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Nuevo estado de guerra. Invasión de Urquiza en 1847. Batalla de Vences

Tan luego como se retiró de Corrientes el comisionado de Urquiza, José Miguel Galán, el Gobierno puso la provincia en pie de combate defensivo. El gobernador Joaquín Madariaga delegó el mando para tomar el del Ejército. El Cuartel General fue situado en el Oratorio de Rolón, Departamento San Roque(1).

(1) Proclama del gobernador Madariaga al Ejército de la provincia; Orden General y decreto de Movilización expedidos en el Cuartel General, Oratorio de Rolón, en fecha Julio 28 y 30 de 1847. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 215. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La región del sur quedó defendida por el coronel Andrés Ricarde y el coronel Nicanor Cáceres, jefes de las dos más aguerridas divisiones. El general Justo José de Urquiza se alistó también para la ofensiva, con ejército y escuadra. Este tenía licenciado el Ejército de Entre Ríos desde Abril de 1846. En los primeros días de Octubre de 1847 lo convoca y el 12 de Octubre el delegado Domingo Crespo prohibía que los buques subieran el río Paraná.

Urquiza esperaba que el gobernador Madariaga invadiese la provincia. Si ese pensamiento existió en el magistrado correntino, pronto fue abandonado. La causa no fue otra que la defección del coronel Nicanor Cáceres -popularmente llamado Nicanor- uno de los caudillos prestigiosos del sur de la provincia y de los jefes principales de la situación de Madariaga.

La conducta de Cáceres -recriminada uniformemente- tenía sus fundamentos: Urquiza había tenido para con él atenciones especiales durante los sucesos de 1846, mientras el Sargento Mayor Raimundo Reguera -uno de los jefes de la división correntina que había servido a las órdenes de Urquiza en 1845 y 1846- actuó de intermediario para afirmar estas vinculaciones afectivas.

Defeccionado Cáceres, los elementos rosistas y los agraviados con la política de Madariaga secundan la revuelta y es así cómo una fuerte contribución miliciana se reúne en la provincia para secundar al lugarteniente de Juan Manuel de Rosas. La propia ubicación del Ejército de Madariaga -acantonado en San Roque- abandonaba a la influencia de Urquiza todo el sur a partir del río Corriente. Fue su primer error, porque el viejo acantonamiento de Villanueva era el lugar táctico por excelencia para una campaña, fuese ella ofensiva o defensiva.

El 13 de Octubre de 1847 tenía ya Urquiza reunido su Ejército, fuerte de más de 7.000 hombres. En sus comunicaciones al gobernador delegado Crespo, del 16 de Octubre, le manifestaba abriría la campaña el 18 de Octubre, pero debió postergarla hasta los primeros días de Noviembre.

Daba tiempo a que la escuadra -al mando del comandante Nicolás Jorge- llegara a Paraná y luego remontara el río para concretarse a las hostilidades imprescindibles(2).

(2) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional” - Véase: “Instrucciones”, tomo I, p. 120. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El 4 de Noviembre de 1847 inició Urquiza su marcha sobre la provincia y el 13 de Noviembre había atravesado sin dificultades el río Corriente, el primero de los tres grandes ríos interiores que defienden el norte correntino. Diez días después atravesaba el Batel y el Santa Lucía y se ponía en seguimiento del Ejército de Madariaga.

- Estado de las milicias correntinas

Las milicias correntinas así como las tropas regulares se condujeron con la decisión de los tiempos pasados. No así muchos ciudadanos de posición; por librar sus bienes de nuevos estragos y cansados de la lucha, querían la paz a todo trance y trabajaban ocultamente en ese sentido.

La defección causó el primer contraste. Cáceres -corrompido por Urquiza- se declaró independiente, dominando con sus fuerzas y la de otros jefes arrastrados los Departamentos Paiubre y Curuzú Cuatiá.

El coronel Bernardino Báez marchó a someterlo con una división del Ejército; el rebelde no lo esperó: pasó a Entre Ríos y entregó a Urquiza sus excelentes tropas. El suceso tenía la importancia de una batalla perdida.

