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La alteración de las jerarquías territoriales

El sistema político correntino se caracterizó por su funcionamiento regular lo que se expresó -entre otras circunstancias- en el hecho de que varios gobernadores se sucedieron en el poder entre 1821 y 1839 siguiendo pautas claramente institucionalizadas(1).

(1) Sobre la peculiaridad del sistema político correntino remitimos a José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral” (1991), pp. 147 y siguientes. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Se hizo evidente -durante estos años- el predominio de un grupo político de origen mercantil que era sucesor directo de la antigua élite colonial que había controlado la ciudad. Esta élite fue responsable de la política fiscal equilibrada que caracterizó al Estado Provincial y, además, intentó llevar a cabo una estrategia favorable a diferentes grupos productivos provinciales.

Sin embargo, a partir de 1839, la provincia fue perdiendo su estabilidad en la medida en que también fue cabecera de varias de las revueltas más violentas contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires.

En Febrero de ese año, su entonces gobernador, Genaro Berón de Astrada, se pronunció contra Juan Manuel de Rosas y fue derrotado por las fuerzas entrerrianas -que respondían a este último- en la batalla de Pago Largo.

Durante la década de 1840 se sucedieron otras revueltas. En Noviembre de 1847 finalmente, el Ejército del líder correntino Juan Madariaga fue derrotado, nuevamente por las milicias provenientes de la provincia de Entre Ríos y que estaban ahora al mando de Justo José de Urquiza en el encuentro de Vences. Después de esta batalla, la hegemonía urquicista se asentó definitivamente sobre la provincia.

El gobernador de Entre Ríos logró así que, en Diciembre de 1847, uno de sus colaboradores más cercanos y correntino de nacimiento, Juan Benjamín Virasoro, fuese designado gobernador(2).

(2) Angel Acuña. “Provincia de Corrientes”, en Academia Nacional de la Historia, “Historia de la Nación Argentina” (1943), volumen IX, pp. 289-360, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La participación de Corrientes junto a Entre Ríos, la República Oriental y el Brasil en la Alianza que derrocó en Caseros a Juan Manuel de Rosas debe leerse también en este contexto(3).

(3) Entre Ríos, la República Oriental del Uruguay y el Imperio del Brasil firmaron un Tratado de Alianza contra Rosas el 29 de Mayo de 1851, luego del pronunciamiento de Urquiza. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La política correntina estuvo durante estos años subordinada a las directivas emanadas desde Entre Ríos y, particularmente a la figura de Urquiza, cuya hegemonía en el Litoral se extendería hasta entrada la década de 1860.

La subordinación de la provincia a la figura de Urquiza y al Estado entrerriano era entonces evidente a finales de la década de 1840. Esa dominación, en el sur de la provincia, se hacía sentir con particular fuerza por la fuerte dependencia que -por razones geográficas- tenían las áreas del sur provincial con respecto a la provincia de Entre Ríos.

Esta relación se fortaleció con el auge ganadero y del saladero de finales de la década de 1840. El mismo Urquiza tenía fuertes intereses en la zona. Ya en 1821, al comenzar su etapa mercantil, había instalado un negocio en Curuzú Cuatiá.

Esta localidad, que había sido durante mucho tiempo un verdadero baluarte de los avances de la Ciudad de Corrientes en el sur, fue también la región más afectada por los conflictos desatados desde fines de la década de 1830 entre aquélla y Entre Ríos.

Varias invasiones vivió este Departamento que, como en la mayor parte de las guerras intestinas de la época, fueron acompañadas por saqueos y confiscaciones sistemáticas de tierra y ganado.

En toda la región del sur se acentuó entonces el proceso de militarización que, por supuesto, constituye una constante de la vida política rioplatense de la primera mitad del siglo XIX.

Sin embargo, aquí fue particularmente intenso y es posible advertir las diferencias con la situación en la zona Noroeste de la provincia. El sur había vivido amenazado durante largo tiempo por los naturales de las misiones y luego por los Ejércitos entrerrianos aliados al Gobierno de Buenos Aires.

