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La obra de la insurrección de 1843 se nacionaliza

Con la Ley del Directorio de la Guerra, la obra de la insurrección de 1843 se nacionalizó. Ya no fue Corrientes -como provincia- la que encabezaba la reacción. Fue Corrientes asumiendo la personería de la República; fue una fracción del pueblo argentino enastando, en sus anhelos de hacerse considerar por la dictadura, el derecho natural del pueblo todo a organizarse en fórmulas de bienestar y de progreso.

Una especie de ratificación de esta gestación oficiosa de los intereses nacionales conmovió al país. De todas sus fronteras, desde Montevideo la heroica, hasta las cuestas andinas que daban al Chile hospitalario, el aplauso de los emigrados argentinos trajo la ponderación de este gesto del pueblo de Corrientes. Las dianas cundieron y la esperanza de la organización regular de la República nació en los corazones.

Era necesario -sin embargo- para realizar la obra, que habría de dar a su autor la prepotencia del triunfo militar y al pueblo puesto a su servicio un máximum de sacrificio, tener bien hondamente grabado en el alma los más excelsos sentimientos.

Una falla, una sola, la más pequeña, anularía el propósito, haciendo estéril el esfuerzo y enconaría los sentimientos populares que saben, con la obra subconseiente del pensar colectivo, que es inútil insistir cuando falta la eficacia en sus caudillos. De ahí el secreto de los regímenes políticos que triunfan.

¿Podía el gobernador Madariaga, representante típico de la opinión popular de la época, cumplir los deberes que arrojaba sobre los hombres de la provincia, el hecho de crear el Directorio de Guerra?

Entendemos que no. Y nos ratificamos en este juicio, no porque encontremos en el general Madariaga fallas morales, como sería el egoísmo que le han imputado(1), sino porque un cierto fatalismo histórico comprueba que no pueden coexistir dos Instituciones políticas soberanas e independientes en su mismo territorio: el Directorio de la Guerra y el Gobierno de la provincia, en nuestro caso.

(1) José María Paz. “Memorias Póstumas”, tomo III, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Los ejemplos son muchos. Urquiza, cuando después de Caseros hizo la República, sacrificó a la obra nacional la personería política de la provincia de Entre Ríos: la federalizó y, hecha la República, ésta no fue el Organismo armónico del presente, hasta que la doble jurisdicción sobre la Ciudad de Buenos Aires no se resuelve -en 1880- con la capitalización definitiva.

Agréguese a ésto las lógicas exigencias de la democracia de la época, presionando sobre su caudillo popular y gobernador, el general Madariaga, y se encontrará lo inevitable de las suspicacias que habrían de esterilizar el anhelo inteligente de la organización del país.

El 5 de Febrero de 1845 salía el general Paz de la capital de la provincia para el campamento de Villanueva. El 11 de Febrero llegaba a Mercedes -o sea a Villanueva- que queda en las inmediaciones(2) y, casi enseguida, tomaba revista al Ejército correntino.

(2) José María Paz. “Memorias Póstumas”, tomo III, p. 275, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El 28 de Febrero de 1845, el general Paz decretaba el indulto y la entera absolución de pena para los desertores y tránsfugas que se hallasen ocultos en la provincia, en país extranjero o en las filas enemigas(3). A continuación se aboca a la disciplina y organización del Ejército puesto a sus órdenes.

(3) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 27. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

En diversa forma se juzga del estado de las tropas correntinas que encontrara Paz acantonadas en Villanueva. En sus Memorias(4), nos dice el general de la indisciplina, desorganización y anarquía que reinaban en las unidades y en los comandos; del parcialismo, sustituyendo al mérito; del armamento destrozado; de la falta de maestranza; etc.

(4) José María Paz. “Memorias Póstumas”, tomo III, p. 335, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Un biógrafo de Madariaga(5) dice que el Ejército se componía en ese entonces de 4.000 hombres, con buen armamento y provisión de guerra; y Federico de la Barra -en sus “Narraciones”(6)- agrega que las milicias “eran ya muy aguerridas” y que en pocos días constituyeron un Ejército poderoso bajo la mano del general Paz.

(5) Manuel Florencio Mantilla. “Estudios Biográficos sobre Patriotas Correntinos” (1884), Buenos Aires. Imprenta y Librería de Mayo - C. Casavalle Editor.
(6) Manuel Florencio Mantilla. “Estudios Biográficos sobre Patriotas Correntinos” (1884), p. 4, Buenos Aires. Imprenta y Librería de Mayo - C. Casavalle Editor. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Las opiniones tienen una contradicción más aparente que real porque, si en efecto existe en cuanto a la calidad del armamento, se desprende de los textos referidos que Paz debió disciplinar, ajustando a la técnica de la guerra las unidades milicianas.

El historiador Ruiz Moreno(7) reconoce -por su parte- que Paz no debió encontrar al Ejército preparado para una invasión inmediata a Entre Ríos. Agrega que la demasiada intimidad entre los jefes superiores y subalternos y la excesiva francachela de los oficiales con los soldados había menoscabado varias veces el mérito de los Ejércitos correntinos.

(7) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El juicio es exacto desde que la prelación en el mando era cuestión de prestigio personal como caudillo o como valiente. Nosotros lo pudimos comprobar al conocer a jefes ancianos de estas guerras civiles que profesan la táctica primaria e instintiva que no es arte sino hábito.

- El cuarto Ejército correntino

Estableció el general Paz, en Villanueva, una maestranza; regularizó la provisión del parque y de la proveeduría; estableció academias para los jefes y oficiales y ejercicios regulares para la tropa; y normalizó la Administración de la Justicia Militar, con la creación de Tribunales y Jurados de Oficiales, que cortaron abusos y dieron al soldado el concepto de lo lícito.

El general José María Paz se recibió del Ejército a mediados de 1845(8). Su plan militar se redujo a la defensiva, no obstante que el enemigo de Entre Ríos era relativamente insignificante e imposible el pronto auxilio de Urquiza, empeñado entonces contra Rivera, en la República Oriental.

(8) Véase en el Apéndice de la “Crónica Histórica...” del doctor Mantilla los Documentos Oficiales, Correspondencia, Proclamas y Manifiestos referentes a la creación del Directorio de la Guerra. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 192. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Antes de iniciar operaciones, quiso perfeccionar la educación de las tropas y proveerse de cuánto necesitaba para abrir campaña con elementos completos. Trasladó al campamento en Villanueva la división auxiliar de santafesinos y concentró todas las fuerzas disponibles.

Aplicó el Director su eximia competencia a los ramos de una organización militar de escuela, de suerte que saliese de la obra una máquina de guerra de primer orden; muchos jefes antiguos y distinguidos de diversas provincias lo ayudaron eficazmente en la tarea(9).

(9) Entre otros jefes que tomaron servicio en el Ejército se encontraban los generales Román A. Dehesa y Domingo José Abalos; los coroneles Manuel Hornos y Manuel Salas; los tenientes coroneles Matías Rivero, N. Suárez, José Pizarro, Justo Pastor Figueroa, N. Mendieta; los sargentos mayor Rocha, Lino Martínez, Villanueva (el mismo que llegó a Teniente General ruso). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 192. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Los correntinos cedían gustosos a la habilidad militar de los mejores. El Director confirmó la denominación de “Cuarto Ejército Libertador”. Fue nombrado Jefe de Estado Mayor General el coronel Indalecio Chenaut. El total de las tropas organizadas en Cuerpos de infantería, caballería y artillería alcanzó a cuatro mil hombres escasos, siendo mayor el número de los de caballería(10).

