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Reorganización del Ejército. Política de Madariaga

Joaquín Madariaga se puso con empeño a la obra de rehacer el poder militar de la provincia para afrontar los sucesos en el orden de sus invariables ideas. Además de los jefes correntinos, tenía el concurso de los coroneles Carlos Paz, Manuel Saavedra, Joaquín Baltar, Faustino Velazco, Dionisio Ferreyra, Pedro Calderón, Felipe López, Cesáreo Montenegro; de los tenientes coroneles Martín Tejerina, Matías Rivero, Juan Francisco Olmos y de algunos otros jefes y oficiales acreditados de distintas provincias.

Fueron reconcentrados en San Roque los restos de la comisaría del Ejército disuelto, la artillería, el parque, la maestranza, todo en deplorable estado, estableciéndose allí el Cuartel General, con satisfactorio resultado.

A fines de Mayo de 1846 estuvieron ya reorganizados los Cuerpos formados en Villanueva, más algunos de caballería de las milicias de reserva. Los doctores Florencio Varela y Francisco Pico -miembros de la Comisión Argentina instalada en Montevideo- fueron nombrados representantes de la provincia ante el Gobierno oriental y los agentes de la intervención anglo-francesa, para entablar con ellos negociaciones a fin de combinar y apurar la guerra contra el enemigo común.

Los mismos recibieron facultades suficientes para contraer obligaciones de crédito por armas, pólvora, artículos de comisaría y varios otros elementos de guerra, ofreciendo hipotecar en garantía las tierras públicas cuya superficie estaba calculada en 2.500 leguas cuadradas.

No era de pensar en recursos provinciales agotados ni en crédito interno desaparecido por falta de prestamistas. La Comisión Argentina estaba mezclada entonces en trabajos políticos de los interventores y del Gobierno oriental con el objeto de separar a Justo José de Urquiza de la obediencia a Juan Manuel de Rosas y oponérselo con la gran base nacional de las guerreras provincias de Entre Ríos y Corrientes.

- Situación política y económica en la primera mitad de 1846

La opinión pública no se amedrentó cuando, después de una campaña estéril en vez de los triunfos esperados, vio producirse los extraordinarios sucesos destructores de imponderables sacrificios: sostuvo al Gobierno en los trances difíciles y le acompañó activa en la labor reparadora.

La prensa fue un gran factor de serenidad. La representaba “El Pacificador”(1), fundado el 1ro. de Enero de 1846 en reemplazo de “La Revolución”, que apareció el 16 de Febrero de 1845, en sustitución de “El Republicano”.

(1) Véase el libro del doctor Mantilla: “Bibliografía Periodística de la Provincia de Corrientes”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 209. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Sin altanería ultrajante para el caído, sin debilidad cortesana para el fuerte, sin reservas alarmantes sobre ninguna cuestión o hecho grave, la prensa ponía y estudiaba todo a la vista del pueblo, con tranquilidad y verdad persuasivas.

No obstante la entereza cívica de la opinión, era notoria y alarmante la perturbación general de la vida social, industrial y mercantil, alimentada con esperanzas y consumida por el agotamiento de las fuerzas.

Fue alivio una importante expedición comercial que hicieron desde Montevideo negociantes ingleses y franceses convoyados por buques de las escuadras interventoras; los cargamentos de artículos ultramarinos, cambiados por frutos del país, movieron algo el comercio y dieron entradas al Tesoro .

A los ocho años de principiada la guerra y a los tres de absoluta interrupción mercantil, con las industrias paralizadas a raíz de trastornos demoledores durante nueva agitación marcial, con población reducida, Corrientes pagó los valores del convoy triplicando los capitales de los mercaderes hecho que, a la vez de probar sus necesidades extremas, daba una idea de la capacidad productiva de la provincia y de lo que ella podría alcanzar estando sus campos tranquila y laboriosamente explotados, la paz y las Instituciones afianzadas, abiertos al comercio del mundo los grandes ríos que la ciñen.

