El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Las frustradas negociaciones de paz de Alcaraz

- Retirada de Urquiza

Tres días permaneció Justo José de Urquiza en el Departamento San Miguel, sin molestar(1) ni ser molestado y otros tantos duró la actitud indecisa del Director(2), cuya única disposición fue dividir el Ejército en cuatro columnas(3) para el movimiento que realizaría cuando de aquél tuviere informaciones ciertas.

(1) Sin molestar al Ejército aliado, únicamente, pues causó grandes perjuicios en los intereses de campo arrebatando caballos, yeguas y toda clase de ganado bovino y los vecinos hallados sufrieron las mortificaciones de servicios forzosos, sin crueldad.
(2) “Febrero 14 de 1846. Una de la tarde.
“Espero que Vd. se conserve a inmediaciones, mientras recibo otros Partes. José M. Paz”. - “Febrero 15 de 1846. Doce del día.
“He esperado la confirmación de la noticia que el enemigo estaba ayer entre San Juan Lomas y Loreto y no ha llegado. Nuestra vanguardia (los escuadrones de Ocampo), ni una palabra me ha dicho.
“Según lo que sepa será mi movimiento; le avisaré. Pienso que hasta la tarde puedo saber algo más. José M. Paz”.
- “Febrero 15 de 1846. Noche. Un Parte de las 3 de la tarde de hoy asegura que a esa hora el enemigo iba en marcha para Loreto. Creo que no pasará de mañana que tengamos Partes por el Paso que está frente a Caá Catí.
“Yo me moveré esta madrugada (la del 16), haciéndolo al mismo tiempo las columnas que me están inmediatas. José M. Paz”.
- “Febrero 16 de 1846, Tapera de Vilche, cerca de Caá Catí.
“Al fin tenemos noticias ciertas del enemigo, el cual se nos va muy lejos. Soy pues de opinión que continúe nuestra marcha sin interrupción. (José M. Paz”.
“Taperas de Vilche, Febrero 16 de 1846.
“Es capaz de hacer perder el juicio la contrariedad y a la vez la vacilación de los Partes que se reciben. Ayer a las tres de la tarde decía el comandante Serrano que la retaguardia enemiga había marchado de San Juan Lomas a Loreto y ahora parece que duda todavía.
“Nuestra vanguardia, que me ofreció ayer un Parte cierto, no lo ha mandado aún. De modo que es forzoso movernos con tales precauciones que ni vamos más allá ni quedemos más acá de lo que suministran estos equivocados datos.
“Por tanto, creo que no debe moverse de dónde esté (Pasito), hasta que le diga el resultado de los últimos Partes sobre este asunto. José M. Paz”.
Cartas dirigidas al gobernador Madariaga.
(3) La primera, de pura caballería, al mando del gobernador Madariaga; la segunda, de las tres armas, a las órdenes del Director; la tercera, de las tres armas, a las órdenes del general Francisco Solano López; la cuarta, de las tres armas, a la órdenes del general Román Antonio Dehesa. Las tropas ocuparon, el 14, terreno diferente del que tenían para la batalla y se colocaron las columnas en el orden mencionado desde Arerunguá hasta Yvahái. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En ningún momento tomó el Director la ofensiva, sin embargo, de encontrarse Urquiza en el confín ingrato de la provincia donde aquél prometiera oficialmente concluir con él; dejó al enemigo plena libertad de acción en la zona oriental de los esteros y del río Santa Lucía, reservándose únicamente “incomodarlo” por retaguardia con los escuadrones del coronel Ocampos, sin protección del Ejército, cortados de éste.

Cuando Urquiza evacuó voluntariamente el Departamento San Miguel y marchó hacia el pueblo de Yaguareté Corá. El Director movió las columnas del Ejército aliado por la margen occidental de los esteros y del río Santa Lucía cruzando sucesivamente -con lentitud- los Departamentos de Caá Catí, Mburucuyá y Las Saladas:

“Aunque el enemigo no pensase en una completa retirada -decía entonces el general Paz- creo que debo obrar como lo hago, marchando a la altura de él. En esto no hay peligro y además siempre estoy en aptitud de cubrir la parte principal de la provincia, si él quiere penetrar por otro punto”(4).

(4) Carta del general Paz al gobernador Madariaga, fechada el 15 de Febrero de 1846, por la noche, a “inmediaciones de la Posta de Argüello”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Más tarde, el mismo general dijo que ejecutó su movimiento “para renovar en parte sus caballadas”(5).

(5) Detall de la última campaña. Al comentar este documento, en la parte reproducida, decía “El Pacificador”, correspondiente al 3 de Mayo de 1846:
“¡Alejarse de un enemigo en retirada para renovar las caballadas! Esta excusa en boca del enemigo, que debió traer las suyas quebrantadas, habiendo hecho una travesía casi triple de la distancia que nuestro Ejército había recorrido, podía admitirse; pero en boca del Director de la Guerra, que esperaba tener inmoble al enemigo para llevarle una inmensa ventaja, según lo manifestó en carta del 2 de Febrero, es de todo punto incomprensible.
“¿Cómo explicar la desviación de nuestro Ejército cuando el enemigo le volvía las espaldas? El general Paz no quiso pelear; todos sus preparativos, todos sus anuncios a este respecto, fueron aparentes.
“¿Ha sido por miedo, por desconfianza de su propia capacidad? Una tal pregunta puede reputarse como una torpe injuria respecto de un hombre como el general Paz. Ha sido porque el interés de la causa estaba enteramente subordinado a miras de otra especie...” (alude a los propósitos políticos hostiles del general Paz contra el gobernador Madariaga, que produjeron los desgraciados sucesos de Abril de 1846). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El movimiento del Director facilitó la cómoda retirada del invasor por el terreno firme que corre entre los esteros del Batelito, el río Batel, los esteros del Iberá y el río Corriente(6).

(6) Dos rutas tenía Urquiza para su retirada: la que siguió al internarse y la determinada en el texto. Esta última era la más corta y la más segura, sin obstáculos para el río Corriente. Las mismas se presentaban al Director para la persecución o la ofensiva en otra forma, pero ninguna de ellas tomó y, con la seguida por la banda occidental del río Santa Lucía hizo poco menos que materialmente imposible alcanzar al enemigo. Mediaba entre los dos Ejércitos una distancia de diez a quince leguas, que aumentaba por día y en ella se interponían los ríos Santa Lucía y Batel y los esteros del Batelito; por manera que los invasores efectuaron su retirada sin pena ni cuidado del Ejército Aliado. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La primera columna de los aliados -mandada por el gobernador, que no perdió tiempo e hizo empeño en dar alcance al enemigo- se puso sobre las inmediaciones del río Batel cuando Urquiza principió a vadear el río Corriente.