Las fuerzas ganadas por el enemigo, la frontera amenazada, los Departamentos del sur y de la costa del Uruguay abiertos a una invasión, la moral del Ejército conmovida, el espíritu público de resistencia decaído, los partidarios de la paz alentados en su obra, fueron dañosas consecuencias irreparables.

En los primeros días de Noviembre operaron los rosistas. El coronel Benjamín Virasoro, con una fuerte columna, se dirigió sobre la costa del Uruguay que fácilmente ocupó; el grueso del Ejército -al mando de Urquiza- marchó sobre el centro de la provincia.

Madariaga levantó su campamento, atravesó el río Santa Lucía y se retiró hacia Saladas con el propósito de elegir un buen lugar para aceptar batalla en la región de los esteros de Mburucuyá o Caá Catí; tenía próximamente cuatro mil hombres, de los cuales ochocientos de buena infantería y artillería.

No lo halagaba ni era halagador el espíritu del Ejército, minado por el bando de la paz; varios jefes tenían perdida su lealtad íntima a la causa y únicamente por fórmula continuaban en sus puestos.

Una información reservada comprobó que hasta algunos parientes lejanos del gobernador estaban mezclados en los trabajos desquiciadores. Los hechos pesaban más que la voluntad de Madariaga, cuya energía únicamente sostenía y llevaba a la pelea su masa de combatientes.

El gobernador de Corrientes, para compensar la diferencia numérica de su Ejército -inferior en caballería- buscó un lugar estratégico para dar la batalla. Retrocedió, en consecuencia, hasta encontrarlo.

Era éste un extenso campo de forma elíptica, encerrado por la naturaleza dentro de los grandes malezales de las Lagunas Maloyas, conocido con el nombre de Rincón de Vences(3). Al frente -por donde debía entrar el Ejército invasor- tenía una boca de un poco más de cien metros.

(3) Martín Ruiz Moreno. “La Organización Nacional”, tomo I, p. 123. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- Batalla de Vences

Urquiza lo siguió con intervalo de tres días de jornada; de Saladas adelante acortó la distancia. Madariaga eligió un rincón, sobre el lado izquierdo del camino a Caá Catí, en este Departamento, entre el Pasito y el Cerrito, campo hoy de Estigarribia(4), denominado impropiamente Vences porque el propio de este nombre es otro.

(4) El tiempo de que habla aquí el doctor Manuel Mantilla es el de fines del siglo XIX y principios del XX, cuando el historiador escribió estas líneas en la “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes”

El campo estaba rodeado por esteros con una extensa boca de entrada. Sobre ésta, en una altura, una laguna intermedia, fue puesto el centro de la línea formada por la mayor parte de la infantería y 12 piezas de artillería al respectivo mando de los coroneles Faustino Velazco y Carlos Paz.

La izquierda hacía ángulo abierto con la extrema izquierda del centro, se extendía dando frente al estero del Este, cubierta por algunos infantes, dos piezas de artillería y caballería, a cargo del general Juan Madariaga. La derecha, de pura caballería, daba sobre el estero vadeable que circunvalaba el rincón de sur a oeste, mandada por el general Juan Pablo López.

El centro tenía zanjas y parapetos de tierra, los frentes de las alas, en el estero, estacas, cuerdas estiradas y bocas de lobo. El plan de ataque del enemigo fue forzar Urquiza con la vanguardia la posición de la izquierda y luego atacar el general Eugenio Garzón el centro y la derecha con el grueso del Ejército.

Los flancos y la retaguardia tenían la defensa del estero, cuyas aguas cubrían hasta el pecho a los caballos. Antes de cruzar el río Corriente, el general Urquiza había ordenado al coronel Benjamín Virasoro invadiera por la costa del Uruguay con una fuerte división correntina. Esta no encontró obstáculos, concluyó la incursión y aún no se había incorporado al Ejército cuando se dio la batalla.

Los principales jefes del Ejército correntino -a las órdenes del gobernador Madariaga- fueron el coronel Carlos Paz, jefe de la artillería; el comandante Solano, su segundo; el coronel Faustino Velasco, jefe de la infantería, mandando en detalle cada uno de los tres batallones de esta arma los comandantes Palma, Toledo y Martínez.