El capital introducido en efectos por el convoy fue de 690.787,41/2 pesos; a 141.826,21/2 pesos alcanzaron los impuestos aduaneros(2). El convoy emprendió viaje de retorno con cien buques cargados en los puertos de la provincia, con frutos y productos de la misma(3).

(2) Informe de la Colecturía General:
Valor de los derechos de importación del convoy llegado en Diciembre y Enero:

Capital introducido por el convoy que vino de Montevideo

555.425,1

 

Derechos de introducción

 

126.042,1

Capital de los efectos que pasaron al Paraguay, procedentes del mismo convoy

51.220,7

 

Derecho de depósito y de tránsito

 

1.280,5

Sumas S. y Ps

606.646,0

 127.322,6

Capital introducido en Goya por dicho convoy

84.141,41/2

 

Derechos de introducción

 

14.503,41/2

Total: S. y Ps.

690.787,41/2

141.826,21/2

Corrientes, Mayo 20 de 1846
M. S. MANTILLA

(3) Manifiesto General de los cargamentos que se han extraído de la provincia en los buques que han formado el convoy con destino a Montevideo, con expresión de su nacionalidad, tonelaje y tripulaciones:
- Buques: 100
- Nacionalidades: 42 argentinos; 40 orientales; 1 paraguayo; 8 norteamericanos; 5 franceses; 2 ingleses; 1 dinamarqués; 1 hamburgués
- Tonelaje: 7.295
- Tripulación: 767.
- Cargamentos: cueros vacunos: 435.815; cueros becerros: 332; cueros nonatos: 490; cueros de bagual: 562; cueros de nutrias: 158 docenas; suelas: 6.523; astas: 17.471; lana: 722 arrobas; crin: 25.483 arrobas; grasil 22.446 arrobas; sebo: 2.238 arrobas; carne salada: 4.112 quintales; yerbal: 41.119 arrobas; tabaco: 25.897 arrobas; cigarros: 67 arrobas. Maderas labradas: tablas: 228 varas; tirantes: 767 varas; masas para carros: 10 pares; camas para carros: 21.

Capitanía del Puerto, Corrientes, 1 de Junio de 1846
GREGORIO PAMPIN

Nota: Del total de buques, 24 cargaron en Goya y 2 en Bella Vista.
// Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 209. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Urquiza propone nuevamente celebrar la paz. Primeras negociaciones

Mientras en Corrientes ocurrían los acontecimientos relatados, Urquiza trataba secretamente la negociación relativa a su Pronunciamiento contra Rosas. Ella había sido iniciada antes de su campaña; de ahí nació la propuesta a Madariaga, a fin de sacar mayores ventajas y acaso precipitar los sucesos con el concurso de Corrientes.

Reanudada en Marzo de 1846 con el agente de los interventores, Benito F. Chaín, evitó que repitiese la invasión durante el pleno desquicio del enemigo y lo estimuló a insistir en forma comprometedora.

A fines de Abril de 1846 recibió aviso de Esquina el gobernador, que el general Juan Madariaga fugó y estaba en la provincia(4). No era, sin embargo, una fuga: Urquiza le había puesto en libertad como prueba evidente de la sinceridad de sus propósitos hasta ese momento desoidos por el gobernador de Corrientes, para que él fuese el agente directo y dé fe de su anhelo.

(4) Carta y chasqui despachados por José León Echavarría desde Santa Rita, el 27 de Abril de 1846 a las 19:00. Joaquín Madariaga los recibió el día 30 de Abril de 1846, en San Roque, donde se encontraba. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 210. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El hecho, extraordinario en aquellos tiempos, confirmaba al parecer el más grave cargo formulado contra Madariaga por sus enemigos, pero él estaba inocente; fue habilidad política de Urquiza, inquieto por el silencio y apurado en definir su situación.

Según el prisionero, Urquiza quería la paz con Corrientes y la alianza con Madariaga para crear un poder fuerte que oportunamente derribaría a Rosas y constituiría el país; no tenía inconvenientes para entenderse con los interventores y con el Paraguay, siempre que no comprometiese la idea fundamental: destruir la dictadura, que la seguridad del triunfo imponía contemporizar algún tiempo con Rosas, en las formas.