En Caá Guazú podía atacar con cierta ventaja, pero allí quedó inactiva, esperando la reunión de todas las otras porque así lo ordenó el Director, según el cual “era preciso que el Ejército se concentrase para emprender con la masa el Paso del Batel, a la inmediación de un enemigo que podía atacar en medio de la operación”(7).

(7) El general Paz dice en sus “Memorias Póstumas”:
“Alcanzar en el paso del río Corriente al Ejército enemigo había sido el objeto de nuestro movimiento, cuando más era de desear que algunos Cuerpos bien montados se adelantasen a hostilizarlo.
“Como la columna del gobernador tenía la más completa movilidad, había contado con ella para este fin. Cuando llegó el caso de verificarlo, el gobernador Madariaga no vaciló en declararme que él no pasaría el Batel porque éso sería comprometer a su hermano.
“El hecho es notorio que él hizo alto con su división en la margen del Batel y que para franquearlo fue preciso que llegasen las columnas que venían atrás, las que no tuvieron tiempo de obrar sobre el Ejército enemigo, que ya se había adelantado”.
“¡Es penoso ver a un hombre ilustre empequeñecerse, faltando conscientemente la verdad para deprimir ante la posteridad a un contemporáneo también ilustre!”, señala Mantilla al hablar de estos hechos, y prosigue: “El mismo general Paz escribió y publicó en el Boletín del Ejército Aliado el ‘detall de la última campaña’ y en ese documento dijo a sus tropas, a la provincia y a la República -sobre el punto a que se refiere la transcripción anterior- lo siguiente:
“La primera columna llegó al Batel o sus inmediaciones al mismo tiempo que el enemigo principiaba a pasar el río Corriente en Caá Guazú; las otras lo hicieron sucesivamente, pero era preciso que el Ejército se concentrase hasta cierto punto para emprender el pasaje del Batel con la masa del nuestro a la inmediación de un enemigo que podía atacarnos en medio de esta operación.
“Tan sólo hubiera sido fácil hacer obrar Cuerpos ligeros, que se retirasen con facilidad y aún repasasen el Batel, en caso preciso. De la primera columna se desprendió y pasó el Batel el escuadrón Ñanduy. No se supo positivamente del enemigo hasta que el coronel Ocampos abrió sus comunicaciones con el Cuerpo principal del Ejército; entonces se mandó desprender una fuerza de la segunda columna, que pasó el Batel poco después que el escuadrón Ñanduy; pero estos Cuerpos ya no encontraron al enemigo en el río Corriente y pasaron este río en su seguimiento”.
“La palabra oficial del Director de la Guerra desautoriza, pues, la ofensiva referencia de las “Memorias Póstumas”, opina Matilla en su “Crónica Histórica...”. “El calumniado gobernador Madariaga, lejos de asumir la actitud que Paz le atribuye, se quejaba de las disposiciones del Director, que facilitaron la retirada de Urquiza”, dice el historiador, agregando que “en cartas íntimas a su amigo y ministro Gregorio Valdés, decía:
“Febrero 23. ¡El enemigo ya está del otro lado del río Corriente y se va sin que lo hubiésemos hecho nada con este Ejército superior! Se lo llevan a Juan. Quién sabe cuál será su suerte. Mucho he sufrido y tengo que sufrir. Dios no quiera que siempre tengamos que sufrir tanto”.
- “Febrero 27. El enemigo marchó ayer de Villanueva y nosotros todavía por estas alturas (Batel y río Corriente). Vé si habrá batalla; es toda una fatalidad, pero así lo han querido”.
- “Marzo 2. No sé si hoy acabará de pasar el Ejército el río Corriente. Supongo al enemigo ya por la frontera. Aún no sé si ha llevado muchas haciendas. Urquiza nos ha burlado”.
- “Marzo 4. Ya ha mucho tiempo que se maquina para poner los destinos del país en manos de los cordobeses, pero no sabía por dónde reventarían. Han reventado contra mí. Antes de cuatro días saldré para dar cuenta, como deseo, de la conducta del Gobierno. ¿Es culpa mía que Urquiza nos haya burlado?”
- “Mercedes, Marzo 8. Sólo me detiene el hallar un abastecedor y establecerlo. Mi compadre Llanos me propuso a Manuel Molinas y le he dicho que lo mande. Pronto espero estar en ésa y convenceré a todos de que ninguna parte tengo en que nada se haya hecho al enemigo; muy al contrario; he secundado en todo las disposiciones del Director.
“¿Será posible que después de ésto y de haber perdido a mi hermano se me atribuya la culpa de desaciertos ajenos? Todos los que pertenecen al Ejército me justificarán y si alguien critica mi conducta tengo cómo desmentirlo. ¿Será posible que también sea yo culpado de los daños que han hecho los soldados del Ejército por donde han pasado y no el general que los manda?
“La división que ha estado a mis inmediatas órdenes no sólo no ha hecho el más pequeño mal sino que con ella he contenido a los del Ejército cuando los veía. Nada teman, ni den motivos para que con razón diga el Director que le cruzo.
“Hasta ahora marchamos al parecer en buena armonía; sí, creo que tiene sus desconfianzas; pero ésto es característico y yo no se lo podré quitar. Sus temores no son de que yo le estorbe nada; hay otras cosas que le hacen cosquillas”.
“La causa de las ‘cosquillas’ era esta franca prevención de Madariaga”, dice Mantilla.
“No consentiré que la provincia caiga en manos de cordobeses”, señalaba finalmente Madariaga. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

“Mientras el Director de la Guerra pensaba y disponía de suerte tan favorable a los intereses de Urquiza” -según Mantilla-, éste realizó tranquilamente el pasaje del caudaloso río, marchó sin cuidados hacia el campamento de Villanueva (cuyas instalaciones incendió), descansó un día allí y luego continuó la retirada con rapidez.

Mientras tanto, el Director tenía aún dudas sobre los propósitos del general enemigo y con lentitud y recelo aproximó el grueso de su ejército al Paso Caá Guazú(8); la única fuerza que siguió a Urquiza fue la del coronel Manuel Ocampos, compuesta por dos escuadrones de caballería en número de 150 hombres(9).

