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Urquiza invade Corrientes

El gobernador José Joaquín Madariaga había firmado un Tratado de Comercio y una Alianza militar con el presidente paraguayo Carlos Antonio López. En esa misma época llegó a Corrientes el general José María Paz, al que se le ofreció el mando militar de la provincia y -por expresa exigencia suya- una cierta autoridad “nacional” sobre todos los esfuerzos que se hicieran contra Juan Manuel de Rosas.

Paz reorganizó aceleradamente el Ejército, preparándolo para cuando Justo José de Urquiza regresara de la Banda Oriental, pero el gobernador entrerriano le dio a aquél tiempo para tomar la iniciativa(1).

(1) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 345-350. Ed. Plus Ultra.

Una flota correntina -organizada por Paz- logró dominar el río Paraná al norte de Santa Fe. Con esa seguridad, Juan Pablo López apareció de improviso cerca de esa ciudad, derrotando al coronel Martín de Santa Coloma y obligando a Pascual Echagüe a huir a Buenos Aires.

Asumió el Gobierno provincial el 6 de Junio de 1845, pero se dedicó casi exclusivamente a saquear a sus comprovincianos que hubieran colaborado con Echagüe(2).

(2) Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe” (1988), p. 286. Ed. Plus Ultra.

Apenas un mes más tarde, Echagüe reapareció y lo forzó a huir. Se trasladó hacia el norte, dedicándose solamente a salvar sus caudales. Esa imprudencia permitió a los rosistas derrotarlo completamente en Malabrigo, el 12 de Agosto de 1845, cerca de la actual Reconquista(3)(4).

(3) Manuel Cervera. “Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe” (1907), Santa Fe. El autor califica la actitud de López como una “retirada vergonzosa”.
(4) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), p. 350. Ed. Plus Ultra.

El 20 de Noviembre de 1845, la flota anglo-francesa logró abrir el río Paraná derrotando al general Lucio Mansilla en la batalla de la Vuelta de Obligado, para abrir las comunicaciones entre Montevideo y Corrientes.

La flota continuó su camino hacia Corrientes, logrando cargar muchos barcos en sus puertos; a su regreso fue nuevamente atacada por los rosistas. Aunque militarmente fue una campaña exitosa, fue un fracaso económico, por lo que no se repitió. Corrientes volvió a quedar aislada(5).

(5) Francisco H. Uzal. “Obligado (la Batalla de la Soberanía)” (1970). Ed. Moharra.

En Enero de 1846, el Ejército de Urquiza inició la invasión de Corrientes con una fuerza de 6.000 hombres, entre los cuales había muchos correntinos, al mando de los hermanos José Antonio y Benjamín Virasoro.

Paz decidirá llevarlo a una trampa similar a la que le había dado el triunfo en Caá Guazú, retirándose muchas leguas hacia el norte, pero Juan Madariaga se adelantó a combatir a Urquiza, siendo derrotado y capturado en la batalla de Laguna Limpia.

Por la correspondencia en poder de Madariaga, Urquiza supo de los planes de Paz, de modo que persiguió a éste hacia el norte pero no lo enfrentó y retrocedió hasta Entre Ríos. La estrategia de Paz había servido para que Urquiza se paseara por toda la provincia saqueándola impúnemente(6).

(6) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 353-357. Ed. Plus Ultra.

- Propósitos de Urquiza y de Paz

Sobre la provincia estaba la vigilancia del general Eugenio Garzón, acampado en Arroyo Grande con 4.013 hombres de las tres armas, de los cuales 450 eran correntinos, mandados por el teniente coronel Benjamín Virasoro(7).

(7) Los otros jefes correntinos de más importancia, que servían en el Ejército rosista, eran: coronel Antonio Borda; comandantes José Antonio Virasoro, Antonio Berón, Antonio E. Silva, Juan de la C. Gallardo, Salvador Bejarano, Clemente Paredes, Victoriano Olguín, Alejandro Azula; sargento mayor José Luis Garrido. Las fuerzas de Garzón se descomponían -por arma- de esta suerte: 3.287 de caballería, 659 de infantería, 67 artilleros, según el estado de ellas, correspondiente a Diciembre de 1844. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 198. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Las fuerzas correntinas, que guarnecían la frontera, dieron algunos golpes felices a las guardias avanzadas de los rosistas y, una vez a la misma vanguardia, sobre el Paso de Alcaraz(8), hechos todos de efecto moral, pero de insignificancia militar.

(8) El 6 de Julio de 1845. Dirigió la operación el comandante Andrés Ricarde y se distinguieron en el combate el mayor Pedro Rodas y el ayudante Manuel Maldonado. El enemigo derrotado fue Antonio Berón, que perdió 14 hombres (muertos), caballos, armas y dos banderas. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 198. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Después de la batalla de India Muerta (27 de Marzo de 1845), Urquiza pidió autorización a Rosas para tomar varios Cuerpos del ejército sitiador de Montevideo a fin de aumentar sus tropas y abrir operaciones sobre Corrientes, juntamente con las de Garzón(9).

(9) Urquiza anunció a Rosas (3 de Abril de 1845) que regresaría a Entre Ríos con 2.200 hombres y le propuso aumentarlos para la campaña de Corrientes con los batallones Independencia (de Gerónimo Costa), Primero de Patricios y otros Cuerpos designados por el dictador. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 198. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Rosas se pronunció en contra, porque era peligroso iniciar una campaña lejana, debilitando el poder de Oribe, mientras no se libertase de los embarazos creados por la intervención extranjera. La causa real de la negativa era que Rosas principiaba a recelar muy seriamente de los ocultos propósitos de su teniente, cuya tendencia al poder independiente crecía a medida que su personalidad adquiría peso militar y político. Urquiza disimuló su desagrado, más no renunció a la campaña.

Sin órdenes de Rosas ni de Oribe abrió comunicaciones con las autoridades brasileñas de Río Grande y, sin ellas también, preparó su invasión a Corrientes a fines del año 1845. El Director de la Guerra pensaba entonces abrir campaña ofensiva; esperaba únicamente la incorporación de los paraguayos:

“La guerra se enciende otra vez en el Estado Oriental -decía al gobernador- y nos prepara el camino de la gloria si tenemos la fortuna de aprovechar las disposiciones de los pueblos y de nuestros soldados. La ocasión es la más bella; la oportunidad incuestionable”(10).

(10) Cartas del general Paz al gobernador Madariaga, fechadas en Villanueva el 4 y 20 de Diciembre de 1845. Francisco Solano López, Comandante en Jefe de las tropas paraguayas de la Alianza, llegó a la capital el 23 de Diciembre de 1845 por la noche, adelantándose a sus fuerzas que salieron embarcadas de Kurupayty. Dicho jefe, en Oficio dirigido al presidente Carlos Antonio López, con fecha 24 del mismo mes, decía:
“He sabido de muy buena letra que el señor general Paz no está esperando sino nuestra llegada a Villanueva para marchar sobre Entre Ríos y enseguida pasar a Santa Fe. Deseo que V. E. me diga algo sobre lo último”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 198. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La confianza del Director para la ofensiva nacía de que disponía en el campamento de Villanueva de 3.500 hombres de caballería, dos batallones de infantería, doce piezas de artillería(11) con repuesto suficiente de municiones y artículos de comisaría; de 11.000 a 12.000 caballos invernados en potreros, 800 mulas de tiro y un buen tren de carretas nuevas.

(11) No tengo prueba que me autorice para determinar el número exacto de las tropas del Ejército; los documentos se reducen al dato del texto. “La Historia de Rosas y su Epoca”, por el doctor Adolfo Saldías, dá al Ejército 6.412 hombres -tomo III, p. 412- y el autor de ella dice, en la Nota I de la página 446, tomo III:
“El total del Ejército acampado en Villanueva es tomado de un estado -firmado por el general Juan Madariaga- el 2 de Noviembre de 1845 y en él no se incluyen 3.500 hombres que, al mando de cinco jefes superiores, estaban repartidos en la capital y Departamentos”.
No pongo en duda la existencia del estado mencionado pero sospecho que no es auténtico ni tampoco aproximado a la verdad. El general Madariaga no era General en Jefe, ni Jefe de Estado Mayor; no le correspondía, pues, firmar el estado del Ejército. Además, el 2 de Noviembre de 1845 el general Juan Madariaga se hallaba en la capital del Paraguay, donde llegó a fines de Octubre de 1845, en desempeño de la misión diplomática que dio por resultado el Tratado de Alianza firmado el 11 de Noviembre del mismo año. El 23 de dicho mes llegó de regreso a la capital de la provincia. Era imposible, pues, que firmase el estado, en Villanueva. Según la Nota reproducida, el total de las fuerzas en armas era de 9.912 hombres. Es un error. Con fecha 2 de Febrero de 1846 decía el general Paz al gobernador, en carta:
“Con mayor número de hombres me veo precisado a ceder el terreno por la calidad de mis tropas (se refería especialmente a los paraguayos, ya incorporados que, según el mismo, era “masa informe”). He dicho mayor número, bien que es bien poco más lo que podría aquí reunir si el enemigo trae 6.000 hombres”.
Poco más de 6.000 hombres dista mucho de 9.912. Un Oficio del general paraguayo, Francisco Solano López, fechado el 18 de Febrero de 1846, al presidente Carlos Antonio López, confirma lo anterior; decía:
“El Ejército de Corrientes no tiene más de cinco mil hombres, reuniendo todo, porque ahora no están sobre las armas más que cuatro mil hombres (habla de los del mando inmediato de Paz). Esta es una cuenta que he formado por dichos de los jefes de los respectivos Cuerpos”.
La columna paraguaya desembarcada en el Rincón de Soto, el 26 de Diciembre de 1845, se componía de 2.334 hombres. (Oficio de Francisco Solano López, fechada el 29 de Diciembre de 1845). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 198. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En los Departamentos esperaban sus órdenes compañías de infantería organizadas en los pueblos. Por otra parte, era de suponer que el aliado mandase tropas adiestradas, bien armadas y provistas, aptas para entrar inmediatamente en campaña. La provincia estaba en mejor situación militar que el año 1841, cuando la invadió Echagüe.