(10) La infantería tenía los batallones Guardia Republicana y Cazadores de la Unión (ambos organizados antes de la llegada del general Paz); los soldados usaban gorras blancas, blusa celeste, pantalón blanco y zapatos. Los regimientos de caballería estaban numerados y también uniformados en el traje, siendo diferentes las gorras de la infantería. La artillería disponía de dos carronadas de a 8, dos cañones de bronce de a 6, cuatro de hierro de a 6, dos de bronce de a 4, dos de bronce de a 3; el uniforme de los artilleros era igual al de los infantes. Todos los soldados, oficiales y jefes usaban divisa celeste. La escolta del General en Jefe -mandada por el ya coronel Eustaquio Frías- era un Cuerpo especial formado con los mejores soldados sacados de los demás; a lo último, el general le agregó dos piezas de artillería. Como escuela práctica para los futuros cabos y sargentos había un escuadrón de “muchachos” niños huérfanos o abandonados recogidos en los pueblos y en las campañas. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 192. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La instrucción de los soldados, oficiales y jefes era constante y esmerada; la administración militar honesta y prolija; el orden del campamento, completo.

Vivía el Ejército en cómodos cuarteles, construidos por él mismo, de madera, junco y paja; tenía maestranza bien montada(11), comisaría provista de todo lo necesario(12), parque, una imprenta(13) y gran cantidad de carretas.

(11) De toda la provincia fueron llevados los mejores herreros, mecánicos y carpinteros, como también las herramientas, fraguas, hierro, maderas y demás elementos indispensables para componer armas, montar cañones, construir lanzas, carros, frenos, espuelas y otros objetos de necesidad.
(12) La comisaría abarcaba todos los servicios de provisión, menos los de cabalgaduras y municiones y construía uniformes, zapatos, monturas, atalajes.
(13) Además de Boletines con Ordenes del Día, conservo en mi archivo un ejemplar del “Tratado de Juicios Criminales y Formulario de Procesos Militares”, reimpreso en la “Imprenta del 49 Ejército Libertador - Villanueva - Año de 1845”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 192. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Era un pueblo de soldados(14). Como planteles de reserva fueron organizadas compañías de infantería en las villas cabeza de los Departamentos con los jóvenes de 15 a 18 años “que no eran absolutamente necesarios a sus familias” y los que, por cualquiera causa, hasta los 60 años, no estaban sobre las armas.

(14) Bailes y corridas de sortija distraían de vez en cuando a los soldados y también fiestas marciales en conmemoración de los grandes acontecimientos nacionales y provinciales. De estas últimas, celebraron los siguientes aniversarios: pasaje del Uruguay por Madariaga; combate en Bella Vista; Laguna Brava; 25 de Mayo; 9 de Julio; La Tablada; Caá Guazú. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 192. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Desde el principio el Ejército no tuvo cohesión moral. El Director, que salió amargado de Montevideo y predispuesto contra importantes personajes argentinos, creyó ver surgir en torno suyo -conforme inició su gran tarea- la facción que, según él, lo había sacrificado, llevada al Ejército por algunos de los mismos cooperadores en su obra y, sin meditar seriamente sobre su posición y responsabilidades, cual correspondía a su talento, no supo reprimir su sospecha y dio alas a su natural cavilosidad dejando que lo dominasen preocupaciones sin causa grave.

Nada nuevo le ocurría que ya no hubiera experimentado en su larga vida de mando. Las pequeñeces, desviables con tino, persiguen siempre a los hombres superiores y el mérito está en saber destruirlas sin darles importancia. La propia mano del Director creó, de aquélla suerte, gérmenes de descontento, de malquerencias, de rivalidades, de intrigas y de camarillas.

La anarquía moral, que siempre reinó entre los enemigos de Rosas, asomó también en Villanueva. El mal político de la época combatía allí al organizador militar admirable, valiéndose de él mismo y, en tanto que el Ejército ganaba diariamente en instrucción marcial, perdía en fuerzas morales. Nació enfermo.

Esta obra, que podríamos decir de reparación, no pudo realizarse sin rozar intereses creados y el propio prestigio del gobernador Madariaga, que era solicitado por los que veían su inconducta encarrilada en la Ley.

El sentimiento de la libertad, tal cual lo entiende el pueblo correntino en el presente, no es el uso de derechos respetando los derechos análogos y recíprocos de los demás. Es el uso del derecho con abuso, porque falta en las masas el instinto del respeto de la Ley. Con más razón en la época vieja el pueblo debió sentir -como el potro selvático- el agravio del freno de la ordenanza y la protesta popular retornaba a su representante en el Gobierno arrojando la simiente de intereses encontrados.

- Nuevo conflicto internacional para Rosas

Desde que comenzó la década del ‘30, la importancia de Montevideo, como puerto y centro comercial, creció notablemente. La colonia británica allí instalada prosperó y entró en lógica rivalidad con los comerciantes de Buenos Aires, incluidos los ingleses.

Mientras el comercio porteño había disminuido desde 1840, el de Montevideo crecía, pero la reanudación de la guerra en territorio oriental trajo la evidencia de una nueva traba comercial contra la que quisieron prevenirse los británicos residentes allí, que encontraron un campo favorable en un sutil cambio de la política exterior inglesa.

En 1841, Lord Palmerston había sido reemplazado en el Foreign Office por Lord Aberdeen. Poco antes, la cancillería inglesa había producido un Memorandum en el que propiciaba una política de apoyo a los regímenes de paz, que hacían posible el desarrollo del comercio británico. En una interpretación libre de esta política, Aberdeen, sensible a las reclamaciones de la comunidad británica de Montevideo, trató de obtener un Tratado con aquella plaza, a cambio de lo cual le prometía socorro.

Esto significaba tomar partido en la contienda, aunque lo que en realidad se proponía el canciller inglés era obrar como mediador para imponer la paz.

- La mediación anglo-francesa

Deseoso de obrar en conjunto con Francia, procuró el apoyo de ésta a su acción, que le fue dado en forma vaga e imprecisa. En Marzo de 1842 dio sus Instrucciones a Mendeville acordando que, en caso de una negativa, debía hacer saber a Rosas que la defensa de sus intereses comerciales podía imponer a su Gobierno “el deber de recurrir a otras medidas, tendientes a apartar los obstáculos que ahora interrumpen la pacífica navegación de esas aguas”.

La mediación adquiría así forma de ultimátum y de ese modo lo entendió Mendeville y se lo advirtió a Rosas, quien no se inmutó. Ya en 1843, el ministro inglés, conjuntamente con el francés -conde de Lurde- presentó formalmente la mediación. Rosas demoró la respuesta, con visible molestia del francés, y en Noviembre la rechazó totalmente.

Poco después se producía Arroyo Grande y el sitio de Montevideo. Ante tal cambio de la situación la mediación carecía de bases, pero los representantes diplomáticos de las dos potencias propusieron un armisticio, que significaba salvar a Rivera de su duro trance.

Peor aún, prometieron ayuda militar a los sitiados, con lo que animaron la resistencia. Mendeville se dio cuenta tarde de que había ido demasiado lejos, cuando el comandante británico Purvis impidió a la escuadra de Buenos Aires bloquear Montevideo. Purvis fue desautorizado por Aberdeen, pero éste no desistió de su proyectada mediación conjunta pese al rechazo ya sufrido.

Mientras tanto, el comercio montevideano languidecía y Rosas, hábilmente, comenzó a satisfacer las reclamaciones de sus acreedores internacionales con lo que logró que la balanza del interés comercial se inclinara de su lado. Pero Aberdeen no se percató de ello y amenazó con intervenir militarmente si no se levantaba el sitio de Montevideo y no se retiraban las tropas argentinas de la Banda Oriental.

Las cuestiones internacionales del Río de la Plata tenían entonces comprometido a Rosas en serias dificultades con Francia e Inglaterra. Los ministros de estas potencias le habían observado -después de la batalla de Arroyo Grande- que retirase sus tropas del territorio oriental porque las consideraban como un peligro para la independencia de dicha República, que ellos estaban dispuestos a garantizar. Se apoyaban en antecedentes del Derecho Público europeo(15). Rosas se negó.

(15) Es hoy la doctrina predominante en Europa y América. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 193. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- La intervención armada

Después de ordenar el sitio de Montevideo, Rosas también declaró bloqueado el puerto y cerrada la navegación por los ríos Paraná y Uruguay. Sitiada por Manuel Oribe la plaza de Montevideo, la escuadra del dictador -al mando del general Guillermo Brown(16), designado Jefe de la flotilla bloqueadora- pretendió asediar el puerto, pero lo impidió por la fuerza -arbitrariamente- el almirante inglés Purvis, cuyos actos fueron posteriormente aceptados por el francés, Lainé.