Los núcleos centrales de la organización militar de la provincia vecina estaban situados en el llamado Rincón de Cala, un sitio estratégico en el centro de ésta y desde el cual se tenía acceso directo hacia el territorio correntino, lo que les posibilitaba ocupar los Departamentos del sur provincial en un plazo relativamente breve.

El poder político, la propiedad de la tierra, la posibilidad del ascenso social más que en otros lugares del espacio provincial y, como era habitual en las regiones de frontera, se vinculaban aquí con el servicio en la milicia. El caso de su caudillo hegemónico -entre 1840 y finales de la década de 1860- Nicanor Cáceres, es particularmente interesante en este sentido ya que muestra -además- la sensibilidad de la zona a la influencia entrerriana.

Cáceres había nacido en Curuzú Cuatiá y provenía de una familia de humilde condición. Desde muy joven se había incorporado a la milicia participando a las órdenes de los Ejércitos antirrosistas de Lavalle, de Paz y luego de Madariaga.

Después de la derrota correntina en Vences pasó al servicio de Urquiza, convirtiéndose al mismo tiempo en su agente político e incluso luego, en su socio comercial.

Así se transformó en un líder y jefe miliciano, a la vez de estanciero -en la década de 1860 era ya dueño de cuarenta mil hectáreas, sólo en Curuzú Cuatiá- y propietario de grandes rodeos de ganado. Esto le permitió, a la vez, erigirse en un actor fundamental de la política correntina desde finales de la década de 1830.

Tanto él como muchos de quienes lo acompañaron en su adhesión a Urquiza poco tiempo antes de la batalla de Vences, fueron premiados posteriormente por el Gobierno prourquicista de Virasoro con la concesión de tierras. El poder de Cáceres se acentuó después de aquella batalla cuando se convirtió en Comandante de los Departamentos del Sur del río Corriente.

A finales de la década de 1840 llegó a ocupar el puesto de Comandante General de Armas de la provincia. Cáceres era -se podría señalar- un típico caudillo carismático con competencia y capacidad para entrenar y disciplinar a soldados y oficiales. Su relación con Urquiza era particularmente estrecha e incluía distintos tipos de negocios compartidos(4).

(4) En Junio de 1862, Cáceres comunicaba a Urquiza su retiro de la política local señalándole: “... yo ya no le soy a V. E. de ninguna utilidad y quiero retirarme, por esta razón ruego a V. E. se sirva ordenarme a quién debo entregar las armas que tengo en mi poder pertenecientes a la provincia y lo mismo la estancia que tengo en sociedad con V. E.”, de Nicanor Cáceres al Excmo. Sr. Capitán General, Don Justo José de Urquiza, en el Archivo General de la Nación (AGN), Sala VII, “Archivo del general Urquiza”, tomo 1700, foja 55. Es preciso señalar aquí que la relación de Cáceres con Urquiza pasó por distintas etapas, algunas de ellas signadas por disidencias y enfrentamientos. Sobre Cáceres puede verse el texto de Severo Ortiz. “Apuntes Biográficos del General de la Nación Nicanor Cáceres” (1867), Imprenta Buenos Aires, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Su ascenso a la primera plana de la política provincial revelaba el dinamismo y la movilidad que signaban a la sociedad y a la política de toda aquella región.

La conformación -en el sur provincial- de un foco de poder con un considerable grado de autonomía debe ser analizada, entonces, en función de diferentes tipos de variables: en primer término, en relación al ya mencionado carácter fronterizo de toda la región.

Los pueblos de Mercedes y de Curuzú Cuatiá se convirtieron en sitios estratégicos a raíz de sus grandes existencias en armas y caballos, transformándose así su control en clave para el mantenimiento del equilibrio político provincial.

En la gran mayoría de los Departamentos de aquellas regiones se superponían la representación de la autoridad pública, la propiedad de grandes extensiones de tierra y ganado y la jefatura efectiva de la milicia. Sobre todo en las décadas de 1830 y 1840, el servicio al Estado fue recompensado con la donación de tierras en carácter de propiedad. Los “servicios a la patria” eran así recompensados con terrenos dados en “merced remuneratoria”.

