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Los debates de Junio en la Legislatura porteña

En Buenos Aires, la noticia de la firma del Acuerdo de San Nicolás provocó la reacción de los sectores más recalcitrantes del unitarismo. Cuando el gobernador Vicente López y Planes -acompañado por el general Justo José de Urquiza- llegaron a Buenos Aires, el 12 de Junio de 1852, la prensa ya había levantado la opinión pública contra el Acuerdo.

El ambiente porteño era un verdadero torbellino de descontento aún antes de la llegada de las nuevas del Acuerdo a Buenos Aires. En un despacho confidencial fechado el 1 de Junio de 1852, el Encargado de Negocios de Gran Bretaña en Buenos Aires Robert Gore, informaba al Foreign Office que el estallido de la violencia era inminente:

“Tengo muchas razones para creer, basándome en los informes que recibí del interior de esta provincia, que existe mucho descontento entre los propietarios de tierras, tanto nativos como extranjeros, quienes hablan abiertamente de su antipatía hacia el general Urquiza, el que se ha vuelto muy impopular por sus fútiles intentos de congraciarse con ambos partidos y de este modo perdió el prestigio con que había entrado al principio en la provincia.
“El partido unitario gana todos los días adeptos y por informes verídicos supe que si por cualquier medio el general Urquiza (cuya única fuerza depende del Ejército de entrerrianos que aún permanece aquí) puede ser alejado de esta provincia, estallará otra revolución de la que es posible esperar escenas de la más sangrienta naturaleza y a ella seguirá una guerra de represalias que tendrá como objeto el exterminio total y completo de la familia de Rosas y la confiscación de sus bienes.
“Un sacerdote me informó que muchas de las personas más respetables, perfectamente calmas, razonables y cristianas en su profesión y conducta, enloquecen al hablar de este tema; y si, infortunadamente para este país, le llegara a suceder cualquier cosa imprevista al general Urquiza, tengo la aprensión de que los informes que me dieron han de resultar demasiado exactos.
“Esta animosidad contra el general Urquiza no se limita únicamente al campo, sino que en la ciudad se celebran todas las noches reuniones del partido unitario y ya se han forjado planes para una acción futura.
“Quiera Dios que no ocurra nada que les permita ponerlos en ejecución. He sabido desde el sur que muchas de las tropas enviadas contra los indios han vuelto a sus hogares, negándose a seguir luchando; que han declarado que después de doce años están cansadas de una guerra que no tiene perspectivas de acabar; y que prefieren morir en sus casas antes que perecer por las lanzas de los indios.
“En muchos lugares de la provincia, más particularmente en el sur, la gente grita ‘Muera Urquiza’, ‘Viva Rosas’ (he sido informado de ello por un testigo ocular) y que las tropas que hace un mes salieron de ésta para el sur, gritaron en los suburbios de la ciudad, ‘Muera Urquiza’, ‘Viva Rosas’”(1).

(1) Gore a Malmesbury, 19 de Junio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 168, Nro. 69, Confidencial. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Lo convenido por los gobernadores en San Nicolás superaba ampliamente el texto estricto del Pacto Federal, pero se conformaba a su espíritu.

La Legislatura de Buenos Aires autorizó al gobernador López y Planes para concurrir a San Nicolás pero no le dio atribuciones para que firmara, por su cuenta, ningún Acuerdo. No había regresado el último, cuando se conoció en Buenos Aires el texto del documento -publicado por el diario oficialista “El Progreso”- lo que provocó gran excitación.

El texto del Acuerdo fue publicado sin comentarios en el diario oficial del Gobierno el 4 de Junio de 1852 en la Ciudad de Buenos Aires. La Legislatura y la prensa fueron los elementos que dieron voz a la reacción inmediata ante el Acuerdo.

“Los Debates” se apresuró en observar que el Acuerdo tendría que ser sometido a la Legislatura Provincial para su aprobación. En forma similar, el propietario de este diario, escribió privadamente el 5 de Junio:

“El acuerdo de San Nicolás tiene a la ciudad en gran conmoción: probablemente el Ministerio será interpelado esta noche en la Sala, para llamar a sí un negocio que es de su exclusiva competencia.
“Por mi parte, si es necesario, estaría, porque el asunto se llevará hasta su última consecuencia pues -pienso como Mirabeau- que tenemos fuerza, aunque no podemos contarla con el dedo. N’allez pas le dire, ça pourrait me compromettre (No va a decir, que podría comprometerme)”(2).