- La larga permanencia de Paz en Villanueva

Larga fue la permanencia del general José María Paz en el campamento de Villanueva. ¿Cuál era la razón? ¿Qué motivo fundamental podía argüirse para disculpar la inacción de un Ejército de más de cinco mil soldados estando, como estaban, las fuerzas de Justo José de Urquiza empeñadas en la dominación de la Banda Oriental?

Tres, cuatro, cinco meses pudo disculparse la circunstancia, porque es tiempo necesario y suficiente para la organización de una milicia turbulenta pero valerosa, en un medio en que la caballería -incorporada en sus hábitos a la población correntina- era de las armas más eficaces en los combates de la época.

Pero un año de inacción, cuando la zona de Entre Ríos, apenas guarnecida por las débiles tropas del general Eugenio Garzón, ofrecía su riqueza compleja a la actividad clásica de un estratega como Paz, no encuentra lenitivo en el juicio de la posteridad sino se funda en poderosos motivos de lógica inconmovible.

Para nosotros, el general Paz procedió con plenísima razón. Nadie más que él, político y militar, estaba habilitado para convencerse de que el sacrificio de Corrientes sería estéril si la escena del Plata no cambiaba sus valores con la intervención anglo-francesa o si en el territorio oriental, Rivera no vencía a las tropas rosistas de los tenientes del dictador.

Una u otra circunstancia debía producirse para que el esfuerzo militar viese equilibrados sus factores. Si no, se vencería -tal vez- en Entre Ríos, para estrellarse contra el poder rosista en la campaña bonaerense o encontrarse el Ejército falto de apoyo, frente a las fuerzas que dirigía Urquiza, a retaguardia, en territorio oriental.

El dilema era de hierro y el general Paz convencido apenas mantiene viva la resistencia en el Norte argentino, con incursiones por la vía del Chaco mientras prepara la defensiva de la provincia.

Esta última faz de los planes del Director de la Guerra chocaba con el sentimiento correntino. Creía Paz que las emigraciones de los pueblos de la época de Artigas o las de la zona rural del Estado oriental -siguiendo a Rivera en inmensas caravanas- podía reproducirse en la provincia, organismo ya definido, arraigado al territorio por la industria, con ciudades de consideración que hacían amable la existencia, con una clase intelectual que no vive si no muere en los fogones de los pueblos nómades.

Creyó posible arrancar al pueblo de su afecto al suelo y llevarlo, con sus ganados y enseres, al territorio misionero, fortificando la Tranquera de Loreto para defenderlo. Así nos lo dice en sus “Memorias...”(12), llegando a exponer los trabajos técnicos que iniciara.

(12) José María Paz. “Memorias Póstumas”, tomo III, p. 345, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El pensamiento era un despropósito, que el mismo Paz abandona, imputando al general Madariaga el entorpecimiento de la empresa. Si algo de esto hubo, sea él un mérito del caudillo popular de la provincia: salvó a su pueblo del abismo de la expatriación colectiva, que mata las Instituciones y desarraiga los afectos, custodios de la felicidad general.

Dos fueron las expediciones que Paz enviara para mantener el espíritu de la insurrección en la Argentina continental: la una, que salió de Villanueva a mediados de Junio de 1845 y pasó al Chaco a fines del mismo, en barcos habilitados por el Gobierno; iba al mando del general Juan Pablo López, ex gobernador de Santa Fe, que mantenía su dignidad de tal en la proscripción.

Componíase de algo así como 400 emigrados santafesinos y de otra columna de 300 correntinos -incluso 60 infantes- al mando del coronel Bernardino López. A principios de Julio consiguió la expedición sorprender el cantón de Andino, en inmediaciones de la capital de Santa Fe, que guarnecía Santa Coloma, fuerzas que fueron, a su vez, vencidas.

Este golpe de audacia, que incorporó a casi toda Santa Fe a la reacción no fue secundado suficientemente con la invasión de Entre Ríos por su parte occidental. Apenas si una pequeña escuadrilla correntina bajó hasta la ciudad conquistada e hizo flamear por unos días la bandera de Corrientes(13).

(13) Al mando del griego, el teniente coronel Jorge Cardasi. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El ex gobernador López, sin condiciones militares, se entretuvo en festejos por su triunfo y la reacción rosista lo obliga a retirarse precipitadamente. Sin atender a los medios que Juan Madariaga le proporciona frente a Goya(14) para cruzar el Paraná, continúa la retirada por tierra y sus tropas, que abandonara a retaguardia en su precipitación, son alcanzadas y vencidas en Malabrigo, el 12 de Agosto de 1845. Estaban bajo el mando del coronel Bernardino López.

(14) En el Paso Pindoty. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia. (La terminación ty, indica “monte de pindó”. Se trata de la hermosa palmera Arecastrum romanzoffianum).

El ex gobernador López se resistió a volver a Corrientes, pretendiendo que ésta lo ayudara a sostenerse en el Chaco junto a indios amigos(15), pero órdenes terminantes del gobernador Madariaga lo decidieron: volvió a Villanueva donde un Consejo de Guerra le quitó el mando. Abandonó entonces el Ejército y emigró al Brasil.

(15) Un cacique Pedrillo. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

La otra de las expediciones proyectadas por Paz fue la que puso al mando del coronel Salas, que pasó el Paraná pero que -apremiada por los indios del cacique Pedrillo, amigo de López, y por otras circunstancias- fracasó.

En los primeros días de Enero de 1846 llegaban al Rincón de Soto, en la provincia, las primeras columnas del ejército que el Paraguay enviaba, de acuerdo al Tratado de Alianza. Venían al mando del general Francisco Solano López, joven de 18 años, hijo del presidente de la República vecina. Casi consecutivamente -el 2 de Enero de 1846- el general Urquiza iniciaba su campaña sobre Corrientes.

El Ejército de Urquiza era aguerrido. Después de vencer a Rivera en territorio oriental, el 27 de Marzo de 1845, durante nueve meses se dedicó a la completa pacificación de aquella República, obra necesaria pues ni el general Oribe tomaba Montevideo ni la frontera brasileña dejaba de ser campo propicio a reorganizaciones parciales del ejército vencido, tesonero en sus golpes de mano.

El 23 de Diciembre de 1845 recién vuelve Urquiza a Entre Ríos y, ocho días después, como hemos dicho, iniciaba la invasión de Corrientes.

Un historiador de la organización de la República(16) sostiene que cuando Urquiza emprendió la campaña sobre Corrientes tenía ya el propósito de derrocar la dictadura. El aserto, confirmado por otros autores y por el mismo general Paz en sus “Memorias...”, se había divulgado en la provincia, desde que el asunto fue comentado en las tertulias de la casa de Madariaga. La indiscreción acalló el propósito de entendimiento y Urquiza se vio obligado a usar de las armas. Su propia conservación se lo imponía.

(16) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, p. 43. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El general Paz(17) recién tuvo conocimiento del avance de Urquiza el 13 de Enero de 1846.

(17) José María Paz. “Memorias Póstumas”, tomo III, p. 389. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- Invasión de Urquiza

Urquiza se adelantó a Paz. El 13 de Enero de 1846 aparecieron las primeras partidas enemigas sobre Pago Largo. Sorprendidas y batidas las guardias avanzadas, internóse rápidamente el Ejército invasor, cuya vanguardia venció y persiguió hasta el arroyo María Grande, el 16 de Enero, una columna de 400 hombres, mandados por el teniente coronel Nicanor Cáceres.

Según prevenciones del Director, los vecindarios huyeron hacia el norte, arreando ellos y las partidas sueltas los ganados de los campos. Por entonces, la columna paraguaya, desembarcada en el Rincón de Soto, se ponía en marcha lenta con rumbo al Cuartel General en Villanueva. Cuando alcanzó Santa Lucía recibió orden del Director para buscar la incorporación del Ejército en la banda norte del Paso Nuevo, del río Corriente, adonde se dirigía él(18).

(18) La lentitud de la columna paraguaya fue autorizada por el general Paz quien, sin embargo, se queja de ella en sus “Memorias Póstumas”. Con fecha 10 de Enero de 1846 permitió, espontáneamente, al general López que se demorase unos días más en el Rincón de Soto y le previno que después hiciese marchas lentas. No sospechaba entonces la invasión. Ordenó la marcha rápida por Oficio del 16 de Enero de 1846, debiendo ella efectuarse en dirección al Paso Vedoya, del Batel. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Al tener noticia de la invasión, el gobernador delegó el mando en el presidente del Congreso (22 de Diciembre de 1845) y salió a organizar -en Las Saladas- un Cuerpo de ejército de las milicias reservadas en los “pagos”(19), con el que cubrió la línea del río Santa Lucía.

