en virtud del decreto del 1 de Agosto de 1844, por el que Rosas permitió el comercio con la República vecina, con tal de no tocar los puertos correntinos

Claro está que el incidente produce un entredicho con el Paraguay, pero concluyó con un Tratado que estableció el principio de que el pabellón cubría la mercadería, excepto el contrabando de guerra. El Tratado, concluido el 2 de Diciembre de 1844, fue ratificado por la provincia el 19 del mismo mes, en virtud de la ley del 17 de Mayo de 1845.

Las utilidades de la presa permitieron al Congreso General dictar las leyes del 10 y 26 de Junio de 1845 por las que se aprobaban las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo, disculpando el pago del canon enfitéutico y de los diezmos a los soldados del Ejército, como a sus padres y esposas, extendiendo la condonación de las contribuciones a todos los habitantes, hasta un año después de firmada la paz.

- Estado de los sucesos generales en el Río de la Plata

Ningún acontecimiento de importancia ocurrió en el resto del año 1844. La resistencia de los sitiados en Montevideo y las operaciones de Rivera en la campaña oriental absorbían toda la atención de los ejércitos de Rosas quien hacía por entonces caso omiso de Corrientes, confiando apoderarse de la provincia tan luego como triunfase de los uruguayos, hecho que suponía próximo.

El general José María Paz mandaba en jefe la defensa de Montevideo; los emigrados argentinos la sostenían; en las filas de Rivera militaban otros. El teatro de la guerra había sido trasladado a suelo extranjero por la saña implacable de Rosas, que hasta fuera de las fronteras del país, rendido a su dictadura -menos Corrientes- pretendía suprimir a los enemigos de su dominación sangrienta, de suerte que era siempre la misma la causa defendida por los argentinos emigrados.

Algunos militares pasaron a prestar sus servicios en la provincia(15). El general Paz no podía abandonar su puesto, pero a la vez de felicitar a Madariaga “por el nuevo título adquirido a la estimación de sus compatriotas, haciendo un señalado servicio a la libertad argentina, con la redención de Corrientes”, ofreció su posible cooperación ulterior en todo sentido y en aquel momento “los servicios compatibles con sus compromisos en el Estado oriental”.

(15) Baltar, Gainza, Canedo, Allende, Albarracín, Juan Pablo López. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 186. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Gobierno de la provincia robusteció la posición del general Paz, facultándole para promover y celebrar pactos y convenios con los Poderes extranjeros a fin de aumentar los medios de acción de los argentinos y principiar nuevamente con vigor la lucha en el territorio nacional.

De esa suerte, el ilustre guerrero unió a su eminente valimento militar, la representación del Estado de su patria que había renovado briosamente la guerra al dictador y podía, con doble autoridad, dar amplitud a la empresa de Corrientes.

- Relaciones con el Paraguay

La situación de ese Gobierno no fue muy halagüeña dado el escaso resultado de la campaña a Entre Ríos y la mala situación económica, cuando un hecho ocurrido en el puerto de la capital contribuyó a afirmar la posición de las autoridades.

Las buenas relaciones con el Paraguay sufrieron entorpecimiento a fines de 1844. Dicho país se comunicaba con Rosas, aunque éste resistía reconocer su independencia. En Marzo de 1844 cerró a Rosas la navegación del río Paraná a las procedencias de Corrientes y a los buques con destino a los puertos de la misma provincia.

El Gobierno -que prescindiera hasta entonces de hostilizar la navegación y el comercio fluvial- tomó represalias, deteniendo las embarcaciones despachadas en Buenos Aires con destino al Paraguay y viceversa.

Un convoy de cuarenta barcos que iba desde Buenos Aires al Paraguay, cargado de mercaderías llegadas desde Europa, fue detenido y secuestrado por el Gobierno correntino. Las mercaderías serán vendidas a bajo precio y hasta a crédito a beneficio del Ejército. Esto hará renacer la abundancia y granjeará al Gobierno la simpatía de muchos aprovechados.

Algunos buques serán vendidos por cuenta del Gobierno y otros artillados para formar una escuadrilla naval al mando del marino griego Jorge Cardassi.