(2) Mitre a Paunero, 5 de Junio de 1852. Archivos privados del doctor Mariano Paunero, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Cuando Buenos Aires conoció, extraoficialmente, el Acuerdo, estalló una verdadera tormenta. Los gobernadores habían ido demasiado lejos, a1 despojar a Buenos Aires de su ejército y sus Rentas. Los “sagrados derechos” de su pueblo, habían sido tocados, ¡con la condescendencia de un gobernador que había actuado sin mandato!

Los opositores juzgaban que López y Planes era un simple instrumento de Urquiza y que el Acuerdo lesionaba intereses fundamentales para la provincia más importante del país, entre ellos, la igualdad de representación ante el futuro Congreso.

- La Legislatura porteña

La Legislatura, bajo el control del grupo antigubernamental encabezado por Valentín Alsina, no perdió tiempo en afirmar su derecho, no sólo al ser consultada, sino también al aprobar o rechazar el Acuerdo.

En la sesión del 6 de Junio de 1852 enviaron una Nota sarcástica al gobernador en ejercicio en la que se manifestaba que los diputados habían visto en los periódicos locales la publicación de un Acuerdo firmado en San Nicolás por los gobernadores de provincias; en consecuencia, la Cámara agradecería que se le comunicara oficialmente el Acuerdo y que se la informara acerca de lo que había sucedido en realidad en San Nicolás(3).

(3) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 261-262. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En la respuesta enviada por el gobernador en ejercicio se negaba cualquier conocimiento oficial sobre el Acuerdo. Todos los esfuerzos de la Legislatura tendientes a obligar a Vicente Fidel López -que acababa de regresar de San Nicolás- a comparecer a fin de ser interrogado, fracasaron debido a que este último alegó estar enfermo.

La próxima sesión de la Legislatura Provincial, el 8 de Junio de 1852, dio lugar a una afirmación agresiva de sus derechos y privilegios:

“... que la Honorable Sala de Representantes ordena al Poder Ejecutivo de la provincia haga saber a los ministros como a todos los empleados civiles o militares, que no deben cumplir ni ejecutar -bajo la más absoluta responsabilidad- ningunos decretos u órdenes originadas de facultades o poderes que se refieran al Tratado celebrado entre los señores gobernadores de las provincias hasta que él haya sido presentado al Cuerpo Legislativo y le haya éste prestado su sanción en los términos que prescriben las leyes de la provincia”(4).

(4) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 265-266. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Dos días más tarde, el 10 de Junio de 1852, el gobernador delegado respondió a esta demanda repitiendo que no tenía ningún conocimiento oficial del Acuerdo; por lo tanto, ya que por cierto no podía tomar acción alguna para ejecutar los términos del Acuerdo, la resolución de la Cámara estaba completamente fuera de lugar(5).

(5) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 274-276. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Encargado británico, en su informe a Londres, resumió la situación en los siguientes términos:

“Las diferencias existentes entre el Ejecutivo y la Sala, surgidas en la conferencia de San Nicolás, han provocado la mayor agitación y ansiedad en todas las clases y en la sesión secreta del 11 del corriente, en la que se hicieron preguntas a los ministros, o más bien se los interrogó, con el intento de obtener confesiones y admisiones acerca de lo que sabían oficialmente o respecto de la conferencia en cuestión, nada se pudo sacar de ellos.
“Afirmaron que nada sabían oficialmente y se negaron a retirar su Nota del 10 del corriente y se rehusaron a discutir proposiciones abstractas; de modo que el caso quedó en el mismo estado de duda en que estaba antes de la sesión.
“El 12 volvieron a considerar el tema y se promulgó un decreto que dejaba las Resoluciones del 8 del corriente en todo su vigor...”(6).

