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Protocolo de Palermo. El proyecto de Pujol

El primer paso que había que dar era investir a Justo José de Urquiza con la autoridad necesaria para que actuase en nombre de las provincias en Relaciones Exteriores. Para este fin se invocaron las disposiciones del Pacto Federal de 1831.

Por eso, el acto más trascendente de estos días será la firma del Protocolo de Palermo, el 6 de Abril de 1852. Por él, los Gobiernos de Buenos Aires y de las tres provincias litorales (Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe) invitaban a los de las provincias hermanas a una reunión de gobernadores en San Nicolás de los Arroyos, para reglar las bases de la Organización Nacional.

Ya antes de Caseros, Urquiza y Benjamín Virasoro habían proyectado las bases para el futuro inmediato de la Confederación; ahora, contando con la asesoría de dirigentes de probada eficacia -como Juan Gregorio Pujol, Santiago Derqui, Vicente Fidel López- se apresuraron a establecer una organización interina hasta tanto pudiesen concretar la instalación del Poder Constituyente.

- Con los porteños el 5 de Abril. El proyecto de Pujol

Con tales propósitos, el general Urquiza congregó, el 5 de Mayo de 1852, en los salones de Palermo, a un núcleo de ciudadanos expectables, en su mayoría de Buenos Aires. Asistieron los doctores Dalmacio Vélez Sársfield, Valentín Alsina, Vicente Fidel López, Francisco Pico y Benjamín Gorostiaga, y el general José Tomás Guido.

Se les expuso la idea del Acuerdo entre los poderes de facto y hasta un proyecto: era el del doctor Pujol(1).

(1) Que corre en la página 42 del tomo Segundo del Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El proyecto del doctor Juan G. Pujol resolvía de inmediato las más difíciles cuestiones:

* capitalización de Buenos Aires;
* nacionalización de las aduanas y establecimientos públicos;
* ciudadanía, plenitud de los derechos civiles;
* segregación de la provincia de Buenos Aires, a la que se le quitaba -además- la ciudad, en dos nuevas provincias; etc.

Este proyecto levantó, como era natural, una oposición formidable en el elemento unitario y en la opinión general de Buenos Aires.

- Contundente rechazo porteño. Detalles de la reunión

A principios de Mayo de 1852, Urquiza reunió en Palermo a los políticos porteños más destacados para discutir un proyecto que presentarían después a la “Convención Nacional”.

Los historiadores argentinos han sometido esta reunión a las más exhaustivas investigaciones ya que en ella es visible la evidente resistencia de Buenos Aires a un Gobierno en el que dominasen las provincias(2).

(2) El relato clásico generalmente aceptado por los historiadores es el que presentó Ramón J. Cárcano -obtenido de la polémica de 1858- en: “De Caseros al 11 de Septiembre” (1933), pp. 189-317, Buenos Aires. Más acá en el tiempo, León Rebollo Paz. “Historia de la Organización Nacional” (1951), tomo I, pp. 158-167, Buenos Aires, quien ha elaborado una interpretación ligeramente distinta de los sucesos gracias a una carta de Vicente Fidel López a Urquiza hallada en el Archivo General de la Nación. La presente relación toma en consideración estas interpretaciones y la demás documentación del Archivo General de la Nación, en el Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las discusiones secretas de esta reunión se revelaron seis años más tarde en una polémica entablada en los periódicos, pero un conocimiento exacto de lo ocurrido sólo puede deducirse de distintas cartas, ya que nunca surgió de la discusión una versión incontestable de los hechos.

Entre los consejeros de Urquiza en Palermo había dos, Juan Gregorio Pujol de Corrientes y Santiago Derqui de Córdoba, en quienes se encarnaba el temor prevaleciente en las provincias, a saber, que Buenos Aires dominaría otra vez a la Argentina.

Desde Marzo habían apoyado y discutido el proyecto de federalizar la Ciudad de Buenos Aires y dividir el resto de la provincia en dos nuevas provincias.

