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Buenos Aires, la Confederación Argentina y la política en la Cuenca del Plata

Las cuestiones que llevaron al proceso de unificación entre la Confederación y Buenos Aires deben comprenderse no sólo en función de la trayectoria de ambos Estados, sino en el contexto de la evolución histórica rioplatense.

Aunque en muchos aspectos sólo es posible adelantar juicios de carácter conjetural, los procesos de construcción estatal y de alianzas e integración de élites locales deben entenderse en un marco que preste particular atención a la dinámica suprarregional.

En la mayoría de los casos resultaba evidente para gran parte de las élites locales la imposibilidad de llevar a cabo una política de desarrollo regional encuadrada en los límites del Estado Provincial.

La coordinación de las políticas de navegación o militar era fundamental en el marco de una región en la que amenazaban desenvolverse conflictos de diferente tipo y en el contexto de creciente expansión de la actividad comercial.

Las cuestiones limítrofes fueron cobrando una importancia cada vez mayor a raíz de los procesos de expansión territorial que se efectivizaban en los distintos Estados de la cuenca platina

Así, el análisis de la evolución de los vínculos entre Paraguay, Brasil, el Estado Oriental, el Gobierno de Paraná y Buenos Aires reviste una importancia central para el estudio del proceso de construcción estatal argentino. En este contexto es preciso prestar particular atención a la presencia y presión brasileña sobre los territorios rioplatenses.

Los proyectos de expansión impulsados desde el Estado Imperial de Brasil en función particularmente de los intereses riograndenses, deben ser analizados con especial cuidado. Una vez más es preciso tener en cuenta que aquí se ponían en juego procesos de expansión territorial sobre regiones de las que se desconocía el potencial productivo y la verdadera disponibilidad de recursos naturales.

Existían sobre ellas numerosos supuestos, como los relacionados con la presencia de extensos yacimientos de metales preciosos en el Mato Grosso o con la capacidad de producción de yerba mate de la región de las misiones, para citar sólo dos ejemplos.

En este contexto hay que tener presente -como ha señalado Luis Alberto Moniz Bandeira- que Brasil poseía la ventaja de contar con un fuerte y sólido aparato de Estado, lo que le posibilitaba asumir un rol preponderante frente al resto de los países de la Cuenca del Plata(1).

(1) Luiz Alberto Moniz Bandeira. “O expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na Bacia do Prata” (1985), especialmente pp. 103 y sigtes. Editora Revan, Río de Janeiro. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La extrema división de éstos favorecía el crecimiento de la influencia brasileña en la región. Es importante, de todos modos, tener en cuenta que la región litoral limítrofe con Entre Ríos, Corrientes, las misiones y la Banda Oriental había sido tradicionalmente una zona de conflicto.

Diversos sectores de las clases propietarias riograndenses habían impulsado la expansión territorial hacia el sur en busca de mejores condiciones para la explotación de ganado. El puerto de Montevideo conservaba además una importancia estratégica para la exportación de los productos de los saladeros de Río Grande y muchos saladeristas de ese Estado mantenían además vínculos comerciales y poseían tierras y ganado en la Banda Oriental.

La otra cuestión de particular importancia aquí era, nuevamente, la navegación de los ríos. Para las élites gobernantes en Paraguay y Brasil era -desde el punto de vista estratégico- fundamental garantizar la libre navegación de los ríos de la Plata, Uruguay y Paraguay.

La batalla de Caseros quebró temporariamente el equilibrio de poder en la Cuenca del Plata a favor de Brasil. La infuencia política y económica del Imperio cobró un nuevo vigor(2).

(2) Luiz Alberto Moniz Bandeira. “O expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na Bacia do Prata” (1985), especialmente pp. 103 y sigtes. Editora Revan, Río de Janeiro. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Los impulsos que llevaron a la unión de las provincias y a la conformación definitiva del Estado Nacional deben entenderse así, en función -entre otras circunstancias- de la necesidad de controlar la expansión brasileña sobre la región.

Por supuesto, en el caso de las provincias del Litoral, sobre todo Entre Ríos y Corrientes, el problema era particularmente evidente. El Imperio tendía a expandirse de manera natural sobre el territorio de la Banda Oriental y los problemas fronterizos entre Río Grande y Uruguay se multiplicaron durante las décadas de 1840 y 1850. Las disputas en las zonas limítrofes de las provincias del Litoral no tenían la misma significación.

En este sentido, la distinción que puede establecerse entre los conflictos que se presentan en las fronteras de tipo terrestre y las fluviales conservan -en este contexto- una relevancia fundamental.

Pero también aquí es preciso tener en cuenta que la región del río Uruguay en la que confluían intereses de Corrientes, Entre Ríos, la Banda Oriental y Río Grande, experimentó un crecimiento explosivo en las décadas de 1840 y 1850, incrementando su importancia desde el punto de vista estratégico.

Esto, a su vez, provocó el desencadenamiento de una serie de problemas fronterizos de diferentes características. En este contexto, es preciso también tener presente que los conflictos entre Estados en la zona tenían diferentes motivaciones.

Durante mucho tiempo habían predominado las disputas que, como en el caso de los enfrentamientos entre Corrientes y Paraguay en la década de 1830, estaban centrados en el control de vías comerciales. Más adelante, los conflictos contuvieron un componente cada vez más vinculado al dominio efectivo de grandes territorios.