(6) Gore a Malmesbury, 12 de Junio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 168, Nro. 72. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El descontento fue atizado por la prensa opositora, representada por dos grandes periódicos: “Los Debates”, de Bartolomé Mitre; y “El Nacional”, de Vélez Sársfield. En los editoriales de ambos periódicos -los dos más reputados de las fuerzas antigubernistas- se discutía el Acuerdo y las acciones de la Legislatura en términos moderados aunque partidistas.

La perturbación -visible en todas partes y mencionada por todos los observadores- era, empero, más profunda que el mero resentimiento porteño contra Urquiza o la resistencia de los legisladores de la provincia contra el Acuerdo.

Al final sería quizá necesario recurrir a la fuerza militar para desalojar a Urquiza y a sus tropas de la posición dominante que ocupaban en Palermo. El 10 de Junio de 1852 se formó un Comité de Emergencia para hacer frente a esa eventualidad y se forjaron planes iniciales con el fin de conseguir fondos y pertrechos.

Enviaron una comisión a Montevideo para solicitar el retorno del general José María Paz y pedirle que se pusiera al frente de las fuerzas porteñas en caso de producirse un conflicto militar(7).

(7) Faustino Velasco a Paz, 17 de Noviembre de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general José María Paz (1850-1854). “Yo había formado una alta idea del doctor Alsina y cuando él me llamó el 10 de Junio para ser miembro de una Comisión salvadora, fui deferente a su invitación y acepté la comisión que se me encargó para marchar a Montevideo en busca de V. E. ...”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En consecuencia, el gobernador López y Planes llegó a Buenos Aires el 12 de Junio de 1852 para hacer frente al problema inmediato de una Legislatura hostil y de un pueblo ya levantado por las violentas discusiones en la prensa sobre el Acuerdo. Al día siguiente, Urquiza y su séquito también desembarcaron en el puerto y se dirigieron al Cuartel General de Palermo.

López y Planes reasumió el mando el 14 de Junio de 1852 y, al día siguiente, envió a la Legislatura un proyecto de ley por el cual entraba en vigencia, en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires, el Acuerdo de San Nicolás. El gobernador de Buenos Aires envió el Acuerdo en su original a la Legislatura de la provincia, acompañado de un extenso y bien fundado Memorial(8).

(8) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Los debates a que dio origen la aprobación o el rechazo del pedido se conocen en la historia argentina con el nombre de “Jornadas de Junio”. El descontento aumentó al trascender las cláusulas del Acuerdo de San Nicolás, que quitaban a Buenos Aires privilegios económicos, políticos y militares, heredados a través de los años. Lo convenido superaba ampliamente el texto estricto del Pacto Federal, pero se conformaba a su espíritu.

La Legislatura recibió el 15 de Junio un largo Mensaje del gobernador López y Planes, una razonable justificación del Acuerdo que trataba de contestar algunas de las objeciones que surgían por todas partes. Junto con el Mensaje venía un proyecto de ley que otorgaba la aprobación de la Legislatura al Acuerdo y que convertía sus disposiciones en Estatutos Provinciales.

A requerimiento de Vélez Sársfield, resolvieron que en lugar de someter el Acuerdo a una comisión, darían comienzo al examen de sus cláusulas en debate abierto el Lunes 21 de Junio(9).

(9) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 302-307. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El descontento fue atizado por la prensa opositora, representada por dos grandes periódicos: “Los Debates”, de Bartolomé Mitre; y “El Nacional”, de Vélez Sársfield.

Los cinco días que transcurrieron después de estos acontecimientos proporcionaron muchas oportunidades al público y a la prensa de discutir y magnificar el peligro que entrañaba otorgar a Urquiza -gobernador de otra provincia- los amplios poderes contemplados en el Acuerdo. La tranquilidad de que daban prueba los respetables periódicos “Los Debates” y “El Nacional”, empezó a desaparecer.

Mitre publicó un editorial el 17 de Junio de 1852 en el que culpaba al gobernador López y Planes de los problemas actuales, ya que éste no solicitó la aprobación de la Legislatura para firmar el Pacto concluido en San Nicolás. Dos días más tarde, Mitre fundamentaba sus objeciones al Acuerdo y ya consideraba el riesgo de otorgar poderes ilimitados bajo cualesquiera condiciones.