Las divisiones de caballería estaban a las órdenes de los coroneles Baltar, Paiva, Saavedra, De León, Ricarde, Bernardino y Plácido López, Montenegro, Martínez, Alemís, Pigmental, etc., en su mayoría actores en la campaña de 1843. Contaba este Ejército con 900 infantes, 12 piezas de artillería servidas con 120 hombres y algo así como tres mil soldados de caballería.

El Ejército invasor era más poderoso. Mandábalo en segundo término el general Eugenio Garzón, de la guerra de la Independencia y con fama de hábil estratega. La infantería, compuesta de dos batallones, al mando de los comandantes José María Francia y Manuel Basavilbaso, fue aumentada con los escuadrones de Alcaraz y de Victoria, que se pusieron a las órdenes del comandante Mauricio López y del teniente coronel Antonio E. Silva, correntino al servicio de Entre Ríos, desde 1843.

De la artillería, compuesta de siete piezas servidas por 105 hombres, era jefe el comandante Marcelino Martínez. La caballería, numerosa, estaba a las órdenes de jefes entre los cuales se encontraban apellidos tradicionales en la provincia.

Revistaban en tal carácter, los coroneles Apolinario Almada, José Virasoro, Miguel G. Galarza, Manuel A. Palavecino, Crispín Velázquez, Antonio Borda y Nicanor Cáceres; y los tenientes coroneles Mariano Zalazar, Juan Luis González, Feliciano Palavecino, Mauricio López, Apolinario Roldán, Doroteo Zalazar, Juan F. Hermelo, Manuel Artigas, Juan de la Cruz Gallardo, José Antonio Reyes, Salvador Bejarano, Domingo Hereñú, Valentín Gutiérrez, Pedro Torres y Clemente Paredes.

El día 26 de Noviembre de 1847 el general Urquiza procedió a un reconocimiento detallado del terreno, bajo un fuego general de infantería. Convencido de que la admirable situación elegida por Madariaga podía, sin embargo, atacarse por los flancos con caballería, a través de los esteros, formula ese plan junto con el general Garzón y a las 08:00(5) del día siguiente se inicia la acción.

(5) La hora de inicio de las acciones varía según el autor: Hernán Gómez dijo que “a las 08:00 se inicia la acción”, mientras que Manuel Mantilla señala que “a las 10:00 del 27 de Noviembre de 1847 principiaron las operaciones”.-. // Ver: Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia; y Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 216. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El general Madariaga había procedido con habilidad. A las defensas naturales, agregó el zanjeado de los flancos y colocó vallas de palmeras que impedirían la acción de la caballería. En la boca de Vences y sobre una loma que se fortificó con trincheras, reunió la artillería e infantería.

El ataque se produjo por los flancos. La izquierda de Madariaga, a las órdenes del coronel Baltar, se batió denodadamente contra la columna asaltante, mandada por el general Urquiza en persona, que ésta, que avanzaba entre el agua, de pronto flaquea y retrocede.

Por la derecha, la caballería y el batallón de infantería montada de Alcaraz sorprenden la resistencia correntina, consiguiendo el general Garzón -que mandaba la columna- dispersar las masas de caballería de Madariaga. Estas desordenaron la defensa y arrastraron al propio gobernador.

Superando obstáculos y con el agua al pecho de los caballos, salió Urquiza casi a retaguardia de la línea por la extrema izquierda -donde estaba el coronel Joaquín Baltar- pero no atacó, se mantuvo quieto con sus fuerzas en columnas.

Inmediatamente de verlo allí, los batallones de entrerrianos colocados sobre el centro cargaron bajo la protección de cinco piezas de artillería y el general Garzón vadeó el estero y atacó la derecha. Urquiza lanzó entonces sus tropas al combate.

El centro rechazó el ataque con grandes pérdidas de los bravos batallones rosistas; la izquierda contuvo a Urquiza, en cuyas filas hizo estragos Baltar con la artillería, pero la derecha -donde estaban los jefes sostenedores de la paz- a poco de formalizarse el combate, volvió caras y huyó, echándose en desorden sobre las tropas que se batían con ventajas.