Puede observarse cómo a finales de la década de 1840 figuras como el mismo Cáceres o miembros de la familia Virasoro, los hermanos Raymundo e Isidoro Fernández Reguera o los hermanos Acuña, todos prominentes funcionarios departamentales de las localidades de Restauración, Curuzú Cuatiá o Mercedes, acapararon grandes extensiones de tierra en carácter de propietarios(5).

(5) Véase: Archivo General de la Provincia de Corrientes, Expedientes de Tierras, Legajos Nros. 43, 34 y 120, entre otros. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La baja densidad demográfica permitió además que, en Departamentos como los mencionados, se conformase un tipo de propiedad signada por el predominio de grandes explotaciones.

* Extensión promedio de las propiedades de cada Departamento en leguas cuadradas en el año 1869:

San Cosme 14
San Luis 47
Itatí 22
Caá Catí 40
 San Miguel 34
 Yaguareté Corá 103 
 Mburucuyá 13
 Saladas 40
 San Roque 84
Goya 16
Bella Vista 31
Empedrado 42
Esquina 13
Monte Caseros 74
Curuzú Cuatiá 15
Mercedes 12
Restauración 6
Fuente: Cecilio Echevarría y Ramón Contreras. “Informe acerca de la provincia de Corrientes” (1873), p. 53. Ed. por Litografía y Fundición de Tipos a Vapor de la Sociedad Anónima, Buenos Aires.
Observaciones: los nombres resaltados corresponden a Departamentos del sudeste provincial.

* Densidad de Población de los Departamentos por kilómetro cuadrado:

Ciudad 69,79
Lomas 2,60
Empedrado 1,20
Bella Vista 1,73
 Lavalle 2,29
 Goya 1,72
Esquina  0,85
Curuzú Cuatiá  0,78
 Monte Caseros 0,83
 Paso de los Libres 1,25
 La Cruz 0,40
 Santo Tomé 0,21
 Itatí 1,01 
 San Cosme 2,91
San Luis del Palmar 1,24
Caá Catí 1,76
San Miguel 0,48
Yaguareté Corá 1,01
Mburucuyá 2,90
Saladas 1,90
Mercedes 0,91
San Roque

1,71

Fuente: “Primer Censo de la República Argentina” (1872), p. 214. Imprenta del Porvenir, Buenos Aires.

Aunque la intervención del Estado fue esencial en la primera etapa del poblamiento de la zona, con el paso del tiempo se fueron delineando y surgiendo allí nuevos actores sociales con intereses diferenciados y que, por las razones que enumeramos anteriormente, adquirieron un notable grado de autonomía.

De esta forma, la jerarquía territorial sobre la cual se había conformado el Estado local a principios de la década de 1820 comenzaba a alterarse a partir del creciente margen de independencia que adquirieron los grupos de poder allí asentados.

La guerra permanente, como en otros puntos del espacio rioplatense, debilitó fuertemente el dominio de la ciudad capital sobre las regiones periféricas del Sur y Este provincial.

Las características que asumió la organización miliciana en esas regiones constituyen una variable importante a tener en cuenta para comprender la naturaleza del poder político autónomo que surgió en ellas.

Varios trabajos publicados en los últimos años, han abordado la cuestión relativa a la organización de la llamada Guardia Nacional y de las agrupaciones armadas de distinto carácter que surgieron en el contexto del proceso de intensa militarización que caracterizó a la política latinoamericana de la primera mitad del siglo XIX.

Estos trabajos han puesto énfasis en diferentes variables: por un lado, en la existencia de concesiones materiales concretas a la tropa, como también en la posibilidad de recibir una paga mensual, la oportunidad de hacerse con los bienes del enemigo derrotado o de alimentarse con carne en forma regular(6).

(6) Un análisis de las estrategias y motivaciones vinculadas a la participación en la milicia para el caso de la provincia de La Rioja puede verse en Ariel de la Fuente. “Children of Facundo: Caudillo and Gaucho Insurgency during the Argentine State-Formation Process (La Rioja. 1853-1870)” (2000), Duke University Press, Durham and London. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

El carisma de los jefes militares y la posibilidad de lograr un claro ascendiente sobre los soldados en función de este factor constituye, sin duda, en este contexto, otro elemento central.