El Gobierno de Paraná llevó a cabo distintos intentos para regular estos vínculos con un éxito sólo relativo. Su reconocimiento internacional como Estado era fundamental en el marco del enfrentamiento con Buenos Aires por un lado pero, por otro, era también importante a la hora de definir el acceso a recursos y créditos que le permitiesen sobrellevar su critica situación financiera.

No pudo de todos modos evitar que varios diplomáticos extranjeros y representantes de importantes casas comerciales negociasen directamente con el Gobierno porteño.

Con respecto a los Estados limítrofes, logró firmar un Acuerdo de Comercio, Amistad y Navegación con el Imperio, por el cual se reguló la circulación sobre los ríos y se neutralizaron temporariamente los conflictos por los temas fronterizos. Este Acuerdo fue complementado por otros menores.

También se firmó uno similar con el Paraguay pero, en este último caso, el intento de establecer un Convenio complementario sobre límites fracasó. A la caída del Gobierno del presidente Derqui, a finales de 1861, quedaban numerosos y graves problemas pendientes entre las principales entidades estatales de la Cuenca del Plata, los que harían eclosión finalmente durante la Guerra de la Triple Alianza desencadenada a partir de 1865.

- Entre Cepeda y Pavón: la caída del Gobierno Nacional

Hacia 1856 y 1857 el vínculo entre los Gobiernos de Paraná y Buenos Aires comenzó a deteriorarse en forma progresiva. Por ese entonces ya era evidente que habían fracasado las tratativas tendientes a unificar ambos Estados, en las que habían participado varios diplomáticos extranjeros.

Las medidas de política comercial se enmarcaron en este proceso de deterioro de la relación entre los dos Gobiernos, en particular las leyes de Derechos Diferenciales. La imposibilidad del Gobierno Federal de resolver sus dificultades económicas agravó a la vez el conflicto.

Por otra parte, en Buenos Aires, los grupos más beligerantemente opositores a la Administración situada en Paraná, se fortalecieron con la elección de Valentín Alsina como gobernador en Mayo de 1857, lo que alejó aún más la posibilidad de un acuerdo.

El Gobierno de Paraná resolvió entonces tomar la iniciativa para incorporar definitivamente a Buenos Aires. En Octubre de 1859, finalmente, el Ejército comandado por Urquiza derrotó al de Buenos Aires. Un Acuerdo firmado el 11 de Noviembre de ese año estableció una serie de condiciones por las cuales esta provincia se incorporaría a la Nación.

En Mayo de 1860, el Gobierno Nacional quedó en manos de Santiago Derqui pasando Urquiza a la Gobernación de Entre Ríos. La rivalidad del Gobierno Nacional y el de Buenos Aires prosiguió y Derqui fue distanciándose de Urquiza y aproximándose a los grupos liberales porteños.

Estos últimos fueron ganando progresivamente posiciones en el Gobierno Nacional, en el Congreso y en el gabinete. En varias provincias surgieron con fuerza -durante aquellos años- sectores liberales afines al grupo dirigente en Buenos Aires, que en diversos casos conspiraron contra Gobiernos Provinciales próximos a Urquiza.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, fue construyendo entonces una auténtica red de alianzas en el Interior. Conflictos en el Congreso, derivados por un lado de una enmienda constitucional introducida por los porteños que estipulaba que senadores y diputados debían residir en la provincia representada durante los dos años previos inmediatos a su elección y, por otro, de la aceptación de los diputados por la provincia de Buenos Aires a esa misma institución reagravaron las disputas.

Finalmente, la evolución de un conflicto en la provincia de San Juan que culminó con la ejecución de su gobernador afín a los liberales porteños, incrementó las tensiones entre el Gobierno Nacional y Buenos Aires. Un nuevo enfrentamiento militar se produjo entre las fuerzas de ambos Estados en Septiembre de 1861 en Pavón. El resultado fue favorable a Buenos Aires.

El Estado Nacional se disolvió; las provincias fueron reasumiendo su soberanía; y, posteriormente, la delegaron en el gobernador de Buenos Aires, el mismo Bartolomé Mitre. A principios de 1862 comenzaría entonces un nuevo intento de construcción de un Estado Nacional, ahora bajo el claro liderazgo de las fuerzas liberales conducidas por Buenos Aires.

La década de 1850 constituye entonces una etapa clave en el marco del proceso de conformación del Estado Nacional Argentino. Se trata del período en el cual las provincias comenzaron a dejar de ser Estados autónomos e independientes y se integraron en una estructura al menos federal en teoría, aunque esta estructura recibió el nombre de “Confederación”(3).

(3) Sobre la naturaleza de los Estados Provinciales rioplatenses durante la primera mitad del siglo XIX, véase el trabajo de José Carlos Chiaramonte. “El Federalismo Argentino en la Primera Mitad del Siglo XIX”, , en Marcello Carmagnani (coordinador). “Federalismos Latinoamericanos” (1993), pp. 81-132. Ed. por Fondo de Cultura Económica, México. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Este primer ensayo fracasó y, en este sentido, la época constituye un período de transición en la que se reveló la inviabilidad del proyecto de conformación de un Estado Nacional sin el concurso de Buenos Aires.

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