(19) Denominaban y aún denominan “pagos” los Departamentos situados al norte del río Corriente, pero muy especialmente los mediterráneos: Yaguareté Corá y San Miguel y los del norte del río Santa Lucía. La primera idea de Madariaga fue establecer su Cuartel en San Roque, donde estuvo unos días, pero luego lo puso en Arroyito. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Urquiza engañó al Director con un movimiento hábil. Mientras Paz lo suponía perplejo, detenido sobre el María, después de una entrada activísima, al punto de “no poder calcular lo que pensaba”(20), Urquiza había dejado fuerzas avanzadas en el mencionado paraje y corrídose con el grueso del Ejército por su flanco izquierdo, en dirección al Paso Santillan(21), del río Corriente, donde vadeó éste el 21 de Enero de 1846, sin dificultad, con el propósito de impedir la incorporación de los paraguayos y de las demás tropas que, del norte, marchasen en busca del Director.

(20) “Cerca de la Posta de García, Enero 20 de 1845.
“Sr. Don Joaquín Madriaga. Mi estimado General y compatriota:
“El enemigo tampoco se ha movido ayer y tampoco debe haberlo hecho anoche, porque ya debía saberlo a esta hora. Es difícil calcular lo que quiere Urquiza. Es a la verdad sorprendente su apatía en una expedición que ha emprendido con tanto calor.
“Según unas mujeres, todo se halla concentrado en Abalos y María Chica...”. (José M. Paz).
(21) El Paso Santillán queda al sur del arroyo Salado -tributario del río Corriente- y al norte de los bañados de Malvinas; corresponde a la zona sin obstáculos, del lado izquierdo del arroyo María Grande, y dá a la otra igualmente libre, que conduce a Goya y San Roque. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Paz no sospechó esa operación, que lo dejó en malas condiciones; él esperaba que Urquiza lo seguiría y tenía dispuesto fatigarlo al sur del río Corriente mientras se daba tiempo para organizar las fuerzas aliadas en la banda norte(22).

(22) “Muévase o no Urquiza, pasaré mañana el río Corriente para dedicarme a la organización pronta del Ejército Aliado, dejando aquí Cuerpos de tropa que fatiguen sin cesar al enemigo. El comandante Cáceres ya se separó, anteayer, con tres escuadrones, a obrar sobre el flanco izquierdo y retaguardia del enemigo. Otras partidas obrarán por otros puntos en igual sentido”. (Carta del general Paz, dirigida al gobernador, el 20 de Enero de 1846, desde “cerca de la Posta de García”). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Conocedor del suceso, el Director puso en acción los más vivos esfuerzos a fin de evitar las consecuencias, consiguiéndolo por un movimiento rápido y costoso -verdadera hazaña- a través de un terreno fragoso de bañados y malezales, cortado por dos caudalosos ríos. El 22 de Enero de 1846 se incorporaron las fuerzas paraguayas en la costa norte del río Batel, sobre el Paso Vedoya. Paz, a su vez, dejó burlado a Urquiza(23).

(23) El general Paz tuvo conocimiento cierto de Urquiza en la madrugada del 21 de Enero de 1846, casi a la misma hora en que el último vadeaba el río Corriente, cuando aquél se encontraba todavía al sur de dicho río, más o menos tres leguas de él, en dirección al Paso Nuevo. En éste efectuó pasaje el Ejército. Antes de llegar al río y después, para precipitar la marcha forzada, hubo que sacrificar -abandonando en los campos- gran parte del pesado convoy sacado de Villanueva donde, también, quedó todo el jabón y maíz de la comisaría.
Dos hechos favorecieron el éxito de la operación de Paz: la distancia del Paso Santillán, donde Urquiza vadeó el río; y la demora del pasaje de éste, receloso, sin duda, de unos escuadrones de caballería con que el comandante Ricarde ocupaba la banda norte. Acaso influyó también en la prudencia del invasor la proximidad de las fuerzas paraguayas, cuya desorganización ignoraba. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Nuevo contratiempo grave surgió después de la incorporación de los aliados. Las tropas paraguayas no eran soldados, mucho menos para recibir a un enemigo brioso que estaba al frente: “era una masa informe, sin instrucción, sin arreglo, sin disciplina, ignorando hasta los primeros rudimentos de la guerra”(24).

(24) General José María Paz. “Memorias Póstumas”: “A este Ejército aliado le falta mucho para merecer este nombre. ¡Oh, para qué hablar de ésto! Nuestros aliados no son más que una masa informe con que no se puede por el momento contar. Por eso ha pasado el enemigo en el Paso Santillán”. (Oficios del general Paz al gobernador, fechados en Batel, el 23 de Enero de 1846). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El armamento de ellas era poco menos que inútil(25). Las comandaba un joven de 18 años a quien su padre, el presidente Carlos Antonio López, hiciera general y guerrero por un simple decreto.

(25) “Todavía me hallo en este punto (Rincón de Soto) por los reparos que había que hacer en el armamento de fuego, no queriendo presentarme en Villanueva en semejante estado, porque muchas partes de las carabinas o tercerolas habían venido sin oídos y los fusiles con muelles muy quebrantados y tomados, todo lo que se está componiendo con gran empeño y creo que pronto estará todo listo. Desearía que el armamento, que en lo sucesivo viniese, sean todos los cañones abetunados, porque es inmenso el trabajo de limpiarlos en la campana”. (Oficio del general Francisco Solano López al presidente del Paraguay, fechado el 2 de Enero de 1846). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La columna paraguaya desembarcó en el Rincón de Soto el 26 de Diciembre de 1845, en número de 2.334 hombres(26) y demoró su incorporación al Ejército por deficiencias orgánicas(27).

(26) Este es el número que dá a sus tropas el general Francisco Solano López, en Oficio dirigido al padre desde el Rincón de Soto, con fecha 29 de Diciembre de 1845. El mencionado general se embarcó en el puerto de Villa del Pilar, el 21 de Diciembre, en 16 buques costeados por el Gobierno de Corrientes; al darse a la vela, decía en Oficio al presidente, su padre: “Llevo la 1ra. y 2da. división de caballería y la 1ra. de infantería. Espero que V. E. me enviará, tan pronto como sea posible, la 2da. división de infantería, que queda cubriendo este puerto con los demás reclutas que bajaré para completar las cuatro divisiones”. A las tropas embarcadas el 21 y llegadas el 26 de Diciembre de 1845 al Rincón de Soto, se refería el presidente López en su Mensaje de 1849, cuando decía: “A fines de Diciembre de 1845 la primera columna del Ejército paraguayo pisaba el territorio de Corrientes”. “El Pacificador”, periódico oficial de Corrientes, calculó en “más de 3.000” la fuerza paraguaya desembarcada y anunció que “el resto, hasta completar 5.000”, pasaría por frente a la capital el 1ro. de Enero de 1846. No tengo pruebas de que pasase ni la correspondencia de los generales López y Madariaga mencionan la incorporación de nuevas tropas. Con excepción del número preciso que el general López dá en su Oficio del 29 de Diciembre de 1845, no existe dato comprobado sobre el total de la columna paraguaya; tampoco coinciden las cifras de las publicaciones y Memorias de la época; unas dan 3.200; otras: 4.000; otras 4.200. Me atengo a la autoridad del general paraguayo, a quien supongo estaría mejor informado que todos; además, porque la cifra que él dá corresponde más o menos al número que los generales Paz y Juan Madariaga calculaban al Ejército aliado. El 2 de Febrero de 1846 decía el general Paz que podía concentrar para una batalla “un poco más de las fuerzas de Urquiza”, suponiendo a éste 6.000 hombres. El Ejército acampado en Villanueva tenía 3.500 hombres de caballería, dos batallones de infantería -de 400 plazas cada uno- y próximamente 200 artilleros. Incorporados los paraguayos, el Ejército alcanzó 6.834 plazas deducidas de éstas varias partidas sueltas desprendidas del Ejército, al mando de los mellizos (Vallejos), Azcona, Careaga y otros, queda el poco más de exceso sobre los supuestos 6.000 hombres de Urquiza. Cuando el general Juan Madariaga fue tomado prisionero, según el jefe del E. M. G. de Urquiza, teniente coronel Benjamín Virasoro, aquél declaró, el 5 de Febrero de 1846, que el Ejército aliado tenía 8.500 hombres, agregando al total de los dos Cuerpos a que se refería Paz, el día 2, los 1.500 hombres del tercer Cuerpo, al mando del gobernador y las partidas sueltas, se obtiene la confirmación de lo aseverado por el Jefe del E. M. de Urquiza.
(27) El general Juan Madariaga recibió a los paraguayos por disposición del Director y por el mismo fue encargado de conducirlos al Ejército. El Gobierno de la provincia mandó entregar a los aliados, inmediatamente, por mano del coronel Francisco Soto, 1.738 caballos, 300 bueyes, carretas y animales para el consumo; en Santa Lucía les fueron entregados 180 caballos más. El abastecedor paraguayo, Francisco Esteban Gil, no dio recibo de ningún caballo. Con los mencionados elementos quedaron listos los paraguayos para marchar pronto, pero no lo hicieron, porque su general se tomó el tiempo necesario para arreglar medianamente sus fuerzas, principiando por la compostura de las armas de fuego, la mayor parte de ellas inservibles. A esto se agregó la complacencia del Director, que autorizó la demora de unos días más (el 10 de Enero) y marchas lentas. El general Madariaga escribía, el 14 de Enero de 1846, al ministro Valdés, lo siguiente:
“Aquí estoy como en cuarentena, sujeto a lo que quiere el general paraguayo. Todo, todo está preparado para la marcha, desde los pocos días siguientes a la llegada; pero no sé por qué no marchamos. Bien puede ser que espere alguna comunicación del padre. Desde que llegó lo vi disponerse despacio y, pocos días después, tuvo carta del Director en que le decía que emprendiera marcha lenta; sin duda, ésto también contribuye.
“La falta de inteligencia es consiguiente y como me he propuesto no ingerirme en nada, no puedo saber cuándo marcharemos”. El general López atribuía su demora a orden del Director. Su padre, el presidente, decía al gobernador en carta del 20 de Enero de 1846:
“Mi hijo, en su Nota del 12, me participó que recibió orden del señor Director para que se detuviese algunos días más y que después siga una marcha muy lenta, justamente cuando, según dice, estaba por emprenderla”. La columna paraguaya se movió del Rincón de Soto el 16 de Enero de 1846. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Antes de la llegada, el Director se anticipó a pedir el envío de una segunda de 3.000 hombres de infantería y caballería(28). El general paraguayo tenía singulares instrucción reservadas(29). Aquel concurso fue rémora en vez de auxilio; un motivo fatal de graves preocupaciones nuevas, cuando los momentos eran preciosos, de no perder un segundo. La aceptación de una batalla con probabilidades de triunfo dependía de la organización de las tropas aliadas y ésto era de casi imposible realización buena e inmediata en presencia del enemigo.