Las bases del poder caudillístico en el sur provincial correntino se encontraban también en la propia capacidad del Jefe Departamental para convertirse en intermediario entre las autoridades asentadas en la capital de la provincia y la población de su propia localidad, en su rol como representante del poder público, en su capacidad, en este contexto, para asignar o eximir de deberes militares y fiscales e incluso en la posibilidad de utilizar los recursos de sus propiedades para sostener a la tropa aliada o sobornar a la enemiga.

Varios autores han insistido, por otra parte, en la relación entre el servicio en la milicia localt-ransformada a partir de la década de 1850, en muchos casos, en Guardia Nacional- y el ejercicio de la ciudadanía. En función de este concepto se articulaba estrechamente la participación en la vida pública y la defensa del orden interno(7).

(7) Puede verse al respecto varios de los artículos incluidos en el volumen compilado por Hilda Sábato y Alberto Lettieri. “La Vida Política en la Argentina del siglo XIX” (2003). Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

A la vez, era posible compatibilizar la actividad militar con las tareas productivas. Pero es preciso tener presente que las organizaciones milicianas podían asumir diferentes características en los distintos espacios provinciales. Las pautas de organización miliciana en la frontera sur correntina no responden a muchas de las características de las fuerzas militares del Litoral rioplatense.

En este sentido, la comparación de la estructura miliciana del sur correntino con la organización vigente en la vecina provincia de Entre Ríos puede aportar perspectivas útiles para comprender mejor su naturaleza.

Julio Victorica, en su “Urquiza y Mitre”, al recordar las características de la organización militar de Entre Ríos, señalaba como uno de sus rasgos esenciales el estar compuesta por “ciudadanos armados”. Recordaba que en su mayor parte eran todos propietarios y ligaba las virtudes de dicha organización militar a la fortaleza del Tesoro Público de la provincia(8).

(8) Señalaba Victorica: “Sus milicias, aguerridas y victoriosas, formaban siempre una masa compacta. Los jefes, oficiales y soldados de que se componían eran ciudadanos armados casi todos propietarios. Y el Gobierno administraba de tal modo los intereses públicos, que el Tesoro Provincial siempre estaba en condiciones de llenar todas las necesidades y de fomentar en lo posible las obras de progreso, principalmente la Instrucción Pública a la que se daba especial preferencia”, en Julio Victorica. “Urquiza y Mitre” (1986), p. 12. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires. La primera edición data de 1905. Un extenso y detallado análisis de la militarización entrerriana puede verse en Roberto Schmit: “¿Gauchos de Muchos Rostros? (Guerra, Comercio y Producción Rural en el Río de la Plata durante la Primera Mitad del siglo XIX)” (Julio de 2002). Ponencia presentada al XIII International Economic History Congress, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La militarización entrerriana era sumamente ordenada, organizada a través de la estructura departamental y de los distritos de reclutamiento. Estaba fuertemente controlada por el Estado Provincial que había impedido, por ejemplo, que los milicianos acudiesen a la guerra con sus mujeres; había sistematizado el abasto del alimento y la carne; y retribuía los servicios de jefes y oficiales a través de la concesión de “suertes de estancias” que, de todos modos, no pasaban a propiedad de éstos sino que permanecían como parte del patrimonio estatal.

El Estado Provincial conservaba una notable capacidad para perseguir y castigar a los desertores o evitar, por ejemplo, que éstos gastasen largos períodos de tiempo en las pulperías de campaña(9).

(9) José María Sarobe. “Urquiza” (1941), tomo I, p. 345. Ed. por Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires.// Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Domingo Faustino Sarmiento brindó también un colorido retrato del funcionamiento de la organización militar entrerriana mostrando cómo el poder del Estado, encarnado en la figura del gobernador, era indiscutido en todo el territorio provincial. Resistir el reclutamiento era motivo de severos castigos. Estos últimos explicaban para Sarmiento tanto la “fidelidad” como la “moralidad” de las tropas(10).