(16) El Gobierno argentino no expidió a Brown despachos de Almirante. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 193. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Es que ante el peligro de una inminente rendición, Fructuoso Rivera y los emigrados de la Comisión Argentina solicitaron nuevamente la ayuda de Francia e Inglaterra. El comodoro Purvis -comandante naval británico en Sudamérica- protestó ante Rosas por el bloqueo, debido a la nacionalidad del jefe y de los tripulantes de las naves argentinas(17).

(17) Purvis argumentó que la mayoría de los oficiales y tripulantes de las naves argentinas eran británicos y que de la misma nacionalidad era Brown. Sostuvo además que, de producirse actos de hostilidad contra Montevideo, las embarcaciones de Buenos Aires serían tratadas como si fueran piratas. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Cuando Brown se disponía a operar sobre una isla próxima a Montevideo, su flotilla fue interceptada por naves británicas y debió desistir de su intento. Por su parte, las últimas reaprovisionaban a Montevideo y desembarcaban material bélico.

En Agosto de 1843, Florencio Varela partió hacia Londres -enviado por el Gobierno uruguayo y los emigrados argentinos- para gestionar una ayuda más activa de Inglaterra en la lucha contra Rosas. El comisionado no obtuvo una respuesta categórica y entonces pasó a París, donde tampoco sus gestiones alcanzaron mayor éxito.

- Fracasa la misión Ouseley-Deffaudis

A mediados de 1845 llegó a Buenos Aires Guillermo Ouseley, enviado diplomático de Gran Bretaña, con el propósito de poner fin a la guerra en la Banda Oriental y garantizar la independencia de esa República. Poco después, arribó el barón Deffaudis en representación de Francia. No se llegó a ningún acuerdo porque los diplomáticos exigieron el retiro de las tropas argentinas que actuaban en la Banda Oriental.

Ouseley y Deffaudis pasaron a Montevideo y reforzaron la defensa de la plaza con tropas anglo-francesas. Naves de las potencias aliadas se apoderaron de las pocas embarcaciones de Brown las cuales -ahora con pabellón oriental- fueron puestas a las órdenes de José Garibaldi quien, con el apoyo de la escuadra europea, tomó la Colonia y poco después la isla Martín García.

Los anglo-franceses remontaron el río Uruguay y Garibaldi saqueó la población de Gualeguaychú. El 18 de Septiembre de 1845, los ministros Ouseley y Deffaudis declararon el bloqueo al puerto y a las costas de Buenos Aires.

El diplomático inglés Guillermo Gore Ouseley, quien -junto con el francés Deffaudis- exigió el retiro de las tropas argentinas destacadas en la República Oriental. Su gestión no tuvo éxito.

Esa intrusión extranjera ejecutada “en nombre de la cultura social en los ricos mercados del Río de la Plata” salvó a Montevideo; a la sombra de ella se formalizó la defensa, púsose en juego activo la diplomacia y Oribe quedó como clavado en el Cerrito.

Inglaterra dio satisfacción a Rosas retirando a Purvis, autor del avance con Brown; más, de acuerdo con Francia, resolvió mediar o intervenir, según fuese la gravedad de los hechos. A ese objeto, ambas potencias nombraron ministros al caballero Ouseley y al barón Daffaudis.

Tenían tanto derecho para hacerlo como el gobernador de Buenos Aires para sostener a Oribe con las armas, a más de que si hubieren extralimitádose, los amparaba la causa de la civilización servida.

Los ministros nada consiguieron de Rosas; en consecuencia, rompieron la negociación, se declararon protectores de la plaza de Montevideo y ordenaron el bloqueo de los puertos argentinos. En este pie estaban las relaciones exteriores del dictador a mediados de 1845.

La comunidad comercial británica de Buenos Aires protestó. Cuando las quejas reiteradas llegaron a Londres, Aberdeen dio marcha atrás, pero ya era tarde. El 26 de Septiembre de 1845, la escuadra anglo-francesa bloqueó Buenos Aires y ocupó Martín García.

- El combate de Obligado

Inmediatamente se intentó forzar el paso de los ríos para abrir los puertos de Entre Ríos, Corrientes y Paraguay al comercio inglés, representado por un centenar de barcos mercantes, cargados de mercancías.

Rosas encargó a Mansilla fortificar el Paraná y éste lo cerró con cadenas bajo la protección de la artillería, en el paraje conocido por Vuelta de Obligado, al norte de la provincia de Buenos Aires(18). Ante la certeza de que las naves europeas remontarían el Paraná, Rosas dispuso fortificar la orilla derecha del río.

(18) Entre las actuales poblaciones de San Pedro y Ramallo. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

En ese lugar el ancho del Paraná no excede los 700 metros y por allí debían pasar forzosamente las naves enemigas si pretendían incursionar por el norte mesopotámico. Sobre un recodo de la costa y aprovechando como defensa natural un barranco, el general Lucio Mansilla instaló cuatro baterías(19).

(19) Las cuatro baterías estaban a las órdenes de los siguientes militares: Alvaro Alzogaray, Eduardo Brown (hijo del almirante), Felipe Palacios y Juan Bautista Thorne. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Para obstruir el paso de la flota anglo-francesa aguas arriba y obligarla a batirse -si pretendía cruzarlo- fueron colocadas -de costa a costa- gruesas cadenas de hierro, sujetas a unos veinte lanchones. Protegidos tras las sinuosidades del terreno y los montes de la región, unos 2.000 hombres se aprestaron a la defensa.

El 20 de Noviembre de 1845, once naves anglo-francesas, poderosamente artilladas(20), trataron de cruzar la Vuelta de Obligado y entonces se originó un violento combate que concluyó al cabo de siete horas con la destrucción de las fortificaciones. El combate fue enconado entre la posición argentina y la escuadra anglo-francesa, la que finalmente pudo abrirse paso.

(20) Las embarcaciones europeas utilizaban cañones de grueso calibre, varios de ellos con balas denominadas “paixhans”, provistas de espoletas o detonadores, de mortífero poder en relación con otras armas de esa época. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Forzado el paso, las naves europeas ascendieron por el Paraná, precediendo a numerosos barcos mercantes cargados de mercaderías. La expedición llegó hasta las proximidades de Asunción, aunque su éxito comercial fue escaso.

El esfuerzo, que tanto dañó las relaciones entre los beligerantes, fue estéril, pues las provincias a las que iba dirigida la expedición comercial estaban casi en bancarrota y no compraron nada.

- Expedición sobre Santa Fe

A principios de Junio de 1845 -pendiente aún la negociación de los ministros de Francia e Inglaterra con Rosas- alistó el Director de la Guerra una expedición sobre la provincia de Santa Fe confiándola a Juan Pablo López; sus propósitos fueron:

“Habituar a los soldados en operaciones lejanas; dar un soplo de vida a la revolución; tantear el grado de las simpatías de la provincia de Santa Fe; y, principalmente, dar un desmentido a Rosas, que aseguraba a los ministros de los Poderes interventores no tenía oposición en la República, que la de Corrientes era insignificante y quimérica”.

El 21 de Junio de 1845 se trasladó al Chaco la expedición, pasando el río Paraná frente al Rincón de Soto. La componían 400 emigrados santafesinos -mandados por el general Juan Pablo López- y 300 correntinos al frente de los cuales iba el coronel Bernardino López, grupo disperso en una división de caballería e infantería. López incorporó a la expedición indios chaqueños armados con lanzas.

Las marchas fueron penosas pero activas y sigilosas. Casi de sorpresa cayó López sobre la Ciudad de Santa Fe donde tenía el gobernador Pascual Echagüe sus principales fuerzas. La victoria fue completa, con sólo el sacrificio de un hombre para los vencedores. Echagüe huyó a las islas, hacia el sur.

En otras manos, aquel fácil como importante triunfo hubiese dado grandes resultados. La proverbial incapacidad de López perdió todo. Una escuadrilla correntina llegó frente a la ciudad, pero López se entretuvo en festejos y permitió la reacción de los rosistas que lo obligarán a retirarse.