(28) El presidente López manifestó al Director, en Oficio del 27 de Diciembre de 1845, que los 3.000 hombres fueron prontamente reclutados pero que habría demora para armarlos, equiparlos y vestirlos. No pasó de allí el concurso solicitado.
(29) El presidente López expidió las Instrucciones para su hijo con fecha 9 de Diciembre de 1845. Reproduzco algunos artículos de ellas, que dan idea de lo que fueron:
“Art. 1.- Cuando llegue al campamento de Villanueva verá si puede conseguir del General en Jefe que el Ejército paraguayo campe separado, pero cerca del correntino. Para obtener esta medida alegará:
1.- Que así conviene a los soldados paraguayos, para que puedan estar en mayor libertad, sin que se haga algún reparo sobre sus maneras o costumbres;
2.- Que, como parte del Ejército aún no tiene espíritu militar y en general todo él no está habituado al trato franco de extranjeros, juzga necesaria esa providencia para evitar diferencias o pequeños contrastes...;
7.- Luego, que S. E., el general Paz, quiera tratar de la organización del Ejército paraguayo, se prestará prontamente a esta importante medida o la solicitará si hubiere demora. Y al respecto tendrá en considerar y si fuese preciso expresará que los deseos de este Supremo Gobierno aspiran a la observancia de las siguientes disposiciones:
1.- Que los paraguayos no sean dispersados en Cuerpos correntinos y sí que formen Cuerpos propios;
2.- Que a excepción de los actos de servicio y casos de operaciones, no se reúnan Cuerpos paraguayos a correntinos en divisiones o columnas permanentes y que éstas se formen en diversos Cuerpos paraguayos con comandantes distintos;
3.- Si en ocasión de dicha organización hubiese falta de oficiales inferiores, el Coronel General nombrará todos los que fueren necesarios, oyendo a los respectivos comandantes. Si hubiese falta de oficiales, pedirá al señor general Paz que a los existentes incumba de los comandantes o ejercicios necesarios y, en tal caso, como vendrán a faltar subalternos, les propondrá los Subtenientes que fuesen precisos y pedirá que les dé tal graduación, comunicándole que tiene facultad y orden para ello, en virtud del supremo decreto de su nombramiento en el carácter y rango de General del Ejército destinado bajo de sus órdenes a reunirse al Ejército Aliado...
“Art. 9.- Conservados los paraguayos en Cuerpos suyos, ya se vé que en sus crímenes serán juzgados por Consejos de Guerra compuestos de sus propios oficiales. Estos Consejos, antes de decretar penas, deberán -por medio del respectivo presidente- informarse de lo que en igual caso se aplica en el Ejército correntino y desde que no hubiese inconveniente hará uso de la misma. Si fuese no justa aplicarán las que pareciese acertada, teniendo en consideración cuánto pueda ser la legislación, usos y costumbres de la República, modificados por el estado de guerra, sin necesidad de ejemplo.
“Art. 10.- Al respecto del recurso de tales sentencias para ante el General en Jefe, así como sobre todas las necesidades, como ya se dijo en el artículo 5to. y demás asuntos de importancia, de cualquier clase que sea, procurará saber de antemano las costumbres del Ejército e ideas o voluntad de dicho General en Jefe para dirigirse con acierto.
“Art. 11.- Si en tales costumbres u órdenes a observar o en sus requisiciones, encontrare oposición que juzgue perjudicial al buen orden y servicio del Ejército paraguayo, representará con subordinación pero con dignidad, sin perjuicio entretanto de darles la debida ejecución. Y caso de que no consiga las reformas o providencias pedidas, no demostrará por eso resentimiento alguno, limitándose a tomar nota del caso para informar oportunamente al Supremo Gobierno...
“Art. 17.- Procurará, por buenas maneras, de obtener del General en Jefe el pronto establecimiento de un correo que venga de ocho en ocho días del Ejército a esta capital. Procurará informarse de todo lo que fuere importante, para comunicarlo en cada correo a este Supremo Gobierno. Así es que participará las noticias que hubiese del enemigo, lugar en que se halle su fuerza, su destino, operaciones, pretensiones, etc. Semejantemente, las miras del general Paz, ocurrencias del Ejército Aliado, deserciones, reclutas que se reúnen, pasados, etc...
“Art. 20.- Durante su viaje observará el estado de las campañas de Corrientes, cantidad de caballadas y ganados, estado de la población e ideas. Verá qué fuerza tiene el Ejército correntino, qué caballería, infantería y artillería. Se informará de los resultados de cualquier expedición sobre el otro lado del Paraná o frontera de Entre Ríos o guerrillas y de todo irá dando parte a este Supremo Gobierno.
“Art. 21.- Cuando hubiere de regresar, entregará el Comando del Ejército al general don Juan Madariaga, obteniendo primero el permiso del General en Jefe tanto para lo uno como para lo otro, en inteligencia que el Supremo Gobierno se dirige a este respecto a dichos señores.
“Art. 22.- En la ocasión de retirarse, pedirá a dicho General su sucesor, que aun cuando quiera nombrar algún otro ayudante general conserve a los que hubiesen servido debajo de sus órdenes, por el conocimiento, amistad y costumbre de servir juntos con los comandantes de Cuerpos; facilita mucho el servicio”.
// Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Por Orden General del 22 de Enero de 1846, el Director dio a sus fuerzas el título de “Ejército Aliado Pacificador”; las dividió en dos Cuerpos: el primero, a sus inmediatas órdenes, “formado por el Ejército de la provincia de Corrientes y demás tropas de la Unión Argentina”; el segundo, “compuesto por la columna paraguaya, a las órdenes del general Francisco Solano López”; dejó el mismo Estado Mayor de las fuerzas argentinas para todo el Ejército; nombró General de vanguardia al de ese grado, Juan Madariaga. El general Román Antonio Dehesa fue destinado a instruir y comandar la infantería paraguaya; algunos oficiales argentinos le ayudaron en la ímproba tarea(30).

(30) “La infantería paraguaya era tan bisoña que no sabía disparar ni cargar sus armas; su primer y único ejercicio había sido al siguiente día de su incorporación al Ejército; la falta de oficiales y clases inferiores era la misma que en la caballería y los que había eran tan extranjeros a su profesión, a sus deberes y al arte de la guerra que no podían rendir ningún servicio”. - Memorias póstumas, del general José M. Paz. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El mismo día 22 de Enero de 1846, organizó definitivamente el Director el servicio y las fuerzas de la vanguardia, formando éstas con paraguayos y correntinos(31). Las tropas al mando del gobernador componían el tercer Cuerpo del Ejército aliado y, para aumentarlas, reiteró el Director al presidente López que mandase pronto 3.000 hombres de caballería e infantería(32).