Garzón cayó rápidamente sobre la retaguardia de la izquierda que derrotó y, luego, en combinación con Urquiza, ambos cargaron sobre el centro, atacado nuevamente por el frente y lo destruyeron.

Entretanto, los coroneles Carlos Paz, de la artillería, y Faustino Velasco, de la infantería, intensificaban la defensa. Pero fue en balde el esfuerzo. El triunfo se define y a las tres de la tarde la batalla había terminado.

Matanza horrible de prisioneros siguió al triunfo. Toda la ferocidad de Urquiza en Pago Largo e India Muerta fue pálida al lado de su crueldad después de Vences. Sobre el campo de batalla, en la persecución, durante muchos días, los prisioneros fueron degollados, fusilados y lanceados con ensaño de barbarie de que no hay otro ejemplo en los anales del Río de la Plata.

Los coroneles Manuel Saavedra, Cesáreo Montenegro y comandante Castor de León -indultados por el vencedor- fueron asesinados por sus esbirros; el coronel Carlos Paz, indultado también, fue fusilado tan luego como se presentó a Urquiza. El autor de tantos crímenes se complacía de ellos en sus comunicaciones oficiales y particulares.

El triunfo de Vences fue completo para el Ejército invasor(6). Según el Parte que el general Urquiza remitió a Rosas(7), sus fuerzas tuvieron 20 muertos y 67 heridos. Se incluye en él la lista de jefes y oficiales prisioneros, que se distribuían en dos teniente coronel, tres mayor, cuarenta y un oficiales -de capitán abajo- y mil doscientos cuarenta soldados, cantidad que después se elevó.

(6) Los documentos y trofeos tomados se remitieron al Museo de Buenos Aires (Nro. 7.468 de la “Gaceta Mercantil” de Buenos Aires).
(7) La “Gaceta Mercantil” de Buenos Aires (resumen por Antonio Zinny, tomo III, 1912, p. 222). // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Entre los prisioneros tomados en Vences se hallaban los coroneles Carlos Paz, comandante general de artillería; Manuel Saavedra, jefe de división; Cesáreo Montenegro y el teniente coronel Castor de León, jefes de partidas en los montes del Paiubre, los que fueron fusilados el 23 de Diciembre de 1847.

Nada excusa este sacrificio. Dice Zinny que los restos del coronel Saavedra fueron encontrados en 1866 por el coronel Esteban García y a su pedido se depositaron en la Matriz de Corrientes. Cerca de un cuarto de siglo -agrega- una pobre campesina cuidó día a día esos restos por sólo el encargo que uno de los compañeros del coronel Saavedra le hiciera diecinueve años antes(8).

(8) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, p. 222. // La “Gaceta Mercantil” de Buenos Aires, Nro. 7.992, de Junio de 1850, elogiando el valor del Ejército de Urquiza. Dice que el coronel M. Saavedra fue vencido por aquél en Osamentas, el 16 de Enero de 1846, prólogo de “La Victoria de Urquiza en Laguna Limpia”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Urquiza se incautó en Vences del carruaje del general Joaquín Madariaga. Contenía una interesante correspondencia, que fue publicada en la “Gaceta” de la Ciudad de Buenos Aires(9), numerándosela del 1 al 32.

(9) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, p. 221. // La “Gaceta Mercantil” de Buenos Aires, Nro. 7.992, de Junio de 1850. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Del 1 al 11 eran borradores de comunicaciones de Madariaga y su ministro Gregorio Valdés al Gobierno del Paraguay, cuyas fuerzas estaban como en expectativa -en ese entonces- sobre la frontera de la provincia.