Pasó el tiempo en culpable inacción mientras Echagüe reaccionaba eficazmente protegido por el coronel Juan Bautista Thorne -jefe de la escudrilla de Rosas en el río Paraná- y por el gobernador delegado de Entre Ríos, Crespo.

A la noticia de que los rosistas tomaban la ofensiva, López abandonó la ciudad y emprendió retirada hacia Corrientes, llevando un gran convoy de efectos de comercio, elementos de guerra y un crecido número de familias, que imploraron su protección.

En su precipitada retirada no aceptó pasar el Paraná a la altura de Goya -como le ofreció Juan Madariaga- y continuó hacia el norte, quizá con la intención de hacerse fuerte en el Chaco donde contaba con la amistad de los indios, pero abandonó sus tropas a retaguardia.

Perseguido y sin medios para activar sus lentas marchas, diéronle alcance y le batieron en Malabrigo, el 12 de Agosto de 1845, perdiendo allí todo el convoy. La oportuna protección de la escuadrilla provincial salvó a los derrotados y a las familias(21).

(21) “Adición a la Orden General del 16 de Agosto de 1845. La columna expedicionaria a Santa Fe tuvo, el 12 del corriente, un encuentro con otra enemiga en Malabrigo y, aunque en los primeros choques arrolló y batió constantemente al enemigo, tuvo que ceder al número y a la superioridad de sus caballos, siendo los nuestros enteramente malos; sufrió de consiguiente una dispersión y la pérdida de alguna gente. Lo demás se ha reunido y está en seguridad ... Nuestros soldados combatieron valientemente; la fuerza correntina ha ostentado, como siempre, la mayor bravura. Bastará lo dicho para conocimiento del Ejército. Los soldados de él apreciarán este suceso como merece serlo y no hallarán en él sino pruebas de la cobardía de sus miserables enemigos ... Este suceso en nada afecta los vitales intereses de la guerra ni disminuye en nada el poder de nuestras armas. La provincia de Corrientes es invencible mientras cuente entre sus hijos soldados tan bizarros como los que han combatido en Malabrigo. Campamento en Villanueva. Paz”.
Echagüe, Jefe superior de los vencedores, decía respecto del mismo suceso: “A inmediaciones del antiguo Pueblo del Rey, ha sido completamente derrotado y exterminado el salvaje unitario ‘Mascarilla’, quedando en nuestro poder todo cuanto nuestros prisioneros rescatados, muerta toda su infantería, asegurándole que no alcanzarán a cincuenta los soldados de caballería que habrán salvado con vida”. (Carta fechada el 17 de Agosto de 1845, dirigida al coronel Hilario Lagos). El Director de la Guerra dispuso que un Tribunal militar juzgase a Juan Pablo López y demás jefes principales de la expedición; el Tribunal “destituyó a López de todos sus empleos y grados militares confiscando, al mismo tiempo, 408 onzas de oro que se hallaron en sus baúles”; los jefes fueron absueltos. López se retiró al territorio brasileño; muchos de sus oficiales y soldados quedaron descontentos; otros pasaron a las banderas de Echagüe; el cacique Pedrito -gran amigo de López, protector hasta entonces de las empresas por el Chaco- impidió que el coronel Salas realizase una, ideada por el general Paz, sobre la frontera de Santiago del Estero. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 194. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

López, luego pretendió que desde Corrientes se le enviara ayuda al Chaco, pero el gobernador se opuso terminantemente. Paz, indignado por la actitud de “Mascarilla”, le formó un Consejo de Guerra en Villanueva, acusándolo de “cobardía, falsedad y malversación” y pidió la pena de muerte para él. El fallo fue más benévolo de lo que se esperaba, destituyéndolo del mando; López escapó y se refugió en el Brasil.

Paz envió otra expedición al Chaco, esta vez al mando del coronel José Manuel Salas, pero los indios amigos de “Mascarilla” se negaron a ayudarlo y lo amenazaron de muerte, terminando sus tropas por pasarse a las de los rosistas. Con respecto a la campaña de Santa Fe, Juan Madariaga dijo lo siguiente:

“Grande fue la falta de López, pero no es menor el cargo que puede hacerse al general Paz por el hecho de haber anticipado aquella campaña sin apoyo cuando habría sido mejor dejarla para cuando se abriese una campaña sobre Entre Ríos, desde donde estaría sostenida, que de este modo se inutilizaron grandes elementos militares, se sacrificó sin fruto a los hombres y sólo se dejó maldición a los patriotas santafesinos”(22).

(22) Juan Madariaga. “Sus Memorias” (1967), p. 84, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Acusó también a Paz de haber facilitado la fuga de López y de haberse apropiado -para su provecho personal- de cuatrocientas setenta onzas de oro que el fracasado jefe había traído de Santa Fe. Por su parte Paz enunció los motivos que lo indujeron a enviar esa expedición:

“Primero, habituar a los soldados del Ejército a operaciones lejanas y acostumbrar a los correntinos a salir de su país; segundo, dar un soplo de vida a nuestra revolución, que parecía estacionaria y exhausta; tercero, ensayar un movimiento sobre las provincias argentinas para probar hasta qué grado podíamos contar con sus simpatías.
“Cuarto y principal, dar un desmentido a Rosas, que aseguraba a los ministros interventores (Francia e Inglaterra) que no tenía oposición en la República Argentina y que la de Corrientes era insignificante y quimérica.
“Ella (la expedición), apareciendo triunfante a las puertas de la provincia de Buenos Aires, debía desengañar a los señores Deffaudis y Ouseley y hacerles ver que los enemigos del dictador tenían un poder que él les negaba”(23).

(23) José María Paz. “Memorias Póstumas” (2000), tomo II, pp. 281-282, Buenos Aires. Ed. Emecé. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

Con respecto a la segunda acusación que hizo Madariaga, creemos que fue maliciosa pues Mantilla se encargó de desmentirla cuando dijo lo siguiente:

“La Caja de Guerra del Directorio se proveía igualmente de la del Gobierno; la única suma ingresada de otra parte fueron 7.400 pesos plata llevados por Juan Pablo López de Santa Fe”(24).

(24) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, p. 132. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1999).

- Escuadrilla correntina en aguas del Paraná

No sólo por tierra se hostigó al enemigo, también la escuadrilla correntina al mando del griego Cardassi se mostró activa. Es que además de las fuerzas terrestres fue organizada una escuadrilla en las aguas del río Paraná, al mando del teniente coronel Jorge Cardasi, quien aumentó con un buque bien armado de su propiedad.

Componían dicha escuadrilla las embarcaciones siguientes: goleta “Ferrolana”(25), pailebote “30 de Agosto”(26), falucho “6 de Mayo”(27), goleta “Socorro”(28), lanchón “General Lavalle”(29), ballenera “General Paz”(30), lanchón “Caá Guazú”(31), pailebote “Independencia”(32).

(25) Presa tomada en el puerto de La Bajada, el 28 de Septiembre de 1845. Comandante, teniente Isidoro González; 10 marineros; y 10 infantes.
(26) Patrón, Miguel Fernández; 9 marineros.
(27) Comandante, capitán Manuel Méndez; 10 marineros.
(28) Presa tomada en el puerto de La Bajada, el 28 de Septiembre de 1845. Patrón, Juan de la Cruz Bargas; 6 marineros.
(29) Comandante, sargento mayor Manuel Máximo Durán; 13 marineros.
(30) Patrón, Francisco Pereira; 14 marineros.
(31) Comandante, teniente Alberto Villegas; 6 marineros; 10 infantes.
(32) Comandante, teniente José Galloso; 12 marineros.
// Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En ocasiones de urgencia también prestaron servicio de guerra otras embarcaciones particulares(33).

(33) Goletas, pailebotes, balandras y lanchones denominados: “Triunfo Correntino”, “Concepción”, “Pasia del Carmen”, “Revolución”, “Bienvenida”, “Asia”, “Dos Hermanos”, “Dos Amigos”, “Isabel”, “Fortuna”, “Relámpago”, “Diana”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La escuadrilla dominó absolutamente la navegación del río Paraná hasta el puerto de La Bajada, sobre el cual dio más de un golpe feliz, siendo el más importante de sus hechos la sorpresa, captura de los buques y combate librado en el mencionado puerto durante los días 28 y 30 de Septiembre de 1845(34).