Era el triunfo de la revolución argentina ofrecida al pueblo que la había sostenido con admirable decisión. Podía ser una celada, más también era posible y aún probable que fuese pensamiento maduro. Madariaga, conocedor del plan iniciado en Montevideo, carecía de antecedentes para rechazar la propuesta y los tenía en sentido contrario, a más de que en su caso -procediendo como verdadero hombre de Estado- convenía penetrar bien en el fondo del asunto.

La firmeza en política no es terquedad; la altivez y el decoro no excluyen la flexibilidad discreta necesaria al buen manejo de los negocios públicos.

En carta del 4 de Mayo de 1846 agradeció a Urquiza las finezas dispensadas al prisionero, justificó su silencio con sus compromisos y su honor y le significó favorables disposiciones personales en el sentido de cuanto aquél le había transmitido en nombre suyo.

Urquiza nombró entonces agente confidencial ante el gobernador de Corrientes al teniente coronel Benjamín Virasoro, jefe de la división correntina de su Ejército y a la vez del partido político desmembrado del liberal en 1843.

La llegada de Virasoro coincidió con la instalación del noveno Congreso provincial, al que fue sometida la cuestión. En el Mensaje de apertura decía el gobernador:

“La indecisión en que todavía permanecen los negocios generales no permite al Gobierno informaros de una manera explícita sobre su verdadero carácter, pero sí puede aseveraros que nada se divisa en su extensión que nos haga recelar por nuestra seguridad ni por el éxito de la causa en que Corrientes se halla comprometida. Los sucesos que están próximos a dar a luz, las circunstancias en que habéis sido instituidos, serán de la mayor trascendencia sobre nuestros destinos ulteriores.
“Teniendo de nuestra parte la bondad de la causa y la pureza de nuestros sentimientos, no tenemos por qué temer los acontecimientos que corresponden a las combinaciones de la prudencia y a las miras de las conveniencias universales, a las que tienen que ceder todas las opuestas tendencias”.

El Congreso autorizó aceptar oficialmente la negociación, con esta recomendación especial:

“En las negociaciones y en las tareas para reparar los quebrantos del pasado, ponga el Gobierno en acción todo su celo y patriotismo y no olvide los sacrificios ni las glorias de la provincia, contando con la cooperación eficaz y cuál sea necesaria de los representantes del pueblo”.

De esa suerte, la política de lucha de la provincia tomó el rumbo y los medios de la evolutiva presentada por las circunstancias, sin declinar de ideas, sin modificar sus propósitos fundamentales.

El comisionado Virasoro inspiró confianza y regresó con proposiciones claras del gobernador en carta del 12 de Junio de 1846 dirigida a Urquiza, a quien decía:

“Las bases de nuestro arreglo serían éstas:
1.- Corrientes y Entre Ríos convienen en separarse de la Confederación Argentina hasta que ésta, en perfecta paz y libertad, reúna un Congreso General que dé la Constitución;
2.- Ambas provincias se conciertan para propender a ese objeto con todo su poder e influencia;
3.- El Gobierno de Entre Ríos será el encargado de las relaciones exteriores en los términos que ambos acordaren”.

A la vez, significó la conveniencia de atraer al Paraguay: “Su actitud es firme contra Rosas -decía- y como está convencido de que también lo es la nuestra no dudo que volverá a la Alianza”.

Urquiza pidió un representante que celebrase los Tratados con el designado por él e invitó al gobernador a una entrevista en Alcaraz, provincia de Entre Ríos. Demoras que entorpecieron cierta misión acerca del presidente Carlos Antonio López retardaron hasta Agosto de 1846 la prosecusión del negociado.

El 2 de Agosto de 1846 se embarcó Madariaga en el puerto de la capital, acompañado de su ministro general Gregorio Valdés, negociador nombrado. Al despedirse del pueblo, allí reunido, dijo: “Quedaré con la guerra y la haré hasta reducir a pavesas la provincia, sino se me ofrece una paz honrosa que garantice las libertades de Corrientes y su seguridad”.