(8) "En el detall de la campaña, decía el Director:
“Era entretanto dudoso si éste (el enemigo) seguiría sus marchas o si haría alto en Villanueva, como parecía intentarlo. Nuestro Ejército se aproximó a Caá Guazú para pasar allí el río Corriente y lo empezaba a verificar cuando se supo que el enemigo continuaba su retirada con tal precipitación que tenía los visos de una fuga”.
De distinto modo habla el general Paz en sus “Memorias Póstumas”, pues dice en ellas:
“El Ejército había principiado a pasar el río Corriente en Caa Guazú en la inteligencia de que Urquiza haría alto en Villanueva, según lo había escrito al gobernador, y en donde me proponía estrecharlo y batirlo, llegada que fuese la ocasión”.
“Esta compostura ex post facto es falsa en todo”, dice Mantilla, para señalar luego:
“El Director no se propuso dar alcance a Urquiza y menos batirlo en Villanueva; por eso, aún no había terminado el Ejército Aliado el pasaje del río Corriente, el 1 de Marzo de 1846, cuando ya aquél pisaba el territorio de Entre Ríos.
“En ninguna forma comunicó Urquiza al gobernador Madariaga que haría alto en Villanueva; ese invento salió del círculo íntimo del Director, para desacreditar al gobernador con fines políticos.
“El texto del ‘detall de la campaña’ demuestra que la afirmación de las ‘Memorias Póstumas’ es falsa. Si el Director sabía -por la supuesta comunicación de Urquiza- que éste se detendría en Villanueva, no era posible que en el ‘detall’ dijese: ‘Era dudoso si el enemigo seguiría sus marchas o si haría alto en Villanueva’.
“Si Urquiza tenía el propósito militar o político de hacer alto en Villanueva no se explica que ‘continuase su retirada con todos los visos de una fuga’, sin que el Director lo hubiese hostilizado”, afirma el historiador correntino.
(9) Dice el general Paz, en sus “Memorias Póstumas”:
“Las fuerzas que obraban en este momento (después del pasaje de Urquiza) sobre el enemigo, eran las siguientes: coroneles Velazco y Salas, con 2 escuadrones, 400 hombres; coronel Ocampos, con dos escuadrones, 150 hombres; coronel Hornos, 1 escuadrón, 200 hombres; comandante Cáceres, 2 escuadrones, 250 hombres; mayor Careaga, 1 piquete, 50 hombres; mayor Azcona y Antonio Madariaga, 200 hombres. Total: 1.250”. El ‘detall de la última campaña’ lo asevera en el texto.
“Según él, ‘el coronel Hornos con el escuadrón Entrerriano y el comandante Nicanor Cáceres con la legión Curuzú Cuatiá habían pasado el río Corriente en el Paso Borda (muy distante y al oeste del Caá Guazú), antes que el enemigo. Sobre el Miriñay se hallaba el mayor Antonio Madariaga, con las fuerzas de Misiones y parte del escuadrón Paiubre (de Azcona)’.
“Los coroneles Velazco y Salas no encontraron al enemigo en el río Corriente; ya el coronel Ocampos lo había pasado también. Pasaron el río en seguimiento de aquél”, explica Mantilla.
La única fuerza que siguió inmediatamente al enemigo fue la de Ocampos. El piquete del mayor Careaga se dirigió al Departamento Esquina. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

En protección de Ocampos desprendió el Director a los coroneles Faustino Velazco y J. Manuel Salas con 400 hombres de caballería(10) y, cuando supo que el enemigo se había retirado precipitadamente de Villanueva apuró el pasaje del río Corriente y ocupó de nuevo su antiguo campamento, del 4 al 6 de Marzo de 1846.

(10) Velazco y Salas no alcanzaron a Ocampos. Este pasó el río Corriente el 24 de Febrero de 1846, después de haber batido los restos de la retaguardia de Urquiza, el día anterior, arrebatándoles dos mil cabezas de ganado, y siguió al enemigo con tres días de delantera a Velazco y Salas, que pararon en Paiubre. Las “Memorias Póstumas” del general Paz atribuye este hecho a “intriga de conspiradores contra la autoridad del Director”, “cuando fue lógico resultado de las disposiciones del mismo Director”, añade Mantilla. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 201. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Una casualidad facilitó un triunfo al coronel Ocampos, el día 1 de Marzo de 1846. La retaguardia enemiga ocupaba el Paso Piedras, en el río Mocoretá, por donde había pasado el Ejército, que acampaba en Pago Largo. No lejos se encontraba el coronel Ocampos con su fuerza aumentada por la incorporación del coronel Manuel Hornos.

Uno de los pocos prisioneros tomados por Urquiza en Laguna Limpia logró fugar y dio cuenta al jefe correntino de la posición y estado del enemigo. En el acto resolvió Ocampos atacar.

Las tropas del Paso fueron sorprendidas y dispersadas; en seguimiento de los fugitivos se lanzaron los vencedores por un terreno montuoso, sorprendiendo y arrollando sucesivamente varios escuadrones que se hallaron a su paso hasta que, sentidos por el Ejército y contenidos por la infantería -que corrió a defender las carretas del parque- regresaron a sus puestos con algunos prisioneros, doscientos caballos, armas y equipajes, dejando en el campo muchos muertos, entre ellos dos oficiales, sin más pérdida que dos muertos y dos heridos.

- Consecuencias de la invasión

La campaña fue militarmente infortunada para las dos partes y calamitosa para los habitantes de la provincia. No obstante las ventajas parciales obtenidas y haberse internado hasta el confín del territorio, Urquiza, que prometiera subyugar a Corrientes, salió de ella en fuga precipitada -equivalente a derrota- con sus tropas desmoralizadas y raleadas por la deserción, con su reputación comprometida ante la rehuida de la batalla que se le ofreció.

Las operaciones del general Paz, si bien evitaron una gran acción de éxito dudoso, no sirvieron ni para compensar los pequeños triunfos de los invasores, sin embargo de que durante la retirada de ellos pudo haber hecho lucir el Director de la Guerra las dotes sobresalientes que la daban fama y de la que todos esperaban hechos extraordinarios.

La lucha contra Rosas no avanzó ni retrocedió militarmente, quedó cuál estaba antes de la invasión; apenas cosechó una fugaz ventaja moral. En cambio: ¡Cuántas calamidades en la provincia!