(31) La fuerza paraguaya era de caballería. De esta arma, dice el general Paz en sus “Memorias Póstumas”:
“Sobre no tener una organización regular; sobre no tener ni la teoría ni la menor experiencia de la guerra, carecía de oficiales y de clases inferiores; había escuadrones que no tenía más oficial ni jefe que un teniente y estaban tan mal montados, no porque no se les hubiese dado caballos, sino porque no los cuidaban y los destruían en muy pocos días.
“Era extraordinaria la incuria que había en esta parte, sólo comparable a la dificultad de remediarla por la imposibilidad de hacer entender al joven general y demás jefes la necesidad de cuidar este poderoso elemento de guerra y de victoria. La caballería paraguaya fue en toda la campaña de poquísima utilidad”.
(32) El presidente López contestó afirmativamente, pero manifestó que no tenía armas de fuego suficientes ni lanzas para la caballería, que “todas las herrerías no podían facilitar las obras con la rapidez exigida por las circunstancias”; que las masas reunidas carecían de instrucción militar; que “no era posible disponer de los cortos restos de su armamento para armar todas las expediciones que debían marchar al Ejército Aliado”. En vista de estas excusas, el gobernador propuso al presidente que reuniese las fuerzas pedidas en Villa del Pilar, para allí instruirlas el comandante correntino Santiago Báez, con sargentos y cabos que llevaría; y así se hizo. Mil hombres de esas tropas -800 infantes y 200 de caballería- pasaron por la capital el 24 de Marzo de 1846, cuando ya la campaña había terminado, acompañándolos, desde la capital, oficiales y sargentos instructores mandados por el Director. Desembarcaron en el Rincón de Soto donde los tomaron los sucesos de Abril. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Correctos eran los procedimientos y las medidas tomadas, pero el general paraguayo se quejó de ellos en el Ejército y en Oficios dirigidos a su padre, creando de esa suerte fastidiosos entorpecimientos(33).

(33) “Adornarán quizás al joven general Francisco Solano López bellas cualidades privadas, pero ningún conocimiento militar y, lo que es más, ideas ninguna de la guerra y del modo de hacerla. Por otra parte, desde el primer momento dejó entrever una exquisita susceptibilidad y vivísimos deseos de que en el Ejército de su país no se introdujesen jefes ni oficiales, sino en el carácter de instructores y sin tener mando ni influencia alguna. Todo esto era una terrible dificultad”. “Memorias Póstumas”, del general José María Paz.
“Enero 25 de 1846.
“Exmo. Señor Presidente de la República del Paraguay, Dn. Carlos Antonio López.
“El señor general Paz no me ha querido instruir en nada sobre su plan de operaciones ni sobre las operaciones de las fuerzas que yo tengo en la vanguardia, si no es que algún oficial de ella me escriba alguna vez, por lo que no puedo dar a V. E. una idea exacta del estado en que nos hallamos y del plan de nuestras operaciones, porque tengo que indagar y procurar sobre algo; porque cuando a S.E. le pregunto, me dice una que otra cosa y nunca explayárseme.
“Yo veo que soy aquí no más que un comandante como de escuadrón, a quien no se tiene que avisarle de nada sino para marchar y hacer alto. Los jefes que él tiene allí saben mucho más que yo, mientras a mí nada se me dice. Cuando él quiere hacer salir alguna fuerza de este Cuerpo me ordena por medio de un ayudante, sin más formalidad que mandarme decir que ponga a las órdenes del jefe N., a quien manda para recibirse de las fuerzas; así es que yo no sé nunca adónde van las fuerzas de que me desprendo, cuáles sean sus planes de operaciones y sobre todo el desconocimiento de un jefe que va mandando mi fuerza, a quien nunca había visto.
“Yo le pedí ayer por la tarde que me pasase órdenes por escrito, para saber adónde va esta fuerza y sobre todo para tener yo cómo responder a las responsabilidades que tengo para con mi Gobierno; entonces él me dijo: que él también es responsable, que no tenía tiempo para hacer eso. Le dije entonces que yo llevaría un apunte de todo y que deseaba que él me rubricase, a lo que me accedió.
“El Señor Director quiere poner en servicio toda mi fuerza, dispersándola en parte, que yo no sé dónde, mientras la fuerza correntina está la mayor parte reunida. Es por lo que creo que a V. E. ha pedido más tropas para el expresado tercer Cuerpo, para que yo no tenga ya influencia en ella y disponer a su antojo, porque ha visto que yo al menos repugno mucho dejar a mis paisanos perecer de cualquier modo.
“No me he negado expresamente en nada, sino que todo lo he cedido, pero con el resentimiento interior que a V. E. comunico. Francisco Solano López”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 199. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Movimientos de los dos Ejércitos

El 16 de Enero de 1846 -por la tarde- el Ejército correntino, después de enviar sus bagajes y parques, se pone en movimiento hacia el río Corriente, que cruza en Paso Nuevo. Urquiza, por su parte, después de sorprender al capitán Lorenzo Casco en Pago Largo y de derrotar al teniente coronel Nicanor Cáceres, se reconcentra en María Grande y el 18 de Enero de 1846 se pone en movimiento, cruzando el río Corriente en Santillán.

El Director de la Guerra dicta sus disposiciones y las divisiones correntinas de Villanueva y la paraguaya se reúnen, el día 22 de Enero de 1846, en Paso Vedoya, en el Batel. Allí las organiza en dos Cuerpos y una fuerte vanguardia, a las órdenes del general Juan Madariaga.

Habiendo Urquiza pasado el Corriente en Santillán, más abajo de la confluencia de ese río con el Batel, ambos ejércitos se encontraron en la estrecha y larga faja de tierra que existe entre el Santa Lucía, al occidente, y el Batel al Este.

No somos técnicos y no podemos, en consecuencia, criticar los planes militares del general Paz retirándose hacia el Norte, pero parécenos que el propósito de encontrar un terreno favorable para la acción no era tan imprescindible y que no valían las condiciones físicas superiores de un campo de batalla elegido, lo que los valores morales destruidos por una retirada rápida.

En efecto: junto con la división paraguaya, el Ejército del general Paz pasaba de 11.000 hombres. El de Urquiza apenas era un poco más que la mitad de este número, aunque contaba con cerca de tres mil veteranos de la campaña en la República Oriental.

La desproporción notoria de las fuerzas y la actitud de Paz, que sacrificaba la capital para buscar apoyo en la Tranquera de Loreto y los bañados de las inmediaciones, rebajó el nivel moral del Ejército. El gobernador Madariaga mismo no accedió al plan, sino a medias, repasando el Santa Lucía con 1.200 hombres para cubrir la capital y vigilar de flanco a Urquiza.

Situados los dos Ejércitos sobre la zona limitada al norte por el río Santa Lucía, al oeste por el Paraná, al sur por el río Corriente y al este por el Batel, sin obstáculos serios intermedios(34), a corta distancia el uno del otro, Urquiza, audaz y con tropas listas para combatir(35), Paz con su primitivo plan trastornado(36) y con el petardo de la organización de los aliados(37), era inminente una batalla de éxito problemático.

(34) La cañada Mala, el estero Pucú y la laguna Abalos son los únicos obstáculos -superables- de la región, en la parte que separaba a los dos Ejércitos; hacia el este y nordeste se estrecha el terreno a medida que se interna y termina en los esteros de los ríos Batel y Santa Lucía.
(35) No se conocía el número de las fuerzas de Urquiza y él procedió hábilmente para ocultarlo; llevaba las que sacó del Estado Oriental y las de Garzón: 6.000 hombres, más o menos. Paz las juzgaba en los términos siguientes: “El Ejército de Urquiza es aguerrido, organizado como él sabe y puede, obediente como el que más engreído con sus victorias”. (Carta del 22 de Enero de 1846 al gobernador Madariaga).
(36) El mismo que desarrolló en 1841 para destruir a Echagüe. Además de la superioridad militar de Urquiza sobre Echagüe, la derrota de éste y el concurso que tenía aquél de competentes jefes y oficiales correntinos -pertenecientes a las tropas de Paz en 1841- eran antecedentes importantes contra el plan del Director.
(37) “Estaba reservado a nosotros tener que formar Ejércitos frente al enemigo; hablo del Ejército Aliado Pacificador, que no se puede llamar un ejército. Maniobrando, retirándome veré de darle la mejor forma. La empresa es algo ardua, pero no hay más remedio; quizá será para mí y no para otros más capaces y mientras esté en este destino preciso es que valga algo como prueba de mi sincero y buen deseo de acertar”. (Cartas del general Paz al gobernador Madariaga, fechadas en Batel, a 22 de Enero de 1846). // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Paz se propuso evitarla hasta poder asegurar el triunfo, pero fluctuó en su plan: el primer pensamiento fue maniobrar entre los ríos Batel y Santa Lucía, sin dar tranquilidad al enemigo, retirándose hacia el interior para debilitarlo y hacerle consumir su caballada(38);el segundo, fue vadear el río Santa Lucía, en el Paso Isla Alta(39), incorporar las tropas del gobernador y esperar al enemigo.

(38) “Es conocido el carácter de Urquiza y lo es ya su plan; él buscará una batalla cuánto antes, persiguiendo al Ejército, es decir al Cuerpo principal de él y no cabe la menor duda que seguirá mis pasos. Yo no puedo pensar en batallas en este momento. Es probable que me retire por entre los ríos Batel y Santa Lucía, procurando debilitar al enemigo y hacerle consumir sus caballadas hasta que sea la oportunidad de darle un golpe. Para arreglar la marcha del Ejército y los convoyes estoy haciendo los mayores esfuerzos, conforme hablé hoy por la gente de San Roque hablaré de la de San Miguel; ésta me será precisa. Voy a hacer internar cuánto se pueda las carretas, para que sean expeditos los movimientos del Ejército”. (Carta del general Paz al gobernador Madariaga, fechada el 22 de Enero de 1846, en Batel).
(39) “Si es posible estoy resuelto a pasar el río Santa Lucía en la Isla Alta (en el Paso, es decir), para lo que espero la noticia de que llegue de Vd. y el capitán López, que ha ido a reconocerlo. También contribuirá a determinarme los Partes que reciba de la vanguardia. Si el Paso está bueno es preciso que se reúna todo en él tacuaras para hacer balsas, o bolsas, cuero para pelotas y los botes que haya. Yo llevaré de aquí seis o siete”. (Carta del general Paz al gobernador Madariaga, fechada el 23 de Enero de 1846, en Batel). // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En los dos planes el Director esperaba que Urquiza se dirigiría sobre él. Pero no se produjeron los hechos de esa suerte. La vanguardia de los Aliados hizo vacilar unos días a Urquiza(40); después continuó su marcha rápida, siempre de flanco, en dirección al Paso Isla Alta(41), para interponerse entre el Cuerpo de Ejército del gobernador y el aliado, porque supuso que el primero vadearía el río Santa Lucía en aquel paraje.