- Juicios sobre la actitud del Gobierno de Corrientes

Ansioso afán reinó en la provincia. El estado ruinoso de ella inspiraba anhelos de paz; el sistema y la índole del enemigo sugerían recelos mortificantes. Indispensable reserva ocultaba el propósito trascendental de la negociación y era natural la inquietud y hasta la alarma en presencia de un hecho de tanta magnitud, cuyo significado político no armonizaba con la tradición del pueblo, juzgándole por las exterioridades conocidas, abultadas o glosadas por la malignidad, la ignorancia o la pasión partidista irreflexiva, tan activas siempre en los casos de grandes cuestiones de Estado. No se desconfiaba de la lealtad y firmeza del gobernador, más sí de las arterias de Urquiza.

La prensa de los emigrados argentinos en Montevideo, redactada por los mismos que estaban en el plan de independizar al gobernador de Entre Ríos, no estimó acertaba la actitud del de Corrientes, al prestar crédito a aquél, porque también ignoraba la verdad del secreto poseído por el magistrado criticado, exigía claridad completa, hechos públicos de compromisos definitivo contra Rosas, sin darse cuenta que semejante procedimiento era incompatible con la discreción requerida por la naturaleza misma del asunto.

Esa impertinente conducta creó mala atmósfera para Madariaga, molestó sin resultado útil la situación de Urquiza y en gran parte sirvió de voz de alarma a Rosas, ya muy desconfiado de su teniente.

Este, que iniciara de su sola cuenta la negociación en vista de la notoriedad del asunto y del calificativo de traidor que se le aplicaba en el campo rosista de Buenos Aires, pretendió cohonestar su actitud dando cuenta verbal al dictador, por medio del mayor Castro, “de un arreglo que se proponía ejecutar con don Joaquín Madariaga”.

No engañó a Rosas, que decía de él, en carta íntima al general Pacheco: “Me duele que el general Urquiza se haya empeñado en tan extraviada senda. ¡Si Vd. supiera todo crecería su asombro, indignación y pesar! Sin embargo, disimulando hasta donde es posible” (palabras del mismo).

Urquiza fue autorizado para continuar la negociación sobre las siguientes bases:

* reconocimiento de la legalidad de los Poderes derrocados en 1843 (base absolutamente indispensable);
* clausura de los puertos correntinos para todos los buques anglofranceses, mercantes o de guerra;
* anulación de los compromisos o Tratados de Corrientes con potencias extranjeras;
* entrega de los principales jefes y oficiales emigrados en Corrientes;
* incorporación de la provincia a la Confederación, en las mismas condiciones que las demás de la República.

Rosas no esperaba arreglos con sus bases, que importaban exigir la entrega incondicional e ignominiosa de los correntinos, pero las dio para someter a prueba el grado de la entereza de Urquiza, cuya tendencia obstaculizaban pues, si bien lo tenía por inseguro, el comedimiento tardío del informe verbal de Castro revelaba a las claras que aún le temía y todavía era posible retenerlo por el miedo.

- Tratados de Alcaraz

Los dos gobernadores se encontraron en Alcaraz el 13 de Agosto de 1846. Ambos, por causas distintas, si bien no en las mismas condiciones relativamente a sus respectivos partidos, estaban sospechados de flaqueza deprimente porque buscaban una solución fuera de las corrientes que hasta entonces habían arrastrado los sucesos.

No dejaron prueba escrita de las ideas y planes acordados en dos días de conferencias; los Tratados, firmados el 15 de Agosto de 1846 por sus representantes, Gregorio Valdés y José Miguel Galán, evidencian que el problema planteado y resuelto fue la unión de Entre Ríos y Corrientes para derrocar a Rosas y constituir la República.

Los dos cedieron recíprocamente, a fin de llegar a un promedio razonable que garantía el éxito definitivo, contemporizando a la vez con lo que, por el momento, no podían suprimir.