Por orden del Director de la Guerra y también por temor al enemigo, abandonaron sus casas y los pueblos, salvando lo que podían alzar y arreando sus haciendas, todos los habitantes del territorio limitado por los ríos Paraná, Santa Lucía, Iberá, Miriñay y las fronteras de Entre Ríos y Brasil.

La masa de esa emigración de trece pueblos con sus respectivos vecindarios de campaña buscó refugio en el norte, soportando padecimiento crueles y pérdidas en marchas sin descanso, bajo los rigores de la estación del calor, por terrenos sin caminos o con muy feos, cruzados por ríos caudalosos sin embarcaciones en los pasos.

Vidas, intereses, hogares perecieron sin utilidad para la causa; estériles sacrificios, que engendraron solamente amarguras y miserias. El invasor, por su parte, aunque menos bárbaro que en 1839 y 1843, en su retirada destruyó propiedades, hizo muertes, trató sin miramientos a las familias fugitivas que halló en su tránsito y levantó como botín de guerra las haciendas particulares.

El Ejército Aliado también dejó ingratos recuerdos en todo su trayecto, con los perjuicios innecesarios hechos por el desorden de las tropas(11).

(11) Cuando el Ejército Aliado marchó en retirada, arreaba con todo “para privar de elementos al enemigo”; cuando el mismo retrocedió por la margen derecha del río Santa Lucía tomaba sin reparo lo que hallaba a la mano “para activar los movimientos y dar alcance al enemigo”. Ambos motivos dieron lugar a grandes abusos, no reprimidos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 202. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Tortuosas negociaciones entre Madariaga, Urquiza y Paz

El concepto político que importaba el Tratado de Alianza con la República del Paraguay; las propuestas de un arreglo pacífico que Justo José de Urquiza hiciera llegar por intermedio de Juan Madariaga, encaminadas a destruir la obra unitaria del Directorio del general José maría Paz; y la circunstancia de haber -el general Urquiza- vuelto a Entre Ríos con los honores del triunfo, aunque sin haber dado la batalla final, intensificaron las diferencias entre el gobernador de Corrientes y el Directorio de la Guerra.

No fueron extrañas a estas divergencias, recriminaciones contra la falta de decisión del Jefe del Ejército correntino, que eludió la batalla en superioridad de condiciones.

El poder popular de Madariaga y el prestigio nacionalista de Paz no podían armonizar. La división de pareceres era honda, contando en su apoyo una u otra de las tendencias, con elementos ponderables de la sociabilidad de la provincia.

Más aún, entre los hombres de la clase dirigente eran mayores las simpatías del Director de la Guerra, tanto porque a él se inclinaban los unitarios dogmáticos, cuanto porque la calumnia, influyendo sobre el elemento pensante, imputaba la conformidad de Madariaga a las condiciones de Urquiza, deseo egoísta de salvar a su hermano Juan, prisionero del rosismo cruel y sanguinario.

A todo esto hay que decir cómo -desde Diciembre de 1845- en virtud de la ley que prorrogó el imperio de la 8va. Legislatura y del gobernador Madariaga, el Gobierno de la provincia fue sólo una autoridad de facto.

La circunstancia sirve de pretexto a una mayoría legislativa, afecta al general Paz y se proyecta declarar cesante a Joaquín Madariaga en sus funciones de gobernador a raíz de un decreto en que se convocaba al pueblo a la renovación legislativa.

El prestigio popular de Madariaga iría a sacar triunfante -en las asambleas electorales- a los ciudadanos que le eran afectos incondicionalmente.

Con tales propósitos, la mayoría legislativa solicita del general Paz un jefe caracterizado con fuerzas bastantes, para el caso de que el gobernador tratara de sostenerse.

Apercibido Madariaga del peligro, pone presos a los conspiradores y sale al encuentro del general Abalos -enviado por Paz- consiguiendo con fuerzas poco numerosas un triunfo facilísimo.

La división del general Abalos, casi toda correntina, desbándase apenas sabe que era enviada para derrocar al gobernador y la oficialidad retorna al campamento de Paz. La anarquía culminó en el Ejército.

La misma persona del Director de la Guerra no estaba segura, por lo que, dando por perdida la plataforma de Corrientes al pensamiento hermético de sus convicciones unitarias, abandona la provincia, pasando a la República del Paraguay con alguna tropa que existía en el Ejército correntino, de Santa Fe y Entre Ríos.

Mientras el general Madariaga se garantizaba de futuras conspiraciones desterrando al Paraguay a su ministro José Inocencio Márquez y a los diputados del Congreso General, el presidente de esta República, Carlos Antonio López, llamaba a su hijo y a la división paraguaya.

Simultáneamente, como vemos, la acción de Madariaga perdía su carácter nacionalista y la ayuda del aliado López, derivando hacia la tendencia federal en cuanto al pensamiento político.

El doctor Pujol integraba la 8va. Legislatura en su carácter de diputado por La Cruz. Su elevación de miras, el convencimiento de que el general Paz era imprescindible en la lucha -por sus dotes superiores de estratega- y la íntima amistad que se profesaban con el doctor Santiago Derqui, gestor inmediato de los intereses del Director de la Guerra, lo complicaron en los planes de apartar al general Joaquín Madariaga del Gobierno de la provincia.

Vióse, pues, envuelto en los sucesos que se produjeron e incluido en el destierro de los diputados, después que el decreto del 2 de Abril de 1846 declaró disuelta la 8va. Legislatura.

Dictada el 9 de Julio de 1846 por la nueva Legislatura que convocara Madariaga, una ley que autorizaba a los proscriptos a la vuelta a la patria, así lo hace el doctor Pujol, comunicándolo al entonces gobernador delegado Juan Baltazar Acosta(12).

(12) Juan Pujol, “Archivo de Pujol”, tomo I, p. 183. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Expresa, en esa oportunidad, sus sentimientos de constante adhesión y respeto a las autoridades y agrega: “Que sea cuál fuere el rol que ocupare en lo sucesivo, es y será mi anhelo la gloria y prosperidad de la patria”.

El Gobierno de Corrientes, el 29 de Agosto de 1846, considerando que no afectaba a la tranquilidad pública la permanencia del doctor Pujol en el “país de su nacimiento”, lo reintegra en el pleno goce de los derechos del ciudadano.

- Urquiza inicia tratativas de paz

En el campo de la política fueron desastrosas las consecuencias de la campaña. El prisionero, general Madariaga escribió el 5 de Febrero de 1846 a su hermano, el gobernador, asegurándole que Urquiza anhelaba hacer la paz porque pensaba íntimamente como ellos dos; que estaba dispuesto a todo, menos a entenderse con el general Paz; que era conveniente buscar medios para iniciar una negociación.