(34) Cardasi ejecutó la operación con los pailebotes “Independencia” y “30 de Agosto”, la ballenera “General Paz” y el lanchón “Caá Guazú”. En la madrugada del 28 cayó de sorpresa sobre el puerto, abordó ocho embarcaciones y las sacó frente a la “Bajada Grande”. Durante el día capturó una balandra, procedente de Buenos Aires. El 29 por la noche penetró nuevamente en el puerto, para tomar dos embarcaciones más. El 30 se batió durante una hora con enemigos de tierra, en número de 400 hombres, con artillería, retirándose después a Las Conchillas, desde donde regresó por la noche con la “General Paz” y el “Caá Guazú” para incendiar una balandra, que había embarcado anteriormente. Cardasi pasó al Gobierno el siguiente Parte:
“Los cobardes esclavos del tirano han sufrido un buen golpe; incapaces de sostener nuestros fuegos, ni aún pudieron izar su pabellón a más de media hasta. El resultado de esta expedición es de 6 buques presos con alguna carga y poco armamento y tres embarcaciones incendiadas.
“Nuestra pérdida es de un marinero muerto y un herido. No puedo menos de recomendar a V. E. los oficiales, tripulación y tropa de la escuadrilla, que tan bizarramente se han portado”.
El gobernador de Entre Ríos, Crespo, dio cuenta del hecho a Rosas en los términos siguientes:
“Paraná, Octubre 4 de 1845 ... En la madrugada del 28 del ppdo, cuatro lanchones armados en guerra por los salvajes unitarios de Corrientes, al mando del pirata griego Jorge Cardasi, sorprendieron este puerto y sacaron de él los buques y cargamentos que tenían a su bordo, y constan en la adjunta relación (a), amaneciendo después fondeados con la proa poco más abajo a distancia de tierra, donde no podían ser ofendidos.
“En la mañana del 30 volvieron al fondeadero y rompieron un vivo fuego de cañón sobre esta capital, el que fue contestado con vigor hasta obligarlos a retirarse. Pero, en la misma noche, renovaron el ataque con mayor violencia con el malvado designio de pegar fuego a una balandrita que habían dejado en el puerto después de robarle las velas; más, la oposición que encontraron les obligó finalmente a retirarse. Los lanchones con los buques apresados han subido el Paraná”.
(a) zumaca “Goyana”, goleta “Ferrolana”, goleta “Galga”, balandra “Carmen”, goleta “Socorro”, pailebote “Fermín”, balandra “Entrerriana”, dos chalanas.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En este ataque obtuvieron como botín seis embarcaciones con alguna carga y poco armamento, además de incendiar otras tres embarcaciones, sin tener prácticamente pérdidas.

- La obra política y administrativa en 1845

Dejemos al general Paz disciplinando el Ejército en Villanueva y organizando Cuerpos de infantería en todos los Departamentos(35) y veamos la obra política y administrativa de 1845.

(35) Decreto del 16 Julio de 1845. Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El 7 de Junio de 1845 el gobernador Madariaga se ausenta de la capital y delega el mando en sus ministros, Gregorio Valdés y José Inocencio Márquez. Durante este interinato -que terminó el 5 de Julio de 1845- el Congreso General, que había iniciado sus sesiones ordinarias el 6 de Mayo de 1845, sancionó dos leyes por las que reconocía como Coronel Mayor del Ejército al gobernador Joaquín y a su hermano Juan Madariaga.

Los nombramientos emanaron del general Paz, como Director de la Guerra, pero se entendió conveniente la confirmación legislativa. Era la declaración de una preeminencia lógica, en su carácter de único poder eminentemente popular. Así lo entendió la misma Legislatura.

En efecto: considerando que toda la población masculina estaba en el Ejército y “usando de su soberanía extraordinaria” posterga la elección de la 9na. Legislatura hasta que fuere posible y resuelve continuar hasta entonces en el ejercicio de sus funciones. Establece la Ley -del 27 de Noviembre de 1845- que hasta aquella oportunidad debía continuar en el desempeño del Poder Ejecutivo el general Joaquín Madariaga(36).

(36) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 72. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Desde esta fecha, el Gobierno de Madariaga pierde su fundamento institucional para convertirse en autoridad de facto.

- Administración; recursos

Dejando por el momento las acciones bélicas, veamos cuáles eran las condiciones en que se desarrollaba la vida de Corrientes en esa época. La obra administrativa del Gobierno estuvo enderezada -casi exclusivamente, durante el año 1845- a cooperar con el Director de la Guerra en la organización del Ejército.

La labor administrativa durante el año 1845 se redujo principalmente a facilitar el camino del Director, secundándole eficazmente en todo lo militar y creando, para poner en manos de él, los elementos y los recursos necesarios.

Escaso fue lo que pudo hacerse por el bienestar y adelanto de la provincia: establecimiento del alumbrado público en la capital; fundación de un Hospital General a cargo de la “Sociedad Filantrópica”; registro en el Libro de la Deuda Pública de los créditos por auxilios de ganados o préstamos al Estado; establecimiento de dos correos exteriores y cuatro interiores.

Por razones de economía fueron suprimidos los Juzgados de primera instancia de Las Saladas y San Roque, incorporándose a las jurisdicciones de la Capital y Goya los Departamentos que dependían de ellos.

Para la adquisición de todos aquellos elementos que no existían en la provincia, como armas, pólvora y salitre, el general Paz, como Director de la Guerra, procedía con absoluta discrecionalidad, sin dar cuenta de sus actos al Gobierno.

Para obtener fondos para las compras hacía vender en Río Grande del Sur novillos y caballos engordados en las estancias embargadas a los rosistas. También manejaba la venta y exportación de los cueros de los animales utilizados para la alimentación de la tropa. Hasta podía comprometer las propiedades públicas, afectándolas a compromisos de créditos.

Para lo único que intervenía el Gobierno era para cubrir con giros las diferencias en contra de la Caja del Ejército. El estado económico y financiero de la provincia era realmente desastroso.

Todo el aparato productivo estaba en una lamentable situación de deterioro y como consecuencia de ello el comercio estaba casi paralizado, acopiando frutos para la exportación únicamente los extranjeros: ingleses, franceses y sardos.

A pesar de haber sido declarados nacionales los poderes del general Paz, el peso del Directorio cargaba únicamente sobre la provincia y su Gobierno. Ningún auxilio llegó de otra parte. Las relaciones del general Paz en el interior y el exterior de la República, de las que él se prometiera importante concurso, parecían muertas.

La Comisión Argentina, establecida en Montevideo, era simple aparato. Por eso, ningún beneficio estable de importancia recibió la provincia. El estado de guerra consumía todos sus recursos y ocupaba toda la actividad de su Gobierno. “La Revolución” fue el órgano de publicidad de aquel período; fundado el 16 de Febrero de 1845, terminó el 28 de Diciembre del mismo año(37).

(37) Véase el libro del doctor Mantilla: “Biografía Periodística de la Provincia de Corrientes”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Excepción hecha del establecimiento del alumbrado público en la capital(38); de la fundación de un Hospital General a cargo de la “Sociedad Filantrópica”(39); del registro de los créditos por auxilios de ganado o préstamos al Estado, en el Libro de la Deuda Pública(40); del establecimiento de cuatro correos interiores y dos exteriores, despachados durante el mes desde la capital(41); ninguna mejora ofreció el año 1845.