Los Tratados fueron dos: público y secreto, ajustados y concluidos por los Gobiernos de las dos provincias sin mención de facultades, delegación ni autoridad de Rosas.

Por el Tratado público quedó restablecida la paz, amistad y buena inteligencia entre Corrientes, Entre Ríos y las demás provincias de la Confederación Argentina; habría olvido absoluto de todos los acontecimientos políticos ocurridos durante la disidencia de Corrientes, sobre los cuales no se haría cargo a los Gobiernos ni a los funcionarios públicos por los actos de su Administración.

El Gobierno de Corrientes ofreció observar el Tratado cuadrilátero del 4 de Enero de 1831 y autorizar nuevamente al gobernador de la provincia de Buenos Aires (no a Rosas) para la dirección de las relaciones exteriores; el Tratado sería ratificado por las partes contratantes en el término de sesenta días.

El Tratado secreto tenía por objeto “allanar todo obstáculo que obstase a la consolidación y cumplimiento del Público”; sus cláusulas disponían:

* la provincia de Corrientes no concurría a la guerra sostenida con el Estado Oriental del Uruguay, ni se le exigiría obligaciones en las diferencias con los Gobiernos de Francia e Inglaterra;
* la extradición de criminales obligatoria, por el artículo 7mo. del Tratado de 1831, tendría lugar únicamente respecto a los que cometieren crímenes después de la ratificación;
* los Tratados de Amistad y Comercio celebrados por Corrientes con el Paraguay, así como las relaciones de esa clase que mantenía con los Estados vecinos continuarían subsistentes hasta que se reuniese en Santa Fe la Comisión Representiva encargada de Asuntos Nacionales, por los artículos 15 y 16 del Pacto Federativo de 1831 ó hasta que los altos intereses de la Confederación exigiesen otros arreglos.

El Tratado secreto era adicional y complementario del Público. Al terminar la negociación, Urquiza la anunció por Circular a los gobernadores de provincia, ejerciendo así -de hecho- un poder independiente, invasor del que hasta entonces se había arrogado exclusivamente Rosas; a éste remitió los originales de los Pactos, para instruirse de ellos y “volvérselos con oportunidad para su ratificación”.

- Inmediatos resultados políticos y económicos de ellos

Sometidos los Tratados a la consideración del Congreso de la provincia, fueron ellos aprobados y, en consecuencia, ratificados por el Poder Ejecutivo(5). La intrusión de Rosas, tolerada por Urquiza contra sus compromisos personales y sus conveniencias políticas dio mal rumbo al negocio, manteniendo por casi un año el estado de incertidumbre. Durante ese tiempo las relaciones de las dos provincias fueron de paz y concordia, benéficas y al parecer definitivamente aseguradas.

(5) Octubre 13 de 1846. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 213. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Regresaron a Corrientes los emigrados por causas políticas refugiados en el Paraguay, Brasil y Entre Ríos; la división correntina que servía en el Ejército de Urquiza pasó a las órdenes del gobernador Madariaga quien la licenció a la vez que dio descanso en la misma forma a una parte de las tropas provinciales(6); restablecióse el comercio interprovincial de exportación e importación terrestre y fluvial, para cuyo alimento inicióse nuevamente el movimiento de las industrias.

(6) Fueron licenciados el 3 de Abril de 1847. El parque, maestranza y comisaría del Ejército se trasladaron a la capital. De guarnición -en la capital- quedaron los batallones: Guardia Republicana (reducido en sus efectivos) y Cazadores de la Unión (compuesto esencialmente de jóvenes); y, en los pueblos de campaña, pequeños destacamentos. El general Juan Madariaga -jefe del Ejército licenciado- fue nombrado Comandante General de campaña y encargado de organizar las fuerzas destinadas a la vigilancia de las fronteras. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 213. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Era visible el aspecto general de contento y bien comprobado el cansancio originado por la guerra:

* el Gobierno extendió el servicio postal hasta las fronteras de Entre Ríos, en combinación con el Gobierno de dicha provincia, mejorándolo para la frecuente y rápida comunicación;
* ejecutó obras en el puerto de la ciudad capital con el fin de facilitar la entrada y salida de los buques, la seguridad de los mismos e inició la construcción de dos muelles de carga y descarga;
* mandó delinear y reedificar el pueblo de Esquina, en la situación que hoy tiene, abandonado después del saqueo e incendio ejecutados en él por Bailón Cabral, en 1840.
* la Administración de Justicia fue reorganizada y provista de un Reglamento adelantado.
* en la Hacienda Pública hubo mejoras y buen servicio. Las Rentas ordinarias del año 1846 ascendieron a 661.505 pesos y los Gastos a 548.267 pesos, invertidos de esta manera: 344.956 en el ramo de la Guerra; 66.455 en la Administración; 136.856 en la amortización de la deuda flotante contraida durante los dos últimos años.

Igual sino mejor entrada rentística auguraron los dos primeros trimestres de 1847 que dieron -cada uno- 143.000 pesos sin una exportación e importación extraordinarias como fueron las del convoy.

A la par de la mejora financiera y económica de la provincia, la política de concordia iniciada francamente por el Gobierno dio resultados benéficos. Llamados a las funciones administrativas y judiciarias adversarios que habían sido -hasta entonces- del orden de cosas imperante, desaparecieron los rencores partidistas, la recíproca tolerancia suavizó las diferencias de opiniones y pudo contraerse el poder público a las atenciones puramente reparadoras.

* los deudores morosos de contribuciones fueron aliviados con esperas; una comisión especial(7) se ocupó de restaurar la buena Instrucción Primaria, muy perjudicada por la guerra;

(7) La componían: Domingo Latorre, Ramón Galárraga y José María Balbastro. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 213. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

* abrióse un canal en el riacho del puerto de Goya, para tenerlo siempre expedito a la navegación;
* varios cuarteles fueron edificados en los pueblos de campaña;
* construyóse el templo de Paso de los Libres y otros fueron refaccionados;
* dotóse a San Luis de un embalse de aguas pluviales;
* se principió la construcción de un paseo público en la capital, a orillas del río y, en la misma, se mejoraron los servicios policiales, de alumbrado e higiene públicos;
* como un complemento a las labores de la paz, reemplazó al periódico “El Pacificador” por otro titulado “La Nueva Epoca”(8) (13 de Febrero de 1847), cuyo programa fue sostener las ideas predominantes en el Gobierno y en el pueblo: Conciliación y Progreso(9).

(8) Véase el libro del doctor Mantilla: “Bibliografía Periodística de la Provincia de Corrientes”.
(9) “La Nueva Epoca” cedió el puesto a “Corrientes Libre” (Septiembre 28 de 1847); véase el libro del doctor Mantilla: “Bibliografía Periodística de la Provincia de Corrientes”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 213. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Madariaga, alma de todo, fue reelecto gobernador para completar el trienio siguiente al de su primera Administración(10).

(10) Noviembre 12 de 1846. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 213. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

- Urquiza retrocede en sus compromisos. Conducta de Madariaga. Brusca ruptura

Otro viento soplaba del lado de Buenos Aires. Cuando Rosas se impuso de los Tratados escribió al general Pacheco lo siguiente:

“Aunque mucho temía yo algún funesto resultado, nunca pude imaginar que la ceguedad y miseria del general Urquiza lo condujesen a un procedimiento tan inaudito, a un baldón sin cuento en la historia de los argentinos.
“Este general reconoce el nulo e intruso régimen de Corrientes y don Joaquín Madariaga no reconoce ni el legal ni nacional de la Confederación. Muy sensible es este cuadro para los amigos de la Confederación.
“Más, considero como un beneficio de la Providencia que se haya revelado con prontitud, porque están los medios de impedir debidamente la ruina y deshonor de la Confederación”.

Los rosistas altamente colocados en el afecto del dictador, escarnecieron sin reservas al “infame traidor”. Densa atmósfera de hostilidad formóse contra Urquiza, mientras Rosas pulsaba y alistaba sus elementos, reservando entretanto su respuesta.