(10) Señalaba Sarmiento: “Los jefes de división mandan citar y señalan día y punto de reunión. Nadie falta, porque nadie puede faltar, si no, se expatria para siempre. Esta omisión es delito capital que se persigue sin piedad a fin de moralizar la población”. Más adelante afirmaba en relación al sistema de castigos: “Estas crueldades son la base del sistema; sin ellas no puede haber Ejército, ni levantamientos en masa”, en Domingo Faustino Sarmiento. “Campaña en el Ejército Grande” (1958), pp. 130 y 132. Ed. por el Fondo de Cultura Económica, México. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La militarización en el sur de Corrientes presentaba características peculiares y distintivas. En principio aparenta ser mucho más dependiente de las redes del poder político departamental y mucho menos de las autoridades provinciales. Sus jefes conservaron cuotas de autonomía mucho más grandes que sus símiles de Entre Ríos.

Tanto el reclutamiento como el abasto permanecían bajo el control de los mismos “hacendados” locales y, a menudo, los funcionarios del Estado no conseguían que los “vecinos” proporcionasen las provisiones para la tropa con regularidad.

Otra variable fundamental se vinculaba aquí con la dilatada extensión del territorio y su bajísima densidad de población. El peso numérico de las milicias era reducido y, en muchos casos, parecían estar compuestas por individuos que no tenían inserción en el aparato productivo de la región.

Pero la militarización en el sur de Corrientes -además de constituir un fenómeno extremadamente dependiente de las redes de poder departamental- era también mucho más anárquica y desordenada, lo que le otorgaba un tinte muy particular. Posiblemente el testimonio más claro al respecto sea el brindado por el general José María Paz en sus “Memorias Póstumas”.

Como se sabe, Paz -un antiguo general de los tiempos de la independencia- fue también un protagonista central de las luchas civiles de la primera mitad del siglo XIX. Lideró en diversas oportunidades a las fuerzas antirrosistas del Interior argentino y a principios de la década de 1840 fue convocado por los hermanos Madariaga, entonces al mando de la provincia, para organizar sus milicias.

Los Madariaga eran ya grandes propietarios y figuras influyentes en las localidades de Mercedes y Curuzú Cuatiá. Se habían desempeñado allí como Comandantes Departamentales, conservando relaciones, poder e influencia.

En sus “Memorias...”, teñidas sin duda por la visión de un entrenado militar de carrera, Paz denunciaba asombrado el alto grado de indisciplina y desorden que signaban a las fuerzas que comandaban. Esa indisciplina e insubordinación eran de tal magnitud que hacían que aquéllas no necesitasen de “enemigos ni batalla para deshacerse”(11).

(11) “Memorias Póstumas del general José María Paz” (1935), tomo III, p. 236. Ed. en Talleres Gráficos de Luis Bernard, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Esta indisciplina y desorden tenía consecuencias de distinto tipo, pero afectaba siempre de manera muy negativa la vida de las poblaciones. La forma en la que los milicianos se apropiaban de los rodeos de ganado ajenos era una de esas maneras. Estas tropas habían hecho desaparecer estancias enteras, afirmaba Paz.

Por otro lado, el antiguo guerrero de los tiempos de la independencia se asombraba de la escasez de medios que aquejaba a esas mismas fuerzas. El carácter rudimentario y primitivo de su organización se reflejaba también en el estado de su armamento.

Además, Paz, atónito, afirmaba que los Madariaga utilizaban las añejas tácticas propias de los “caudillos” y que predicaban entre los gauchos el odio contra la parte “decente e ilustrada” de las poblaciones.

El mismo Cáceres había crecido bajo su protección e iniciado su carrera militar bajo la tutela de estos. Paz señala cómo en más de una ocasión, Joaquín Madariaga le había advertido el escaso valor de los hombres que él mismo comandaba.

Estos sentían hacia la figura de Cáceres un respeto cuasireverencial y entonces, con su ayuda, los Madariaga conseguían mantener sometida a la tropa: “Esos hombres muy poco. Con sólo hacer venir a Nicanor Cáceres están metidos en un zapato”. Cáceres tenía entre ellos la fama de ser “gaucho malo”.

El historiador correntino Manuel Florencio Mantilla señaló, en uno de sus primeros escritos, cómo resultó imposible a los hermanos Madariaga mantener subordinado a Cáceres(12). Este último hacía permanentes observaciones a las órdenes de sus superiores, por eso no era sorprendente -desde la perspectiva del historiador- que poco antes de Vences se hubiese declarado independiente de toda autoridad, arrastrando con él a los jefes de los Departamentos del sur. Esto le había permitido, a la vez, a Urquiza, hacerse con las mejores fuerzas de la caballería correntina.