La mano de Urquiza estaba en la carta, que no mentía. Realmente, en esa época, el teniente de Rosas se preocupaba de aumentar sus elementos propios, sus amistades y aliados para dar oportunamente cuenta de su amo, cuya preeminencia ambicionaba.

El gobernador puso la carta en manos del Director de la Guerra y éste hablaba entonces del hecho en los términos siguientes:

“Al señor gobernador le he oído discurrir con este motivo del modo más patriótico y caballeresco y aunque ha contestado en un sentido obtemperador a los deseos que le han manifestado, ha sido únicamente con el fin de garantir en cierto modo la vida de su hermano; ha quedado en que no hará cosa alguna en este negocio sin que nos concertemos”.

La contestación a la carta del prisionero contenía esta declaración:

“No hallo forma de promover una negociación de acuerdo con mis compromisos, mis ideas y los compromisos e ideas de la provincia”(13).

(13) Confiesa el general Paz en sus “Memorias Póstumas”, que el gobernador le enseñó la contestación y asegura que en ella “se prestaba a la negociación y prometía que iba a preparar los ánimos luego que se reuniese al Ejército”. “Las dos últimas afirmaciones son falsas; el gobernador Madariaga dijo lo que reproduzco en el texto (tomado del borrador de su carta) agregando, sin embargo, que estaba ‘anheloso de poner término a la desoladora guerra’. Esta manifestación era diplomática y sin compromisos”, señala Mantilla. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 203. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Instruido Urquiza, dirigió al gobernador una extensa carta, datada en Yaguareté Corá, a 17 de Febrero de 1846, en la que abundaba en manifestaciones pacíficas y patrióticas:

“Ud. ha manifestado a su señor hermano -decía- que no sabe cómo hacer una abertura para entenderse conmigo de acuerdo con sus compromisos y los de su país, pero no trepido en asegurarle que nada exijo contra su decoro, contra la seguridad, honor y bienestar de sus amigos, ni contra su país.
“Deseo sinceramente la paz. Creo que Ud. y yo podremos darla a la República, entendiéndonos y obrando con la franqueza de dos hombres ajenos de mezquinas ideas. Recuerde Ud. lo que era antes de la guerra Corrientes, lo que era Entre Ríos y lo que son hoy. En lugar de la riqueza y de la abundancia que por todas partes se derramaban, sólo se encuentran ruinas, miseria, desolación y llanto, el exterminio de una gran parte de los hijos y la expatriación de infinitas familias.
“¿Aún queremos guerra? ¿Se emprenderá otra nueva, que concluya los restos de las fortunas particulares que han quedado y se sacrificará más americanos? Paz; paz es lo que necesitamos y por la que tanto anhelo y le hablo a Ud. en este lenguaje, porque estoy cierto que hará Ud. justicia a mis sentimientos.
“No es la desconfianza del triunfo de las armas que mando que me induce a hablar así. Ud. conoce que a más del Ejército que he traído, he dejado mi reserva en Entre Ríos y que debo contar con la cooperación de toda la República para hacer la guerra; pero yo no quiero guerra.
“Tratemos de la paz; pero que sea con hombres que sinceramente la desean; por eso desde ya le advierto a Ud. que debemos apartar de toda injerencia a esos aventureros que, sembrando la discordia por todas partes nada tienen que perder y trabajan sólo por ver si con la guerra pueden llenar sus ambiciosas pretensiones...”.
“Adjunto a la carta iba un pliego de bases, en seis artículos, sin firma -enseña Mantilla; según ellas, Corrientes celebraba paz con la Confederación Argentina, delegaba en Rosas la representación exterior, se obligaba a expulsar de su territorio al general Paz y a no mantener relaciones con las potencias que hostilizaban al dictador, en cambio de lo cual quedaba reconocida la legalidad de la situación de la provincia, olvidado todo lo pasado y plenamente garantizadas las personas, las propiedades y las opiniones políticas.
“El gobernador, fiel a sus compromisos, enseñó los nuevos documentos al Director de la Guerra sin tomar ninguna resolución ni cambiar de ideas ni de actitud. Esa vez había ya de que tratar seriamente entre ambos; la proposición de Urquiza era asunto de capital importancia y el gobernador y el Director conferenciaron y convinieron en un proyecto de contestación pero, antes de darla, lo sometieron al juicio y resolución del aliado.
“Desde entonces, sin embargo, el Director de la Guerra se retrajo y mostró desconfiar de la lealtad de Madariaga”(14).

(14) “El general Paz adultera la verdad en sus ‘Memorias Póstumas’, cuando afirma que ‘por otros conductos’ y no el directo del gobernador le llegó la noticia de la correspondencia de Urquiza, datada en Yaguareté Corá”, dice Mantilla, y agrega: “El dio origen a esa voz en el Ejército con fines políticos, cuando por la lealtad de Madariaga se impuso de la carta de Urquiza, y de ello es prueba concluyente la siguiente referencia del coronel Eustaquio Frías, entonces jefe de la Escolta del Director:
‘Quiso la casualidad que una comunicación de Urquiza, dirigida al gobernador, viniera al poder del general Paz; entre otras cosas proponía Urquiza hacer desaparecer a Paz y a los jefes que había llevado en su compañía. Este reunió entonces a todos los jefes y, sin decirles nada de la comunicación que tenía en sus manos, les hizo presente que él sospechaba que el Gobierno estaba en arreglos con el general Urquiza y que una de las cláusulas de este arreglo suponía fuera hacer desaparecer al general y a los jefes que había traído de Montevideo.
‘Ninguno contestó una palabra a pesar de que varios estaban en el secreto de esta negociación. El general dijo: ‘Yo no creo en la buena fe de Urquiza; pero no soy un obstáculo, ni los jefes que me han acompañado; todos somos enemigos de Rosas y todos seríamos útiles puesto que Urquiza se resuelva a declararse contra el tirano´.
‘Todos guardaron silencio y se retiraron’ (“Recuerdos de la Vida de Campamento”, M. S.).
“También afirma falsamente el general Paz -prosigue Mantilla- en las citadas ‘Memorias...’, que ‘Urquiza mandó después correspondencia desde Villanueva’ al gobernador, sobre el mismo asunto tratado en la carta de fecha 17 de Febrero. Urquiza guardó silencio cuando no recibió respuesta a su carta; el 15 de Mayo de 1846 escribió por segunda vez al gobernador Madariaga, contestando la carta de agradecimiento que le dirigió, por haber puesto en libertad a su hermano Juan”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 203. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Este (el gobernador) no contestó a Urquiza, esperando la opinión del presidente López, ni dio respuesta a tres cartas que posteriormente le dirigió a su hermano -el prisionero- urgido por aquél, manteniéndose de esa suerte firme en el deber del magistrado, del soldado y del ciudadano(15).