(38) Decreto del 17 de Abril de 1845. Hasta entonces cada propietario tenía la obligación “de iluminar su pertenencia”. La Policía quedó encargada del alumbrado público y lo servía directamente o contrataba el servicio, previa licitación. El impuesto de alumbrado era pagado según esta escala: 12 reales al mes las casas de negocios cuyas patentes pasaban de 40 pesos; 1 peso, las de patente menor; 4 reales las casas principales; 2 reales, las demás casas.
(39) Existía un Hospital Militar y él fue transformado en Hospital General con la denominación de “Casa de Misericordia”, por decreto del 26 de Abril de 1845. El mismo decreto instituyó la “Sociedad Filantrópica” para dirigir la Administración del establecimiento. Fueron miembros fundadores de dicha sociedad: Pedro Díaz Colodrero, Manuel Fernández, Alejo Ceballos, Ramón de Galárraga, Bartolomé Viale, Felipe Gonzales, Francisco Fournier, Juan Torrent y Rafael Gallino. El Erario público sufragaba los gastos del hospital, entregando los fondos necesarios a la sociedad administradora.
(40) Decreto del 5 de Marzo de 1845. Una Comisión especial estudió, clasificó y liquidó todos los créditos reclamados por los particulares. La componían: Juan Baltazar Acosta, José Vicente García de Cossio, Fermín Félix Pampín, Raymundo Molinas y José Felipe de los Santos; y, como suplentes: Juan Francisco Colodrero, Blas J. Márquez, Manuel Fernández, Francisco Meabe y Juan Torrent.
(41) Por decreto del 17 de Diciembre de 1844 se estableció “un Correo semanal para el 4to. Ejército Correntino Libertador y todos los Departamentos de la Provincia”.
Tenía dos Administraciones Generales: una, en la capital; otra, en el Cuartel General del Ejército, punto de partida de los correos. Se los despachaba los lunes. La “carrera” establecida partía de la capital, cruzaba por las Comandancias de Lomas, Empedrado, Las Saladas, San Roque hasta el Cuartel General del Ejército y viceversa. Las Comandancias Departamentales tenían a su cargo la correspondencia del Departamento y su conexión con la “carrera” establecida. Por la Comandancia de Lomas se despachaba a Itatí, Ensenadas y Palmar; por la Comandancia de Las Saladas se despachaba a Caá Catí y Mburucuyá; por la Comandancia de San Roque se despachaba a Bella Vista, Goya, Esquina, San Miguel y Yaguareté Corá; por la Administración del Cuartel General del Ejército se despachaba a Paiubre, Curuzú Cuatiá, La Cruz, Santo Tomé y Paso de los Libres. El porte de la correspondencia interior -durante la guerra- fue libre.
En los primeros días de Marzo de 1845 se estableció el correo para el exterior; se despachaba desde Paso de los Libres, el 14 y 28 de cada mes, pasando por Alegrete, San Francisco de Paula y Río Grande; de allí, a su destino. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Por economía, fueron suspendidos los Juzgados de primera instancia de Las Saladas y San Roque, incorporándose a las jurisdicciones de la Capital y Goya los departamentos a ellos sometidos

Para compensar la disminución del valor de las rentas a causa del demérito del papel moneda, se cobró a metálico los derechos a la exportación del ganado en pie y elevóse al doble todos los impuestos sobre importación y extracción.

El vestuario, equipo y material del Ejército fueron costeados directamente por el Gobierno; el consumo del mismo salía de la propiedad privada, en forma de auxilio, a cargo del Tesoro Provincial, como también los caballos, las mulas y los bueyes para el servicio. La Caja de Guerra del Directorio se proveía igualmente de la del Gobierno; la única suma, ingresada de otra parte, fueron 7.400 pesos plata llevados por Juan Pablo López, de Santa Fe.

A fines de Diciembre de 1845, además de los suministros directos del Gobierno, el Ejército había consumido 36.930 animales vacunos, 8.727 lanares, tenía en servicio, aproximadamente, 10.000 caballos, poseía maestranza, talleres de comisaría, una imprenta, vehículos suficientes, parque, animales de tiro, embarcaciones, artículos de comisaría en depósito.

La Caja del mismo había recibido -hasta la fecha indicada- 22.307 pesos plata y 68.742 pesos papel, para la adquisición de pólvora, salitre, armas blancas y de fuego, artillería, elementos que no existían en la provincia. El Director procedía absoluta y discrecionalmente, sin dar cuenta de sus actos.

En los establecimientos pastoriles embargados a los enemigos de la causa hacía preparar el Director novillos y caballos que vendía en Río Grande para sus compras; él manejaba la exportación y venta de los cueros del consumo de las tropas; él celebraba los contratos de compra de armas y de otros elementos necesarios; él también podía comprometer las propiedades públicas, afectándolas a compromisos de crédito(42).

(42) Por Ley del 19 de Junio de 1845 fue autorizado el Poder Ejecutivo “para negociar las tierras de propiedad pública en el modo y forma que las circunstancias lo exijan”; por otra, del 4 de Septiembre de 1843, estaba autorizado “para abrir y recibir empréstitos sobre los fondos del Estado”. En virtud de dichos poderes, el Gobierno dio facultades al Director en el sentido que el texto expresa. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 196. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Gobierno intervenía únicamente en las operaciones mencionadas para cubrir con giros las diferencias en contra de la Caja del Ejército señaladas por el Director. La provincia invirtió -en el sólo ramo de Guerra- durante el año 1845, la cantidad de 338.253 pesos, en dinero.

- Alianza con el Paraguay

No por eso la obra insurreccional se limitaba. El Tratado con el Paraguay del 2 de Diciembre de 1844 fue ratificado por Madariaga el 19 de Mayo de 1845, en virtud de la ley permisiva del día 17(43).

(43) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 49. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

La circunstancia enconó a Juan Manuel de Rosas que cierra los puertos para el Paraguay, cooperando indirectamente a que las relaciones entre este país y Corrientes se intensificasen. En efecto: suficientemente autorizados, tanto por la provincia cuanto por el Directorio de la Guerra, parten para Asunción el general Juan Madariaga y el ministro José Inocencio Márquez, quienes ajustan con el Gobierno del Paraguay, el 11 de Noviembre de 1845, un Tratado de Alianza ofensiva y defensiva.

En el documento(44) puede verse que eran partes contratantes tanto los Gobiernos del Paraguay y Corrientes como el Director de la Guerra, brigadier José María Paz, en tal carácter y en el de Jefe del Ejército de Operaciones, “compuesto de argentinos de diferentes provincias del Río de la Plata y que comprende a los súbditos respectivos”.

(44) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 79. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

La Alianza tenía por objeto obstar a que Rosas “continúe en el uso del poder despótico, ilegítimo y tiránico que se abrogó u obtener garantías completas y valiosas a bien de las altas partes contratantes”.

El Tratado fue ratificado por Carlos Antonio López el 4 de Diciembre de 1845, aprobado por ley de la provincia del 21 de Noviembre de 1845 y ratificado por Madariaga el 24 de Noviembre de 1845(45).

(45) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 83. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El general Paz -parte contratante- no ratificó el Tratado. El 13 de Diciembre de 1845, el general Madariaga sometía el Tratado al pueblo de la República, en extenso Manifiesto(46). El día 22 de Diciembre delegaba el mando en Juan Baltazar Acosta y salía a campaña.

(46) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1845, p. 90. El general Paz, en sus “Memorias Póstumas”, dice que este Tratado tenía una parte secreta. No menciona las cláusulas ni hemos encontrado -por nuestra parte- nada al respecto en los archivos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- El Tratado

Fracaso semejante al de Santa Fe tuvo la diplomacia del Director en el Paraguay. Este país estaba en malos términos con Rosas y en buenas relaciones con Corrientes. Atraerlo a una alianza ofensiva y defensiva contra el dictador fue el objeto de la misión que el Director confió a su antiguo secretario y siempre predilecto amigo, doctor Santiago Derqui.

El gran anhelo del presidente Carlos Antonio López era el reconocimiento de la independencia paraguaya; todos los esfuerzos de su rara política tendían a éso. De ello creyó el Brasil poder sacar ventajas para sus tradicionales pretensiones en el Río de la Plata y fue la primera potencia que reconoció la nueva nacionalidad, actitud que López retribuyó, aceptando la influencia del ministro brasileño Pimenta Bueno, acreditado ante él.

“El representante del Director de la Guerra se condujo sin tino, como un hombre vulgar, falto completamente de habilidad diplomática; fracasó en su misión y dejó irritado a López, quien se quejó al general Paz de la conducta del enviado, y luego cortó sus relaciones con él”, dirá Mantilla.