(12) Manuel Florencio Mantilla. “Estudios Biográficos sobre Patriotas Correntinos”(2001). Ed. Amerindia Ediciones, Corrientes. La primera edición data de 1884. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Diversos episodios muestran cómo era posible para los líderes de aquella región conservar su independencia del poder político provincial asentado en la Ciudad de Corrientes.

Cáceres protagonizó varias revueltas contra aquél en la década de 1850 que sólo la misma intervención de Urquiza -entonces presidente de la Nación- lograron neutralizar. El caudillo de Curuzú Cuatiá consiguió alterar el orden local utilizando milicias relativamente reducidas -no más de doscientos hombres- a muchos de los cuales él mismo mantenía en su estancia.

Como ya señalamos, en el contexto de Partidos muy extensos, caracterizados por una extremadamente baja densidad demográfica, este tipo de organización miliciana podía desequilibrar las situaciones políticas con relativa facilidad.

Esta estructura había crecido justamente durante los años cuarenta, las décadas de lucha militar más intensa en las que se vio involucrada la provincia. Las fuerzas de Madariaga, que lideraron gran parte de la lucha antirrosista durante aquellos años, se sostenían -como señalaría Paz- en el “gauchaje”.

Los hombres de estas milicias no conocían la “parte moral de la disciplina” ni los pormenores del servicio o los procedimientos que regían el servicio de campaña. Paz insistía aquí en otras características sobre las que hemos abundado en otros pasajes, como era la extrema dependencia de la militarización correntina de las estructuras departamentales.

Distintos testimonios muestran cómo el Estado correntino seguía delegando, durante los años cuarenta, amplias atribuciones militares en éstos. Los Comandantes de Departamento debían atender a la tropa y organizar en forma autónoma su asistencia(13).

(13) Véase en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, en especial las secciones de Expedientes Administrativos y Papeles Militares. Por otra parte, también pueden leerse en esta clave las múltiples dificultades para conseguir el abastecimiento -entre otros implementos- de caballos para la tropa, de la que se quejaba con frecuencia Paz. Ferré acusaba en este contexto a los Jefes de Departamento. La correspondencia entre ambos puede verse en “Memoria del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), tomo II, pp. 725 y siguientes. Casa Editora Coni, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Este proceso se acentuó con los años. Cáceres abandonó a los Madariaga y se pasó al bando urquicista poco antes de Vences, pero la estructura militar en aquella región no se modificó en sus características esenciales.

Al comenzar la década de 1850 coexistían en Corrientes un poder político formal y legal -asentado en la ciudad- con un fuerte núcleo de poder basado en un conjunto de caudillos departamentales en el sur provincial. La élite departamental de esta región era más rústica y tenía un perfil más claramente militar que la del nordeste de la provincia.

Además, se trataba de una élite relativamente nueva, que no tenía vínculos de larga data con los grupos dirigentes urbanos que, desde los tiempos coloniales, controlaban la capital.

Sin embargo, por aquellos años ya comenzaba a establecer lazos estrechos con algunos miembros relevantes de aquella ciudad que, durante las décadas de 1840 y 1850 habían ido adquiriendo tierras en esa región en el marco de un proceso creciente de orientación hacia la actividad ganadera.

Familias de grandes comerciantes asentados en la Ciudad de Corrientes como los Lagraña, los Billinghurst o los Gelabert, se fueron convirtiendo en propietarios de tierras de la zona sur de la provincia, sobre todo durante la década de 1850.

Por ese entonces, sólo la férrea dominación que el gobernador de la provincia de Entre Ríos ejercía sobre toda la región, mantenía el equilibrio político del Estado local correntino.

Este era entonces el marco político, social y económico en el que iban a desarrollarse los proyectos de transformación de la élite gobernante en Corrientes durante la década de 1850. Las variables vinculadas con la estructura económica y social aquí expuestas son fundamentales para comprender su fracaso y la crisis política provincial que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIX.

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