(15) El gobernador Madariaga no contestó a Urquiza ni a su hermano. He aquí la prueba:
“Puntas de Aguay, Febrero 28 de 1846.
“Mi estimado hermano Joaquín:
“El 17 del corriente tuve el gusto de recibir tu carta de fecha 8 y en aquel mismo día despachamos al conductor. Sin embargo que confío habrá llegado a tu presencia y que habrás recibido la importante correspondencia de S. E., el señor gobernador Urquiza, y mi carta, no quiero dejar de volver a escribir para si algún evento las hubiera extraviado... Juan Madariaga”.
- “Yuquerí Chico, Marzo 8 de 1846.
“Mi estimado hermano Joaquín: tengo esperanzas que hayas recibido mi carta fechada el 17 de Febrero y la que S. E. el señor gobernador te dirigía.
“De Aguay volví a escribirte reproduciéndote algunas cosas por encargo de S.E.; de ninguna tengo contestación... Juan Madariaga”.
- “Campamento General en Cala, Marzo 13 de 1846.
“Mi estimado hermano Joaquín: después del recibo de la carta fechada el 8 de Febrero, hasta este momento no hemos recibido ninguna otra tuya, lo que me tiene con grandes ansiedades y dudas de que hubieren sufrido algún extravío ... Juan Madariaga”.
- “Cuartel General, Cala, Mayo 15 de 1846.
“Sr. Gobernador, don Joaquín Madariaga:
“Mi estimado amigo y compatriota: no sabía a qué atribuir su silencio en contestar mi comunicación del 17 de Febrero último; más, después que me impuse de su apreciada carta -datada a 4 del actual, desde San Roque- he visto los hechos que le han privado y por lo mismo le hago toda la justicia que se merece, pues nada más acertado que conducirse con circunspección, tino y decencia ... Justo J. de Urquiza’’ (M. S. originales, en mi poder). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 203. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Rosas impide negociación de paz iniciada con los Madariaga

Al dar cuenta de su regreso a Entre Ríos, el general Urquiza comunicaba a Rosas la negociación de paz iniciada con los señores Madariaga y enviaba al Sargento Mayor Juan Castro con instrucciones de ampliar, de viva voz, lo concerniente a estos asuntos.

El 11 del mes de Abril de 1846, el ministro de Rosas, Felipe Arana, contestaba al general Urquiza aprobando la apertura de negociaciones para un Tratado de Paz pero estableciendo condiciones imposibles para el Gobierno de Corrientes: se exigía la inmediata entrega de los jefes y oficiales unitarios, originarios de otras provincias, que prestaban servicios en el Ejército de Corrientes.

El general Urquiza explicó al ministro Arana la imposibilidad de exigir esta condición, que importaba la entrega de Paz, López y tantos valientes y continuó las negociaciones.

De acuerdo ya con el gobernador Madariaga, Urquiza fija el lugar y fecha en que habían de convenirse las condiciones del negociado y el 15 de Agosto de 1846 se reúnen ambos gobernadores en Alcaraz, residencia entonces de la Comandancia Militar del Departamento de La Paz, de cuyo punto distaba pocas leguas.

Los Tratados, conclusos en 48 horas, lo que hace presumir un entendimiento preliminar, se redactaron y firmaron en dos cuerpos, el uno público y el otro secreto(16), suscribiéndolos, por el Gobierno de Corrientes el ministro Gregorio Valdés, y por el de Entre Ríos el comisionado, coronel José Miguel Galán.

(16) Véaselos en la obra de Juan Pujol. Archivo de Pujol, tomo 1, p. 138. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El Tratado público restablecía la paz, amistad y buena inteligencia, no solamente entre ambas provincias sino también con respecto a las demás que componían la Confederación Argentina (artículo 1); declaraba el olvido absoluto de todos los acontecimientos que habían tenido lugar durante la disidencia de la provincia de Corrientes, sobre cuyos acontecimientos no se haría cargo ni a los Gobiernos ni funcionarios públicos por los actos de administración (artículo 2); obligaba a Corrientes a la observación del Tratado de Enero 4 de 1831 (artículo 3); radicaba en el Gobierno de Buenos Aires la dirección de las Relaciones Exteriores (artículo 4); y establecía la ratificación de los Gobiernos de Entre Ríos y Corrientes dentro del término de sesenta días.

El Tratado secreto, que por el artículo 2 del mismo debía considerarse como adicional y complemento del público y que también debía ratificarse, limitaba, en lo que respecta a Corrientes, la observancia del Pacto Federal del 4 de Enero de 1831; a que sus obligaciones no se exigirían a Corrientes en la guerra con el Estado Oriental del Uruguay; ni en las diferencias que se tenían con los Gobiernos de Inglaterra y Francia.

Se limitaba también la extradición de delincuentes a los crímenes qne se cometieran después de la ratificación de los Tratados y se permitía que los Convenios de amistad y comercio que Corrientes había acordado con el Paraguay, así como las relaciones que tenía establecidas con Estados vecinos, continuasen hasta que los intereses de la Confederación Argentina exigiesen otros arreglos (artículo 1).

Al tenor de estos Tratados, Corrientes ingresaba a la Confederación con sus compromisos con otros Estados, ajustándose sus obligaciones a las del Pacto Federal, sin responsabilidad alguna por sus actos insurreccionales y limitando su contribución a las guerras futuras del país, con las excepciones del Uruguay, Inglaterra y Francia.

Hay que puntualizar la circunstancia de que si en el texto del Tratado el coronel Galán procedía únicamente como representante del Gobierno de Entre Ríos, su credencial(17) establecida era “previo conocimiento y aprobación del excelentísimo gobernador encargado de las Relaciones Exteriores”.

(17) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 71. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El general Urquiza mandó a Rosas los Tratados por medio del coronel Galán, que estuvo más de dos meses en Buenos Aires sin conseguir resolución alguna. El comentario rosista sindicaba a Urquiza como traidor y las publicaciones subieron de tono.