El convoy había sido despachado en virtud del decreto del 1 de Agosto de 1844 por el que Rosas permitió el comercio con el Paraguay, pero con la condición de que los barcos no tocaran puertos correntinos.

El presidente Carlos Antonio López reclamó. Mientras se tramitaba el negocio, el jefe de la escuadrilla paraguaya, Villamayor, atropelló la jurisdicción de la provincia para arrebatar buques detenidos, atrevimiento escarmentado por el Comandante General interino de Marina, coronel Joaquín Baltar.

El Gobierno pidió, sin éxito, reparación del ultraje. La conducta del Paraguay fue entonces retribuida con un decreto sobre presas y derecho de visita. Era buena presa todo buque del pabellón de Buenos Aires o de las provincias que obedecían a Rosas, las propiedades de los súbditos de las mismas, toda propiedad enemiga, los artículos de guerra con destino a puerto enemigo.

La propiedad neutral era respetada aún bajo pabellón enemigo. El derecho de visita comprendía todo buque que navegase el río Paraná -desde la confluencia del Paraguay- y los mercantes que traficasen en el río Uruguay, entre el canal y la costa argentina. La medida fue comunicada a las naciones limítrofes y a los diplomáticos extranjeros residentes en Buenos Aires.

- La Convención de Diciembre de 1844

El Paraguay cortó relaciones y cerró sus puertas. Paraguay estuvo a punto de declarar la guerra a Corrientes, pero luego el presidente Carlos Antonio López, que había declarado “cerrados los puertos de la República para la provincia de Corrientes, por ahora y hasta otra resolución”, se dio cuenta de que esas medidas perjudicarían a ambos y acabó negociando con Corrientes un Tratado de Comercio y Navegación que se firmó el 2 de Diciembre de 1844, por el que se estableció el principio de que el pabellón cubriría la mercadería, excepto el contrabando de guerra.

La Convención del 2 de Diciembre de 1844 restableció la armonía(16). El Paraguay la suscribió por interés de su comercio, y Corrientes, para comprometer la política contemplativa del presidente López, enemistándolo con Rosas.

(16) “Art. 1.- El derecho de visita, en los casos que tenga lugar según el derecho de gentes, se verificará recíprocamente en las embarcaciones correntinas y paraguayas con las modificaciones siguientes:
“1.- El nunca se extenderá a embarcaciones de guerra de cualquiera de los dos Gobiernos;
“2.- No se extenderá tampoco a las embarcaciones mercantes que fueren convoyadas por barcos de guerra, desde que los comandantes de ellos aseguren que ellas no transportan contrabando de guerra. Los comandantes serán responsables y castigados por sus Gobiernos en caso de falsedad;
“3.- Cuando las embarcaciones mercantes no fueren en convoy, las visitas -sean hechas por embarcaciones de guerra o por parte de fortalezas o baterías- se limitarán al examen de los despachos y demás papeles de bordo que tuvieren fe pública y cuando más a una información sumaria de equipajes y pasajeros, sin que sea permitido detener las embarcaciones por más tiempo que el necesario para tales exámenes y, mucho menos, forzar las escotillas y volúmenes.
“Art. 2.- Cuando uno de los Gobiernos pusiere en práctica el derecho de detención o embargo avisará inmediatamente al otro.
“Art. 3.- El derecho de apresamiento de las embarcaciones o propiedades enemigas, será ejercido relativamente a los dos Gobiernos, con las siguientes restricciones:
“1.- La bandera enemiga no perjudicará las propiedades de los súbditos de los dos Gobiernos;
“2.- La bandera de uno de los dos Gobiernos, en caso de visita o de pasaje por las aguas, puertos o fortificaciones del otro, cubre y salva la propiedad del beligerante, una vez que no sea contrabando de guerra”.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 188. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

“Es un beneficio exclusivo para los salvajes unitarios -decía el órgano de publicidad del dictador-; todo lo pierde el Paraguay sin compensación equivalente, atrayéndose la animadversión del beligerante justo”.

