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Intervención Federal de Buenos Aires

Las amenazas del público en la Sala de Representantes porteña a los ministros provocaron la renuncia inmediata del gobernador  López y Planes -con sus ministros- antes de la votación final.

Era evidente para los ministros del P. E. porteño que la Cámara Legislativa nunca daría su aprobación al Acuerdo de San Nicolás, por lo que presentaron inmediatamente sus renuncias. El gobernador elevó la renuncia a la Legislatura, el 23 de Junio de 1852, la que fue aceptada de inmediato.

- Enfrentamiento con Urquiza

Cuando la Legislatura se reunió el 23 de Junio de 1852, recibió un Mensaje del gobernador Vicente López y Planes en el que manifestaba que por ser imposible una discusión libre del asunto se veía él también obligado a renunciar a su puesto. Su renuncia fue aceptada y enseguida la Legislatura votó para designar a su presidente, el general Manuel Guillermo Pinto -presidente de la Asamblea- como gobernador provisional.

El curso que seguía ahora la Legislatura debía inevitablemente llevar a un choque con las autoridades nacionales representadas por Justo José de Urquiza y que paraban en Palermo, a unos pocos kilómetros de la ciudad. El rechazo del Acuerdo por Buenos Aires significaba que la más rica de las provincias argentinas no daba su consentimiento al mandato provisional de Urquiza.

A menos que Urquiza convocara otra reunión de las provincias y abandonara sus pretensiones a una autoridad Ejecutiva Provisional, el problema no podría ser resuelto en una forma que satisfaciese a la Legislatura o a Buenos Aires.

Urquiza, no obstante, estaba convencido de que la resistencia de Buenos Aires era únicamente la obra de una minoría obstinada, “... una intención decidida de algunos espíritus díscolos que querían contrariar la voluntad general y entorpecer la organización nacional”(1).

(1) Urquiza a M. Taboada, 26 de Junio de 1852. “Recuerdos Históricos: los Taboada (Luchas de la Organización Nacional)” (1929-1947), documentos seleccionados y comentados por Gaspar Taboada, tomo I, p. 301. Buenos Aires (cinco volúmenes). // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Sus tropas en Palermo le daban por cierto ventaja y no veía razón alguna que lo obligase a revisar o abandonar sus planes de Organización Nacional(2).

(2) A este respecto, el comentario de Juan C. Ocampo a Paz, 25 de Junio de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general José María Paz (1850-1854), publicado en León Rebollo Paz. “Historia de la Organización Nacional” (1951), tomo I, p. 363, Buenos Aires, es particularmente interesante: “Me consta que el General estaba dispuesto a tomar -bajo su responsabilidad- el hacer modificaciones al Acuerdo de San Nicolás y escribir sobre ello a los gobernadores. Pero la violenta Sesión del 22 y el peligro que corrieron los ministros después de ella, cambió el aspecto de las cosas de golpe y el General adoptó el camino que expresa en su Manifiesto y Proclama”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

- Urquiza Interviene Buenos Aires

Ese mismo día, el 23 de Junio de 1852(3), el Director Provisorio Urquiza se movió rápidamente para asegurarse el control de la situación y ahogar la obra de las facciones y en uso de las atribuciones que le confirió el Acuerdo de San Nicolás lanzó su contraofensiva contra “la demagogia”, según sus palabras.

(3) Acta de la Legislatura bonaerense, en el Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo II, p. 53, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

 

Una comunicación -que debía ser entregada a la mañana siguiente- fue dirigida al general Pinto anunciándole que la Sala Legislativa quedaba disuelta y que Urquiza iba a asumir temporariamente la autoridad Ejecutiva en la provincia:

“Considero este estado de cosas completamente anárquico y en esta persuasión me hallo plenamente autorizado para llenar la primera de mis obligaciones, que es salvar la patria de la demagogia, después de haberla libertado de la tiranía”(4).