(40) “Colodrero, Enero 26 de 1846.
“Señor General, don Joaquín Madariaga.
“Estimado Compatriota: los movimientos del enemigo son vacilantes e inciertos, lo que indica que no conoce nuestra situación. El busca una batalla y la espera cada día y su esperanza cada día resulta fallida.
“La vanguardia -que tiene 1.800 hombres, incluso 1.000 paraguayos- puede haberle parecido el Ejército o al menos indicado su proximidad y de ahí la circunspección con que se mueve... (José M. Paz)”.
“Batel, Enero 26 de 1846.
“Sr. General, Dn. Juan Madariaga ... Me parecen muy bien los movimientos que V. E. ha practicado, los que sin duda han contribuido a determinar el movimiento del enemigo, que le ha de costar la destrucción de su caballada ... (José M. Paz)”.
(41) A 17 kilómetros de San Roque, hacia la desembocadura. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Esta operación impidió los dos movimientos pensados por el Director, obligándolo a retirarse paralelamente hacia Isla Juárez. El río Santa Lucía estaba muy crecido. Durante algunos días fluctuó el invasor; hacía marchas y contramarchas, guerrillas y reconocimientos, ya sobre Isla Alta, ya sobre los puntos ocupados por los Aliados; éstos, a la vez, evolucionaban en sentido conveniente a una jornada de distancia.

Al fin operó Urquiza directamente sobre Paz, pero éste se retiró hacia Yaguareté Corá y San Miguel, por la faja de tierra firme, ceñida por los ríos Batel y Santa Lucía, hasta dar con los Esteros del Iberá(42).

(42) Los ríos Santa Lucía, Batel y Corriente nacen del inmenso depósito de agua denominado impropiamente Laguna Iberá y corren hacia el río Paraná de nordeste a sudoeste. La zona comprendida entre los dos extremos -que son el Santa Lucía y el Corriente- está dividida por el Batel desde el desagüe de éste en el río Corriente -al norte de la caída del arroyo Salado- hasta los esteros de que se forma, a quince kilómetros al Sur del pueblo San Miguel, quedando el pueblo Yaguareté Corá (hoy Concepción) hacia el río Corriente y San Miguel hacia el río Santa Lucía. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La línea del Santa Lucía era impasable para uno y otro, por distintas causas(43). La vanguardia del Ejército Aliado, colocada a retaguardia, disputaba el terreno al enemigo, obligándolo a mantener concentradas sus fuerzas, pues ignoraba el número de las que se le oponían y la distancia que las separaba del Cuerpo principal del Ejército, circunstancias que, unidas a la pésima clase de los terrenos, le impedían moverse con la audacia de los primeros días de la invasión.

(43) Para Paz, porque le seguía Urquiza; para éste, por lo expresado en el siguiente Oficio:
“Romero, Enero 31 de 1846.
“Señor General, Dn. Joaquín Madariaga:
“A las 8 de hoy recibí su carta de ayer a las 12 y me ha sido muy satisfactorio saber que conserva su posición y que esas fuerzas están dispuestas a disputar hasta dónde se pueda al enemigo, la barrera del Santa Lucía.
“No dudo que cada día tendrá más confianza y que en proporción irá perdiendo Urquiza la suya. Empieza a desengañarse del partido que creía hallar y no dudo que la actitud que toma la fuerza y población del norte del Santa Lucía contribuya eficazmente a ello.
“Quisiera manifestar mis sentimientos gratos a todos esos habitantes, pero lo hago en la persona de V. E., rogándole haga común al vecindario mi patriótica gratitud y sincera estimación ... (José M. Paz)”.
La fuerza paraguaya destinada a la vanguardia durante los primeros días después de la incorporación de los Aliados fue retirada al grueso del Ejército cuando Urquiza se internó al norte del río Corriente. Sobre la vanguardia cayó todo el peso de la invasión y ella exclusivamente salvó a los habitantes de Esquina, Goya y San Roque, así como las caballadas de los mencionados Departamentos. Según el general Paz, el general Madariaga desempeñó el servicio de vanguardia con actividad, sus Partes fueron continuos y siempre lo tuvo al corriente sobre la situación del enemigo. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Ejército Aliado marchaba en columnas sucesivas, retiradas unas de otras y todas ellas distantes algunas veces hasta diez leguas de las fuerzas que cubrían la retaguardia.

“En esa disposición, uno y otro ejército se internaron por la angostura que dejan los esteros de los ríos Batel y Santa Lucía hacia los nacimientos de ellos. Mucho convenía a los Aliados internar al enemigo por aquel estrecho, donde no encontraba población, ni caballos, ni recurso alguno; marchaba a una inevitable pérdida”(44).

(44) “Boletín del Ejército Aliado Pacificador”. Detall de la última campaña. Villanueva, 21 de Marzo de 1846. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La traición favoreció a Urquiza. En la noche del 2 de Febrero de 1846 desertaron de las filas aliadas los oficiales Morel, Vargas y Velasco -con sus asistentes- y por ellos fue instruido el enemigo de cuánto ignoraba y le interesaba conocer para tentar un golpe.

Urquiza apuró sus movimientos y con todas sus fuerzas se puso sobre la retaguardia de los Aliados en la mañana del 4 de Febrero de 1846, cerca de Laguna Limpia, Departamento Yaguareté Corá.

El Ejército aliado distaba diez leguas. Los puestos avanzados del general Madariaga ocupaban un desfiladero de esteros del paraje denominado Potrerito y las demás fuerzas del mismo se encontraban sobre un camino angosto oprimido por impenetrables esteros y extenso palmar espeso.

En esta forma, uno tras otro y por la estrecha lonja de terreno a que hemos referido, los dos ejércitos continuaron su marcha al norte.

El 4 de Febrero de 1846 la vanguardia de Paz -al mando del general Juan Madariaga- es alcanzada por la del general Urquiza y a sus personales órdenes. El terreno era favorable a Madariaga. Componíase de un largo callejón de cerca de doce cuadras, estrecho, que debía pasar Urquiza y a cuyo término encontró la línea enemiga(45).

(45) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, p. 52. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Prodújese el choque y en el estrépito las fuerzas correntinas, arrolladas por los primeros derrotados, perdieron su unidad. El desbande se produce y el general Juan Madariaga quedó prisionero(46).

(46) Según Antonio Abraham Zinny, en su obra “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, tomo I, p. 571, el general Juan Madariaga fue tomado al caer del caballo en la persecución. Y agrega: “Poniéndose de rodillas ... decía a los soldados: ‘No me maten, que soy el general Madariaga’. En esos momentos llegaba el coronel José Antonio Virasoro quien le ordenó se quitase la espada y se pusiese de pie para llevarlo a presentar al general Urquiza. Pero no quiso levantarse antes que Virasoro le prometiera la vida”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Para contener los movimientos -hasta entonces recelosos del enemigo- era buena la posición sobre todo mientras las avanzadas defendiesen la entrada, el resto de la vanguardia podía retirarse sin apuro. Madariaga tenía 800 a 900 hombres de caballería argentina(47).

(47) Conozco cinco afirmaciones diferentes sobre el número de la vanguardia aliada en Laguna Limpia; tal vez, no son las únicas: El “detall de la campaña” dá 1.500 hombres; las “Memorias Póstumas” del general Paz de 1.500 a 1.600; el Parte de Urquiza a Rosas, 1.900; una declaración atribuida al general Juan Madariaga por el Jefe del E. M. de Urquiza, 1.200; el general Juan Madariaga, en Manifiesto publicado el 4 de Junio de 1846, dijo: “La fuerza que tuve a mis inmediatas órdenes el 4 de Febrero no pasó de 800 hombres y de éstos sólo entraron en combate unos 600”. Las tropas encargadas de cubrir la retaguardia del Ejército Aliado formaban dos grandes grupos: el primero, sobre el enemigo, de 800 a 900 hombres, al mando inmediato del general de vanguardia; el segundo, como reserva del anterior, de 500 a 600 hombres, al mando del general José Domingo Abalos. El detall de la campaña suma los dos grupos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La primera hostilidad de los invasores, en la mañana del mencionado día, fue rechazada con bizarría por el coronel Manuel Hornos pero, a las 14:00, repitieron el ataque con violencia llevando a él masas resueltas a forzar el desfiladero como que conocían bien la resistencia débil que se les opondría, cargando de esa suerte. Arrolladas las avanzadas, éstas envolvieron a su reserva y, juntas al resto de las tropas, pronunciándose la derrota y la dispersión de la columna(48).