Debido a esta acción, Rosas agregó el calificativo de filibusteros a los gobernantes de Corrientes, a los que sumaba a los unitarios. Despechado Rosas, prohibió absolutamente el despacho de buques con destino al Paraguay. Esta hostilidad y la resistencia al reconocimiento de la independencia paraguaya sirvieron para hacer más estrechas las relaciones restablecidas por la Convención de Diciembre.

Fue consecuencia de las medidas tomadas con motivo de los decretos de Rosas y del presidente López, la detención de unos cincuenta(17) buques mercantes -mayores y menores- despachados en Buenos Aires y convoyados por una nave de guerra paraguaya(18).

(17) “El convoy fue de unos setenta y tantos barcos” me decía -en el año 1884- el coronel Joaquín Baltar, Comandante General de Marina en 1844; pero doy la cantidad del texto, porque ella es la de los buques que el Gobierno sometió al Tribunal de Presas.
(18) El coronel Joaquín Baltar, actor en el suceso, me lo refirió en la siguiente forma, el 25 de Mayo de 1884:
“Me paseaba yo una mañana por la Punta de la Casilla en momentos que una multitud de hombres y mujeres coronaba toda la extensión de la ribera hasta la Batería, mirando azorada unos setenta y tantos buques mercantes con bandera de Rosas, que subían el río llevando a la cabeza un buque de guerra paraguayo. Yo no tenía entonces mando. El gobernador, que también fue al puerto, me ordenó que dispusiese inmediatamente lo necesario y procediese a detener los barcos. En el puerto no había más buque disponible que un ‘cachirulo’ semivarado, tan inservible que una bala de fusil lo atravesaba. En un abrir y cerrar de ojos se tomó y alistó el buquecito, trabajando en ello los soldados de la Guardia Republicana. Se embarcó en él una Compañía del mismo Cuerpo al mando del capitán Acevedo; yo monté como jefe superior y Alberto Villegas como práctico; llevamos a remolque el lanchón ‘Caá Guazú’. Al dirigirme sobre el buque de guerra paraguayo hice esconder los soldados. Cuando aquél se encontró a la altura del centro de la ciudad, en las aguas del lado del Chaco, llegué a ponerme al habla con su jefe -un Roxas- y le dije con la bocina: ‘Mi Gobierno no quiere guerra con el Paraguay y como no puede dejar pasar estos buques de bandera enemiga no se empeñe en que recurra a la fuerza para detenerlos’.
“Contestó: ‘No me opongo’. Pero ni él ni los buques pararon. Entonces hice abocar sobre él los fusiles y cuando vio aquéllo me llamó a su bordo. Fui en el lanchón ‘Caá Guazú’ y convenimos en que él seguiría y yo detendría los buques. Mientras Roxas continuó su marcha, yo me dirigí a los buques mercantes cuyos patrones me obligaron a convencerlos violentamente de que no pasarían. Pararon y fueron llevados todos al puerto y luego se procedió a la prisión de los desobedientes, a la detención de los comerciantes embarcados y a descargar los efectos de los barcos de más alto bordo para armar éstos en guerra. Tomé la ‘María’, el ‘Brillante’ y otros, les puse unas carroñadas y los tripulé con soldados de infantería. Mal que mal conseguí pronto un buen aparato de defensa”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 188. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Gobierno estableció un Tribunal de Presas a cuyo estudio y fallo entregó todas las cuestiones y reclamaciones de los armadores, cargadores, capitanes y comerciantes del convoy, reservándose la facultad de “modificar o revocar las sentencias pronunciadas en los expedientes de decomiso”(19).