No era una idea nueva. Rivadavia la había concebido en 1826 como proyecto para garantizar un Gobierno centralizado bajo el control de la Ciudad de Buenos Aires. Derqui y Pujol, ambos antiporteños, se apoderaron de esta idea unitaria, puesto que en 1852 parecía evidente que Urquiza -caudillo de las provincias- sería el nuevo líder nacional de la Argentina.

En consecuencia, si existía la posibilidad de separar la Ciudad de Buenos Aires de la provincia y convertirla en distrito federal y, por lo tanto, dependiente de un Gobierno Nacional, el peligro de la dominación porteña quedaría alejado. Esta era la idea que Urquiza deseaba someter a los políticos porteños.

En esta reunión histórica asistieron Tomás Guido, Vélez Sársfield, Alsina, Vicente Fidel López (ministro interino de Relaciones Exteriores de la Confederación e hijo del gobernador), Francisco Pico, José Benjamín Gorostiaga y Juan Gregorio Pujol.

A los políticos reunidos en esta asamblea, Pico les leyó un proyecto -escrito por Pujol- que contenía tres ideas principales:

* la convocatoria de un Congreso Constituyente;

* la organización de un Gobierno Provisional Nacional para que gobernase hasta que el Congreso pudiera nombrar las autoridades federales; y

* la federalización de la Ciudad de Buenos Aires como residencia de las autoridades nacionales y la subdivisión de la provincia de acuerdo con los lineamientos del proyecto de 1826.

Esta proposición fue recibida con horrorizado silencio y luego casi todos los presentes manifestaron -uno tras otro- su firme oposición a tal proyecto. Sólo la idea de convocar inmediatamente un Congreso fue recibida con favor, mientras que el resto provocó una rotunda negativa y fue declarado inaceptable por Buenos Aires.

Urquiza, luego de escuchar la discusión de estos proyectos, solicitó a esas personas presentar otras sugerencias que pudieran ser incluidas en la “Convención Nacional”. De común acuerdo, Pico y Vélez Sársfield fueron elegidos para que idearan un nuevo plan. Pico escribió un borrador, que luego fue aceptado por Vélez Sársfield, limitándose al asunto del Congreso Constituyente(3).

(3) Este borrador no apareció aún. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Una carta escrita en aquella época por Pujol a Derqui, quien entonces estaba en el Paraguay en una misión diplomática, demuestra que Urquiza, figuradamente si no literalmente, hizo pedazos este plan(4).

(4) Pujol a Derqui, 20 de Mayo de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, publicado en Jorge A. Mitre. “Espíritu y Vida de la Constitución” (1958), p. 65, Buenos Aires: “Por aquí va todo como Vd. ha dejado. Los enemigos del General con los porteños van de día en día subiendo de punto; la conferencia sobre el proyecto consabido ha producido el magnífico resultado de convencerlo al General de que no hay hombres más provincianos y unitarios que los porteños; concurrieron a la conferencia Alsina, Vélez, López, Pico, Guido, Gorostiaga y todos se declararon en contra del proyecto. Presentaron otro que el General hizo pedazos. En fin, creo que la idea prevalecerá. Mañana salimos en un vapor para San Nicolás”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

"Si al referido proyecto se lo considera sincero, vale decir, un reflejo fiel del pensamiento del doctor Pujol, cabría su adjetivación de impolítico", sentencia el historiador Hernán Félix Gómez sobre estas ideas de Pujol.

"Sostenemos -agrega- que el profundo observador -que organizó las Instituciones correntinas- no pudo proponer, con carácter definitivo, el anteproyecto a que aludimos.
"La propia simplicidad de sus términos, hasta la falta de enunciaciones capitales, en cuanto a la forma, nos dicen haber estado calculado para extremar el argumento y dar pie a una solución ecléctica, admisible por la tendencia porteña.
"Así lo entienden, de hecho, los historiadores que han escrito sobre los sucesos de esta época, cuando no han fundado la reacción del círculo localista de Buenos Aires, en los célebres debates de la Legislatura bonaerense(5), en las pretensiones extremas que quedan expresadas".