(48) El general Paz ridiculiza al general Juan Madariaga en sus “Memorias Póstumas”, atribuyendo el contraste a necedades y niñerías del general de vanguardia. De otra suerte habló cuando publicó el detall de la campaña. En este dijo:
“Los preparativos del enemigo indicaron que iba a decampar y a proseguir su movimiento. Sin embargo, el general de nuestra vanguardia, que sin duda había pensado detenerlo por algún tiempo en aquel punto, no dio con anticipación las órdenes para la oportuna retirada de las fuerzas nuestras y cuando se pronunció el movimiento del enemigo, que fue hecho con gran rapidez, se hallaron agrupadas en un malísimo y penoso terreno”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Durante la persecución, que fue tenaz y larga, rodó la cabalgadura del general Madariaga y éste fue prisionero(49). Los aliados perdieron poca tropa, entre muertos, heridos y prisioneros(50).

(49) Corría el general Madariaga de una parte a otra para reunir los grupos de dispersos bajo la persecución cercana del enemigo, cuando rodó la cabalgadura; el jinete quedó apretado por el cuerpo del animal y allí fue alcanzado por el escuadrón del teniente coronel José Antonio Virasoro, quien salvó la vida al prisionero, su amigo personal y también compañero de causa hasta Mayo de 1843. El general Paz narra con falsedad el hecho en los depresivos términos siguientes:
“El general tuvo la desgracia de rodar y caer con su caballo; estaba rodeado de los suyos y lejos aún del enemigo; su caballo no pudo levantarse, pero le ofrecieron otro; otros quisieron alzarlo a la grupa pero nada se pudo conseguir; parecía estupefacto, anonadado. Al fin llegaron siete hombres del enemigo -de que huyeron más de doscientos- y lo tomaron prisionero”.
(50) “Pocos fueron los hombres muertos y pocos los prisioneros”, José M. Paz. “Detall de la última campaña”. Villanueva, 21 de Marzo de 1846. “Toda la fuerza se incorporó al Ejército con sólo la falta de mi persona, 14 prisioneros y 6 u 8 soldados fuera de combate”, en “Exposición del general Juan Madariaga”, publicada el 4 de Junio de 1846. Urquiza exageró los hechos para dar mayor mérito al triunfo; en su Parte dijo: “Fueron acuchillados 1.900 enemigos y en la persecución de 6 leguas dejaron una bandera, 160 cadáveres, 39 prisioneros; se han tomado 113 lanzas, 43 sables, 32 tercerolas y 500 caballos”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Director no atribuyó importancia militar al triunfo de Urquiza; él decía al gobernador delegado y al propietario:

“Un suceso común en la guerra hizo que nuestra vanguardia fuese ayer dispersada por todo el Ejército enemigo, que cargó sobre ella en las estrechuras de la estancia de Lagraña. Nuestra pérdida es poca y la moral del Ejército no ha sufrido. El desgraciado suceso sería de muy poca importancia sin la pérdida de mi importante compañero, el general Madariaga”(51).

(51) Cartas fechadas el 5 y 6 de Febrero de 1846. En la última agregaba el general Paz:
“He dicho que sería de poca importancia, porque se han salvado las caballadas y, según veo, se reunirá casi toda la tropa. Los coroneles López, Velazco, Ricarde y Hornos se hallaban ayer, 5, entre los Esteros del Santa Lucía, con más de 400 hombres, y se ha mandado a traerlos. Creo que anoche o esta mañana se habrán reunido a la vanguardia. El contraste no es irreparable; antes se nota muy buen espíritu en el soldado”.
Confirman, además, el texto las siguientes manifestaciones del mismo general Paz:
“Aju'yty, 6 de Febrero ...
“El enemigo no ha hecho ayer movimiento y sin duda se ha visto forzado a esta quietud, porque sus caballos, con una corrida de 4 leguas, sin contar la vuelta, han de haber sufrido inmensamente”. (Carta al gobernador).
“Febrero 7, Orden General ...
“Los deseos de los valientes no serán defraudados y encontrarán la ocasión de humillar al orgulloso asesino de Pago Largo. La hora se aproxima y ella será la del triunfo de la libertad sobre los tiranos, de la más completa victoria”.
“Yvyritingay, 7 de Febrero.
“Es fuera de duda que Urquiza debe venir a pie; los caminos que ha traído y trae, las marchas que viene haciendo lo han de haber imposibilitado. Llegó ayer a San Miguel y hoy se me avisa que había acampado legua y media más allá de Loreto. Esta noche caminará y mañana lo tendremos sobre la cañada de Yvyratingay, que acabará de arruinar sus caballos”. (Carta al gobernador).
“Yvahái, 9 de Febrero.
“La situación de Urquiza no es buena y ya fuera desesperada sin el suceso del 4, que lo ha entonado alguna cosa. Debe hallarse poco menos que a pie”. (Carta al gobernador).
“Yvahái, 13 de Febrero.
“Celebro que mi carta del 5 tranquilizase los ánimos alarmados con el suceso del día anterior. Ahora puedo decirle algo más en ese sentido, pues el enemigo desapareció anoche de nuestro frente y se ha puesto en retirada”. (Carta al gobernador delegado).
“Villanueva, 6 de Marzo ...
“Sin la pérdida casual sensible de uno de nuestros compañeros, el general Madariaga, todas las ventajas hubiesen estado por nosotros y el enemigo no tendría sino motivo de vergüenza e ignominia”. (Proclama del Director).
El general Paz emitió distinto juicio en el detall de la última campaña y lo reprodujo en sus “Memorias Póstumas”. Dijo en aquel documento:
“La pérdida fue grande, por el momento, pues el Ejército se vio privado de más de 1.000 hombres de su mejor caballería y no se reunieron en parte sino muchos días después. Pero el mayor mal fue el golpe mortal que hirió nuestra caballería, porque es fuera de duda que por entonces cobró superioridad la del enemigo”.
“Atribuyo esta variación a propósitos políticos del general Paz y la reproducción de ella en sus ‘Memorias...’ al deseo de perpetuarla contra los documentos escritos día por día en el mismo teatro de los hechos”, dice Mantilla. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Las tropas dispersadas se incorporaron en pocos días al Ejército Aliado; unas protegidas y contenidas por las que oportunamente ocurrieron en auxilio de ellas(52); las otras echadas a los esteros del río Santa Lucía, reunidas y reorganizadas por sus jefes(53).

(52) El general José Domingo Abalos, con una división de 600 hombres, ocupaba un punto intermedio entre la vanguardia y el grueso del Ejército. Dicho jefe protegió a los dispersos, los contuvo y aún cambió fuego con el enemigo. “La división del general Abalos -dice el general Paz, en sus “Memorias Póstumas”- sirvió para contener a los pocos enemigos que perseguían nuestra vanguardia derrotada y aún para hacerles algunos muertos, con lo que cesó enteramente la persecución. La noticia se recibió en el Ejército al anochecer e inmediatamente se tomaron medidas. Mi primer cuidado fue tomarlas para contener la dispersión de los derrotados y establecer otra vanguardia, de la que se encargó el general Abalos”. Fue fácil atajar a los derrotados, porque corrían por un terreno angosto, limitado por esteros y los impulsaba más el deseo de ir a sus casas por unos días que el miedo al enemigo. “Tan sólo me he enojado -decía el general Paz- con los que por una mala costumbre han querido resbalarse por los flancos de la columna para sus casas”. (Carta de fecha 6 de Febrero de 1846 al gobernador).
(53) Cuando el Ejército invasor se avistó con el aliado, ya estaban incorporados a éste los escuadrones de la vanguardia dispersada en Lagaña, Limpia o Potrerito, menos el del mayor Azcona -de cien hombres próximamente- que se echó a los Esteros del Batel y salió en Yaguareté Corá, a retaguardia de Urquiza. Los coroneles Bernardino López, Velazco, Hornos y Ricarde reorganizaron sus Cuerpos en los Departamentos de Mburucuyá y Caá Catí, a los que salieron de los esteros. “Los soldados dispersos están llenos de confianza y en lugar de pasar al Interior casi todos se han reunido al Ejército, conmigo o con Bernardino López, quien con 400 hombres se halla a la altura de San Antonio, en marcha para el Ejército, adonde yo también sigo”. (Carta del gobernador al ministro Valdés, fechada el 8 de Febrero de 1846, en Tacuaral). // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El triunfo estimuló a Urquiza, que adelantó al parecer ansioso de dar una batalla inmediata bajo la influencia moral de aquél; pero Paz reorganizó rápidamente su vanguardia, confiándola al general José Domingo Abalos y al favor de los movimientos que contenían al enemigo y de la distancia entre ambos Ejércitos, apuró también su marcha en retirada para aceptar la batalla en lugar y tiempo de victoria.

Paz continuó la retirada. La aceleró. El carruaje del general Madariaga -tomado por el enemigo- le había revelado sus propósitos y el Director de la Guerra deseaba llegar cuánto antes a la Tranquera de Loreto. Cruza apresuradamente la cañada de Iviratingay y se atrinchera en la de Ivahái.

Urquiza, por su parte, efectúa el mismo recorrido, acampa en las Barranqueras y el día 11 de Febrero de 1846 se acerca al Ejército correntino.

Estaba el Ejército Aliado al norte del pueblo San Miguel, cerca de la loma Aju’yty(54), cuando ocurrió el suceso desgraciado del día 4. Desde allí hasta Loreto, confín del terreno firme de la zona en que se hallaban los dos Ejércitos, era bueno el camino y la distancia de unos 50 kilómetros próximamente; más adelante cubrían el suelo malezales, cañadas y esteros a través de los cuales tenían de caminar las tropas, ya marchasen para alcanzar la Tranquera de Loreto(55) o para trasladarse al Departamento de Caá Catí, al occidente del Estero de Santa Lucía, por antiguo camino costanero del Paraná entre la capital y Misiones.