“El Nacional” lanzó un ataque paralelo contra el Acuerdo, que culminó el 19 de Junio con las siguientes observaciones:

“Un pueblo violentado no es posible gobernarlo; mañana se emancipará. Será -a toda hora- un poder inmenso, que esté amenazando el poder existente. Lo vencerá al fin, porque al fin los pueblos siempre vencen”.

- Los debates

El Gobierno de López y Planes intentó contrarrestar tan evidente exhortación con su propia propaganda. Al final de la semana se pegaron carteles en la ciudad y distribuyeron volantes en la provincia en los que se afirmaba la necesidad de que la autoridad de Urquiza fuera dominante.

La histórica hegemonía porteña, atacada en su base con el nombramiento del general Urquiza para Director Provisorio de la Confederación, exigía el rechazo del Acuerdo; así es cómo se producirán las llamadas Jornadas de Junio, vergonzoso debate que trae su rechazo y la guerra civil.

Finalmente llegó el 21 de Junio:

En medio de un hervidero de inquietudes y presentado el Acuerdo a la Legislatura, comenzó el 21 de Junio -primer día del invierno de 1852- el debate para tratar el problema en cuestión. Un público entusiasta, en su mayor parte juventud porteña, llenó totalmente el recinto.

Mitre y Vélez Sársfield atacaron el Acuerdo; Vicente Fidel López, Pico y Juan María Gutiérrez, lo defendieron, con igual entusiasmo.

“El interés que mostraba el pueblo era tan grande, que la ciudad apareció como en día de fiesta. Casi todas las tiendas estaban cerradas y en hora muy temprana no sólo la galería de la Sala sino todas las calles colindantes, estaban llenas de gente.
“Provocaba este interés la creencia de que esta Convención iba a otorgar un poder como el que detentaba el general Rosas antes, lo cual no deseaba el pueblo”(10).

(10) Gore a Malmesbury, 24 de Junio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina (citado en adelante FO 6), volumen 168, Nro. 79. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Dentro de la Cámara, los ministros provinciales se hallaron frente a una oposición virtualmente unida, la que estaba compuesta por los diputados antigubernistas(11).

(11) Unicamente Francisco Pico apoyaría el Gobierno durante los subsiguientes debates. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Mitre se levantó para abrir el debate con un discurso que señalaría su inicio oratorio ante el público porteño y quedaría como un mojón en su larga carrera política. El editorial que había publicado previamente en “Los Debates” le proporcionó la base de los argumentos que dirigió contra esos artículos que otorgaban a Urquiza poderes absolutos:

“Aunque no use (Urquiza), aunque no abuse, siempre será un déspota, porque déspota -como lo he dicho y demostrado antes- es todo aquél que no tiene ley que le dé norma, entidad, que le sirva de contrapeso o poder ante el cual sea real y positivamente responsable de sus acciones.
“Esa autoridad puede disponer de las rentas nacionales, sin Presupuesto y sin dar cuenta a nadie.
“Puede reglamentar la navegación de los ríos como si fuera un cuerpo legislativo y soberano.
“Puede ejercer por sí y ante sí la soberanía interior y exterior, sin necesidad de previa o posterior sanción.
“Puede declarar guerras.
“Puede sofocar revoluciones.
“Puede disponer de todas las fuerzas militares de la Confederación, como si se hallase al frente del enemigo, y mandarlas en consecuencia.
“En la esfera de lo posible no sé que otra cosa le sea dado poder hacer a una autoridad humana, a la cual se le ponen en una mano la plata y en la otra las bayonetas y a cuyos pies se ponen el territorio, los hombres y las leyes”(12).

(12) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, p. 307. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En la Sala de Representantes porteña, el coronel Bartolomé Mitre pronunciará una serie de discursos rechazando el Acuerdo, con la excusa de que el gobernador no había tenido autorización de la Sala para firmar el Acuerdo y de que las atribuciones asignadas al Director Provisorio eran dictatoriales(13)

(13) Años más tarde, se acusaría con razón al mismo Mitre de asumir atribuciones aún más amplias, durante los meses que separaron la disolución del Gobierno de la Confederación -tras la batalla de Pavón, en 1861- y su asunción a la presidencia de la Nación. Véase Isidoro J. Ruiz Moreno. “El Misterio de Pavón” (2005), Ed. Claridad, Buenos Aires.