(5) Véaselos en la obra del doctor Aristóbulo del Valle. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

- La firma del Protocolo

Para considerar las tareas previas a la Organización, el 6 de Abril de 1852 los cuatro representantes de las provincias del Litoral -los gobernadores de Entre Ríos, Justo José de Urquiza; de Buenos Aires, Vicente López y Planes; el gobernador Benjamín Virasoro, de Corrientes; y Manuel Leiva -representante personal del gobernador de Santa Fe- se reunieron en Palermo y concluyeron un Protocolo que autorizaba a Urquiza a representar la Confederación en Relaciones Exteriores, artículos definitorios que fueron el primer aporte a la hora de dar la gran batalla por la empresa de la Organización Nacional.

Otro artículo otorgaba a Urquiza el poder para retirar de la Aduana de Buenos Aires los fondos necesarios hasta que un Congreso Nacional tomara otras disposiciones.

Como resultado de ello -en el mismo día- se suprimió el puesto de ministro de Relaciones Exteriores de la provincia de Buenos Aires y, el que lo ocupaba, Luis José de la Peña, fue nombrado con idéntico cargo en la Confederación.

En el llamado Protocolo de Palermo, las provincias signatarias delegaban -en la persona de Urquiza- el manejo de las Relaciones Exteriores -hasta ese momento a cargo de Buenos Aires- y de los asuntos generales de la República.

Por primera vez el ejercicio de estas facultades no estaba en manos de un gobernador porteño. El gobernador de Entre Ríos recibía esas atribuciones “hasta tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca, definitivamente, el poder a quien competa el ejercicio de ese cargo”.

Por estas cláusulas, se cancelaba el encargo de las Relaciones Exteriores al gobernador de Buenos Aires y se otorgaban las mismas al general Urquiza, con efecto retroactivo a “sus compromisos y estipulaciones con los poderes extranjeros que pasan a revestir un carácter obligatorio para toda la Confederación”.

Los cuerpos consulares y diplomáticos extranjeros que habían estado acreditados ante el régimen de Rosas, fueron oficialmente recibidos en Palermo algunos días después. Además se despachó inmediatamente al Uruguay y al Paraguay misiones diplomáticas con el fin de solucionar problemas pendientes con esas Repúblicas.

Por último, se convocaba a la extinguida Comisión Representativa del Pacto Federal que era la encargada de “invitar a todas las demás provincias ... a un Congreso General Federativo” que debía arreglar “la Administración General del país bajo el sistema federal”.

Si bien era loable rescatar las disposiciones del Pacto Federal de 1831, dispuesto por los Protocolos de Palermo, la Comisión Representativa había legalmente dejado de existir.

Sobre la base de la anterior autorización, el 8 de Abril de 1852, Urquiza dirigió una invitación a todos los gobernantes para asistir

“... a una Convención Nacional, en la que los mandatarios todos de la República puedan aunar sus pensamientos políticos y tratar de cerca los intereses generales de ella de la manera más eficaz y que más tienda a la realización del gran pensamiento de la época, la confraternidad de los Gobiernos y de los Pueblos”(6).

(6) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo VI, parte 2, pp. 458-459. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires

A esto siguió otro Mensaje a los gobernadores en el que se les aconsejaba solicitar la suficiente autorización de sus respectivas Legislaturas para permitirles no sólo discutir sino también adoptar una acción positiva.

Tanto Urquiza como sus consejeros no tenían ninguna seguridad sobre la dirección que habría de seguir la “Convención Nacional”. Se aconsejó desde la acción sobre medidas puramente temporarias y anteriores a la convocatoria de una Convención Constitucional, hasta esforzarse en establecer inmediatamente un Gobierno permanente.

