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DESPUES DE CASEROS. MISION DE BERNARDO DE IRIGOYEN

En Caseros, depuestos los poderes de la dictadura, se inauguraba un período de convivencia política y se instaba a deponer expresiones contrapuestas que sólo tendían a amenazar la integridad de la Confederación.

El Honorable Congreso General de la provincia de Corrientes, el 5 de Marzo de 1852, al considerar

“... que aquel brillante suceso que tanto enaltece a la heroica Confederación Argentina, es debido a la magnanimidad del genio que inició esa grandiosa empresa de nuestra libertad, a la decidida cooperación con que lo ha secundado al Exmo. Señor Gobernador, Capitán General de la provincia y Mayor General del Ejército Aliado Libertador, Dn. Benjamín Virasoro ... cumpliendo con la voluntad del pueblo que le confió -en tan grandiosa empresa- su porvenir ... resolvió expresar ... su más íntima gratitud por la sabiduría y patriotismo con que inició y realizó la libertad de la República Argentina del poder de la tiranía”.

Una Comisión integrada por los respetables ciudadanos Juan Baltazar Acosta, Pedro C. Parras y Felipe Rolón presentaría a ambos jefes y a sus aliados las felicitaciones “por la gloriosa victoria obtenida sobre la tiranía”, en nombre del pueblo y Gobierno de Corrientes.

Justo José de Urquiza comprendió que era necesario imponer una conducción política en Buenos Aires, tendiente a apaciguar un estado latente de tensión interna.

Una de las primeras medidas que adoptó -avalada por su Jefe de Estado Mayor- fue la de designar el 4 de Febrero de 1852 como gobernador provisorio de la provincia de Buenos Aires a Vicente López y Planes, patriota honrado e insospechable por su límpida conducta, cuyo hijo, el doctor Vicente Fidel López, “quería hacer del general Urquiza el presidente y, del general Virasoro, el vicepresidente, para que la fuerza moral que les asistía -como gestores del triunfo- fuera factor en la organización del país”(1).

(1) Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol” (1920), p. 165. Ed. J. Lajouane, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En el Interior, los gobernadores que no se habían plegado al Pronunciamiento de Urquiza ni de Virasoro, mostraban fundada preocupación por las metas o finalidades con que el gobernador de Entre Ríos se proponía encarar, de manera exhaustiva, su política en el resto de la Confederación, pero éste adoptó los recaudos indispensables para neutralizar la posibilidad de nuevos enfrentamientos.

“Le convenía mantener ese elenco. Elevar a los liberales provincianos era un suicidio político, a lo sumo podía sugerir a los gobernadores que diesen, a título de fusión de partidos, un Ministerio a algún doctor reformista como acababa de hacer con Alsina ante Vicente López.
“Pero los gobernadores tenían que ser federales, porque era implícito en su cargo la Jefatura de las milicias”(2).

(2) José María Rosa. “Historia Argentina” (1974), tomo VI: “El Cisma. (1852-1862)”, p. 17. Ed. Oriente, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Urquiza y la Confederación

Las preocupaciones de Justo José de Urquiza no se limitaban únicamente al nombramiento del gobernador de la provincia de Buenos Aires. En Caseros había derrotado y obligado a buscar refugio en el exilio no sólo al Rosas gobernador de Buenos Aires, sino también al Rosas mandatario de la Confederación Argentina.

En realidad, sólo unas pocas provincias habían intervenido en el conflicto. Empero, era ahora esencial que se organizase alguna forma de Gobierno Nacional para reemplazar al que había caído.

Rosas había ejercido un poder de facto sobre el país y lo debía a la autoridad con que había sido investido en el Pacto Federal de 1831 para representar a las cuatro provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos y, por extensión, al resto de las provincias, tanto en los asuntos financieros como en las Relaciones Exteriores.

Por consiguiente, Urquiza podía hacer uso de este mismo Pacto como punto de partida en los planes de organización que deseaba llevar a la práctica con el fin de lograr una Administración y Constitución nacionales.

- Misión de Bernardo de Irigoyen (1 de Marzo de 1852)

Tras dar a conocer su decisión de postular como gobernador provisorio a Vicente López y Planes, Urquiza consideró que el principal problema era avanzar en las provincias para conseguir su adhesión al nuevo poder politico y, sin que quedaran dudas, ofrecieran su apoyo a los proyectos que juzgaba necesarios para consolidar el poder republicano.

Decidido a mantener con ellas una fluida relación, designó a Bernardo de Irigoyen -hombre de penetración y lucidez extraordinarias- para cumplir esos propósitos quien, “por su inteligencia, condiciones diplomáticas, energía, buena fe y militancia rosista, era el hombre para disipar los recelos del Interior”(3).

(3) José María Rosa. “Historia Argentina” (1974), tomo VI: “El Cisma. (1852-1862)”, p. 18. Ed. Oriente, Buenos Aires. // Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En las Instrucciones detallaba los pasos iniciales para ubicarse frente a la nueva situación:

“... Es preciso modificar y templar prudentemente las ideas de los que pretenden inaugurar una época de venganza y desolación.
“Mi política necesita explicarse a los Gobiernos ... Es conveniente estudiar el estado de la opinión pública en las provincias, investigar las más o menos probabilidades de una pronta organización, allanar las dificultades que pudieran aparecer y atraer al pensamiento de la Constitución todas las influencias preponderantes del Interior.
“Evitar la guerra civil, promover la paz y la unión...”.

Bernardo de Irigoyen, que cuando era secretario privado de Juan Manuel de Rosas había servido a dos amos despachando la copia de toda la correspondencia interesante a Urquiza, fue enviado en misión a las provincias centrales y a las del Interior hacia fines de Febrero de 1852.

Debía explicar a los gobernadores que se habían mantenido fieles a Rosas, las opiniones de Urquiza sobre la organización nacional y pedirles su adhesión y apoyo.

Aun cuando Urquiza era en esa época el caudillo dominante en el Litoral, fue por demás sorprendente el cambio que mostraron los gobernadores que durante años se habían mantenido leales a Rosas. Sin excepción alguna, los caudillos adhirieron al nuevo orden de cosas en el Litoral.

Unicamente cuatro -los de Córdoba, Mendoza, Jujuy y Salta- fueron luego reemplazados por consejo de Urquiza o debieron su caída a revueltas locales.

Llevando una carta de Urquiza como única credencial y sin el respaldo de una fuerza armada, Irigoyen recorrió el Interior durante Marzo y Abril de 1852 y, en esta forma, logró el apoyo eficaz de esas provincias a los planes de organización constitucional.

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