El gobernador Madariaga tomó entonces a su cargo el asunto; trabajó con discreción y constancia, hasta conseguir que el Gobierno paraguayo pusiese de lado el antecedente desgraciado y se prestase a nueva negociación. Favoreció este resultado el tono airado de los periódicos de Rosas contra López.

El gobernador y el Director -cada uno por separado- nombraron enviados extraordinarios al general Juan Madariaga y al ministro de Relaciones Exteriores y de Guerra, José Inocencio Márquez. Los ministros recibieron dobles instrucciones(47).

(47) Del general Paz y del gobernador. Así lo quiso el general. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 195. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En cuanto a la alianza ofensiva y defensiva y a los arreglos militares, el gobernador dio por instrucciones las del Director, sin conocerlas. En lo relativo a límites, los enviados debían ceñirse al Tratado del 31 de Julio de 1841, resistiendo reconocer al Paraguay la propiedad de la Isla de Borda (Atajo) o la cesión de ella a dicho país, con la reserva, sin embargo, de no comprometrer por ella la negociación, en el caso de insistir el Paraguay en sus pretensiones exageradas pero, debiendo protocolizar detalladamente las conferencias o por lo menos dejar constancia oficial de la insistencia que motivase la concesión.

El Tratado de 1841, relacionado en las Instrucciones, fue un Pacto transitorio celebrado por los cónsules del Paraguay y la provincia de Corrientes para establecer un modus vivendi que evitase conflictos de jurisdicción mientras no fuesen demarcados definitivamente los límites de la República Argentina.

López recibió a los enviados con grandes manifestaciones de simpatía. Sin dificultad, acordaron las bases del Pacto de Alianza ofensiva y defensiva, así como la de una Convención adicional sobre subsidios.

La cuestión de límites tomó otro aspecto. López exigió la “Isla de Borda” o “Atajo”, sin prestarse a declinar y el compromiso de que -después del triunfo de los aliados- quedaría como deslinde internacional definitivo una línea trazada de acuerdo con el Tratado de 1841.

Hubo momentos en que la tenacidad de una y otra parte puso en peligro la negociación. Los enviados, a más no poder, resolvieron el conflicto, ajustándose sus Instrucciones para “los casos extremos”, y el 11 de Noviembre de 1845 firmaron un Tratado de Alianza, un Pacto adicional y reservado sobre subsidios y artículos reservados sobre límites.

No obstante los poderes conferidos al general Paz por la Ley del Directorio, el presidente López se negó a celebrar los Tratados exclusivamente con él porque, en su opinión, ejercía una autoridad ocasional inestable, sin base en la voluntad de los pueblos(48). Esa fue la razón porque el Director de la Guerra figuró en segundo término en los Pactos ajustados, hecho que mortificó la vanidad del general Paz.

(48) “El presidente se obstinó en que figurase el gobernador de Corrientes como parte contratante, llegando a hacer una condición sine qua non de este requerimiento. En ello era secundado por el señor Pimenta Bueno, el cual decía muy cándidamente al señor Márquez que no podía comprender la autoridad que se había dado al Director de la Guerra ni la facultad de que había sido investido”. José María Paz. “Memorias Póstumas”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 195. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Tratado de Alianza contenía las siguientes disposiciones:

“Art. 1.- Habrá alianza ofensiva y defensiva entre el Supremo Gobierno de la República del Paraguay, de una parte, y el Exmo. Gobierno del Estado de Corrientes, de la otra, conjuntamente con el Excmo. señor brigadier, don José María Paz, Director de Guerra y General en Jefe del Ejército de Operaciones, compuesto de argentinos de diferentes provincias del Río de la Plata; ella comprende a los súbditos respectivos.
“Art. 2.- La Alianza tiene por objeto y fin obstar que el general Juan Manuel de Rosas continúe en el uso del poder despótico, ilegítimo y tiránico que se abrogó, u obtener garantías completas y valiosas al bien de las altas partes contratantes.
“Art. 3.- Tales garantías deben asegurar, por lo que respecta a la República del Paraguay, el reconocimiento público y absoluto de su independencia y soberanía nacional, como Estado enteramente separado y distinto de la República Argentina, de la integridad de su territorio y del derecho y comunidad de la navegación libre por los ríos Paraná y Plata,y por lo que respecta al Estado de Corrientes, deben asegurar la observancia y exacto cumplimiento de los derechos políticos e individuales que tienen las Provincias del Río de la Plata, como Estados independientes que son, aunque unidos con vínculos de federación o alianza.
“Art. 4.- La guerra no se considera hecha a los pueblos de las provincias confederadas; antes se aceptará amistad y cooperación; ella es personal al dicho general Juan Manuel de Rosas y fuerzas que sirvan de instrumento a su ambición y tiranía.
“Art. 5.- Las fuerzas, auxilios y material de guerra con que cada uno de los aliados debe concurrir para obtener el objeto y fin de la presente Alianza, se regularán por una Convención adicional al presente Tratado y que será considerado como parte de él(49).

(49) Quince extensos artículos fueron los de la Convención adicional; los extracto:
1.- El Paraguay concurriría con un Ejército de diez mil hombres de las tres armas y con todas sus fuerzas fluviales. Corrientes y el general Paz propenderían a que las tropas argentinas llegasen el mismo número y también concurrirán con todas sus fuerzas navales;
2.- El Paraguay autorizó al general Paz para la Dirección de la Guerra;
3.- La proporción de las tropas de cada arma quedó subordinada a lo que el Gobierno respectivo pudiese aprontar con más brevedad;
4.- El general Paz fue autorizado para modificar la organización del Ejército paraguayo , entendiéndose con el Gobierno paraguayo respecto del armamento;
5.- Las fuerzas de la Alianza tendrían la denominación: “Ejército Aliado Pacificador”;
6.- El general Paz informaría al Gobierno paraguayo sobre los servicios distinguidos que mereciesen premio, a fin de acordarlos aquél; sobre el campo de batalla podría el general dar ascensos del grado superior inmediato;
7.- Cada una de las partes contratantes sostendría -por separado- sus tropas; la contabilidad de los dos Ejércitos sería llevada por empleados nombrados por los respectivos Gobiernos;
8.- Mientras permaneciese el Ejército paraguayo en Corrientes, la provincia le proveería de los caballos y del ganado vacuno necesario al precio de $ 4 cada caballo y de 12 reales cada res, pagaderos con tabaco y yerba mate, al precio de 8 reales la arroba de yerba mate y de $ 2 la arroba de tabaco;
9.- Los jefes y oficiales paraguayos destinados a servir en Cuerpos correntinos o argentinos, y viceversa, no adquirirán la efectividad del puesto;
10.- No se pagará indemnización por la apropiación de todo cuanto fuere necesario tomar en territorio enemigo;
11.- Las fuerzas paraguayas de mar y tierra se retirarán a su territorio con todo su material, trofeos de guerra y propiedades que hayan adquirido en ella;
12.- La primera columna paraguaya marcharía 20 días después de ratificada la Alianza embarcada; desembarcaría en Goya y se compondría de 2.000 infantes, 1.000 de caballería, 200 artilleros con cuatro cañones. Las restantes caminarían en divisiones de 1.500 hombres, a medida que fuesen requeridas, con aviso anticipado de 30 días;
13.- La escuadra paraguaya se daría a la vela 30 días después de requerida;
14.- Se tendrá en particular atención la defensa de la línea del Paraná, de suerte que el enemigo no pueda pasarla y pisar sobre el territorio paraguayo;
15.- Nada se ajustaría con ninguna potencia o Estado sin previo acuerdo del Gobierno del Paraguay;
16.- Si sucediere que durante la guerra el general Rosas satisfaga las exigencias del Paraguay -espontáneamente o en virtud de mediación o de diligencia de alguna potencia- se procederá a nuevas negociaciaciones entre las altas partes contratantes con el fin de asegurar los derechos de los demás aliados”.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 195. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

“Art. 6.- Cada una de las altas partes contratantes se obliga a no largar las armas en cuanto no se hubiese conseguido plenamente los objetos y fines de la presente Alianza y a no entrar en negociación alguna con el enemigo sin conocimiento de la otra y, mucho menos, concluir tregua o cualquier transacción sino de mutuo acuerdo e incluyendo a su aliado.
“Art. 7.- En ningún caso se podrá ajustar la paz y mucho menos concluirla sin que se obtenga como condición previa y sine qua non las garantías y uso práctico de los derechos respectivos a la República del Paraguay, ya mencionados en el artículo 3ro. y los que son relativos a Corrientes. Verificados que sean tales hechos, podrá el Estado de Corrientes renovar o celebrar los Pactos que juzgare convenientes, separándose de la presente Alianza.
“Art. 8.- La presente Alianza durará hasta que las altas partes contratantes contraigan plena y efectivamente el entero fin y ejercicio práctico de los derechos que quedan referidos”(50).