(19) Decretos del 7 y 8 de Octubre y 11 de Diciembre de 1844. Los miembros del Tribunal fueron: Presidente: Fermín Félix Pampín; Vocales: Juan Francisco Díaz Colodrero y Pablo Cornet; Escribano: José de los Santos Bargas. El Tribunal se instaló el 10 de Octubre de 1844 y dio por terminada su tarea el 3 de Febrero de 1845, pero no fue disuelto; continuó “para atender asuntos de igual naturaleza en los casos futuros”.
Fueron “declarados libres” los siguientes buques: goleta “Asia”, de Juan Alibert; balandra “Carmen”, de Angel Goyechea; goleta “Fortuna”, de José Fernández; goleta “Paz Argentina”, de Santiago Foutel; balandra “Minerva”, de Juan Moisé; chalana “Ninfa”, de Pedro José Soliberos; bergantín goleta “María Ana”, de José María Reguillaga; goleta “Josefa”, de Agustín Pedro Justo; goleta “Carolina”, de Santiago Canebaro; balandra “Amelia”, de Mariano Billinghurst; goleta “Mercedes”, de Mariano Billinghurst; goleta “Bella Isidora”, de José Molina; piragua queche “Verdadera Amistad”, de José Fonteneau; goleta “Triunfo Argentino”, de Bartolomé Viale y Nicolás Costa; lanchón “Marcos”, de Sebastián Badaró; goleta “Aurora”, de Ramón Galárraga; goleta “Isabel”, de Antonio Anselmo; goleta “Anita”, de Antonio Marcenare; pailebote “Pilcomayo”, de Tomás Dulgeón; goleta “Bella Juanita”, de Bernardo Stagno y Juan Rizo.
Fueron “declarados en decomiso” los siguientes buques: goleta “Ydra”, de Juan Bautista Castañola; goleta “Diana”, de Nicolás Fachini; goleta “María”, de Pedro Lanza; goleta “Virginia”, de Gregorio Castaldi; lanchón “San José”, de Melchor Claro; patacho “Isabel”, de Román Abalos; bergantín “Goleta Triunfante”, de Gerónimo Balleto; goleta “Carmen”, de José Iturraspe; pailebote “Brillante”, de Antonio Esquer; goleta “Italia”, de José Lavarello; goleta “Bella Teresa”, de Bernardo Bouzo; goleta “Concepción”, de Francisco Bardi; lanchón vapor “Federal”, de Félix Murgia; goleta “San José”, de Domingo Rosano; balandra “Asunción”, de Mariano Baldía; zumaca “Assunta”, de Antonio Deandrea; bergantín goleta “Concordia”, de José María Michi; lanchón “San Fermín”, de Pedro Lafuente; polacra “María Teresa”, de Francisco Bonifacio; goleta “Clarita”, de Vicente Lupiz; goleta “Venus”, de José Ricardo; goleta “Nuestra Señora del Tránsito”, de Martiniano Pereira; bergantín “Independencia Americana”, de Manuel Alivera; goleta “Bienvenida de la Cruz”, de José Chafino; goleta “María Manuela”, de Francisco Grazo y Lorenzo Carbone; goleta “María Luisa”, de Pedro Rodríguez; bergantín goleta “Rosario”, de Tomás Lubari; goleta “Pura y Limpia Concepción”, de Juan Bautista Ruiz; zumaca “Charrúa”, de Pedro Baudin.
El Gobierno devolvió después los buques a sus dueños. Las mercaderías decomisadas fueron vendidas por cuenta del Estado y empleadas en las necesidades del Ejército. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 188. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Dice Hernán Gómez que “las utilidades de la presa permitieron al Congreso General dictar las leyes del 10 y 26 de Junio, por las que se aprobaron las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo, disculpando el pago del canon enfitéutico y de los diezmos a los soldados del Ejército correntino, como a sus padres y esposas, extendiendo la condonación de las contribuciones a todos los habitantes hasta un año después de firmada la paz”(20).

(20) Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920), p. 47, Buenos Aires. Ed. por J. Lajouane & Cia. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

- Entredicho por los fueros de los diputados

Como novedad de Derecho Público durante el año 1844, merece citarse lo resuelto por el Congreso General -el 19 de Junio de 1845- sobre el fuero de los diputados.

Con motivo de un proceso al representante de Goya, Manuel Díaz, el Congreso General resuelve que el fuero asiste a los diputados cuando el Cuerpo está sesionando y no en la época de receso(21).

(21) Libro de Oficios. Archivo de la Legislatura de la Provincia (inédito). // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Presionado en toda forma, el gobernador Madariaga reacciona cuando se establece el Directorio de la Guerra.

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