Las 12 y 13 eran borradores de comunicaciones de Valdés al jefe de la Escuadra paraguaya; del 14 al 26, copias de comunicaciones del Gobierno del Paraguay a Valdés; del 27 al 28, proyecto -en borrador- de un Tratado de alianza y de Convención adicional al mismo Tratado, propuesto por Madariaga y que no tuvo efecto; el 29, apunte borrador de observaciones dirigidas por Valdés a Madariaga, con relación al presidente López, del Paraguay; la 30, carta original de J. J. Baltar a Joaquín Madariaga; y las 31 y 32, cartas originales de Juan Andrés Gelly a José Luis Madariaga y, otra de éste, a su hermano Joaquín.

Mucho se ha escrito sobre el encono del general Urquiza y, por ende, de los jefes correntinos que lo secundaron para con los vencidos tanto durante la batalla como en sus horas inmediatas.

Se entiende, con lealtad, que no es la oportunidad de abrir un juicio definitivo al respecto. Dos circunstancias lo impiden: la una -que quita a Vences los caracteres de una derrota militar de nuestra democracia- es que en el Ejército de Urquiza eran legión los milicianos correntinos.

Como un 30 por ciento de los jefes pertenecían a la provincia y trajeron al combate, junto con el brazo vigoroso y el corazón valiente de la raza, los odios y apasionamientos de las luchas fratricidas. La otra, recordada por personas autorizadas, fue que el encono y la represalia sangrienta fue un fenómeno general en las luchas de la provincia.

Zinny dice, al respecto(10):

“La Proclama del general Lavalle dada en la provincia de Corrientes, en 1839, decía a los correntinos haber sonado la hora de la venganza: es preciso degollarlos a todos. Purguemos a la sociedad de estos monstruos. ¡Muerte! ¡Muerte sin piedad!”

(10) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, p. 333. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

En carta a Ferré, desde el Paso Vedoya, Batel, a 2 de Diciembre del mismo año, decía el general Lavalle: “Si el enemigo se acerca, es bueno que se introduzca hasta Santa Lucía, porque allí los degollaremos a todos sin escapar uno solo”; etc.

En otra del mismo general, fechada en Yaguarón, el 4 de Febrero de 1840, dice no encontrar otro suceso que referir, “que el de haber tomado Barboza, hace muchos días, en la inmediación de Sauce, un oficial y cuatro soldados del enemigo, que cruzaban el campo; mandó aquí uno o dos que eran correntinos y degolló al oficial con los otros dos o tres. Encargué al jefe del Estado Mayor que de cuenta al ministro de las batallas de este género que suceden, etc.”. .

¿Para qué citar más ejemplos? Deploremos las demasías y consideremos que si la verdad es relativa, lo es más cuando se trata de asuntos que apasionan y dividen a un mismo pueblo. Vences es el triunfo de un partido o régimen político y la derrota de otro, pero jamás la derrota del pensamiento correntino ni la vergüenza de su democracia.

Esta manera de juzgar de la última página de la acción de Madariaga en el Organismo provincial traduce asimismo el pensamiento que la crítica histórica le diera y que el apasionamiento localista exaltó sin considerar combatía la nacionalidad. ¿Por qué había de ser Urquiza únicamente el triunfador en Vences? ¿Adónde se deja a Borda, a Cáceres, a los Virasoro, especialmente estos últimos, que fueron el instrumento providencial en la reacción definitiva?

Corrientes tuvo sus gloriosos representantes entre los vencedores del Potrero de Vences, donde si algo lució sobre la sangre hermana fue el valor acrisolado de la raza, heroica y legendaria. Descubrámonos ante la tragedia y no usemos de conceptos severos.

Pensemos solamente que “en las guerras civiles hay víctimas y verdugos con agentes responsables ante el mundo y la historia. Vences, pues, tiene también sus agentes responsables”(11).

(11) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, p. 223. Se refiere al general Madariaga. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Pero no lleguemos en apasionamiento que extravía a la injusticia de otros(12) que en el afán de vindicar al general Paz y anatematizar a los autores de su alejamiento de Corrientes, en 1846, han dicho:

“Algunos de ellos (los culpables) han recibido ya del general Urquiza, sobre el mismo campo de batalla, el galardón que merecían (fusilados); Dios les haya perdonado las demás innumerables víctimas sacrificadas por su culpa”.