Parece claro que Rosas esperaba el vencimiento del término de sesenta días establecido para la ratificación de los Tratados en esperanza de que la intriga unitaria, influyendo sobre los hombres de Corrientes, excusara la terminación del negociado.

No era así, sin embargo. Por el contrario: tanto Madariaga como Urquiza insistían en sus propósitos y es así como el último envía al doctor Francisco D. Alvarez a la capital correntina, ¡con la exclusiva misión de pedir a Madariaga el uso de la cinta punzó!

Este acepta pero en cambio de la inmediata ratificación y publicidad de los Tratados. Era garantizar el cumplimiento de las promesas del general Urquiza. Conforme el doctor Alvarez y al tenor de la ley provincial del 13 de Octubre de 1846, en el mismo día el gobernador Madariaga firma la ratificación de los Pactos de Alvarez.

El general Urquiza, por su parte, y desde el campamento de Cala, ordena el 8 de Noviembre de 1846 al delegado Crespo que, con las formalidades de ley, se ratifique por Entre Ríos los Tratados poniéndole fecha 15 de Octubre de 1846 y como suscripta en Cala y autorizada por el secretario en campaña, Manuel Azula.

La ratificación por Entre Ríos no se produjo. Retardada por el delegado Crespo(18), que formulara algunas objeciones, fue impedida después por el propio doctor Alvarez que llegó a Cala el 19 de Noviembre de 1846.

(18) Véase Domingo Crespo. “Memorias”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Venía el doctor Alvarez(19) alarmado de Corrientes. El gobernador Madariaga, que al principio había accedido a poner de inmediato el parque y el ejército de su provincia a disposición del general Urquiza, había manifestado que necesitaba previamente establecer las bases de una alianza contra Rosas. La demanda, tal vez legítima, era inoportuna.

(19) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 74. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

No había que perder tiempo. La grita contra Urquiza se había intensificado y manifestaciones públicas, como las realizadas en Santa Fe y San Nicolás, clamaban contra el gobernador de Entre Ríos.

El doctor Alvarez consiguió convencer al general Urquiza del peligro que importaría una ratificación precipitada y el futuro organizador de la República escribía el 12 de Noviembre de 1846 a Madariaga(20) explicando el retardo de la ratificación por defectos de forma, pero insistiendo en que “a pesar de ésto, podía contar siempre con la mayor seguridad de lo que le tengo prometido”.

(20) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 79. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El mismo gobernador de Corrientes había contribuido a la difícil situación de Urquiza con un mensaje calculado a destruir la oposición que los amigos de Paz hacían a los Tratados. El mensaje, demasiado franco, contenía el siguiente párrafo, cuya importancia política no escapará a ninguno. Decía:

“Si no nos seguimos matando, si aún no se derrama la sangre argentina por mano argentina; si gozamos de paz interior y esperamos un porvenir venturoso es porque quedamos como si hubiéramos sido derrotados, con el material del Ejército destruido, con las caballadas inutilizadas, con el parque y comisaría destrozados; porque el Gobierno paraguayo, a pesar de habérselo requerido para continuar la lucha, declaró fenecida la Alianza; y, en fin, porque no podemos fiar en la intervención extranjera y porque han fallado todas las probabilidades favorables a los cálculos de la prudencia”(21).

(21) En el texto no se mencionaba la autorización de Rosas. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

¿Cómo quedaba el general Urquiza con esta confesión palmaria de incapacidad del Gobierno de Corrientes ante el criterio exaltado de los secuaces del dictador? El mote de traidor, que le daban en las demostraciones rosistas, encontraba una casi justificación. ¿Para qué hacer la paz con un régimen que se podía dominar destruyendo un seno esforzado de toda reacción? El mismo gobernador Madariaga encontró justicia en las observaciones que se le hicieron y que excusó en el estado anárquico de la provincia(22).

(22) La carta de Urquiza. Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 85. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El 26 de Noviembre de 1846 llegaba a Cala el coronel José Miguel Galán llevando la contestación de Rosas a los Tratados de Alcaraz. Los desaprobaba en la forma y en las cláusulas que limitaban las obligaciones de Corrientes.

El general Urquiza, convencido tanto por las observaciones personales del doctor Alvarez cuanto por la propia correspondencia del gobernador Madariaga de la existencia de elementos que trabajaban en Corrientes por apartar de la paz a las provincias contratantes, debió buscar -ante el peligro de encontrarse solo(23)- una fórmula conciliatoria.

(23) El Gobierno de Montevideo no le garantizó su cooperación. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Instó entonces al Gobierno de Corrientes a aceptar las modificaciones que el general Rosas proponía y comisionó al efecto al mismo coronel Galán. La parte reservada de la misión consistió en asegurar a Madariaga que el general Urquiza no había cambiado el propósito de dar en tierra con la dictadura.

Las proposiciones que Rosas formulaba(24) pueden concretarse en la siguiente forma:

1.- Restablecía la paz, amistad y buena inteligencia entre la Confederación y Corrientes, la que se reincorporaba en la forma y términos del Pacto Fundamental del 4 de Enero de 1831;
2.- Encargaba al Gobierno de Buenos Aires la dirección de los asuntos de Paz y Guerra;
3.- Permitía la vuelta de los emigrados rosistas a Corrientes, que Madariaga se había anticipado a establecer, recibiendo hasta al ex gobernador Cabral, y obligaba a la devolución de las propiedades confiscadas y a satisfacer los reclamos por daños en sus personas e intereses;
4.- Indemnización a los individuos dañados por el apoderamiento de buques y cargamentos argentinos que tuvo lugar en el Puerto de Corrientes en 1844;
5.- Fijaba el plazo de 60 días para la ratificación.

(24) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 101. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Como se observa, varias y fundamentales eran las divergencias entre las estipulaciones de los Tratados de Alcaraz y el propuesto por Rosas. En primer término, se hacía a un lado las limitaciones del Tratado secreto. En segundo, no se declaraba el olvido(25) de los acontecimientos políticos ni se irresponsabilizaba de ellos a los Gobiernos y ex funcionarios.

(25) Véase el artículo 2 del Tratado público de Alcaraz en la obra de Juan Pujol. Archivo de Pujol, tomo 1, p. 138. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Y, en tercer lugar, se castigaba a Corrientes con indemnizaciones, tanto a sus hijos emigrados cuanto a los individuos perjudicados por las presas de guerra y, en especial, aquélla de cuarenta barcos cargados de efectos de ultramar...