Los temores reales o imaginarios de Buenos Aires se expresaron de manera vibrante en el discurso de Mitre. Mitre al iniciar el debate manifestó que no rechazaba la idea de la organización del país, pero que el Acuerdo otorgaba a Urquiza poderes dictatoriales; en consecuencia, su voto sería “por la no admisión del Tratado”.

Estos conceptos fueron rebatidos por el ministro de Gobierno, Juan María Gutiérrez, quien argumentó la necesidad de un “poder fuerte”, para organizar la Nación en esas difíciles circunstancias. En contraste, la réplica de Gutiérrez -ministro de Gobierno- careció de colorido y de eficacia. Subrayó que la Argentina necesitaba una autoridad Ejecutiva vigorosa, como resultado natural de los acontecimientos de los últimos veinte años y de la batalla de Caseros.

Mitre se levantó de nuevo y reconoció que probablemente Urquiza no ejercería poderes dictatoriales pero, en esta seguridad, no halló justificativo alguno por el despotismo que el Acuerdo había promovido.

Otro diputado de la oposición, Esteves Saguí, se apartó del elevado plano de la discusión y dirigió ataques personales contra Urquiza y el gobernador López y Planes. El único defensor de la causa del Gobierno en la Cámara, Francisco Pico, se lanzó entonces a un análisis del Acuerdo, artículo por artículo, con lo cual trató de demostrar el origen y necesidad de cada concesión de poder.

Por tercera vez ese día, Mitre volvió a atacar. Su posición casi irrefutable se basaba tal vez en principios teóricos, pero apelaba en forma práctica a los temores y emociones del público que lo escuchaba.

El debate de la primera Sesión se mantuvo en un nivel muy alto y aunque el público que inundaba las calles abucheaba, daba vivas y prestaba escasa atención a los esfuerzos del presidente por mantener el orden, la Legislatura había podido deliberar y expresarse con relativa calma. El periódico del Gobierno señalaba con aprobación: “La calma de la discusión manifiesta que estamos en un estado de cultura muy adelantado”(14).

(14) Periódico “El Progreso”, del 22 de Junio de 1852. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La Sesión terminó pacíficamente después de unos pocos discursos de los diputados antigubernistas y la multitud acompañó a su nuevo héroe, Mitre, a sus oficinas de “Los Debates”.

Más allá de los detalles anecdóticos de este famoso debate(15), veamos en cambio su meollo:

(15) Todavía nadie ha descripto mejor las Jornadas de Junio, que Ramón J. Cárcano, en su célebre libro: “De Caseros al Once de Septiembre”, adonde remitimos al lector que quiera ampliar su información. Un buen análisis político puede verse, también, en Rodolfo Rivarola. “Mitre (una Década de su Vida Política. 1852-62)”, Buenos Aires, en “Revista Argentina de Ciencias Políticas” (1921); Adolfo Saldías, muy brevemente, da un colorido cuadro en: “Un Siglo de Instituciones” (1910), tomo 1, capítulo XVII, La Plata. // Todo citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

El coronel Mitre -artillero ascendido en Caseros, periodista y poeta de inspiración liberal y poseedor de una erudición superior- acababa de hacer gala en “Los Debates” de su aspiración a “la Organización Nacional por medio de un Congreso Constituyente”, y de su federalismo:

“El federalismo es la base natural de la reorganización del país... La organización federativa es, no sólo, la única posible, sino que es también la más racional”(16).

(16) “Los Debates”, 1 de Abril de 1852. En este número inaugural de su periódico, en su artículo “Profesión de Fe”, Mitre proclamó que “no hay cuestión económica que no envuelva otra cuestión política o social” y la consecuente necesidad de resolver los problemas materiales del país, a cuyo fin propinaba sufragio universal, libertad de imprenta y reunión, organización de la Guardia Nacional, libre navegación de los ríos, aduana federal, fomento de la inmigración y libre comercio. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

¿En qué fincaba, pues, su oposición? Mitre invocaba el exceso de facultades otorgadas a Urquiza. La sombra de Rosas estaba demasiado cerca para los liberales y bajo la invocación de los “principios”, latía en el discurso de Mitre un temor, que disimulaba, por respeto al vencedor:

“Nosotros convenimos, y ésta es mi creencia, que el general Urquiza no abusará de su poder, que su persona es una garantía; pero eso no quita que yo no me considere suficientemente autorizado para dar mi voto a la autoridad de que se le pretende investir y de que yo piense que esa autoriadad es inaceptable, porque es contra el derecho escrito y contra el derecho natural, y porque ni el pueblo mismo puede crearla”(17).