(4) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo IV, pp. 398-399. Ed. Emilio Ravignani, (seis volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Por decretos simultáneos, los periódicos de Buenos Aires fueron cerrados -con la excepción de “El Progreso”- y cuatro de los diputados más osados, Vélez Sársfield, Mitre, Portela y Ortiz Vélez, y un codirector de “Los Debates”, Toro y Pareja, recibieron la orden de salir de la provincia dentro de un plazo de veinticuatro horas(5). Al día siguiente- delegó el Gobierno en el mismo renunciante.

(5) “Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos ... que Organizaron Políticamente la Nación” (1937-1939), tomo VI, parte 2, p. 1.100. Ed. Emilio Ravignani, (seis volúmenes), Buenos Aires. Valentín Alsina fue objeto de un decreto similar por el que se ordenaba su exilio, pero el decreto fue anulado después de haber intervenido el Encargado de Estados Unidos con sus buenos oficios. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los dramáticos acontecimientos que siguieron al 23 de Junio de 1852 fueron resumidos en el Informe del Encargado británico:

“... las tropas del general Urquiza tomaron posesión militar del Arsenal, del Fuerte, se montó la artillería y las tropas fueron puestas en armas para sofocar al momento en la ciudad cualquier cosa parecida a una revolución.
“Inmediatamente cabalgué a Palermo para ver al general Urquiza, por cuanto la ciudad estaba en la mayor agitación. Sabía que toda persona capaz de llevar armas las había recibido, como también municiones; y si el valor de la población era tan grande como los sentimientos que expresaba, era mucha la aprensión que se sentía por estos sucesos.
“Encontré a las tropas en armas y todo preparado por si ocurriese el estallido, al general Urquiza rodeado por sus generales y Estado Mayor, dando las órdenes necesarias; y entonces me dijo que había resuelto sofocar enseguida todo síntoma de desorden en esta ciudad; que estaba muy ansioso por impedir todo derramamiento de sangre...
“Las Guardias Nacionales habían recibido la orden de volver a sus casas y las patrullas habían sido reemplazadas por las tropas regulares. Todo transcurrió en la mayor tranquilidad y durante la noche no ocurrió ni una sola aventura.
“El general Urquiza dictó una Proclama y se la distribuyó en toda la ciudad, lo que contribuyó a tranquilizar el espíritu de la gente a quien se había hecho creer que la ciudad iba a ser saqueada y abandonada a la soldadesca lo cual, naturalmente, causaba terror a los ignorantes y a los predispuestos a creer las más improbables historias.
“Así fue sofocada una revolución que -según mis informaciones, hubiera sido la más sangrienta y horrenda en los anales de la historia de Sudamérica- sin derramar una sola gota de sangre”(6).

(6) Gore a Malmesbury, 24 de Junio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 168, Nro. 79. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Estas medidas militares, en efecto, impidieron que la gente siguiese expresándose libremente contra el Acuerdo o contra Urquiza. Aunque después de Caseros no se produjo una ocupación militar temporaria, tuvo entonces lugar como resultado de los debates de Junio.

- Virasoro a cargo del patrullaje en las calles de Buenos Aires

El gobernador Juan Benjamín Virasoro de Corrientes, aún Jefe de Estado Mayor de las fuerzas en Palermo, asumió el mando inmediato de las tropas que iban a patrullar la ciudad día y noche. La Legislatura se reunió brevemente en la mañana del 24 de Junio, sólo el tiempo necesario para tomar conocimiento oficial de los recientes acontecimientos y de su disolución.

- López y Planes, gobernador provisional

El 25 de Junio de 1852, Urquiza, haciendo uso de la autoridad delegada en él por el Acuerdo, decretó que Vicente López y Planes debía asumir nuevamente el control Ejecutivo de la provincia como gobernador provisional.

López, a su vez, reeligió el mismo gabinete que había renunciado en la tarde del 22 de Junio. El orden parecía restablecido, pero el Encargado británico envió una vez más pronósticos pesimistas a su Gobierno:

“La tranquilidad de la ciudad sigue sin alterarse, pero la desconfianza es general; el comercio está completamente paralizado y todos están esperando una futura revolución”(7).