(12) Dr. Angel M. Navarro. “El general Paz y los hombres que lo han calumniado” (1848), Montevideo. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- El general Urquiza se hace dueño de Corrientes

El golpe fue aplastador. Madariaga se refugió en el Paraguay. El Gobierno delegado y el Congreso no tenían con qué resistir. La noticia de la matanza inicua aterró a los habitantes de la capital que huyeron desesperados -hombres y familias- a la Villa del Pilar.

En los pueblos de campaña próximos al Ejército vencedor era aún mayor el espanto; los abandonaban sus moradores cual si huyesen de fieras. El Congreso no dejó, empero, su puesto sin cumplir el último deber, así que conoció el desastre, nombró gobernador provisorio al coronel Miguel Virasoro(13), único hermano de los servidores de Urquiza de ese apellido que no defeccionó de la causa liberal, mientras ella mantuvo la protesta armada contra Rosas.

(13) Noviembre 28 de 1847. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Sus vínculos de sangre podían servir de alguna garantía a la provincia. La primera medida de Virasoro fue ofrecer “garantías completas y cumplidas” a los emigrados en el Paraguay; Urquiza desaprobó el paso y ordenó procedimientos acordes con su sistema(14).

(14) El 29 de Noviembre de 1847 el gobernador provisorio Miguel Virasoro ofició al presidente Carlos Antonio López -que se encontraba en Villa del Pilar- pidiéndole mandara regresar los lanchones de guerra “Constitución” y “Caá Guazú”, llevados por los emigrados, “y a todos los que de éstos quisieran volver”, a los que ofreció “las completas y cumplidas garantías”; López contestó satisfactoriamente e impartió órdenes al respecto. Más, como el paso fue dado sin consultar a Urquiza y éste lo desaprobó, Virasoro tuvo que retroceder. De esta gestión informó al Congreso, en el Mensaje del 12 de Diciembre de 1847, acompañando la correspondencia cambiada con López. El Congreso, en su respuesta al Mensaje, expresó que el paso dado por el gobernador provisorio ante el Gobierno paraguayo era inoportuno y avanzado y declaró solemnemente que ese precedente impremeditado era nulo y de ninguna trascendencia. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El impotente gobernador inclinó la cerviz. Ya no había ni habría en lo sucesivo Gobierno de voluntad propia en Corrientes; sería lo que se le ocurriese a Urquiza. Ese era el botín principal de Vences. De hecho quedarían borradas las líneas de frontera, rigiéndose la provincia como un gran Departamento de Entre Ríos.

El amo mandó enseguida que fuese reinstalado el Congreso disuelto en 1843, a consecuencia del derrocamiento del gobernador Pedro Dionisio Cabral, lo que fue ejecutado por el teniente coronel José Antonio Virasoro, pronunciado entonces en favor de la reacción encabezada por los Madariaga, a la que también se plegó su hermano Miguel y éste convocó e inauguró el mencionado Cuerpo(15), que completó su número eligiendo suplentes a los titulados diputados fallecidos(16).

(15) Convocados el 10 de Diciembre de 1847, se reunieron el 11 de Diciembre e inauguraron sus sesiones el 12 de Diciembre.
(16) Los diputados fallecidos fueron cinco. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Congreso nombró gobernador propietario al coronel Benjamín Virasoro(17), designado por Urquiza, no obstante que el verdadero candidato de los diputados era su presidente, Gregorio Araujo, partidario de Rosas. Este nombramiento -hecho en la persona de Benjamín Virasoro- fue a causa de haber fallecido el que se consideraba gobernador federal legal, Pedro Dionisio Cabral, que había sido derrocado en Abril de 1843 por el coronel José Antonio Virasoro, hermano de Benjamín.