A los principios parecía que el teniente se mantenía firme: reclamó de las injurias (en cartas particulares) y mandó un comisionado especial para tranquilizar al gobernador de Corrientes a quien dijo, por intermedio de su agente: “Veremos por qué rumbo se nos viene el Señor Encargado de los negocios generales de paz y guerra, y lo observaremos respetuosamente con toda madurez y cautela que, según el aire de su marcha política, será también la nuestra”.

Cuando Rosas conceptuó fuerte su base, desaprobó y condenó los Tratados, mandando en sustitución de ellos un proyecto de sometimiento ciego de Corrientes.

Ponía a Urquiza en el conflicto de rebelarse o destruir su obra, extremos de los que el teniente pretendió salvar por una actitud tan equívoca para Rosas como para Madariaga.

Sino había retrocedido, por lo menos fluctuó ya después del rugido del dictador. Con el pretexto de “evitar el ridículo al general Rosas”, acreditó a su negociador de Alcaraz, Galán, en misión especial ante el Gobierno de Corrientes, para modificar los Tratados.

Madariaga recibió un verdadero desencanto con la misión: el hombre y el político faltaban a todos sus compromisos; la admitió, empero, en obsequio a la paz, dispuesto a justas modificaciones en los Pactos, pero no a mimar la voluntad de Rosas, ni a consultar su situación particular, ni a contribuir al sostenimiento de su sistema.

La negociación, hecha por medio de Oficios, fue larga, pesada y con dificultades y complicaciones nuevas a medida que se ahondaba. Madariaga ofreció cuánto era permitido por el decoro, las conveniencias, los derechos, las Instituciones de la provincia y rechazó en absoluto el sometimiento incondicional del proyecto de Rosas.

Impaciente Urquiza, mandó un expreso de su confianza con el siguiente mensaje verbal al gobernador: “Firme de una vez el Convenio propuesto por Rosas sin temor alguno de ulterioridades, pero afile bien su cuchillo para hacerle sentir los efectos de la Alianza de las dos provincias”.

Madariaga reunió en San Roque a los principales jefes departamentales y del Ejército; les propuso esta cuestión: “¿Están por las reformas exigidas en los Tratados de Alcaraz?” y, sin esperar el voto de los convocados, dijo: “No queda otro partido que aceptar las reformas, en cuyo caso estaremos sometidos al tirano de la República o decidirse por la guerra para no ligarse a tan humillante situación”.

Todos prefirieron la guerra y el gobernador contestó a Urquiza que no firmaría la servidumbre de la provincia. La resistencia arrancó un Acuerdo sobre puntos de importancia secundaria, que Galán sometió a su Gobierno.

Pendiente la respuesta sobre ellos, recibió Orden terminante de pedir su pasaporte, porque “las inadmisibles pretensiones de Madariaga demostraban que no quería adherir a la pacificación justa y digna”.

Según Rosas, las alteraciones exigidas por el gobernador de Corrientes “volvían el arreglo a las mismas tendencias que fueron la base de los desechados pactos de Alcaraz”. Todo cambió repentinamente. Cuatro palabras violentas de Urquiza, sin fundamentos, sin razones, sin explicación, pusieron término al negocio.

Siguió un cambio de Oficios entre Gobiernos y Gobierno hasta mediados de Octubre de 1847, luego volvió la guerra. ¿Renunció Urquiza a su pensamiento de levantarse contra Rosas y por eso traicionó sus compromisos de Alcaraz? No.

Procedió de esa suerte porque encontró en Madariaga un aliado consciente para constituir la República, un hombre de voluntad propia querido de su pueblo, de elevación moral y lealtad incorruptible a sus principios, al lado del cual no medraría su poder personal.

Lo estorbaba; él necesitaba un instrumento. No podría destruirlo o suplantarlo sin el auxilio de Rosas y necesitaba ser previamente dueño omnímodo de Corrientes para dar contra el dictador y realizar sin tropiezos su ambición de sucederlo. En gracia del éxito perseguido, Urquiza fue siempre capaz de todo.

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