(7) Gore a Malmesbury, 2 de Julio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 168, Nro. 82. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El golpe final -28 de Agosto de 1852- será la nacionalización de las Aduanas.

- Situación en el Interior

En el resto de la Argentina se experimentó escasa agitación y no reinaba esa actividad febril que había caracterizado la escena porteña en los meses que siguieron a Caseros. En la mayoría de las provincias, la población estaba bajo el control de los caudillos locales y menos dividida en sus simpatías políticas y económicas.

El abrupto cambio que significó para estos Gobiernos dejar de obedecer a Rosas y obedecer a Urquiza demostraba la aceptación pasiva del cambiante estado de los asuntos en el distante Litoral. En Córdoba, Mendoza, Jujuy y Salta es cierto que los gobernantes rosistas habían sido reemplazados en Marzo y Abril, a instigación de Urquiza o por insurrecciones locales. Esto, sin embargo, no representaba un cambio radical del antiguo orden.

Urquiza por cierto no deseaba alentar cambios en las provincias que pudieran poner en peligro el curso de la Organización Nacional. Por esta razón, apoyó a uno de los secuaces más fuertes de Rosas, el gobernador Benavídez -de San Juan- derribado por un movimiento subversivo durante su ausencia en San Nicolás para asistir a la reunión de gobernadores.

En Agosto, Urquiza presionó a los sediciosos para que devolviesen el mando de la provincia a Benavídez.

El gobernador Celedonio Gutiérrez -de Tucumán- se vio envuelto en una disputa larga y complicada y fue depuesto en forma similar durante su ausencia en San Nicolás. De nuevo Urquiza demostró claramente su oposición a cualquier disturbio político en el Interior.

En la vecina Corrientes, empero, un movimiento popular destituirá a Virasoro del Gobierno luego de su larga ausencia en Buenos Aires donde había sido Jefe del Estado Mayor del Ejército de Urquiza. En este caso, Urquiza no opuso ninguna objeción a la elección de Juan Gregorio Pujol, aparentemente autor del famoso Acuerdo.

En general, Urquiza respetó la autonomía de las provincias y, más especialmente, la independencia de los caudillos locales en el Interior. Al mismo tiempo, esos caudillos deseaban apoyar una Organización Nacional que -bajo la guía de Urquiza- no presentaba -en apariencia- serias amenazas contra su futura autonomía local.

En este sentido, las Legislaturas de todas las provincias, salvo Buenos Aires, ratificaron el Acuerdo a principios de Agosto. Este tipo de arreglo, no obstante, nunca podría vertebrar un Gobierno Nacional.

La autoridad de Urquiza seguiría descansando en el poder y lealtad de su propia provincia, Entre Ríos, y en los arreglos privados u oficiales que en el ínterin llegaría a concluir con las más importantes provincias.

La actitud y posición de la provincia de Buenos Aires, por consiguiente, era de extrema importancia. Por eso Urquiza seguía acampado en Palermo con contingentes de su Ejército tantos meses después de una batalla que se suponía no había dejado ni “vencedores ni vencidos”.

La provincia no sólo estaba a horcajadas sobre el sistema fluvial que conectaba a Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes con el mundo, sino que poseía virtualmente el único puerto de entrada en la Argentina. De ahí que su contribución financiera en cualquier esfuerzo de Organización Nacional era vital para lograr el éxito.

Desde el 3 de Febrero de 1852, Urquiza controlaba la Aduana de Buenos Aires, esta clave esencial de la renta nacional. Y hemos visto cómo Urquiza trataba de mantener en el poder a un Gobierno Provincial que obedeciera sus dictados.

El Gobierno Provisional de López, que había sido colocado por Urquiza hacia fines de Junio de 1852, representaba la virtual ocupación de Buenos Aires. La posición del anciano estadista porteño pronto se hizo insostenible. En última instancia, su Gobierno tenía que depender de las bayonetas de Palermo y esto no le permitía maniobrar entre los variados sectores políticos de su propia provincia.

En forma siempre creciente, los emigrados, los rosistas, los alsinistas, buscaron unirse para librarse del control “foráneo” que les había sido impuesto. No se oponían necesariamente a la Organización Nacional, pero deseaban participar de esta idea según sus propios términos y en una forma que no pusiera en peligro la posición dominante de Buenos Aires.