Urquiza se inclinó por mantener el federalismo -nunca había sido unitario- y dispuso no innovar, tomando como base el Pacto del año 1831; en consecuencia, las provincias de la Confederación continuarían dirigidas por los mismos gobernadores pues derribarlos y reemplazarlos por otros hubiera significado desatar una nueva guerra civil.

- Elección de la Sala de Representantes porteña

Realizada en Buenos Aires la elección para integrar la Sala de Representantes el 11 de Abril de 1852, triunfó la lista amarilla con Vélez Sarsfield, Portela, Mitre, Pastor Obligado, etcétera, que no contaba con el auspicio de Urquiza pero, no obstante, instalada con toda solemnidad, una de sus primeras providencias fue concederle un voto de gracia “por haber liberado a la provincia del tirano que la oprimía y haber iniciado la Organización Nacional de la Confederación Argentina”.

Pese a la animadversión de la Sala de Representantes y a las ambiciones de Valentín Alsina, Urquiza, con gran agudeza política, invitó a visitar el “campo glorioso de Morón” a los miembros del Gobierno y amigos, entre ellos Benjamín Virasoro, y allí formuló un brindis proponiendo a Vicente López y Planes como gobernador propietario de la provincia de Buenos Aires, porque “el venerable don Vicente es acreedor por sus virtudes a continuar ocupando la Primera Magistratura de la provincia y puede contar con las simpatías del Ejército Libertador como creo que cuenta con el aprecio general de sus conciudadanos”.

Ante estas razones, la Sala, con gran mayoría de votos (33 sobre 38), confirmó a Vicente López y Planes gobernador propietario de Buenos Aires quien, el 14 de Mayo, prestó el juramento de práctica.

- Las posiciones partidarias, antes y entonces

Para ese entonces, los ciudadanos de Buenos Aires ya habían tomado partido. Para comprender las razones de las diversas posiciones adoptadas, es conveniente repasar cómo se habían alineado en la época de Juan Manuel de Rosas.

Entre los que apoyaron al Restaurador había quienes -verdaderos federales- veían en él al realizador de hecho de la Confederación y al sostenedor de la bandera federal; otros, lo seguían, contrariamente, porque Rosas afirmaba la hegemonía porteña sobre el conjunto de la Nación unida; y otros, lo apoyaban porque, con él, Buenos Aires conservaba el pleno y libre ejercicio de todos sus derechos sin interferencias de otras provincias o de un posible Estado Nacional.

Quienes militaban en su contra, lo hacían: unos por federalismo, porque creían que Rosas los traicionaba; otros, por liberales, juzgando a Rosas como un déspota que atentaba contra la libertad; y, los menos, en fin, por ser unitarios doctrinarios.

En Abril de 1852 se había producido una verdadera redistribución de la ciudadanía.

Se formó un primer grupo, que podemos llamar “urquicista o federal”, entre los que se contaron Francisco Pico, Vicente Fidel López, Vicente López y Planes, Marcos Paz, Hilario Lagos, Juan María Gutiérrez, etc.

Son los hombres que van a apoyar el Acuerdo de San Nicolás y la unión, lisa y llana, de Buenos Aires a la Confederación. Cualquiera que haya sido su posición, en la época precedente, reencontramos en ellos a los “federales auténticos”.

Otro grupo -donde se reunieron Carlos Tejedor, los Obligado, José Mármol, Adolfo Alsina -todos, en torno de Valentín Alsina- respondían al más crudo provincialismo y sostenían las libertades de Buenos Aires a toda costa: desde San Nicolás fueron “aislacionistas” e, inmediatamente después, “segregacionistas”, que no se apuraban por ver reconstruido el Estado Nacional.

Por último, el tercer grupo respondía a la iniciativa de Bartolomé Mitre, a quien seguían Sarmiento, Elizalde y otros y, por cierto tiempo, Vélez Sársfield. Eran “nacionalistas”, o sea, partidarios de la Organización Nacional, se declararon adeptos al sistema federal y proclamaron que Buenos Aires debía ser la cabeza y la inspiración de esa organización federal.