(17) Diciembre 14 de 1847. Virasoro asumió el mando el 15; designó ministro en fecha Diciembre 1 de 1848 a Teodoro Gauna, con retención de su empleo de Contador General interventor y Vista de Aduana, en fecha Julio 2 de 1851. Gauna cesó en sus funciones de ministro. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Días después:

* ascendió al electo al rango de General(18);

(18) Diciembre 18 de 1847. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

* sancionó que el retrato de Juan Manuel de Rosas fuese colocado en la Sala de Sesiones(19);

(19) Diciembre 20 de 1847. Dióse cumplimiento a esta Resolución el 9 de Julio de 1848:
“Antes de empezarse la función de la Iglesia, por indicación del Gobierno y consiguiente Acuerdo del Honorable Congreso Permanente, se colocó el retrato del Ilustre General Don Juan Manuel de Rosas en la Sala de Sesiones del H. C. G..
“Al efecto se reunió el H. C. G. y el Gobierno dispuso que el Cuerpo de Ejército forjase en línea de parada, desde la Casa de Gobierno, hasta la de Representantes, que una comisión de ciudadanos militares, presidida por el señor Comandante General de Armas condujese el retrato, el que fue escoltado por los señores Jefes y Oficiales, que hicieron la guardia de honor y, al pasar el retrato del ilustre encargado de las R. E. por frente de la línea, se dieron los siguientes vivas por Orden del Gobierno, comunicada a todos los Cuerpos, en la Orden General del día:
‘¡Viva el heroico constante defensor de la Independencia sudamericana ilustre brigadier general don Juan Manuel de Rosas! ¡Viva el fiel custodio del Pacto Fundamental de la Confederación Argentina!’
“El Presidente de la Sala (Gregorio Araujo) pronunció un discurso sobre los eminentes servicios que el general Rosas había prestado a la Confederación y la justicia con que el H. C. G. había procedido al sancionar fuese colocado su retrato en la Sala de Sesiones.
“La Misa, en la Matriz, la celebró el delegado eclesiástico fray Bernardo Díez y el presbítero Angel Brid pronunció una elocuente oración del 9 de Julio, federal americana.
“Formó el Cuerpo de Ejército de la guarnición -de las tres armas- al mando del Comandante General de Armas, coronel Miguel Virasoro”.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

* decretó una espada de honor a Justo José de Urquiza con esta inscripción en la hoja: “Corrientes agradecida al héroe vencedor en Vences”(20);

(20) Diciembre 27 de 1847. La espada decretada fue entregada a Urquiza en 1848. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

* retribuyó Urquiza tan diligentes “manifestaciones de fino amor y respeto”, obsequiando al gobernador con parte de los despojos y prisioneros de Vences(21), reservándose el resto para “ofrecerlos” a Rosas.

(21) “... al efecto ha ordenado que con esta fecha se entreguen al coronel don Miguel Virasoro, 49 titulados jefes y oficiales y 1.915 individuos de tropa, incluso el titulado batallón Unión, con su banda de música completa, que fueron hechos prisioneros por el Ejército de Operaciones de la Confederación en la gloriosa jornada de Potrero de Vences.
“Asimismo ha ordenado el infrascripto se le entreguen también al coronel don Miguel Virasoro seis piezas de artillería completas con 300 tiros a bala y metralla, 300 fusiles y 30.000 cartuchos a bala, de fusil y carabina, de los que fueron igualmente tomados en aquella gloriosa jornada, a nombre del Excelentísimo Señor Gobernador y Capitán General de la provincia de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores y de los Asuntos de Paz y Guerra de la Confederación Argentina, brigadier general don Juan Manuel de Rosas y del infrascripto General en Jefe del Ejército de Operaciones de la Confederación, póngalos dichos prisioneros, armamento y municiones expresadas a la disposición de V. E., reservándose el infrascripto un número proporcionalmente insignificante de titulados jefes, oficiales y tropa prisioneros y algunos pertrechos de guerra tomados en la gloriosa jornada del Potrero de Vences, para cumplir con el deber de ofrecerlos al Gobierno General de la Confederación como trofeos de aquella espléndida victoria...”. (Nota de Urquiza al gobernador Benjamín Virasoro, Diciembre 21 de 1847). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XIII: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1846-1850)”, parágrafo 218. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Montada la máquina del poder personal del vencedor dentro del sistema de la Federación cruda, se retiró a Entre Ríos. Ya Corrientes era suya por sus poderes y por el terror infundido.

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