- López y Planes se aleja definitivamente del Gobierno porteño

Una crisis sin importancia proporcionó finalmente al gobernador López y Planes la oportunidad de rehuir el molesto papel de ser un títere de Urquiza en su propia provincia.

Los ministros de Hacienda y Guerra estaban en profundo desacuerdo con él acerca de un proyecto relativo al pago de los empleados civiles y militares de la provincia y le presentaron sus renuncias el 21 de Julio de 1852. Esto fue la razón aparente de su subsiguiente renuncia.

Pero, más hondas que las diferencias existentes dentro de su Gobierno eran las desinteligencias que surgieron contra el Cuartel General en Palermo, de las cuales una de las más recientes era la cuestión de la confiscación de los bienes de Rosas.

Dos semanas después de la batalla de Caseros, la Administración del gobernador López y Planes había declarado que los bienes de Rosas pertenecían a la provincia. Para llevar a cabo su idea de una amnistía política completa, Urquiza, en Julio, presionó a López para que anulase ese decreto.

Este gesto “... provocó la más violenta oposición ...” por parte del Gobierno de López y Planes y fue la causa fundamental de la renuncia del gobernador López y de su abandono de la vida pública(8).

(8) Gore a Malmesbury, 28 de Julio de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 168, Nro. 89. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Urquiza intentó durante unos días encontrar un dirigente político que se hiciera cargo del puesto de gobernador de Buenos Aires y, más tarde, el 24 de Julio de 1852, él mismo asumió el control directo de la provincia.

En el decreto en que daba cuenta de este paso hacía saber con claridad que ejercía el Poder Ejecutivo en Buenos Aires según los términos del Acuerdo y que permanecería en ese cargo hasta que se restableciera la autoridad provincial.

Utilizó también otro artículo del Acuerdo que estipulaba que en su Gobierno lo asistiría un Consejo de Estado. Los miembros del Consejo de Hacienda, que estuvieron en actividad bajo el gobernador López y Planes, fueron incorporados a este Cuerpo y luego se añadieron seis miembros para llevar el total a quince personas.

El 26 de Junio de 1852 Urquiza organizó un Consejo de Estado, asesorándose con lo más expectable de aquella democracia: los Alcorta, Arana, Del Carril, Anchorena, Guido, Vedoya, Irigoyen, etc.

La tentativa de ganarse el apoyo del antiguo elemento rosista era evidente en la composición de este Consejo, de cuyos miembros siete habían estado antes vinculados con el régimen de Rosas(9).

(9) Gore a Malmesbury, 1 de Agosto de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 169, Nro. 90. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

También era significativo el hecho de que el primer asunto que se llevó ante el nuevo Consejo trataba de la revocación del decreto anterior por el cual se confiscaban los bienes de Rosas. Urquiza se abocó con energía a ejercer un inmediato control sobre la provincia:

“Llega desde Palermo todas las mañanas a las 10:00 y se queda en su despacho hasta las 16:00, ocupándose de sus asuntos y concediendo entrevistas a todos sin distinción alguna ...”(10).

(10) Gore a Malmesbury, 1 de Agosto de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 169, Nro. 90. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Aunque su Gobierno no era opresivo, sus actos tendían a enemistar cada vez más intensamente a las complejas facciones políticas de Buenos Aires. En sus nombramientos, confiaba siempre más en los hombres de Rosas, sin lograr ninguna lealtad política definida de este grupo amorfo.

Al mismo tiempo, la Administración -bajo la guía de Urquiza- llevaba a cabo la obra de Gobierno con vigor. Sus medidas de Gobierno fueron justas y progresistas:

* se abolió la pena capital para los crímenes políticos;
* organizó la Sociedad de Beneficencia;
* prohibió el juego de lotería;
* las tierras y bienes de Rosas confiscados fueron devueltos a su abogado y abolió la confiscación de bienes;
* se suscribieron dos Tratados, uno de Navegación y Límites con el Paraguay y otro de Comercio y Navegación con Portugal;
* se fijaron normas acerca del tráfico del ganado y su venta en la provincia;
* se nombraron Comisiones modificadoras para redactar los códigos Civil, Penal y Comercial y de procedimientos;
* se fijaron tarifas aduaneras; y
* se estableció la Municipalidad electiva en Buenos Aires(11).