No es casual que dos ex rosistas -Rufino de Elizalde y Dalmacio Vélez Sársfield- militaran en este grupo cuyo programa -dejando de lado su liberalismo y su deseo de institucionalizar la Organización Nacional- coincidía notablemente con la política de Rosas.

- Los partidos

En los tres grupos se entreveraron, pues, rosistas y antirrosistas. Los dos últimos coincidieron en oponerse al general Urquiza, en quien veían al caudillo provinciano que hollaba los derechos de Buenos Aires y formaron el “partido liberal”, cuyo nombre subrayaba la orientación ideológica de la mayoría de sus miembros.

Pero esta unión no sería duradera. Durante una década se manifestaría la divergencia de opiniones en el seno del partido que -en definitiva- se separaría en sus dos núcleos originarios: el “partido autonomista”, dirigido por Adolfo Alsina, y el “partido nacional”, conocido igualmente como “mitrismo”.

Otro factor que acercaba o separaba a los protagonistas de las políticas confederada y porteña, era el ideológico. Si bien Urquiza representaba ideales políticos divergentes de los del vencido Restaurador, su estructura mental estaba más cerca del tipo pragmático -representado por Rosas- que de los líderes liberales, que hacían profesión de fe de unos “principios” que constituían un dogma político.

Esto no significa que no hubiera liberales al lado de Urquiza y lo prueba la sola mención de Del Carril, Seguí y Alberdi -para limitarnos a los más conspicuos- pero su situación en el “sistema federal” era ambivalente pues “no eran propiamente hombres del sistema, en el sentido de los tipos mentales adecuados”(7).

(7) Véase en Equipos de Investigación Histórica. “Pavón y la Crisis de la Confederación” (1966), el capítulo preliminar de Carlos A. Floria: “La Crisis del 61 y el Nuevo Orden Liberal”, especialmente pp. 10 a 18, Buenos Aires. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

El sistema federal -al que pertenecía Urquiza- correspondía en buena medida a la época y al estilo del tiempo de Rosas y la dificultad y, a la vez, el mérito del gran entrerriano fue intentar una simbiosis entre las características de un tiempo que pasaba, pero aún existía, y otro tiempo que advenía lentamente.

Esta intención está manifiesta en su deseo de reestructurar la Nación sin alterar el equilibrio de hecho logrado por Rosas y tratar de reconstruirla políticamente con una mayoría de hombres que provenían del sistema derribado. En este sentido, podemos calificar a Urquiza de “bisagra” entre dos tiempos políticos.

Frente al pragmatismo y al sentido tradicional del general Urquiza, se levantaba -en Buenos Aires- un frente cuya heterogénea composición acabamos de analizar pero donde la voz cantante la llevaban los ideólogos “liberales”. Muchos de ellos habían emigrado durante la época de Rosas y concebido, en el destierro, un futuro para la Argentina y una política para lograrlo.

Habían vuelto al país dispuestos a realizar a toda costa lo programado, con el sentimiento de quien cumple una misión y a la vez recupera el lugar de que había sido privado hasta entonces. Por eso la vehemencia y el dogmatismo de los ex emigrados. Entre ellos, el realismo moderador de Mitre constituye una variante excepcional.

- El Interior, convulsionado

Muchos de los gobernadores fueron derrocados: en Jujuy, Mariano Iturbe fue fusilado(8); en Salta, José Manuel Saravia al menos salvó la vida(9).

(8) Emilio A. Bidondo. “Historia de Jujuy” (1980), pp. 366-370. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires.
(9) Antonio Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987), tomo 4. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires.

En Córdoba, un motín de cuartel derrocó a Manuel “Quebracho” López(10) y en Mendoza, el general Pedro Pascual Segura obligó a Alejo Mallea a renunciar y regresó al Gobierno(11).

(10) Efraín Bischoff. “Historia de Córdoba” (1979), pp. 221-231. Ed. Plus Ultra.
(11) Antonio Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987), tomo 3, pp. 306-315. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires.

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