(54) Aju’yty se forma con la palabra “aju’y”, que significa laurel, y la partícula “ty”, que denota lugar de abundancia.
(55) A mediados de 1845, el general Paz pensó fortificar la Tranquera de Loreto, pero antes de emprender obras consultó al ministro Gregorio Valdés -uno de los negociadores del Tratado provisorio de Límites con el Paraguay, en 1841- si consideraba válida la clausura de dicho Tratado que aceptó la ocupación paraguaya en el territorio de la Tranquera. Valdés contestó remitiendo copia del Tratado y de las comunicaciones referentes a él. El general desistió de su propósito para evitar un conflicto con el Paraguay, cuya alianza anhelaba. Esta es la verdad y no la referencia del general en sus “Memorias Póstumas”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Concluido el buen camino, el Director tomó rumbo hacia el Departamento Caá Catí, atravesando el día 7 de Febrero de 1846 la fragosa cañada de Yvyratingay(56); el 8 de Febrero, el arroyo Barranqueras(57); el 9 de Febrero, el gran bañado de Yvahái(58); y sobre la loma de la última denominación, que se alza frente al bañado, dominándole, tomó posición de batalla.

(56) La cañada ha recibido su denominación de la que es propia de ciertas barrancas próximas del río Paraná, por las que pasa el antiguo camino a Misiones. El verdadero nombre guaraní es yvyty’ãtiniy, que significa ladera penosa del río; de yvyty’ã, ladera; tini, penosa; y, río.
(ladera. f. yvyty’ã. // tini. adj. excesivamente caluroso // y. s. agua, río).
(57) Por este arroyo desaguan en el río Paraná, al Este, los que forman el río del mismo nombre.
(58) Fruto agrio: de yva, fruto; hái, agrio. Existe un árbol silvestre así llamado por el fruto que dá y hasta ahora abunda en la loma de su nombre. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

De ese modo quedó Urquiza en la banda oriental del nacimiento del río Santa Lucía, con obstáculos por delante. El 10 de Febrero de 1846 se incorporó el gobernador Madariaga, “con una columna de más de 1.500 hombres llenos de entusiasmo y deseos de medir sus armas con las del infame invasor”, según Orden General del Director.

La posición de los aliados era naturalmente defensiva y con la distribución en ella de las tropas resultaba casi inaccesible para el enemigo. El bañado situado al frente era el único terreno dejado a Urquiza para lanzar sus tropas al combate y, aunque practicable en toda su extensión, a la caballería y a la infantería se presentaba muy difícil pasarlo en formación regular y haciendo fuego eficaz por el fango, el agua de un metro y otros obstáculos del bañado y los fuegos de frente y de flanco de los aliados.

Para la artillería y las masas principales de ataque sólo había un mal sendero transitado por carretas y sobre él emboscó Paz, en un montículo, artillería e infantería que barriesen al enemigo. Podía Urquiza flanquear la posición haciendo un gran rodeo a través del bañado, pero la ocupación completa de la tierra firme permitía a los aliados oponérsele con suceso en cualquier parte.

El día 11 de Febrero de 1846 muy temprano apareció el Ejército rosista en la banda oriental del bañado y sin fluctuación echó a él tropas de infantería y artillería, como vanguardia. Los aliados estaban ocultos, para facilitar la internación del enemigo. Este, sin ninguna hostilidad, hizo alto a distancia de dos tiros de cañón y después de media hora de indecisión, retrocedió y acampó a una legua de distancia.

Urquiza había resuelto atacar, pero el general Garzón lo disuadió, demostrándole que era segura la derrota. Por la tarde hizo un movimiento parcial por la costa del Paraná -una legua de la izquierda de los aliados- y tomó algunas carretas con familias escondidas en los montes.

El siguiente día lo empleó en amenazas y reconocimientos a lo largo del bañado pero, en vez de iniciar ataque, durante la noche levantó su campo y se puso en violenta retirada por el mismo camino que trajera, hasta las Lomas de San Juan, siete leguas de distancia.

El general Paz ignoró el paradero del enemigo hasta el medio día del 14 de Febrero(59) y cuando lo conoció no emprendió operaciones formales de ofensiva, porque no se daba cuenta clara de los propósitos de Urquiza(60), habiéndose reducido a desprender tres escuadrones de caballería -al mando del coronel Manuel Ocampos- para que picasen la retaguardia al invasor en caso de retirada y al coronel Manuel Hornos, comandante Nicanor Cáceres y sargento mayor Mercedes Careaga, con igual número de fuerzas, más o menos, para que se adelantasen a Urquiza y ejecutasen una excursión rápida sobre la frontera de Entre Ríos(61).

(59) “Yvahái, Febrero 13 de 1846.
“Aún no sé dónde está el enemigo, pero nuestras avanzadas que han recorrido su campo ayer y aún han pasado de él, creen que ha retrocedido dejando caballada flaca y yeguada en mucho número ... Yo he mandado desensillar, con prevención que ningún hombre se separe y esté pronto el Ejército a moverse en algunos minutos.
“No tardaremos en ver más claro y en saber lo que piensa el señor Urquiza ... No quiero aventurar aún fuerza por evitar alguna acechanza que nos ponga el enemigo. (José M. Paz)”.
“Yvahái, Posta de Argüello, Febrero 14 de 1846.
“Una de la tarde. Acompaño a Vd. el Parte que acabo de recibir. Según él, el enemigo permanecía hoy en las inmediaciones de San Juan Lomas; de consiguiente, su movimiento retrógrado puede envolver otra intención ... (José M. Paz)”. (Cartas dirigidas al gobernador Madariaga).
(60) “¿Será que quiera estacionarse y mandar una división a Misiones en busca de caballos? ¿Será que quiera volver rápidamente sobre estos puntos? ¿Será que quiera esperar el resultado de algunas intrigas? Sea lo que fuera, nosotros no debemos continuar nuestro movimiento; antes, por el contrario, debemos estar prontos, muy prontos para deshacerlo si el caso lo requiere.
“Por tanto, espero que Vd. se conserve a inmediaciones, mientras recibo otros Partes que aclaran más este asunto. (José M. Paz)”. (Carta al gobernador Madariaga, fechada a 14 de Febrero de 1846, en Ivahái, Posta de Argüello).
(61) El general Paz, en su constante empeño de atribuir siempre a los generales Madariaga todo lo malo imaginable, dice en sus “Memorias Póstumas”, a propósito de la comisión confiada a Hornos, Cáceres y Careaga:
“Debían en el tránsito remontarse, pero no lo pudieron conseguir sino muy tarde, no sólo porque el señor gobernador no les dio caballos, sino porque hasta les impidió que los tomasen. De todo resultó que no pudieron anticiparse a Urquiza”.
El mismo general Paz, sin embargo, en el detall de la última campaña”, dijo al Ejército aliado, sobre la mencionada comisión:
“Debe advertirse, que el coronel Hornos con el escuadrón Entre Ríos y la legión Curuzú Cuatiá, a las órdenes del comandante Nicanor Cáceres, habían pasado ya por el Paso de Borda y se hallaban a la vanguardia del enemigo, cuando éste pasó el río Corriente en Caá Guazú”. “Lo de las“Memorias...” fue un invento maligno”, dice Mantilla.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 200. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Convencido de la imposibilidad de vencer a Paz en sus atrincheramientos, resuelve retirarse, iniciando el día 14 de Febrero la operación, con rapidez, hasta llegar al río Corriente, que pasó en Caá Guazú, el 23 de Febrero. El ejército de Paz siguió sus huellas sin molestarlo mayormente. Una circunstancia, preliminar de los Tratados de Alcaraz lo producía.

En efecto: al día siguiente de caer prisionero Juan Madariaga, el general Urquiza le significó que, por su parte, creía posible terminar la cuestión entre Corrientes y Entre Ríos sin necesidad de continuar la guerra y que, luego de entendidos los Gobiernos de las dos provincias, creía se podría obligar a Rosas a organizar el país de acuerdo al Tratado del 4 de Enero de 1831.

Juan Madariaga escribió al gobernador y éste contestó, el 8 de Febrero de 1846, aceptando en términos generales la negociación. Procedió con corrección el gobernador, comunicando la propuesta al general Paz, quien se manifestó contrario. Era, como se ve, organizar la República bajo el régimen federal.

Sabedor el general Urquiza de la buena disposición de Madariaga, suspendió su retirada al llegar a los acantonamientos de Villanueva, para reanudar las negociaciones. Debió sin embargo volver a Entre Ríos. Supo que Paz se oponía al entendimiento, calculó que la intriga arrojaría por los suelos la autoridad del Directorio y hasta supo que, a pretexto de formar un Cuerpo de reserva, pisaba Entre Ríos el general Lucio Mansilla, por órdenes de Rosas.

El 3 de marzo de 1846 llegaba Urquiza a la frontera, en el lugar llamado Basualdo, después de destruir las instalaciones de Villanueva.

La provincia de Corrientes quedaba libre del invasor pero abocada al peligro de los conceptos políticos divergentes y apasionados.

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