(11) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo III, pp. 23-48 passim., seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Nombró presidente de la Comisión Codificadora al eminente correntino y primer diputado de Corrientes a la Junta de 1811, doctor Juan García de Cossio(12).

(12) "Don Juan García de Cossio, a quien alguna vez llamamos “el Moreno de nuestra democracia”, integra -a nuestro entender- la trilogía de la virtud ciudadana en Corrientes: Cossio - Ferré - Pujol. Las generaciones del presente no han satisfecho su deuda de gratitud para con él". // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.

Pero Urquiza había castigado el orgullo con la fuerza. Desde entonces, las líneas del quehacer político van a transitar por dos rutas: la de los intereses tradicionalmente opuestos de Buenos Aires y las demás provincias y la de las susceptibilidades heridas. Estas animan a los protagonistas, engendran actitudes y alejan las soluciones.

A principios de Agosto de 1852, se convocó a elecciones en la provincia para elegir a dos diputados que debían representar a Buenos Aires en el Congreso Constituyente fijado por el Acuerdo.

La falta de entusiasmo que mostraba el pueblo y los escasos participantes contrastaban sorprendentemente con las elecciones para diputados provinciales convocadas en Abril.

Los dos candidatos habían sido indicados por Urquiza y no se dudaba de que serían electos: Salvador María del Carril y Eduardo Lahitte, ambos miembros del Consejo de Estado.

Se declaró la amnistía de los exiliados políticos y Vélez Sársfield, a quien se desterró de la provincia después de los debates de Junio, fue elegido para redactar el Código Civil.

Urquiza se vio gradualmente obligado a dominar con mayor firmeza la situación porteña en los meses que siguieron a Caseros. Aunque mostraba extrema deferencia a la autonomía local de los caudillos en las demás provincias argentinas, por la importancia financiera y estratégica de Buenos Aires en todo concepto nacional, fue menos tolerante con la autonomía porteña.

Aunque la Ciudad de Buenos Aires no había sido ocupada militarmente después de Caseros y se permitía alguna actividad política, pronto surgió el conflicto tradicional, es decir la envidia, entre las provincias y Buenos Aires. El temor de Buenos Aires hacia un Gobierno Nacional dominado por las provincias era aparente en la oposición al Acuerdo de San Nicolás.

El anverso de la moneda era el mismo Acuerdo, que trataba de impedir que Buenos Aires mantuviese un papel dominante en la Argentina. Tal oposición amenazaba naturalmente los planes de Urquiza de organización nacional y, en Junio de 1852 movióse rápidamente para aplastar lo que consideiaba una minoría en la Ciudad de Buenos Aires.

El Gobierno de la provincia, que al principio controlaba a través de su títere, Vicente López y Planes y luego por la asunción directa del Poder Ejecutivo -en Septiembre de 1852- había estabilizado al parecer la situación en Buenos Aires.

Los periódicos que aparecían bajo la censura del Gobierno, el Consejo de Estado -cuyos miembros habían sido escogidos por el mismo Urquiza-, la elección de los diputados para el Congreso Constituyente, todo indicaba una situación estable en la provincia.

Urquiza se mantenía alejado de un pueblo que resentía la virtual ocupación de la ciudad y por esta razón se sentía seguro en su control de Buenos Aires y confiaba que aceptarían su programa de Organización Nacional.

En consecuencia, a principios de Septiembre de 1852, partió de Buenos Aires para la apertura de las sesiones del Congreso Constituyente en la Ciudad de Santa Fe, situada sobre el Paraná a 500 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.

Los acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después de su partida demostraron cuán equivocada era su estimación de la situación porteña y cuán inestable era la escena política en Buenos Aires.

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