(50) La reproducción del Tratado en el texto, ahorra comentarios sobre los propósitos de las partes contratantes, la ampliación de los compromisos de las mismas y hasta sobre la redacción del documento. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 195. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Los artículos reservados

Los artículos reservados relativos a los límites pretendidos por el Paraguay reprodujeron las disposiciones del Tratado de 1841 y agregaron el reconocimiento de la jurisdicción paraguaya sobre la “Isla de Borda” o “Atajo”.

El compromiso de esa suerte contraído fue simple ratificación del estado que tenían las cosas, pues la misma “Isla de Borda” estaba ocupada por los paraguayos desde fines de 1842. López hizo de él cuestión fundamental y previa a fin de que, después de la victoria de los Aliados, el nuevo Gobierno argentino no resistiese reconocer su pretensión de límites, previsión muy paraguaya, más no por eso de seguro éxito ni aún de fundamento sólido.

El Congreso General de la provincia autorizó al gobernador y al Director de la Guerra para ratificar el Tratado de Alianza y Convención adicional(51), pero sólo el primero los ratificó, el 24 de Noviembre de 1845; el Director se limitó a publicar el Tratado en el Ejército, ordenando su cumplimiento(52).

(51) Ley del 21 de Noviembre de 1845.
(52) “Villanueva, 19 de Diciembre de 1845. El Director de la Guerra y General en Jefe del Ejército. Habiéndose celebrado con la República del Paraguay el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva que a continuación se expresa (aquí el Tratado) y siendo ratificado en toda forma por los respectivos contratantes, se ha dispuesto su publicación, ordenando:
“Art. Unico: todos los argentinos libres, que combaten contra el tirano, son obligados a cumplirlo y prestarle cooperación y serán considerados como enemigos y delincuentes de esa patria los que de cualquier modo propendan a la alteración de sus relaciones y efectos. José María Paz. Fernando del Arca”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 195. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- ¿Por qué Paz no ratificó el Tratado?

¿Por qué el general Paz no ratificó el Tratado que concluía su representante Márquez en el Paraguay? Nosotros encontramos en la circunstancia la clave de la desarmonía notoria que imperó en las relaciones del Gobierno de la provincia y del Directorio de la Guerra.

El general Paz no era solamente un argentino en lucha contra el despotismo rosista. El general Paz era un convencido de que el régimen unitario de gobierno era la fórmula de oro de la organización de la República. El nos lo dice en sus “Memorias...”: “Muchas veces pregunté qué haríamos después de independizada la Nación”. Y es obvio que si el problema político preocupaba al general, éste estaba involucrado en la acción contra Rosas y dificultaba -por consiguiente- la obra en su aspecto militar.

De ninguna otra manera nos podemos explicar la resistencia que Paz encontró en la misma Montevideo. Era que la emigración argentina no era toda unitaria; existían federales dogmáticos en gran número y ellos no podían secundar una empresa que afianzaría un régimen institucional que repudiaban.

El Tratado de Corrientes con el Paraguay encarnó el pensamiento de la mayoría del pueblo correntino. Buscábase -son sus palabras- obstar a que Rosas continuara en el uso del poder despótico u obtener garantías completas y valiosas.

Su derrocamiento no era entonces el fin indubitable de la empresa y Paz -unitario de convicción- no podía aprobar el negociado. Para él, extraño a la epopeya iniciada en Pago Largo que desangraba a la provincia, que tenía derecho a la paz para el progreso, sólo existía un propósito: la caída de Rosas sin el respeto de la vida de un pueblo.

Nosotros creemos que la continuación de Paz al frente del Ejército después de la ley que aprobaba el Tratado redime a los hombres de Corrientes de la imputación de traidores con que, en sus “Memorias...”, los adjetiva.

- Desacuerdos entre el gobernador y el Director

El conjunto de los recursos y de los medios empleados representaban los esfuerzos extraordinarios de una Administración activa y los sacrificios supremos de un pueblo ya arruinado, cuya población calculada era de 64.332 habitantes(53).

(53) Zacarías Sánchez. “Notas Descriptivas de la Provincia de Corrientes”. Este autor parte de la base de que el aumento normal de la población en la provincia -desde 1798- ha sido del 3 %, apoyándose en el crecimiento del Departamento Paso de los Libres, fundamento singular e insuficiente. El doctor Emilio R. Coni piensa que “el Censo Nacional de 1895 ha venido a demostrar que los cálculos del señor Sánchez son muy aproximados a la verdad”. Con dudas reproduzco el dato. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 197. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La primera -empleando el ascendiente que la opinión reconoce en todas partes a la autoridad que la rige- demandaba los sacrificios; el segundo, considerándolos el precio caro de su libertad, se resignaba tranquilo. Tenía de ello pleno convencimiento el Director, pero no le llenaba; pedía más, mucho más: lo ya imposible.

“En las actuales circunstancias -decía oficialmente- nada se hará con las ordinarias y comunes medidas; ya debe pensarse en publicar la ley marcial u otra cosa semejante. Si hemos de hacer algo es preciso que la provincia se constituya en un taller de objetos bélicos y, a la vez, en campo militar”.

Era innegable que Corrientes no bastaba para levantar y sostener sola un poder militar capaz de aniquilar a Rosas; esa deficiencia de medios no autorizaba -sin embargo- la temeridad enunciada, muy especialmente después de haber entregado la provincia cuánto poseía.

Correspondía al Director resolver satisfactoria y racionalmente el problema, en virtud de sus facultades nacionales, sin perder el equilibrio moral y el tacto político-financiero requeridos en situaciones angustiosas como aquélla, a fin de no inmolar equivocadamente a un propósito de apariencias salvadoras los mismos intereses sociales y políticos encargado de defender.

Nada creó, empero; su plan único fue el ya expresado, impracticable desde todo punto de vista, porque equivalía a destruir la única base de la resistencia armada, de la misma suerte que procediera en ella el enemigo.

El gobernador Madariaga se negó a complacer al Director, significándole francamente que jamás se prestaría a medidas parecidas a calamidades públicas. Las relaciones de los dos personajes quedaron desde entonces frías; las quejas y las apreciaciones inconvenientes del Director surgieron después(54); la intriga y el chisme explotaron el malestar; éste degeneró en desconfianza por parte del gobernador y en hostilidad del lado del Director quien, a falta de la docilidad de aquél a sus ideas y voluntad, quiso hacerse de elementos propios para erigirse en árbitro de la política local.

(54) El general Paz ha reproducido en sus “Memorias Póstumas” lo que en la época hablaba con las personas de su predilección, sin que éstas guardasen reservas de sus opiniones hirientes y de sus cargos generalmente injustos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 197. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Ejército, sin cohesión moral y un tanto enfermo de anarquía en las ideas, tomó parte de uno y otro lado. Nació de todo aquéllo una situación delicadísima.

Exasperado el gobernador, incurrió en la ligereza de retirar al Director el mando inmediato, el régimen y la administración de las tropas correntinas. Llevada la cuestión al Congreso General, éste la resolvió en contra de la medida, previas explicaciones y arreglos particulares, que restablecieron -aparentemente- la armonía.

Un mal de muerte quedó sin embargo, en el organismo de la insurrección.

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