(17) Diario de Sesiones de la Legislatura de Buenos Aires; Sesión del 21 de Junio de 1852. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Además del exceso de poder que se otorgaba había otra razón que Mitre callaba: la persona del depositario de aquellas facultades, a quien el orador consideraba una garantía. Pero garantía moral, no política; garantía de no abusar, pero no garantía de que Buenos Aires no perdería su posición hegemónica en el concierto provincial. Lo que los oradores contrarios al Acuerdo callaron, lo vociferó la barra. Bien escribió Rivarola al respecto:

"La mesura inicial de los oradores fue dominada por la violencia de una barra vocinglera, que interrumpía las discusiones y amenazaba a los ministros. Los discursos fueron varias veces cortantes, pero los oradores recuperaban la mesura, mientras la actitud de la barra elevaba la tensión hasta lo indecible".

- Los debates en su segundo día

La reunión continuó al día siguiente, mientras Urquiza -de regreso en Palermo- seguía con atención los acontecimientos. Como en la víspera, gran cantidad de personas llenó la Sala, ubicada en Perú entre Alsina y Moreno.

La calma relativa de la primera sesión se desvaneció cuando se acaloraron los ánimos en el segundo día del debate y los oradores bajaron del plano de las discusiones teóricas para calumniar a los distintos personajes y levantar las pasiones del público. Esta vez el periódico del Gobierno observaba:

“Lamentamos sinceramente que se haya perdido en la deliberación sobre negocio tan grave, la calma necesaria, sin la cual no puede haber, y no habrá, acierto”(18).

(18) Periódico “El Progreso”, del 23 de Junio de 1852. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Nuevamente el comercio cerró como en día de fiesta y el populacho se derramó en las calles que rodeaban las Cámaras Legislativas. Esta vez, sin embargo, la muchedumbre subrayó repetidamente las discusiones con sus gritos de aprobación o de desaprobación. Las Actas del debate estaban salpicadas con anotaciones tales como:

“Viva y larga agitación en la Sala y tribunas: exclamaciones de desaprobación contra el Sr. Ministro. Muchos Diputados dejan la Sala. El Presidente se empeña en vano por mucho tiempo en restablecer el orden”; o “Viva agitación en las tribunas y en la barra, contradicciones tumultuosas al aserto del Ministro”; o “ruidosas señales de reprobación al Ministro. Gritos en toda la barra:

- Cállese el Ministro, abajo el Ministro, etc., etc.

“El desorden dura por algún tiempo. El Presidente consigue al fin que las tribunas y la barra guarden silencio”(19).

(19) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 346-395 passim. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Dos oradores tuvieron un papel principal en esta sesión, como Mitre lo había tenido en la primera: Vélez Sársfield definió la posición antigubernista, mientras que el ministro de Instrucción Pública, Vicente Fidel López, defendió el Gobierno y el Acuerdo. Vélez Sársfield pronunció un largo discurso y con argumentos jurídicos rechazó el Acuerdo.

El jurisconsulto volvió a subrayar el peligro de crear una autoridad omnipotente en la persona de Urquiza. Aunque expresado en términos irónicos y racionales, su discurso demostraba claramente el temor de Buenos Aires ante un Gobierno irresponsable dominado por un caudillo de las provincias:

“Si el Acuerdo se llevase a efecto ¿qué vendría a ser el honoroso cargo de gobernador de Buenos Aires..? ¿A qué quedan reducidas las facultades del gobernador de Buenos Aires?
“No conozco un ser moral más abyecto ni más insignificante que el gobernador de Buenos Aires despojado de los poderes que se transmiten al general Urquiza... No le queda al gobernador de Buenos Aires poder ni para hacer ejecutar las leyes de la provincia y dejará de hecho de ser Poder Ejecutivo, porque no puede haber autoridad ejecutiva que no tenga el mando y pueda disponer y emplear la fuerza pública.
“Queda el general Urquiza, en verdad, de Poder Ejecutivo de la provincia, sin haber antes creádose entre él y la provincia de Buenos Aires ninguna relación de derecho político, sin tener ninguna dependencia de la Legislatura ni del pueblo.
“Acaba, pues, por el Acuerdo, el Poder Ejecutivo de la provincia y la existencia de todas las Instituciones quedan a merced de la protección que quiere dispensarles el general Urquiza”(20).

(20) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 359-360. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Entonces López -quien lo siguió, en el uso de la palabra- se levantó para arrojar a la cara del público reunido los temores de la ciudad. Sus acusaciones contra el sentimiento y el honor porteños excitaron a la muchedumbre mucho más que las arengas de los oradores antigubernistas y su discurso fue repetidamente interrumpido por tumultos en la Sala.

Vicente Fidel López -ministro de Instrucción Pública de Buenos Aires e hijo del gobernador- fue escuchado con viva ansiedad. Enfrentó a la multitud enardecida al sostener que el Acuerdo “era el punto de partida del proceso institucional” y reprochó el excesivo localismo de sus opositores porteños.

El nacionalismo, más bien que el amor por la provincia de Buenos Aires, era lo que necesitaba la Argentina, y dijo el joven López, en  uno de sus pasajes:

“Y aquí señores, me honro con la declaración que hago: ¡que amo como el que más al pueblo de Buenos Aires en donde he nacido! ¡Pero alzo mi voz para decir que mi patria es la República Argentina y no Buenos Aires!”(21).

(21) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, p. 379. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El ministro, doctor López, en aquella oportunidad lució en las cumbres de la oratoria, de la lógica, de la verdad y de la justicia. Sus palabras, aprendidas en las aulas universitarias, como su credo(22), son la condenación de esa hora desgraciada de la democracia bonaerense.

(22) Texto del doctor Aristóbulo del Valle. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

El Acuerdo no constituía una amenaza de dictadura, sino que era un paso necesario para asegurar el orden mientras estaba en marcha el proceso de la organización nacional. Entonces López fustigó a sus oyentes con la acusación de que este provincialismo había apoyado la dictadura de Rosas:

“El provincialismo, señores, es hoy absurdo. No hace mucho que la provincia de Buenos Aires había renunciado al honor y a la fama y se había entregado a un tirano dándole sus rentas y sus soldados... Muchas leyes hay votadas en este mismo lugar -que comprueban lo que he dicho, renunciando Buenos Aires a su honor, a su libertad y a su fama”(23).

(23) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, p. 381. Ed. Emilio Ravignani, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

“Los diputados y los ministros fueron elocuentes, cultos y corteses... Desgraciadamente fue consentida la intervención de la barra apasionada, rosista y tal vez, en mínima parte, unitaria; de todas maneras, localista porteña, ya enemiga de Urquiza y de los entrerrianos, sus vencedores en la batalla de la víspera”(24).

(24) Rodolfo Rivarola. “La Constitución Argentina y sus Principios de Etica Política” (1928), p. 80. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Desbrozado de elementos anecdóticos o circunstanciales y de la argumentación jurídica -precisa, pero secundaria- de Vélez Sársfield, es claro que el Acuerdo fue derrotado por antiporteño, o mejor, por “a-porteño”.

La Sesión terminó estando López aún en uso de la palabra. La multitud en la Sala y en las calles colindantes no daba señales de dispersarse y seguía en el mismo sitio, dando vivas a los diputados antigubernistas y profiriendo insultos y amenazas contra los ministros.

El Acuerdo no tenía defensores en la Sala, excepto por el diputado Francisco Picó y los ministros Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, hijo del gobernador. Varios incidentes obligaron a interrumpir la Sesión y López debió abandonar la Legislatura -con Gutiérrez- bajo protección policial.

En vista de la cólera del público, los ministros del Gobierno se retiraron prudentemente de la Cámara en el carruaje del Jefe de Policía.

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