¿Y los daños sufridos por habitantes de Corrientes en la guerra fluvial? ¿Y los cargamentos decomisados en 1843 por el ex gobernador Cabral que, desde Entre Ríos, emigrado, diciéndose funcionario en ejercicio, hacía vender por cuenta del Gobierno de la provincia?

Sin embargo, de todas estas divergencias y con la consiguiente sorpresa del rosismo neto, el general Madariaga, en su carta a Urquiza del 13 de Diciembre de 1846, aceptaba en general las objeciones de Rosas(26).

(26) Publicada en la obra citada de Ruiz Moreno. Muy importante. Esta carta fue omitida por Juan Madariaga en la publicación que hizo en Buenos Aires, en 1852, de los documentos referentes a los Tratados de Alcaraz. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

La lectura detenida de este importante documento deja la convicción de que el general Madariaga procedía en esa forma por “las explicaciones que le había dado el coronel Galán”. Sin embargo, de su categórica aceptación, insistía Madariaga en la necesidad de suprimir del Tratado las cláusulas 3 y 4, que obligaban a Corrientes a la reparación de los daños y perjuicios de la guerra.

Decía el gobernador que las autoridades correntinas habían, de motu propio, comenzado esas reparaciones en la medida de sus fuerzas, siendo por tanto innecesarias las cláusulas. La insistencia al respecto era firme y concluyente. Terminaba indicando la conveniencia en fechar el Tratado el 14 de Agosto de 1846, en Alcaraz, desde el momento que estos Tratados originales habían permanecido reservados, así se evitaría -agregaba- la cavilosidad y la crítica.

El general Urquiza creía no poder apartarse de las instrucciones de Rosas, por lo que ordenó a Galán insistiese en la aceptación lisa y llana del proyecto. Más, convencido de la paz puso, el 14 de Enero de 1847, a las órdenes del gobernador Madariaga, la división formada por correntinos que había servido en el Ejército a las órdenes del general Garzón.

El 10 de Marzo de 1847, Madariaga agradecía “esa prueba de fraternidad y de unión entre los pueblos hermanos”. Estrechado el Gobierno correntino, exigió que a continuación de las cláusulas Tercera y Cuarta se pusiera “en cuanto le fuera posible”. El comisionado Galán no aceptó y, ante esta nueva negativa, declara, en Nota del 10 de Marzo de 1847, terminada la negociación.

El gobernador Madariaga retardó la entrega de los pasaportes en espera de que el inconveniente pudiera solucionarse pero, al fin, el 5 de Julio de 1847, tuvo que hacerlo y el coronel Galán se retiró de Corrientes. Así terminó el acercamiento suscitado por los Tratados de Alcaraz.

Tenemos, para nosotros, la convicción de que el valor histórico de los Tratados a que referimos, es otro del que denuncian los términos de sus cláusulas.

Revelan que el general Urquiza tenía el pensamiento de derrocar a Rosas para organizar al país y que buscaba el acuerdo con Corrientes. La certeza de estos propósitos de Urquiza la tenemos de una Memoria reservada que dejó escrita, de su letra, Antonio Crespo(27) y de las mismas conversaciones que tuvo con Madariaga, el que las hizo públicas en su Manifiesto del 30 de Octubre de 1847 en que explicaba el rompimiento con el general Urquiza.

(27) Antonio Crespo. “Memorias”, publicada por Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 67. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Tal interpretación de los Tratados de Alcaraz es la única que explica perfectamente el negociado posterior, sobre la forma propuesta por el general Rosas al gobernador Urquiza.

En efecto, ¿cómo admitir en el general Madariaga la aceptación, que realizó, en términos generales, de la enmienda de Rosas, sin el convencimiento de que labraba un Pacto precario, sujeto a la posibilidad de vencer al dictador, en cuanto las circunstancias lo permitiesen?

El general Madariaga tenía la seguridad de los propósitos de Urquiza. El Tratado no sería entonces sino un modus vivendi, una fórmula para encubrir la intención y mantener la paz necesaria. Por eso aceptaba la anulación de la parte secreta, que limitaba la contribución de guerra de Corrientes.

Además, dentro de la Confederación, el levantamiento contra Rosas sería más legítimo cuando se invocase el Pacto federativo de Enero de 1831, incumplido por las usurpaciones de Rosas.

Pero lo que el gobernador de Corrientes no podía ni debía permitir, era obligar a la provincia a la reparación total de los daños inferidos al rosismo en la guerra, tanto en lo que respecta a los correntinos cuanto a los individuos damnificados por las presas fluviales. Ello era la ruina, era comprometer por un siglo, o más, el porvenir de la provincia.

Cierto que el Tratado sería precario en cuanto a la paz con Rosas, pero es indudable que valdría en cuanto a las obligaciones que se pretendía arrojar sobre los hombros de Corrientes. Así lo entendió el general Madariaga y se mantuvo enérgico en sus observaciones.

Puede suponerse lo que había significado el reintegro del convoy de cuarenta barcos apresados en 1844 y del que se hacía expresa mención en la enmienda de Rosas.

Algo más: si el general Urquiza hubiera desistido de sus proyectos, firmada la enmienda tal cual la exigía el dictador, el Tratado en su parte política no habría afectado el porvenir correntino.

Quedaba la provincia dentro de la Confederación, pero con los derechos de garantía que el Pacto Federal de 1831, suficientemente conocido, contiene. Pero si ese desistimiento se hubiese producido conteniendo el Tratado las cláusulas de indemnización, ¿no habrían ellas habilitado a una intervención manu militari para hacerlas cumplir, despojando al pueblo con tal excusa de su riqueza privada, ya que la pública no era conocida ni existía sino a base del papel moneda..?

¿Acaso en el medio contemporáneo no hemos visto el derecho de las naciones hollado por la intervención extranjera, fundada en créditos privados de sus nacionales?

El general Madariaga procedía previsoramente al no atar el porvenir de su provincia. Si hubiera accedido en esta parte a la presión que circunstancialmente realizaba Urquiza, en nombre de Rosas, el desconcepto popular habría concluido con su Gobierno. El unitarismo intransigente presionaba sobre el círculo de sus amigos y lo precipitaba a las situaciones extremas. Fue la que eligió la provincia, tal vez conciente de su sacrificio.

El poder del dictador iría a reproducir la tragedia de Pago Largo.

Información adicional